Mina se pegó todo lo que pudo a la pared, mientras intentaba contener la respiración. De modo, que ya era oficial: Tom los había traicionado, llamando a los Snakers para invadir Hogwarts. Sería el primer paso del golpe de Estado que darían para hacerse con el poder en Gran Bretaña. Y la masacre muggle solo sería el comienzo de las tremendas atrocidades que acontecerían después. Quería llorar, pero debía permanecer inalterable. Tal ve fuera la única oportunidad que tendría de salvar a Alastor y a Dumbledore.
–¿Matt, has visto a Charlus tocar el traslador? –preguntó Mina al gato, con un murmullo casi imperceptible.
Los ojos de Matt se abrieron de par en par, atónito.
–No, Mina. Oh cielos, tendría que haber estado atento... Estúpido de mí...
–¡Sé que estás aquí, mi querida Mina!–Tom dio un paso al frente y miró en todas direcciones–. ¡Puedo sentir tu calor y tus susurros. Si no sales, una persona a la que aprecias perecerá bajo la maldición letal! ¡¿Quieres que suceda eso?!
–Tienen a Charlus... No. –Matt no salía en sí de su asombro y quería maullar de dolor–. Mi hermano...
–No creo que sea posible. Es un farol, estoy segura...–Intentó convencerse la joven.
–¿Quieres que mate al último superviviente de los Potter? –Se oyó como alguien arrastraba a una persona que intentaba liberarse de las garras de su captor, chillando y negando con fuerza.
–No te atreverás, Riddle –dijo Alastor con tono amenazador. Tom ignoró este comentario y siguió expectante a la respuesta de Mina.
–Mina por favor, salva a mi hermano... Por favor, te lo pido...
La chica cerró los ojos un momento. Concentró su atención en la seductora voz del joven asesino e intentó adivinar el sitio exacto donde se encontraba su varita. Solo tenía una única oportunidad de salvar a su hermanastro. Si fallaba, el peso de la culpa caería sobre ella para el resto de su vida. Si es que vivía después de aquello.
–¡Expelliarmus! –Fue rápido y efectivo. La varita de Tom salió despedida y dejó al chico perplejo por aquella precisión.
Aquel fue el pistoletazo de salida. Los Snakers conjuraron hechizos contra ella, pero se escondió bien. Se oyeron varios chasquidos de varitas y se vislumbraron destellos de colores. Dumbledore había logrado hacerse con el asustado Charlus y lo había puesto bajo la protección del grupo de aurores y profesores que se encontraban allí, conjurando contra los snakers. Mina sintió como se aparecía detrás de ella Tom e inmovilizaba su cuerpo.
–Tienes poco tiempo para escapar. –No esperaba para nada que él le advirtiera de sus oportunidades de huida. Matt bufó al joven y este le petrificó con un giro de su varita–. Distraeré a Ezekiah mientras escapas con tu querido gato. Tu hermanastro está a salvo, tranquila.
–¡Suéltame, suéltame! –Estaba a punto de llorar porque no entendía nada. Tom le dio la vuelta, para que lo mirara fijamente y la abrazó. Se calmó paulatinamente y también lo abrazó. Se sintió débil e indefensa por unos momentos que parecieron una eternidad en el regazo del chico a quien amaba. Y lloró al fin.
Lloró, por la muerte, por el dolor que tanto había hecho aquel romance a los mas cercanos a ella. Lloró cuando se apareció en medio del campo de batalla, y con la gallardía de una furia, arremetió contra Ezekiah, quien sorprendido, no vio llegar el ataque y quedó paralizado, cayendo al suelo. Cogió su varita, y apuntó a Dumbledore con ella y a Tom con la suya propia. Las lágrimas y la rabia se apoderaron de ella. Matt volvía en si,bajo los pies de la joven.
–¿Dónde está mi padre? Sé que vive ¡y usted me ha ocultado su existencia durante todo este tiempo! ¡¿Por qué?! ¡Haga el favor de contestar! –ordenó con la voz quebrada por el sufrimiento.
–¡¿Te has vuelto loca, Mina?! –gritó Alastor, alarmado por la nueva actitud de la joven.
–¡Quiero que me conteste, Alastor! ¡¿Dónde está mi padre, profesor?! –gritó Mina desesperada.
–En Times Square, en Manhattan. Ahora trabaja como reportero.
–¡¿Qué le ocurrió, qué le pasó para terminar así?! ¡¿Le borraron la memoria?!
–¡Cuidado, Mina!-Alastor se interpuso entre ella y una maldición Crucciatus que había conjurado Tom, la cogió y se desapareció con ella y con Matthews.
No había tenido tiempo de oír la respuesta de Dumbledore. Tampoco había tenido tiempo de despedirse de su hermanastro, que la había contemplado desde detrás de Dumbledore con gesto de desprecio y de miedo. Mientras se desaparecía sintió un tremendo vacío en su interior. Desde aquel momento en adelante, se encontraría completamente sola.
