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*o*
Sensaciones
-Bella—jadeé largando todo el aire de mis pulmones –¡mierda, Bella!—gruñí levantando mi mano de al lado de su cuerpo y lo enterré en su cabello, ella estaba sudorosa, temblando y gimiendo quedadamente. Sus manos estaban cerradas en mi cuello y podía sentir sus uñas clavándose en mis omóplatos.
Las sensaciones que me abrumaron en los últimos minutos comenzaron a disiparse, pasión, arrebato, euforia, lujuria, enojo, ira, deseo abrumador, locura… dolor. Si, dolor tanto emocional como físico, verla tan desgarradoramente hermosa, indiferente a mí, divirtiéndose, siendo sensual en ese escenario junto a ese hijo de puta, siendo ella misma, bailando luego con él como si yo no existiera en su vida, mierda… esa sola idea había traído incertidumbre, dolor en mi corazón, inseguridad. Me había dado cuenta de lo muy fácil sería perderla, dios… había caído en la realización de que ella era libre de estar con quien quisiera y que si yo me descuidaba, si yo no le daba el lugar que merecía, la perdería. Y pensar en esa posibilidad me mataba.
Apreté su cintura con mis brazos ansiosos y levanté mi cabeza sacándola de su cuello, su olor embriagador me tenía perdido, la miré a los ojos rozando mis labios con los suyos y gemí antes de besarla. Suave, pasional y lentamente, disfrutando segundo a segundo de nuestra unión, aún semi erecto dentro suyo.
Subí mis brazos y con mi corazón latiendo desaforadamente en mi pecho, me separé para mirarla y acunar su rostro entre mis manos, ella me miraba con los parpados caídos, el placentero momento de relajación luego de su orgasmo era lo que mas me gustaba de ella. Era digno de admirar…
-¿Estas bien?—pregunté inseguro. Sabía que esta noche había sido nada cuidadoso con mi nena, le había azotado ese culito hermoso y la había cogido desquiciadamente contra la pared, obedeciendo a mis instintos más bajos.
-Si—susurró alzando una de sus comisuras. Besé sus labios con un picoteo y me separé de ella, bajé la cabeza y vi mi pene flácido salir de su cálido interior. Gemí… jodidamente increíble.
Me dejé caer de rodillas a sus pies, como jodidamente estaba desde que la conocí, ella acarició mi cabello con un gemido. Mi cara quedó justo en frente de su conchita,
-Eres una obra de arte—dije admirando cada centímetro de su cuerpo, ella jadeó y movió sus piernas más separadas, tomé sus rodillas con ambas manos y las separé aun mas para mí. Su vagina brillaba jugosa, mi semen corría entre sus piernas y su brillante excitación cubría sus labios desnudos, su monte de venus y el clítoris que tímidamente se asomaba entre sus pliegues, hinchado, sensible. Mmmm…
Sin advertencia metí mi moca entre sus piernas y tomé su clítoris entre mis labios.
-Oh! Mierda…- gruñó tirando de mi cabello. Raspé mis dientes en su gordo clítoris y chupé, mamé como niño pequeño, por dios… si, podía sentir el sabor agridulce de mi nena en mi boca, mi sabor… mi puto sabor en su conchita. Si.
-Nunca me cansaré…- dije lamiendo entre sus labios de arriba abajo, una y otra vez, miré hacia arriba sin dejar de chupar y gruñí al verla mirarme con los ojos dilatados, su boca entreabierta jadeando y sus manos tirando de mi cabello. –de comerte bebé, nunca… eres mi adicción—
-Solo yo—susurró entre jadeos. Dios! Cómo podía siquiera pensar que habría alguien mas…
-Solo tú—chupé su clítoris hinchado una y otra vez, haciendo que sus gritos aumentaran, sus piernas comenzaran a temblar y sus manos tiraran de mi cabello dolorosamente.
-Edward!—
Gruñí cuando sentí el sabor agridulce en mi lengua, mi nena se estaba corriendo. Oh dios… chupé con mas fuerza y sentí en mi lengua el palpitar de su clítoris, sus piernas temblorosas y sus muslos mojados. Dejé de chupar solo para lamer su excitación. Sus piernas se doblaron debajo de su cuerpo y solo atiné a sostenerla sobre mí, hasta limpiar su piel con mi lengua.
-Dios… sabes increíble—gemí abrazando su cadera fuertemente mientras me incorporaba, la alcé para que se sostuviera de mí, ella abrazó mi cadera con sus piernas y gemí nuevamente al sentir sus putos zapatos en mis muslos aún desnudos.
Como pude con ella entre mis brazos, busqué la llave de mi departamento en mi saco y cuando la encontré abrí la puerta. Podía sentir el respiro caliente de Bella en mi cuello, sus brazos anclados en mis hombros y sus piernas firmes envueltas en mi cadera. Toda ella… toda para mi.
La llevé directamente a mi cama, sabía que ella a demás de estar agotada, había tomado un poco demás, mis ojos habían sido testigos de cada uno de sus movimientos en ese club, de cada Margarita que sus labios mojaban y de cada copa que llegaba a sus manos. Ella se había sobrepasado y ahora podía envolver mi mente en ello, tal vez el alcohol había jugado a su mala manera en ella para actuar como actuó.
Mierda… y yo fui el estúpido celópata posesivo que no se paró ni un momento a ver si ella estaba bien. Simplemente vi totalmente rojo cuando el tipo ese la besó, cuando la tocó tan descaradamente, tan solo como yo tenía derecho de tocarla, aunque también fue eso lo que me despabiló y me hizo notar la verdad, ella era una mujer libre e independiente, capaz de enamorarse de cualquier otro, capaz de fijarse en cualquier tipo y capaz de alejarse de mí.
Cielos santo, no, no quería eso, moría, mierda… moría de solo pensar que ella podía darse cuenta de las mejores y buenas opciones que tenía alrededor. Si hasta Mike Newton hablaba de ella embelesado en algunas ocasiones en el estudio, momentos en que me retenía a duras penas en darle un puñetazo.
Dejé a Bella sobre la cama, mi cama… Dios, se veía tan hermosa. Me detuve un momento a verla, despejé su rostro de sus mechones de cabello que se habían pegado a su piel por la transpiración acaricié sus mejillas sonrojadas y con mi pulgar recorrí su labio inferior, hinchado y rojizo por mis besos. Sonreí… ella era una criatura increíblemente hermosa. Y era mía… me aseguraría de ello.
Teníamos que hablar, teníamos muchas cosas que decirnos y esperaba que luego de sacar todas nuestras frustraciones, enojos y reproches a la luz, pudiéramos comenzar de cero como un par de novios.
Mi novia… mi preciosa nena.
Suspiré y me acerqué a ella a dejar un suave beso en su frente, su nariz y luego sus labios. Estaban salados y tenían mi sabor. Me alejé y la miré de cuerpo entero, mierda… cuando la había visto al llegar, ella estaba en el bar con Alice pidiendo tragos, mi corazón retumbó en mi pecho y mi penen se endureció como el titanio, ella estaba increíblemente sexy. Esa faldita de jean le quedaba como un guante y su camiseta de hombro y brazo descubierto se veía sumamente sexy en ella, pero lo que había atraído mi atención fueron sus zapatos.
Y como si hubiese sido un visionario, en cuanto los vi, me los imaginé con sus talones raspando mi culo. Increíble. La combinación del dolor con el placer me hizo estallar adentro de ella como un maldito pervertido adolescente. Nunca me había sentido tan vivo a flor de piel, nunca había sentido tan intensamente tantas sensaciones… solo ella, solo ella hacía aflorar eso en mí.
Comencé a desvestirla, verla vestida de esa manera me encantaba, pero amaba mas definitivamente tenerla desnuda en mi cama. Le saqué esa camiseta pecadora y la dejé en nada, la muy descarada ni siquiera tenía un brasier debajo. Sus tetas deliciosas quedaron mirándome y yo sonreí, desvié la mirada en seguida para seguir desvistiendo a mi diosa, sino iba a lamerla entera. Desabroché su minifalda de jean y de a poco la bajé por sus piernas, solo tenía una tanga de encaje negro que estaba toda mojada de nuestras secreciones. Cielos santo… puta erección.
Se la saqué también y dejé todo a un lado. Ahora… esos zapatos salidos del infierno maldito.
-Mira estos bebé—dije sacando uno y dejándolo en el suelo, tomé su otro pie y besé su empeine antes de sacar el zapato—fue el infierno en mi culo, pero me lo merecía ¿he?. ¿Fue premeditado mi amor? Eres una bruja—sonreí dejando el par en el suelo, debajo de la cama.
Fui a mi vestidor y revisé entre mis camisas, saqué una camiseta de Yale, que había usado durante mis años de Universidad cuando era miembro del equipo de basquetbol. Caminé hacia mi cama y allí estaba ella, mi nena en todo su esplendor, durmiendo como una bebé. Suspiré renunciando a la vista de mi diosa desnuda sobre mi cama y le coloqué la camiseta levantando un poco su cabeza. Cuando terminé saqué las cobijas debajo de ella y la arropé con mis sábanas de hilo egipcio y mi edredón de plumas de ganso, mierda… mi nena merecía dormir entre nubes del algodón.
Dejé un beso en su frente y me saqué mi propia ropa, ignorando mi hinchada erección, me cambié el bóxer y fui hasta la cocina a buscar una botella fría de agua y unos Abdils, a la mañana siguiente esperaba que la resaca no fuera tan intensa, si lo era, yo estaría allí cuidándola. Tomé un poco de agua, yo no había ingerido alcohol en toda la noche, solo una cerveza al llegar, luego… no pude tragar nada.
Volví a mi habitación luego de aumentar la temperatura ambiental, mi departamento no estaba frío, pero temía que mi nena se enfriara si llegaba a destaparse. Cuando llegué dejé la botella de agua sobre la mesa de noche junto con las pastillas de Abdil y alcé las sábanas.
No había sensación más hermosa que juntar mi cuerpo con el de Bella por debajo de las sábanas, lo había extrañado inmensamente. Calidez, goce, dios… placer infinito. Cerré mis brazos alrededor de su cintura aproximándome a ella por detrás y pegué mi cuerpo al de ella, son ninguna intención más que sentirla. En algún momento, mientras aspiraba el olor de su cabello y acariciaba su vientre plano, me dormí. Estaba en casa, su cuerpo… mi templo.
*o*
Sentí a suavidad de una manos por mi cuerpo, mis piernas, mis pies, mi espalda, mis muslos… mierda!
Salté despertando en seguida y alcé la cabeza, las manos se alejaron de mi rápidamente y gemí cuando sentí el ardor en mis muslos. Giré la cabeza y me encontré con esos enormes ojos verdes amarronados mirándome, llenos de algo parecido a la culpa y el desinterés. Mi nena estaba arrodillada a mi lado, yo estaba boca abajo y ella en cuanto me vio mirarla, desvió sus ojos hacia algo en mi espalda, llevó su mano detrás de su cuello y comenzó a abrir y cerrar la boca, como queriendo decir algo.
Alcé una ceja y moví mi cuerpo queriendo sentarme, no!... santa puta madre,
-Maldición—gemí quedándome en mi lugar, rehusando moverme. Siseé cuando sentí nuevamente esas pequeñas manos sobre mi piel por encima de mi espalda baja,
-Lo siento—dijo ella con voz somnolienta.
¿Qué…?
Alcé mi mirada de nuevo y allí estaba, ella mordiéndose el labio, su cabello despeinado hecho una maraña y sus manos otra vez en su regazo, no… no quería que dejara de tocarme.
-Tienes… tus muslos y tu espalda… están—balbuceó señalando esas partes con su dedo índice –mis zapatos, mis uñas, no me di cuenta, mierda… perdón—dijo atropelladamente negando con la cabeza.
Oh…
Eso era lo que dolía como la puta madre, mis muslos por sus zapatos y mi espalda por sus arañazos.
-No, no me los puse con la intención de hacerte daño, ni siquiera pensaba que íbamos a terminar así… en el corredor— ella agitaba las manos señalando la puerta y mis muslos,
-Hey, hey…- volteé tragando mis quejidos de dolor y la atrapé por la cintura –ven aquí—la atraje hacia mi pecho, ella se recostó allí ligeramente, acomodé la almohada detrás de mi cabeza, cubrí nuestros cuerpos con las sábanas y suspiré apresándola por la cintura. Ella se dejó caer más sobre mi pecho, solo su cabeza estaba levantada mirándome.
-¿Lo hiciste a propósito?—susurré acariciando la piel de su baja espalda, ignoré potencialmente su entrepierna rozando mi muslo. Mi pene se levantó erecto y necesitado de atención al sentir la cercanía de su hogar.
-No—replicó ella negando con la cabeza.
-¿Me lo merecía?—susurré nuevamente esta vez levantando una mano para acariciar su mejilla sonrojada.
-Si—dijo sin pensar, cerró los ojos gimiendo –digo no, no… pero te merecías cualquier clase de dolor, si… no sé si algo como esto, pero si—
Esa era mi nena, sincera, honesta. No quería mentiras solo para hacerme sentir mejor… la quería a ella.
-¿Por qué?— toqué la punta de su nariz con mi pulgar y luego su labio inferior, ella suspiró relajando su cuerpo con mi toque.
-Porque—cerró sus ojos – porque me dolió… todo lo que sucedió al mediodía y lo demás… me dolió—ella tragó saliva nerviosamente.
Vamos bebé dámelo, dime bonita… ¿qué hice y cómo puedo enmendarlo?
-¿Qué dolió nena? Sabes que todo puedes decírselo a papi… vamos a salir adelante, estaremos bien—acaricié el cabello de su sien, ella asintió. Amaba cuando se dejaba mimar, cuando se entregaba en mis brazos y confiaba en mí, quería que lo hiciera, quería su confianza y haría lo que sea por ella, mierda… lo quería.
-Cuando supe que me habías usado como tu amante, eso dolió—negó con la cabeza –me hirió mucho saber que yo era un pasatiempo y que volvías a casa y estaba ella, tu mujer oficial, tu novia y prometida, me dolió mucho verte en internet tomando su mano, mirándola como si ella fuese todo, fuese la única estrella en el cielo—oh dios.
-Nena…-
-Déjame terminar—ella miró mi pecho y comenzó a jugar con su dedo con mis vellos –me dolió que hayas tardado tanto en decírmelo, te pregunté una vez si había alguien que te alimentase… en el Millenium, cuando nos encontramos por primera vez—rio –fue mi manera sutil de preguntar si tenias novia—me miró a los ojos, los de ella estaban cristalizados, lágrimas sin derramar… me sentí el peor hombre del mundo –me dijiste que no—
-Yo no sa—
-Lo sé, ahora entiendo que me mal interpretaste, tal vez no eres bueno con la indirectas—rio sin humor
-¿Por qué no me dijiste esto ante amor?—susurré acariciando la suave piel debajo de su ojo. Ella se alzó de hombros –Estaba enojada, frustrada y humillada lo suficiente como para seguir añadiendo leña al fuego—
-Fue mi culpa, debía habértelo dicho, no… debía haber terminado con ella primero antes de comenzar algo contigo… y si, ella, fue una estrella brillante en el cielo, la única que veía—ella frunció el ceño y vi el dolor en sus ojos antes de desviarlos a mi pecho – lo fue por un tiempo solo porque no conocía algo mejor, lo verdadero… lo que me había feliz, lo que me hacía bien, lo que estaba predestinado para mí. Luego llegaste tú, con tu luz intensa y todas las estrellas del cielo se eclipsaron. Te lo dije antes mi amor… y lo sigo diciendo con más intensidad, eres mi sol—
Ella abrió sus ojos grandes y asustados –Oh… una vez me lo dijiste, la noche en que mamá se fue… ¿a eso te referías? ¿Ella la estrella, yo el sol? ¿te referías a eso entonces?—
-Por supuesto cariño, tu eres mi sol—sonreí con tristeza. Había hecho tantas cosas mal con mi Bella, me mofé de ser su hombre, cuando nunca lo fui por el solo hecho de que nunca la reclamé como mi mujer, como mi única mujer, me golpeé el pecho diciendo que ella era la única cuando en realidad no lo era y aunque no compartía cama con otra, si estaba prometido con otra… y eso dolía. Dolía saber que a pesar de haber pensado que había hecho las cosas bien, las había hecho todas mal. Todo por ser un maldito arrogante mal nacido, la había hecho llorar, le había hecho pensar que era la segunda cuando siempre fue la primera, la había hecho sentirse humillada ante Heidi tantas veces, como el viernes al mediodía. Que idiota fui.
-¿Y qué sucedió ayer?—dijo ella mirando nuevamente mi pecho, su dedo hacía cosquillas en mi esternón, deliciosas caricias.
-¿Qué sentiste?—dije preparándome para sentir el dolor que ella había sentido.
-Me sentí tan poca cosa—murmuró respirando profundamente –y no suelo sentirme así –alzó su mirada y me miró con fuerza, intensidad y una piza de rabia, tratando de ocultar su dolor, pero yo lo veía, lo hacía… debajo de toda esa fachada de mujer libre, hermosa e independiente –mi madre me enseñó que no debo sentirme minimizada por nadie, menos por alguien tan arrogante y cruel como esa… mujer, lo siento pero es una perra—dijo alzando un hombro, asentí. Ella tenía los ojos llenos de lágrimas rehusándose a pestañar, si lo hacía las derramaría y yo sabía que mi nena era tan orgullosa que nunca dejaría ver su dolor. Huiría se ser el caso, como el viernes al mediodía.
-Habla mi amor, habla conmigo—le di unos segundos para que se armara junta.
-Sentí que… estuviste jugando todo este tiempo conmigo, pensé que eras un buen jugador, que estabas con ella al mismo tiempo que conmigo, no sabía por qué. Me sentí poca cosa porque ella abrió su boca y su lengua bípeda salió… pensé por un momento que tú y ella solo querían verme humillada—negué con la cabeza, mi corazón dolía, mis ojos picaron… me sentí como una mierda ¿todo eso le había hecho sentir? –No encontraba una razón del por qué, ¿qué podría haberte hecho yo?-
Oh bebé…
-Heidi tiene a su papá enfermo en el hospital—dije antes de carraspear, sentía un peso en mi garganta –yo… soy el arquitecto que lleva a cabo uno de los proyectos en el que Aro, el padre de Heidi, es el inversor principal. Esa mañana yo y Alec, mi ex cuñado, fuimos a firmar unos poderes que nos dio Aro para llevar el manejo de sus inversiones y negocios, yo… firme solo para ocuparme de las inversiones en el Spire, el proyecto en el que él es el inversor principal. Él no puede encargarse de ello por su estado de salud—
Bella me miraba con preocupación y desconfianza a la vez y me dolía como la puta madre.
-Heidi sabe cómo jugar, ella me convenció de alguna manera pasar a almorzar a ese lugar antes de dejarla en el lugar que me había pedido que la llevara, una farmacia del Loop para comprar medicamentos para su padre—reí sin humor, que idiota había sido, hasta ahora que veía todo cómo había sucedido me di cuenta de que Heidi lo había hecho todo adrede –mi amor… ¿por qué tengo la sensación de que Heidi sabía de ese lugar antes?—
Ella frunció el ceño y miró mi pecho nuevamente, -No lo sé—
Le acaricié la mejilla mirándola con profundidad, algo no me cuadraba. ¿Qué mierda era?
Suspiré –Nunca creí que allí estarías tú, no sabía dónde trabajabas, solo sabía que era en algún restaurant del Loop, nunca pregunté—alcé su mentón para que sus ojos me miraran –mi amor ¿en serio me crees capaz de hacer eso solo para humillarte?—
-No sé en qué creer—susurró desviando su mirada. Tomé sus mejillas con una mano y la hice mirarme, sus ojos estaban llenos de lágrimas de nuevo.
-Cree en mí… en mí Bella—
-¿Por qué?—escupió -¿por qué debería creer en ti?, si ahora que lo pienso siento que a penas te conozco—
-Porque yo nunca te haría daño… mierda, Bella! Nunca—dije mordiendo la rabia. –cree eso de mí y moriré, nunca, nunca bebé… eres lo más valioso que tengo. Lamento tanto que hayas tenido que sentirte así, como si no valieras nada, como si fueras lo segundo en mi vida. Nunca, por dios, nunca… eres mi sol, lo primero, eres mi prioridad—
-Edward basta…- ella dejó caer su cabeza en mi pecho y yo enredé mis dedos en el cabello de su nuca.
-No—tragué grueso –eres todo, si supieras… si pudiera explicarlo. Va más allá de lo que alguna vez sentí por ella, Dios… no hay punto de comparación, tú apareciste y me di cuenta que mis años a su lado fueron años perdidos, maldije porque no te encontré antes, pero supongo que si lo hacía hubiese sido ilegal. Siempre hay un tiempo, siempre, este es el nuestro… tú me llenas el pecho, lo sabes nena ¿no?—
-Tú llenas el mío—gimió en mi pecho, sentí mojada mi piel y sabía que ella estaba derramando las lágrimas que tanto le había costado retener.
-Entonces ¿lo dejaras pasar por la desconfianza y la inseguridad?—quise levantar su rostro para ver sus ojos, me rompería el alma verla, pero tenía que hacerlo… ella tenía que ver mis intenciones en mis ojos –mírame, vamos bebé… mírame—
Ella lo hizo y mi mundo alrededor fue nada, ella lo era todo. Lo sabía. En ese puto instante lo supe.
-Eres mi todo, todo… más de lo que podía esperar—susurré limpiando sus lágrimas con mis pulgares –lo quiero todo contigo, me haces sentir vivo… por favor Bella, se mi novia mi amor—
Ella cerró sus ojos haciendo que una nueva lagrima bajara por su mejilla, -Tengo miedo—gimió escondiendo su rostro en mi pecho.
-Yo también, pero mi miedo es perderte… anoche me di cuenta de lo fácil que eso sería—tomé una respiración profunda –te debo mi respeto Bella, te debo mi dedicación, mis explicaciones, te debo tanto… y sé que te asusta, mi mundo lo hace, mi pasado. Pero créeme cariño, que pasaré cada segundo demostrándote lo mucho que me haces falta, lo mucho que te quiero a mi lado… por favor—
-No mas Heidi—dijo ahogadamente.
-No más, nunca más, solo tú y yo, nadie más—
-No más mentiras ni omisiones—alzó su rostro y me dejó ver sus hermosos ojos. –En serio Edward, no más, que me ocultes cosas es lo que me mata-
-Jamás—negué con la cabeza –honesto y sincero, si tú lo eres conmigo—ella asintió.
Ella suspiró profundamente y una sonrisa comenzó a nacer en sus labios –Entonces sí… quiero ser tu novia—
Y el aire escapó de mis pulmones, no era consciente de lo tenso que había estado todo el tiempo. Dios… sí, mi novia, finalmente.
Reí de alivio, miré al techo y envolví mi mente en la palabra novia… mi amor.
-Si—murmuré volviendo a mirarla, la empujé a mi lado y me coloqué sobre ella, entre sus piernas, coloqué cada brazo a lado de su cabeza y la miré a los ojos –mi novia—
-Mi novio—dijo ella saboreando las palabras. Alzó su mano y acarició mi mejilla con sus nudillos, una sonrisa suave se había instalado en sus labios.
-Sé que tienes miedo ahora, sé que no crees en nosotros, pero créeme mi amor… yo si creo en nosotros y sé que sonará cliché y trillado, pero juntos vamos a vencer tus miedos, déjame intentarlo—
-Si confío en ti y si rompes mi corazón—negó con la cabeza tragando saliva –será demasiado para mí—
-Si rompo tu corazón alguna vez, estaré matando al mío Bella… y no puedo hacerle daño a mi propio corazón, tú eres mi vida ahora—
Ella se quedó mirándome con las lagrimas acudiendo a sus ojos otra vez, por dios… no podía verla así, me mataba que estuviera triste e insegura, pero sabía que eso de alguna manera lo había causado yo.
-Y tú la mía—susurró ella con una suave sonrisa.
Y mirando el pozo de sus profundos ojos verdes oscuros, me di cuenta de cuánta razón había tenido mi madre, incluso Jasper. Ne di cuenta de qué tan ciego había sido durante tanto tiempo. Por Dios… yo amaba a esta mujer, más que a mi vida entera.
La amaba
Y esa realización me golpeó como una pared de concreto… mi corazón latió desenfrenado y sabía que solo ella era capaz de romperlo, de detenerlo. Mi respiración se agitó y el torrente de palabras inundaron mi boca con ansias de salir y gritarle lo que sentía… pero no era tiempo, ella no confiaba en mí, ella no creía en mí.
Así que tragando las palabras y el nudo en mi garganta, ese nudo que traía escozor en mis ojos, el nudo que se formaba al pensar que ella no creía en mí cuando yo estaba realmente enamorado por primera vez y acababa de descubrirlo. Acerqué mis labios a los suyos y me permitió besarla, suavemente lamí su labio inferior antes de penetrar su boca con mi lengua, ella me dio la bienvenida enredando su lengua con la mía y juntos comenzamos a besarnos como si todo lo demás en este frívolo mundo, no existiese. Solo ella y yo… mi amor, mi vida entera.
Ella llevó sus manos a la tira de mis bóxer y lentamente lo bajó por mi cadera hasta mis piernas, yo conseguí sacármelo sin separarme de ella, nuestro beso fue acabando cuando ella jadeó por aire, me separé de su boca pero no de su piel, ¿cómo hacerlo? Si me había vuelto adicto a ella. Poco a poco fui besando su cuello y la extensión de su pecho hasta tomar uno de sus pezones erectos a través de mi camiseta de Yale.
Mis manos bajaron a su cintura y me deleité cuando mis palmas calientes tocaron su piel suave y cálida, ella se estremeció. Subí la orilla de su remera por su cuerpo poco a poco, encontrándome con la piel de su vientre. Bajé mis labios hacia su ombligo y besé su piercing, mi nombre en ella, el diamante puro que llevaba mis iniciales en su engarce. Mía.
Suavemente y poco a poco saqué su camiseta por su cabeza y quedé frente a sus dos preciosos pechos, sus pezones rosados y erectos me llamaban con cada una de sus respiraciones. Bella hundió sus dedos en el cabello de mi nuca y empujó mi cabeza despacio hacia ella. Me adelanté y bajé mi cabeza hasta uno de sus pezones para atraparlos con mis labios.
Por dios… si tuviera palabras para describir lo deliciosa que su piel era. Nunca antes la piel de una mujer había sabido tan bien para mí, ahora me daba cuenta de que tal vez cada hombre y cada mujer en esta vida son destinados a un alguien especial, que se acopla a ti como un guante, que se une como un rompecabezas, perfecto, en sincronía, el olor ideal, el sabor ideal, nuestra alma gemela.
Que poco había creído en eso durante toda mi vida, qué poca fe había tenido siempre con respecto al amor de mi vida… y ahora la tenía entre mis brazos, mi alma gemela, mi ideal, el sabor perfecto, el olor perfecto y el amor de mi vida.
No era capaz de separar mis labios de su piel y su ausencia en los días anteriores me había traído como un adicto sin cocaína, sin heroína. Ella era una droga dura para mí y mi cuerpo no toleraba su ausencia. Entonces tuve una nueva misión en la vida… que Bella nunca me faltara, porque si algún día lo hacía… moriría.
-Dios Bella—jadeé soltando uno de sus pezones, era abrumadoramente intenso cómo me sentía. Quería gritar, quería sacudir el mundo y llorar, quería unirme con ella en uno solo, entrar en su piel, nunca más dejarla sola. Por dios… nunca había sentido así… -Bella—gemí hundiendo mi cabeza en su vientre, jadeando como si hubiese corrido un maratón, necesitado de algo, una sola palabra de ella que me dijese que no perdería mi corazón en el intento, algo… porque me dolía el puto pecho. Las lágrimas llenaron mi garganta y gemí apretando su cintura con mis brazos. –Bella!-
-Hazme el amor Edward—pidió mi nena, como si supiera que era eso lo que justamente necesitaba. Hacerle el amor, no coger, no follar, no ser un animal posesivo con ella para saber que estábamos en la misma página, no… hacerle el amor.
Conseguí separar mi rostro de su vientre y continué besando cada centímetro de su piel, mierda… ella tenía el poder de destruirme, ella me había tornado vulnerable y sensible y no podía acabar de envolver mi mente en ese hecho. Era mi realidad, mi nueva realidad… porque la amaba.
Y entré en ella… mi hogar. Mirándola a los ojos y uniendo muestras manos entrelazándolas, le hice le amor. Y no como el idiota celoso que la había cogido en el corredor de mi edificio, no, nunca más tratarla tan bajamente. Ella era mi todo, ¿cómo pude haberlo hecho? No… le hice el amor, reverenciando cada parte de su cuerpo, adorando cada centímetro de su piel, por primera vez, hice el amor.
-Sin ti muero—dije entre jadeos mientras mi carne penetraba una y otra vez en ella, palabras que no acababan de describir lo que en verdad sentía, pero ella no me creía… maldición, no me creía… tenía que trabajar en ello, tenía que darle seguridad y hacerle ver que ella era mi todo. –quiero todo contigo bebé. Dame todo—
-Todo—confirmó ella cerrando los ojos antes de gemir. Apoyé mi frente en su pecho y vi cómo mi pene entraba y salía de su interior, resbaladizo, caliente y hermoso, eso no era vulgar como en tres años alguien me había hecho creer, esto era la demostración de amor mas grande. Hacer el amor…
-Edward! Oh…- Bella arqueó su espalda y yo apreté mis dientes, porque me sentí más profundo en ella.
-¿Qué mi amor? Dime…- me arrodillé frente a ella sin salir de su interior y la tomé de la cintura llevándola conmigo, ella enjauló mi cuello entre sus brazos apretados y comenzó a moverse sobre mí, su cuello a la altura de mi boca, sus ojos penetrantes mirándome.
-Es tan… intenso—susurró jadeante apoyando su frente en la mía. Apreté su cintura entre mis brazos y moví mis caderas al tiempo que ella bajaba sobre mi, -Ahh!... Edward!—
-Lo sé mi amor, lo es—dije contra sus labios -¿lo sientes? así me siento… es tan poderoso—ella asintió.
-Aquí—dijo mi nena colocando la palma de su mano en mi pecho, sonreí… si, ahí, justo ahí. Cubrí su mano con la mía y me comencé a mover más fuerte, con más ímpetu.
-Mierda!, si… si mi vida, ahí—ella rebotó sobre mí, sus pechos danzando entre nosotros, bajé mis labios y atrapé uno de los pezones con mis labios y amamanté fuerte y duro. Mi mano que sostenía su cintura recorrió su contorno hasta su cadera y tazó una de sus nalgas, mi dedo mayor tocó esa entrada que algún día sería mía, su pequeño y estrecho ano.
Ella gruñó saltando sobre mi pene con mas intensidad.
-Edward! Por favor!—gimió lamentándose en mi oído. Mi dedo fue hasta su entrada mojada y acaricié allí empapándolo de sus jugos, volví a su ano y penetré lentamente, algo que hizo a mi nena moverse más fuerte. –Si!—
-¿Te gusta?—gemí soltando su pezón, -vas a ser mía por ahí bebé—
-Si—susurró en mi oído. Una promesa tácita.
Su cuerpo se tensó cuando mi dedo se adentró hasta mi nudillo, pero ella no se detuvo, al contrario, sentí las paredes de su vagina contraerse ordeñando mi verga.
-Bella!—gemí sacudiendo mi cadera hacia ella. Nuestros cuerpos chocaban, sudorosos y exhaustos, nuestros sonidos inundaban la habitación, nuestro sonido mojado y nuestros gemidos. Bella se movió frenéticamente sobre mí, mi pene se hinchó imposiblemente aún más y solo fue suficiente una de las primeras contracciones de su vagina al llegar a su orgasmo, para iniciar el mío.—Ohhgg Beeellaa…-
La oí gritar mi nombre antes de desplomarnos juntos sobre la cama, jadeantes, sudorosos y abrazados, nunca… nunca jamás la soltaría.
*o*
Ese sábado ella no fue a bailar, yo no se lo pedí, ella simplemente quiso quedarse el día en la cama conmigo, yo por supuesto no repliqué, los deseos de mi nena eran órdenes y yo con gusto las cumplía. A la noche pedimos un par de pizas y ella llamó a Leydi para que pasara por Papi jr por su departamento y por supuesto su amiga estaba encantada de hacerlo, ella llamó luego a Marcos, su conserje para dejar pasar a Leydi a buscar al perro.
Yo simplemente no la dejaría irse, ella quedaría en mi casa el mayor tiempo posible, incluso si había necesidad de traer al chihuahua aquí, tendría que hacerlo, no quería que mi nena se fuera, ella pertenecía a mis brazos.
Miramos películas hasta muy tarde y nos quedamos dormidos en el sofá, abrazados y entrelazados, a mitad de la noche desperté solo para cargarla en brazos y llevarla a nuestro dormitorio, la desvestí por segunda vez ese fin de semana y me metí con ella debajo de las sábanas, dormir con ella abrazada era lo más increíble del mundo.
El domingo tuve que hacer un par de llamadas a la aerolínea para confirmar los vuelos del equipo y solo por impulso dejé reservado un nuevo boleto para confirmar durante la semana, tenía hasta el jueves para convencerla, si ella no quería, podía anular la reserva. Almorzamos unos sándwich de atún y la llevé a la cama nuevamente luego de estrenar el mesón de mi cocina. Mierda sí!... ese domingo estrenaríamos la mayor cantidad de superficies planas de mi penthouse.
-No sé mamá, no… hoy no, tal vez el lunes, si…- miré a Bella, ella estaba parada frente a la biblioteca de mi salón, junto a la pared de cristal que daba directo a la ciudad de Chicago vistiendo solo una de mis camisas, desnuda por debajo… cielos. Tomó uno de los tomos de "Arquitectos de la edad moderna" y hojeó unas páginas antes de devolverlo a su lugar, sonreí mirándola.
-No puedes tenerla encerrada todo el domingo Edward, tráela a cenar… Rose la estuvo llamando al celular y ella lo tienen apagado—
-Hizo bien, no quiero romper esta burbuja mamá, sé que tenemos que salir de aquí algún día, peor no ahora… déjame tenerla para mí mismo solo un poco más—pedí casi en susurros.
-¿Ella está bien?—mi madre parecía preocupada, no me extrañaba, mi nena les había robado el corazón a todos. Miré a Bella, ella ahora se paseaba por la ventana mirando la vista, podía ver el contorno de su figura a contraluz a través de la camisa, ella era perfecta. Abrió uno de los ventanales y salió al exterior.
-Ella esta perfecta… es decir, ella está bien. Hablamos, nos sinceramos y estamos bien. Soy feliz mamá—
Oí un suspiro del otro lado –Que bueno, estaba esperando que llamaras y me lo contaras todo, pero sé que no lo harás, así que me conformo con esa información, sé que estarán bien ambos—
Tomé una respiración profunda al ver a mi nena tomar los binoculares que había dejado la tarde anterior encima de una pequeña mesa baja en el balcón. Ella los miró por un instante antes de llevárselo a los ojos, miró a través de los lentes toda la ciudad.
-Yo también sé que estaremos bien, haré lo posible…-
-¿Edward?—Bella tenía los binoculares apuntando a una dirección, que mi hizo tragar en seco.
-Mamá, te dejo… Bella me llama— dije caminando hacia mi nena en el balcón,
-Envíale saludos y los espeto mañana para cenar entonces, debes presentársela debidamente a tu padre, él solo la vio de lejos—
-Lo sé, iremos mañana—
Oí un adiós antes de cortar la llamada y dejar el teléfono en la primera superficie plana que encontré. Fui directo a mi balcón y al salir envolví mis brazos alrededor de su cintura, el aire estaba un poco frío, mierda… y ella casi denuda.
-Desde aquí veo mi edificio!—dijo apoyando su espalda contra mi pecho ella, manipulaba los lentes de los binoculares tratando de enfocar mejor –wouu, no sabía que vivíamos cerca—
-Yo si—dije bajando mis labios a su cuello y besando su suave piel.
-¿Me estuviste espiando Edward Cullen?—ella bajó el aparato y se dio vuelta hacia mí, mierda… la visión de ella con el cabello revuelto por la brisa, mi camisa entreabierta dejando ver la piel de su pecho, el inicio de una de sus tetas hermosas, me dejó extasiado. Le saqué los binoculares de la mano y lo dejé sobre la mesa baja, la tomé de la cintura y la alcé para llevarla dentro,
-Cada noche cuando sabía que saldrías a mirar las estrellas y la ciudad, cada noche que estuvimos lejos tú eres mi última visión del día…-
Y nos perdimos nuevamente en las bocas del otro.
El lunes temprano hice un par de llamadas, envuelto en el calor de Bella, Jasper me atendió luego de terminar con mi llamada anterior.
-¿No vienes?—murmuró el luego de mi intento de "Hola", con Bella habíamos estado haciendo el amor hasta altas horas de la madrugada y estaba agotado, pero más que eso, no quería salir de mi capullo de felicidad.
-No, suspende mis reuniones… tal vez al medio día, no sé…- hundí mi nariz en su cabello y aspiré como el puto adicto que era.
-No tengo que preguntar con quién estas ¿no?—murmuró riendo entre dientes.
Sonreí besando la mejilla de mi Bella dormida, -No, ya lo sabes… no la he dejado salir de mi departamento desde el sábado— susurré mirándola dormir.
-Bueno, sabes que hay un mundo exterior que los espera ¿no? Ella trabaja, va a clases en la universidad, tiene su vida normal… ¿serás capaz de retenerla para ti y sacarle eso?—mierda… mi amigo era directo y certero y lo peor de todo era que me conocía, si por mi fuera, Bella estaría encerrada en lo alto de este edificio gozando de los placeres de mi penthouse, pero no era así y yo lo sabía. El mundo real nos esperaba afuera.
-No, claro que no… aunque ganas no me faltan—besé su hombro desnudo.
-Bien, entonces espabila hombre y despierta a tu doncella… Emmett terminó con el diseño interno del "Cocoon" queremos que lo estudies y des el visto bueno, ¿ya están los pasajes para el jueves?—
-Ya están—suspiré.
-La traerás ¿verdad?—dijo luego de un breve silencio de mi parte. Bajé una de mis manos por el contorno de Bella y la subí por el frente hasta atrapar una de las tetas de mi nena.
-Quiero, pero como tú dices, ella tiene muchas responsabilidades aquí… igualmente quiero ese boleto abierto, si no es ahora, en algún momento la llevaré conmigo—
-Si es así, suerte con eso… creo que pasaste del negro al blanco sin intermedios, una que era totalmente pegota y dependiente de ti a otra que es independiente y libre—
-Y eso lo que mas amo de ella—murmuré con una sonrisa en la cara.
-¿Amo?—
El silencio que siguió durante los últimos segundos fue abrumador, carraspeé y sonreí al mismo tiempo.
-Si—susurré alzando mi cabeza y cerciorando de que mi diosa seguía dormida –la amo—
-Oh mierda!—rio Jasper – esto lo tenemos que festejar… Emmett!—
-Hey, hey—susurré levantando las sábanas y saliendo de la cama, el hijo de puta me había hecho levantarme. Caminé hacia el baño –cállate, ella no lo sabe, no se lo he dicho aún, trata de que la menor cantidad de gente lo sepa, mierda… ¿acaso es de interés nacional? Que mi madre ni se entere y si me entero que le dijiste a Alice…-
-No hombre, no te preocupes, Emmett y yo seremos dos tumbas—
-Confío en ti, pero Emmett…-
-Hey!—resultó que mi cuñado estaba escuchando –solo deja salir a la chica y compártela, Rose esta encantada con ella y fueron sus palabras no las mías…-
-oí unos pasos del otro lado de la puerta, así que salí, Bella estaba buscando frenéticamente su ropa por todo el suelo, parecía asustada,
-Nos vemos luego chicos, adiós—corté la llamada y dejando el teléfono sobre la cama atrapé a mi nena envolviendo mis brazos en su cintura.
-Hey, hey bebé, calma…. ¿dónde crees que vas?—besé su cuello, ella miraba el suelo por todos lados.
-Mis bragas… ¿dónde…? Edward, mi trabajo! León me va a despedir!—
-No!... mírame—ella respiraba agitadamente, sus ojos recorrían el suelo de la habitación. Tomé su rostro entre mis manos y la hice mirarme –llamé a Bellisima y hablé con tu jefe… está cubierto bebé, esta mañana estas libre—ella finalmente se relajó en mis manos.
-¿Qué?—me miraba incrédula.
-Le dije que estaban descompuesta y que te tomabas el día libre, me dijo que no había problema y que te esperaba mañana—me alcé de hombros con una sonrisa en mis labios –Así que vuelve a esa cama y yo haré el desayuno—picoteé sus labios y la dejé allí parada estupefacta.
Al mediodía y luego de retozar por largas horas, nos levantamos, nos duchamos y salimos en mi Aston hacia el Loop, mi nena quería pasar por una boutique donde trabajaba Leydi, ella estuvo media hora allí mientras yo la esperaba en el auto. Hice otras llamadas hasta que ella apareció con un nuevo cambio de ropa más sencilla que esa camiseta de hombro descubierto y falda de jean que había usado el viernes por la noche. Pero imposiblemente más hermosa.
Decidimos dejar el auto en un estacionamiento privado cercano y caminamos tomados de la mano hasta el Millenium park. El día estaba hermoso y ella se veía radiante con su cabello suelto y la alegría chispeante en sus ojos. Daría mi vida por siempre verla así.
Ella olió el aire, había un vendedor de burritos cerca de donde pasábamos, gimió y escondió su rostro en mi cuello cuando me vio observándola.
-¿Qué deseas bonita?—tiré de su mano hacia el carro del vendedor. Ella sonrió cuando vio hacia donde la llevaba,
-Oh! Me encanta!... dime que amas la comida mexicana y no esas cosas extrañas como sushi y porquerías incomibles—murmuró correteando frente a mí. Mierda mi tendría que dejar de moverse así, si queríamos llegar a donde quería llevarla sin antes meterla en cualquier callejón y lamer esas tetas que me llamab… -Hey!—ella agitó su mano frente a mí, mierda -¿estas conmigo? ¿Te gustan los burritos?—
-Siempre contigo. Me gusta la comida mexicana y si… esa mierda de sushi es un asco—
Me estremecí al pensar en que comía eso solo porque era la comida favorita de Heidi… estúpido.
Me sentía un idiota aquí, frente a esta mujer que veía a la vida como lo que era, su vida, hecha para eso… vivirla. Pero no vivirla en el sentido de aceptar todo como el destino te lo da, no… en el sentido de buscar lo que no te da y deseas. Y no me había dado cuenta cuanto deseaba alguien como Bella hasta que llegó a mí. Tan llena de energía, fuerza, luz… que me ahogaba, me sumergía en ella y me ahogaba, me embriagaba y quedaba así, exhausto, sobrepasado… listo para volar como un bólido a la galaxia y volver. Siempre que sea junto a ella.
Me sentía feliz, revitalizado, no me sentía de 32 años, mierda… no, no me sentía así. Yo a su lado era un joven comenzando a vivir. Que errado estuve todo este tiempo, pensando en que ya en mi vida estaba todo resuelto, que fácil creí en esa casita blanca, los hijos, la perfecta esposa y el golden retriever. Mierda… tan fácil había dado por sentado todo eso en mi futuro que ahora estaba exultante de felicidad al saber lo que en realidad tenía.
Solo una mujer, con su belleza exótica, mía, viva, en el más intenso sentido de la palabra, hermosa, mi dios, MI mujer, con la que me permitía soñar un futuro mejor… cielos, si, Bella en mi futuro, de mi brazo, navidad, día de las madres, mi cumpleaños, su graduación…
Lo quería todo.
-Dos burritos—Bella rió cuando su mirada se dirigió a un mimo que hacía sus movimientos cerca de nosotros. El vendedor le sonrió y comenzó a preparar su pedido, yo no pude evitar no tocarla… era mi centro de atracción, ella ejercía esa extraña fuerza sobre mí y yo no hacía más que doblegarme. Rodeé su cintura con mis brazos y apoyé mi mentón en su hombro. Reímos con las cosas que el mimo hacía y cuando nuestros burritos estaban listos, pagué y caminamos tomados de la mano.
-Quiero que me acompañes a un lugar. Está aquí cerca…- dije mientras cruzábamos la calle, ella tenía un hilo de jugo de su burrito corriendo por la comisura de su labio, trato de limpiarse con la mano que yo sostenía pero no la dejé, en lugar de eso, me acerqué y lamí sus labios limpiándola.
-¿Dómde? – dijo masticando.
-Mi estudio—besé su mejilla y sonreí cuando ella me miró con sus ojos grandes y sorprendidos.
-Esta todo mundo trabajando!—dijo tragando rápidamente.
-¿Y qué?—le di una mordida a mi burrito. La carne estaba sabrosa…
-¿Y que?… ve tú, me quedaré en el vestíbulo—murmuró mirándose el cuerpo. ¿Observaba su ropa? Unos sexys pantaloncitos cortos de jean, zapatillas converse y una camiseta recogida en un nudo en la cintura, putamente sexy. Quería apretar ese culo entre mis manos… mierda.
-¡Vienes y listo! Quiero probar algo—dije antes de tirar de su mano hacia el edificio que no estaba a mas de cien metros. Ella hizo un poco de resistencia, me comí lo que me quedaba del burrito y la tomé de la cintura.
-¡Edward! No! Hoy era no trabajo!... ¡pasaras vergüenza!—rio cuando le hice cosquillas. La atrapé por la cintura y la coloqué sobre mi hombro, haciéndola gritar…
-Nunca vuelvas a decir eso—le di una nalgada –nunca mi amor—
Que me joda la gente que nos miraba…
-¡Déjame en el suelo ya!—rio dando pequeños puñetazos en mi espalda
-¡Nunca!—nalgueé nuevamente su culo dulce antes de llegar al cruce de calle. La dejé en el suelo y la abracé por la cintura esperando que el semáforo se tornara rojo y nos dejara pasar. –nunca te dejaré. así que no lo vuelvas a pedir—susurré en su oído antes de alcanzar sus labios con los míos.
La besé suavemente antes de romper el beso y apretarla contra mi cuerpo,
-Lo sé—rio ella –soy imprescindible para ti—negó con la cabeza rodando los ojos, ¿ella tomaba es como un chiste? Mierda…
-Lo eres—miré sus ojos fijamente sin una pizca de humor –el día que me creas realmente, seré feliz—
Ella frunció el ceño y apoyó su frente en mi pecho,
-Lo sé, lo siento… tu puedes tener a cualquiera y que prefieras estar aquí conmigo…-
-Dice lo mucho que estoy colando por ti ¿o no?—besé su frente.
Ella rio y luego se mordió el labio. Cruzamos la calle abrazados de la cintura cuando el semáforo se tornó rojo.
Cuando entramos al estudio mi cuerpo recibió toda esa energía que día a día vibraba por todo el lugar, los de área de diseños cruzando por la entrada hacia los ascensores portando una maqueta, Ben llevando una tanda de carpetas y folios bidimensionales, alzó una mano y una ceja cuando me vio.
-Este es el vestíbulo y la que está por allí, en la mesa de entrada es Maggie, nuestra recepcionista, cuando vengas aquí y pidas verme ella te dará un pase, así los de seguridad no te detendrán—dije saludando con un asentimiento a algunos que pasaban por allí.
-Edward!... juego mañana en casa ¿quieres ir?—uno de los chicos de arte y diseño salía del ascensor.
-No Eidan, mi novia y yo mañana estamos ocupados—dije mirando a Bella, la llevaba de la mano, por lo que la atraje hacia mi y besé su sien.
Eidan nos despidió y subimos al ascensor. El estudio arquitectónico "The Four" constaba de cinco pisos. El primero era oficinas de diseño gráfico y dimensional, en el segundo estaban las oficinas de Ben y Emmett, que se encargaban de diseño interior, en el tercer piso estaba la oficina de Jasper que llevaba el departamento de materiales y mano de obra, en el cuarto piso Mike Newton se encargaba del departamento de marketing y publicidad y en el quinto estaba yo y manejaba el área de arquitectura e ingeniería moderna. Llevé a mi nena a mi lugar,
-Wau—miró mi oficina con interés, nunca Heidi había pisado este lugar, era sagrado y Bella era la primera mujer, a parte de Diana, mi secretaria y mi madre, que lo pisaba. –Aquí sucede la magia—
-Aquí mismo—asentí sonriéndole. Ella se paseó por el área de diseño, tenía un bunker de computadoras modernas que hacían el trabajo que antaño hacía el arquitecto a mano sobre la mesa de diseño. Miró sin tocar nada y se mordió el labio cuando vio su fotografía en mi computadora como protector de pantalla.
Ella siguió inspeccionando mi lugar y admiró la mesa de diseño que tenía en una esquina, era de madera y sobre una de las esquinas se sostenía una luz manual, habían algunos planos con diseños sobre esta mesa, me gustaba trabajar manualmente cuando tenía tiempo… y solo cuando eran cosas especiales.
-¿Qué estas diseñando aquí?—preguntó casualmente tomando una de las hojas con amabas manos, sabía que no iba a entender las líneas, los cálculos a un lado de la hoja, los ángulos…
-Algo personal—murmuré caminando hacia ella. Encerré mis brazos alrededor de su cintura y miré lo que ella tenía en sus manos, no había ningún nombre ni nada que le diera a entender lo que estaba haciendo en ese papel.
Un lugar para mi diosa, como lo imaginé una de las primeras veces que la había visto bailar. Su lugar. Un salón de baile, vestidores, un vestíbulo, baños y hasta un salón de baile anexo y más pequeño para que ella hiciera de eso, lo que quisiera, tal vez una oficina o una habitación. Su lugar. Aun no tenía nombre, pero era fiel a su fuente de inspiración. No tenía lugar, pero estaba seguro que pronto le encontraría uno. Y yo mismo sería el inversor principal, Esme era la otra inversora junto con Emmett.
Yo sabía cuánto le gustaba bailar y este lugar, quería que lo utilizara como ella quisiera, si ella quería tomar el lugar y hacerse cargo yo la apoyaría en todo y si ella prefería delegárselo a otra persona y hacerse cargo de la parte financiera, también sería su apoyo incondicional. Y por ultimo sabía que ella amaría mi regalo.
-No entiendo nada—rio dejando los papeles sobre la mesa, yo los tomé después de ella y los dejé sobre la mesa de la computadora.
-¿Sabes lo que quería probar?—murmuré caminando hacia atrás hasta mi puerta, la trabé y ella oyó el sonido, se mordió el labio y sus ojos se oscurecieron
-¿Aquí? ¿En tu oficina?— ella miró a su alrededor. Sus ojos se fijaron en los sofás de cuero negro que había frente al amplio ventanal.
No mi amor… no allí
-Exacto— camine nuevamente hacia ella y mi nena, inocentemente dio un paso hacia atrás haciendo chocar su espalda con el borde de la mesa de trabajo. Muy apropiado.
Sonreí asintiendo, me senté en la silla frente a la mesa y la atraje entre mis piernas. Sin preámbulos hundí mi lengua en su ombligo, ella gimió con un sobresalto.
-Aquí… en mi mesa de trabajo—murmuré lamiendo la extensión de piel de su vientre, ella tembló y llevé mis dedos al cierre de sus pantaloncillo, los desabroché y lo jalé hacia abajo junto con sus bragas.
-Vendrá alguien—dijo entrecortadamente. Sus manos fueron a mi cabello y sus dedos se enredaron en mi nuca.
-No… esta cerrada la puerta—mascullé separándome de ella. Mis ojos quedaron atrapados en su centro húmedo y desnudo.
-Apoya una pierna aquí—dije palmeando mi rodilla, ella jadeo sin moverse, alcé la mirada y sonreí… -tengo sed, apoya un pie aquí nena—
Ella alzó una pierna vacilante y apoyó el pie en mi muslo,
-Sostente con tus manos al borde inferior de la mesa—murmuré acariciando la pierna que tenía frente a mí, tan suave, tan hermosa. Llevé mi mano a su otra pierna y la coloqué debajo del pliegue de su rodilla, -sostente amor—alcé su rodilla y ella se sostuvo de la mesa mientras yo colocaba su otro pie encima de mi otro muslo, ella quedó con sus piernas abiertas frente a mi.
-Muy bien cariño, oh si… mírate que bien te ves en mi lugar de trabajo—susurré acariciando ambas piernas en toda su longitud, desde el inicio de sus muslos hasta sus pies. –ábrelas—
Yo mismo acaricié el interior de sus muslos instándola a abrirse para mi, ella lo hizo lentamente, con miedo a caerse, -Confía en mí cariño, no te va a pasar nada, estas segura—murmuré separando aún más sus rodillas. Ella subió uno de los talones para apoyarlo en al saliente que tenía la mesa en su borde inferior que servía para colocar mis reglas, escuadras y lápices, llevó sus manos al extremo superior de la mesa y colocó su otro talón al borde, yo la ayudaba sosteniéndola de la cintura.
-Oh dios sí… si amor—acerqué mi silla a ella, su centro jugoso estaba a la altura de mi rostro. Pasé mis brazos por debajo de sus rodillas y llevé mis manos al borde superior de la mesa, ella estaba bien abierta para mí ahora y mi boca a solo centímetros.
-Ninguna mujer entro a este lugar más que mi madre y Diana, mi secretaria. Nadie amor—dije mirándola a los ojos, ella jadeaba con su boca entreabierta, sonrió lentamente y asintió.
-Bien… lámeme entonces amor—pidió con voz inocente.
Y mi cabeza reconoció la orden. Acerqué mi nariz a su clítoris y la acaricié con la punta, saqué la lengua y jugué sutilmente con sus pliegues…
-Edward—masculló alzando las caderas. Gruñí tragando saliva y saqué mi lengua para penetrarla de un solo golpe. –Ahh!... siiii—
La cogí con mi lengua, oh dios… una y otra vez. Entrando y saliendo de su conchita, lamiendo a lo largo de sus pliegues y haciendo círculos con la lengua plana sobre su clítoris. Ella gimió, dio pequeños gritos cuando sintió mis mordidas y jadeó cuando estaba llegando a su orgasmo.
No utilicé mis dedos, no hizo falta, solo me senté allí, la sostuve y la cogí con mi lengua. Ella se dejó hacer y en poco tiempo estaba gritando mi nombre mientras sus caderas se movían temblorosamente y mi lengua se bañaba con su excitación… mierda, abrí la boca y tragué, tragué y tragué entre gruñidos de placer. Amaba cuando ella se corría así, fuerte y duro eyaculando sobre mí.
Jadeé cuando terminé, mi pene estaba erecto y palpitante en mis pantalones, listo para ser atendido, pero no… este era momento de mi nena.
Cayó a horcajadas sobre mí y la abracé fuertemente por su cintura, su respiración chocaba cálidamente en mi oído junto con sus jades y pequeños gemidos, sus piernas temblaban.
-Calma mi amor… así, Dios… eres tan desgarradoramente hermosa cuando te corres-
Esperé que su cuerpo se apaciguara para ayudarle a vestirse y sacarla de allí, en poco menos de media hora estábamos cruzando el vestíbulo del estudio, bajo mi brazo iba los folios con los diseños interiores de Emmett. Tendría toda la tarde para revisarlos.
-Quiero sacarme esta ropa y darme un baño—murmuró Bella mientras caminábamos hacia el estacionamiento donde habíamos dejado el auto –¿vamos a mi departamento y de paso luego vamos a buscar al papi? Lo extraño—hizo un puchero adorable y no pue}de mas que asentir.
Conduje el Aston hasta su edificio y estacioné en el lugar que ya por costumbre era mío, bajé y le abrí la puerta a mi nena, que de apoco e}se estaba acostumbrando a mis atenciones y tomé su mano luego de dejar un beso en sus labios.
-Quédate en mi casa—dije apresándola entre mis brazos mientras el ascensor subía a su piso –llevemos al perro, comida y su cama y que duerma allí, arma un bolso con un poco de ropa y quédate esta noche—
-No… no quiero invadir tu espacio, quédate a cenar esta noche y mañana veremos. Paso a paso Edward…- ella me miró con advertencia. Si, bueno… habíamos dicho que iríamos despacio y prácticamente le estaba rogando que se fuera a vivir conmigo.
-Bien—besé su frente –cenaré en tu casa esta noche y mañana veremos—dije no tan de acuerdo.
Cuando el ascensor llegó a su piso salimos tomados de la mano hacia su departamento, ella tomó las llaves de su bolso y abrió la puerta, vi algo por debajo de la ranura de la puerta que obstaculizaba la apertura de la misma así que me agaché y lo tomé, era una hoja.
-Maldición—dijo Bella tratando de encender las luces, solo se oía el clic, pero la luz no encendía.
-¿Qué pasa?—pregunté extendiendo la hoja, era un aviso de deuda y corte del servicio por falta de pago. -¿Bella?—
-Nada… llamaré a Bruno, debe ser un mal entendido—dijo yendo hacia la cocina, afuera era de día aun, pero Bella había dejado la persianas abajo y la luz era tenue. Oí una maldición, un golpe y algo cayéndose,
-Bella, bebé mira—dije caminando casi a ciegas hacia ella, veía su cuerpo en la penumbra. Ella miró mi mano y luego cortó el teléfono, alzó la hoja y lo alumbró con su celular,
-¡¿Qué mierda?!—Gimió llevando su mano libre a su cabeza, -no, es un mal entendido—
-Bella ¿no pagaste las expensas ese mes? Puedo arreglar con Bruno, déjame llamar a la compañía de luz—acaricie su cabello. Ella negó con la cabeza,
-No, yo puedo hacerlo… solo… tengo que hablar con Jake—
-¿Por qué? ¿No puedes hablar conmigo?—me sentí frustrado. Justo hace unas horas estábamos hablando de ser honestos y sinceros el uno con el otro. -¿Por qué Jake?—
-Porque quiero un adelanto de mi salario, debí haber bailado el sábado, no puedo darme el lujo de no hacerlo… Edward por dios!—gimió frustrada. Dejó la hoja sobre la mesa y se alejó con su celular.
-Déjame pagar la luz Bella, yo soy tu novio, yo respondo por ti, ¿te hace falta dinero? Te puedo dar… déjame hacerlo—murmuré pellizcando el tabique de mi nariz. –Es lo mismo, solo que Jake no es nadie, soy tu novio…-
-Lo sé. Pero debo ser capaz de hacerlo sola, solo que el mes pasado no pude pagar la luz, eso es todo—podía oí el asomo de rabia en su voz.
-¿Qué pasó para que no pudieras?... ¿tienes gastos extras en la universidad?—
-No, no fue nada. Solo un inconveniente que tuve, nada importante—
-¿Dónde? ¿le debías dinero a alguien?—
-¡No! ¡Déjame tranquila resolver esto por mi cuenta Edward!. ¡Mierda!—
-Maldición Bella, soy tu novio y quiero saber. Dijimos sinceridad y honestidad ¿y qué haces tú? A la primera que debemos hacerlo pides que te deje tranquila—ella caminó hacia la sala de estar y pude sentir sus suspiros, sabía que cuando quería llorar respiraba profundo hasta calmarse -¿Qué sucedió? ¿León te pagó todo tu salario?, mierda… si no lo hizo Bella dime—
-¡Me descontó dinero con el que contaba para los gastos de las expensas, pagos de la biblioteca y otras cosas! No es mucho mi salario, pero midiéndome como todos los meses me alcanzaría—vi en la penumbra como sacudía su mano frente a su cara, sacándose una lágrima de su mejilla.
-¿Por qué te descontó?—murmuré pensando cómo encarar a León y exigirle que me de explicaciones. Ella dijo algo por lo bajo y caminó hasta una de las ventanas, alzó la persiana americana y la luz entró al departamento. –Bella—
-Hace un mes más o menos, vi a Heidi en Bellisima, fue con dos mujeres más, ella, otra rubia y una morena de cabello corto— se quedó mirando hacia la ciudad.
Pestañé tratando de absorber la información que ella me estaba dando y que yo no sabía,
-¿Qué sucedió?—pregunté acercándome a ella.
-Pidieron unos tragos en la sección Vip, cuando fui a dejárselos, una de ellas… no Heidi, la otra rubia—y solo podía pensar en Jane cuando lo dijo, la morena sería Caterina –dijo algo sobre un tal Edward… algo como que pronto volvería de Suiza y que Heidi lo tenía comiendo de su mano. Yo, de la impresión, por la coincidencia, caí la copa que estaba por dejar sobre la mesa y derramé el contenido en el vestido de la rubia—
-Jane—susurré.
-Lo que sea—ella respiró profundo –Heidi se quejó con León por mas que me disculpé y le exigió que me descuente de mi salario el total del valor del vestido de su amiga… León lo hizo. Eso fue lo que sucedió… era un Oscar de la Renta y son caros. Ahora, déjame llamar a Jake y ver qué puedo hacer—
-¡De ninguna puta manera!—grité haciéndola saltar. Perra… perras! Maldita Jane, maldita Heidi! ¿Cómo tuvieron la cara para hacer eso? Por dios… no tenían corazón. No lo tenían!
Rastrillé mis manos a través de mi cabello y tironeé de frustración e impotencia, eso ya había sucedido, pero no dejaba de culparme… cada cosa, cada paso en falso, Heidi estaba de por medio. ¿Por qué?
-¿Estas enojado conmigo?—murmuró ella mirándome detenidamente. Oh por dios… ¿por qué mierda no me había dicho eso antes?.
Negué con la cabeza, incapaz de hablar, si lo hacía… por dios. Maldita Heidi. ¡Maldita toda la familia Vulturis! Maldito el momento en que los conocí.
Tenía que hacer algo… eso no se iba a quedar así. Podía hacer lo que quisiera conmigo, pero con mi nena no… con mi nena no.
AAauuuuuu, yes! papi defiende lo tuyo...amo cuando se pone todo protector, Bella n lo necesita, por eso no se lo quería decir, pero es él, qué le vamos a hacer. jajaja
Gracias a todas por darme su apoyo con este fic, gracias por las promociones que veo en algunas partes de Exótica y gracias a las nuevas lectoras. Son muchas, se me hace imposible poner nombre por nombre, pero esta noche tal vez edite y lo haré. gracias miles y solo pido algo a cambio, unas simples palmaditas en la espalda, besotes!
Si quieres husmear por el grupo del fic en Facebook, busca "Exótica fanfic" y unete, somos ya mas de 400 nenas de papi. Gracias!
Lu
