Capítulo veinte: Postludio, El día después de la fiesta.

Na: Mis mas sinceras disculpas supongo. Pero... ._. tengo unas pequeñas dificultades con esta historia (XD) olvidé que iba después de aquí. Aunque ¡no os preocupeis queridos hermanos! Ya me acordaré xD jajajaja.

Draco se sentía, al despertar, como si lo hubiesen mandado al estómago del infierno y luego dicho lo hubiese escupido de vuelta. Gimió al tratarse de mover, ¿Qué rayos había sucedido? Lo último que recordaba de la noche era haber estado hablando con Blaise, luego todo se volvía una marejada confusa. Tosió y cuando se llevó la mano al a boca para cubrila, descubrió que estaba mojada. Abrió los ojos ¡Estaba llena de sangre! Sintió como el alma se le iba del cuerpo... ¿Por qué su mano estaba llena de sangre? Cerró los ojos fuertemente tratando de encontrarle coherencia al asunto.

Se palpó, estaba completamente desnudo, volvió a abrir los ojos, parpadeando. Miró la sangre en sus mano, hizo que su dedo pulgar se paseara por el medio e índice como analizándola. Se trató de limpiar de las sábanas, miró que donde había puesto la mano, estaba el doble de mojado que su mano. Una mancha se había formado en la sábanas rojas. Olió el líquido en las sábanas...

A su lado estaba Harry. Sintió ganas de vomitar... sin preocuparse por otra cosa, se dirigió con manos torpes a la yugular del moreno, colocándole dos dedos, tenía pulso... ¿Eso era bueno, no? Inhaló, exhalando el aire de manera nerviosa y temblorosa. Observó, que el cuerpo del ojiverde estaba lleno de moretones, pasó delicadamente la mano por ellos. ¿Qué exactamente habían hecho la noche pasada? ¿Tratar de matarse?

Ante las caricias, el moreno abrió los ojos, sintiéndose febril. Parpadeó para ubicarse en el espacio..., no se sentía muy bien. El cuerpo le dolía, especialmente le dolía su pierna derecha, gimió, llevándose las manos a dicha y sentándose lo mejor que podía, en esa situación. Apretó fuertemente los ojos, escuchando como unos pequeños sollozos salían de sus labios.

— ¿Qué te duele? ¿Qué te hice? —Esa había sido la voz de un terriblemente mortificado Draco Malfoy. Tratando de calmarse, abrió los ojos aún ejerciendo presión sobre sus muslo derecho y miró al veela, era la segunda vez que veía las lágrimas escurrírsele al frío rubio. Sintió un profundo dolor en el corazón, un dolor que superó su dolor corporal. Se acercó y abrazó al rubio, consolándole como tantas veces lo había hecho con él.

— Shh... está bien, no llores, si tú lloras, entonces yo también voy a llorar... —Le avisó el pelinegro. Draco rió levemente.

— Merlín. ¿Cómo... por qué...? —Harry entendía la pregunta de Draco. No comprendía como estaban tan heridos, torció una mueca al verle la espalda a su esposo. Se miró sus manos..., tenía carne incrustada en las uñas. La espalda del veela tenía una gran cantidad de rasguños amoratados e hinchados con resto de sangre coagulada. Bueno, ya el misterio del estado de sus uñas, había sido resuelto. Se percató que una cinta blanca manchada de sangre se encontraba prolijamente atada a su muñeca. Volvió a acariciarle la espalda a Draco, mirando a la ventana. Realmente... sólo a él le sucedían esas cosas. Cuando Draco ayudó a Harry a levantarse de la cama, el dolor lo hizo ver puntitos negros—. Tenemos que ir urgentemente a la enfermería...

— ¿O sí? ¿Y qué vamos a decir? —Le soltó irónico. Primero muerto antes que entrar a la enfermería en ese estado.

— No lo sé... has perdido mucha sangre Harry.

— Lo voy a decir una vez: NO voy a poner pie en la enfermería...

— Harry... —Le rogó el rubio.

— No. ¿Qué te pasa? ¿Crees que voy a explicarle a Madame Pomfrey estas heridas?

— ¡Alguien tiene que curarte! ¡Mi especialidad no es ni remotamente la medicina! Mira como tienes de amoratada la pierna... ¡¿Qué pasa si está rota?!

— NO... ¡No! ¡Y no! ¡Tú no entiendes...! Iremos a la Sala del Requerimiento. De algo servirá...

— Pero...

— No —Denegó con firmeza, levantándose con ayuda de los parales que tenía la cama, gimoteando en el proceso. Draco lo ayudó.

Se vistieron lo mejor que pudieron. En realidad, Harry estaba desnudo bajo la capa del rubio. En su estado, el tratar de subirse los pantalones que tenía la noche anterior hubiera sido una tortura, así que, lo más rápido que sus heridas le permitían, utilizando todos los atajos que conocían para llegar a la Sala y no ser vistos por nadie más. Llegaron sin muchos problemas, al parecer, aún era temprano y la mayoría de los alumnos y Sirius Black estarían todavía durmiendo, pasando el trasnocho.

Cuando entraron, luego de caminar tres veces. Se encontraron en un cuarto de aproximadamente veinte metros, con paredes y pisos de cerámica blanca lisa. Parecía un centro de rehabilitación, una piscina de forma ovalada estaba en el medio. Harry se acercó al centro y observó que el agua era ligeramente verdosa a pesar de que la cerámica dentro de la piscina también era blanca. Dicha agua, burbujeaba y se sentía desde donde estaba caliente. Desconfiado, se agachó viendo al diablo en el proceso y adentró la mano. La temperatura estaba agradablemente caliente. La olió... no supo identificarlo, pero, se le asemejó a la vainilla y tal vez podía decirse que un poco de sulfuro también estaba mezclado en aquella agua.

Luego de retirarse la capa, qué era lo único que cubría su cuerpo, se deslizó, suspirando mientras el agua mojaba su cuerpo...

— Me sorprende la confianza que le tienes a este cuarto... —Le reclamó Draco recostado en una de las paredes. ¿Es que Harry Potter jamás aprendería? ¿Cómo se metía en aquella piscina llena de una sustancia dudosa?

— Curiosamente la magia en sí misma es la única cosa que no tiene nunca intenciones de lastimarme —Recriminó con doble sentido. Draco bufó, cruzándose de brazos, mirando la pared. Tanto blanco le estaba asqueando. Unas líneas azules comenzaron a aparecer con aparente arbitrariedad en las paredes. Junto a una saliente que parecía servir de bancos para sentarse.

Harry advirtió que sus dolores habían disminuido considerablemente, luego de estar allí por casi media hora. Volteó y miró al rubio, que se encontraba aristocráticamente sentado, con las piernas y los brazos cruzados, en una placa de concreto cubierto con cerámica que había salido de las paredes.

— Deberías entrar —Levantó sus brazos, enseñándoselos. Draco observó como los moretones del moreno ya no lo eran tanto. Le llamó la atención el lazo que tenía atado el moreno en su muñeca derecha. Se levantó de donde estaba y comenzó a desvestirse dejando, como pocas veces, la ropa regada conforme iba a acercándose al a piscina. Se adentró con cuidado en el agua, sintiéndola demasiado caliente para su cuerpo frío. No entendía como el moreno no había ni bizqueado al entrar. Se sentó allí, mirando sus manos distorsionadas tenuemente en color y forma por el agua. La piscina temblaba ligeramente y las burbujas que se creaban chocaban con sus cuerpos explotándolas y de alguna manera masajeándoles. ¿Sería que ahora sí podrían dejarles estudiar en santa paz por algún tiempo? Cerró los ojos, relajándose completamente. Necesitaba olvidarse de todo eso, sentir que Harry y él eran simplemente novios y que nadie ni nada estaba acosándoles.

Sintió que unos brazos se cruzaban en su cuello. Abrió los ojos para encontrarse a su ojiverde, colgado de él, con una linda sonrisa en los labios y los ojos rutilantes..., siendo... Harry... definitivamente de todos los Harris, que Harry podía ser, aquel era el que más le agradaba. No sólo porque era el más natural. Si no porque aquella fase del moreno, era la que había conocido por seis años.

— ¿En qué piensas? —Le interrumpió, sentándose a horcajadas en su regazó. Colocándole sus lisos cabellos tras las orejas.

— En ti...

— ¿En mí? —Preguntó con un gesto de sorpresa bromista. El rubio suspiró, asintiendo—. Vaya, me halagas...

— Potter... —Le gruñó.

— ¿Ummm...? —Cuestionó con suavidad, dejándose caer en el cuerpo del rubio. Mejor lo dejaba así... se quedó allí abrazando a Harry, dejando que el cómodo silencio que siempre los había rodeado tomara ventaja. Besó suavemente el cuello del moreno, quien suspiró ante la caricia.

— ¿Cómo te sientes?

— Mejor que como cuando nos levantamos sí.

— ¿Y —comenzó tanteando el terreno con cuidado— ahora sí podrías complacerme e ir a la enfermería?

— Podríamos ir mañana...

— Harry... te lo pido. Aún no sabemos que exactamente hace esta agua.

— Iremos cuando yo encuentre una forma de explicar estas heridas sin evidenciarnos —Draco evitó exasperarse con la personalidad del moreno y comenzó a pensar en la hora. En frente, la hora había aparecido grande y clara. Eran las nueve de la mañana. Pues vaya que habían madrugado...

1

— Será mejor salir de aquí... —Avisó el rubio, ya teniendo suficiente tiempo allí metidos—. Aún tenemos que encontrar una manera para salir de aquí sin que te vean —El moreno lo miró con interrogación—. Potter —Escupió, cada vez siendo más difícil de controlarse—. No es una opción válida el que todos te vean desnudo —Harry lo miró con reproche pero, tenía un punto, no se había preocupado con eso y estaba seguro que las cosas que se conjuraban en la sala no podían sacarse de la misma. Y no quería averiguarlo, cuando menos no en aquella ocasión tan crítica. Podía pedir una entrada a su habitación en Gryffindor pero, ¿cómo explicaría aquello? Harry se dispuso a seguir al rubio quién ya se encontraba vistiéndose fuera de la piscina, cuando trató de apoyar la pierna para impulsarse fuera del agua, la vista se le llenó de puntitos negros y resbaló. Draco inmediatamente salió pirado hacia el lugar, para ir socorrer al moreno.

Haciendo gala de una fuerza increíble e inesperada, jaló a Harry fuera del agua y luego lo sostuvo en vilo, mientras el moreno tosía y escupía el buche de agua que había tragado por necio.

— No diré "te lo dije" ¿Estás bien? —Le preguntó preocupado.

— Sí —Respondió un tanto ahogado todavía.

— ¿Podemos ir a la enfermería ya?

— ¡Primero muerto!

— ¡Harry! Un momento... —Se detuvo en seco, teniendo una epifanía—. ¿Qué mierdas hago discutiendo contigo si no puedes caminar? Nos vamos ahora mismo a la maldita enfermería ¡y ya!

— ¡No puedes hacerme eso! ¡Bájame Draco! ¡Bájame ahora mismo!

— ¡Por Merlín! ¡Estás herido! No puedes caminar ¿y aún así me peleas?

— No quiero ir a la enfermería, no quiero tener a la gente preguntándome ¿entiendes? Y si tengo que chantajearte con no hablarte más, pues, aquí vamos...

— ¿Y qué vas a hacer? ¿Irte a Gryffindor y qué la Granger y el Weaselette te obliguen a ir a la enfermería? Porque por primera vez en la historia, no me molestaría aliármeles...

— No puedo ir a Gryffindor —Murmuró, sonrojándose, a parte del estúpido pensamiento de Draco con respecto a sonrojo de Harry se Preguntó por qué no podría?

— ¿Por que?

— ¡Todos están allá! En mi habitación... No puedo llegar completamente desnudo y amoratado...

— Cómo que en "tu habitación" ¿Potter?

— ¿Aló? Mi habitación queda en el dormitorio de séptimo de Gryffindor. ¿Como que, qué hacen en mi habitación?

— Olvídalo Potter, eres demasiado Denso para mi persona... vámonos de aquí.

— ¿Y, a dónde vamos? —Cuestionó agarrándose del cuello de ¿su novio? Al dicho empezar a caminar, para evitar caerse. Draco ni siquiera se molestó en responderle para la molestia de Harry. No sabía en que estaba pensando el rubio, pero, una puerta de metal apareció en la pared que tenían al frente. Se asomaron con cuidado para asegurarse que era el lugar en el que debían estar.

El ojiverde se sorprendió. ¿Dónde estarían? Era un cuarto demasiado grande para una sola persona, y muy pequeño para ser un cuarto de los dormitorios de las casas, había una cama matrimonial con doseles verdes. La fornitura era de madera oscura y un deje a Slytherin se sentía por todo el lugar. Draco lo dejó con cuidado sobre la cama y siguió como Pedro por su casa, dirigiéndose al escritorio.

— ¿Estamos en...? —El Slytherin se volteó y le sonrió con esa mueca tan suya.

— Pensé que ya habías adivinado eso...

— ¿Slytherin? ¿Este es tu cuarto? —El aludido simplemente asintió, para seguir buscando algo que para el moreno seguía siendo un misterio—. ¿Duermes sólo?

— ¿Qué clase de ridiculez es esa Potter? ¿Cómo que si duermo solo?

— ¡Lo siento! No te enfades ¡joder...! En Gryffindor son siete personas por dormitorio. ¡No sabía que los Slytherin tenían habitaciones individuales!

— ¡Gryffindor! ¡¡Como siempre en manada!!

— No tenemos la culpa de que ustedes sean unos jodidos antisociales... —Gruñó molesto por los comentarios deprecativos del otro.

Touché... pero, —Comenzó sugerente, acercándose con pasos felinos al moreno, un brillo de inseguridad bailoteó en sus ojos verdes, su cuerpo le avisaba que no podría soportar otro ataque pasional del veela—. Que nos guste nuestra privacidad, es otra cosa... —Harry vio que Draco ponía una muda de ropa en su regazo—. Vístete con eso, debería entrarte. Tal vez te quede un poco largo, pero, del resto no debería haber problemas... así podremos devolverte con tu jauría...

— ¿Ya te quieres deshacer de mí? —Comentó con sorna. Tratando de subirse los bóxer del rubio... maldita pierna. Miró a Draco de nuevo.

— Nunca Potter, jamás de los jamases desde esta putada de la herencia quiero deshacerme de ti. Hace unos instantes acabas de mirarme como si te fuera a cortar en pedacitos...

— Yo... Draco...

— Calla. Vístete y ya. Te ayudo a llegar.

— ¡No! Esto no se va a quedar así, porque esto sólo traerá más dificultades a la larga y nuestra relación ya es difícil de por sí. Lo siento —Se disculpó con mirada decidida, tratando de levantarse , fallando en el intento por su puesto, pero, Draco estuvo allí en un santiamén—. Es cierto, cuando te acercaste así, me entró el pánico. Pero, no es porque te tema o...

— Está bien, Harry... no hace falta...

— ¡Pero!

— No hace falta que te disculpes. Ya lo sé...

— Escucha Malfoy, sino nos comunicamos entre nosotros. Estamos yendo por mal camino. Déjame terminar... no tuve esa reacción porque te temo... cuando menos no conscientemente, pero, Draco... mi subconsciente no termina de dejarme en paz... y es tu parte veela, ¡jamás sé como va a reaccionar! —Draco besó sorpresivamente a Harry, quien abrió los ojos al máximo, apartándose.

— Ya entendí... no hace falta que te disculpes, no tuviste la culpa ¿comprendes? ¡Inclusive yo le temo a mi herencia! ¡Haría lo que fuera por no tener que ser un veela! ¡Iría al pasado y me mataría antes de nacer! ¡Cualquier cosa! ¡Esto es TERRIBLE!

— ¿In... inclusive el estar conmigo? —Pronunció con un tono bajito de voz, sintiendo como algo en su pecho se estrujaba dolorosamente. ¿Tan difícil era para el de ojos grises estar con él? Estaba bien, admitía que no fuese las mejores de las compañías... pero... ¿Tanto como para regresar al futuro y matarse? Tal vez sus tíos tenían razón y era un indeseable. Se encogió en sí mismo volviendo de nuevo de lleno a la cama. Draco volvió a serenarse y respirando profundamente se sentó al lado del moreno.

— No te voy a mentir. La primera vez que supe que eras mi pareja y que estaba atado a ti para toda tu vida, pensé que era preferible ahogarme en el lago y ser el almuerzo el calamar... pero, luego... al ver como eras... toda tu dedicación, inclusive tu estúpido lado Gryffindor... creo... creo que me gustas... digo... que le gustas a "Draco Malfoy" Joder. No sé si me explico... —Comenzó a sonar frustrado.

— ¿Le gusto al Draco que quiso darme la mano hace siete años atrás? —Concedió con timidez.

— No —Plata y esmeralda colapsaron. Harry no supo leer que había en los ojos de Draco. Draco sonrió ante la confusión de Harry—. Le gustas al Draco que te vendió a Mcgonagall por aquel Dragón del guardabosques —El Gryffindor abrió los ojos con sorpresa, entendiendo de repente a qué se refería. Un calorcito se extendió por todo su cuerpo y unas terribles ganas de sonreír se instalaron en su cerebro. Se tiró a abrazar a Draco, apretándole fuertemente, escondiendo la cara en su cuello para ocultar las lágrimas de felicidad que se deslizaban traicioneras por sus mejillas.

Draco sonrió con ternura, sintiendo una enajenada paz interior. Con delicadeza respondió al abrazo, dejando que el moreno se desahogara como mejor quisiera.

2

— Estoy bien... —Le insistió por enésima vez, saltando en un pie, para proceder a irse a su sala común. Le dio un corte beso a Draco—. De verdad, estoy bien, nos vemos luego —El rubio reviró los ojos y observó como Harry salía con sendas dificultades para mantener su equilibrio.

El ojiverde, saludó a Zabini con una mano; sonriéndole deslumbrante. Blaise, movió la cabeza negativamente en shock, cerrando los ojos con fuerza ¿Eso había sido una ilusión, no? ¡Potter! ¡En Slytherin! ¡Con ropa de Draco! Miró inseguro hacia donde estaba el dormitorio de su mejor amigo. Alejó esos pensamientos de su cabeza, el imaginarse a Potter y a Draco juntos, en una cama (o cualquier otra superficie) le ponía. No quería tener al veela en una persecución en la que su vida no sería más que un sucio microbio. Pero, aún así... Potter, debajo de Draco, todo sudoroso, jadeando. Chilló y salió pitando al ver la mirada enfurecida de su amigo.

Draco frunció el ceño al ver que Blaise se echaba a correr, literalmente, luego de verle. Alzó un ceja ¿Qué coño le pasaba al idiota aquel? Se alzó de hombros y sin darle más importancia al asunto se dispuso a darse un largo y relajante baño. Lo necesitaba... bloqueó sus pensamientos, cuando en su mente le alcanzó, ese baño, con Harry como plus, hubiese sido, simplemente, perfecto. Temeroso, dejó a su mente volar un poco más.

Su baño en la mansión, velas, espuma, un suave fondo de música instrumental, agua caliente, la piel suave y bronceada de su pareja, mojada, sus ojos verdes brillando con las luz de las velas... Un gruñido de frustración emergió desde las profundidades de su diafragma, cerró la puerta de un trancazo. Haciendo temblar lo más cercano ¡Estúpida mente! ¡El día que Potter aceptara algo como eso, se acabaría el mundo! ¡Estupido San Potter! ¡Estúpida Mente! ¡Estúpido él mismo!

3

— ¡Wow! ¡Cachorro! —Advirtió Sirius, cachándole antes de que cayera y se dañara. Observó la cantidad de ligeros moretones que se extendían por las zonas desprovistas de ropa. ¿Eso que avistaba era un chupón? (¡!) Escuchó a Harry gemir y observó que se sostenía con un rictus de dolor una de las piernas—. ¿Estás bien? ¿Que te hiciste en la pierna? —¡¿Por qué se había ido de la protección que le daba el cuarto de Draco?! ¡¿Por qué?!

— M... me caí... estaba... umm... caminando y... caí... —Harry era un mentiroso terrible, sólo como lo había sido James y antes que el merodeador, su padre y seguramente el padre de su padre... Sirius lo miró las cejas alzadas.

— ¡Vamos a la enfermería! ¿Qué si la tienes rota? —No importaba la razón. Ahora había que ocuparse de esa pierna.

— ¡NO! —Gritó espantado, tratando de huir de allí. Madame Pomfrey querría revisarle de pies a cabeza, asegurándose de que todo estaba integro orden, después de todo era su médico de cabecera y tenía un tiempo considerable que no se pasaba realmente por allá. Recordó la gravedad de las heridas de Draco las cuales habían quedado reducidas a unos rasguños. ¡No quería saber como estaba él de mal! ¡PLOF! Vio al diablo bailándole frente a sus ojos. Se encogió en sí mismo, tapándose la cara con las manos, tratando de ahogar el gemido de dolor, ante el choque eléctrico que había sentido cuando sus nalgas pegaron contra el duro y frío suelo.

— ¿Está usted bien señor Potter? —Escuchó que su profesor de Pociones le hablaba. Con todo el dolor de su alma trató de incorporarse, causándose más daño.

— Lo siento, Potter, no me había dado cuenta que estabas en medio... —Así que había chocado contra Lucius. Trató de arrastrarse para salir de allí, si Madame Pomfrey no era una opción. Encontrarse con Malfoy Padre estaba fuera del horizonte de eventos...

— ¡Harry James Potter espera allí! —Sirius estaba ligeramentemolesto. Si hubiera gritado ¡JAMES! Solamente, hubiese tenido que salir corriendo con una velocidad tres veces más rápida de la que estaba por utilizar en esos momentos—. Tienes tres segundos para decirme que sucedió mientras vamos directo a la enfermería!

Severus dirigió la vista, hacia donde Lucius tenía fija la mirada. ¿Era la muñeca de Potter? Volvió a observar a Lucius y luego siguió el camino. Potter tenía una cinta blanca, manchado con algo rojo, que bien podía simular a la sangre. Escuchó a su mejor amigo murmurar algo ininteligible. Miró unos momentos más a Potter forcejeando (y perdiendo) contra su padrino y luego miró a Lucius llamando a alguien en la chimenea.

— ¡SUÉLTAME SIRIUS! ¡AH! ¡¿QUÉ HACES!? —Severus desvió su vista otra vez hacia donde estaba el pulgoso tratando de desnudar a su ahijado, sin mucho éxito.

— ¿Cissa? ¿Princesa?

— ¿Qué sucede Lucius?

— Ya puedes ir al simposio en Durmstrang, y yo salgo lo más rápido que se pueda Nueva Zelanda a cerrar los tratos con el ministro de economía...

— ¿Ah?

— Te explico después. Ya nada hacemos aquí. Ve y arregla todo, Cissy...

— ¿Qué pasó, Lucius? ¿Y qué tiene que ver la cinta en la muñeca de Potter?

— ¡AWWW! ¡ME CAÍ, SIRIUS; YA TE LO DIJE! ¡SUÉLTAME! ¡¡¡¡DRAAAACO!!!!

Eso hizo detener en seco a todos los presentes. ¿Harry Potter había clamado por Draco Malfoy en pos de ayuda? ¡Se caía el mundo! El profesor Snape rió quedamente al ver que Potter, ni tonto ni perezoso se había aprovechado de la catatonia, para huir. Esperaba que no fuera a los brazos de su ahijado.

— ¡JAMES! ¡VUELVE AQUÍ, JODER!

— ¿Quieres compartir que sucede?

— Potter tenía la prueba de sangre y la unión colgando en el brazo —Le explicó son simpleza. El pocionista colocó una mueca de sorpresa en su cara, aunque, trató de incorporarse rápidamente.

— ¿Eso quiere decir que...? —No podía pronunciarlo en voz alta.

— Sabrá Merlín que habrá pasado... pero, parece obvio...

— No puedo imaginarme eso... demonios... no puedo... —Rezongó atormentado tratando de sacarse esas imágenes antes de que alcanzaran a su cerebro.

— Ujum —Comenzó Lucius mientras, sorpresivamente un sutil sonrojo se posó en su piel clara, que avisó a Severus que Lucius estaba a punto de salir con un cuadrangular—. La verdad, que me pone pensarlo.

— ¡LUCIUS ABRAXAS MALFOY!

— No escandalices Severus... pero... joder... será mejor que deje de pensar en eso —Auguró negro el mortífago yéndose elegantemente de allí, dejando a su amigo de la infancia en estado estupefacto... pero ¡Potter y su hijo...! ¡Su hijo y Potter...! ¡Narcisa lo mataría! ¡Tenía que alejar esa imagen mental INMEDIATAMENTE.

4

Harry se sentó al día siguiente en la mesa de Gryffindor para dedicarse enteramente a desayunar. ¡Se sentía genial! Ahora que recordaba... la razón por la cual había decidido acostarse con Draco había vuelto a su cabeza y lo había hecho terciar una mueca... y lo peor es que, lo había dejado pasar así sin más. Había olvidado el Sruth entre todo aquello. Ni siquiera podía recordar mucho de la noche. Lo único que le había quedado: era el dolor donde la espalda perdía su nombre, su pierna maltrecha; un dolor de cabeza acaecido por su borrachera y la promesa de jamás tener sexo con Draco borracho (de no tener sexo con Draco en ningún estado de su existencia).

— Buenos días Harry... —Le saludó Hermione, aún parecía cansada. Seguro que ayer no había tenido mucho descanso que se dijera.

— Buenos días, Hermione... ¿Cómo amaneciste?

— Pues, veo que tú; de buen humor...

— ¿A qué viene eso? —Le preguntó frunciendo el ceño.

— ¿Cómo que a que viene eso? ¡Todos los días que estás atravesado lo único que sale de tu garganta es un gruñido de perro! —Le recriminó, ahora que tenía la oportunidad—. ¿Encontraste una manera de deshacerte de Draco? —Aquel comentario insinuante lo había hecho enrojecer furiosamente y logrado que su mirada se enfocara en el plato—. ¿Harry?

— Buenos días —Se metió otra persona antes de que Hermione o Harry pudieran agregar algo más. Los dos miraron hacia la derecha... era Draco Malfoy.

— Buenos días, Malfoy ¿Qué sucede? —Esa había sido la prefecta.

— Ya pasó un día, tal y como querías. Ahora. ¡VAMOS a la ENFERMERÍA, YA! —La castaña alzó una ceja y el moreno volvió a terciar una mueca. Por suerte nadie le estaba prestando atención todavía.

— ¡Estoy bien! —Masculló cada letra, no había logrado huir satisfactoriamente todo el día de ayer del psicótico de su padrino, para que de repente viniera el veela e hiciera su voluntad.

— Escúchame bien, Potter —Le amenazó, con una mirada nada agradable, acercándose peligrosamente—. Puedes venirte por la buenas o te puedo asegurar que armaré un escándalo...

— ¡Atrévete! —Le retó comenzando a sentir que el mal humor lo invadía. El rubio hizo un ademán de cargarlo pero el moreno fue más rápido, volviendo a resentir la pierna en el proceso.

— ¡Señor Black! ¿Puedo saber por qué me ha sacado de mis labores en la enfermería y traído al Gran Comedor? —Le regañó como siempre de puntillosa la enfermera de Hogwarts.

— ¡Allí está! —Señaló Sirius a Harry quien seguía intentando huir del veela—. ¡¿Creíste que te escaparías de mí?!

— ¿Cómo no se me ocurrió eso antes? —Ese había sido Draco, quién se ganó una mirada matadora por parte del ojiverde.

— ¿Sirius? ¡¿Te has vuelto loco?! ¡¿Has perdido la cordura?! ¡Estamos llamando la atención! —Criticó molesto, muy molesto. ¡Volvía a ser el centro de atención del Gran Comedor! Miró hacia la mesa de los profesores. Snape reviraba los ojos y Dumbledore disfrutaba como siempre del espectáculo.

— Entonces, ven acá y nadie saldrá herido...

— ¿Los años en Azkaban por fin te alcanzaron? ¿Estás tonto?

— Vamos a la enfermería —Le ordenó Draco. Agarrándole por los brazos, obligándole a caminar—. Ni una palabra más Potter, o no te dejaré ni siquiera caminar... —Advirtió el rubio en la oreja de Harry, quien tuvo que seguir caminando, no iba a quedar en una posición muy decorosa si el veela decidía alzarlo el vilo y llevárselo a la enfermería.

5

Harry moría de la vergüenza... literalmente... como una crónica anunciada, la enfermera no se había quedado en arreglar sus problemas más superficiales, sino que había hecho un chequeo completo. Bueno, casi... por suerte no había llegado hasta aquel lugar. Poppy tomó la muñeca de Harry, probablemente quería tomarle el pulso...

— Oh... —En su cara un gesto de comprensión apareció luego de ver aquella cinta blanca manchada de rojo.

— ¿"Oh", qué? —Le soltó de mala gana. La enfermera sonrió, condescendiente.

— Supongo que el joven Malfoy sólo estaba preocupado por ti, Harry... —¡Lo sabía! ¡Ella lo sabía! ¿¡Cómo mierda se había enterado?!

— Creo que no comprendo, como le dije, iba por allí y me caí.

— Claro, Harry... ummm, bueno. Ten. Esto te hará sentir mejor. 15 cc, cada ocho horas. ¿Está bien?

— Supongo —Murmuró mirándole desconfiado. Se bajó de la camilla, sintiéndose liberado del dolor de la pierna, la cual ya había sido curada. Se disponía a irse de allí cuando la voz de la enfermera lo hizo voltear de nuevo.

— Por cierto Harry...

— ¿Qué sucede, ahora?

— Felicidades, hijo —Sorprendiendo a Harry, le abrazó cariñosamente—. Tómate eso y duerme un rato.

— Tengo clases.

— Duerme un rato —Le ordenó mirándole feamente. El ojiverde carraspeó y asintió. ¡No entendía nada de nada!

TBC