Llegar hasta su habitación le tomaba solo un par de minutos, pero en el estado en que se encontraba le pareció que el camino se hacía mas largo y laberíntico que nunca.
Se detuvo en uno de los pasillos tratando de recuperar la calma, miró sus manos temblorosas y sintió su corazón saltar a mil por horas. ¿Por qué todos sus encuentros con él terminaban siempre en lo mismo?.
No había podido contenerse, él solo verlo le había provocado una furia incontenible. No podía verlo, no quería verlo, su sola presencia le sacaba de quicio. ¿Por qué estaba allí?, desde que lo conociera parecía que a cada vuelta de su vida se lo tenía que topar.
¿Por qué había reaccionado así?
¿Por qué no podía simplemente ignorarlo?
¿Por qué parecía todo salirse de su cause cuando el kitsune estaba cerca?
¿Por qué él estaba allí?
Las preguntas se repetían una y otra vez en su mente.
Cuando él se lo preguntó, le dijo que "él también pensaba que algún día se convertiría en un gran jugador". Pero él no había querido creerle, había pasado un par de noches de insomnio repitiéndose una y otra vez su conversación, y al final seguía sin creerle.
¿Por qué precisamente él entre todos sus compañeros lo quería ayudar con su rehabilitación?. Pero había una pregunta mas que no se atrevía a hacer, pero que ahora parecía salir con fuerza propia desde lo mas profundo de su corazón.
¿Por qué me importa su opinión?
¿Y por que no me siento feliz ahora que ya se marchó?
Lanzó un pequeño grito de frustración.
- Todo es culpa de ese entrometido Kitsune.- Gruñó en voz alta ante la mirada desconfiada de pacientes y doctores que lo miraban como si estuviese loco. Sin hacerles caso volvió a emprender el camino hasta su dormitorio, la necesidad de marcharse lejos de allí se hacía a cada momento mas imperiosa. Iría a su cuarto, recogería todas sus cosas y se marcharía de allí. No quería ver a nadie, y lo mas probable es que la doctora lo regañaría, y él no estaba en ese momento como para sermones.
- Necesito salir de aquí.- Se dijo en voz alta al llegar a su cuarto.
- También yo lo creo.- Le respondió una voz a sus espalda.- Si sigues encerrado, terminaras por volverte loco.
Al volverse vio al kitsune sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared en un rincón de la habitación.
- ¿Pero que...?-
- ¿Qué hago aquí?.- Le interrumpió Rukawa.- Esperando por ti, ya me has hecho perder demasiado tiempo.
- .......- Hanamichi lo seguía mirando sin poder articular palabras.
- Ya te lo dije Do'aho, me voy a hacer cargo de tu entrenamiento. – Respondió el muchacho a la pregunta muda del pelirrojo.
- Yo jamás.....- Comenzó a decir con voz ahogada el chico de cabellos de fuego.
- Además de torpe, eres repetitivo.- Le volvió a interrumpir Rukawa despectivo.- Por una sola vez en tu vida, cierra la boca y escúchame.
El muchacho ojos de zorro se había puesto en pie y comenzaba a avanzar directa y lentamente hacia el pelirrojo. Sus ojos parecía mas zorrunos que nunca, y Hana podía sentir la seguridad y determinación que emanaba de su ser, muy similar a la que desplegaba en los partidos. En cambio él se sentía mas desorientado y confuso que nunca.
¿Dónde estaba su rabia?
¿Dónde su ira y odio?
¿Por qué no podía levantar sus puños y golpearlo hasta cansarse?
¿Por qué se sentía...aliviado al volver a verlo?
¿Aliviado?, no, no, no, no él jamás...
- Acompáñame. – Lo escucho decir.
- ¿Qué...?
- Solo por esta vez.-
- Yo...
- Ven conmigo, y si después de que lo veas aun sigues sin querer que trabajemos juntos, ya no me veras mas.
- ¿Ver?, ¿Ver que?.
Sin decir mas Rukawa tomó una chaqueta de la silla y se la arrojó.
- Abrígate, nos vamos de inmediato.
Dicho esto abrió la puerta y se fue caminando tranquilamente por lo pasillos sin darse vuelta a mirar si el pelirrojo lo seguía o no. Este por su parte se quedó paralizado en medio de la habitación sin atinar a hacer ningún movimiento.
Cuando escuchó la puerta cerrarse sintió ganas de gritarle que se fuera al diablo, que a él nadie le decía lo que tenía que hacer. Pero entonces...
- ¡¡¡ESPERA KITSUNE!!!
El muchacho de cabellos negros no hizo amago de detenerse, pero en cambio dejó que una suave sonrisa se apropiara de su rostro.
- Te estoy esperando, Do'aho.
- ¿a dónde vamos?.- Preguntó curioso, mientras se colocaba la chaqueta y trataba de seguir el paso rápido de su "enemigo".- Mas te vale que no sea una treta para burlarte de mi zorruno apestoso, porque de ser así vas a morir en mis manos.- Terció con voz amenazante.
- De eso estoy seguro.
.
Hanamichi lo miró de reojo, pues no se atrevía a mirarlo directamente, algo en el tono del zorro le hizo sonrojarse. Bajaron juntos por las escaleras hasta llegar a la salida, y después avanzaron por la playa hasta una de las numerosas escaleras de piedra que llevaban hasta la avenida principal de esa zona.
Durante el trayecto apenas si intercambiaron algunos insultos, ya que el pelirrojo estaba algo distraído con el paisaje a su alrededor. Hacía mucho tiempo que no salía, y la perspectiva de poder ver algo diferente de las batas blancas y el olor a medicina lo tenían completamente entusiasmado
- Por fin libre.- Exclamó en voz alta.- Parece todo tan cambiado....
Rukawa apenas esbozó una sonrisa, al doáho debió parecerle una condena su estadía en la clínica, un chico con tanta energía y espíritu que de la noche a la mañana se ve inmovilizado, no le debió ser fácil soportar todo aquello.
Finalmente llegaron hasta la estación de trenes, donde Rukawa sacó dos boletos e hizo que el pelirrojo lo esperase sentado en la una de las numerosas bancas.
La palabra cansancio nunca había sido muy habitual en el léxico de Hanamichi Sakuragi, pero debía admitir que en el último tiempo su cuerpo parecía cada vez mas pesado de llevar. Sentado allí, a la espera del regreso del Kitsune, se sintió un poco mareado. Y no era solo un mareo físico, sino algo que estaba mas allá, algo que lo perturbaba, que lo desorientaba completamente.
¿Qué estaba haciendo allí?
¿Por qué diablos estaba con el Kitsune?
¿Por qué lo había seguido?
- ¿Por me siento así?.- Se dijo.- Estoy tan cansado....
- ¿Te sientes mal?. – Para variar no lo escuchó venir.
- No es nada.-
- ¿Desayunaste?.- El pelirrojo se sorprendió a sentir el tono preocupado del zorro.-
- No tengo mucha hambre...
La verdad es que últimamente no tenía mucho apetito, talvez fueran las medicinas o quizás las preocupaciones, pero ver comida ya no le producía la alegría de antes. Rukawa no dijo nada, en cambio lo llevó hasta uno de los vagones allí detenidos.
- Vamos, ya llegó nuestro tren, subamos.
Era un tren de primera clase, caminaron por los pasillos hasta llegar a unos compartimentos privados. Rukawa le ordenó quedarse allí, mientras él volvió a bajar.
- Este Kitsune, siempre dando ordenes.- Gruñó el pelirrojo, mientras lo observaba caminar hasta una de las boleterías.- ¿Y ahora que se le perdió?, espero no esté planeando dejarme aquí solo y después acusarme a los guardias de subir sin boleto.
Mientras su imaginación recreaba una caótica escena en la que dos guardias lo arrestaban por no tener boleto, una voz fría lo sacó de sus pensamientos.
- ¿Y ahora que te pasa, porque tienes esa cara?
Rukawa estaba de vuelta y ya estaba sentado frente a él.
- ¿Eh?, ¿Y tu a que horas llegaste?. – Se sobresalto el muchacho. Otra vez el maldito kitsune apareciéndose de la nada, estaba por pensar que el zorro apestoso poseía algún tipo de anillo mágico que lo hacía invisible y por eso nunca se percataba de cuando llegaba.
- Si no fueras un do'aho te darías cuenta de lo que sucede a tu alrededor.- Le respondió con intención el moreno.
Al pelirrojo se le calentó rápidamente la sangre.
- Escucha Kitsune, si quieres llevarte bien conmigo será mejor que dejes de llamarme Do'aho. Mi nombre es Hanamichi Sakuragi, si lo deseas puedes abreviarlo como quieras.
- ¿Mono pelirrojo?
- Tampoco.
- ¿....?
- ¿Qué tal tensai?
- ¡¡¡.....!!!
- Maldición, solo llámame Sakuragi o Hanamichi. – Dijo irritado.
- ¿Algo mas que saber?.-
- Sí, no me agrada que te aparezcas de la nada.- Prosiguió molesto. – Un día me vas a provocar un infarto. No me gusta que me mientan, ni que se burlen de mi. Aun de mi peor enemigo espero honestidad al luchar, prefiero que me digan las cosas de frente.
- ......- Rukawa no dijo nada, pero cabeceo en acuerdo. Hanamichi algo sorprendido por la buena disposición del kitsune para escucharlo, preguntó a su vez.
- ¿Y tú?, ¿algo que quieras que yo sepa?.- La pregunta sorprendió a ambos, especialmente al pelirrojo que no estaba acostumbrado a preocuparse por lo que pensasen los demás.
¿De donde diablos salió esa pregunta?
¿Qué me importa a mi lo que piense o sienta este idota?
- No me agradan las charlas sin sentido, así que no esperes que siempre te responda. – Los ojos del pelirrojo lo miraron ofendidos.- Me gusta la tranquilidad y el silencio, demasiado ruido me desconcentra.- El pelirrojo lo seguía atento y sin interrumpirlo.- Soy un tipo...- Aquí su mirada se hizo mas penetrante.- ...un tipo muy celoso y posesivo, lo que es mío "es mío". No lo comparto.
¿Hace calor aquí?
¿Por qué de repente me cuesta respirar?
El pelirrojo se movió inquieto en su asiento. En ese momento sentía sus latidos a mil por hora, le faltaba el aire y sus mejillas ardían, mientras un hormigueo extraño se instalaba en su estomago. Habían antecedentes de problemas cardiacos en su familia, por lo cual no le extrañaría si moría de un ataque al corazón en ese mismo momento.
¿ Que me pasa?
¿ Por que la presencia del zorro siempre me provoca este malestar?
¿Es tanto lo que lo odio?
No lo entiendo...
Y sin embargo...
Sus ojos, esta sensación, es como...
Toc-toc-toc.
- Su desayuno señor.- La voz del camarero interrumpió el momento, provocando un suspiro de alivio en el pelirrojo y uno de frustración en el moreno. "Demasiadas interrupciones" , rezongó mentalmente este ultimo.
- Gracias.- Había olvidado lo del desayuno. Al ver el semblante pálido del Do'aho había decidido cambiar los boletos normales por dos de primera clase. Quería que el pelirrojo viajase lo mas cómodo posible y que pudiese disfrutar de un buen desayuno en el entre tanto.
Después de dejar las bandejas instaladas en la pequeña mesita del compartimiento, el pobre camarero se retiró bajo la glacial mirada del muchacho de cabellos negros.
- Será mejor que desayunes, eres demasiado pesado para cargarte si te desmayas.-
- Eres demasiado débil para cargar a nadie.- Se burló a su vez Hana ya recuperado. – Yummmm, por fin comida de verdad.
Y así continuaron el trayecto. Hanamichi comprobó que su apetito estaba volviendo y comió con entusiasmo, mientras Rukawa disfrutaba también a su manera del desayuno, del paisaje y sobre todo de la compañía.
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