Capítulo 20

Temperance no despertó en toda la tarde.

El médico les dijo que estaba relativamente bien, recuperada de la pérdida de sangre, y que en cualquier momento despertaría, ya que no habían apreciado en el detallado examen reaizado más daños ni golpes, ni motivo de conmoción.

También le había confirmado que sí, estaba embarazada, y que el accidente no parecía haberle afectado negativamente, aunque debería reposar y tener un cierto control en las semanas siguientes. La ecografía revelaba un latido fuerte y seguro. Booth lloró de la emoción, Ángela le abrazaba. Salió a tomar un bocado cuando aún los demás estaban allí, para después quedarse él toda la noche. Cuando los demás se despidieron, él acercó una silla a la cama y tomó la mano de Temperance.

-"Oye, princesa, tienes que despertar. Vale que pareces la bella durmiente y todo eso pero ya me estás asustando. Lo que más siento es no ser un príncipe para poder despertarte con un beso." Agachó la cabeza. "No, no soy un príncipe. Más bien soy el sapo en esta historia, y sin ti seguiría siendo sapo toda la vida. Sólo cuando estoy contigo soy alguien, me siento bien, importante. Eres la luz de mi vida, la estrella que me guía. Perdóname lo que dije, por favor... no soy más que un sapo asqueroso".

Se inclinó sobre ella y besó suavemente sus labios. Después se levantó y se puso cara a la pared, apoyando la frente. Le mataba verla así, inmóvil.

Temperance abrió los ojos despacio. Miró a Booth, de espaldas a ella, con la frente apoyada en la pared. Dos lágrimas se escaparon por el extremo de sus ojos. Pensar que había estado tan cerca de perder la vida, ahora que se sentía tan llena, tan enamorada, tan feliz...

- "Hey, sapo, bésame otra vez... parece que funciona. Quizás seas un príncipe, después de todo"

Booth se volvió como un resorte. ¡Estaba despierta! Se acercó y la abrazó con cuidado. La besó otra vez y otra, y otra...

-"Todo ha sido por mi culpa, todo por mi culpa, perdóname por favor"

Temperance le miró con ternura. Había estado dormida, pero sin embargo tenía la impresión de haberlo oído todo. Y recordaba perfectamente lo que había pasado.

-"Ha sido un accidente, no hay nada que perdonar. Yo no debía haber escrito aquello... no era más que broma, Booth, te lo aseguro. ¿Sabes lo que más me atormentaba? Que si me moría ya nunca podría decirte que te quiero. Porque te quiero más de lo que era capaz de imaginar que se podía amar a alguien. Tu eres Seeley Booth, y te quiero completo, tal como tú eres."

A Booth se le saltaban otra vez las lágrimas, pero intentó disimular bromeando.

-"¿No sólo como semental, entonces? En ese campo soy bueno, muuuy bueno, es más, soy infalible." Booth se estaba riendo. "Porque habrás de saber, como ya sospechabas y no me habías dicho... que estás embarazada". Un lagrimón corría ahora también por la mejilla de Booth, lo mismo que por las de ella. Se inclinó otra vez para abrazarla, y así se quedó un rato.

Ella se llevó la mano al vientre

-"¿Está bien, no le ha afectado?"

-"Parece que no, pero habremos de tener cuidado. No te preocupes, es un bebé Booth". Puso la mano sobre la de ella. "Y los Booth somos duros... y muy guapos, y muy cariñosos..." De nuevo la cubría de besos

Epílogo

En los siguientes meses la actividad laboral de la Dra. Temperance se vio bastante reducida. El accidente había sido un susto para todos y predispuso a los jefes a ser indulgentes ante la falta grave en la que habían incurrido el Agente Especial Seeley Booth y la Dra. Temperance Brennan al no haber comunicado su matrimonio.

Todo se quedó en una amonestación escrita y en la recomendación de que la Dra. Brennan no hiciera investigación de campo con su marido. Aunque supuso para ella un poco de desilusión, pues se había acostumbrado a sus salidas con Booth, comprendía que tendrían que seguir las normas. De todas maneras, con el embarazo tampoco hubiera podido hacerlo, de modo que se tuvo que ir acostumbrando.

El jefe Cullen había hablado con ella en un aparte, y la explicó que Booth tampoco estaría mucho tiempo más sobre el terreno. Su experiencia y su talento lo impulsarían pronto hacia puestos más altos en el FBI, y también menos peligrosos. Temperance sabía que esto no le haría mucha gracia a Booth, pero era algo natural, y bueno para su seguridad. Formarían una familia y tenían otras responsabilidades. La vida...

La Dra. Brennan se tomaba un chocolate caliente en la cocina de su casa mientras pensaba en ello y en algunas otras cosas. Por ejemplo, en aquella noche en Las Vegas, cuyos recuerdos aún no estaban claros. ¿Qué habían bebido para que los efectos fueran de ese calibre? Como científica, le gustaría saber qué combinación de sustancias tiene ese poder de borrar recuerdos de la mente. Siempre le quedaría la duda de si, además de amnesia, provocaba otros efectos... Como, por ejemplo, haber impedido a una pareja de recién casados consumar su matrimonio. Que no les dio tiempo a desvestirse antes de llegar a ese estado de semi-amnesia parecía evidente... pero aquellas bragas perdidas... ay, Dios... eso era algo para mantener en secreto. Bastante se habían reído todos con toda la situación, como para que supieran la historia completa.

En esos pensamientos estaba cuando sintió por primera vez a su bebé moverse dentro de ella. El corazón le dio un vuelco. Fue hasta el salón, donde Booth y Parker estaban ocupados en su habitual tarea de los sábados por la tarde: mirando un partido en la tele panorámica que, a regañadientes, les había tenido que comprar. Se hizo un sitio entre ambos sin que ellos apenas la miraran, atentos a la pantalla. Tomó una mano de Parker y otra de Booth y las puso sobre su barriga. De pronto, el bebé pegó otro salto. Esta vez debía ser una doble pirueta, porque los dos lo sintieron perfectamente. Padre e hijo la miraron con la misma expresión maravillada, las bocas abiertas. Ella les empujó hacia arriba la barbilla, a cada una con una mano, hasta que las bocas de padre e hijo quedaron cerradas. Parker fue más rápido y se abrazó a su tripa, pegado como una ventosa y dándole besos. Su padre le siguió, abarcando con sus brazos a toda su pequeña y preciosa familia.

Agradecido a Dios, como buen chico católico, por todo lo que le había dado... Seeley Booth pensó que no se puede ser más feliz. Y seguramente estaba en lo cierto.

FIN

Muchas gracias por todos los mensajes.

Espero que hayáis disfrutado leyendo aunque sea la mitad de lo que yo me divertí escribiéndolo.