Resumen: El castigo de los cuatro huidos. Reunión con Aberforth Dumbledore.
El Castigo y Reunión con Aberforth
Cuando abrió sus dorados ojos vio unos ojos violetas mirándolo con amor y preocupación. Al sonreírle la vio fruncir el ceño.
—Ya mi amado traidor ha despertado —informó en voz alta para que la escuchasen los que esperaban en el pasillo—. Espero que tengas una muy buena excusa para lo que hicieron anoche. —le dijo con un tono de voz normal en su volumen, pero amenazante.
—Te amo, Nymph.
—Esa es buena, pero no lo suficiente en esta ocasión —replicó y lo ayudó con Faramir a sentarse en la cama, acomodándole con cariño en las almohadas—. Ya que los gemelos han confesado su parte en lo ocurrido anoche es tu turno. Pero primero vas a comer y tomarte esta poción.
Remus asintió como un niño regañado. Sabía que tendrían problemas con los demás en la mañana, sólo esperaba que no fuesen tan graves. Se percató que le habían cambiado las curas y vendajes que los gemelos le habían hecho cuando llegaron. Miró a su alrededor, pero no estaba en la misma habitación en que se había acostado al llegar, donde se suponía había pasado la noche ayudándoles a vigilar a los otros. No vio a sus compañeros de "aventura" y por la claridad que entraba a la habitación por la ventana dedujo que ya era tarde.
—¿Puedo preguntarte algo? —inquirió cauteloso mientras le acariciaba una mejilla a su prometida, intentando calmarla con su expresión y sus gestos.
—Puedes. Pero comprenderás que sólo te responderé lo que crea conveniente.
Remus la miró intranquilo.
—¿Qué hora es? ¿Quiénes están despiertos?
—Es la una y media de la tarde —No pudo evitar sonreír al ver su expresión sorprendida, pero recuperó la seriedad rápidamente. Estaba molesta con él—. Angela, Harry y Aragorn aún duermen.
—Nymph, nosotros… —intentó explicarle. Se interrumpió ante el gesto imperativo de su prometida, que le indicó con una mano que se detuviese.
—Cuando nos despertamos esta mañana nos dimos cuenta de lo ocurrido aquí anoche, ya que sólo ustedes y los gemelos seguían durmiendo. Además ustedes cuatro estaban bastante lastimados y como no estaban los bloqueos ya los podíamos percibir. Lo confirmamos cuando bajamos a la cocina y examinamos las tazas de chocolate y las jarras, que los gemelos no limpiaron por el cansancio y la angustia de esperarlos según les hemos logrado sonsacar amenazándolos con el Veritaserum que trajo Kingsley.
Remus tragó saliva al oírla. A su alrededor estaban tanto los chicos como sus compañeros de la Orden del Fénix, evidentemente enfadados con él. Habían entrado todos en la habitación al oír el aviso dado por Nymph de que él había despertado. A los gemelos los habían llevado a la habitación, ubicándolos cerca de la ventana. Los dos estaban cabizbajos, pero habían asentido en su dirección cuando la metamórfaga dijo aquello.
—Ahora te vas a comer todo y luego nos vas a contar con lujo de detalles lo ocurrido anoche. Si te contradices en algo, si intentas engañarnos nuevamente, si tu historia no coincide con la de los gemelos, tendrás que atenerte a las consecuencias.
Remus bajó la mirada hacia la bandeja con comida. No creía que le hubiesen puesto Veritaserum, pero con o sin esa poción se comería todo y les contaría toda la verdad. En su lugar él estaría no sólo molesto sino muy preocupado. Se lo comió todo sintiéndose ligeramente incómodo por la vigilancia de sus acompañantes. Allí no estaban los niños, por lo que supuso que estarían cuidando a Angela y Harry. Al terminar de comer se tomó el medio vaso de poción dorada que le dieron.
—Comienza por la verdad de lo ocurrido anoche en la biblioteca. —le ordenó severa Nymph mientras Jessica retiraba la bandeja, mirando a su padre con cara de pocos amigos.
—Angela había hecho partícipe a Aragorn ayer en la tarde del lazo con Ginny y Harry, para que él los ayudase con ese cierre de proceso porque ella no estaba en condiciones de ir. Sin embargo en ese momento sólo le permitió que percibiese parcialmente a Harry —Tomó aire profundamente, aquello no iba a ser fácil para ninguno de ellos oírlo—. Ayer después que leí la carta de Aberforth, mientras intentábamos convencerlos para que nos permitiesen ayudarlos, Angela le permitió a Aragorn que percibiese totalmente a Harry y entiendo que a ella. En base a eso… Por eso tu tío te pidió que me dejases a solas con él y buscases a los chicos. —dijo mirando a su hija.
Jessica lo miró con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido, asintiendo.
—Allí Harry notó que Angela de nuevo tenía fiebre y se levantó dispuesto a irse, pero Angela lo convenció de esperar y escuchar a su tío. Aragorn le pidió a Angela que tanto Harry como yo pudiésemos percibir el estado real de los tres —Se detuvo y cerró los ojos al recordar lo vivido en ese momento. Los abrió de nuevo, miró a todos, tomó aire y continuó—. Los tres estaban muy mal pero Aragorn y Angela tenían razón en que Harry estaba al límite, no podían esperar.
Al oír aquello varios de ellos tragaron saliva. Los gestos y las miradas tristes de Remus los llevaban a presentir que aquello había sido difícil.
—Angela no se había sentido con fuerzas para tomar la decisión sobre cómo, cuándo y con quiénes hacerlo, especialmente porque no quería que ninguno saliese lastimado. Por eso le permitió a su tío inicialmente percibirlos totalmente a Harry y a ella, luego… cuando Harry aceptó que yo los percibiese y ayudase me unió parcialmente al lazo con él. No era conveniente que nadie más estuviese con ellos, pero Aragorn decidió que yo los acompañase para… Los tres estaban muy mal. Si hubiesen ido solos es muy probable que no hubiesen regresado, pero si llevaban a alguien más la situación se hubiese descontrolado y… Harry no hubiese soportado aquello.
Ginny, Hermione, Jessica, Arwen y Eowyn no pudieron contener las lágrimas, mientras los demás palidecían. George apretó los puños, cabizbajo.
—Aragorn nos llevaría desde aquí a un sitio aislado a las once de la noche para hacer el cierre del proceso de Harry. Yo supuse que ustedes harían todo lo posible por evitar que se fueran así que… les propuse fingir un intento de escape una hora antes. Se suponía que dormirían a sus acompañantes y yo convencería a los demás de que nos dejasen a solas a George y a mí con ellos. Pero después que ellos subieron a dormir ustedes se comunicaron con el profesor Mithrandir y yo no podía advertirles de lo que habían planeado para retenerlos. Fue entonces cuando George me ayudó con el plan alternativo para lograr que ustedes se durmiesen y poder sacarlos de aquí.
—Y claro como yo confiaba en ti, Remus, les dejé la vía para salir ya que Fawkes te obedecería y lograrías sacarlos del escudo que los señores Arwen, Eowyn y Faramir pusieron. —le dijo molesta Ginny, limpiándose con rudeza las lágrimas de su rostro.
—Sí, así es. Fred sospechó de George y se decidió a ayudarnos, al ver que su gemelo lo hacía a pesar del estado en el que estaba su novia —Fred le pasó el brazo izquierdo por encima de los hombros a su gemelo, que con los ojos cerrados se había estremecido levemente—. Luego de todos tomar el chocolate, ustedes se quedaron durmiendo y ellos dos nos despidieron en la salita, esperando preocupados hasta que regresamos. Fred y George no sabían a qué íbamos.
Cerró los ojos y tomó aire varias veces, intentando serenarse, buscando en su mente la manera de contarles aquello sin angustiarlos. Pero eso era… imposible. A su alrededor todos lo interrogaban con sus miradas llenas de inquietud.
—Hace dieciséis años Voldemort intentó asesinar a Harry después de matar primero a James y luego a Lily. Pero ellos al morir habían transferido toda su magia, dones y energía a su hijo, generando una protección muy especial en él. Cuando la maldición asesina impactó en Harry le produjo una herida en la frente, rebotando luego hacia Voldemort, produciéndose no sólo la supuesta muerte de ese asesino sino una explosión que destruyó parcialmente la habitación del niño y… parte de la magia y la energía oscura fue hacia el cuerpo del pequeño, creándose la conexión que existe entre ellos a través de la cicatriz.
Tomó aire. Los miró a todos, expectantes, con las sospechas reflejadas en sus rostros. Tragó saliva y continuó.
—La energía oscura que penetró en Harry, a través de la herida en su frente, fue aislada de él por una cápsula energética proveniente de la protección que James y Lily le habían dado. Cuando Voldemort empezó a transmitirle pensamientos a Harry, al darse cuenta de la conexión que había entre ellos por la cicatriz, también empezó a incrementar la energía oscura encapsulada sin saberlo. Eso fue detenido por Harry con su Occlumancia, pero no revertido. A eso se sumó luego el ataque con una esfera de energía oscura durante el ataque al tren, con la cual Voldemort casi lo mató.
El pequeño grito ahogado de Ginny, los sollozos apenas contenidos de Arwen y Hermione, la respiración retenida en los demás, fueron suficientes para que el Merodeador comprendiese que habían captado la raíz del problema que enfrentaron la noche anterior.
—Se suponía que el proceso de Harry para eliminar esa energía oscura, sacándola de él, sería gradual, guiado por Angela y Aragorn con ayuda de los antiguos. Pero ellos no se esperaban la gravedad de lo ocurrido con él estos últimos años, mucho menos que se rompiese la conexión debido al ataque al Sello Dunedain. El proceso al que Angelica sometió a Harry, transfiriéndole parte de su magia, dones y energía debilitó la cápsula, siendo totalmente destruida por la liberación de la energía de los dos antiguos hacia todos nosotros, pero primordialmente los siete que fueron sometidos a la transferencia de dones y energías. Desde ese momento Harry ayudó a Angela a mantenerla contenida dentro de él, luchando contra ella los dos, debilitándose ambos.
Todos los presentes se sentaron abatidos. Sospechaban que debía ser algo grave para que los hubiesen dejado al margen pero aquello… era demasiado.
—Harry llegó ayer al límite de su resistencia, por lo que llegó a pensar en desaparecerse para no lastimar a nadie. Angela y Aragorn también estaban bastante mal, muy débiles para ayudarlo con más fuerza a seguirla conteniendo. No podían seguir esperando. Por eso me pidió Aragorn que los acompañase, para que mantuviese el espíritu de Harry atento a la lucha para desprenderse de eso, hablándole de sus padres que lo habían protegido hasta hace poco de aquello.
—¿Por qué no nos permitieron ayudarlos? —le preguntó Ginny con la voz entrecortada por el llanto.
—No podíamos admitir que ninguno de ustedes fuese porque no podíamos correr el riesgo que esa energía intentase penetrar a uno de ustedes o que Harry les hiciese daño. Eso lo hubiese destrozado y debilitado ante esa energía. Angela y Aragorn se resistieron debido a su entrenamiento, defendiéndose y defendiéndome mientras Harry lograba desterrarla de él. Primero liberó Harry su propio control, luego Angela y por último Aragorn. Cuando llegó ese momento Angela le hizo revivir a Harry una vez más lo ocurrido la noche de Halloween en que murieron sus padres, con todos los pensamientos y emociones de Lily, James y él, hasta el momento en que Voldemort intentó asesinarlo.
—Pero eso podría haber generado… —Arwen no pudo terminar. Temblando como una hoja en otoño se quedó mirando a su amigo con los ojos muy abiertos, temerosa de oír lo que él diría después.
—Se desató la misma explosión de energía de aquella noche. Angela, Aragorn y yo sobrevivimos sólo porque el don del Manejo de la Energía de ella es muy especial y se conectó con los nuestros salvándonos. Por lo que nos contó Harry anoche cuando llegamos aquí, mientras tomábamos chocolate que nos dieron los gemelos, la explosión pulverizó todo lo que estaba encerrado en el escudo con forma de cúpula que Aragorn había puesto. En ese momento los espíritus de Lily y James se presentaron allí y lo ayudaron, explicándole lo que tenía que hacer con la Energía Esmeralda, la energía verde de la esperanza que en él habita.
»Con ella logró desterrar y destruir la energía oscura, observando luego atónito que el lugar se había llenado de pequeños brotes de plantas. Después nos salvó la vida a nosotros tres usando esa energía como sus padres lo enseñaron, pero Angela y Aragorn aún estaban con su propio proceso, lo que los empezó a debilitar de nuevo. Harry y yo logramos ayudarlos a estabilizarlos con la ayuda del don tan especial de Angela.
—¿Los cuatro ya cerraron sus procesos? —preguntó George con un atisbo de esperanza en su voz.
—No, George. Los procesos de los siete cerrarán simultáneamente, pero lo más fuerte de los procesos de ellos cuatro ya ha pasado. Ahora sólo deben descansar y recuperarse, hasta que se desaten los procesos de Hermione, Ron y Arwen para poder estabilizar totalmente a los siete —Los tres aludidos se miraron inquietos—. También están pendientes la transferencia de dones de Angelica a nosotros y… "al que creían muerto pero ayudarán a volver". Sólo entonces se producirá el cierre.
»Tenemos que averiguar a qué se refería Angelica con eso. Me preocupa Angela. Creo que debemos esperar todos a que ella se recupere un poco antes de continuar con los entrenamientos en los dones, pero no demasiado para no prolongar esta situación con ella. Por eso me angustia no entender a quién se refería Angelica con esas palabras.
Los chicos se miraron inquietos, pero al ver a Luna denegar levemente se quedaron quietos y callados. Aún no tenían toda la información, debían esperar.
Remus al mirar a Meg recordó la otra situación y se sintió de nuevo preocupado, preguntándole.
—Meg, sobre lo que te pedí que averiguaras… —se detuvo intranquilo, sin saber cómo continuar.
—Por lo que he conseguido averiguar mi sobrino Jefferson es el hermano de Amy y Dani McMillan —le dijo la rubia con voz temblorosa, respondiendo la pregunta inconclusa que él le había hecho—. Ayer venía a mostrarte lo que conseguí cuando se presentó la situación con Ginny y luego lo de anoche. Quisiera hablar primero con él con calma, intentar averiguar qué recuerda, porque recién que se fue con Eomer no hablaba casi nada y luego jamás logramos sacarle una sílaba del orfanato. Según el medimago al que lo llevó mi cuñada, él bloqueó en su mente todo lo ocurrido antes de ser adoptado.
Jessica empezó a sollozar de nuevo. Fred se levantó del sitio en el que le habían ordenado sentarse y la abrazó con cariño, susurrándole palabras de aliento.
En seguida escucharon un llanto desconsolado y unos pasos alejándose rápidamente de la habitación. Arwen salió corriendo con Bill, intentando darle alcance a Christine, pero cuando logró llegar al cuarto en el que se encontraba Angela la niña lloraba en brazos de su hermano, mientras la chica de pelo negro los miraba preocupada.
—¿Chris qué… tienes mi… niña? —le preguntaba angustiada, empezando a agitarse—. ¿Por qué… lloras así? —Haciendo un esfuerzo evidente se sentó en la cama y le acarició el cabello. Bill se apresuró a sostenerla sentada—. ¿Pasa algo… con Harry? —Al ver a la niña denegar insistió—. ¿Con… tío Aragorn? —Arwen llegó junto a los niños, pidiéndole por señas a Bill que la recostara de nuevo, pero su sobrina se negaba—. ¿Qué tiene… tío Remus? —Miraba agitada y angustiada a la niña denegar una y otra vez, sollozando—. Chris… mi niña… dime…
—Tranquila Angela, tienes que calmarte. Ellos están bien, pero ese estado de angustia te hace mucho daño. —le indicó Arwen.
—Pero tía… Chris…
—Shhh, cálmate. Ella está así porque… Meg nos ha confirmado que su sobrino es el Jefferson que estuvo con ustedes en el orfanato —le explicó Arwen. Al ver a su sobrina mirarla con los ojos verdes, cuando tan sólo un minuto antes eran grises, perdiendo las pocas fuerzas en su cuerpo y dejándose acostar por Bill, sintió un gran dolor por tener que decirle aquello en ese momento—. Meg venía ayer a hablar con Remus sobre lo que había averiguado y lo que sabía cuando se presentó lo de Ginny.
—Ella dice que él no recuerda nada del orfanato, Angela —le contó la niña con la voz aún entrecortada por el llanto—. Nada de lo ocurrido antes que lo adoptasen.
La chica de pelo negro no pudo evitarlo, empezó a sollozar. Bill la abrazó y le besó con cariño la cabeza, intentando calmarla.
—Angela, pequeña, déjame ayudarte con mi don. Christine, Christopher, Jessica, ustedes también. —les pidió Arwen con tono convincente. Al verlos asentir a los cuatro se dejó fluir con su don mezclado.
En el cuarto ya se encontraban todos, inclusive Aragorn apoyado entre Charlie y Kingsley, Harry entre Ron y Neville, y Remus ayudado por George y Faramir. No habían podido detenerlos una vez que escucharon el llanto de la niña por el pasillo, levantándose y siguiéndola con la ayuda de quienes también la habían seguido. Meg sollozaba con un nudo en la garganta. Esa era la situación que ella temía se produciría.
Una vez que se tranquilizaron los niños se limpiaron las lágrimas de sus caras, al igual que Jessica y Angela.
—Gracias tía Arwen.
—No tienes que agradecer nada, Jessica.
Angela miró anhelante a Harry, Aragorn y Remus.
—Tranquila pequeña, estaremos bien. Intenta mantenerte serena. Es necesario para que te recuperes. —le pidió sonriente Aragorn.
La chica asintió, mirando ahora a Meg, su prima y los niños.
—Si él no… recuerda nada… de aquello… entonces mejor… no decirle ni… preguntarle… nada para… no lastimarlo.
—Estoy de acuerdo con Angela —apoyó Jessica—. Creo que sólo debemos acercarnos a él para ofrecerle nuestra amistad, si él la quiere.
—Me gustaría… también… acercarme… a sus hermanos… Daphne y Timothy. —comentó la chica de pelo negro sonriendo.
—Esa es una gran idea. —afirmó Christopher.
—Tim está en mi casa. —informó la niña, esquivando la mirada de su hermano que entrecerró los ojos al oírla usar el diminutivo.
—Y Daphne… en Hufflepuff… con Jessica… y Gabrielle. —agregó rápidamente Angela para distraer al niño.
—Me encantaría que se hiciesen amigos. —dijo Meg sonriente, sintiendo que le quitaban un peso de encima.
Arwen notó la extrema palidez en los rostros de los cuatro huidos, además de las perlas de sudor que empezaban a cubrir de nuevo el rostro de su sobrina por la fiebre. Decidió que era el momento de informarles del castigo y llevarlos a las camas.
—Muy bien, ya hemos hablado y aclarado lo referente a Jefferson Heigh. Por otro lado Remus y los gemelos ya han confesado lo ocurrido anoche —Harry, Angela y Aragorn abrieron los ojos como platos—. Así que ustedes cuatro están castigados en cama, en cuartos separados, permanentemente vigilados. No queremos que vuelvan a tener la tentación de escaparse por ningún motivo, por muy bueno que sea, hasta que se recuperen. Ginny aunque no está castigada igual permanecerá de reposo, aunque tendrá libertad para moverse por la casa. Se comerán lo que les demos sin protestar y se tomarán las pociones que necesiten para mejorar. Sólo cuando la mayoría de nosotros esté de acuerdo les suspenderemos el castigo a ustedes cuatro.
Ante las palabras de la Dunedain sacaron a los otros tres del cuarto, mientras Christine iba a buscar la comida para Angela y Arwen se iba tras su esposo. Jessica, después de darle un beso en la frente a su prima, se fue hacia la habitación de su padre.
—Lo siento Angelita, pero ellos más que enojados estaban muy preocupados esta mañana cuando despertaron —le dijo George mientras la ayudaba a sentarse en la cama y Meg acomodaba unas almohadas para que estuviese cómoda—. El profesor Lupin ha despertado hace casi media hora y después de comer nos ha contado todo lo ocurrido anoche. Estamos felices de saber que los procesos de ustedes cuatro se han estabilizado y están… casi bien, pero tu tía Arwen tiene razón en el castigo. Es necesario para que se recuperen.
—Pero… mañana es… domingo.
—Shhh. Pórtate bien y te intentaré ayudar con eso. Aunque está un poco difícil considerando que el profesor Lupin también está castigado, pero ya veremos. Ahora tómate esta poción para tus pulmones. Después de la comida tienes que tomarte otras.
Angela suspiró resignada y decidió que mejor obedecía sin oponer resistencia. Se sentía bastante agotada y débil. Tenía que recuperarse y buscar la manera de verse al día siguiente con el señor Aberforth, pero por el momento no quiso pensar en eso.
Meg y Christopher se quedaron a acompañarlos en silencio. Cuando la chica de pelo negro estaba terminando de comer entraron en el cuarto Eowyn, Jessica y Ginny para hacerle un reconocimiento antes de darle las pociones, sacando de allí a los demás. Salieron casi una hora más tarde. Eowyn les indicó a Bill y George cuál era el tratamiento de la chica. Meg se llevó a los niños después que se despidiesen de ella.
Harry iba a protestar por aquél castigo, cuando ya estaban al tanto de lo ocurrido por medio de su tío Remus, pero al ver la cara de reproche y preocupación de su novia lo pensó mejor y guardó silencio. Charlie lo ayudó a acomodarse en la cama sentado para que comiese, con ayuda de Hermione que le acomodó las almohadas mientras Ron salió a buscarle la comida. Ginny le dio un beso en la mejilla y salió de la habitación, sin decirle una palabra, evidentemente enojada con él.
Al estar Charlie en el cuarto no se sentía con la libertad de hablar con sus amigos sobre el medallón y Aberforth Dumbledore, pero al ver las expresiones en sus rostros sospechó que de todos modos no hubiesen hablado con él de eso precisamente en ese momento. Resignado suspiró y empezó a comer para luego tomarse las pociones. "Tengo que recuperar fuerzas antes de enfrentarme con ese problema". Sabía que su novia y sus amigos lo ayudarían, el problema serían los demás.
Aragorn ni siquiera intentó comunicarse mentalmente con Remus para averiguar qué les había contado. La mirada preocupada y molesta de su esposa le bastaba para saber que ella se lo diría y así fue. Se lo dijo todo, regañándolo mientras le daba de comer y luego las pociones, sin darle oportunidad de defenderse u opinar, tampoco de preguntar. Le dejó en claro que en su concepto tenían que haberles dicho lo que ocurría con Harry a todos, para haberlos ayudado a buscar otra solución o llegar a un punto medio en que, aunque no los hubiesen acompañado en el cierre de Harry, hubiesen tenido acceso a ellos para ayudarlos en la emergencia que se había presentado al final.
Faramir les hacía compañía, reprimiendo con dificultad la risa al verle la cara de niñito regañado a su cuñado. Tuvo que darles la espalda al ver la cara de Aragorn cuando Arwen le puso en sus manos la poción con sabor a chocolate, después que terminase de comer, amenazándolo con llevarlo al colegio para que el señor Mithrandir lo bloquease hasta que se recuperase totalmente.
Ginny bajó a comer con los que no estaban vigilando a los castigados, después de ayudar a Jessica y a Eowyn con Angela con la evaluación y el tratamiento. Subió luego a acostarse a dormir.
Se sentía aliviada al saber que por lo menos ya los cuatro habían superado lo más fuerte de aquella prueba tan difícil. Suspiró. Faltaban los cierres de los procesos de su hermano menor, su amiga castaña y la tía de su prometido, para luego recuperarse de aquello para enfrentar lo otro.
Descansaría toda la tarde. Esa noche tendrían que ayudar a su novio y la chica de pelo negro a resolver lo correspondiente al medallón. Ya Hermione y Ron lo habían decidido con ella, pero hasta ese momento los harían sufrir al no hablar con ellos del tema.
—Nymph, lo del castigo es broma, ¿verdad?
—¿Te parece?
—Pero ya les expliqué…
—Aún así nos engañaron, nos durmieron, se escaparon y llegaron mal de salud. Tal vez no tan grave después de lo ocurrido, pero igual están débiles y malheridos. Así que el castigo que habíamos decidido antes que nos dijeses todo sigue en pie.
—Nymph, mi amor…
—Métete ahora mismo a la cama y tómate esta poción.
—Pero…
—Vas a descansar y a recuperarte. Voluntariamente o no.
—Está bien. ¿Me perdonas y me das un beso? —le pidió con cara de súplica, con sus ojos dorados mirándola con mucho amor.
La metamórfaga no pudo resistirse, le sonrió y le dio un beso en la boca que en seguida él profundizó. Cuando se separaron denegó levemente sonriente, le dio la poción con sabor a chocolate y lo arropó con cariño, viéndolo quedarse dormido. Se sentía feliz porque no hubiese ocurrido nada grave. Estaba segura que el espíritu Merodeador de su futuro esposo le seguiría dando preocupaciones más adelante, pero también muchas alegrías. Sonriendo se quedó embobada viéndolo dormir.
Jessica los había estado observando desde la puerta del cuarto, muy contenta por ellos dos. Estaba un poco más tranquila al saber que los procesos de los cuatro habían terminado y pensativa por las investigaciones de Luna. Esperaba que la rubia tuviese razón y estuviesen cerca de descubrir cómo traerlo de vuelta.
Despertaron los cinco de nuevo a la hora de la cena.
—Tú no vas a ninguna parte, Aragorn.
—Pero mi amor, Angela está intranquila. Tal vez si yo…
—Tú nada. Te dije temprano que no saldrías de esta habitación hasta que yo lo autorizase.
—Pero…
—Eowyn y Faramir te harán las curas mientras yo voy a hablar con Angela.
—Arwen, por favor mi amor.
—No me vas a convencer, Aragorn. Has estado ocultándome muchas cosas y sabes como detesto que intentes protegerme cuando yo puedo cuidarme sola.
—Perdóname. Sé que he cometido errores pero te amo. Perdóname.
—Yo también te amo, Aragorn. Por eso precisamente es que hago esto. Comprende que me duele verte en el estado en que te encuentras. Ya te he perdonado, pero necesito asegurarme que te recuperas. —Se acercó y lo besó con dulzura y pasión.
—Tienes razón, pelirroja hermosa. Me portaré bien, pero… ¿Me dirás qué tiene tan inquieta a Angela cuando te lo diga?
—Te prometo que te diré tanto como pueda sin lastimarte a ti o a aquellos a quienes quiero —le dijo con una sonrisa pícara, conteniendo la risa al ver la cara de sorpresa de su esposo al oírla hacerle la misma promesa que él le había hecho a ella—. Ahora pórtate bien.
—No te preocupes, Arwen, Faramir y yo nos ocuparemos que así sea. —afirmó Eowyn que miraba a su hermano con una mirada de madre sobreprotectora enojada.
Aragorn suspiró y volvió a la cama. Su hermana y su esposa durarían días regañándolo. Al ver la sonrisa casi divertida de su cuñado le suplicó con la mirada que lo ayudase a tranquilizar a su hermana, respirando con un poco de tranquilidad al verlo asentir. El problema más fuerte sería su esposa. "Sospecho que la inquietud de mi sobrina se debe a la carta del hermano de papá Albus. Tengo que buscar como ayudarla con eso. Pero justo en este momento, con Arwen tan molesta conmigo y con Remus… eso va a ser casi imposible".
—Nymph, mi amor, ya me siento bien. Por favor, déjame ir a ver a los chicos.
—No. Ellos están mejor. Lo sabes porque los percibes igual que nosotros.
—Exacto. Angela está intranquila. Por favor, acompáñame para hablar con ella.
—Tú no vas a ninguna parte, Remus. —lo regañó Arwen, que iba por el pasillo rumbo al cuarto de su sobrina, escuchándolo cuando intentaba convencer a Nymph ya que estaban junto a la puerta abierta del cuarto.
—Arwen, por favor.
—Como ya le dije a Aragorn seré yo quien vaya a hablar con ella. Nymph, de ser necesario lo duermes, ya lo sabes, pero del cuarto no sale. —le recordó a la metamórfaga.
—No te preocupes, no lo dejaré salir. —le respondió ella, señalándole a su novio la dirección de la cama con gesto de mando, mientras la Dunedain seguía su camino.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó Jessica que venía del cuarto de su prima.
—Tu papá que pretendía convencerme de ir con Angela y Harry.
—Lo siento pero eso no va a poder ser, papá. Ya oíste temprano a mi tía Arwen. Métete a la cama que quiero revisarte los vendajes.
—Pero hija…
—Esto es el colmo, Remus. Tienes que darle el ejemplo y portarte bien. Estás castigado y punto.
El hombre de ojos dorados suspiró resignado, caminó de regreso a la cama y se dejó curar por su hija y su prometida.
—Harry, no me hagas enojar de nuevo. Vuelve a la cama para que Hermione y yo te cambiemos los vendajes.
—Pero mi pelirroja hermosa. Yo sólo quiero…
—¡Harry James Potter Evans te he dicho que vuelvas a la cama!
El pelinegro miró a su novia asustado, tragó saliva y caminó hacia la cama, sentándose en ella. Cuando le afloraba el mal carácter era de temer, aún más que la señora Weasley.
—Ya insonoricé la habitación. Hablaremos mientras te curamos.
—Hermione…
—Tú calladito, mi amor —le ordenó la menuda pelirroja con un peligroso tinte de enojo en la voz—. Nosotros hablaremos, tú nos oirás y nada más.
—Verás amigo, ya hemos hecho un plan para mañana. Hermione y Ginny van a convencer a la señora Arwen para que las deje ir mañana con ella y el profesor Lupin a acompañar a Angela para que se vea con el señor Aberforth.
—En estos momentos Angela debe estar esforzándose en convencer a todos de dejarla ir. En unos minutos yo iré allí y la ayudaré. Esta noche, cuando todos estén dormidos, mi hermanito va a ir a La Casa Flotante a buscar el falso horcrux, sacarle la nota de Régulus para dejarla allí y traer sólo el medallón. —explicó Ginny.
—Mañana yo lo cambiaré por el verdadero con un hechizo que he conseguido, antes que Remus o la señora Arwen puedan intentar tocarlo o examinarlo, para llevar el verdadero a la "Sección Prohibida" a la brevedad y dejarlo allí debidamente aislado. —siguió Hermione.
—Cuando te hayas recuperado deberemos examinar los recuerdos del profesor Dumbledore, para averiguar cómo destruyó el anillo. —continuó Ron.
—No intentaremos nada antes. No debe ser fácil destruir un horcrux cuando Régulus no pudo hacerlo y el profesor Dumbledore volvió con una mano quemada. —explicó la castaña.
—Pero, para que podamos destruirlo cuanto antes tú tienes que comportarte y recuperarte. —finalizó su novia.
—Ginny, yo no quisiera que tú…
—Harry, te lo advierto, no retes mi paciencia.
—Por favor mi amor, entiende que no quiero…
—Ni yo tampoco quiero que estés en peligro, pero hay cosas que simplemente no se pueden evitar. Además yo no voy buscándolo.
—Yo tampoco.
—Lo sé. Pero eres muy necio y no quiero que salgas lastimado o que tengas una recaída. Así que ya lo sabes, si quieres que te dejemos acercarte a ese horcrux para destruirlo tendrás que comportarte y hacer lo que te indiquemos para recuperarte.
Harry se quedó mirándola, hechizado por sus ojos castaños y sus labios rojos. Asintió y se acercó a ella con timidez, para besarla.
—Te amo. —susurró acercándose a su rostro.
—Yo también te amo, Harry. Por eso me preocupo por ti. —le dijo ella deteniéndolo suavemente con sus manos sobre su pecho.
—Perdóname Ginny, por favor.
—Sólo si me prometes que te portarás bien y harás todo lo que yo te diga hasta que estés totalmente recuperado.
—Te lo prometo.
—No, promesa completa. No quiero trampas.
Harry sonrió, mirándola embelesado.
—Te prometo que me portaré bien y haré todo lo que tú me digas hasta que esté totalmente recuperado. —le dijo en voz baja, acercando su rostro con cuidado al de ella al sentir que ya no se oponía, eliminando totalmente el espacio entre ellos rozó sus labios con los suyos, abrazándola y profundizando el beso al sentirse correspondido.
Hermione quitó los hechizos y sacó a Ron del cuarto para darles intimidad. Quince minutos después salía del cuarto la pelirroja, ruborizada y feliz rumbo al cuarto de Angela. La castaña y el pelirrojo entraron al cuarto y vieron al pelinegro tumbado en la cama boca arriba, con una gran sonrisa en los labios y la mirada perdida en el infinito.
—¿Qué tan lejos llegaste con mi hermanita, amigo? —le preguntó Ron haciendo énfasis en la última palabra, fingiendo estar enojado—. Te recuerdo que aún es menor de edad.
—Yo jamás le haría daño, amigo —le respondió Harry sin voltear a mirarlo, con la voz y la mirada soñadora—. Ella no está lista y yo sé respetar eso. No porque tenga o no la edad, sino porque la quiero y sé que no es el momento adecuado. Pero… sus besos me han hecho volar sin escoba, amigo. Ella es…
—¡Alto ahí! No quiero oírlo. Ella es mi hermanita, ¿recuerdas?
El pelinegro se volteó a mirarlo con picardía.
—Si dices una sola palabra, Harry, le diré a George que venga y te cuente con lujo de detalles lo que pasó entre él y Angela el martes en la noche.
—¡Ron! —exclamaron al unísono Hermione y Harry.
—Exacto. Eso es lo que yo siento. Es mi hermanita.
—Entendido claramente el punto, amigo. Jamás te diré una sola palabra de lo que ella y yo hagamos como pareja.
—Bueno, ahora deja de soñar despierto y tómate la poción. Debes descansar y recobrar fuerzas. —le indicó Hermione a Harry, luego de asentir ante el acuerdo que acababa de hacer con su novio. La forma de hacer entender Ron su punto de vista le había parecido un poco brusca, pero comprobó que fue la mejor al ver la reacción de su mejor amigo.
Harry le sonrió a su amiga, asintió y se tomó la poción de sabor a chocolate. Se quedó dormido por el agotamiento de su cuerpo, con una paz y una sonrisa en el rostro que hizo sonreír a sus amigos.
—Luna, yo entiendo lo del castigo pero el señor Aberforth puede tardar muchos meses en volver. Por favor, ayúdame. —le suplicó Angela. Le estaba siendo muy difícil convencer a la rubia. La mayoría ya había cedido, pero Neville y ella no.
—Lo siento, Angela, pero yo no te voy a ayudar a escaparte. Tú estás muy débil. Tu salud está en riesgo. —denegó la rubia mirando a su amiga recostada en los almohadones, parcialmente sentada, con su rostro muy demacrado.
—Yo no quiero escaparme, Luna. Lo que te estoy pidiendo es que me ayudes a convencer a tía para que me permita ir mañana a verlo. Por favor. Sólo iré a eso, con quienes ustedes digan. Regresaré y haré lo que me pidan, pero yo necesito hablar con él, por favor.
Arwen, que ya había llegado al cuarto, la escuchaba desde el pasillo junto a la puerta en silencio, pensativa. Faramir le había insistido en que la dejase ir a reunirse con Aberforth, recordándole el incidente con la revista del papá de Luna cuando se estaba recuperando allí de la caída del bloqueo a su don y el recordar todo lo vivido en el orfanato; aquello preocupaba a la chica, lo cual no era conveniente. Su sobrina había sido la primera en despertar y había estado bastante inquieta. Casi todos habían pasado por allí a hablar con ella. A ratos se tranquilizaba, pero luego volvía a agitarse.
—Angela…
—Por favor, Luna. Ya escuchaste a Ginny. Ella y Jessica son de la opinión que si voy y regreso sin hacer esfuerzos no me afectará. Por favor.
—¿Si la señora Eowyn no está de acuerdo con eso desistirás?
—Si tía no coincide en cuanto a mi salud no te insistiré, pero ella probablemente se negará porque yo me escapé anoche. Por favor Luna, ayúdame. Para mí es muy importante reunirme con él.
—Dime porqué es tan importante y te ayudo.
Angela se quedó mirándola fijamente, pensando qué y cómo decirle. Su amiga era siempre muy franca. Respiró profundo y decidió decirle la verdad que podía contarle.
—El abuelo me escribió una vez que su hermano era muy solitario, que debido a sus extravagancias no tenía amigos. Me dijo que ellos se tenían mucho cariño y que habían hecho todo lo posible para evitar que la vida los distanciase. También me dijo que él tenía muchos años buscando dos personas muy importantes para él y que su hermano lo ayudaba. Después de oír el testamento del abuelo yo entendí que se refería a nosotras.
»Jessica no sabe de esa carta porque allí él también me respondía… —Se sonrojó—. Yo le pregunté al abuelo en una carta si el hecho de ser yo quien regañaba a los niños no los alejaba de mi cariño… culpando a mi prima de ello.
—¿Qué? —preguntó Luna sinceramente asombrada.
—Un par de meses después de hacerles olvidar lo del orfanato, le escribí al abuelo. Yo había tenido que castigar a los niños, Jessica los había defendido y termine discutiendo con los tres… Yo… A mí jamás me gustó tener que ser yo quien los regañase. Me dolía en el alma verlos llorar, cuando había luchado durante tres años para evitarlo y… Jessica me dijo ese día…
—Angela, no llores.
—El abuelo me ayudó con su carta a entender a Jessica. Después me dio vergüenza mostrarle la carta a ella… Ella no está interesada en conocer al señor Aberforth pero yo sí. No quiero que sienta que al morir el abuelo se ha quedado totalmente solo.
—Haré lo que pueda para ayudarte.
—Gracias Luna.
Ginny, que estaba de pie junto a Arwen escuchando todo, tragó saliva. Sabía que Angela se evadía cuando no quería decir algo, o buscaba otra vía para resolver las cosas cuando no lograba hacerlo por la vía más directa, pero jamás mentía. Vio en el rostro de Arwen la misma conclusión y la siguió, entrando a la habitación.
—Tía Arwen, ¿puedo pedirte un favor? —se decidió Angela al verla entrar. Por el rostro de Luna comprendió que la había convencido, también había visto a Neville asentir, pero por la expresión que tenía su tía comprendió que sería mejor hablar con ella directamente.
—Te escucho.
—¿Puedo reunirme mañana con el señor Aberforth?
—Explícame primero porqué esa reunión es tan importante para ti.
Angela le repitió lo mismo que le había dicho a su amiga rubia, con la voz baja y el tono arrepentido. Sus ojos verdes, tristes, mirando las esmeraldas atentas de su tía.
—… Por favor tía, déjame ir mañana.
—Hay algo que no entiendo, Angela. ¿Por qué Harry se alteró ante la posibilidad que tú no te reunieras con él?
La chica bajó la cabeza, esquivando la mirada escrutadora de su tía mientras pensaba qué responderle.
—Quiero la verdad, Angela. —la presionó Arwen.
—Porque… Él sabe que es importante para mí y sentía que su proceso me impediría ir a verlo. —se decidió a responderle con una verdad parcial.
—Hermione y yo podemos ir con ella para ayudarlos a cuidarla. —intervino la menuda pelirroja.
—No, Ginny, tú estás de reposo. Si Eowyn dice que no te afectará el ir yo te llevaré, Angela. Nos acompañarán Hermione, Jessica, Bill y Remus. Pero tendrás que cumplir con mis condiciones.
—Haré lo que me pidas. Gracias tía. —le sonrió Angela agradecida y contenta.
—No me lo agradezcas aún. Tenemos que esperar el dictamen de Eowyn. Además aún no te he dicho las condiciones. —le indicó seria Arwen.
—Tía, ¿te puedo pedir otro favor? —le pidió Angela súbitamente nerviosa.
—No abuses jovencita. —le dijo su tía, indicándole con su mano derecha que siguiese.
—No quiero que Jessica se entere de esa carta a mi abuelo, no quiero lastimarla. —se explicó Angela de inmediato. Si les había contado aquello era porque comprendió que sólo diciéndoles la verdad sobre eso podría lograr que la dejasen ir, pero no quería que Jessica supiese lo que había pasado.
—Ninguno de nosotros le dirá, no te preocupes por eso —le aclaró Arwen con tono comprensivo—. Ahora te voy a decir las condiciones. Sólo si accedes a todas y cada una de ellas irás. ¿Está claro? —agregó con tono más firme.
Angela asintió expectante.
—Te tomarás todas las pociones y te comerás todo lo que te traiga sin protestar. —empezó a enumerar Arwen.
—Sí tía. —respondió Angela en un tono de voz alegre. Eso ya no era problema para ella. Desde que había despertado el apetito había regresado y la poción plateada no le generaba malestar.
—Permanecerás en cama todo el tiempo que te indiquemos sin quejarte. —continuó la pelirroja con sus ojos esmeraldas clavados en los grises de su sobrina.
—Sí tía. —aseveró con voz conforme.
—Te quedarás aquí en Grimmauld con nosotros el tiempo que yo estime necesario para que te recuperes y no protestarás por ello. —siguió, contenta porque estaba obteniendo lo que quería pero con la misma firmeza.
—Sí tía. —le respondió la joven con un tono de voz más bajo, resignado.
—Del entrenamiento de los chicos del E.D.H. en los dones nos seguiremos encargando los del G.E.M.A. y tú no interferirás en eso, pero nos dirás exactamente cómo te afectan sus avances. —especificó con mucho cuidado para que no consiguiese cómo escabullirse.
Angela la miró insegura. Se giró a mirar interrogante a Luna y a Ginny. Al ver que asentían bajó la cabeza.
—Sí tía. —aceptó la chica resignada.
—Si Ginny y Harry se recuperan antes que tú, regresan al colegio, e inclusive tiene una de sus reuniones, tú no harás ningún intento por escaparte para reunirte con ellos. Esperarás a que te digamos que puedes volver al colegio. —continuó Arwen firme, sabiendo que estaba exigiendo ya lo más difícil pero que debía hacerlo por el bien de su sobrina.
Angela cerró los ojos y tragó saliva. Tenía que recuperarse pronto para salir de esa situación.
—Sí tía. —aceptó preocupada por lo que pudiese ocurrir mientras durase aquello.
—No pondrás bajo ninguna circunstancia bloqueo alguno que nos impida percibir tu estado real de salud física y emotiva. —agregó detallando sus reacciones.
La chica de pelo negro la miró intranquila.
—Empezando ahora mismo, Angela. —presionó Arwen.
—Pero no quiero preoc…
—Si no aceptas no vas mañana a reunirte con él. —la interrumpió Arwen muy seria.
—Pero Harry, tío Remus, tío Ar…
—Sin excepciones, Angela —la interrumpió con mucha firmeza. No iba a ceder en eso cuando había conseguido la forma de que la obedeciera. Estaba muy preocupada por la salud tanto física como emocional de su sobrina y sabía que tenía que aprovechar el que quisiese con tanta intensidad reunirse con el señor Aberforth. Con el carácter que tenía no iba a lograr que le prometiese aquello de otra manera—. Si quieres ir mañana quitarás ahora mismo la barrera extraña que aún tienes para impedir que percibamos tu estado real y no volverás a poner ningún tipo de bloqueo, bajo ninguna circunstancia, hasta que te recuperes totalmente. —le especificó con detalle lo que quería que hiciese para que no consiguiese como evadirse.
Angela había mantenido un mínimo bloqueo con la barrera de su mamá, la que había descubierto el día que empezó todo aquello. La había puesto desde que había liberado su control sobre Harry, ya que se sentía bastante mal. Harry, Aragorn y Remus no se habían dado cuenta. Al llegar había quitado todos los otros bloqueos cuando su tío se lo pidió, pero dejó aquél pensando precisamente en esa reunión. Había olvidado totalmente que su tía Arwen reconocía esa barrera.
—Sí tía. —susurró. Hizo un puchero y la quitó.
Al hacerlo Luna, Arwen y Neville abrieron mucho los ojos, asustados al percibir el mal estado físico de la chica, al igual que la mayoría en la casa. La excepción fueron Harry, que ya dormía, y Ginny, Jessica y Eowyn, que sabían que ese era el estado de salud real de la chica y lo habían callado para no agitarla.
—Ginny, diles a Jessica y a Eowyn que vengan contigo. ¡Pronto! Luna, Neville, eviten que los niños entren aquí. —ordenó Arwen angustiada.
Estaba bastante mal en general. El estómago, el hígado y el páncreas de Angela estaban muy resentidos por todo lo vivido desde que había empezado todo aquello, por eso la fiebre en la chica no había cedido. Eso se había unido a su problema pulmonar. Ella les había respondido con sinceridad las preguntas a Ginny, Jessica y Eowyn durante sus evaluaciones cuando despertó, por lo que le empezaron a dar las pociones adecuadas, pero no quitó la barrera para no asustar a los demás al percibirla.
—¡¿Cómo se te ocurre ocultarnos que estás tan mal, Angela?! —exclamó Arwen mirándola llena de maternal preocupación.
—Ellas tres lo saben, tía. Les pedí que no les dijesen nada a los demás porque no quería preocuparlos. —le respondió con la voz apenas más alta que un susurro, cabizbaja, con sus ojos verdes mirándose las manos en el regazo.
—Tú y Aragorn tienen que entender en algún momento que no pueden seguir preocupándose más por los demás que por ustedes mismos. —la regañó, mientras con un paño húmedo le quitaba el sudor del rostro que le ocasionaba la fiebre que aún tenía.
—Yo no quería preocupar a Harry, a tío Remus, a tío Aragorn y a los niños, por eso no quite esa mínima barrera. Pero tía Eowyn, Jessica y Ginny sabían mi estado real. Ellas ya me están dando un tratamiento, tía Arwen.
—No quiero que vuelvas a ocultarme nada referente a tu salud, Angela. Por ningún motivo. —le pidió con firmeza pero evidente preocupación.
—Sí tía. —aceptó Angela triste. No hubiese querido angustiar ni a ella ni a los demás.
En ese momento entraban Ginny, Jessica y Eowyn al cuarto.
—Prométeme que nunca más me ocultarás nada en lo concerniente a tu estado de salud, sea cual sea el motivo de tu malestar. —insistió Arwen mirándola fijamente.
Angela la miró con las lágrimas asomándose a sus ojos verdes.
—Tía Arwen… —intentó en voz baja disuadirla, pero se detuvo al ver los ojos de su tía relampaguear. Bajó la cabeza y pronunció con claridad—: Te prometo que nunca más te ocultaré nada sobre mi salud.
—Eowyn, quiero que evalúes a Angela de nuevo y que esta vez me digas la verdad. Ella quiere reunirse mañana con el hermano del señor Albus pero eso dependerá de lo que me digas sobre su salud. No quiero que vaya a tener una recaída. —le dijo Arwen seria.
—Perdona que no te lo dijese antes, Arwen, pero no quería inquietarla. —se disculpó la rubia con su cuñada.
—Está bien, te entiendo, pero ella no tendrá más secretos conmigo en cuanto a su salud —le respondió la mujer pelirroja luego de suspirar y asentir—. Jessica y Ginny, quiero que ayuden a Eowyn con Angela, luego hablaré con ustedes dos. —les indicó mirándolas muy seria.
Las dos la miraron asustadas y asintieron.
Al salir al pasillo Arwen se encontró con casi todos allí, interrogándola en silencio, a excepción de Remus y su esposo que la miraban expectantes desde las puertas de sus cuartos. Chris & Chris se movieron entre todos ellos, llevando entre los dos a Luna de sus manos hasta pararse frente a ella.
—Mamá Arwen, lo que percibimos de Angela… —Christine no pudo continuar. La preocupación le atenazó la voz.
—Eowyn, Jessica y Ginny lo sabían y ya habían empezado a darle un tratamiento adecuado. La hemos empezado a percibir en su estado real porque he logrado que quitase la última barrera que tenía puesta para que no la percibiésemos —explicó, comprendiendo el sentir de la niña y los otros. Todos cerraron los ojos y denegaron levemente, volviéndolos a abrir para escucharla, atentos—. En cuanto ellas salgan sabremos cómo está.
Casi quince minutos más tarde Eowyn salió y los encontró a todos allí, esperando en silencio, preocupados.
—Su organismo está respondiendo bien al tratamiento, pero le tomará varios días recuperarse. Creo que lo mejor para su estado anímico será que se vea mañana con el señor Aberforth, pero esa reunión ha de ser corta y debe tener reposo absoluto antes y después.
Todos miraron a Arwen, asintiendo, esperando que aceptase. Ella sonrió y le tomó la mano a George para que entrase con ella al cuarto.
—Iremos mañana a la reunión. Iré a hablar con quienes nos acompañarán después de tranquilizar a los demás. —afirmó Arwen mirando a su sobrina con una suave sonrisa.
—Gracias tía. —le agradeció Angela sonriente, empezando a adormilarse. Al soltar la tensión por la expectativa de la reunión el malestar de su organismo la estaba dominando.
—Quédate con ella mientras se duerme, George. Tu presencia le hará bien —le aconsejó palmeándole levemente en el hombro en señal de apoyo—. Jessica y Ginny, espérenme en el cuarto de Remus. —les indicó de inmediato.
Las dos asintieron mirándose de reojo, preocupadas. Se levantaron y salieron tras ella.
—George, perdóname, yo… —se intentó disculpar Angela, al sentir que alguien le tomaba la mano derecha y entreabrir los ojos para encontrarse con los azules de él mirándola con preocupación.
—Shhh, duerme Angelita. No te preocupes por nada y duerme. Todo estará bien. Descansa. Yo velaré tu sueño —le aseguró George en un tono arrullador. Le dio un suave y dulce beso en la boca luego de verla asentir con expresión preocupada—. Por favor no vuelvas a ocultarme nada sobre tu salud. —le pidió al separarse de sus labios, mirándola a los ojos con amor pero también preocupación.
—Te prometo que no te volveré a ocultar nada a menos que sea un secreto de Harry —se comprometió gustosa con él, pues no se negaría a nada que él le pidiese si podía evitarlo—. Te amo George.
—Te amo Angela. —le correspondió con una suave sonrisa y la besó una vez más. Le cantó en voz baja la canción de ambos, arrullándola con su amor, sonriendo al verla dormirse con una sonrisa en los labios.
—Hermione, Bill, por favor espérenme en la habitación de Remus. Quiero que nos acompañen mañana. —les indicó Arwen apenas salir del cuarto, luego de dejar a George cuidando de Angela.
Los aludidos asintieron sonrientes, los demás soltaron el aire que habían retenido en espera de la decisión de la Dunedain.
Arwen se dirigió con paso decidido al cuarto de su esposo, manteniendo la seriedad en su rostro. Sonrió internamente al ver que Remus y Aragorn entraban rápidamente en sus habitaciones. Eowyn, que iba a su lado, no pudo evitar que una sonrisa se asomase a su rostro cuando los vio retroceder de esa manera. Le hizo un guiño a Nymph cuando pasó frente al cuarto del líder de la O.D.F. Le divertía ver lo que había logrado Arwen con su hermano y su amigo.
Meg bajó con los demás a la cocina para preparar la cena.
—Por favor, ¿qué tiene Angela? —les preguntó Aragorn muy angustiado, sentado en la cama, mirándolas con expresión de súplica.
—Yo también quiero que me lo expliques con detalle, Eowyn. —pidió Arwen sentándose al lado de su esposo y abrazándolo con cariño.
Estaba preocupada por su sobrina y también por la reacción de su esposo ante una noticia que sospechaba era bastante mala, no sólo por la percepción que ahora tenían de la chica sino por las expresiones en los rostros de las tres que la habían estado atendiendo.
Faramir ubicó dos sillas frente a ellos y se sentó con su esposa, tomándole la mano con cariño para darle su apoyo. Al cerrar la puerta del cuarto la cara de su querida rubia había reflejado la preocupación que sentía.
—Tiene casi todos sus órganos internos inflamados. El estómago, el hígado y el páncreas son los más afectados, además de sus pulmones. Por lo que nos ha dicho su problema empezó desde el momento en que se aceleraron los procesos en Ginny y Harry, debido principalmente a una fuerte fiebre interna simultánea con las crisis de la pelirroja. Ella no podía tomar ninguna poción para eso debido a su propio proceso. Ha estado haciendo esfuerzos para mantenerse serena y no demostrar su malestar para no preocuparnos. Su don la está ayudando en cuanto a los dolores, mitigándolos.
—Se suponía que esto no sería así —comentó Aragorn cabizbajo—. Los dos teníamos que haber terminado con lo más fuerte de nuestros procesos y yo haberla ayudado con los de los chicos, con la guía de los antiguos. Además los procesos en Ginny y Harry serían menos intensos y estarían cerrados antes de recibir la energía de ellos —explicó al ver que lo miraban interrogante—. ¡Y aún no ha transmitido todos los dones! —exclamó angustiado. Denegó y apretó los puños. Sentía ganas de gritar por la desesperación—. Anoche, después que Harry y Remus nos ayudaron… Creí que había mejorado… Si pudiese hacer algo. —se le escapó con la voz quebrada, igual que unas lágrimas.
—Cálmate hermanito —le pidió cariñosa Eowyn—. Con el tratamiento y el descanso adecuado se recuperará totalmente. Aunque le tomará varios días, su recuperación como ya hemos visto es más rápida de lo normal. A otra persona le tomaría un par de meses restablecerse, pero creo que ella estará bien en poco más de una semana —le aseguró con una suave sonrisa. Suspirando al pensar en el carácter de la chica—. Si se cuida. —se le escapó de sus labios la duda que la había asaltado.
—Lo hará —aseguró Arwen mientras le acariciaba con ternura la cabeza a su esposo con una mano y con la otra le limpiaba las lágrimas de su rostro—. Le he puesto varias condiciones para ir mañana a verse con el señor Aberforth y ha accedido a todas. Permanecerá aquí en Grimmauld hasta que esté totalmente restablecida, se quedará en cama el tiempo que indiques, comerá y se tomará las pociones sin protestar, no se escapará a ninguna reunión con los del E.D.H. aunque los demás estén restablecidos, nos dirá como le afecta el avance de todos en los dones y no intervendrá en los entrenamientos de ellos en ese sentido, tampoco pondrá ninguna barrera que nos impida percibirla.
—¿Accedió a todo eso? —preguntó asombrado Faramir, adelantándose a su esposa y su cuñado que miraban asombrados a Arwen.
—Sí. Para ella es muy importante que el señor Aberforth sepa que no está solo al fallecer Albus. —les explicó el porqué de la insistencia de su sobrina en verse con él.
—Arwen, yo quisiera… —empezó a pedirle Aragorn en tono suave y con expresión convincente.
—Déjame ayudarte a calmarte con mi don mezclado y te dejaré ir a verla —lo interrumpió ella con tono cariñoso pero firme—. Luego regresarás a dormir. Necesito que hagas todo lo posible por mantenerte tranquilo y recuperarte pronto. Es importante para que ella esté serena y yo no me sienta más angustiada de lo que ya me tienes por tu salud. —agregó mirándolo con amor y preocupación.
—Gracias mi amor. Haré todo lo que Eowyn y tú me indiquen. —aceptó él de inmediato, sonriéndole con dulzura.
Arwen, después de tranquilizar a su esposo, se dirigió al cuarto del líder de la O.D.F. mientras Eowyn y Faramir acompañaban a Aragorn para que viese a Angela. Acordaron que a excepción de Ginny, Jessica, Hermione, Nymph, George, Bill y Remus los demás no sabrían aquello. Arwen hablaría con este grupo excepto el novio de su sobrina, con quien hablaría Eowyn. A los demás les dirían una verdad a medias.
Hermione, Nymph, Bill y Remus se pusieron de pie rápidamente al verla entrar, con la preocupación reflejada en sus rostros.
—Tranquilos. Vamos a sentarnos —les indicó con tono suave, comprendiendo su estado de nervios. Selló e insonorizó la habitación—. A excepción de George a los demás Eowyn les dirá una versión bastante… atenuada del estado de salud de Angela. Yo considero que ustedes deben saber la verdad por varios motivos.
»Nymph y Remus aunque no son sus tíos por sangre lo son por afecto. Bill siempre ha demostrado una preocupación sincera por ella y… Angela te aprecia y respeta mucho, al igual que a Charlie, pero tengo la impresión que contigo se siente unida por lo de la sanación de la licantropía parcial. Jessica y Ginny ya saben su verdadero estado de salud y Hermione… De los cinco que saben el secreto de Harry eres la más responsable. Jessica, quiero que les expliques con detalle la verdad sobre la salud de Angela.
La chica de ojos color miel tragó saliva, los miró a todos, bajó la cabeza y con la mirada fija en sus manos ubicadas sobre su falda les dio la explicación que Eowyn les había dado antes a los tíos de la chica. Al terminar de hablar levantó la vista. Hermione y Nymph lloraban. Bill y Remus estaban cabizbajos, denegando, con los puños apretados, unas lágrimas se habían escapado de sus ojos aunque intentaban contenerse.
Ginny tomó una mano de Jessica entre las suyas en señal de apoyo, las dos habían llorado temprano con Eowyn, luego que Angela se durmiese y antes de salir del cuarto. Había sido muy duro para las tres asimilar el estado de salud de la chica.
—Eowyn asegura que se repondrá pronto —intervino Arwen—. Como ya hemos notado ella se recupera rápido, posiblemente debido a lo especial de su don del Manejo de la Energía. Por otra parte he logrado comprometerla con varios puntos para asegurar su recuperación… —Les explicó todo lo que había conseguido que aceptase—… Mañana iremos con ella a que se vea con el hermano del señor Albus para que no esté tan intranquila. Luego regresaremos aquí.
Todos asintieron, limpiándose las lágrimas del rostro.
—Ginny quiero que le des a Harry cuando despierte la misma versión que Eowyn les dará a los demás, no quiero que se preocupe por ella y los dos empiecen a angustiarse —continuó Arwen—. Nymph necesito que nos ayudes con Chris & Chris, sólo contigo parecen tranquilizarse cuando se trata de Angela.
»Jessica, pequeña, quiero que compartas tus conocimientos en medimagia con Ginny, los que te dejó tu mamá. Por lo que sé ella está incluida en el secreto de Harry pero tú no. Hasta tanto mi sobrino no se decida a contarnos quiero que ellos cuatro cuenten con ella para ayudarlos con medimagia mientras llegan con nosotros de sus salidas, pues estoy segura que buscará la forma de acompañarlos. Remus, en cuanto estén recuperados tenemos que buscar la manera de convencer a nuestro sobrino para que nos deje ayudarlo con eso, pero no quiero que les digamos nada hasta que Angela esté recuperada.
—Arwen, quiero verla. —le pidió el hombre de ojos miel de inmediato.
—Lo sé, Remus. Te diré lo mismo que a Aragorn. Te dejaré ir si me permites que te ayude con mi don mezclado a calmarte. De hecho quiero que todos ustedes accedan a ello. Luego que la veas seguirás las indicaciones de Eowyn sin protestar. Es importante que todos se recuperen pronto para que ella permanezca tranquila.
Todos asintieron rápidamente. Cuando iban llegando al cuarto de la chica iban saliendo Aragorn y Faramir cabizbajos. Remus los abrazó antes de entrar en la habitación, intentando darles ánimo. Encontraron a George acariciándole a Angela el brazo lastimado por el corte y la quemadura, susurrándole palabras de cariño a la chica que se removía un poco inquieta murmurando palabras inconexas. Jessica se acercó rápidamente a su prima y comprobó que la fiebre le había subido de nuevo.
—Se le disparó hace un rato. Ya tu tía le dio de nuevo poción para la fiebre —le contó en voz baja George—. Dijo que demorará un poco en terminar de bajarle.
La chica de ojos dorados asintió mirando a su cuñado con cariño. Se le acercó y lo abrazó, susurrándole palabras de aliento al oído.
Al regresar a su habitación Remus le envió una lechuza a Aberforth Dumbledore para confirmar la reunión al día siguiente.
Esa noche Eowyn y George pasaron en vela cuidando que a Angela no le subiese la fiebre, mientras los demás descansaban y reunían fuerzas para el día siguiente. Cuando la chica abrió los párpados en la mañana lo primero que vio fue unos ojos azules con ojeras mirándola preocupados. Le dio un beso en la boca y luego le dijo mientras le acariciaba el rostro.
—George, mi amor, ve a descansar.
—Buenos días bella durmiente.
—George, por favor…
—Shhh. En un rato cuando salgas a tu paseo yo descansaré.
—Ve a descansar, George —lo contradijo Nymph que entraba en ese momento al cuarto acompañada de Jessica y Arwen—. Nosotras vamos a ayudarla a asearse y cambiarse.
Angela le acarició el rostro a su novio, mirándolo con cariño y asintiendo. Rozó las ojeras del chico con la punta de sus dedos, preocupada. George le tomó la mano y se la llevó a los labios, besándosela con suavidad. Luego se acercó a su rostro, le dio un dulce beso en la boca y luego otro en la frente.
—Por favor, cuando regresen… —les empezó a pedir a las recién llegadas.
—Te tumbaré de la cama de ser necesario para que vengas a acompañarla. —se adelantó la chica de ojos miel sonriente.
—Gracias Jessica. —le agradeció George con una sonrisa. Le dio un beso más a su novia y salió del cuarto para ir a descansar un rato.
Arwen logró convencer a Eowyn de irse a dormir mientras regresaban. Faramir se comprometió en despertarla apenas ellos regresasen.
Una hora más tarde, después que Angela estuviese arreglada, hubiese comido y tomado sus pociones, estaban listos en la sala los que la acompañarían para viajar a la tienda de los gemelos en el Callejón Diagon, donde se reunirían con el hermano de Albus Dumbledore. Remus había sugerido aquél lugar por no estar protegido por ningún Fidelius pero sí con el pupilo que había establecido Aragorn, por lo que sería seguro. Arwen había coincidido en que sería un buen lugar para la reunión.
Fred había ido hacia el sitio media hora antes para atender al hermano del fallecido director, que estaba muy entusiasmado por poder hablar directamente con uno de los dueños. Según le dijo a Remus, en la nota que le había enviado para confirmar la hora y el lugar de la reunión, había escuchado maravillas de ella en sus viajes y en el bar Cabeza de Puerco.
Cuando llegaron Angela, Hermione, Jessica, Arwen, Remus y Bill por medio de un trasladador a la trastienda consiguieron al hombre entusiasmado, con muchas plumas de canario en el piso alrededor de él, riendo como un niño pequeño con Fred que le mostraba los productos muy divertido.
Hermione, Jessica, Angela y Bill no daban crédito a sus ojos. No se habían imaginado que él era el hermano del director. Estaban ante un hombre viejo, alto y delgado, que parecía gruñón cuando estaba al frente de su bar, con mucho pelo gris largo y barba.
—¡Remus Lupin! ¿Qué te ha pasado muchacho? —le preguntó el anciano de porte fuerte a modo de saludo apenas verlo.
—Nada grave, Aberforth. Un par de rasguños, nada más. —le respondió con una suave sonrisa para que no se preocupase.
—Con ese loco suelto me imagino que sigues adelante con La Orden del Fénix después de la partida de Albus. —le planteó el anciano.
—Sí, así es. —confirmó el hombre de ojos miel.
—¿Me presentas formalmente al joven y a tan hermosas damas? —le pidió Aberforth mirando a los acompañantes de uno de los pocos sobrevivientes de la primera Orden del Fénix con mucha curiosidad.
—Claro. Empecemos por las nietas de Albus. Mi hija con Jennifer, se llama Jessica Lupin. —la presentó abrazándola por los hombros con orgullo paternal.
—Mucho gusto señor Aberforth. —lo saludó la chica de ojos miel con tono respetuoso, detallándolo lo más rápido y disimuladamente que podía mientras le tendía la mano. Antes no había sentido curiosidad de conocerlo, pero al tenerlo frente a ella se le había despertado.
—El gusto es mío —le correspondió él con una amplia sonrisa, tomándole la mano con suavidad hasta tocar con su frente los nudillos. Había adquirido ese tipo de saludo de su más reciente viaje, el cual era usado para indicar respeto y confianza—. Es idéntica a ti, Remus. Es una pena que Albus no las alcanzase a conocer —le comentó al castaño apenas recuperar su verticalidad—. ¿Te importaría decirme Aberforth? Eso de señor me hace sentir viejo. —le pidió a la joven de ojos miel.
—Claro que no señ… Aberforth. —aceptó Jessica, teniendo que corregirse a mitad de frase para llamarle directamente por su nombre como le acababa de pedir.
—Ella es Angela White, la hija de Angelica y Sirius. —procedió Remus a presentar a su sobrina, también abrazándola por los hombros con cariño y apoyo como antes hiciese con su hija.
—Mucho gusto Aberforth. —lo saludó con sus ojos grises brillando con alegría.
—El placer es mío —le correspondió él y repitió el extraño saludo—. Veo que eres lista y aprendes rápido. También te pareces a tu papá, aunque tienes algunos rasgos de tu mamá. Supongo que no usas el apellido de Sirius porque él ya está muerto —comentó mirándola detenidamente. A excepción de Angela los demás fruncieron el ceño, pero la chica de pelo negro asintió divertida, a lo que el hombre sonrió ignorando las expresiones de los demás—. Te ves algo desmejorada. ¿Estás enferma? —le preguntó preocupado.
—Sí. Una virosis, nada serio. —le respondió Angela tranquila. Sus lastimaduras se las habían ayudado a disimular con maquillaje, una blusa manga larga con cuello tortuga alto y pantalones hasta los tobillos, además de un abrigo largo y la capa.
—Aún así será mejor que te sientes, Angela. —le indicó la tía.
—Ella es Arwen White. —la presentó Remus, mientras la chica se sentaba en una silla que le ubicó rápidamente Fred cerca de la mesa que había colocado para la reunión.
—Un verdadero placer conocerla, bella dama. No sé si se lo han dicho pero se parece a Lily Potter. —la saludó como hacían los caballeros ingleses medievales.
—Mucho gusto Aberforth —le sonrió ella, agradecida por el acto caballeroso—. Eso es porque ella y yo éramos familia. —respondió a su comentario sobre su fallecida sobrina.
—Una lástima que una chica tan hermosa muriese tan joven. —aseveró el anciano.
Arwen forzó una sonrisa mientras Remus rodaba los ojos. Los comentarios y actitudes del hermano de su primer suegro siempre habían logrado exasperarlo un poco.
—Esta joven es Hermione Granger. Estudia en el séptimo curso, igual que Angela. —le presentó a la castaña con tono respetuoso, dirigiéndole a ella una mirada de apoyo y a él una de advertencia para que no la incomodase.
—Una hermosa joven. Ya la había visto por mi bar, pero creo que en estos dos años se ha vuelto mucho más guapa —comentó Aberforth sin hacer caso de la muda advertencia del castaño de ojos miel. La castaña se sonrojó—. ¿Dijiste que Angela está en séptimo? No entiendo. Ella debería tener… —intentó plantearle su desconcierto, deteniéndose para intentar calcular la edad de la chica—. Siempre me enredo con los números. —comentó fastidiado al no poder deducirla con suficiente rapidez.
—Tengo quince años, Aberforth, pero me permitieron presentar los exámenes y estoy en séptimo —le aclaró Angela con una suave sonrisa—. Jessica está en sexto año.
—Impresionante —se le escapó al anciano mirándolas alternativamente con una sonrisa—. Definitivamente son nietas de Albus. Él era muy listo. —comentó con la mezcla de tranquilidad y orgullo que da el haber asumido que tu hermano era mejor que tú en algo.
—En mi curso la más inteligente y estudiosa es Hermione. Ella es Premio Anual. —le aclaró Angela.
La castaña se sonrojó aún más al oírla mientras Arwen, Bill y Remus la miraban de reojo y asentían.
—Es un honor conocer y poder hablar con una excelente bruja. Ya Albus me había comentado que eras una de las mejores que había estudiado en el colegio —dijo el anciano haciéndole una pequeña reverencia—. Además de muy guapa. —añadió mirándola con picardía.
El sonrosado pasó a rojo tomate, haciendo sonreír a todos sus acompañantes.
—Él es Bill Weasley, hermano mayor de Fred y cuñado de las tres jóvenes —lo presentó Remus. Al ver al anciano enarcar las cejas sonrió—. Verás, los novios de las tres chicas son sus hermanos menores. Fred es novio de Jessica.
—Al parecer casi llego es a conocer a los biznietos de Albus. —comentó Aberforth mirándolas con las cejas aún enarcadas.
Angela y Jessica se ruborizaron de inmediato.
—¿Se sientan y empiezan? —sugirió Fred.
El gemelo casi había infartado al ver llegar a la puerta de su negocio al dueño del bar Cabeza de Puerco y presentársele como Aberforth Dumbledore. Luego de hacerlo pasar y presentarse habían estado hablando. Fred tenía ya un rato con la impresión de estar tratando con el abuelo de su amiga Luna. Con las presentaciones se le estaba afianzando y con lo que escucharía en la reunión le quedaría firmemente formada esa opinión. Una vez sentados él pensaba retirarse pero Arwen le indicó con gestos disimulados que se quedase.
—Remus me escribió diciéndome que querían conocerme —comenzó Aberforth con una sonrisa tranquila—. Para mí fue una sorpresa agradable.
—Además de ser familia me interesan sus investigaciones —afirmó Angela sonriente, mientras sus acompañantes enarcaban las cejas en su dirección con muy poco disimulo. Ella los ignoró y siguió—. Leí sobre sus primeras experiencias en África en la revista del señor Lovegood. Su punto de vista sobre los Nundu es interesante. Concuerdo en cuanto a los estudios de su hábitat aunque no entiendo mucho eso de sus hábitos como manada.
—Chica lista, eso tiene una explicación…
Se extendieron casi hora y media hablando. Sus acompañantes los miraban intrigados, mirando del uno al otro como quien sigue un partido de tenis. Inicialmente estaban inquietos por la salud mental de la chica de pelo negro, pero después de media hora se dieron cuenta que la chica, con sutileza, le hacía dudar de algunas cosas al anciano. También le dio algunas ideas que parecieron interesarle, alejando su interés investigativo un poco de enfoques peligrosos y le sugirió algunos estudios sobre "tan interesantes criaturas" desde su bar en Inglaterra.
Se enteraron que el hombre desde el fallecimiento de las gemelas viajaba durante las vacaciones del colegio Hogwarts, investigando tanto sobre diversos seres vivos del mundo como sobre el paradero de las nietas de su hermano. También que últimamente recababa información para Albus sobre los movimientos de Voldemort en otros países, siempre bajo la apariencia de los otros temas que le interesaban.
Luego del funeral de su hermano había partido hacia África, con algunas cosas que no le había podido entregar y reuniendo otras para entregárselas a tres jóvenes que le había indicado su hermano en una carta postrera que le había dejado: Angela, Jessica y Harry. Con la primera carta de Remus se había enterado que las dos jóvenes de las que le había hablado su hermano eran las nietas, por lo que se sintió feliz doblemente. Les preguntó por el chico y Angela le dijo que estaba de reposo por la misma virosis que ella tenía, que a su amigo le había dado más fuerte.
Jessica había intervenido eventualmente, ante las preguntas directas de él.
—… Ha sido un verdadero placer charlar con todos ustedes —dijo el anciano, dando por sentado que todos habían participado de la conversación—. Sin embargo Angela se ve muy pálida y yo debo descansar de mi viaje. Ya mis huesos no son los mismos de hace años. Ah, casi lo olvido. Estas son algunas de las cositas que le tenía que entregar a Albus. Pero bueno, él ya no está así que se las daré a ustedes que son sus nietas, cumpliendo además con su última voluntad. Sé que las compartirán con el joven Potter como era su deseo.
Extendió sobre la mesa muchos objetos curiosos. Desde lo que parecían flechas, pasando por piedras de formas extrañas y colores cambiantes hasta… el medallón, el cual resaltaba en el conjunto notoriamente. Jessica, Arwen, Fred, Bill y Remus lo vieron con los ojos muy abiertos.
—Gracias Aberforth —le sonrió Angela—. Quisiera que me hablases de ellos pero me siento un poco cansada. —se disculpó por no compartir con él más tiempo. Se sentía mal.
—No te preocupes niña. Hablaremos más en otro momento —la tranquilizó él de inmediato—. Cuando quieran pasan por el bar. He decidido aplazar mi viaje hasta una nueva conversación con ustedes. Guárdenlos. —les indicó a las nietas de su hermano con una sonrisa paternal.
—Gracias. —respondieron a coro Jessica y Angela.
La chica de pelo negro rápidamente tomó en su mano el horcrux y una de las piedras, para guardarlos en el bolso que llevaba, sin embargo la mano de su tía sobre la que tenía el medallón la detuvo.
—Deja que te ayude, Angela. —le indicó Arwen con suavidad.
—Claro tía. —respondió la chica con seguridad al sentir que Hermione había hecho rápidamente el cambio según lo planeado.
Arwen tomó el medallón falso, la piedra y las otras cosas, metiéndolo en el bolso que Angela llevaba.
Aberforth se extrañó un poco de la actitud de la mujer, al igual que del calificativo de tía. Hasta donde él sabía Sirius no había tenido hermanas y Jennifer era la única hermana de Angelica, pero no preguntó nada. Supuso que se debía a un tratamiento de cariño. Todos se levantaron de la mesa, dando la reunión por finalizada. Al despedirse de las jóvenes, con un beso en la frente, notó que la chica de pelo negro tenía fiebre bastante alta.
—No debiste venir si estabas tan mal, jovencita —la regañó suavemente, preocupado—. Espera un momento —Rebuscó en su capa y sacó un frasco con un extraño líquido de color pardusco—. Pienso que esto podría ayudarte. Toma una cucharadita pequeña en la noche antes de dormir por una semana. Aunque ya te sientas bien no la suspendas.
—Gracias. —le dijo Angela con sinceridad.
Todos miraron con recelo el frasquito, viendo como la chica de pelo negro lo guardaba en su capa, luego se despidieron. Aberforth se dirigió a su bar para reunirse con el hombre que le había cuidado el negocio mientras estaba de viaje. Los demás regresaron por trasladador a Grimmauld.
—¿Ese medallón es el que le hicieron olvidar a Mundungus? —les preguntó Remus a Angela y Hermione apenas llegar.
—Sí —respondió decidida la castaña mientras Angela la miraba extrañada—. Había estado aquí. Como ya les dijimos queríamos borrar cualquier recuerdo de cosas que hubiesen salido de esta casa.
La chica de pelo negro empezó a sentirse bastante mareada. Cerró los ojos y se aferró con fuerza al brazo de su cuñado mayor. Bill al notarlo la levantó rápidamente en sus brazos para llevarla a su cuarto, seguido de los demás.
—Gracias Bill. —susurró Angela mientras el pelirrojo la acostaba con cuidado en la cama.
—No tienes nada que agradecer. Tómate las pociones y descansa. —le indicó él con cariño, mirándola preocupado.
La chica le sonrió y asintió levemente. Se tomó las pociones que le dio Jessica y se adormiló. Estaba cansada y debilitada por la salida.
—Voy por George. —anunció la chica de ojos miel.
—No, Jessica, déjalo descansar —le pidió Bill—. Yo me quedo con ella. Cuando se despierte yo hablo con él.
Jessica lo miró dudosa.
—Tiene razón. Es mejor que descanse o ella se preocupará. George no se enojará al saber que fue Bill quien se quedó a cuidarla. —le dijo Fred, con tal dulzura en la mirada que la chica lo miró sonriente y asintió.
Eowyn llegó al cuarto en ese momento, examinó a Angela y le dio a beber un par de pociones adicionales antes de dejarla profundamente dormida.
