Alzó su brazo izquierdo lentamente para admirar una vez más la fina seda del kimono que le habían entregado para cambiarse. Luego alzó la vista hasta el espejo de marco de roble, cuyo reflejo le entregaba no sólo una vista de ella misma sino también de la sirvienta que le ayudaba a ajustar el nudo del obi en su espalda.

—¿Desea perfume de durazno, jazmín o rosas, Temari-san? —preguntó la joven.

Temari reaccionó tardíamente a la pregunta. Decidió no molestarse por tener que responder a algo tan tonto y sólo decidió al azar.

—Perfume de rosas está bien.

Volvió a observar su habitación, era una estancia magnífica. Un amplio cuarto de estilo japonés clásico, en el que el estar-comedor y su dormitorio con su propio baño se separaban por una pared de paneles de papel de arroz y puerta corrediza, todo decorado con lujo de emperador. O emperatriz, sea el caso… Paneles de papel de arroz pintados a mano, tablones de madera oscura en las paredes, muebles de artesano, cojines y colchas de seda, pendones ilustrados con paisajes de tinta china y leyendas de poemas en rojo y negro de exquisita caligrafía, ornamentas de diseños intrincados adornando la arquitectura, piso lustroso y brillante. Estaba cargada de detalles en tonos verde oscuro y caoba, y un entrañable olor a un incienso que jamás había sentido antes flotaba invisible en el aire. La estancia la abrumaba, la confundía. Lejos de sentirse acogida, había algo en sus excéntricas comodidades que le punzaba el corazón, haciendo que se sintiera ahogada.

La sirvienta entonces fue hasta un aparador cercano y tomó una botella de perfume. Temari suspiró suavemente mientras era rociada de la dulce fragancia, sin poder quitarse de la cabeza las mil y un preocupaciones que la tenían consternada.

Curiosamente, al percibir el olor a rosas se sintió aunque sea un poco reconfortada.

—¿Qué hora es, Aya?

—Usted salió del cuarto de baño a las doce y media, así que deben ser la una menos un cuarto, más o menos. ¿Segura que no le duele la cabeza, Temari-san? Estuvo metida en el agua caliente demasiado tiempo…

—Estoy bien, gracias.

Pero Aya no tenía por qué saber que no lo estaba. Para empezar, era anormal que Temari se comportara tan serenamente en una situación tan funesta como aquella. ¿Platillos de gourmet y saque caliente? ¿Un baño en tina de mármol? ¿Aceites aromáticos exóticos? ¿Kimono de seda cubriendo su cuerpo y peinetas de jade adornando su cabello? ¿Una sirvienta personal para asistirle en todo lo que se le ocurriera? (Aunque en realidad fuera una custodia disfrazada de criada). Y todo aquello mientras que sus compañeros aún se encontraban ahí afuera, expuestos a todos los males que casi las mataban antes de llegar al Espejismo…

No había pegado un ojo desde que habían llegado, ¿y cómo podría? Su mente estaba hecha un lío. Apenas y había comido algo. A ella y a Ino las habían separado de las demás chicas, sólo después de salir del baño le avisaron que habían sido traídas a habitaciones individuales dentro de la misma ala donde se encontraban. Le explicaron la importancia de aquella medida y eso la hizo sentir más tranquila. Agradecía infinitamente el haber podido cruzar a tiempo las puertas de la fortaleza junto a las demás. Hacía un gran esfuerzo por no caer a imaginarse las consecuencias del caso contrario. Ahora debía seguir luchando por su seguridad; aún estaba a cargo de las kunoichis de Konoha.

—Llévame a ver a Hinata.

La criada la miró serenamente a través del espejo y asintió en silencio.

x x x

La palabra 'traición' retumbaba. Dolía. La hería. Recordaba lo que había sucedido en la casona abandonada, la confesión de Sasuke, la historia que tenía que contar. Sabía de antemano de la existencia de esta tal Karin, pero…

¿Aún Sasuke mantenía relaciones con los antiguos aliados de Orochimaru?

Las pesadillas se habían acabado, siendo reemplazadas por el recuerdo de una realidad dolorosa. Soñaba. Pensaba. Deambulaba entre sueño y consciencia, protegida bajo la oscuridad de sus párpados cerrados. No quería abrirlos. No quería enfrentarse a un mundo en el que Sasuke podría haberle mentido tan cruelmente. No quería regresar a esa fría banca en la que él ya la había abandonado una vez… y lo seguiría haciendo mil veces.

"Yo soy Karin. La novia… de Sasuke-kun".

No deseaba saber nada del exterior mas que todo eso era mentira. Que el encuentro con esos shinobis exiliados era una aparición ficticia en un mal sueño y que no había ninguna razón para desconfiar de Sasuke. Ni siquiera aceptar que sí había sucedido pero que sólo era un gran malentendido. Simplemente deseaba borrar esa parte de la misión y de su vida para siempre.

"Ahora debo abrir mis ojos."

No se atrevía. Más bien los cerró con más fuerza.

"¡Muy bien, Suigetsu, al fin resultas ser útil! Sólo date prisa para ir a buscar a Sasuke-kun, ¿sí?".

Qué palabras más dolorosas…

—¿Sakura-san? ¿Está usted despierta?

Ese característico tono formal era muy propio de Genji, pero definitivamente no se trataba de su voz. Abrió los ojos, pestañeando varias veces para acostumbrarse a la tenue luz anaranjada. Le costó ver bien a la dueña de esa voz. Era una chica no mucho mayor que Sakura, vestida de kimono, sentada junto a su lecho. Sus ojos eran juveniles y vivaces, del mismo dorado que los de Genji-kun.

—¿Dónde… dónde estoy?

—Está en la residencia del señor Nakai, en el subterráneo. Acá es seguro.

¿El subterráneo? Dio un vistazo al lugar donde se encontraba, moviendo su cabeza para todas partes. ¿Por qué era que el subterráneo estaba decorado con tanto esmero? Parecía estar en el mismo cuarto del señor de la Calavera, sólo que sin ventanas. Ella se hallaba acostada justo en el centro de la amplia habitación, en un mullido futón, arropada bajo una manta acolchada de un precioso carmín vivo. Los muros de yeso blanco se revestían de tablones de madera rojiza hasta un metro de altura, excepto una pared que parecía dar a la salida, hecha de paneles de papel, en cuyo centro se hallaba una puerta tradicional nipona; en ella se apreciaba un paisaje pintado con grullas aleteando y melancólicos cerezos en flor. En su pared contraria una recatada puerta semi-abierta parecía dar a un cuarto de baño. Y para decorar la estructura estaban los muebles, un gran armario, un escritorio bajo con su respectiva lámpara, un espejo ovalado con grabados florales en su borde. Lienzos pintados en tinta ocre y cojines de seda para sentarse. Todo en colores rojizos y castaños.

Y como si no fuera suficiente, un adormecedor aroma a incienso y velas aromáticas turbaba sus sentidos.

—¿Y mis compañeros?

—Las damas se encuentran descansando en otras habitaciones, los varones aún no llegan al Espejismo.

—¿Qué hora es? ¿Qué día es hoy? —preguntó, confundida e impaciente por ser privada de poder saber si era de día o de noche al apresarla en aquel lugar.

—No se preocupe, nada más esta noche llegaron al castillo. Dentro de poco será la una de la madrugada —sonrió—. Usted tiene unos bonitos ojos.

Sakura devolvió la sonrisa por cortesía, aunque la verdad no le interesaban elogios de esa desconocida cuando sólo quería ir donde las demás.

—¿No quiere que le prepare un baño? —siguió diciendo la jovencita—. Temari-san ya se bañó y cambió de ropa para esperar a sus compañeros, debería hacer lo mismo.

Haruno se dio cuenta de que bajo las finas colchas se encontraba descalza, pero aún conservaba sus sucias ropas de kunoichi. Su cabello tenía mechones cubiertos de barro endurecido, al igual que su cara. ¿Y dónde estaba el resto de su equipo? Pero no podía pensar en todo eso sino hasta asegurarse de que todo estuviera en orden entre sus compañeras.

—Primero llévame con Hinata.

La joven hizo una profunda reverencia, su frente a punto de tocar el suelo.

—Gomennasai, Sakura-san. Las tres jóvenes portadoras de la marca del Fantasma no pueden abandonar las habitaciones que le fueron designadas. Son órdenes directas del señor Nakai.

—¡¿Y eso por qué?

No esperó a que le contestara. Sakura se incorporó decidida a noquear a su anfitriona si era necesario, no la retendrían en ese lugar en contra de su voluntad. Pasó de largo de la joven, llegando justo frente a la puerta corrediza. Alcanzó sólo a apoyar los dedos sobre la viga cuando se vio forzada a retroceder. Saltó a tiempo para hacerse a un lado del kunai dirigido a ella. A varios metros de la entrada cerrada vio el arma blanca enterrada hasta el fondo en la madera. Acto seguido volteó a ver a su agresora sumamente contrariada.

—Tengo órdenes estrictas, Sakura-san —replicó la joven, aún con la mano extendida del lanzamiento del kunai. Por debajo de su manga tres shurikens se asomaron para advertirle que si insistía la pelea iría en serio—. Por favor, observe la puerta.

Haruno le hizo caso, desviando la vista desconfiadamente hacia el umbral cerrado. Tres sellos la aseguraban. Miró entonces las demás paredes. Había varios sellos más repartidos por la estancia. "Sello rojo" decía cada uno.

—En este lugar la quemadura no dolerá. Pero eso no es lo más importante, sino que acá estarán a salvo —explicó con el mismo tono de voz amable que había mostrado inicialmente—. Cada señorita con la Marca del Fantasma deberá permanecer en la habitación que se le fue designada para su protección. Mi nombre es Midori, seré su dama de compañía durante el tiempo que dure su estancia en el Espejismo. Por favor, pídame cualquier cosa que no sea salir de aquí. Estoy para servirle —terminó de decir con otra reverencia.

Sakura cayó de rodillas, rindiéndose. Comprendió que lo que le decía era verdad; su costado había dejado de dolerle. Necesitaba hablar con Hyuuga, pero dadas las circunstancias era lamentablemente imposible.

—¿Puedes… llamar a Temari, por favor? —dijo casi susurrando, mirando al suelo.

Midori sonrió. Se puso de pie e hizo una serie de sellos con las manos. Automáticamente las puertas se abrieron, dejando ver una sala de estar decorada con los mismos motivos que el dormitorio, con otra puerta esperando en la pared contraria, también protegida con sellos. La doncella salió del cuarto y las puertas se volvieron a cerrar, con los sellos de papel intactos. Sakura alcanzó a oír las puertas del estar abriéndose y cerrándose con fuerza del otro lado, luego caía en el silencio.

—Sasuke…

Sólo un susurro para ella misma. Sólo un llamado en privado para apaciguar la soledad.

x x x

Hinata despertó de golpe. No sabía qué había soñado, sólo que lo primero que había atinado a decir fue el nombre de su novio.

—¿Naruto-kun…?

—Supongo que es el nombre de uno de sus compañeros. Ninguno de los varones ha llegado aún al Espejismo, Hinata-san.

Hinata se incorporó. Primero fijó su vista en la que le había hablado, luego en la extravagante habitación en la que se encontraba. Muebles finos, seda, pinturas, incienso. Supuso que estaba en el castillo del daymio, lo único que no calzaba era que no tenía ventanas. Los paneles de papel de la entrada llevaban paisajes nevados, árboles desnudos y damas vestidas en pálidos kimonos en un día invernal. Una segunda puerta, más pequeña, se ubicaba al lado contrario. Los colores seguían patrones blancos, plateados y celestes. Volvió a mirar a la joven. Su largo cabello azul oscuro cubría la mitad de su rostro, recogiéndose en una suelta cola sobre su hombro derecho. Su mirada era serena y fría, su postura, disciplinada. El único ojo que se dejaba ver era amarillo brillante, igual a los de Genji.

—Mi nombre es Naoko. Seré su dama de compañía mientras dure su estancia en el Espejismo —dijo, haciendo una profunda reverencia.

—Mucho… mucho gusto, Naoko-san —respondió Hinata, inclinando levemente la cabeza. Era la primera vez que le asignaban algo tan pomposo como una criada personal siendo una kunoichi en plena misión.

—Por favor, sólo llámeme Naoko.

—¿Dónde están… mis compañeras?

La chica no alcanzó a responder. Del otro lado de los paneles de madera se oyó el desliz de una puerta para abrirse y luego el golpe del cierre. Después, el piso de madera crujir.

—Sumimasen, Temari-san desea hablar con Hinata-san. ¿Está dispuesta? —anunció una voz femenina filtrada a través de la salida inmediata del cuarto.

Naoko miró a Hinata, esperando una respuesta. Ella asintió efusivamente, ávida de poder hablar con una de sus compañeras.

—Adelante, Aya.

La puerta se abrió de golpe. Una joven cruzó el umbral, vestida de kimono sencillo al igual que Naoko, sólo que menos seria. Tras ella entró Temari, vestida de un kimono azul marino con un obe verde olivo. Ambas prendas eran una obra de arte, el fino kimono de seda lucía dibujos geométricos de fuegos artificiales en sobrios tonos celestes y verde agua. Su cabello, con las cuatro coletas de siempre, estaba adornado con una pequeña peineta de jade y cuentas azules pendiendo de él.

—Hinata, despertaste —la saludó sonriendo recatadamente.

—Temari, ¿qué está pasando? ¿Por qué estamos acá… y por qué estás vestida así?

—Calma, calma —se acercó hasta ella, sentándose sobre un mullido cojín satinado bordado a mano. Naoko se puso de pie y junto a la otra sirvienta se retiraron a trajinar algo en uno de los aparadores del cuarto—. Estamos en el subterráneo del castillo feudal, en un ala de siete habitaciones. Nos dieron un cuarto a cada una; ni Sakura, ni Tentén ni tú podrán salir de donde están antes de que amanezca: sus habitaciones están protegidas con un conjuro que neutraliza la maldición de la Marca del Fantasma —desvió la mirada para alisar un doblez en la falda de su kimono. Suspiró—. Desde que llegamos nos han tratado más como princesas que como guerreras, el llegar a la Calavera ha sido un cambio radical que no me esperaba, pero me alegro que todas estemos bien.

Hinata se fijó que había sellos pegados en las paredes, el techo y la puerta, los que rezaban "sello blanco". Recordó el terrible dolor que había sentido incluso sumida en pesadillas y por acto reflejo se llevó la mano hasta donde tenía la quemadura. En efecto, ya no sentía nada.

—Yo… acabo de despertar… —confesó Hinata, queriendo saber algo pero sin saber preguntar qué.

Temari soltó una media sonrisa comprensiva, percatándose de que las criadas regresaban a donde estaban. No contestó inmediatamente, esperó a que dispusieran la bandeja con bocadillos y té caliente junto a ellas tranquilamente.

—¿Desea algo más alguna de las señoritas?

—No por ahora, muchas gracias.

—Entonces nos retiramos. Regresaremos en media hora, por favor no intente salir por su cuenta, Temari-san.

—Entiendo. Gracias otra vez, Naoko.

Una de las criadas hizo una serie de sellos y la puerta se abrió automáticamente, quedando los sellos de papel intactos al volver a cerrarse. Sólo cuando oyeron el golpe de la segunda puerta y supieron que estaban completamente solas Hinata activó su Byakugan para buscar algún indicio de que las estuvieran espiando. Negó con la cabeza para confirmárselo a su compañera, la que asintió también en silencio.

—Son las espías más agradables que me he topado en mi carrera como ninja —confesó ligeramente mientras que vertía té en un tazón—, no sé si agradecer el poder disfrutar de sus servicios u ofenderme al ver mi inteligencia tan insultada —su rostro se volvió más serio, y con una mano ofreció el tazón a Hinata para que lo tomara—. Bebe, te hará bien. También te recomiendo los dangos, están deliciosos.

Hinata le sonrió cálidamente a Temari, quien ahora se servía un té para ella misma. Bebió un tímido sorbo, meditando un momento.

—Apenas llegamos al Espejismo nos condujeron al castillo, y apenas llegamos al castillo nos separaron de ustedes tres. Se nos dijo a mí y a Ino que esperáramos en la cocina para que nos alimentáramos mientras que Genji hablara con su padre. Él nos garantizó que ustedes estarían bien, que harían algo para calmar la Marca del Fantasma. No tuvimos más remedio que creerle. ¿Qué fue lo que pasó cuando se las llevaron, Hinata?

—Etto… yo… cuando dije que acababa de despertar no lo dije para despistar, Temari. Sólo recuerdo pesadillas… imágenes…

Un escalofrío subió por su espalda. Rostros bestiales se aparecían como flashes dentro de su mente, atrapada en una oscuridad asfixiante. El insoportable ardor en su piel, vívido, sin poder gritar, sin poder moverse…

—Está bien, no quiero que las recuerdes —la interrumpió la rubia, sacándola de sus cavilaciones—; ya pasó, ahora están a salvo. ¿En qué iba…? Ah, la cocina. Bueno, ahí comimos algo de lo que nos dio la servidumbre. Se notaba que habían sacado de la cama a las cocineras sólo por nosotras, pero no nos importó. Después se aparecieron las cinco chicas que nos designarían como damas de compañía para llevarnos hasta acá. Naoko es la más silenciosa, pero me dio la impresión que todos los criados la tratan con sumo respeto. Parece ser una kunoichi experimentada.

—Umm —asintió Hinata—. Siempre está alerta… pero no sentí ninguna amenaza de su parte. ¿Quiénes son las otras?

—Son Midori y Miki. Están bien entrenadas, no me cabe duda. Midori está a cargo de Sakura, Miki está con Tentén. Aya no me preocupa, tampoco la criada de Ino. Se presentaron como parte del servicio del castillo, por lo que desconozco a qué entidad shinobi obedecen. Bueno, tendremos bastante tiempo para averiguarlo.

—¿No le preguntaste a Genji-kun?

—Como si preguntarle algo a Genji sirviera de mucho… No, no tuve la oportunidad. Luego de que se fuera a hablar con Nakai no ha vuelto a aparecerse.

—Demo, Nakai-dono… ¿no habló con ustedes? O alguien que pudiera decirles cuál es nuestra misión acá, qué es lo que necesitan de nosotros.

—Antes de bajar acá el chambelán fue a hablar con nosotras. A pesar de que me identifiqué como una kunoichi de alto rango de Suna y hermana del Kazekague, se nos dijo que el daimio sólo trataría con un shinobi de Suna, ya que "ese era el trato".

Hinata miró a la jounin profundamente confundida.

—No soy un shinobi, soy una kunoichi —le aclaró… con obvio resentimiento en la voz.

—Sou ka —sonrió irónicamente la peli-azul, bajando la cabeza y murmurando—. Entonces, ¿para qué tomarse tantas molestias con unas inútiles como nosotras?

—Se me ocurren varios motivos, pero esperemos a ver cómo avanzan las cosas. Sólo espero que no entorpezcan demasiado nuestra labor.

—¿Cuándo llegarán? Temari…

—Aún no son la una de la madrugada. Su viaje no será igual al nuestro, te lo aseguro. De no estar acá para el amanecer yo misma saldré en su búsqueda. Te lo prometo —tomó su taza entre ambas manos, bebiendo silenciosamente. Su mirada adquirió un aire meditativo, perdida en un punto indeterminado. Ya había sido todo lo cauta que su resquebrajada alma le permitía; era hora de solucionar aquella gran "cavilación", la única cuya solución estaba a su alcance—. ¿Cómo es que los reconociste? Me refiero a los tres ninjas renegados que nos interceptaron en la frontera de la Calavera.

Hinata abrió bien sus ojos. Abrió su boca como para decir algo, pero sus labios no pronunciaron sílaba alguna. Finalmente respondió, notoriamente angustiada:

—Yo… No sé si deba…

—Sea lo que sea, debes decírmelo. No sabemos si siguen con vida o no, esos sujetos amenazan la misión, por ende a todos nosotros. Shikamaru me dejó a cargo, como líder debo velar por ustedes, ¿entiendes? Es importante saber qué es lo que nos amenaza.

La peli-azul se apretaba las manos y se mordía el labio. No le gustaba tener que sacar el tema… Respiró con pesadumbre antes de comenzar a hablar.

—Shikamaru y Neji-niisan tienen órdenes de vigilar a Sasuke. Los mandamases de Konoha sospechan que podría estar planeando traicionar a la aldea… —Temari se quedó helada con esa declaración. No preguntó nada, sólo esperó a que Hyuuga siguiera contándole—. Ya sabes la historia de su hermano, Itachi… Bueno, no son muchos los que lo saben, pero él eliminó al clan Uchiha por órdenes de la Hoja. Nadie sabe si Sasuke sabe esta verdad o no, pero de ser así es muy probable que se proponga vengarse.

—¿Eliminando él mismo a toda su aldea?

—Hai… Después de que Itachi murió, Sasuke no se demoró mucho en regresar. Pasó un tiempo de prueba antes de que le otorgaran su placa de la Hoja. Todo era normal hasta hace algunas semanas… Sasuke se volvió huraño, más distante y frío con sus compañeros de equipo… Más bien con todos nosotros. Eso levantó las primeras sospechas… Y luego… un Anbu lo vio salir a hurtadillas de la aldea para conversar con alguien que identificaron como un ex-aliado de Orochimaru. Eso ya hizo el asunto algo oficial.

—¿Uno de esos tres que pillamos en el camino?

—Supongo… La verdad no lo sé. Al salir en esta misión yo sólo tenía la advertencia que me había hecho mi padre. Cuando se enteró que saldría en misión con Uchiha Sasuke me contó lo de su hermano para que tuviera cuidado, un secreto que pocos en la aldea conocen. Desde hace algunos días noté que nos estaban siguiendo… aquellos tres ninjas que intentaron matarnos. Era natural que me diera cuenta por el Byakugan… Pero no dije nada porque Neji-niisan también debería haberlos visto y sin embargo no había dado aviso. Pensé que debería haber una buena razón para que guardara silencio, así que esperé hasta llegar a la costa en la nación del Té. Ahí me dijo que Sasuke no debía saber que nos habíamos dado cuenta de que nos seguían…

—Sou ka. De ser así entonces Sasuke se sentiría amenazado y atacaría antes de que nos pudiéramos preparar. Me imagino que así fue que te enteraste de la misión de Neji y Shikamaru.

—Hai…

—Hinata, esto es mucho… muchísimo más grave de lo que pensaba. ¿Te das cuenta de que…?

La ojiperla dejó entrever la tristeza que le causaban los últimos eventos. No sólo porque había creído en Sasuke, sino también por lo que eso significaría para Naruto.

—Hai —respondió—: Sasuke planeó matarnos a todos desde el principio.

Se oyó la puerta de la recepción abrirse. Todas las habitaciones tenían la misma distribución: un estar, un dormitorio y un baño.

—Hinata-san, ¿puedo entrar? —llamó una voz femenina.

—Esa debe ser Midori, la doncella de Sakura —le avisó Temari.

—Pa… pase.

La puerta del cuarto se abrió. Una joven de ojos alegres y cuerpo de adolescente hizo abrir la puerta con los sellos de sus manos.

—Señoritas —dijo haciendo una reverencia—, Sakura-san desea ver a Temari-san. Me avisaron que se encontraba acá.

Las kunoichis se miraron.

—Hai… Recuerda que no puedes salir de acá hasta que amanezca —le dijo Sabaku a la peliazul—. Volveré después de hablar con las demás. Ve a darte un baño, le diré a Naoko que te traiga una yukata para que puedas dormir. Gastaste mucho chakra, debes recuperar energía. Cuando llegue el bullicioso de tu novio la reprimenda me va a llegar a mí por no haberte cuidado en su ausencia. Ahora no te preocupes por lo demás, yo me encargaré de todo ¿sí?

Hinata asintió. Temari se retiró en silencio, moviéndose como una verdadera dama bajo el ataviado kimono formal. Con disciplina y gracia.

La puerta se mantuvo abierta hasta que salieron Midori y Temari y luego de un instante entrara Naoko. Se volvió a cerrar de golpe, con los sellos intactos en su sitio. ¿Acaso todos ahí tenían las mismas técnicas que Genji-kun?

—Temari-san me dijo que desea darse un baño. Sólo deme un momento, lo prepararé en seguida —dijo Naoko antes de desaparecer tras la puerta del cuarto de baño.

Hinata se quedó en medio de la habitación, agarrando las sábanas de su lecho entre sus dedos con el puño apretado.

x x x

Se había vuelto a meter en la cama. Midori se estaba demorando más de lo que le gustaba esperar en una situación de aislamiento como esa. Sakura comenzaba a barajar la posibilidad de escapar de ahí. Oyó la puerta del estar abrirse y cerrarse. Levantó la vista ansiosa. La puerta del dormitorio se abrió.

—Buenas noches, Sakura —le saludó una voz familiar. Temari entró con la frente en alto—. Esperen afuera —le dijo a Midori y a otra joven que llegaba con ellas. La puerta se cerró tras la suna.

—¡Temari! ¿Te… Temari? ¿Y eso?

—Me veo bien, ¿no? —dijo subiendo los brazos para exponer las largas mangas—. En el armario de mi cuarto hay decenas para elegir. Hará la estancia en el Espejismo mucho más divertida.

Sakura sonrió. Agradecía poder ver a su compañera; una bocanada de aire fresco entre tantas vueltas que daba su cabeza.

—¿Cómo están las demás?

—Tentén no ha despertado, cuando lo haga se me dará aviso inmediatamente. Ino comió, se dio un buen baño y se fue a dormir, debe recuperar sus fuerzas después del ataque de ese shura. Por último, Hinata acaba de despertar. Iba a bañarse cuando la dejé para venir a hablar contigo.

—Necesito hablar con Hinata. Es urgente.

—No es necesario. Ya me dijo todo lo que sabe… sobre Sasuke. Eso es lo que te urge, ¿no?

Sakura no respondió. Fuera lo que fuera aquello que sabía Temari, temía saberlo, tanto como necesitaba escucharlo. Temari tomó asiento junto a ella.

—¿Cómo es que Hinata los reconoció?

—Eso es exactamente lo que te vengo a preguntar a ti. Antes de decir lo que me contó Hina, me vas a decir por qué te sabías el nombre de esa Karin —su mirada era dura. Estaba sentada correctamente bajo todas las normas de etiqueta, mas alerta por si Sakura estaba de parte del traidor. Sakura se daba cuenta de la desconfianza con la que estaba siendo tratada.

—De decir cualquier cosa podría perjudicar a mi compañero gravemente. Si te hace sentir mejor puedes arreglar con quien esté a cargo que me manden a un calabozo, me da lo mismo. Sin embargo, no pienso traicionar a Sasuke.

—¿Te das cuenta la clase de respuesta que me estás dando? Hinata también estuvo reacia a cooperar conmigo, pero entendió que lo mejor era no poner en riesgo a sus compañeros. ¿Qué es más importante para ti? ¿Cuidarle el pellejo a tu novio… o a la aldea a la que perteneces y le debes lealtad máxima?

—Estás hablando como si Sasuke fuera el malo en esta historia.

—Eso es lo que vine a averiguar, Sakura. No me lo estás haciendo fácil.

Sakura apretaba los puños, de la rabia soltó una lágrima.

—¡Por favor, dime lo que te contó Hinata! ¡Necesito…!

—No, Sakura. Ponte en mi posición. No pienso arriesgarme a que acomodes tu historia a conveniencia luego de oír la versión de Hina. El trato es este: me dices lo que sabes o te quedarás encerrada hasta que se termine esta misión. Conozco más de una barrera efectiva para mantenerte dentro de estas cuatro paredes, y te advierto que incluso soy capaz de quitar los sellos que anulan la maldición de la marca del Fantasma.

No hubo respuesta. Sakura sollozaba en silencio. No sabía qué hacer. ¿Qué era lo que sabía Hinata? De decir una palabra arriesgaría la credibilidad de Sasuke… Incluso lo podrían… Demo… ¿Y si nunca se hubiera arrepentido de su venganza? ¿Si aún seguía en plan de acabar con la aldea de la Hoja? ¡¿Por qué se habían aparecido esos tres bastardos? ¡¿Cuál era la verdad?

—Bien. No me dejas opción entonces —Temari sacó unos sellos de debajo de su manga, estaba lista para encerrar a Sakura en su barrera.

—¡No…! Matte… —Sakura la detuvo poniendo su mano en su regazo. Levantó la vista hasta encontrar sus ojos con los de su líder— prométeme que encontraremos una manera de averiguar todo antes de juzgarlo injustamente.

Lamentablemente para Sakura, el juicio ya estaba determinado. Temari no estaba ahí para saber si Sasuke era inocente o no, sino para saber si es que Sakura era una traidora junto con él.

—No puedo prometer nada. Tú sólo dime y podrás saber la información que manejo —una vez más, silencio. Sakura quitó su mano del kimono de Temari, se sentía caer por un abismo interminable; sólo rogaba no estar cometiendo un error—… estoy esperando, Sakura.

Haruno tragó saliva. Dos lágrimas más caían cruzando sus mejillas, más pálidas que de costumbre.

—Sasuke… Sasuke pensaba traicionar a Konoha.

"Maldita sea. Entonces era verdad". Temari no dejaba que sus pensamientos relucieran en sus gestos, sólo miraba impávida a la peli-rosa, con el corazón pendiendo de un hilo.

—Después de matar a Itachi, uno de los miembros de Akatsuki le contó las verdaderas razones de su hermano para eliminar su clan. La verdad es que todo fue por órdenes de Konoha… —en ese momento Sakura no resistió más el incipiente dolor en su garganta, dejando que el llanto tomara el control sin reparos— ¡Es por eso… por eso que él volvió a la Hoja! ¡Quería vengar la muerte de su hermano con todos nosotros!

Temari no se inmutaba por la escena frente a ella. Sólo seguía escuchando, sin interrumpir a la oji-jade.

—Después… después de un tiempo él… él se dio cuenta de que no podía hacerlo. Me dijo que… sencillamente no era capaz de cumplir su venganza, que sus amigos estaban en Konoha, que el afecto por sus compañeros era más fuerte que su deseo de venganza —relataba, con la vista fija en el fino futón que cubría sus piernas, sin poder dejar de llorar—. Se dio cuenta de lo que sentía… por mí… —sonrió amargamente— Y por eso… por eso es que de la noche a la mañana cambió su actitud con Naruto y conmigo. No se creía merecedor del afecto que demostrábamos por él. Se… se suponía que tres sujetos que habían estado en el bando de Orochimaru, Juugo, Suigetsu y… Karin… lo ayudarían… pero cortó relaciones con ellos cuando decidió que no continuaría con su venganza.

Sólo cuando supo que había dejado de hablar, Temari tomó la palabra. Todo calzaba, Sakura no estaba mintiendo.

—¿Eso es todo? —Sakura asintió—. ¿Cómo es que te enteraste de esto? ¿Te lo contó Sasuke?

—Hai… La noche antes de que ustedes se reunieran con nosotros, en la casa abandonaba a la orilla de ese río. Luego de eso Sasuke ha vuelto a ser el mismo de antes, poco a poco. Ahora, Temari… por favor…

—Soy una mujer de honor, Sakura, no te preocupes. Un trato es un trato.

Le contó todo lo que le había contado Hinata. Sakura se desesperaba con cada palabra. Tsunade-sensei lo sabía todo y se lo había ocultado. Incluso había mandado a dos compañeros a vigilar a Sasuke sin que ella supiera. Y claro… el Byakugan. Era obvio que los habían estado siguiendo, debió haber pensado en eso antes… Se sentía tan estúpida, tan subestimada. Tan engañada. Luego de la discusión con Sasuke en la casa del río se había sentido más cercana a él que nunca; pensaba que era la poseedora del secreto más oscuro del último de los Uchihas. Y por eso, creía que lo mejor era tomar ese secreto, enterrarlo y protegerlo en el más sagrado silencio. Para honrar a ese hombre que desde el principio había querido sólo para ella. Sí, era patética y estúpida. Una maldita ingenua. Por haber confiado a ciegas, por permitir que incluso su maestra la siguiera viendo como una chiquilla débil e irresponsable, por no haber inquirido sobre el pasado de Sasuke antes de volver a Konoha, por no haber pensado en la posibilidad de que él… le había mentido.

—Lo siento, Sakura.

—No, Temari, tú no entiendes… él… ¡El me ama! ¡El no sería capaz!

—Sí entiendo, y también te creo. Todos nos hemos dado cuenta en este viaje, los sentimientos de él por ti son sinceros. Me parece la mejor razón para haberte engañado. Te quería mantener de su lado para cuando…

—No, no lo digas… —pidió mientras negaba con la cabeza— No tenemos pruebas de que…

—Juugo, Suigetsu y Karin. Tú misma los mencionaste, ellos son la prueba de su traición. Era perfecto, la verdad; de no haber llegado ese demonio en el momento justo, quién sabe en qué habría terminado la contienda contra el tal Suigetsu. Al acorralarnos separadas de los chicos se podrían haber deshecho de nosotras y Gaara y los demás jamás se habrían enterado de nuestro paradero. Esa cuatro ojos está obviamente enamorada de Sasuke, también se le hacía conveniente eliminar a su competencia amorosa.

—¡No, no es verdad…! ¡No puede ser verdad!

Temari sólo observaba en silencio a la chica destrozada que tenía en frente suyo. Sakura lloraba amargamente, no había palabra que pudiera consolarla en ese momento. Sólo cuando comenzó a calmarse un poco la suna se atrevió a tomar su mentón para enderezar su rostro y mirarla a los ojos.

—Antes de llegar al Espejismo, después de que quedaras inconsciente, los aliados de Sasuke nos volvieron a interceptar. Nos zafamos de ellos sólo porque el demonio que nos perseguía los atacó a ellos en vez de a una de nosotras. Recuerdo perfectamente las palabras de Karin para nosotras: "ustedes representan un inmenso problema para mi Sasuke-kun, sus órdenes son que sean eliminadas" —le relató con voz serena, notando cómo la peli-rosa aguantaba la respiración al oír esa cruel oración—. Sakura, sabes bien que la capacidad de amar de las mujeres nos puede hacer tan frágiles o tan fuertes como nos permitamos ser. Ahora necesito que seas fuerte. Quién sabe… tal vez Sasuke sí sea inocente, pero no te quiero dar falsas esperanzas. Necesito tu ayuda para cuando Sasuke llegue al Espejismo.

Sakura terminó de limpiarse el rostro con las manos. Hipaba un poco por el llanto. Sus ojos ardían. Su garganta le dolía. Su cuerpo continuaba cansado. Y su alma estaba hecha pedazos.

Había sido demasiado bonito para ser verdad.

—Dime qué quieres que haga —le respondió, aún brotando gruesos goterones de sus desilusionados ojos verdes.


disculpen lo corto de las respuestas a los reviews x_X

TAKAMI002 muchas gracias! me alegro que hayas podido encontrar el fic otra vez ^^ bueno, fanfic(punto)es borró un montón de cuentas, entre ellas la mía, por eso es que ahora publico aquí. espero que no me vuelvan a plagiar porque eso sería terrible TT_TT muchas gracias por el review, espero que te guste lo que viene!

EmSi qué lindas caritas xD me sacaron una buena sonrisa ^^ yo igual me he encontrado con varias "karin" en el fandom que están resimpáticas, pero para esta historia eso no resultaría u_u ...muchas gracias por tus palabras, creo que las necesitaba. te mando buenas vibras de vuelta :)

KJIU los zombies son lo mejor! me alegro que te guste. gracias por el review!

naruhina aww, gracias! bueno, no me demoré *tanto* como la última vez, supongo que es un avance :D espero que este capi te haya gustado igual. gracias por el review!

Candy-chan bueno, es un poco difícil que a estas alturas me ponga a subir toda la historia en otra página... pero no te preocupes, deja review sólo cuando puedas. espero que te haya gustado este capítulo, gracias por el review!

itachi 1000 me alegro que te guste (supongo... "chingón" no es algo malo en méxico? xD) bueno, subí conti tan pronto como pude. espero que te guste! gracias por el review!

hagan una manda por mi compu moribundo. gracias.

ah, y la siguiente conti no sé para cuándo pueda tenerla... sólo sé que vendrá un sábado en la noche o un domingo en la madrugada.