—"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…"—


= 20. Las pruebas de la guerra =

—"Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas; las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas." (Epicteto)

Enarboló su varita y la agitó, lanzó su mejor conjuro y esperó que diera en el blanco. Un segundo después Snape cayó de espaldas al suelo y su varita rodó metros lejos de él. Remus sonrió con satisfacción y sintió el hombro de Sirius -luego de haber cubierto a James del ataque de McNair- volviendo a su lado para combatir a Rowle. Snape volvió al ataque y Remus ya lo estaba esperando; con movimientos rápidos, Remus demostraba lo diestro e intrépido que podía ser en combate. Detrás, los demás miembros de la Orden ya habían comenzado a situarse en círculo como cerrando una barrera que terminaría por arrasar con los mortífagos. James apoyaba a Lily, como ella apoyaba a Marlene; Dorcas se batía a duelo sola contra su acérrima rival, Bellatrix Lestrange, sin embargo Moody hacía lo posible por llegar hasta ella y Peter… ¿Dónde estaba Peter?

Aprovechando un pequeño descuido de Snape quién se dejara desequilibrar por su último conjuro, Remus volvió la vista al lugar dónde antes hubiera visto a Peter y se quedó perplejo al encontrar el sitio vacío.

— Sirius… Peter no está— anunció. El de ojos plateados también se giró y juntos comprobaron que su amigo había desaparecido. ¡Alguno de esos malditos lo habría derrotado o acorralado! Sirius sintió la rabia fluir en su interior y unas ganas inmensas de hacer polvo a golpes a quién hubiera osado meterse con su amigo hicieron temblar sus puños.

Pero no hubo tiempo de actuar.

De repente, las varitas de sus contrincantes se apagaron, muchas regresaron a los costados de sus portadores, quiénes no se sintieran completamente seguros de guardarlas, mientras cada Mortífago se mostraba sereno y ligeramente orgulloso de estar en aquel lugar. Del fondo, surgiendo de un solitario y pequeño callejón, una larga túnica negra se arrastraba por el suelo y un hombre que fuera capaz de congelar a todos a su alrededor hizo acto de presencia. Su andar era orgulloso, su mirada roja inyectada en la maldad y su sonrisa de medio lado daba a entender que se sentía satisfecho con ver a los magos pelear.

Lord Voldemort, apareció y nadie –de ningún bando- pudo hacer algo más que observar.

— Lamento aparecer de esta forma— se disculpó Voldemort con fingida pena— Pero me he cansado de observar cómo se enfrentan entre sí. No niego que resulte impresionante admirar las habilidades de los nuestros, pero me parece innecesario derramar sangre limpia por todo el lugar, cuando lo más sensato sería que permaneciéramos todos unidos…— los miembros de la Orden se habían comenzado a reunir en un solo círculo más cerrado y a la defensiva, sus varitas se mantenían rígidas en sus manos y al frente, Moody, los Prewett, Dorcas, los Longbotton y los Potter, examinaban cualquier salida posible, cualquier punto débil en la nueva formación que los Mortífagos tomaban tras su líder.

— Seamos sensatos, por favor. Lord Voldemort no está en contra de la pureza de la sangre, tan solo repudia a los que con sus mezclas osan mancillar nuestra estirpe— por un momento, sus ojos recorrieron a la Orden como si con ello pudiera detectar quién no era sangre limpia, cuando Lily sintió su mirada roja y malévola, no pudo sino estremecerse— Por favor, sé de antemano que Dumbledore los habrá convencido de que oponerse a la pureza es discriminatorio, inhumano, quizás, pero ¿qué puede un mago como Dumbledore decir? ¿No es sangre limpia el líder que los ha abandonado aquí? Guarden sus varitas, detengan esta guerra. ¡Únanse a mí! Juntos, limpiaremos el mundo, juntos crearemos una nueva sociedad dónde…—

— ¿Dónde magos idiotas se regodeen de esclavizar y torturar muggles?— preguntó Frank Longbotton con valentía dando un paso al frente y alzado su varita dónde Bellatrix ya hubiera subido la guardia; ante sus palabras, los mortífagos se tensaron, puesto que Frank era el primer hombre en oponerse directamente al Lord, luego de Dumbledore.

— O tal vez ¿dónde gente inocente muera solo por nacer mágicos en linajes sin magia?— prosiguió James, dando un paso al frente como hubiera hecho su compañero. Alice y Lily se movieron al instante, seguras de que deber era apoyar a sus respectivos maridos, amigos y compañeros; Dorcas las siguió, las varitas de toda la Orden estaban alzadas, cuando el Lord rió.

— ¡Tontos! ¿Osarán darme la espalda, cuando os he extendido una segunda oportunidad? ¿Pretenden enfrentar al mago más grande de todos los tiempos siguiendo los ideales de un líder barato y acabado?— cuestionó el Lord y la respuesta de James, desencadenó el pandemónium.

— ¡ALBUS DUMBLEDORE, ES EL MÁS GRANDE MAGO DE TODOS LOS TIEMPOS!—

Lily lanzó un conjuro y Dorcas la secundó, Moody dio una sacudida a su varita y los hermanos Prewett conjuraron el fuego maldito. Remus tomó a Sirius del hombro, Lily y James permanecían tomados de la mano y sus varitas apuntaron directamente al Lord, antes de desaparecer entre el rayo del Desmaius, que hubieran conjurado al mismo tiempo. Alice y Frank los siguieron. Uno a uno, la Orden desapareció.

Una de las estrategias primordiales en la guerra es la preservación del mayor número de vidas posibles y muy conscientes de que en aquel lugar, la Orden del Fénix no tenía las mayores posibilidades, la mejor arma era la retirada.

En un callejón cercano, Peter se desapareció antes de que fuera el último en quedar ahí, aún cohibido y temeroso, aún pensativo y extrañamente meditabundo. Mientras que en el frente, Lord Voldemort reía.

¿Así que ese grupo de magos, era el que tantos problemas comenzaba a darle? Era ese ¿el ridículo ejército que Dumbledore hubiera formado en su contra? Y mucho más gracioso que ver el batallón reclutado, eran esos; los chicos que lo retaron y esas, las mujeres que los secundaron… ¿eran los peones que tendría que derribar primero? ¿Quién les había ilusionado con que podrían retarlo y no pagar por ello? Dumbledore, eso era claro.

Pero por más que esos pregonaran que el viejo mago aún tenía un sitio importante en la historia, Lord Voldemort se encargaría de demostrar lo contrario. Porque él tenía una ventaja que nadie conocía. O al menos, nadie que viviera.

Por un momento, el Lord volvió sus memorias a la extraña y repentina desaparición de su vasallo Regulus Black. Pero aquel muchacho, no era alguien de quién debería preocuparse, Regulus no habría podido descubrir su secreto y seguramente de haberlo hecho habría callado por lealtad, puesto que el Lord sabía que Regulus era uno de sus más fieles seguidores.

Bellatrix, otra de sus seguidoras siempre fiel, junto a Rodolphus y Rabastan, se acercaron para recibir órdenes, pero por esa tarde, el Lord indicó la partida. Por esa tarde, no habría batalla. Pero en el ajedrez, las mejores jugadas son las que se estudian, concentrado, determinado, examinando cada posible reacción del oponente y por esa tarde, Lord Voldemort tenía una jugada que pensar.

¿Dónde encajaría ese pequeño muchacho al que Avery y Mulciber intimidaran a su llegada? ¿Sería de alguna ayuda? ¿O es que aquella idea que hubiera surgido al verlo encogido de miedo en realidad era infundada?

:-:-:

— James ¿estás bien?— preguntó Lily entrando en la habitación. El de gafas, permanecía sentado en la cama, mirando en dirección de la gran ventana que iluminaba el lugar y dándole la espalda a la puerta y a su esposa.

— Yo…— murmuró el chico. La pelirroja tomó asiento a su lado y sujetó sus manos, que hubieran reposado en las piernas del joven, con dulzura; como si quisiera transmitir su calor. James la miró y el efecto que sus ojos verdes produjeron en él, fue inmediato. Con una sonrisa, el joven de anteojos acarició el dorso de la mano de la chica con el pulgar y sonrió— Sí, estoy bien. Es que no había tenido tiempo de digerir lo que hice— comentó. Lily no preguntó a qué se refería, pues lo recordaba con claridad.

En el colegio, mientras hubieran cursado el sexto curso, los Merodeadores –fieles a su palabra y conocedores de cada rincón del castillo- habían ayudado a la pelirroja a encontrar una criatura cambiante y horrorosa: un Boggart, que aclararía su mente y respondería a su interrogante: ¿a qué era a lo que más temía?

Aquella oscura noche, habría sido no solo la primera en que Lily viera a James con otros ojos, sino también, la primera que la acercara emocionalmente con cada Merodeador. Sirius, habría compartido su miedo más grande a los Dementores con ella, como Remus habría dicho que antaño su Boggart fuera la Luna y Peter, revelara que temía a las acromántulas. Pero James… el de cabellos negros y ojos avellana, fue el que esa misma noche, advirtió que su miedo había cambiado y que su más grande temor podía representarse con una sola figura: Lord Voldemort.

— Fuiste muy valiente— aseguró Lily.

— Y es extraño ¿sabes?— le respondió él— Cuando lo vi aparecer, temblaba de miedo. No sabía qué hacer, solo sentía que mi varita caería al suelo si no la aferraba. Mis ojos buscaron a Sirius, como pidiendo que me ayudara a centrarme, pero su voz me paralizó. No pude lanzar ningún conjuro más y solo pude tomar tu mano. Con cada frase, con cada mirada… Reaccioné solo cuando te miró. Lo sabe. Sabe que no eres sangre limpia, sabe tu procedencia como sabía la de Marlene, sus ojos así lo dieron a entender— Lily asintió con la cabeza, ella también lo había notado. Pero ¿cómo se habría enterado el Lord? ¿Habrían sido sus súbditos los que le revelaran dicha información? ¿O era cosa de su gran poder?— Cuando Frank saltó a la discusión, mi boca y mi cuerpo se movieron antes que yo. Cuando me di cuenta, él nos respondía y escuchar como el nombre de Dumbledore se difamaba me hizo estallar. Salir de ahí sin embargo, eso fue un verdadero alivio— suspiró. Lily soltó su mano y rió, acarició su mejilla con cariño y le dijo:

— Un Gryffindor no se paraliza ante el miedo. Lo vence, lo supera. Y tú eres un verdadero Gryffindor, James. No hay otra razón para explicar porque fuiste capaz de plantarle cara a ese maldito. Simplemente, eres un hombre valiente y justo, leal y…— James no la dejó terminar, la besó con intensidad, dejando en el acto la certeza de que tenerla con él, era lo mejor que podría tener. La pelirroja no tardó en corresponder y habían terminado recostados en la cama, cuando un carraspeo los hizo separarse de golpe, como dos adolescentes que son sorprendidos infraganti.

— ¿Lo ves, Canuto? Te dije que no subiéramos— comentó Remus con una sonrisa, desde el marco de madera que rodeara la puerta. A su lado, Sirius sonreía, de esa manera tan característica en que anunciaba que estaba a punto de comenzar a moler.

— ¿Pues qué no se suponía que el ciervito se nos moría de miedo? ¡A la otra, por favor, mejor dinos que nos vayamos, Evans! No es necesario que nos encontremos con estas escenas— se mofó. James abrió la boca para refutar, pero Sirius se adelantó— ¡Pudieron haber cerrado la puerta! Nosotros no invadimos su privacidad. Puerta abierta, entrada libre. Puerta cerrada, entrada forzada— acotó. James se lanzó a por el para meterle un coscorrón, mientras el de ojos plata corría a la planta baja para escapar y Lily reía con Remus ante las infantilerias de los otros dos.

— ¿Te quedas a cenar, Remus?— preguntó la pelirroja.

— Claro, me gustaría. Esperemos que Sirius sobreviva para cenar— se mofó el castaño.

— Mejor que no, si James no lo alcanza, lo haré yo— bromeó la chica— ¿Dónde está Peter?—

—Se fue hace rato, creo que Sirius lo habrá desanimado. Como desapareció antes de que Quién-tú-sabes apareciera, Sirius no perdió oportunidad de reñirlo. Últimamente, se muestra muy duro con Peter, quiere hacerle entender que no debería andar por ahí temiendo todo el tiempo, pero Pete es demasiado tímido como para hacerle caso. Por una parte, Sirius tiene razón, aunque no creo que Peter entienda sus intenciones— le explicó Remus, bajaban las escaleras con destino a la cocina, mientras en la sala, James ya había alcanzado a Black.

— Pobre Peter, parece que se ha vuelto más introvertido desde la desaparición de su padre— comentó Lily.

— Eso parece, pero no he tenido oportunidad de comentarlo tranquilamente con él. De todas formas, no hemos dejado de buscar a su padre, aunque el regreso de los estudiantes se acerca y entre una y otra cosa es difícil llevar la búsqueda— cuando hubieron entrado en la cocina, Lily usó su varita para preparar la cena y mientras charlaban James y Sirius finalmente aparecieron, pronto, Peter y sus cambios se perdieron, cuando James aseguró que buscaría la oportunidad de hablar con su amigo, pues para él tampoco habría pasado desapercibido el hecho de que el oji azul se mostraba de nuevo reservado y tímido como el primer año en Hogwarts.

:-:-:

¿En qué pensabas Peter?— le espetó Sirius— ¡Debiste haberlos burlado! ¡Debiste haber huido! ¿Es que no podías demostrarles que eres mejor que ellos? Si no fuera porque el tonto Lord apareció habría tenido que abandonar la batalla por ir a buscarte.

¿En realidad piensas que podría yo solo con ellos?— respondió Peter, cohibido; internamente esperanzado de que la respuesta del oji gris le ayudara a serenarse, a controlar sus pensamientos.

Hace una hora, lo habría creído. ¿Ahora? No, lo dudo. Si sigues temiendo explotar tus habilidades, si sigues acobardándote en el duelo, no serás capaz de derrotar a nadie. Y no tiene que ser así. Creí que habíamos superado eso hace años— sentenció Canuto dándole la espalda.

Peter negó con la cabeza. Se encontraba en el hogar de sus padres, solo, pues su madre no había deseado regresar luego de la desaparición de su padre y de la muerte de su abuela, aquella tarde gris, Peter agradecía estar solo.

La palabras de Sirius se repetían incontables veces en su memoria, acompañadas solo por las de los Mortífagos y el Lord.

Por una parte, el comentario de su amigo le daba a entender que esperaba más de él, mientras que a ratos en realidad parecía que comenzaba a pensar en él como un debilucho. Avery y Mulciber habían provocado que su confusión se centrara en darse cuenta que poco a poco había comenzado a alejarse de sus amigos. Y Voldemort… ¡El señor Tenebroso prácticamente le había extendido una invitación! —Para algunos... Aún no es tarde— había murmurado, pero ¿qué quería decir?

Entre más lo pensaba más se confundía. Entre más ahondaba en las actitudes de sus amigos más parecía que comenzaban a excluirlo. ¿Pero en verdad Lily era el problema? La pelirroja siempre lo había tratado bien y lo había apoyado. ¿No le había pedido que fuera él quién cuidara de Remus en batalla? ¿Y James? Solo cumplía su deber como marido, Peter no podía creer que su falta de atención fuera ilógica, el pelinegro tenía tantas responsabilidades como mago que como esposo. ¿Pero y Sirius y Remus? ¿Es que no podían visitarlo? ¿No podían buscarlo? —Habría tenido que abandonar la batalla por ir a buscarte— había dicho Canuto. ¿Es que eso le molestaba? ¿Es que lo irritaba sentirse la niñera de Pettigrew?

— Pero tiene razón— se dijo a sí mismo— No puede estarme protegiendo, estábamos ahí para derrotar a los demás y por momentos nos llevaban ventaja— de repente, parecía que era Peter el que hubiera hecho mal dejándose acorralar— Pero yo no lo busqué. Sucedió de repente…— y eso no habría pasado si Sirius no hubiera corrido a cubrir a James y Remus dejado su lugar junto a él. ¿O había sido él, el que se movió?

Confundido como estaba, Peter decidió prepararse la cena y dejar de darle vueltas al asunto. Quizás después… Quizás debería prestar más atención a sus amigos, antes de llegar a una conclusión. De cualquier forma, no podía decirles que fueran los del otro bando los que lo obligaran a pensar en todo. No, porque ellos no entenderían, dirían que todo era mentira. ¿Pero estaba bien comenzar a guardarles secretos?

:-:-:

El verano finalmente se acercaba a su final y con él, las vacaciones terminaban anunciando el regreso de los magos y brujas en etapa escolar al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Desde su último viaje a Londres, que hubiera resultado un éxito en cuanto a la seguridad de los estudiantes, la nombrada Orden del Fénix comandada por el Director del colegio, Albus Dumbledore, se había preparado una vez más para llevar a cabo un viaje seguro para todos aquellos que abordaran el Expreso de Hogwarts.

Desde la mágica entrada ubicada entre las plataformas 9 y 10 de la estación de trenes King Cross en Londres, hasta los pilares del andén 9 ¾ y las puertas del expreso, el lugar había sido cubierto por magos capacitados para su protección. Desde sus puestos, las escenas que los vigilantes alcanzaban a admirar, bastaban para que los presentes corroboraran que en realidad su misión valía mucho más que cualquier peripecia que pudiera ocurrir.

— ¿Conmovida, pelirroja?— preguntó Sirius a espaldas de Lily, quién montaba guardia desde uno de los pilares del andén. Frente a ella, una madre y un padre muggles se despedían de su pequeño hijo que volviera al castillo para cursar el tercer o quizás el cuarto curso. Lily sonrió antes de girarse dónde el oji gris.

— Bastante. Ver a todas estas familias me hace darme cuenta de lo que buscamos proteger y de lo que Voldemort jamás podrá arrebatarnos— respondió. Sirius volvió la mirada al pequeño que acababa de subir al tren.

— Tienes razón, son estas cosas las que ese maldito nunca nos quitará. Por estas escenas, es que me alegro de estar cerca de James y de ti— comentó el pelinegro— Dentro de unos años, podría estarlos acompañando a ustedes a dejar a un mini Cornamenta de 11 años…—

— En primer lugar, si tuviera un hijo, jamás lo traería contigo. Todavía no estoy segura de que seas una buena influencia, mira nada más lo que hiciste con James— se mofó la pelirroja, Sirius abrió la boca para refutar:

— Para tu información, Jimmy ya era un desastre cuando yo lo conocí y si no mal recuerdo, tú estabas ahí— por respuesta Lily rió y dio un codazo a Sirius.

— Sería bonito venir de nuevo a dejar a mis hijos. Aunque espero que eso ocurra cuando la guerra termine…— murmuró la chica.

— Cuando eso pase, lo único que su hijo escuchara de la guerra, será como su padre plantó cara al estúpido señor Tenebroso y como su madre se enfrentó a toda clase de peligros por conservar un mundo sin muerte y terror para él— le aseguró el de ojos plata, pasando una mano por sus hombros. Lily se sonrojó.

— No olvides a su padrino. Mi hijo escuchará miles de historias en las que su padrino surcó los cielos en su motocicleta solo para perseguir Mortífagos que ninguna oportunidad tenían contra él— Sirius pareció reaccionar ante el cometario de Lily y la emoción en sus ojos detonaba la alegría que había provocado el argumento.

— ¿Lo harías? ¿Me nombrarías padrino de tu hijo o hija, Lily?—

— James dice que prometió nombrarte a ti, si no me arrepentía de casarme con él antes de la boda. Así que estoy obligada a hacerlo— Lily rió ante la mueca que surcó el rostro de Sirius, pero hizo una pausa en su argumento antes de proseguir, disfrutando la expresión de Black— Pero, honestamente Sirius, ¿conoces a alguien mejor para padrino de un Potter, que tú?—

— Bueno, siempre está Remus— suspiró Sirius mirando en dirección del aludido, que dos pilares más allá montaba guardia junto a James y Peter.

— Confío en que tendremos el suficiente tiempo como para tener una familia en la que Remus y Peter también sean padrinos— espetó Lily sin despegar la mirada de los tres Merodeadores y disfrutando de la ilusión que causaba el formar una familia con James.

—Lo tendremos pelirroja, lo tendremos. Después de todo, una familia de Merodeadores es lo mejor que puede pasarle a la comunidad mágica— le dijo Sirius, dirigiendo una sonrisa a James que acababa de girarse. El silbato que anunciaba que el tren finalmente partiría se hizo escuchar y puestos para que el Expreso comenzara el viaje, Lily y Sirius dejaron de charlar.

La tarde transcurrió sin novedades ni ataques. Cuando el tren desapareció de la vista y los magos que hubieran acudido a dejar a sus pequeños se marcharon, la guardia dispuesta también partió, reuniéndose más adelante con quiénes custodiaran el lado muggle del andén. Mientras que en el tren, los mismos Benjy Fenwick, Emmeline Vance y Sturgis Podmore montaran el número de seguridad hasta que los estudiantes estuvieran resguardados en la seguridad del castillo.

Al salir de la estación, los Potter, Remus, Sirius y Peter, se unieron a los Longbotton y a Dorcas para aprovechar su estancia en Londres y visitar el Caldero Chorreante dónde una buena copa no les sentaría mal. Mientras caminaban, Dorcas charlaba con Sirius sobre su última experiencia viajando en la motocicleta del chico, mientras los Potter y los Longbotton discutían las buenas y malas del matrimonio y Remus intercambiaba con Peter opiniones sobre la misión que acababan de dejar atrás.

El Caldero Chorreante los recibió luego de una buena caminata y Tom, el tabernero los atendió con una sonrisa. Pronto los seis tuvieron una copa con cerveza de mantequilla en sus lugares y las charlas fluyeron en torno a lo sucedido en los últimos meses. Desde que Frank y James hubieran plantado cara al mismísimo Lord Voldemort, los ataques de los mortífagos habían aumentado y muchos de ellos se comenzaban a ensañar en derrotar a los dos matrimonios que hubieran demostrado su valía como magos y su valor al encararlos. Dorcas comentó que su rivalidad con Bellatrix iba en aumento y rió con ganas cuando Sirius comentó:

— No te sientas mal Dorcas, a la serpiente de mi prima no le agrada nadie que no sepa sisear—

— Yo creo que en vez de pensar en ti Dorcas, deberías pensar un poco en el pobre Rodolphus. Después de todo, es el, quién tiene que compartir cama con Bellatrix y eso debe ser realmente una tortura— siguió mofándose James ante las carcajadas de grupo.

— ¡Por Merlín, Cornamenta! Me lo he imaginado. ¡Qué susto! Creo que se me revuelve el estómago de imaginar a esa serpiente al lado de alguien en la cama— exclamó Sirius, estremeciéndose ante la idea. Todos soltaron la carcajada. Cuando las cervezas se terminaron, los magos se permitieron darse una vuelta por el callejón Diagon; a su paso se encontraron a Hagrid, quién comprara artículos para los invernaderos de Hogwarts y con Doris Crockford quién estuviera visitando el banco de los magos, Gringotts.

Bastante alegres por estar de vuelta en el lugar que les diera la bienvenida cuando todos cumplieron los 11 años para entrar a Hogwarts, el grupo disfruto de su visita y las charlas fueron amenas y animadas durante ella. Hacia el atardecer, cuando la noche comenzara a anunciar su llegada, todos se despidieron y se desaparecieron junto a Ollivanders con rumbo a sus hogares. James se despidió de sus amigos, hasta volver a verlos en la reunión del día siguiente de la Orden, que tendría lugar en el hogar de Dedalus Diggle, puesto que desde que aumentaran los duelos contra Mortífagos, los cuarteles generales variaban en cada reunión, despistando a los enemigos.

Cuando Peter se desapareció, nuevos pensamientos se agolpaban en su cabeza.

Nada había cambiado demasiado desde el ataque en que Avery y Mulciber lo acorralaron, Sirius no había retomado la riña y James había hablado una vez con él, sobre su actitud introvertida, invitándolo a desahogarse con el e gafas si algo lo molestaba pero sin lograr aclarar su mente por completo. Durante aquel mes, el pequeño Peter había pasado sus días observando a sus amigos, notando como de una forma u otra, casi imperceptible para los demás, él era el menos considerado en lo que respectaba al trabajo en equipo; por momentos, lograba convencerse de que aquello solo era la costumbre de mantener detrás a Peter como en el Colegio hubieran hecho para que ningún alumno o profesor advirtiera que se retrasaba un poco e seguir el hilo de las cosas, pero no podía dejar de sentir por momentos que en realidad, todo se debía a que no creían en él lo suficiente como para mantenerlo cerca en la refriega; sin proponérselo, Peter había comenzado a convencerse de que sus amigos pensaban de él, lo que antaño hubieran dicho que no hacían: que era un tonto, un inútil, un bueno para nada.

:-:-:-:-:

—Debido a los nuevos informes, Alastor y yo, creemos prudente formar pequeños equipos que seguirán, cazarán y espiaran a uno o dos mortífagos— anunció Dumbledore luego de haber dado lugar a los informes respecto a la situación en el frente. Los presentes, asintieron con la cabeza, confirmando que estaban de acuerdo con la nueva estrategia.

— Bien. Fenwick y Dearborn, vigilaran a Alecto y Amycus Carrow— indicó Moody— Dorcas y los Prewett, vigilaran los tres Lestrange, esos desgraciados no se separan.

— Esperemos que sigan así, porque Rabástan me debe una— murmuró Fabián con una sonrisa.

— A Vance y a Jones les tocan Dolohov y a Rockwood— siguió Moody. Emmeline y Hestia asintieron con la cabeza— Bones y Podmore; Rosier y Rowle. Evan, hijo de Rosier, trabaja en el Ministerio, yo me encargaré de vigilarlo.

— Bien. Rowle será fácil de capturar, es algo tonto— murmuro Sturgis.

— Longbotton, ustedes vigilaran de cerca al hijo de Crouch junto a Selwyn. Barty Jr. Gusta de asistir a los juicios del Wizengamot aunque dudo mucho que este en el Ministerio para seguir los pasos de su padre. Como sea, es bastante escurridizo, tengan cuidado— ordeno Moody.

— Ya decía yo, que ese chico tenía una mirada de loco— murmuró Frank a su esposa.

— McKinnon, quiero que sigas a Travers, Wilkes y Yaxley fuera del Ministerio. Creo que ellos tienen su propio cuartel y claramente nos interesa saber dónde está—

— Claro, no será difícil— aseguró Marlene.

— Black, los Malfoy, Lucius y su esposa—

— Seguro. Me fascinara atrapar a ese idiota— sonrió Sirius.

— Potter, ustedes seguirán a Snape y a los inseparables Crabbe y Goyle. Sabemos que esos tres, hacen muchos encargos para su señor— Lily se tensó ante el nombre de Snape, pero James disfruto el saber que tendría una excusa para seguir al cabeza grasosa.

— Pettigrew, quiero que espíes a Mulciber y Avery, visitan frecuentemente los sitios populares y sabemos que desean venganza por la muerte de sus respectivos padres— aseguró Moody. Peter se estremeció ante su misión pero asintió con la cabeza— Yo vigilaré la Oficina de Aurores dese ahora. Regulus Black sigue sin aparecer, pero no perdemos la esperanza de que aparezca, quizás haya traicionado al Señor Tenebroso o quizás esté preparando un mandato de su amo— Sirius se irguió ante la mención de su hermano y agradeció los detalles pues la mirada de Moody se clavó en él. Remus miró a James que se hallaba tan confundido como él.

— Señor, disculpe pero…— comenzó a decir, pero Dumbledore tomó la palabra.

— Oh, mi querido Lupin, no creas que nos hemos olvidado de ti. Es solo que me gustaría discutir unas cosas contigo, en privado. ¿Podemos disponer de tu despacho Dedalus?

— Por supuesto Albus, pasen, pasen— respondió Dedalus con una sonrisa.

— Gracias. Con permiso— Remus y Albus se retiraron, al tiempo que Moody los seguía y los demás miembros comenzaban a retirarse pues lo que fuera que Dumbledore quisiera con Remus en privado era seguro que nos les incumbía. Los únicos en quedarse fueron los Merodeadores, quiénes no dejaban de preguntarse que sería exactamente lo que Remus debería hacer.

— Tal vez… es algo relacionado con su problema peludo— murmuró Sirius a James, quién como él, se mostraba preocupado.

— Esperemos que no sea eso…— suspiró James con un nudo en la garganta.

:-:-:

El despacho de Dedalus era algo más pequeño que el de Charlus Potter, pero a Remus le agrado descubrir que guardaba un acogedor parecido con el de su padre. Lyall Lupin quién pasara mucho tiempo entre sus libros y sus investigaciones, compartía con Dedalus el gusto por los muebles sencillos y revestidos con pintura oscura como los troncos de los árboles de los bosques y por los libros con cubiertas desgastadas.

Apenas entraron, Dumbledore tomó asiento en el lugar que correspondía detrás del escritorio y Moody se situó a su lado, Remus tomó asiento en una de las sillas del frente y escuchó con claridad lo que los dos hombres frente a él, tuvieran que decirle.

— Nos han informado que los nuevos reclutas del Señor Tenebroso son los hombres lobo—dijo Moody. Remus se tensó ante aquella afirmación y por un momento temió que el Cazador estuviera presente para apresarlo a él. ¿Dumbledore había revelado ya su condición a Moody?— Fenrir Greyback es el líder de estos, muchos de los hombres lobos comienzan a unirse a su manada y el ministerio está cada vez más seguro que los hombres lobo son el primer mal en la línea de Voldemort que hay que erradicar—

— Primero que nada, Remus— continuó Albus— Quiero hacer de tu conocimiento que debido a las nuevas circunstancias me he tenido que acercar a Alastor y comentar la naturaleza de tu condición como Licántropo—

— Sí, yo… no sé qué decir profesor…— comenzó Remus.

— No pretendo juzgarte Lupin, porque en realidad no me importa lo que seas, sino más bien lo que hagas. Te conozco desde hace un tiempo y si no fuera porque soy bastante observador y porque Albus ha confirmado mis sospechas, jamás creería de ti, que fueras un hombre lobo— le aseguró Moody con una media sonrisa— En todo caso, el señor Black tiene más pinta de animal que tú— se mofó el cazador. Remus se permitió reír.

— Sí, a veces eso parece— acotó el castaño— Pero… en lo referente a Greyback, ustedes… pretenden que ¿sea yo el que lo siga?

— No exactamente— indicó Moody— Hemos pensado que sería prudente mantener un espía entre ellos y como podrás suponer, ese espía perfecto eres tú; contigo dentro podríamos no solo enterarnos de lo que Voldemort trama sino también convencer a los Hombres Lobo de que se unan a nuestro bando. Si suficientes hombres lobos se asemejaran a ti, lograríamos convencer al Ministerio de que no todas las criaturas que rondan el mundo son monstruos— aseguró Moody. Remus se tornó taciturno y el director supo que pensaba en lo dicho.

— Remus…— le dijo Dumbledore— No te daríamos esta misión si no fuera importante. Soy consciente del peligro que esto representa y quiero que sepas que aprecio demasiado tu vida como para forzarte a hacerlo. Depende de ti si deseas continuar, bien puedes apoyar a tus amigos en sus misiones, no tienes porqué ir…— le aseguró. El castaño miró a ex profesor y asintió con la cabeza.

Remus John Lupin había sido desde pequeño un niño cariñoso y amigable. Su niñez se había tornado dura cuando a los 5 años, un hombre lobo irrumpió en su habitación buscando venganza contra su padre y lo mordió, transformándolo así en un Licántropo. Sus padres lo habían amado tanto como un padre puede amar a un hijo y por tales motivos lo habían protegido del mundo, encerrándolo las noches de Luna y mudándose de residencia cada que alguien comenzaba a darse cuenta de su condición. Por años, fue un muchacho solitario y cabizbajo, tímido por no decir. La luz había alumbrado su vida cuando Albus Dumbledore apareció en su puerta y le anunció que disponía de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia. Y al tiempo, aquella luz se había extinguido cuando hubiera recordado su enorme problema. Las condiciones, sin embargo, habrían sido conocidas por el director quién asegurando que aquello podía fácilmente resolverse, construyó un pasadizo desde el mágico castillo hasta una abandonada construcción conocida como la Casa de los Gritos desde entonces y hasta la actualidad. Dumbledore no solo le aseguró que podría estudiar en el colegio sin problemas, sino que también lo convenció de que aquel lugar sería para él un faro de luz que jamás se apagaría. Y no se había equivocado.

En Hogwarts, Remus tuvo la fortuna de conocer a dos jóvenes magos que tan pronto como lo vieron, lo aceptaron sin reservas. Juntos, los tres incluyeron en el círculo a un cuarto miembro que pronto se volvió como todos un hermano y los cuatro en una fuerte hermandad. Durante un tiempo, Remus también soportó la mentira que mes con mes lo separaba de sus amigos y el dolor que le provocaba no poder contarles sobre su problema. Y sin embargo, todos aquellos esfuerzos resultaron vanos. James, Sirius y Peter descubrieron su condición y cuando el terror acorraló a Remus al creerlos perdidos, los tres demostraron una vez más que su cariño y su amistad iba más allá de lo que era en realidad. Lo aceptaron y lo quisieron, lo apoyaron y cuidaron y finalmente, decidieron arriesgar sus vidas y sus libertades para transformarse en animagos y acompañarlo durante esas noches de Luna en que tan solo llegaba a sentirse.

Gracias a los Merodeadores, Remus dejó el miedo atrás y la Luna no fue su Boggart en adelante, gracias a ellos, las noches de Luna eran una aventura más y los más inhóspitos rincones del Bosque Prohibido su refugio y travesía convertidos en animales.

La salida de Hogwarts marcó el final de esos días, pero no de las aventuras. Desde que se hubieran graduado, no había mes que ellos no lo acompañaran a la Casa de los Gritos de nuevo o al Bosque más cercano donde pasar la transformación.

Y ahí estaba. Remus John Lupin, el tímido, el cerebrito. El Merodeador conocido como Lunático, el que fuera el estratega de las trastadas y las aventuras.

Remus, el licántropo. Remus, el del pequeño problema peludo. Remus, el hombre lobo que tenía la oportunidad de conocer a más como él y quizás, hacerlos seguir su ejemplo.

—Lo haré— sentenció con una sonrisa.

Porque la idea de acercarse a los hombres lobos y convencerlos de que los magos podían aceptarlos y podían vivir en paz con ellos era atractiva. Porque la certeza de que había muchas más gente como los Merodeadores y como Lily y como Moody y Dumbledore, que no los juzgara y temiera sin conocerles, servía para que la esperanza de crear un mundo pacífico y armonioso se volviera realidad. Además de todo, Remus tenía la certeza de que era por eso, que Dumbledore había pensado en enviar un espía entre los lobos.

:-:-:-:-:

¡Confringo!— exclamó Peter alzando su varita y echando a correr. Avery quién se detuviera ante el tronco del pino que el joven de ojos azules hiciera estallar, se rezagó solo lo suficiente para que Mulciber tomara la ventaja. Peter no miró atrás durante unos momentos hasta que la maldición de Mulciber le rozó la oreja— ¡Confundus!— volvió a exclamar, pero Mulciber desvió el conjuro y siguió detrás de él.

— "Si serás idiota, mira en que te metiste"— pensó para sí, regañándose por tan garrafal error cometido durante su misiva. Había pasado casi un mes de que a los miembros de la Orden se les asignaran mortífagos a seguir y como a Peter le había tocado trabajar solo, había optado por seguir a sus asignados desde su forma animaga que le había permitido seguirlos hasta sus hogares sin que ellos se percataran si quiera que había un mago entre ellos. Más de una vez los había encontrado persiguiendo muggles y reuniéndose con otros de su bando, si estaba entre las posibilidades de Peter, intentaba que ningún muggle se cruzara en sus caminos o escuchaba de cerca las conversaciones de esos dos. En el mes que llevaba algo le decía que podría capturarlos, aunque no estaba seguro de que era lo que lo detenía a hacerlo o avisar a sus amigos de sus avances.

A decir verdad, Peter había comenzado a alejarse de los Merodeadores sin proponérselo. James pasaba sus días con Lily siguiendo a sus asignados, mientras que los días de descanso los terminaban en casa. Sirius los visitaba seguido pero Malfoy era un hueso duro de roer, se mantenía lo bastante cerca de los Lestrange y Peter sabía que una ocasión, su prima Bellatrix había visitado a la señora Black, captando la atención de Sirius quién no había visto a su madre biológica en mucho tiempo. Remus por otra parte, era otra historia. Desde que hubiera anunciado su misiva entre los lobos, James y Sirius se habían negado a que participara, pero al escuchar las razones del castaño, lo habían apoyado e instado a avisarles si algo andaba mal, Remus había partido en busca de la manada más cercana y por las pocas veces que había logrado escapar había dejado en claro que sería una misión tardía y complicada. Por otra parte, Peter lograba mantenerse sereno respecto a sus cavilaciones personales cuando se mantenía alejado de sus amigos y no era necesario plantearse las ideas que antaño hubiera albergado. Ese día sin embargo, acababa de poner un pie fuera del departamento de Sirius cuando escuchó que este, ya tenía visitas. James, por supuesto.

No estaría mal, un día sin guerra. Nos hace falta— aseguraba James.

Pues claro que no estaría mal, por eso te lo digo. Esperemos que Remus pueda escapar de su manada, me preocupa que lo vigilen tanto, creo que saben porque está ahí— acotó Sirius.

Si algo marcha mal, prometió decirnos, confiemos en que solo tiene que ganarse la confianza de los otros— Peter casi podía ver la sonrisa de James en sus labios— Y ¿Peter? ¿Le has dicho ya?—

Que va, no he podido. No lo veo seguido, el otro día, estaba por marchar a buscarle para ir a tu casa, cuando Malfoy decidió irse a dar una vuelta a Borgin y Burkes y tuve que seguirle. Se me escapó la oportunidad— aseguró el de ojos grises, Peter sonrió.

Tal vez que sea mejor así, Peter está demasiado despistado últimamente como para ayudarnos. Remus tiene más cabeza para esas cosas— comentó entonces James y la sonrisa de Peter se borró al instante.

Claramente, no se quedó ahí para averiguar de qué hablaban sus amigos (aunque de haberlo hecho, habrían sabido que lo que sus amigos deseaban para Halloween era una trastada al estilo de los Merodeadores contra un Mortífago), se desapareció y apareció fuera del hogar de Avery confiando en que ese día solían reunirse en casa de Mulciber y sin haber tenido la precaución de transformarse.

Se encontraba tan desconcertado con el último argumento de James que no advirtió que sus asignados estaban presentes a metros de él. Peter tuvo poco tiempo para escapar y fue gracias a esa lechuza que llegó a manos de Mulciber que logró tener una ventaja. Internado en el bosque que rodeaba la casa de Avery, Peter había logrado llegar hasta dónde estaba, aunque la ventaja estaba próxima a terminar:

¡Carpe retractum!— exclamó Mulciber y la cuerda que surgió de su varita se enredó de lleno en los pies de Peter.

El castaño cayó al suelo y su varita estuvo a punto de rodar y perderse entre la tierra, cuando Mulciber comenzó a tirar de la cuerda. La tierra manchaba sus ropas y las ramas rasguñaban su cuerpo, Peter no lograba sujetar firmemente la varita y cuando lo hicieron girar, Avery y Mulciber ya lo miraban desde arriba con las varitas apuntándole y dos sonrisas retorcidas en los labios.

— Miren nada más, una vez más, cara a cara— le saludó Avery.

— Que bueno que has venido a visitarnos Pettigrew, nos has ahorrado el tener que buscarte— aseguró Mulciber.

— Yo no he venido a visitarlos, mi tía…— comenzó a decir.

— No nos engañes, sabemos que nada tienes que hacer por aquí. Y aunque nos da curiosidad saber el porqué de tu repentina aparición, no te interrogaremos dados nuestros planes— le dijo Avery.

— Dime Pettigrew…. ¿sabías que Lord Voldemort desea hacerte una invitación directa?— preguntó Mulciber. Peter se quedó mudo, sus ojos se abrieron grandes como platos y su boca se abrió formando una perfecta O.

— ¡Vaya! Creo que no lo sabías— exclamó Avery— Pues sí, aunque no lo creas, nuestro Señor no pasó por alto que pareces un mago excluido y poco apreciado entre el Ejército de Dumbledore—

— Eso no…— refutó Peter, pero Mulciber lo mandó callar con un hechizo.

— No te sigas mintiendo Peter. Sabes bien que tenemos razón, lo mejor que puedes hacer en estos casos es simplemente escuchar. Lord Voldemort quiere que sepas que conoce tu linaje y que posee el suficiente poder como para ayudarte a escalar la montaña social. Unirte al Lord, puede significar mucho más de lo que en realidad crees— siguió diciéndole Mulciber.

— Piénsalo Pettigrew, con Dumbledore, arriesgas tu vida por personas que ni siquiera lo notan, tus amigos te vuelven la espalda y apuesto a que sus posiciones sociales y sus físicos de tontos arrogantes los convencen de que no eres lo suficientemente listo y merecedor de estar cerca de ellos. Pero con el Señor Tenebroso nada tendría que ser así. Con él, estarías protegido, nada te pasaría, lo único que tienes que hacer, es unirte a nosotros. Ven, únete al Lord y tu recompensa será el poder, la vida que siempre quisiste y un lugar importante entre los magos— dijo Avery sonriente.

— Danos la espalda y no nos verás venir. Te cazaremos y mataremos. Haremos que tus amigos lo contemplen y entonces solo confirmarás que ni siquiera les importara. No te creen lo suficientemente bueno como para interrumpirnos. Para todos, eres simplemente, Pettigrew, el olvidado, el excluido. La mascota del grupo— aseguró Mulciber. Peter forzó su lengua a moverse, pero el encantamiento de Mulciber a un tenía efecto.

— Piénsalo, la próxima vez que te veamos, esperamos una respuesta— le dijo Avery y sin más los dos desaparecieron, dejándolo atado y con la lengua inmóvil. No hizo intentos de moverse, ni siquiera de hablar, permaneció tumbado entre las ramas y la tierra y con la luz del sol cayendo sobre su rostro.

¿Lord Voldemort le extendía una invitación así? ¿Entonces, todos sabían ya que los Merodeadores no lo consideraban más que un pequeño chico para usar de mascota? ¿Es que James ya no necesitaba de Peter para admirarlo? ¿Sirius por fin veía la oportunidad de deshacerse del eslabón débil entre ellos?

Sería mucho más sencillo pasarme a su bando con la maldición Imperius. Si han decidido hacerme esto, es porque ¿en verdad creen en mí potencial?— se preguntó. De repente, sintió la lengua moverse y recuperando la voz, movió su varita para zafarse las cuerdas, se puso de pie y desapareció, porque de repente, deseaba estar solo en su casa y pensar.

Por una fracción de minuto, la idea de volverse del bando contrario se volvió tan apetecible como un exquisito banquete del Gran Comedor preparado por los elfos.

:-:-:-:-:

Hacía frío. Los días a la intemperie comenzaban a cobrarle factura pues estaba seguro que se resfriaría. ¿O era lo cerca que se encontraba la Luna Llena? Con un suspiro de cansancio, Remus se dejó tumbar en la tierra, recargado en un frondoso árbol. Aquella Luna llena, llegaba en la última semana de Octubre y Halloween se atravesaba en ella. La manada que hubiera localizado y que lo hubiera aceptado, se mantenía muy alerta ante posibles traidores, así que Remus tenía que ser muy cuidadoso en lo que respectaba a sus escapadas para visitar a la Orden.

Otro suspiro y las ganas incontrolables de marcharse en ese preciso momento de aquel frío bosque. El nombre del lugar le resultaba vagamente familiar, como si lo hubiera escuchado hacía ya demasiado tiempo, aunque lo cierto era que quizás venía en algún libro de magia, después de todo, muchos acontecimientos mágicos se habían llevado a cabo en los bosques, aquel verde lugar galés no podía ser sino otro más.

— Lupín— lo llamó uno de los hombres lobo de la manada. Tendría quizá años más que él y su barba necesitaba con urgencia de una buena afeitada.

— ¿Pasa algo?— preguntó el castaño.

— Que va. Solo me preguntaba por qué siempre te aíslas tanto. Llegaste a la manada buscando a más cómo tú, pero no convives demasiado con nosotros— le dijo el lobo, sus ojos eran azules y refulgían a pesar de la escasa luz que iluminaba el lugar, pues hacía horas que la noche hubiera caído.

— Creo que me he acostumbrado a estar siempre solo— mintió— Como ya les dije mis padres me volvieron la espalda y no es cómo que los magos me aceptaran demasiado— aseguró. El hombre lobo a su lado gruñó y Lupin volvió a sentir ese nudo en la garganta que se le formaba cuando mentía.

— Te entiendo, pero es por eso que deberías unirte más a nosotros. Halloween nos dará una buena ocasión para celebrar, el mismo Fenrir Greyback vendrá ¡y traerá a su manada!— le comentó el lobo con ánimos, como si la llegada del hombre lobo que lo hubiera mordido cuando solo tenía 5 años lo alegrara. Con pesar, Remus se unió a la algarabía y trató de mostrarse animado ante aquellas noticias, muy pronto el hombre lobo lo dejó solo invitándolo a dormir y Remus se dejó envolver por la esperanza de que muy pronto la primera semana de Noviembre terminara para que el pudiera buscar la ocasión para escapar y visitar a los Merodeadores a quiénes estaba demás decir, extrañaba como loco.

Ánimo Lunático, cuando esto termine, estaremos todos juntos y entonces por fin comenzara nuestra vida de aventura desenfrenada luego de Hogwarts— había prometido James la última vez que se vieran.

La próxima reunión, debemos darnos buenas noticias— había comentado Sirius, pero pese a que Remus no tenía verdaderas buenas noticias, deseaba volver y escuchar lo que fuera que sus amigos tuvieran que decirle. Y vaya que valdría la pena.

:-:-:-:-:

¡Depulso!— exclamó James, plantándole cara a Crabbe y lanzándolo por los aires con la potencia de su hechizo.

¡Carpe…!— comenzó a decir Goyle, pero Lily lo aturdió y lo mandó de bruces al suelo. Crabbe volvió al ataque y su Sectum cortó levemente la mejilla de James.

— Algunos— comenzó a decir el de gafas— Si tenemos un rostro que cuidar, idiota— se mofó— ¡Deprimo!— exclamó y su varita apuntó al suelo. Un gran agujero se formó al instante y Crabbe cayó al suelo sin poderlo evitar. Con una sonrisa de satisfacción, James se giró con la esperanza de encontrar a Lily, pero incluso antes de haberse dado la media vuelta como debía ser, la temperatura bajo gravemente y James atinó a contemplar horrorizado como su esposa caía al suelo. Un Dementor había aparecido en el almacén abandonado en que Crabbe y Goyle los hubieran acorralado luego de haberlos sorprendido atacando a dos muggles.

¡Expecto Patronum!— exclamó James y al instante, el ciervo plateado que surgió de su varita logró ahuyentar al dementor. Sin perder tiempo, el de gafas corrió hasta su esposa y la sujetó entre sus brazos, no se quedó más para seguir combatiendo contra los dos Mortífagos y se limitó a desaparecerse y aparecer en la sala de la mansión Potter. Lily yacía inconsciente cuando aparecieron, lo cual solo aumentó su preocupación.

— Lily… Lily por favor… Lily…— la llamó, moviendo su cuerpo entre sus brazos, como quién desea despertar a alguien que ha permanecido dormido. Lily se removió y tras un segundo pegó un brinco en el sofá donde James se hubiera apoyado y reaccionó.

— James…— lo llamó. El pelinegro suspiro de alivio y la abrazó sin importarle que la pelirroja se hallara aun desconcertada. Pasados unos segundos, Lily correspondió al abrazo y cuando James la soltó recibió gustosa sus labios.

— No me asustes de ese modo— le dijo él con una sonrisa. Lily asintió con la cabeza y su mano se dirigió a su vientre— ¿Pasa algo? ¿Te han herido? Lamento no haberme dado cuenta de que el dementor había aparecido, esos idiotas…

— Tranquilo James, tranquilo— lo cortó Lily con una sonrisa— Yo… no me pasó nada, es solo que las emociones de la batalla me alteraron, creo que últimamente me desgasto con demasiada facilidad. Tengo que aprender a cuidarme—

— ¿Te has sentido mal? Lily, ¿por qué no me lo habías dicho? Iré por las capas e iremos a San Mugo— espetó al tiempo que se ponía de pie. No había dado ni un paso con rumbo al perchero cuando Lily lo tomó de la manga y sonrió.

— No es necesario James. Yo… perdóname de verdad por no habértelo dicho, pero… lo que pasa es que quería que fuera una sorpresa— comenzó a decirle. James se detuvo y la encaró.

— ¿De qué hablas? ¿Qué sorpresa?

— Hace una semana, cuando Sirius y tú acompañaron a Frank a conseguir información de los Crouch, yo… le pedí a Alice que me acompañara a una clínica muggle. Me había estado sintiendo mal y bueno, ella también, un poco, se nos hizo extraño y no quisimos visitar San Mungo dado que ustedes fácil se enterarían. Me hicieron unos estudios y los resultados llegaron ayer por correo muggle…— se explicó Lily con un hilo de voz. James, quién se hubiera tensado desde el momento en que escuchó que Lily había visitado a un médico, esperó a que la chica continuara pero al ver que ella esperaba una reacción sonora de su parte, dijo:

— ¿Por qué no me dijiste? Pudimos haber ido juntos—

— Lo sé, pero las sospechas eran grandes. Alice también las sentía y personalmente quería poder confirmarlo antes de decírtelo. He pasado unas semanas terribles ocultándote esto. Perdón— se disculpó la pelirroja.

— Pero ¿me dirás que era? ¿Qué tenías o tienes? Por Merlín Lily, no me asustes— rogó el pelinegro. Lily sonrió.

— Me mareo constantemente y también pierdo el apetito. Mi humor no está en su mejor punto… La doctora me hizo unos estudios de sangre y…

— ¿Y? ¿Qué?—

— James… vas a ser papá— sentenció ella. La reacción ante sus palabras, fue inmediata. En un segundo, James había imitado con gran eficacia el efecto del Petrificus Totalus ya que se paralizó al instante y a Lily le preocupó que hubiera dejado incluso de respirar.

Se mantuvo quieta, esperando que su marido reaccionara o siquiera que sus ojos pestañearan, pero al no haber respuesta, comenzó a preocuparse. ¿La noticia, no había alegrado a James? Por supuesto, Lily también había pensado muchísimo en eso, desde que junto a Alice, ambas unieran los síntomas y el extraño retraso en la menstruación que el mes de Octubre no habían tenido. La primera semana se Noviembre aprovecharon el día para su visita al médico muggle y luego de unos días, los resultados se habían confirmado. Lily había caído momentáneamente en el pánico que generaba la noticia al darse cuenta que por un descuido un ser comenzaba a formarse dentro de ella y llegaría al mundo en medio de una terrible guerra. Aunque la felicidad que la había embargado era grande, el miedo, el terror de que el fruto de su amor con James llegara para vivir una época peligrosa y un futuro nada seguro, también se había hecho presente. Con meditación, Lily había llegado a la conclusión de que aunque su bebé no llegaría a su vida en la mejor época para el mundo mágico, llegaría al mundo amado y esperado por sus dos padres y sus tres tíos quienes con ese nacimiento tendrían un motivo más para luchar por un mundo mejor. Ante la reacción de James, Lily se preguntó sí el chico no pensara contrario a ella.

Por su parte, James no sabía cómo tomar aquella noticia. Un hijo. ¡Un hijo de Lily y él!

La noticia le cayó encima como si Lily Evans hubiera aceptado de nuevo concederle una cita en su séptimo año. Como si la pelirroja más hermosa del mundo hubiera vuelto a aceptar casarse con él en el claro de los límites de Hogwarts. Como si Sirius Black y Remus Lupin hubieran hablado en su boda. Como si Lily Evans le regalara noches de infinita pasión y amor en la intimidad de la habitación.

Una sonrisa surcó sus labios. Y ante la sorpresa que Lily expresaba por su falta de respuesta, alzó los brazos y la abrazó. Se perdió en su aroma a Lirios, en la sensación de su cabello tan cerca de la nariz. Y rió.

— ¡Seremos padres! ¡Lily, seremos padres!— le repitió una y diez veces más. La pelirroja no pudo contener su alegría y tan pronto como James la alejó y la besó, sus lágrimas comenzaron a desbordarse por sus mejillas.

— ¡Por Merlín! ¡Esto es lo mejor que he hecho en mi vida!— le dijo el chico— Lily, sé lo que piensas, sé que ya habrá pasado por tu mente el hecho de que un bebé no es la mejor cosa que podríamos hacer en medio de una guerra. Sí, yo también lo sé. Pero quiero que sepas, que eso, no me importa en lo absoluto. Nuestro hijo no llegara a vivir la situación y el terror de esta estúpida refriega, nuestro hijo llegará a este mundo para alegrar nuestras vidas, para darnos una razón más para luchar. Será esperado y amado. Nadie habrá de sentir tanto amor como él, desde antes de nacer, sus padres lo adoran y sus tíos seguramente correrán a comprarle regalos en cuanto se enteren— Lily sonrió y tocó su vientre asintiendo con la cabeza.

— Lo sé James. Este pequeño que se está formando en mí, será amado más que nada en el mundo. Y sé que la guerra no importa, mi bebé tendrá al mejor padre de todos. Y a tres tíos que nunca lo dejarán solo—

— No olvides a su madre. La mujer más valiente y hermosa de este mundo— sentenció él y acto seguido, volvió a besarla.

Sin duda alguna, la guerra no era el mejor escenario para dar vida a un pequeño ser frágil e inocente; sin embargo, ese ser, representaba para su familia, más que una prueba a superar en la difícil situación que se vivía… una esperanza, una brillante luz. El bebé que llegara sería la representación física de lo grande y poderoso que es el amor.

:-:-:-:-:

Apareció de la nada y no perdió tiempo alguno. Caminó lo más rápido que pudo y se internó rápidamente en la propiedad. Sus zapatos dejaban huellas al caminar pero aquello no le importaba, pues lo único verdaderamente importante era llegar al vestíbulo principal de la construcción. No tardó en entrar y ahí, en medio de luces conjuradas y extrañamente, serenos; Sirius y James lo esperaban. Una vez más, se reunían en la Casa de los Gritos que fuera su único refugio seguro en esos días para escaparse y contactar a sus amigos. Al instante, Sirius alzó su varita y lo apuntó:

— ¿Qué libro leía James Potter, la primera vez que intentó pedirle una cita a Lily Evans?— preguntó el oji gris. Remus sonrió y levantando la mano con su varita, respondió:

Diario de un vampiro alérgico a la sangre, estaba en la Biblioteca. Tú y yo lo buscamos juntos y esa fue la primera vez que te mostré los avances del Mapa del Merodeador— Sirius sonrió y bajó la varita.

— Lo siento Lunático, pero han vuelto a comenzar las desapariciones, además, parece que Quién-tú-sabes tiene nuevos trucos y uno de ellos es que sus Mortífagos usen poción multijugos, Sturgis Podmore lo sabe bien, aunque sigo sin creer como no sientes cuando te arrancan un par de cabellos. Por si las dudas, tenía que preguntar— se disculpó Sirius abrazando a su amigo al saludarlo.

— No te apures, lo entiendo. En la manada, comienza a haber un gran revuelo por seguir la batalla en el frente, hace unos días que dos de ellos me golpearon por haber propuesto escuchar a los magos— se explicó Remus. James se acercó a abrazarlo y saludarlo, pero para Remus no pasó por alto su mirada examinadora, como si deseara corroborar que se encontraba bien.

— Bueno, ¿dónde está Peter?— preguntó Remus

— No vendrá. Está en Galés, cree que ha encontrado a su padre y se marchó. Su madre fue con él, así que lo dejamos ir solo— respondió James— Volverá para la reunión de mañana en la noche o eso me escribió— terminó con una sonrisa.

— Bueno, pues hasta mañana en la noche. Yo deseaba verlos a los tres esta noche, pero ¿qué se le va a hacer?— comentó Remus en una sonrisa.

— Pues si quieren mi opinión, yo no quería venir. Lunático, Cornamenta me oculta algo desde el viernes pasado y ya he hecho mil y un rabietas para que me diga que oculta— se quejó Sirius pasando una mano por los hombros de Remus, el castaño miró al de gafas que reía por el berrinche de Sirius.

— Es que yo también quería decírselos a los tres solos. Que va, Peter tendrá que enterarse mañana en la reunión cuando Lily lo anuncie— comenzó James, pero antes de continuar, Sirius se lanzó sobre él con cara de compungido y lo abrazó.

— ¡Oh, Jimmy! ¡Lo siento! No sabía, tienes todo mi apoyo, de verdad, sé que es duro, pero por favor, juntos lo superaremos. Que Lily al fin se diera cuenta de lo feo que eres y decida anunciarlo públicamente no es motivo para estar triste. Comprendo que en estos momentos tú y tu ego nos necesitan— se mofó el de ojos grises sin contener más la risa. Remus lo acompañó pese a las muecas de James que intentaba quitarse de encima a su hermano.

— Si serás, tonto. Espiar a Malfoy te está afectando, porque te estás volviendo igual de baboso— le retó James, Sirius dejó de reír— Pero bueno, Remus, amigo, me da un gusto poder darte esta noticia antes que a nadie. Mucho más, darte esta noticia antes que a Canuto— siguió James acercándose a su amigo y rodeándolo con un brazo encima de sus hombros.

— ¡Por Merlín! Gracias Cornamenta— siguió Remus, ante las caras de Sirius que comenzaba a sentirse excluido— ¿Pero cuál es esa noticia?— antes de que James hablara, echó una mirada a Sirius y tras un momento finalmente lo acercó a él y a Remus. Los dos amigos escucharon lo que James tuviera que decirles con atención, luego de la pausa dramática del joven Potter.

— Van a ser tíos. Lily está embarazada. ¡Voy a ser papá!— exclamó el de gafas. Sirius no tardó en pegar un brinco de felicidad, mientras Remus reía y las felicitaciones no se hicieron esperar. Remus preguntó por Lily hasta el mínimo detalle, Sirius pidió ser el primero en ver a la pelirroja al día siguiente; y juntos, los tres chicos celebraron la buena nueva, llenando de halagos y consejos al futuro padre.

— Sirius… creo que Lily ya te lo dijo. Y no hemos dejado de discutirlo. Si tú quieres, nos gustaría que cuando el bebé naciera, tú lo apadrinaras— aseguró James.

— ¿Y lo preguntas, Cornamenta? ¡Claro que seré el padrino! No hay nadie mejor para el puesto. Como no hay nadie mejor para padrino de tu segundo hijo, que Remus. Y Peter tendrá su título con el tercero ¿eh?— respondió Sirius, robando una carcajada más de sus amigos.

:-:-:-:-:

¡Partis Temporus!— exlcamó Frank al mismo instante en que Bellatrix lanzaba su maleficio torturador. La barrera que se conjuró logró evitar que Alice fuera víctima del Cruciatus que había sido dirigido a ella y el auror se volvió justo a tiempo para esquivar el conjuro de Rabastan quién vengara el fallo de la Mortífaga.

¡Expelliarmus!— exclamó Lily detrás de Alice. James combatía a su lado a Rodolphus, mientras la pelirroja contenía a Rockwood.

La contienda hasta entonces, se miraba equilibrada. Los cuatro magos habían sido sorprendidos por los fieles vasallos al abandonar San Mungo dónde no solo habían aprovechado para que James y Frank obligaran a Lily a Alice a hacerse los primeros estudios prenatales sino también dónde habían podido ver a Emmeline quién hubiera resultado herida en su último duelo contra Dolohov, dos días después de pasadas las Navidades. Los infelices secuaces de Voldemort, los habían acorralado ante unas bodegas abandonadas aun deseosos de saldar la cuenta pendiente que sostenían con esos cuatro, quiénes hubieran osado retar directamente al Lord. Para sorpresa de los Mortífagos, ninguno de los presentes (ni siquiera las embarazadas, aunque dudaban que los Mortífagos supieran de aquello, dado la confidencialidad del asunto) había resultado ser un contrincante débil.

¡Crucio!— volvió a exclamar Rodolphus en contra de James, pero el de gafas desvió el maleficio y lanzó uno nuevo:

¡Confringo!— los botes metálicos que hubiera junto al Mortífago estallaron y este se vio obligado a dar un paso atrás.

Lily logró aturdir a Rockwood, mientras que Frank lanzaba un certero Sectum a Rabastan. Alice sostenía el conjuro que Bellatrix le hubiera lanzado pero poco faltaba para que lograra la ventaja. En el preciso instante en que la conexión de conjuros entre las varitas de las señoras Longbotton y Lestrange se rompieron, los ocho contrincantes cayeron al suelo arrojados por la fuerza la aparición que acababa de materializarse.

Por n momento, James pensó que un Dementor había aparecido, pero el grito que Alice ahogara, había bastado para que supiera que no se trataba de aquello. De repente, los Mortífagos dieron sendos pasos hacia atrás, como quién se aparta para dejar a un mago combatir limpiamente en un: mano a mano. Una vez más como casi cuatro meses hubiera sucedido, Lord Voldemort aparecía en escena y Lily sintió que en esa ocasión les costaría mucho más trabajo salir de ahí. Con el pensamiento de escapar ilesa -lo más posible- por el bienestar del pequeño ser que se formaba en su vientre, Lily aferró su varita dispuesta a luchar.

— Una vez más, cara a cara— habló el Lord— Que tremenda y agradable sorpresa—

— Lamentamos no decir lo mismo— refutó Frank, con la mirada dura.

— ¿Frank Longbotton, cierto?— cuestionó el Lord, dejando caer el peso de su roja e intimidante mirada sobre él— He oído mucho sobre ti. Auror. Alumno ejemplar del colegio Hogwarts, uno de los pobres desafortunados que tienen la suerte de ser de los favoritos de Dumbledore— expresó— ¿A qué se debe eso? Y mucho más importante… ¿Qué hace un mago de un linaje respetable entre los defensores de los sangres sucias y los muggles?— cuestionó.

— No todos somos como esos perros falderos que se ocultan a las espaldas de un mago enfermizo— exclamó Frank, su mano aferraba fuertemente su varita y a su lado, su esposa y los Potter le guardaban de un posible ataque.

— Cuidado con lo que dices, Longbotton— le advirtió Bellatrix detrás de su amo.

— Tranquila Bella, tranquila. Es claro nuestro querido Dumbledore a corrompido ya sus mentes. Veamos… Frank y Alice Longbotton, un matrimonio sólido y puro— festejó el Lord al reconocer a sus retadores— Y tú— se dirigió a James— ¿Potter, no es así? Otro linaje puro… aunque la última rama se ha podrido un poco. Nada que no se pueda solucionar— aseguró el Señor Tenebroso con una sonrisa, mirando directamente a Lily. James alzó su varita y lanzó llamas a los pies del Lord.

— No se atreva a mirarla si quiera— le advirtió. El Lord rió mostrando todos los dientes y causando la irritación de James.

— ¡Ja, ja, ja muchacho tonto! ¿Así que es así? ¿Prefieres arriesgar tu vida y la mágica familia que te precede por proteger a quién mancilla la estirpe? ¡Por una asquerosa sangre sucia!— se mofó el Lord. James tembló del coraje.

— Lily vale mil veces lo que tú y tu estúpido linaje podrían hacerlo. ¡Depulso!— exclamó. Pero el Lord, fue rápido. De un momento a otro, ambas varitas estaban alzadas y los rayos de ambas se unieron. Bellatrix entró en la refriega atacando a Frank, mientras que Rodolphus se acercaba a por Lily junto a Rabastan.

— ¡Quietos! ¡Yo los acabaré! Ningún mago se atreverá a retarme como el tonto Dumbledore lo ha hecho. Yo mismo acabare con todos aquellos que me den la espalda— espetó el Lord.

Sus Mortífagos detuvieron los ataques, James salió disparado por la potencia del rayo que Voldemort logró dominar y Lily junto a Alice salieron al ataque con nuevos conjuros, pero no por nada Voldemort era el mago tenebroso que hubiera logrado hacer con el poder en la última década, con moratones y un par de rasguños las mandó a volar por los aires y solo porque James se puso de pie, logró conjurar con su varita, una caída suave, mientras Frank lanzara sus mejores hechizos e fuego contra el Señor Tenebroso.

Voldemort arremetió contra Frank como con los otros tres, pero logró cortar su brazo y su cuello con la maldición Sectum, desangrándose y necesitando ayuda, los tres restantes, lanzaron al mismo tiempo conjuros. Alice convocó el fuego maldito, mientras Lily lanzara una ola de flechas de plata y James conjurara un Reducto para mandar a Lord al suelo. Sus hechizos rebotaron en la varita del Lord, pero cuando la espesa capa de Fuego maldito fue succionada por su varita, Voldemort contempló con ira que por segunda vez, aquellos cuatro magos tontos que osaban retarlo habían desaparecido.

:-:-:-:-:

— Charlus— dijo James, bien sentado en el sofá de la sala, con la cabeza de Lily en sus piernas y un libro de nombres en su mano. Aquella mañana del 30 de enero de 1980, la celebración del cumpleaños número 20 de Lily Potter, de soltera Evans, había comenzado con el listado de nombres que encabezaban las posibilidades para nombrar al bebé que llegaría.

Desde que Lily hubiera anunciado que se encontraba embarazada, habían transcurrido ya tres meses en los cuáles, su vientre había comenzado a crecer al punto tal en que su embarazo resultaba notorio. Sus misiones en la Orden junto a Alice, habían sido reasignadas a simples vigilias y a la protección de las nuevas familias de nacidos de muggles, dado que las mujeres habían alegado que solo se encontraban embarazadas y que al menos hasta que sus panzas crecieran lo suficiente, bien podían seguir con sus misivas y sus duelos personales. Sus maridos cedieron ante aquello, aunque en el último combate contra Rowle, Lily había tenido que soportar estar detrás de un James muy protector y lanzando solo conjuros protectores.

Lo cierto era, pese a todo, que tras el segundo encuentro que la pareja hubiera tenido con el mismo Lord, Lily guardaba su ímpetu en una botella por mantenerse a salvo, a sabiendas de la vida que crecía en ella. En aquella ocasión, Frank había logrado llegar a tiempo para ser curado por Alice, mientras esta lo regañaba por ser tan temerario, pero visiblemente preocupada y aliviada de verlo a salvo. Más tarde, el mismo Dumbledore los había retado por haberse enfrentado solos a Voldemort, pero Sirius había admirado tanto su coraje como odiado no haber estado presente.

— Me gusta— aseguró la chica con una sonrisa, recordando que el padre del chico portaba aquel nombre. Si su hijo se podía parecer a un Potter, que mejor que fuera al abuelo valiente y cariñoso que había tenido.

— A mí también, aunque no sé, tal vez, sería un buen segundo nombre— al instante, Lily negó con la cabeza.

— No, no, no, no comiences a buscarle segundo nombre a mi hijo— refutó la pelirroja.

— Odio recordártelo, pero también es MI hijo— le dijo James— ¿Y cómo estás segura de que será niño? ¿Te han dicho algo en el hospital?

— Aún no, pero yo sé que será niño. Lo presiento— aseguró Lily con una sonrisa.

— ¿Y por qué no puedo buscarle segundo nombre?— James arqueó una ceja, confundido.

— Porque el segundo nombre ya lo tengo. Su tío Remus y su padrino tienen dos nombres y quiero que mi hijo también lo tenga. Pero como no quiero confundirme entre uno y otro, por eso he elegido su nombre para estar en segundo lugar— se explicó.

— De nuevo, también es MI HIJO— recalcó el pelinegro— Pero como sea, ¿cuál ese nombre?—

— James…— respondió Lily.

— Lily— la llamó el chico— ¿Me dirás cuál es?—

— James— repitió la pelirroja. El de gafas se quedó callado y tras un momento pareció comprender.

— ¡Por Merlín! ¿Quieres ponerle mi nombre?— preguntó, visiblemente emocionado. La chica asintió con la cabeza.

— Quiero que lleve siempre consigo un recordatorio de quién es su padre. Además de que cuando crezca podré retarlo como a cierto Potter que yo conocí en el colegio— se mofó la pelirroja. James rió a carcajadas y besó la frente de su esposa.

— Bien. Pues ¿sabes? Ya sé que nombre me gusta a mí— aseguró al cabo de un momento— Es el nombre de una persona especial en mi vida, que me marcó desde que yo era muy pequeño. Era un hombre dulce y amable y todo lo que él le enseñó a mi padre, llegó a mí de la misma forma. Su nombre significa poder y yo estoy seguro que nuestro hijo será un mago realmente poderoso, además de guapo y cautivador- rió— ¿Qué te parece, el nombre de Harry? Mi abuelo se llamaba Henry, Harry es solo una derivación.

— ¿Harry?— Lily pareció meditar dicha opción, hasta que con una sonrisa el nombre completo surgió con dulzura infinito amor— Harry James Potter. Me gusta. Más bien, me fascina…— aseguró. James la besó justo antes de que el timbre sonara, Sirius, ya habría aparecido para celebrar el cumpleaños de la pelirroja.

:-:-:-:-:

— ¡James!— exclamó Lily, con desesperación. Metros más allá, Dorcas contenía a Dolohov, mientras Sirius peleaba con Rockwood, pero James no aparecía, se había internado en el bosque cercano tras perseguir a Nott, quién la hubiera herido a ella, sin pensar en la venganza que su marido buscaría.

— Lily, ¿dónde se fue?— preguntó Sirius, apareciendo junto a ella, tras haber paralizado a Rockwood.

— Al bosque. Fue tras Nott— aseguro la chica.

— Quédate aquí y ayuda a Dorcas, yo iré por James— le ordenó el oji gris

— De eso nada, iré contigo—

— Lily, tienes que proteger a mi ahijado, o harás que James se arrepienta de haberte dejado venir con tus 4 meses encima— la retó el chico. Lily asintió muy a su pesar y cuando su amigo salió corriendo en pos de su marido, Lily se giró para enfrentarse cara a cara con Severus Snape.

El pelinegro se quedó estático al advertir que a quién se había dirigido no era otra más que Lily. Sus cabellos rojos ondeaban con el viento y su mirada era dura, sin embargo, su belleza no lo sorprendió tanto, como advertir que la pelirroja había embarnecido y mostraba una pequeña pancita que no podía ser otra cosa más que el indicio más notorio de que se hallaba en cinta. Con la rabia subiéndole por el pecho y unas renovadas ganas de asesinar a Potter, Severus quedó a merced de la ira. ¡Lily, embarazada! ¡De Potter! ¡Un hijo de Potter!

— Baja tú varita Lily— pidió el chico con los ojos sombríos. Lily no obedeció.

— Curioso, estaba por decir lo mismo— respondió ella— ¡Desmaius!— Snape desvió el conjuro por inercia, pero Lily lo tomó como si hubiera entrado en el duelo, sin atreverse a lanzar ningún conjuro, se dedicaba a desviar cada hechizo que la pelirroja lanzaba pero en el acto, retrocedía, como esperando que alguien se atravesara y el pudiera olvidar que Lily estaba ahí. Pronto, sus deseos se cumplieron, cuando un rayo fue lanzado contra Lily por la espalda, sin embargo, Severus deseó haber lanzado él un aturdidor primero, antes de que aquella varita hiciera acto de presencia.

El rayo rojo de la maldición torturadora fue desviado justo a tiempo y detrás de ellos, Voldemort se volvió encarando a Sirius Black. A su lado, la varita de Caoba que James Potter enarbolara desde los 11 años había logrado desviar su conjuro y Sirius no perdió tiempo antes de lanzar otro. Lily se giró y Severus aprovechó para desviar su duelo de la pelirroja a Fenwick que había llegado para secundar a la chica. Lily no volvió a mirar a Severus, corrió a auxiliar a Marlene que se batía con Wilkes y cuando la Gryffindor estuvo a salvo, Lily contempló como a su marido y amigo, se unía Frank y Gideon Prewett.

Yaxley salió de la nada y la distrajo, mientras que metros más allá, Avery acorralaba a Peter hacia el interior de un oscuro callejón.

— Pettigrew, parece que te he salvado de morir a manos de Travers, ¿no es así?— cuestionó Avery con una sonrisa.

Peter tembló ante aquella situación, pues desde que los Mortífagos hubieran extendido su invitación, él se había por todos los medios de no ser visto por ellos. Los vigilaba de cerca en su forma animaga y nunca se aparecía sin haberse transformado. Con el paso de los días, Peter solo había pasado tu tiempo pensativo, entre aceptar o rechazar. En esos momentos sin embargo, todo lo que durante aquellos meses hubiera recabado respecto a los Merodeadores, pareció inclinar la balanza y la sonrisa de Avery lo tranquilizó, por muy extraño que aquello sonara.

Porque en los últimos meses, Peter había advertido como James le volvía la espalda por ir tras Sirius y Lily, como Remus corriera luego de escapar de su manada en pos de Sirius y James pero nunca de él. Como Lily se regodeaba por la infinita atención que sus amigos le otorgaban solo por haber salido embarazada. Como Sirius decía estar siempre pendiente de él, pero no advertía cuando desaparecía. Como todos los miembros de la Orden veían un mago inútil ahí dónde tanto potencial había, Peter estaba seguro que de no haber estado entre los amigos de los Merodeadores de Hogwarts, en realidad jamás habría tenido una oportunidad en la Orden del fénix ni el mundo mágico. Aquella sensación de popularidad, aquella esencia que se quedara en él por compartir tanto tiempo con sus amigos, no era nada ya. Y finalmente, Peter se había cansado de vivir a la sombra de un vanidoso Black del que nunca llegaría a estar a la altura, de un Lupin siempre sereno y dotado de una inteligencia basta y de ser solo el admirador que ya no necesitaba aquel Potter egoísta y arrogante.

— ¿La oferta sigue en pie?— preguntó con una sonrisa.

— Lo está. ¿Aceptarás?—

— Acepto. Me uniré a ustedes— sentenció.

Avery rió, pero su conversación se vio cortada, Albus Dumbledore apareció, seguido por Moody y juntos, ahuyentaron al mismo Lord, quién hubiera hecho caer a Sirius Black, por medio de la maldición Cruciatus. Avery se marchó justo cuando los Mortífagos emprendían la retirada, dejándole dicho a Peter que esa misma noche, lo buscaría.

El castaño regresó al campo para corroborar que James ya se desaparecía junto a su esposa y Sirius sin reparar en que él no estaba lo suficientemente cerca y mientras Frank y Alice Longbotton, agregaban a la lista de "salvados por un pelito" un tercer encuentro, cara a cara con el Señor Tenebroso.

:-:-:-:-:

La primavera fue recibida con júbilo por parte de los ciudadanos londinenses quiénes apreciaron con regocijo como los jardines se teñían de verde y como las flores comenzaban a florecer, luego de que los últimos estragos del invierno desaparecieran. A excepción de unos cuantos días en que el clima se helaba tanto como si el invierno se encontrara en su apogeo, todo mundo esperaba de la estación, una primavera colorida y un verano caluroso.

La comunidad Mágica atravesó una nueva serie de cambios cuando Millicent Bagnold finalmente subió al Ministerio como Ministra de Magia con la esperanza de establecer un nuevo orden que finalmente llevara a la derrota al Señor Tenebroso. El Ministerio se puso a sus servicios, con Rufus Scrimgeour dirigiendo la Oficina de Aurores y con el apoyo innegable del directo de Hogwarts, Albus Dumbledore. El nuevo trimestre, en Hogwarts, comenzó con un viaje tranquilo de vuelta e ida de Londres y luego de que Dumbledore se hubiera ganado fama por ahuyentar al Lord en el último encuentro de la Orden, los rumores corrían a que el llamado Lord temía verdaderamente al poderoso mago que ostentara los títulos de Jefe de Magos del Wizengamot, Director del Colegio Hogwarts y Vencedor ante el Mago Tenebroso Grindelwald en 1945.

Más íntimamente, Sirius Black acudió dure el último fin de semana de Marzo al Valle de Godric llevando con él, no solo una gran tarta de melaza, sino también un surtido de ranas de chocolate que Remus le hubiera encargado conseguir para celebrar junto a los Potter el cumpleaños número 20 del futuro padre, James Potter. Lily Potter, quién luciera ya su prominente barriga de casi 6 meses de embarazo, recibió a su gran amigo con efusividad y junto al cumpleañero los tres disfrutaron de una tare tranquila, en la que los informes de la guerra que cada uno hubiera recabado en el último mes, no pudieron evitar transmitirse.

— Remus ha dejado dicho que no volverá en un tiempo. La manada en la que se encuentra está a merced de Greyback y este finalmente ha reconocido que es Remus, el niño al que mordió en venganza de Lyall— comentó James con pesadez.

— Tranquilo James, Remus sabrá mantenerse y salir con vida. Greyback no esperara que nuestro querido Lupin sea quién lo derrote en sus propias narices— le aseguró Lily con una sonrisa.

— Además de todo, tú espera a que yo vea a ese estúpido Greyback. Tenemos cuentas pendientes que saldar; ese infeliz todavía no me paga el haber condenado a Remus a la licantropía cuando solo tenía cinco años— aseguró Sirius, ganándose una sonrisa de sus dos amigos. Sirius no pudo evitar carcajearse cuando sus ojos grises se encontraron con los avellana de James. Sí, él también lo recordaba.

Antaño, mientras los cuatro Merodeadores cursaban el cuarto año y se estuvieran preparando para convertirse en animagos, hubo una ocasión en que envueltos en la capa de invisibilidad y luego de una larga carrera con Filch detrás, se refugiaran en la Torre de Astronomía para convocar sus patronus, que ayudarían a su propósito revelándoles un animal que fuera acorde a sus más profundas personalidades. Sirius, quién hubiera convocado un perro, habría encontrado en su significado la lealtad y la protección y James, le habría comentado en una sonrisa: —Serías capaz de saltar al lago por mí, de buscar un hombre lobo y exigir cuentas por la condición de Remus, de hechizar a todo el castillo si alguien molesta a Peter…— y de entonces a la actualidad, Sirius estaba seguro que nada había cambiado. Quizás, que también sería capaz de interponerse entre una maldición por proteger a Lily Potter y el bebé que en ella crecía.

— ¿Por qué Peter no ha venido contigo?— preguntó Lily al cabo de un momento, mientras servía un poco de tarta en el plato de Sirius.

— No estaba en su casa cuando pase camino aquí. Creí que lo encontraría con ustedes, pero ahora que lo dices, creo que se nos ha escapado a los tres— respondió el de ojos grises.

— Seguro fue con su madre de nuevo. Luego de que se confirmara la muerte de su padre, pasa mucho tiempo con ella. Y eso es bueno, necesitan tiempo en familia. Solo se tienen el uno al otro— comentó James.

— Lo sé. Pienso lo mismo. Aunque me gustaría que Peter volviera a quedarse con nosotros, no me gusta verlo tan solo— comentó Sirius, cabizbajo.

— Siempre estamos juntos. Somos los Merodeadores ¿recuerdas?— le dijo James en una sonrisa. Aunque muy dentro de él, también añoraba más que nunca, que sus tres hermanos permanecieran la mayor parte del tiempo a su lado.

:-:-:

Con una sonrisa de satisfacción, Peter se miró el ante brazo y palpó levemente la marca grabada a fuego que aun ardía luego de un par de horas. Con la tinta negra más oscura que hubiera visto y la imagen de una calavera rodeada por una serpiente que le salía de la boca, la Marca de Lord Voldemort, la Marca de los mortífagos yacía tatuada en su piel.

A sus espaldas, Avery y Mulciber festejaban que finalmente, luego de que Peter demostrara que podía servir como espía para los Mortífagos, el chico había sido marcado y desde entonces considerado como uno de los más cercanos e íntimos del círculo de Lord. Malfoy, quién estuviera presente en su marcación, no se encontraba para nada contento con aquella decisión de su Señor, pero era lo suficientemente astuto como para no abrir la boca. Peter en cambio, se sentía pleno.

Desde el tercer encuentro con el Lord, él había desaparecido luego de comprobar que tan invisible era para sus amigos y esa misma noche se había reunido con el Lord para charlar respecto a su condición. Voldemort le había dicho que lo más prudente sería que se mantuviera al margen y le transmitiera al instante toda información que pudiera serle de utilidad, Peter –todavía encariñado a aquellos que se llamara los Merodeadores- había cuestionado sobre la suerte con que correrían sus ex amigos, pero el Lord aseguró que quizás podría dar una oportunidad a aquellos que se dijeran sangres limpias. Peter captó el mensaje como que Evans no estaba incluida, pero recordando como el primer factor que lo alejara de sus amigos fuera esa pelirroja intrusa, se abstuvo de seguir por ese rumbo o siquiera implorar una oportunidad para ella también.

Con el paso de los meses, Peter se encargó de llevarle al Lord tanto las parejas que se formaban como los últimos planes de emboscar un pequeño cuartel de los mortífagos a las afueras de la ciudad que sería un ataque conducido por Moody. Voldemort hasta ese día, estuvo complacido con sus servicios, pero la Marca además de aceptación llevaba como precio: entregar cabezas. ¿Sería capaz de entregar los planes maestros para que el Lord acabara con quién se oponía a él?

¿Los Merodeadores volverían a él? ¿O tendría que entregarlos?

:-:-:-:-:

Una vez más se preguntó por qué había decidido terminar ahí. Tal vez había sido el cansancio o tal vez el hastío que le provocaba estar cerca de Bellatrix y su marido en esas últimas fechas, cómo fuera, Severus se sentía a gusto en la solitaria barra del bar y disfrutaba de la copa de whisky de fuego que había ordenado. Se hallaba al fondo de la barra bien cubierto con su capa negra, nada parecía extraño en aquel lugar, tan solo, magos solitarios que como él, perdían su tiempo en un vaso de licor. Fuera, la noche oscura resultaba tormentosa, sin duda no el mejor momento para salir a dar un paseo.

Sus pensamientos vagaban en torno al tema que siempre le pasara por la cabeza: Lily. Se había enterado en medio de un duelo que la chica estaba embarazada y sus preguntas a magos que conocieran a los Potter luego de ello no habían cesado, pero nadie había logrado asegurarle desde hace cuánto que la pelirroja estaba en cinta. A ratos, Severus se convencía de que en ese tiempo habrían sido dos o quizás un mes, aunque poco sabía de cómo lucían las embarazadas de ese tiempo de gestación. Como fuera, seguramente Lily pasaría todavía un buen tiempo en su condición y Severus perdía oportunidades de volver a verla aunque fuera en la batalla, porque estaba seguro que Potter no arriesgaría a su primogénito lanzando a su mujer al combate. Una vez más, Severus se sentía enfadado, porque odiaba darse cuenta de todo lo que Potter lograba tener de su Lily. Una cita, un beso, una boda y un bebé. ¿Qué más podría tener?

Dando un trago a su copa, el pelinegro intentó desviar su atención de Potter y todos los amargos pensamientos que aquel ser insignificante y arrogante le provocaban, cuando de un momento a otro un mago conocido irrumpió en el local y Severus intentó camuflarse con la pared.

Albus Dumbledore en persona, acudía a aquel barato pub y se dirigía a las habitaciones en el piso superior. Severus se preguntó a quién habría ido a ver pero seguro de que no le incumbía volvió la vista a su copa. — ¿Será una reunión con un nuevo recluta de su Orden?— se preguntó de repente.

La curiosidad lo movió.

Subió las escaleras en silencio y con cuidado de no ser visto, se detuvo un par de veces cuando creía que alguien reparaba en sus pasos pero finalmente llegó al piso superior. Pegó la oreja a tres puertas distintas antes de dar con la correcta. Cuando lo hubo hecho, se pegó tanto a la puerta como pudo y escuchó. La voz de Dumbledore era más que reconocible, aunque la que charlaba con él, no resultaba familiar para él. De repente, su voz cambió y entonces:

El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... Nacido de aquellos que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes— escuchó con claridad. Sus ojos se abrieron grandes ante aquella que no podía ser otra más que una profecía. Y seguro de que aquella información tenía que ser transmitida inmediatamente al Señor Tenebroso, una sonrisa surcó sus labios.

— Hey tú, mocoso— lo retó entonces el encargado del pub. Severus fue jalado por el cuello de la túnica y rápidamente reprendido y arrojado fuera del local. Pero no importaba. Acomodándose la capa, Severus se desapareció, tenía que comunicarse con su amo.

Nada evitaría que Lord Voldemort, conociera aquella profecía que acababa de realizarse.

Aunque Severus, desconocía de quién era el pobre ser que nacería a finales del mes de Julio.

Continuará…


N/F:

*He aquí el otro lado de la batalla en que Peter fue acorralado y el primer desafío que los Longbotton y los Potter plantaron a Voldemort.

*Respecto a los sentimientos de Peter, no tengo mucho que decir. Me he pasado los días intentando pensar en una buena razón para que el chico llegara a traicionar a sus amigos como lo hizo. Se me ha ocurrido que el hecho de sentir de poco en poco que sus amigos le volvían la espalda y no acercarse a ellos para platear la situación, lograron que se aislara y que el mismo Voldemort advirtiera que en ese eslabón débil era justo dónde tendría oportunidad de penetrar en los planes de Dumbledore y resquebrajar la confianza que había en un círculo tan fuerte como el de los Merodeadores. Obviamente, sus Mortífagos fueron de ayuda (sobre todo aquellos que estudiaran con los chicos) y al final, Peter se dejó envolver no por quién aseguró protegerle, sino más bien por quién juro darle un lugar especial, que hubiera visto arrebatado.

*Acerca de Remus, yo creo fervientemente que el la pasaba muy mal lejos de sus amigos, pero de una forma u otra debió de haberse alejado puesto que Sirius afirma que fue por eso que creyó en Remus como el traidor del grupo.

*No he ahondado en lo que fue de cómo Harry se formó en el vientre de Lily porque eso todos lo sabemos, porque los escenarios eróticos no se me dan y porque respeto la privacidad de James y Lily Potter.

*Se me ha ocurrido que Alice y Lily compartieron la época del embarazo porque sus hijos fueron los que más adelante saldrían candidatos de la profecía, por lo que han sido ellas las que se escaparan de sus maridos para hacerse sus pruebas.

*Un par de viñetas de lo que era de la esperada llegada de Harry para sus padres y el cómo estos decidieron darle un nombre.

*Sin más, en tres diferentes tiempos y en tres diferentes situaciones, presento aquí, las tres ocasiones en que los Potter y los Longbotton se ganaron la candidatura para profecía de Sybill Trelawney


AVISO IMPORTANTE: Haciendo un recuento de los acontecimientos que me quedan en la mente para tratar en este Fic, me da alegría y tristeza, comunicarles, que tras un tiempo trabajando con estos geniales personajes de los que todavía me quedan muchas aventuras y mucho material que quisiera explotar, "Merodeadores a través de la Historia" se acerca a su final. Con aproximadamente, tres capítulos más (contando este capítulo 20), estaremos despidiéndonos. Hasta entonces...


GRACIAS A:

Candy


JulietaG.28.


¡Peskipiski Perternomi! —