Capítulo 19

Al día siguiente todos los del equipo de fútbol ya sabían la buena nueva, que Paola volvería a ser la mánager del equipo, aunque ella muy emocionada no se veía. Se encontraban en clases de inglés, cuando el profesor repentinamente le dijo a Kazuki que después de la compañera que estaba participando, a él le tocaría leer e interpretar la frase del ejercicio número 3, así que debía prepararse. Evidentemente Kazuki estaba en la luna, con la mente muy lejos de allí, por lo que lo habían agarrado en curva. No supo qué hacer, ese profesor era bastante estricto y no podía permitir que le diera una de sus tan acostumbradas tareas kilométricas "para repasar lo que le costaba aprender" si iban a estar fuera del colegio por una semana. Estaba decidido a resignarse y decirle que no podía hacerlo, cuando vio aparecer un papelito sobre su pupitre. Lo abrió y reconoció la letra de Paola, por lo que sintió una verdadera emoción. En el papel estaba escrita la forma de pronunciar la frase y lo que significaba en japonés. Cuando le tocó el turno, Kazuki disimuló bien el papel y cumplió exitosamente con la tarea. Al sentarse se sintió bastante complacido, más que por haberlo hecho bien, porque Paola lo había ayudado, lo que significaba que el hielo entre los dos podría romperse pronto.

-¿Vamos al comedor? –le preguntó Takeshi a Paola durante la hora de descanso

-No, prefiero quedarme aquí, igual no tengo hambre –dijo quejumbrosa, echándose sobre su mesa

-Bueno, nos vemos luego entonces –dijo Takeshi, marchándose tras los demás

Paola seguía sintiéndose cansada, peor con la idea de tener que estar con el equipo de fútbol por toda una semana. De repente sintió algo sobre su antebrazo, levantó la cabeza y alcanzó a ver a Kazuki saliendo a toda prisa. Cuando miró hacia su antebrazo, vio que su amigo le había dejado una caja de Pocky*. Conmovida, se incorporó, agarró la caja y se quedó contemplándola por unos minutos. Luego salió con rumbo a la azotea. Una vez allí vio a Kazuki sentado, viendo distraídamente el horizonte. Sintió un nudo en el pecho, respiró profundo y caminó hacia él.

-Estos rosados no me gustan, son muy ñoños –dijo Paola sobresaltándolo, extendiéndole la caja

Kazuki la miró sorprendido y luego no pudo evitar esbozar una sonrisa.

-No seas quejona, rosados o negros saben igual –respondió Kazuki, mirando nuevamente hacia el horizonte

-Claro que no, y aunque el sabor sea similar, no me gustan estos –siguió reclamando ella, sentándose junto a él

-Cómetelos, sabes que te gustan –dijo él cariñosamente

Paola suspiró sin saber qué más decir, abrió la caja y se puso a comer en silencio.

-Gracias por ayudarme. Si no eras tú el profesor me iba a ahogar en tareas –dijo Kazuki casualmente

-De nada, pero me deberás una –contestó Paola

Se quedaron nuevamente en silencio. Paola giró la cabeza para mirarlo, realmente le dolía la discusión que había tenido con él días atrás, y no sabía cómo hablar del tema.

-No me siento bien –dijo de pronto ella con tono cansino- ¿Me prestarías uno de tus brazos de peluche? –preguntó tímidamente

Kazuki la miró de reojo bastante conmovido. Sabía lo orgullosa que era su mejor amiga y lo que debía estar costándole tratar de dejar su enojo atrás para acercarse así a él, de propia iniciativa.

-Claro que te lo presto –le dijo él con cariño, permitiendo que Paola le abrace el brazo

Paola reclinó su cabeza en el hombro de su amigo, abrazando su brazo. Sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas porque, como nunca antes, hablar con Kazuki no estaba siendo fácil.

-Perdóname –dijo él de la nada, bajando la cabeza apenado- Realmente lamento mucho haberte lastimado así

-Perdóname tú a mí –dijo Paola- No pude ver que lo hiciste por mi bien. No era el modo, pero sé que no lo hiciste con mala intención

-Jamás te lastimaría a propósito –admitió Kazuki apenado

-Yo lo sé –contestó ella, limpiándose los ojos- Tú perdóname por haberte golpeado –le pidió, abrazándolo con más fuerza

-Me lo merecía –admitió su amigo con una media sonrisa

-Perdóname Eirina –dijo Paola sollozando, abrazándolo por el cuello, descargando toda la frustración que había estado acumulando- Perdóname…

-No tengo nada que perdonarte, tú perdóname a mí –dijo él, abrazando a su amiga

Cuando Naoko se enteró que Paola finalmente había hecho las paces con Kazuki se sintió muy contenta. Sin embargo faltaba el paso más difícil (según su opinión) que sería aclarar las cosas con Ken. Lastimosamente sabía que ahí sí ella no podría orientar demasiado a su amiga, porque ella debía resolverlo sola.

Si bien el resto de la semana Paola trató de no evitar a Ken cuando coincidían en el comedor, porque no quería hacerlo sentir como si lo odiara, porque no era cierto, ella se sentaba lo más alejada que podía de él. Lo cierto es que no se alejaba porque siguiera molesta, sino porque le daba mucha vergüenza verlo, como un típico caso de ponerse nerviosa cuando se está cerca del chico que te gusta. Y es que sabía que era por eso, aunque le parecía ridículo porque Ken y ella eran amigos desde hace mucho, y no era que no se conocían, pero aun así no podía evitar la vergüenza. Por otra parte, él sentía que Paola hacía eso porque seguía molesta con él, pero no quería incomodarla forzando un acercamiento con ella.

El día sábado llegó, y con él la partida de los del equipo de fútbol hacia los lugares de concentración donde se alojaban los equipos finalistas de cada región para disputar el campeonato nacional. Aunque el Toho se encontraba en Tokyo, debido a las distancias, y también por cumplir el protocolo, debían igualmente ir a concentrarse como lo hacían los equipos llegados del resto del país.

Los amigos de Paola habían sido adoctrinados (más bien amenazados) por Kojiro y Takeshi para que no se les ocurriera estar indagando acerca del problema que ella, Kazuki y Ken habían tenido en días pasados. No podían arriesgarse a que la chica renuncie, ya que bastante le había costado al capitán del Toho convencerla de aceptar nuevamente el exigente puesto de mánager. Por su parte, Kazuki ignoraba de pleno los cuestionamientos de los curiosos, sonriendo sarcásticamente y respondiendo con un meloso "espero que todos demos nuestro mejor esfuerzo en el campeonato nacional n_n".

Los jugadores iban subiendo de a poco al bus que los llevaría al lugar donde debían concentrarse. Cuando Paola llegó vieron que venía sólo con un maletín colgado en el hombro.

-Impresionante, según sabía las mujeres viajan siempre con un montón de cosas pero veo que eres la excepción –dijo Kojiro asombrado- Te felicito

-Gracias –sonrió ella ante el cumplido- Aunque este maletín no es mío, es de Furuta. Él viene allá atrás trayendo mi maleta –añadió, señalando a su amigo que venía jalando dificultosamente una enorme maleta con ruedas

-¿Alguien te dijo que te estabas mudando a vivir por un mes al lugar de concentración? –preguntó Kojiro sarcásticamente al ver el tamaño de la maleta de la chica

-No, pero nunca se sabe cuándo puedo necesitar una muda más de ropa u otro par de zapatos en específico –aclaró Paola sin inmutarse- Déjala aquí, y si puedes ayúdame a ponerla en el buzón de equipaje –le indicó a Furuta que venía cansado por el trajín- Anda capitán, échale una manito para meter la maleta

-Ay Dios… -murmuró Kojiro resignado ayudando al otro chico. La había felicitado muy pronto.

Luego de que la maleta y todo el demás equipaje estuviera acomodado, Paola siguió a Kojiro y Furuta, que eran los últimos en entrar al bus, ya que los demás ya se encontraban adentro ocupando sus lugares respectivos.

-Buenos días entrenador –saludó Paola respetuosamente, inclinando la cabeza

-Me alegra ver que no te echaste para atrás –le dijo el hombre con sinceridad

-No, cómo iba a dejarlos colgados sin ayuda –respondió Paola entre dientes, mirando de reojo a Kojiro que fingió demencia- ¿Puedo ir a sentarme atrás? –preguntó entusiasmada, evitando ponerse nerviosa al ver que Ken estaba sentado muy cerca de donde ella estaba parada

-¡Aquí no hay espacio! –gritó Shimano desde atrás

-¡Es verdad, no hay! –lo secundó Koike

-Pero si ahí estoy viendo claramente unos asientos vacíos –replicó Paola aguantando las ganas de decirles su vida en verso

-Es que queremos ir cómodos –alegó Imai cínicamente, extendiendo sus piernas sobre el asiento aledaño- Tú sabes, tenemos que llegar bien descansados

-Yo no ocupo mucho espacio, y si quieren ponen sus piernas sobre las mías –ofreció Paola intentando no perder la paciencia

-Por qué no te sientas aquí adelante, más cerca del entrenador –sugirió Kojiro con una sonrisa maliciosa, y Paola lo fulminó con la mirada- Atrás siempre es un escándalo

-No me molesta el escándalo –respondió Paola con una sonrisa forzada

-Hyuga tiene razón –dijo el entrenador, y a Paola le dieron ganas de bajarse del bus- Siéntate por aquí adelante. Mira, al lado de Wakashimazu hay un asiento libre –añadió, señalando el asiento vacío junto a Ken que lo miró con los ojos como platos, mientras Paola sentía como si le hubieran echado un baldazo de agua fría encima

-Pero… -trató de alegar Paola

-Anda, anda Wakashimazu, no seas tan descortés –le dijo Matsuki desvergonzadamente, tocándole el hombro por detrás- Muévete para cederle el asiento a la señorita mánager

-Sí Ken, deja que Paola se siente contigo –le pidió Takeshi con inocencia, y su amiga pensaba dramáticamente "tú no Takeshi, ¡tú no!"

-Vamos Paola, siéntate con Ken –le insistió Kojiro con una sonrisa cínica

-¿Te vas a sentar o no? –le preguntó el entrenador al ver que la chica no se movía- Ya tenemos que irnos

-¿No puedo ir parada? –inquirió Paola en tono de súplica, sintiendo su cara arder- Las piernas se me acalambran cuando voy mucho tiempo sentada

-Pero qué cosas dices –dijo el señor Kitazume divertido- Cómo vas a ir parada. Siéntate de una vez

Paola buscó la mirada de consuelo de alguien, pero no la encontró. Kazuki fingía dormir, con sus lentes de sol puestos y sus audífonos encendidos. Los demás reían por lo bajo divertidos ante la bochornosa situación de Paola: podían no saber bien lo que había pasado, pero algunas luces tenían acerca de que algo le ocurría con Ken. Jurando que sería la última vez que ayudaría a Kojiro y a los demás, tomó aire profundamente y se acercó a Ken, quien sin mirarla se puso de pie y le hizo un gesto cordial con el brazo para que pasara, mientras las risitas dizque disimuladas de sus amigos se incrementaban en intensidad.

-Voy a envenenarlos con aceite de camión –pensó Paola amenazante, con la cara súper roja de la vergüenza, sentándose en el asiento que daba hacia la ventanilla

-Bueno, vámonos por favor –pidió el entrenador al conductor y el bus comenzó a avanzar

-Eh, si…si quieres salir al pasillo para estirar las piernas sólo me lo dices –dijo Ken tímidamente sin mirar a Paola, que sintió escalofríos cuando escuchó la voz del chico

-Bi…bien –balbuceó Paola con la cara roja nuevamente, sin quitar la vista de la ventanilla

Pasaron unos cuantos minutos, que para Ken y Paola fueron una eternidad, cuando Koike se levantó para hablarles a todos.

-A ver muchachos, escuchen -comenzó a decir como si se tratara de un discurso ante las masas, levantando los brazos para llamar la atención de los demás- Yo considero que para reforzar nuestro compromiso de mantener el equipo unido, como muestra de nuestro apoyo mutuo y sentimiento de hermandad…deberíamos abrazarnos los unos a los otros en este instante, comenzando con nuestro compañero de al lado –agregó cual pastor evangélico, siendo aclamado por sus demás compañeros, mientras Paola y Ken se querían morir y a la vez los querían matar

-Dejen de estar diciendo tonterías –los reprendió el entrenador, con una disimulada sonrisa ante la ocurrente moción

-Bueno, si no nos deja porque es muy conservador, al menos que Paola demuestre su compromiso con el resto del equipo abrazando a su compañero de asiento –sugirió Matsuki cínicamente- Ella es mujer y es la nueva mánager, qué más que demostrarnos su apoyo con un gesto así –añadió, y los demás lo apoyaron cual seguidores de un partido político

Kojiro veía de reojo, bastante divertido, la cara de bochorno de aquellos dos, mientras Takeshi los miraba con pena por la situación embarazosa por la que estaban pasando. El entrenador, que ya estaba comprendiendo la intención maquiavélica de sus jugadores para con la pareja, reía para sus adentros.

-Ya dejen de molestarlos –les dijo tranquilamente el señor Kitazume- O se van a poner más rojos de lo que ya están –comentó sin mala intención, aunque por la burla general que se desató comprendió que había sido malinterpretado

-Espero que el Furano salga campeón del torneo –pensó Paola molesta, apretando los puños, mientras Ken trataba de disimular su incomodidad tomando un poco de agua

El viaje prosiguió, el tráfico en Tokyo era realmente bastante pesado. Parecía que llegar hasta el lugar donde debían hospedarse iba a tomar más tiempo del esperado. Paola, que se había levantado temprano debido a la ansiedad que le producía el viaje, estaba comenzando a sentir los efectos de su madrugador despertar. El sueño comenzó a vencerla y cabeceaba mientras intentaba no dormirse. Ken, mientras tanto, miraba distraído por el vidrio delantero del bus, deseando que avanzara más rápidamente. Al notar lo que pasaba, Kawabe le dio un codazo a Matsuki, que estaba sentado justo detrás de Paola, para que viera hacia adelante. Matsuki se levantó un poco y vio de qué hablaba su amigo. Ambos intercambiaron maquiavélicas miradas cómplices.

Disimuladamente, Matsuki deslizó la mano por el espacio entre la cabecera del asiento de Paola y el costado del bus. Paola comenzó a cabecear nuevamente, y cuando su cabeza estaba por llegar a apoyarse contra la ventanilla, Matsuki la empujaba suavemente hacia el lado contrario como si se tratara de una pelota. Tal era ya el estado de estupor de la chica, que no se dio cuenta de lo que pasaba. En una de esas Matsuki impulsó con más fuerza la cabeza de Paola, que acabó apoyándose al otro lado…sobre el hombro de Ken. Al sentir la cabeza de Paola sobre su hombro, Ken se quedó petrificado. La miró de reojo, comenzando a sentir cómo el corazón le latía más rápido. Mientras tanto Matsuki y Kawabe reían por lo bajo ante su exitosa empresa.

Paola estaba de lo más cómoda, creyendo que estaría yendo en tren apoyada en el hombro de uno de sus amigos y que de un momento a otro la despertarían para decirle que ya habían llegado a su parada. Pero entonces, así entre sueños, se dio cuenta en dónde tenía que estar, y que en todo caso el hombro sobre el que dormía no podía ser más que el de…ay Dios. Se despertó bruscamente y se acomodó bien en su asiento, aclarando la garganta para disimular, con la cara y las orejas rojas.

-Pe…perdón –se disculpó sin atreverse a mirar a ninguna otra parte más que a sus manos, que movía nerviosamente

-No hay problema –contestó Ken tímidamente

Para lo que les quedaba de ruta Paola estaba con el sueño más que espantado, viendo a través de la ventanilla, mientras el resto de sus amigos se inventaba juegos para matar el tiempo y algunos simplemente dormían.

-Oye Ken, ¿y al final lograste tener una cita picante con Okami? –preguntó Koike desde donde se encontraba, es decir, uno de los últimos asientos (por lo que todos se enteraron de la pregunta)

-No –gruñó Ken, avergonzado

-No qué, no la tuviste o no fue picante –insistió el otro bastante divertido, y no era el único que se estaba riendo disimuladamente a costilla del pobre portero

-Defíneme "cita picante" –preguntó el entrenador con curiosidad

-Ya sabe entrenador, una cita así bien… -trató de explicar Koike sin pena alguna, haciendo gestos de acariciar y apretar con las manos, como si estuviera sobando una masa de pan- Bien hot pues

-Pervertidos… -murmuró Paola por lo bajo, bastante molesta

-Ah, ya veo –dijo el señor Kitazume acomodándose los lentes incómodo, pensando que no debía haber preguntado

-¿Entonces? La tuviste o no –siguió insistiendo Koike

-Sí, dinos –lo secundó Shimano

-No, no tuve ninguna cita con Sora –aclaró Ken molesto

-¿Ah no? Yo pensé que sí, que ya le habías dicho que te gusta y todo, porque te gusta ¿no? –preguntó Imai con una sonrisita maliciosa

-No pienso hablar de eso en este momento –respondió el interrogado, queriendo que la tierra se lo trague o que al menos se trague a los preguntones

-Por mí no te sientas incómodo –aclaró el entrenador con sinceridad y sin segundas intenciones- Pueden hablar de eso si quieren –añadió, y Ken se quería morir

-¿Ves? El entrenador nos dio el visto bueno –se entrometió Matsuki, apoyándose en el asiento de adelante- Dinos

-No tuve ninguna cita con Sora ni pienso tenerla –dijo Ken intentando no perder la paciencia, mientras Paola también se sentía incómoda con aquél interrogatorio, porque temía que en cualquier momento comenzarían a involucrarla a ella en el asunto

-Ohhh, qué pena, si se veían tan bien juntos –dizque se lamentó Imai

-¿Puedo salir? –preguntó Paola con evidente enojo mal disimulado, sin mirar a Ken. Creía que al salir se sentiría menos ahogada al tener que escuchar las cosas que estaban diciendo sus amigos

-Eh…claro –respondió él, parándose para dejar que ella pasara

Paola salió de su asiento y se fue a parar en el pasillo, dándole la espalda a todos.

-¡Es cierto! –dijo de repente Shimano, como si hubiera recordado algo sumamente importante- Como es la primera vez que Paola irá con nosotros como mánager tendrá mayor acceso a los jugadores de los otros equipos –agregó hecho el sabio

-¿Y eso qué? –gruñó Paola, volteando a verlo

-Que podrás ver a Izawa –respondió Shimano con una cara de supuesto conmovido

-¿A Izawa? –preguntó Takashima extrañado- ¿Y por qué a él precisamente?

-¿Qué no se acuerdan? –insistió Shimano fingiendo inocencia- Paola nos contó que de niña Izawa le gustaba –les recordó, mientras Paola abría los ojos como platos- Ahora que ha crecido debe estar de mejor ver, ¿no?

-Sí, sí, pues sí –lo apoyaron un par de los demás, mientras Ken respiraba profundo para no reaccionar

-Qué kawaii. Quién les dice y se vuelve a enamorar de él –comentó Kawabe burlón- Ay, mamita, enamorada de un rival, qué linda historia de amor puedes tener –le dijo a Paola en tono meloso

-¡Qué historia de amor ni qué historia de amor! –se quejó Paola avergonzada, su cara ya estaba de todos los colores porque lo que habían dicho era cierto, pero nunca le había contado eso a Ken y no se atrevía a mirarlo

-Si el amor es sincero, nosotros no nos opondremos –dijo Matsuki seriamente (dizque)- Aunque sea precisamente el segundo capitán del Nankatsu

-Ay, gracias –dijo Paola sarcásticamente- ¡De qué rayos están hablando! –reaccionó exasperada

-De que Izawa te gustaba cuando eras niña –aclaró Furuta, en su conocido tono neutral

-¿Es cierto? –preguntó Kojiro curioso

-No pueden preguntarle esas cosas –reclamó Takeshi- Respeten su privacidad

-Cuál privacidad, si eso es de conocimiento general –se burló Koike

-No, porque nosotros no lo sabíamos –alegó Takeshi con inocencia

-Ah claro, es que ustedes no sabían que a Paola le gustaba Izawa –remarcó Imai con burla mal disimulada- Ni tú, ni Kojiro…ni Ken –puntualizó con malicia

-¡Ya basta! –exclamó Paola enojada- Si siguen molestándome me iré de regreso al Instituto –amenazó, mientras los demás aguantaban la risa cínicamente

-Nadie te estaba molestando, sólo nos enteramos de algo que todos, menos nosotros tres, sabían. Algo muy interesante, por cierto –dijo Kojiro tranquilamente- Con que Izawa, ¿eh? -agregó, mirando divertido a Ken que apretaba los dientes y miraba hacia abajo

-Mejor me siento –gruñó la chica, acercándose a Ken, que esta vez no se paró inmediatamente. La miró acusadoramente de forma fugaz, para recién ponerse de pie y permitirle que pase

Después de tantos cuestionamientos y novedades no tan buenas, lo que faltaba del viaje Paola y Ken fueron sentados de forma que se daban la espalda el uno al otro, sintiéndose bastante ofendidos. Cuando finalmente llegaron a su destino, una especie de casa grande antigua que fungía como hospedaje, todos bajaron a recoger su equipaje respectivo.

-Ya vengo –les dijo el entrenador, que entró a hablar con el administrador

-Tú lleva esto, yo llevaré tu maleta –le dijo Kazuki a Paola, que se había contenido durante su travesía en el bus de meter más leña al fuego, ya que recién estaba reconciliándose con Paola y ella no se lo perdonaría. Pero de que le había picado la lengua por añadir algo más a todo lo dicho por sus amigos respecto a Izawa, pues le había picado.

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N.d.a.: *Los Pocky son unas galletas en forma de palito cubiertas con chocolate.

Paola Wakabayashi es un personaje creado por mí, así como Sora Okami, Naoko, Tsubaki, Darío Boragno y Matías Dugatkin.

Los personajes de Capitán Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi y Shueisha.

¡Hasta el próximo capítulo!