—Cher, cher... espera. Verás, tengo la obligación... moral y mental de hablar con el imbecile de tu... frère. Dieu, ¿no te da horror llamarle así? —cara de desagrado—. Quiero hablar con Autriche. Te importaría molestar un poquito a Espagne y bailar con él mientras tanto? Luego iremos por la cerveza.

—Con... eh? Ah... —insisto en lo elocuente.

—Venga, s'il vous plait —pide sonriendo, caminando de espaldas y tirando de el hacia los novios.

—Ja, ja... no he bailado con él, no pasa nada —se encoge de hombros—. Ah, dile al señorito que mi bru se queda con ellos esta noche, con Italien, que vendré por él mañana...

—Ohhh... ¿¡se va a quedar aquí?! —Francia levanta las cejas, porque no había pensado en lo absoluto en el asunto del niño—. Vaya, ¿y el hermano mayor donde va a pasar la noche?

—Pues... —se sonroja pensando lo que quieres que piense, sí, transparente como el agua cristalina. Francia se ríe de buena gana apretándole la mano y le pone una mano en los labios, acercándosele. El sajón parpadea echándose un poquito atrás, de la impresión

—Mais oui... yo estoy pensando exactamente en lo mismo —asegura en un susurro.

Risa nerviosa.

—Anda, que entre más rápido termine con esta desagradable parte... mejor —asegura sonriendo y tirando del albino hasta llegar al lado de España y Austria, tocándole el brazo a este último y haciendo un rocambolesco y muy pomposo gesto.

Ambos se detienen y le miran, España levanta las cejas.

—Querría tener el honor de compartir con usted esta pieza, monsieur —pide Francia con una sonrisa extremadamente particular y peligrosita en los labios hacia Austria, claro.

—¿Conmigo? —España vacila por la petición y nota a Prusia de reojo, frunciendo el ceño—. ¿Ha pasado algo? ¿está bien? —pregunta con tono urgido en un medio susurro tomándole del brazo con rapidez y alejándole un poco de Austria... que parpadea y mira a Prusia de reojo.

Francia parpadea y mira a España un poco sorprendido, recordando de inmediato el asunto de romano.

—Heil —sonríe Prusia con su sonrisa peligrosa, saludando al austríaco, que entrecierra los ojos no tan cómodo ni feliz con esa cara.

—No he podido... yo... ¡ha sido un desastre! —se pasa una mano por el pelo agobiado el español, susurrando para Francia—. Ni siquiera he podido mirarle, Austria casi se da cuenta. He tenido que llevármelo y... y...

—Estaba intentando sacar a tu marido a bailar, cher —explica con voz tranquila—. Y non, no ha pasado nada terrible, estaba comiendo tarta hace un minuto, más tranquilo.

—Está... ¡Oh! Espero que no lo haya echado todo a perder. Como intente marcharse de nuevo esta noche... —aprieta los ojos realmente agobiado.

Francia le sonríe una sonrisa especial y se humedece los labios levantando una mano y acariciándole la mejilla. España le mira a los ojos desconsolado.

—No va a irse a ningún lado —asegura—, y tú eres un pervertido.

—¿Qué? —levanta las cejas.

—Eres un pervertido absoluto —sonríe—. Ahora déjame bailar con tu virginal marido.

—No soy un pervertido... ¿En serio está bien? —le busca por la sala y luego nota el asunto virginal—. Pásate un pelo y me oyes —palmada en el culo. Francia se ríe contento.

—Eres más que un pervertido... Y ya te oigo desde ahora —le da un codacito—. Podría estar peor... ¿Tú estás bien?

El español le mira y se muerde el labio

—Da igual como esté yo, yo me lo merezco.

—¿Así de mal estás?

—Francia... casi le... el puñetero día de mi puñetera boda. Debe haber un puñetero infierno especial para mi —le mira desconsolado de nuevo.

—¿Uno especial para los pervertidos con buen culo? Cuando muera te acompañare ahí y la pasaremos muy bien —se ríe persignándose.

—No... uno para los... Dios mío de mi vida que cuidas de mí en el cielo —reza.

—Eres adorable... —se ríe—, y pervertido

—Deja de marearme y dime que lo habéis calmado, ¿está con su hermano?

—Non... Belgique

—Oh... bueno... ojalá pueda volver a mirarle a la cara algún día.

—No me obligues a hacer que lo hagas ahora

—¿Ahora? No, no, bastante por hoy, gracias.

—Vas a dejarme bailar con tu hombre ¿entonces? Te presto al mío...

—¿Qué? Sí, sí, vale... lo que quieras.

—Solo un favor... Te diga lo que te diga no lo mates, ¿vale? —pregunta sonriendo y mirándole a la cara.

—¿Eh? ¿A quién?

—A mi chico de los ojos rojos —beso rápido en los labios, palmada en el culo.

El español se deja mirándole de reojo... está... bailando con Austria. (Todos hacemos mijijijiji). Los dos muy tensos y ligeramente sonrojados, con los ojos cerrados, pero el moreno ha decidido que no podían estar ahí en medio detenidos nada más, que eso es una pista de baile y ha insistido aún más en ello al ver la incomodidad del albino al respecto.

—Vaya... Veo que odio odio fraternal no se tienen —comenta Francia inclinando la cabeza

—Esto... no me lo esperaba —asegura España y frunce un poco el ceño con el sonrojo.

—Están sonrojados —hace notar Francia, ni lento ni perezoso. España le fulmina enfadado ahora.

—No me ayudas.

—Vengaaaa, también el tuyo tiene una cara de desagrado que no puede con ella —se ríe abrazándole de la cintura.

—¿Y eso que tiene que ver? Recuérdame que te dibuje la cara que pone el cejas cuando te ve —se acerca para separarles.

Francia sonríe haciendo los ojos en blanco y yendo tras él. Ambos se sueltan, agradecidos, Austria se acerca cínicamente al español. El francés sonríe falsamente pasándose una mano por el pelo.

—¿Me concedes esta pieza, entonces? —pregunta más o menos desinteresado, mirando a Austria y extendiendo la mano hacia él.

Austria mira a España y luego a Prusia con una mirada de advertencia, finalmente levanta la nariz con su cara de huelepedo familiar y le toma la mano con suavidad.

El francés le echa una furtiva mirada a Prusia, le cierra un ojo y toma la mano de Austria otra vez con un movimiento pomposo de muñeca

Y cualquiera que los vea debe maravillarse de lo extrañamente parecidos y a la vez diametralmente distintos que son. Francia no pierde un instante en ponerle una mano en la cintura.

Austria pone los ojos en blanco con esa decisión pero igualmente se deja en una postura tensa y distante.

—Bonjour... Mi querido cuñado —saluda Francia empezando a moverse.

Austria tuerce el morro siguiéndole porque no es una palabra ni una posición que le guste.

—¿Qué quieres, Frankreich?

—Bailar con el novio una pieza el día de su boda, felicitarte... —le acerca un poco hacia si de manera considerablemente medida, un poco tenso también pero es la fuerza de la costumbre.

—Bien, danke —responde tirante y sin ni un ápice de agradecimiento real, sin dejarle que le acerque. El francés frunce el ceño e inclina un poco la cabeza.

—¿Sabes? Voy a serte sincero... Estaba genuinamente feliz porque se casara, sinceramente feliz porque él está feliz y tenía bastante buena intención en tratarte como parte de la familia... —sonríe para nada sincero.

El austriaco le mira fijamente a los ojos, de manera bastante intensa porque no ve bien y aun no usa gafas. El francés hace que den una vuelta, con bastante gracia ambos sosteniéndole la mirada

—Sé de lo que hablas, lo lamento, mi postura al respecto es inquebrantable —sentencia serio sin lamentarlo en lo absoluto. Francia hace los ojos en blanco.

Los ojos violetas le miran, medio desinteresado.

—Si acaso sigo esa prohibición estúpida que has tenido a bien imponer.. —le mira serio—, creeme que no va a ser por ti. Va a ser por ÉL.

—No tengo nada que hablar contigo al respecto de eso, Frankreich.

Francia sonríe de lado.

—¿Tanto te molesto? —pregunta acercándose un poco a él.

—Ni me molestas ni me dejas de molestar —se separa, nerviosito.

—Oh, vaya. Te tomas demasiadas molestias como para que te dé lo mismo —se ríe encantador, haciendo que den una vuelta y acariciándole con el pulgar el dorso de la mano que tiene detenida un poco en alto.

—Me tomo molestias con mi marido, no contigo —ignora el asunto esperando a que se acabe la canción cuanto antes.

—Algo me dice que esta va a ser una larga historia de encuentros y desencuentros, amores y desamores... —susurra el francés, arrugando la nariz realmente inconforme con la falta de reacción del austriaco. Se humedece los labios y desvía la mirada esperando también a que la canción se termine cuanto antes—. Vas a arrepentirte de esto...

Una muy ligera sonrisita se pinta en los labios del austriaco. El francés no se molesta en mirarle, aunque SABE perfectamente bien que su propia declaración debe alegrar al austriaco.

—Y tu tontería mayor es creer que solo me jodes a mi... —concluye haciendo los ojos en blanco cuando se acaba la pieza antes de hacer una reverencia a la usanza, agregándole de su cosecha el llevarse la mano del austriaco a los labios, dándole un beso en los nudillos y mirándole a la cara.

Austria hace la reverencia homonima con igual de pompa y elegancia sosteniéndole la mirada igual.

—Bien, disfruta la noche, cher... y no le muerdas el cuello, que no le gusta —sonríe cerrándole un ojo, soltándole y buscando a España y Prusia, que está parpadeando sonrojadito mientras España sonríe de lado

Francia sonríe también pasándose una mano por el pelo. España le mira al notarlo, separándose de Prusia.

—Bien, te lo devuelvo, mon amour... sano y salvo —asegura el francés hacia España sin mirar a austria.

—Completamente virgen —susurra España pasando a su lado directo a Austria.

—COMPLETAMENTE virgen —asegura Francia con desagrado mirando a Prusia y cerrándole un ojo.

—Me refiero al de ojos rojos —le guiña el ojo. Francia se ríe.

—Ya te lo he dicho —replica acercándose al albino y girando a mirar a España, que sonríe sin añadir nada, dirigiéndose a Austria.


Ala! Ahora hasta un poco de PruAus y todo... ¿por qué no montais una orgia directamente?