Exención de responsabilidad: One Piece, sus personajes, historia, y sus películas, no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda y Toei. Escribo esta historia sin ánimo de lucro.
Seguimos avanzando nakamas! Esta vez, me di mucha prisa. Hecho de menos esas oleadas de reviews que hubo entre noviembre y diciembre, a ver si regresan!
Gracias a todos por el apoyo, y por seguir haciendo más popular este fic. Es un proyecto cada vez más largo, y en el que estoy poniendo toda mi ilusión, y que os va a acompañar durante años. Asique espero que lo sigáis disfrutando y que colaboréis de forma activa en él.
No diré nada del capítulo. Dejaré que lo disfrutéis!
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SAGA DE MARINE FORD
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CAPÍTULO 19
ARCO DE LA ISLA ZAFIRO
LA CALMA QUE PRECEDE A LA TORMENTA
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– Vaya vaya, no son palabras pequeñas, eso está claro. Pues para hacer eso, necesitaréis algo de ayuda, me parece a mí – dijo una voz desde la puerta del bar. Luffy volteó y se encontró cara a cara con un viejo con gafas, pelo plateado, y una capa de viaje que no ocultaba la espada que le colgaba en un lateral del cinturón – Tenía ganas de conocer al muchacho que seleccionó Shanks. Debo decir, que no me has decepcionado. Tienes algo… que me recuerda al capitán.
– ¿Quién eres, ossan? – preguntó Luffy.
– Hoy en día estoy retirado… pero en su día, fui el vice capitán del Rey de los Piratas. Ahora, el hijo del hombre al que admiré y fui leal hasta el fin está en peligro. La espada de el Rey Oscuro, Silvers Rayleigh, está a vuestro servicio – contestó el anciano, mientras con un rapidísimo movimiento, desenvainaba su arma.
Siguió un corto silencio, en el cual capitán y ex vice capitán se sostuvieron las miradas. Al menos, eso fue hasta que a Luffy se le convirtieron los ojos en estrellitas.
– ¡Sugoi! Ossan, ¿de verdad fuiste nakama de Roguer? – preguntó Luffy, volviendo a ser él para alegría de todos sus compañeros. El anciano le miró y adoptó una medio sonrisa.
– Fui su vicecapitán, sí – contestó, aunque en realidad esa respuesta era para evaluar a Luffy.
– Shishishi, entonces erais nakamas. ¡Wow! ¡Ojalá hubiera podido conocerle! – dijo el peli negro, con mirada soñadora. Rayleigh sonrió interiormente. Había esperado y deseado esa respuesta.
– Definitivamente, te pareces al capitán. Qué curioso, las cosas de la vida… – murmuró, mientras movía la cabeza de lado y recordaba una conversación, muchos años atrás.
Shanks, el antiguo mocoso que había sido grumete en su tripulación, le había avisado, al regresar de su tierra natal de camino al Nuevo Mundo:
Dos cosas había notado que le faltaban al pelirrojo.
Un brazo.
Y su sombrero.
Había entregado el sombrero de Roguer a alguien digno de él, tal y como había sido la voluntad del capitán. Claro está, que Rayleigh no era de los que acepta las cosas sin verlas por sí mismo. Ese tal Luffy iba a tener que demostrarle que era digno de ese sombrero, y de la historia que había tras él.
Y a la conversación con Shanks, años más tarde le habían seguido las noticias que rodeaban a Luffy.
Luffy había derrotado a Arlong y varios piratas más del East Blue, protegiendo varias islas.
Luffy había liberado Arabasta del yugo secreto de Cocodrile.
Luffy había incendiado todo Ennies Lobby y desafiado al Gobierno Mundial para rescatar a una nakama.
Y ahora, Luffy había unido fuerzas con nada más y nada menos que Altazor D Solaris.
Alguien que, después de que destrozaran su vida, no había vuelto a confiar en nadie. Y ahora, sin embargo, viajaba con él, y encima, parecía confiar en él, y tenerle sincero aprecio.
Rayleigh no podía ignorar todos esos hechos. El mocoso había demostrado algunas cosas, aunque todavía quedaba la tercera parte. Para que Rayleigh le aceptara como el sucesor de Roguer, además de por esas dos razones, tendría que demostrárselo personalmente. El viejo, entonces, observó que Luffy volvía a poner una cara seria y miraba a sus nakamas.
– Mina… sé que queréis ir todos… soy un poco idiota a veces pero sé que Impel Down es un lugar muy peligroso. ¿De verdad estáis seguros? – preguntó el peli negro.
– ¡No intentes dejarnos atrás idiota! – le gritaron la mitad.
– Fu fu fu fu – rompió a reír Robin.
– ¡Jajajajaja! ¡Sois una banda muy alegre! Eso me gusta, pero esto no será nada fácil – intervino Rayleigh, mientras iba a la barra y se servía en una jarra una generosa cantidad de cerveza – Sólo dos personas aquí hemos estado en Impel Down, y si mal no recuerdo, una de esas dos personas estuvo solo en el exterior… ¿cierto Altazor kun? – preguntó, observando detenidamente la reacción del peli plateado – Han pasado varios años desde que descubriste la entrada, las cosas pueden haber cambiado, ¿has pensado en eso antes de ir allí? Un error, y no habrá vuelta atrás.
– ¿Cómo? ¿Estuviste en Impel Down, ossan? – preguntó Luffy.
– Sí, hace mucho tiempo… cuando aún no estaba el bastardo de Magellan como carcelero. Fui a visitar por última vez a mi capitán – respondió Rayleigh con la mirada perdida en la distancia.
– Rayleigh, no estoy seguro de ello. ¿Pero qué es la vida sin riesgo? Hace muchos que años que debí morir, si puedo ayudar a Luffy a rescatar a su hermano… mi muerte en ese caso no habrá sido en vano – respondió enigmáticamente Altazor.
– Así sea. Pero extremaremos las precauciones, tu padre jamás me perdonaría si te pasara algo estando a mi cuidado – dijo Rayleigh.
– Mi padre no puede perdonarte ni dejarte de perdonar nada. Lo sabes – murmuró Altazor mientras apretaba los dientes.
– Tu padre vive en ti, y en tus acciones Altazor kun. Aún tienes mucho que aprender – le reprendió el anciano, que había fruncido el ceño. Altazor cerró los ojos, y tragó saliva mientras apretaba los dientes, visiblemente emocionado. Necesitaba aire. Fue hasta una de las ventanas rotas, y aspiró el aire exterior a grandes bocanadas, mientras intentaba deshacer el nudo de su garganta.
– Disculpe, Rayleigh san… ¿de verdad llegaron a Raftel? – intervino de pronto Robin, dando un paso al frente y mirando fijamente al anciano. Llevaba mucho rato queriendo preguntar eso, y no pudo resistirse más. Además, seguramente con eso ayudó a distraer el foco de atención del peli plateado.
– Mujer, no es el momento – murmuró Zoro.
– No, no tiene importancia cazador de piratas, Roronoa Zoro. Sí, señorita. Llegamos a Raftel, si eso es lo que quieres saber – contestó Rayleigh con una enigmática sonrisa.
– ¿Descubristeis la historia del Siglo Vacío? – preguntó ella a toda velocidad, dando otro paso hacia él. Se la veía realmente ansiosa por saber la respuesta, ya que había perdido su habitual auto control. Rayleigh cerró los ojos, para luego volver a abrirlos y mirarla evaluadoramente.
– Sí. Descubrimos toda la historia del mundo. Toda – contestó Rayleigh, provocando gestos de sorpresa y exclamaciones ahogadas en todos los Mugiwara. Robin tembló, y comenzó a respirar con mayor intensidad – ¿Quieres conocerla? – preguntó sugerentemente Rayleigh.
Robin guardó silencio mientras pensaba a toda velocidad. ¿Quería saber ya la verdad? ¿Quería cumplir ella su sueño de una forma tan sencilla, tan precipitada?
No
Ella era arqueóloga. Amaba la historia, pero sobre todo, amaba descubrirla por sí misma. Era ella quien debía llegar a Raftel con sus nakamas, y descubrir con ellos toda la verdad que siempre había deseado conocer. Robin comprendió en ese instante que sería un camino largo, pero que no había atajos ante ella.
– No. No quiero saberlo. Esperaré a descubrirlo por mí misma cuando llegue con mis nakamas – contestó ella mientras cerraba los ojos y adoptaba una sonrisa encantadora.
Zoro y Luffy sonrieron. Eso era lo que ellos habrían hecho sin dudarlo también. Altazor giró levemente la cabeza y dirigió una mirada sorprendida a Robin. ¿No quería atajos para cumplir su sueño?
– El camino para llegar a los sueños también es importante – se dijo para sí mismo mientras esbozaba una triste sonrisa. En el fondo, sentía algo de envidia hacia la forma de ser de esa admirable mujer. Ojalá pudiera él ser igual, pero le costaba tanto volver a confiar… volver a soñar… volver a ser feliz.
Los Mugiwara y Rayleigh siguieron hablando un rato alegremente. Así aprendieron muchas cosas sorprendentes de él, como que era amigo de Hachi, el gyojin contra el que pelearon en la isla de Nami, y que éste se sentía muy arrepentido por todo lo que pasó (Nami miró para otro lado mientras fruncía el ceño y se cruzaba de brazos, recordando todo su sufrimiento y el asesinato de su querida madre Bellemere) y otras cosas de la isla donde vivía Rayleigh, cosas del pasado, y divertidas anécdotas. Luffy gracias a eso pudo distraerse por un rato, pero a cada minuto que pasaba aumentaba su urgencia. La gente se acercó de nuevo a la taberna durante ese tiempo, pero ni bien les vieron, volvieron a salir huyendo de allí. Entonces, intervino Usopp en la conversación.
– Oe, ossan, una pregunta más importante – dijo poniéndose en pie y dirigiendo una mirada ansiosa a Rayleigh – El legendario tesoro…. El One Piece… ¿realmente existe?
– ¡USSOOOOOOOOOOOOOOOOOOPP! – rugió Luffy, desprendiendo una oleada inconsciente de Haki del Rey que dejó atónito a Rayleigh. Usopp se cayó de culo sobre el suelo de la taberna – ¡NO QUIERO SABER NADA SOBRE RAFTEL! ¡No quiero saber qué es el One Piece! ¡Ni quiero saber si es un tesoro o no! ¡Eso es algo que debemos descubrir nosotros mismos! ¿Qué emoción tendría nuestro viaje si no? – sermoneó Luffy más calmado, pero aun hablando en un tono de voz elevado. Usopp, se repuso rápidamente y se inclinó ante Luffy y Rayleigh precipitadamente. Todos miraron con orgullo a Luffy, igual que antes habían hecho con Robin.
– ¡Tienes razón por supuesto! ¡No quiero saber nada de esa isla! ¡Es más, creo que tengo la enfermedad de moriré-si-escucho-algo-sobre-Raftel! – gritó cómicamente, provocando una carcajada general.
– Usopp no mueras, yo te curaré – dijo Chopper con preocupación, provocando más risas y miradas tiernas de sus nakamas.
– ¿Podrás lograrlo Luffy? El Grand Line no es nada comparado con el Nuevo Mundo. Tendrás que derrotar a los Yonkou y a los Shichibukai para poder convertirte en el Rey de los Piratas y encontrar el One Piece. ¿Estás preparado para algo semejante? – preguntó Rayleigh.
– Si no fuera capaz, no estaría aquí con él. No creo que haya alguien más digno – intervino Altazor, que seguía acodado en la ventana.
– Mi honor como espadachín está en juego. Luffy será el Rey de los Piratas – concedió Zoro, desenvainando una de sus katanas ligeramente, y volviéndola a envainar, en el gesto de promesa de espadachín.
– Él es especial – dijo Nami, cruzando una mirada que reflejaba todo el agradecimiento de la chica hacia Luffy.
– Tienes una tripulación muy leal – comentó Rayleigh sonriente.
– No soy su subordinado – contradijo Altazor al anciano mientras chasqueaba la lengua – Soy un capitán también, maldita sea. Pero será el Rey de los Piratas y juntos acabaremos con el Gobierno Mundial – añadió el peli plateado.
– Jajajajaja, tienes razón, eres su nakama y aliado, ¿no? Y bien Luffy, ¿te ves capaz? Shanks me dijo que podrías– volvió a preguntar Rayleigh. Luffy adoptó una gran sonrisa retadora y segura.
– Ossan, ¿conoces a Shanks? – preguntó Luffy sorprendido.
– ¿No lo sabías? Shanks fue grumete en nuestro barco, pero no viajó con nosotros hasta Raftel… era demasiado joven para emprender ese viaje final. Él me habló de ti hace años, y me dijo que eras un joven de palabra – se explicó Rayleigh. Luffy asintió, y comenzó a hablar.
– Hice una promesa a Shanks hace muchos años. Me convertiría en el Rey de los Piratas, le dije. Y él, a cambio, me dio este sombrero. Es mi amigo, y me salvó la vida dos veces. Él me enseñó lo que significa ser un verdadero pirata. Siempre estaré en deuda con él. No puedo fallarle, ni a él, ni a mis nakamas. Me convertiré en el Rey de los Piratas, y si el camino es duro, sé que con mis nakamas… podremos lograrlo. Igual que hicisteis vosotros hace veinte años – respondió, pero luego perdió su sonrisa y adoptó una actitud seria – Cada minuto que pasa, mi hermano está más cerca de morir. No puedo perder más tiempo ossan… si no soy capaz de salvarle a él, ¿cómo podría ser el Rey de los Piratas?
– Calma, Luffy kun – dijo Rayleigh mientras se ponía en pie – Quería evaluaros, conoceros, y sobre todo, saber si erais una tripulación y capitán dignos. Todo lo que he visto hasta ahora, y oído, lo demuestra. Os ayudaré, como dije antes. Pero tenía que conoceros un poco mejor.
"Impel Down no es un lugar sencillo al que ir. Debemos juntar una serie de cosas, y hacer planes esta noche. Vuestro barco está atracado en el puerto ¿verdad? Nos reuniremos en él dentro de tres horas. Por ahora, quiero que os hagáis con provisiones, armas y cosas que puedan ser útiles para una infiltración.
"Mañana saldremos de esta isla, rumbo a las Puertas de la Justicia. Tardaremos tres días en llegar desde aquí. Y necesitaremos otros dos días para llegar a Impel Down.
"Cuando lleguemos allí, todo dependerá del Altazor kun, aquí presente. Si nos infiltramos exitosamente, tendremos una posibilidad de rescatar a Ace antes de que se lo lleven de la prisión.
– Un segundo, ¿la ejecución no será en la propia prisión? – intervino Sanji.
– Según me dijeron los Revolucionarios, la Marina está concentrando una enorme fuerza militar en Marineford, su principal base del Grand Line – contestó Altazor mientras se acariciaba el mentón pensativamente.
– Eso significa que planean matar a Ace allí, y demostrar su poder – comprendió erróneamente Franky.
– Sí, y no. Luffy kun, creo que pretenden utilizar a Ace para que Sirohige se enfrente a la Marina. Él es el más grande pirata de la Antigua Generación – explicó Rayleigh – El único que podía casi medirse con el capitán…
"Esta ejecución es una farsa. Su verdadero objetivo, es acabar con Sirohige.
– Me da igual, ossan. Rescataré a Ace, sea como sea – afirmó Luffy mientras apretaba los puños con fuerza.
– Algo me hace creer que podrás lograrlo. Nos vemos en tres horas, jóvenes. Tened cuidado hasta entonces. Altazor, acompáñame. Tenemos que hablar – concluyó Rayleigh mientras salía por la puerta. Altazor siguió a Rayleigh con cara de circunstancias. Antes de salir, dirigió una mirada de disculpa a sus recientes nakamas.
– Me pregunto quién es realmente platitas kun, y sobre todo… por qué conoce a tanta gente importante – comentó Robin pensativa.
– Shishishi, eso no importa. Confío en todos vosotros chicos, igual que en él. Sus razones tendrá – contestó Luffy muy convencido. Robin no pudo evitar sonreír por la firmeza de pensamiento de su capitán.
Luffy y los demás se quedaron en la habitación un poco más. Hasta que Nami tomó las riendas de la situación.
– Bueno, chicos, ya habéis oído a Rayleigh y al capitán. Sanji, Chopper, iréis a por comida. Usopp, Franky, vosotros conseguid suministros de pelea y de infiltración. Zoro, Luffy, vosotros vais conmigo y Robin. Sin meteros en líos nadie, ¿está claro? – ordenó Nami. Todo el mundo asintió.
– Nami, no seas ridícula, no tenemos tiempo para ir a comprar ropa – se enfurruñó Luffy hinchando los mofletes. Pero la peli naranja le tironeó salvajemente de las mejillas mientras ponía dientes de tiburón.
– ¡Idiota! ¿Quién dijo nada de comprar ropa? Si os dejamos solos ahora, tú te meterás en algún lío absurdo, eso es seguro. ¡Y Zoro se perderá a la primera de cambio! – gritó Nami mucho más enojada.
…
– No puedes salvarme Luffy – decía Ace, y Luffy le agarraba de los hombros. Su hermano estaba de rodillas, y a su alrededor todo era fuego, humo y destrucción.
– No digas eso, ya he llegado hasta aquí. Tenemos que salir de éste lugar – respondió Luffy muy nervioso. No entendía cómo había llegado hasta allí, ni qué estaba pasando, pero Ace estaba con él. Debía salvarle.
– No puedes salvarme Luffy. Es demasiado tarde – repitió Ace, mientras escupía sangre. Mirando para abajo, Luffy vio un gran boquete en el pecho de su hermano, del que se escapaba la sangre y la vida de Puño de fuego.
– Ace… no… – susurró Luffy, paralizado por el miedo. Pero Ace ya no dijo nada. Se desplomó sobre Luffy, muerto. Al capitán comenzó a cortársele la respiración, eso no podía estar pasando. No podía ser.
– Hijo de Dragón. Tú eres el siguiente. Toda tu familia está maldita, y aquí desaparecerá – dijo un corpulento Marine, saliendo de entre el humo. Su cara quedaba oculta, pero una capa blanca lo envolvía. Un fogonazo de fuego y luz lo envolvió todo, y Luffy se despertó soltando un grito.
Se encontraba en su cama. Había sido otra maldita pesadilla. Luffy se palmeó la cara, y se sorprendió al notar que surcos de lágrimas caían por sus ojos. Se las quitó de un manotazo tembloroso, y se puso en pie.
Se tambaleó, y tuvo que apoyarse en la mesilla que tenía junto a su cama. Al mirar, vio en ella la vibrecard de su hermano. La esquina del papel seguía quemándose lentamente, muy lentamente… pero indicando que a su hermano se le reducía el tiempo. Sudaba copiosamente, pese al frescor de la noche.
Tenía a sus nakamas, tenía a Altazor, que había demostrado ser un aliado y un amigo confiable, y más fuerte que ellos, y tenían la ayuda de nada más y nada menos que Rayleigh, la mano derecha del anterior Rey de los Piratas. ¿Por qué entonces seguía tan preocupado?
En el fondo, lo sabía. Su pelea contra Borsalino y los CP0, le había hecho comprender la enorme diferencia de nivel entre los oficiales de élite del Gobierno Mundial, y de los Almirantes, con él mismo, y su propia tripulación. Y ahora, se iban a meter en la boca del lobo, e iba a arrastrar a sus nakamas con él.
No eran pensamientos agradables.
Para tranquilizarse, decidió darse una ducha. Fue al baño, y se metió en la ducha activando el agua fría. Dejó que el agua limpiara todo el sudor, y apoyó la frente contra las baldosas del baño de chicos del Sunny. Había sido solo una maldita pesadilla, todavía estaba a tiempo de salvarlo. Tendría que creer en ello, era su deber como capitán.
Un rato más tarde salió, algo más sereno. Pero seguía preocupado, y nervioso, algo poco habitual en él. Pero es que era su hermano, maldita sea. No podía estar tranquilo. Comenzó a caminar por el barco sin rumbo, mientras recordaba los acontecimientos del resto del día.
Habían comprado todo, y regresado al Sunny, donde informaron a Brook de todo lo que había pasado. Luego, llegaron Rayleigh y Altazor, y todos estuvieron discutiendo planes muy complejos que Luffy no había llegado a entender. "Cosas misteriosas" habría dicho Luffy en circunstancias normales, y luego habría hecho lo que le viniera en gana, sin seguir el plan. Pero con la vida de su hermano en juego, prestó atención a todo, y se enteró de lo básico y esencial para no cometer errores graves.
Después de una tardía cena, todo el mundo se había ido a dormir. Habían decidido hacer turnos rotativos. Altazor se ocupó de la primera guardia, Franky de la segunda… ¿y quién estaba a cargo de la tercera?
– Luffy ¿estás bien? – preguntó una suave voz a espaldas del capitán. Luffy volteó, para encontrarse con la mirada preocupada de la navegante, y al darse cuenta de que le miraba preocupada, forzó una sonrisa que intentó que no pareciera muy forzada.
– Nami – dijo él, sin saber muy bien que decir. La aludida le observó, preocupada por su nakama. Luffy tenía mala cara, tenía los ojos enrojecidos, y su habitual sonrisa natural ahora resultaba claramente forzada. Luffy intentaba no preocuparla, como siempre, pero en ese momento, el joven de cabello negro necesitaba apoyo.
La necesitaba a ella.
Sin mediar palabra, Nami abrazó a Luffy, y le hizo apoyar la cabeza entre su pecho y su hombro. El peli negro, sorprendido, se dejó llevar en seguida, y se dejó caer lentamente hasta quedar de rodillas en el suelo. Nami no le soltó en ningún momento, y le mantuvo pegada a ella, mientras con la mano que tenía libre le acariciaba lentamente los cabellos.
– Todo va a estar bien. Es normal que estés así – le repetía una y otra vez. Hasta que Luffy fue capaz de responder
– Nami… no deberías verme así. Ninguno deberíais verme así – murmuró Luffy con la voz casi rota.
– ¿No somos tus nakamas? Por mucho que seas mi capitán, idiota, sabes que… que – fue a decir ella, pero no sabía bien ni qué decir. Nami quería decirle que era importante para ella, pero le preocupaba malinterpretar sus propias palabras. ¿Por qué le costaba tanto decir algo así?
– ¿Nami? – llamó, o más bien, pidió Luffy. Nami apretó los dientes, pero no se veía capaz de decir lo que quería todavía.
– Sabes que eres importante para todos nosotros – dijo ella finalmente, y Luffy, ahora sí, se abrazó a su cintura mientras apoyaba la barbilla en su hombro y cerraba los ojos.
– Tu hermano es una buena persona. Seguro que está bien, y está esperando a que vayas a rescatarle. Vamos a salvarle, ya lo verás – siguió diciendo Nami para tranquilizarle – Se alegrará mucho de verte – dijo por último, pero esas palabras finales provocaron una risita a Luffy.
– Cuando me vea, me pateará el culo por meterme en sus asuntos – contestó éste, esbozando una pequeña sonrisa en el rostro. Nami no podía ver su cara, pero sabía cuando Luffy sonreía.
– ¿Por qué? Eso no tiene sentido Luffy – quiso saber ella.
– Por meterme donde no me llaman. Él no quiere que yo me meta en sus aventuras, igual que él no se metería en las nuestras. Él diría que tiene sus nakamas, su aventura, y que soy un hermano pequeño molesto, ruidoso, y que bastante tiene ya para que encima tenga que cuidar de mí también – explicó Luffy mientras comenzaba a reír suavemente. Nami sonrió también.
– Debe quererte mucho, Luffy – dijo ella. Ambos se separaron de mutuo acuerdo, y se quedaron mirando a las estrellas del cielo. La noche era clara, y el cielo estaba despejada. La luna decreciente daba luz, pero no tanta como para impedir ver el cielo.
– Pasé muchos años con él… y durante mucho tiempo solo tuve a Dadan, a Makino, al abuelo y a Ace. Ace fue mi héroe… aún lo es – comenzó a explicar Luffy – Por eso se me hace tan difícil creer que le han derrotado, que está preso, que alguien pueda ser capaz de ma… de lastimarlo – siguió diciendo el D.
– Nojiko y yo siempre estuvimos juntas. Por culpa de… de lo que pasó, no la pude ver tanto como antes de que Arlong apareciera. Pero seguía siendo mi hermana, nos queríamos, siempre lo hicimos, y ella era mi único apoyo – se sinceró Nami.
– Nojiko es muy buena persona. Pero ahora… ahora os tengo también a vosotros. Estar solo es algo horrible – reconoció Luffy – No quiero quedarme solo, Nami. Ni que a ninguno de vosotros os pase eso.
– Nadie va a separarnos, capitán. Somos la tripulación del futuro Rey de los Piratas – confirmó Nami, sonriendo alentadoramente.
– Es una promesa – contestó Luffy. Nami sostuvo su mirada, y asintió.
– Es una promesa – concedió la peli naranja.
Luffy sonrió, recuperado totalmente. Era el momento de demostrarle a esa chica, y a los suyos, que podían creer en él. Que era el capitán del que estaban orgullosos. Haría todo lo que pudiera por protegerlos a todos, por salvar a Ace, y por proteger la sonrisa que en ese momento adornaba la cara de la peli naranja, como si fuera la más hermosa de las pinturas.
Los dos quedaron en silencio, disfrutando de la fresca brisa de la hora que precede al alba. Disfrutando de los últimos momentos de paz que tendrían durante años. Era la calma que precedía a la tormenta.
La batalla que desencadenaría la guerra de los Yonkou… estaba a punto de empezar.
Faltan diez días para la ejecución de Ace
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Hasta aquí el capítulo, algo más breve pero quise cortarlo aquí, en este bonito momento de paz, de calma y de romance. A partir de aquí, los acontecimientos se van a precipitar en caída libre.
Se viene la batalla de la Isla Zafiro, la infiltración en Impel Down, la fuga… y finalmente, la batalla de Marine Ford. Cualquier coincidencia con los sucesos ocurridos con Oda, es pura coincidencia. ¡No deis nada por sentado!
Un abrazo nakamas! Espero vuestras reviews, las hecho de menos
