ESTOY VIVAAAAAAA! ok para los que preguntaban si ya me mori y para los que tienen listo el muñeco vudo, e regresado de entre los muertos! se que me eh demorado pero Dios mio espero que valga la pena su larga espera. Gente bonita, se que aclare que este seria el ultimo capitulo de Deseos sellados, PERO, no eh podido terminar con este capitulo, y no es porque no quisiera sino porque la dimensión de este capitulo es tan enorme que temo firmemente freirle los ojos a alguien (hechele un ojo a la barrita deslizante, ya la vio?, excelente) este capitulo tiene aproximadamente 52 planas y mas de 34.000 palabras porque enloqueci xD, por esa razón deberan esperar un poquito mas y aguantarme un capitulo 21, si es que no me matan antes claro xD. Necesitaba ponerle un poco de dolor a la cosa, ya saben dolor y rock and roll, por ahi va el lema xD, por eso es que es tan largo.
En fin, si alguien quiere saber porque desapareci, saltese todo lo que viene y lea abajo xD ...broma, SUERTE Y BUENA LECTURA! NOS LEEMOS ABAJO!
Capítulo 20: "El coraje"
Aby miro hacia arriba con los ojos hinchados y lagrimosos. Su conciencia todavía algo dormida continuaba repitiéndole algo que no entendía o que no quería entender aún. Estaba lejos de estar despierta, y aún más de ser razonable. Una parte de ella, quizá la más consciente le rogaba que se fuera a dormir de nuevo, le susurraba de manera incansable que dormir era bueno, que haría bien, que serviría de alguna forma, pero Aby demasiado cansada como para escucharle continuaba con los ojos fijos en el techo, inmutable y rota. Tan rota… Ahogo un suspiro y volvió a pasarse las manos por la cara, intentando borrar las lágrimas fantasmas que aún corrían por su cara. ¿Cuánto tiempo habría estado llorando?
La verdad es que no tenía un número exacto o tampoco una idea clara del tiempo. El dolor debía ser purgado y aunque sus ojos hinchados y apenas abiertos eran prueba de su esfuerzo, Aby bien sabía que la batalla estaba lejos de ser ganada. Aun duele…aun merma, aun no es suficiente… Y dos lágrimas más cayeron contra el enorme colchón.
Aby cerró los ojos y trato de procesar su dolor, trato de esconderlo o al menos de almacenarlo en un lugar seguro donde tuviera certeza de que no saldría sin su permiso. Pero el intento fue inútil, sus ojos cerrados y húmedos no pudieron con el peso de saber la verdad. Porque era culpa de la verdad y su entendimiento que aún siguiera llorando. El monstruo del azúcar llevaba horas dormido sin ganas de invitarla a jugar, mientras que mamá en alguna parte de su alterado razonamiento continuaba preguntando con insistencia que había sido del tarro de azúcar. Con algo de pesar Aby se dio cuenta de que comenzaba a extrañar cosas tan insignificantes como el latir desenfrenado su corazón. Subiendo las manos y presionándolas contra su pecho trato de sentir al menos el ritmo sinfónico de ese órgano vital, pero se hayo ante el eco de un hoyo profundo y abismante. Ya no había nada y saberlo realmente no ayudaba…
¿Qué es lo que era ella exactamente? Un espíritu, un mortal, un fantasma, un recuerdo, ¿Qué es lo que era? Su corazón ya no latía, su cabeza se sentía vacía y sus pulmones no le reclamaban la falta de aire cada vez que contenía el aliento. Estoy ¿Vacía?... ¿es eso? Quizá era eso, quizá no lo era. ¿Podía alguien estar y no estar al mismo tiempo? ¿Se puede? Aby sentía la respuesta en la punta de la lengua, como una pelusa escurridiza que no lograba quitar de su boca.
Escupe Aby, escupe. ¿Estamos? ¿O no estamos? ¿Qué somos realmente? ¿Qué hay detrás de todo lo que hay en tu cabeza? ¿Somos el mero recuerdo resacoso de quien ha bebido demasiado y sin control? ¿Quién eres tú Aby…?
Tomándose la cabeza con ambas manos se vio desmembrando una madeja de respuestas que volvieron a llevarla al lado más recóndito de su mente. La lucidez de sus propias conjeturas fue aplastante y aunque luego de un rato se dio cuenta de que saber no ayudaba en nada a su pobre humanidad (si es que así podía llamarse), trato de dejar lo más limpio posible el pizarrón de sus preguntas. Quedarían los residuos claro, esas marcas de color blanco que no lograría sacar jamás, pero al menos algo entendimiento la mantendría ocupada, y lejos de esos pensamientos que seguían sin ser purgados.
-"Yo no existo"- Esa era la cuestión. Esa era la respuesta. No se trataba de estar o no como tal, sino de existir. Aby suspirando con cansancio comenzó a hablar con las paredes, sintiendo que de alguna manera, estas podrían entender lo que a ella trataba de explicar-"No existo, esa es la cosa, pero no es porque no este, yo estoy, el problema es que no existo"- se alzó de hombros con simpleza, como si explicara leyes universales a un niño de cuatro años-"Es simple, solo tienes que tomar en cuenta el tiempo, ¿Cuánto tiempo llevo yo aquí?, dirás media hora, quizá diez minutos, pero no es así, yo no llevo ni siquiera un segundo en este lugar, porque sencillamente en este mundo el tiempo no existe, y sin tiempo…yo tampoco estoy aquí, no existo…así es como funciona."- Aby alzo la vista y espero una montaña de aplausos imaginarios que no tardó en llegar. Las paredes estaban emocionadas con sus conjeturas, realmente felices de saber la respuesta a tan enorme pregunta que no servía para nada.
Aby ignorando este hecho volvió a notar con algo de espanto que no estaba respirando, así que de forma algo tonta y caprichosa volvió a tomar aire. Respirar ya no era necesario, pero de todas maneras quería seguir haciéndolo, quizá por costumbre o maña quería seguir pasando el aire por donde ya no existían pulmones y votándolo por la boca. Con algo de práctica no volvería a olvidarlo, o al menos eso esperaba.
Saliendo de la cama y enfocándose en sus descalzos pies Aby volvió a tomar aire de manera automática, pero no se sintió mejor. Todo su ser, o lo que quedaba de sí misma le parecía extraño e inservible, como si fuese un mero pedazo de aire que se movía a voluntad. ¿Dónde estaba su fuerza? ¿Qué quedaba de sus anhelos? Nada. Nada. No hay nada.
¿Papá puedes ayudarme?
Herida de muerte volvió a sobrecogerse ante sus pensamientos fugaces. Ya no podía ser ayudada, ya no podía volver atrás y decir que lo sentía o que le amaba; todo estaba dicho, su tarea estaba completa, y sin embargo… algo no calzaba. Su espíritu continuaba atado a sus recuerdos, y a Mim, que de alguna manera la mantenía en ese lugar blanco que no era más que el infinito de su mente abriéndose paso, y lo que no entendía era el por qué. Su tarea estaba completa, sus funciones no eran requeridas, entonces.. ¿Por qué continuaba en ese lugar? ¿Por qué Mim había decidido cuidarla, porque estaba con él exactamente?
La culpa es un ser caprichoso cariño, la culpa es eso que te hace hacer cosas egoístas pero que crees mejor, y Mim es ambas cosas. Un egoísta caprichoso de lo peor, uno que te ha comido la nariz porque has dejado que te mastique las orejas, ¿Comprendes?
El pensamiento dicho con cizaña dentro de su mente no le sorprendió en lo absoluto, debió haberlo supuesto, pero era claro que con tanto llanto había sido imposible de escuchar otra voz que no fuese la suya repercutiendo una y otra vez. ¿Qué habría dicho Pitch al oírla sollozar y maldecir? ¿Le habría gustado? ¿Se habría maldecido también? ¿O habría llorado junto a ella? Un pequeño resoplido de fastidio termino por confirmarle que lo último era imposible y sin preguntarse porque le dedico una pequeña sonrisa a las paredes blancas de su habitación. No estaba sola, de ahora en más nunca podría estar sola ¿No es cierto?
Ven a jugar
¿Por qué no? ¿Por qué no jugaban un rato más? Cogiendo vuelo y dirigiéndose hacia la puerta con la velocidad de una flecha, Aby echo un último vistazo a la enorme cama plateada que esperaba no volver a ocupar y salió de la habitación. Afuera las cosas no cambiaron mucho. Todo blanco, todo infinito, todo perfecto y pulcro.
Madre mía que horrible…
Cierto. Muy cierto. La vida como tal era imperfecta y una persona podía gozar de esas cosas. De la tierra levantada, de las plantas que crecían a voluntad y sin permiso, de la naturaleza que se manifestaba sin que nadie pudiera o quisiera comprenderla. Estar muerto era blanco, y nada más. La oscuridad le daba un toque simpático a las cosas, le daba el misterio a ese mundo que era estar vivo y completo. Un poco de oscuridad en el blanco y quizá le hubiera gustado, pero era blanco, todo tan blanco… Bueno. No tan blanco realmente. Pitch sentado en el suelo y con su mirada de hastió le parecían un bonito paisaje, algo no tan vomitivo como todo ese blanco que carecía de cualquier sentido humano.
—Me haré viejo aquí esperando…—Técnicamente, eso era imposible. Ellos se quedarían así para siempre, con esa forma de espantapájaros y niña, pero como no tenía sentido replicar algo tan burdo se apresuró a sentarse frente a él. Los saludos formales y las sonrisas irónicas habían sido sacados del guion y ahora sin muchos protocolos por seguir Aby no sabía cómo hablarle a Pitch. Demonios, estaban fritos y encerrados en territorio de Mim hasta el fin de los tiempos. ¿Qué decirle? Tomando entre sus dedos las extrañas figuras del ajedrez que Pitch había puesto en el suelo trato de razonar en algo lógico.
"Bienvenido a nuestro para siempre Pitch, no es un final feliz, pero es lo que hay, ahora borra esa cara de idiotizado y comienza a decirme que haremos para entretenernos durante tanto tiempo sin que queramos matarnos de nuevo… ¿Al menos sabes jugar a las cartas?"
Sonaba bien.
—Suena terrible idiota—Un sonrisa casi echa un triste recuerdo cruzo su rostro. Pitch seguía siendo entre comillas el mismo, seguía estando algo vivo a sus ojos —Suena tan mal como tu llanto—Así que le había estado escuchando, así que era verdad que ahora estaban ligados para siempre. Era algo casi cómico verse atrapada contra esas dos personas que representaban los dos polos de un mundo. Mim por un lado, tratando de consolarle y entregarle en bienes algo de cariño, y Pitch por el otro, con esa cara de cansancio y remordimiento que pocas veces había logrado vislumbrar tras su oscura sonrisa. Mirándole con detenimiento pudo darse cuenta de que Pitch ya había purgado dolores y culpas. En su mirada amarilla ya no había rastros de locura, y su sonrisa ya no era un simple montón de dientes arrogantes ¿Qué era de todo aquello? ¿Dónde estaba el Pitch de sus memorias? ¿Dónde estaba la risa echa gritos, la rabia echa sangre? ¿Dónde estaba el verdadero Pitch que se colaba en sus pesadillas?—Es probable que haya muerto…— Pitch incomodo ante los pensamientos de Aby volvió su mirada hacia al frente, a donde reposaba en silencio aquella tabla de ajedrez que había encontrado entre "sus nuevas cosas". El viejo y esquelético Pitch estaba muerto, sepultado bajo miles de maldiciones y lágrimas calientes que antes hubieran resbalado por sus mejillas, ya no quedaba más que una sombra de malos pensamientos y un montón de remordimientos. La propia chica frente suyo, era en esos momentos el recuerdo más grande de todas sus malas decisiones. Pero en el fondo no había sido su culpa, y eso era algo que podía razonar de una manera mucho más objetiva que Aby.
Sí. Era cierto que había enloquecido hasta volverse una mancha negra de emociones irreconocibles y también era más que cierto de que si Aby no hubiera bajado a detenerlo, probablemente habría destruido todo a su paso y a una velocidad inimaginable. Pero la culpa de todo eso no era de otra persona más que del mismo Mim. A diferencia de Aby, él podía darse cuenta de lo vil y rastrero que podía ser el tan querido hombre la luna, y la prueba irrefutable era esa niña de ojos verdes que giraba piezas de ajedrez entre sus dedos. Mim había mandado a una niña a morir, había utilizado un alma inocente para sus fines y cobrado dos almas al valor de una por sus propios errores. Él había enloquecido y la culpa de ello por estúpido que sonara, también era de Mim. Las pesadillas no eran manejables, la oscuridad no puede tomar una forma común y ser almacenada, sin embargo, Mim con todas las de perder, había hecho ese pacto indecoroso y usado su nombre para mantener a las sombras lejos de los guardianes y de sus tan añorados infantes mortales. La soledad fue más corrosiva que los propios miedos que tenía que cuidar y antes de siquiera darse cuenta, estaba riendo al lado de ellas, al lado de esa oscuridad que fue lo único que tuvo en cientos de años. ¿Podían culparlo por todo lo que había hecho?
Quizá si, fueron sus risas las que ascendieron en medio de las noches tétricas, fue su propia mano la que se alzó en contra de todo aquello que no fuese lo suficientemente oscuro y definitivamente fue él quien condeno a Aby a su desdichada muerte. Pero todo tenía un motivo, una razón de ser, y Mim era ese motivo, esa razón y el maldito que ahora con las piezas en su lugar, se dedicaba a pasear entre ellos con toda la tranquilidad del mundo.
Ellos solo eran piezas sobrantes de su tabla de juegos. Ellos no figuraban en ninguna parte, no eran importantes. Él fue un conejillo de indias con malos resultados, y Aby una simple inyección letal que acabo con todo lo que el creador supuso "no servía". Suspirando volvió la vista hacia Aby y trato de no esquivar la oscurecida mirada verde que choco contra la suya, pero aquello fue tarea imposible. Agachando la mirada y apretando en puño sus manos, Pitch comenzó a recordar sin muchos ánimos todo lo sucedido. Las imágenes pasaron una y otra vez, llenándole la cabeza con culpas, con gritos y a veces con su propia y molesta risa. Aby le llenaba el pensamiento, le vaciaba lo que sea que tuviera dentro y lo volvía a meter junto con su rostro, con sus lágrimas, con sus gritos desgarradores de dolor, con su sangre y todo aquello que hubiera tenido que usar para sobrevivir y conseguir aquello que Mim le había encomendado. Porque podía darle algo de crédito al maldito bastardo de la túnica blanca, y decir que sabía escoger a sus chivos expiatorios. Aby era el objeto perfecto, una chica con un deseo, una simple niña que vivió a base de coraje y un simple deseo. Porque Mim podía ser un bastardo, pero era uno que sabía manejar a sus juguetes.
Si él no hubiera estado tan solo. Si Aby hubiera sido más razonable y no tan ella. Si tan solo esa chica que ahora ordenaba el tablero frente a sus pies se hubiera rendido la historia hubiera sido diferente, y quizá ahora, no hubiera estado al borde de un llanto cargado de impotencia, ni atado a esa enorme sensación de culpa que le aplastaba las inexistentes entrañas. En el fondo lo único que podía hacer para no hacerse daño, era culpar a Mim, porque bien sabía que el culpable de toda la fanfarrea era él. Si Aby estaba muerta era su culpa y saberlo, pesaba más que todos los recuerdos que había sido capaz de recuperar. Mim era el bastardo culpable de su existencia y de su muerte, pero él era la mano que tiro de las vendas en heridas sangrantes, fue el quien no pudo ser lo suficientemente fuerte, fue él, quien perdido en su locura tuvo que ser rescatado por una niña que a sabiendas de una muerte prematura, había sido capaz de continuar la eterna sonata que ahora resonaría en sus cabezas como el último grito dicho en vida.
La culpa comiendo cuanto quedaba de sí mismo volvió a obligarlo a mirar hacia el frente, a esa niña que había sido su todo en medio de la nada. La niña de ojos verdes, la niña de que sonreía con coraje, la niña de largo cabello ceniza, la niña de sus pesadillas.
La niña que ahora estaba muerta.
La chica que luchara con su alma estaba pérdida para siempre, y ahora solo quedaba Aby, la verdadera niña que tuvo que ocultarse para que no la venciera el temor ni las lágrimas, la misma que días atrás buscase de manera desesperada una razón para seguir respirando. Verla sentada frente a él, con la mirada distante y los ojos hinchados, era morir de manera lenta. Porque ellos, Mim y él, habían consumido su alma inocente como quien bebe de una copa, y ya solo quedaba su cuerpo, una sombra que ya no podía dar más incluso de haberlo querido. Porque ya no quedaba nada de ellos salvo el recuerdo de lo que una vez fueron y no volverían a ser, eran el viento que no salía de ninguna parte y que continuaba un viaje infinito hacia la nada, un pedazo de memorias atadas de forma enredada y bizarra, cuentos y risas que se borrarían, lagrimas que no dejarían de caer nunca, solo eran un pedazo de ellos, lo que quedaba después de haberse flagelado de forma inhumana.
—Pitch…Esta bien—No lo estaba. Nunca lo estaría. Pero para Aby discutir por quien tenía la culpa ya no tenía sentido alguno. Su vida había terminado y no había nada que hacer al respecto. Pitch y ella se quedarían ahí, al lado de Mim hasta que definitivamente no quedara nada de ellos y eso era algo que había decidido aceptar de manera determinante.
—Te odio—Media sonrisa salió de sus labios al escucharle a Pitch. Bueno, que eso ya lo sabía, ¿Cómo no hacerlo? Era su culpa también que él estuviera ahí— ¿Por qué tienes que ser tan razonable?…—Era inentendible. Estaban muertos por culpa de Mim, ellos habían muerto…y sin embargo ella continuaba tan innecesariamente tranquila, como si no fuese necesario estar molesto. ¿Cómo era posible? Aby moviendo las piezas entre sus manos y armando al fin el tablero miro con cierto grado de curiosidad a Pitch. Ella era razonable porque su madre le había enseñado a serlo. Mamá siempre había dicho que ser razonable mataba cosas como el enojo y la rabia, porque ella decía que las emociones no se entienden, que su fuente de vida es que entenderlas sean imposibles, y si eres capaz de ser razonable con ellas, lo más probable….es que mueran. Guiada por los recuerdos y mirando hacia las piezas fijas, busco en sus memorias las enseñanzas de su madre y procedió a mover el primer peón hacia el frente.
—Mamá decía que ser razonable mataba las emociones—Pitch abrió los ojos y Aby levanto su peón y lo dejo caer dos cuadros al frente. El antiguo padre de la oscuridad miro el juego sin muchos ánimos. No planeaba jugar con ella, simplemente quería conversar, pero Aby como siempre estaba siendo razonable, matando sus emociones con lógica y como él no estaba en posición de rebatir tuvo que suspirar ante el hecho de que se le habían adelantado. Tomo el caballo de color blanco y lo avanzo hacia la izquierda.
—No me gustan las piezas blancas—Aby sin responderle ni mirarle se enfocó en el tablero con total concentración. Cogió el alfil pero no lo levanto, en cambio alzo un poco la vista a su extrañado contrincante
—Sé que no te gustan las piezas blancas—Aclaro con total tranquilidad—El caso es… que a mí tampoco me gustan—Pitch se quedó estático de nuevo y la menor como hallándose más tranquila procedió a hacer su jugada. El de túnica negra ahogo su curiosidad durante unos minutos, pero fue incapaz de mantenerse tranquilo por mucho tiempo. Aby como siempre era un paquete lleno de sorpresas, una que niña que dentro de todas sus características sabía cómo jugar ajedrez
— ¿Tu madre te enseño a jugar ?…—Fue una pregunta mencionada sin una gota de maldad, pero que par sus propios oídos sonó terrible, como si estuviera metiéndose donde nadie le había llamado y con las manos precisamente en el lugar equivocado. La chica por su parte ladeo la cabeza dejando que su cabello se desparramara desordenadamente contra el piso y miro con cautela al que había sido su peor enemigo. Volviendo su vista hacia el tablero suspiro y contesto totalmente enajenada a sus emociones
—Si…—Cinco jugadas más después de ese simple monosílabo y Pitch había perdido dos peones. Aby seguía con todas las piezas al frente, pero eso no le importaba al otro, perder a veces era ganar, y eso le daba tiempo al mayor que buscaba respuestas a sus infinitas preguntas
— ¿Extrañas mucho al conejo?—Esa pregunta era tan sencilla de contestar, tan estúpidamente sencilla que Aby la obvio como si nunca la hubiese escuchado. Porque de responder, terminaría por volver a desmoronarse. Sus ojos clavados en el juego no estaban pensando en las piezas, no estaban viendo el blanco ni el negro, ni los cuadros formados por toda la estructura de madera, Su mente viajaba a un ritmo inconstante, divida entre sacrificar un peón o seguir soñando con Aster. Ella pensaba en papá, en el enorme conejo que le había abrazado antes de que todo fuera negro y gritos. Y también pensaba en naranjas. En la lección jamás aprendida
Papá, ¿Cómo se pelan las naranjas?
Sobrecogida volvió a enfocarse en las piezas, y trato de que los ojos dejaran de picarle tanto. Movió una pieza hacia el frente sintiéndose tonta y luego volvió a desconectarse de todo lo que no tuviera que ver con Bunnymund ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Pintaría huevos? ¿La extrañaría? ¿Pensaría en ella? Mordiéndose los labios trato de negar sus preguntas y de continuar presente, pero el solo hecho de intentarlo dolió como una quemadura en el centro de su pecho. Aster de seguro ya le había olvidado, así como Norte habría olvidado que no le gustaba la leche con azúcar, así como Tooth y Sandman habrían borrado sus sueños y recuerdos de sus propias mentes, así como Jack habría olvidado su desastroso baile en medio del salón. Aby ya no existía, no era nada, y quizá lo mejor para ella era el olvido. ¿No es así?
Pitch viéndola jugar en silencio termino por acceder y trato de eliminar las preguntas obvias que guardaba en su cabeza. No había que ser un genio sin tacto alguno como para notar que Aby seguía desbalanceada, dudando entre seguir jugando con tranquilidad o correr y golpearse contra lo que sea que encontrara con tal de olvidar. Aby por muy madura que actuara seguía siendo una niña con un pasado marcado por la brutalidad, y ya para esas alturas, todos sus sistemas de seguridad estaban activados. Traspasar el muro de su distante mirada y cabello revuelto sería mucho más difícil de lo que jamás imagino, pero por alguna razón esto en vez de desanimarlo seguía empujándolo a continuar. ¿Pero cómo entrar en su mente? ¿Cómo hacerla salir de donde había decidido ocultarse? La chica de largas orejas tenía un enorme cartel fosforescente ceñido al pecho, uno que rezaba que ya no podía más, que el daño era irreparable y que de no detener el dolor terminaría por quebrarse en ese mismo instante.
Pitch apretó los labios, intentando detener sus propias lágrimas. Ya no podía escuchar los pensamientos de Aby, tan solo podía sentirla, escuchar sus emociones gritando desenfrenadas mientras que nada salía de su boca. Mirando sus manos y el vacío tablero termino por ceder ante su propia presión. Jamás lograría devolverle a Aby todo aquello que decidió arrebatarle, pero podía ser sincero. Quería ser sincero. Porque ella era su todo atado a la nada, la única que en vida fue capaz de entregarle una emoción
—Te odio…—Aby se estremeció y cerró los ojos en un intento inútil por no ver la verdad que tenía que escuchar—Te odio tanto…—y era verdad. La odiaba, la odiaba con toda su alma, porque eso era todo lo que podía entregar. Esa era la única emoción existente y predominante que quedaba en su alma cuando ella llego. Odio, dolor, miseria, y las luces apagadas de su corazón marchito. Una lagrima cayendo desde su ojo derecho termino por despedazarle. Él no había tenido nada, Aby no había tenido nada. Ellos, ella y el, enfermos de soledad, locos de miedo, habían recurrido al último ápice de sus fuerzas para salir adelante, la diferencia era que él se había encerrado en su dolor, y Aby, siendo la tonta que era, había intentado rescatarle.
Pitch comprende, él sabe, que no tiene nada en el mundo. Ni arriba ni abajo. Ni vivo ni muerto. Él no tiene nada. Morir o vivir eran por así decirlo lo mismo. Al menos eso es lo que le gustaba pensar cuando se paseaba con lentitud entre sus bestias negras. Pero entonces tenía que aparecer esa maldita mocosa, tenía que llegar ¿No es así?, tenía que aparecer esa chica de ojos verdes a recordarle que había sido humano, y que la fuerza existía si uno lo deseaba. Pitch no habiendo tenido nada en cientos de años, tuvo la oportunidad de marcharse con algo más que odio y rencor hacia el padre de los espíritus. Él se marchó con Aby, con la niña que sin importar qué, trato de sonreírle hasta final, inclusive con su boca llena de sangre.
Pitch quien creyó hallarse solo, tuvo algo a lo que atenerse antes de morir, pues Aby con su mano blanca intentando alcanzar la suya, le probo dos cosas en tan solo un segundo. Que la fuerza nacía de los peores momentos y que incluso en medio de su locura no se encontraba solo. Porque Aby le comprende, comprende que es la soledad, ha visto su rostro y llorado frente a la nada, solo ella sabe lo que significaba hablarle a las paredes a sabiendas de que no habrá respuestas ni menos una mano amiga que te seque las lágrimas de frustración cuando el temor y el miedo arremetan contra tu alma. Ella lo sabe, sin embargo, su fuerza siguió creciendo, su esperanza apantallo al miedo y antes de darse cuenta se vio necesitando todo aquello que ella poseía, porque después de todo, el solo tenía odio para dar, rencor para regalarle, y miles de dagas para lastimarle.
¿Qué tanto puedes caer?
—Yo solo te tengo a ti y te odio—Palabras dichas con lágrimas, con ese malnacido nudo en la garganta que le estrangula hasta dejarlo sin respiración—Pero al menos tu sentías algo por mi…— Y Aby llora, asiente en silencio, confirma sus sospechas, y vuelve a sumirse en su calidad de simple escuchante—¡No era la mejor manera! —Nunca lo sería. Odiarse, hacerse daño, gritarse, formas de comunicación tan antiguas como aquello que ellos solían llamar conciencia no era la forma de decir que no se estaba solo, pero no les había quedado nada. Al final del camino solo eran ellos, cada uno más solo que el anterior— ¡Esta soledad que nos unía era todo lo que nos quedaba! —Pitch cierra los ojos, respira el fuego de sus palabras sumido en su propia redención. Tiene que decir todo aquello que piensa, tiene que escupir todo ese rencor y vaciarlo, porque Aby está ahí para él, para escuchar, para ser ese algo en medio de la nada— ¿¡POR QUÉ!? — La pregunta que más resuena, la voz idiota que no dejaba de repetir de forma burlesca— ¿¡POR QUÉ ACEPTASTE ESTE TRATO!? — ¿Por qué había decidido algo tan estúpido? ¿Por qué había intentado detenerlo? ¿Por qué no se rindió? ¿Por qué continúo buscándole incluso con la daga del rechazo metida dentro de su cuerpo? — ¡ESE MALDITO CONEJO TE RECHAZO! ¿¡POR QUÉ NO TE RENDISTE!? —
Y Aby sonríe, con la cara llena de lágrimas, con su cabello húmedo pegado al rostro y con la respuesta tan clara como siempre.
—Porque se lo prometí a mamá…—No rendirse nunca, seguir avanzando pese al frío, continuar respirando incluso deseando detener el latir de su corazón. La promesa dicha ante una tumba sin flores y su voz quebrada contra el viento invernal—No podía rendirme…—No era por Mim, no era por Aster, ni siquiera por ella. Era por su mamá, por esa mujer que había mentido para hacerla feliz, por esa dama de cabello castaño que la acunaba en las noches oscuras, la misma que muchas veces se rio ante la falta del tarro de azúcar que ella de manera infantil ocultaba bajo su cama para hacerla reír.
"Tu papá es el conejo de pascua…"
—Se lo prometí…se lo prometí…—su cabeza llena de su voz infantil, su madre enredándole el cabello, explicándole que su padre estaba ocupado pero que quizá algún día vendría. Su propia conciencia recordándole que había sido egoísta—Bunnymund no es mi padre… —Pitch la ve tragar pesado. Decir esa frase en voz alta es una verdad que pesa más de lo que cualquiera puede llegar a imaginar. Pero Aby lo entiende, Aster no es su padre, no puede serlo—Mi padre real me rechazo siendo una niña…—Dos lagrimas deslizándose hasta su barbilla, muriendo contra el tablero de ajedrez que observa expectante—El… no quería hijos—Media risa de melancolía. Una risa tan irónica que de solo escucharla Pitch siente sus oídos sangrar—Pero mamá…ella no quiso verme triste…—Solloza, se cubre la boca y maldice su egoísmo, la ironía y a Pitch por estar escuchando, pero continua, porque lo prometió, porque mamá de seguro duerme y llora al mismo tiempo, sin entender la razón— Así que me dijo… ella dijo que mi padre era el conejo de pascua—Pitch vuelve a sentir ese vacío extraño en su cuerpo, uno que no tiene que ver con sus propias e inexistentes entrañas. Aby desordenándose el cabello vuelve a reír de forma tonta y con las lágrimas subiendo por su garganta—Mamá me mintió por amor, y yo, cuando descubrí que era mentira, continúe creyendo por amor a ella…—Porque Aby quería que fuese verdad, ella solo deseaba que aquello que vivía y sentía fuese real. Quería pensar que Aster le había querido, quería imaginar que le extrañaba, soñar con que quería volver a verla. Pero eso no podía ser, no era real, no era cierto, y aun así, estando la mentira expuesta como una herida abierta solo podía seguir llorándole al ausente conejo.
Bunnymund irónicamente no quería niños tampoco, pero había intentado ser comprensivo al menos con su estúpido deseo, había entregado algo de su espacio para ella, y dado algo de afecto cada vez que llegaba con el cuerpo destruido a casa de Norte. Él lo había intentado, solo por ella, por ese deseo infantil de tener un padre y de que la mentira de su mamá no hubiera sido tan mentira.
Solo tenerlo. Solo saber que su padre era el conejo de pascua y de que cuando le preguntasen, que si tenía una hija, el dijera que sí.
"Tu padre es el conejo de pascua"
"¡ELLA NO ES MI HIJA!"
¿A quién trataba de engañar? ¿En que estaba pensando? Acorralando su rostro entre sus manos Aby volvió a sollozar a viva voz sintiéndose muerta en vida, con las heridas de una guerra en su espalda, y el peso del dolor dentro de su alma. Lo había perdido todo. Su fuerza, su esperanza, a su madre y a Aster, porque ya no había forma de decirle papá, no había forma de pedir perdón y menos de disculparse con él por todo lo que le había hecho pasar.
"¡TE AMO!"
Mentía. Aster mentía. Asustado por ella que moría e impotente a sus gritos de dolor le había dicho que la amaba, pero esa frase dicha con desesperación ahora rebotaba sin muchos sentidos en su cabeza. Aster no podía amarla, no había una razón para hacerlo, ni menos una prueba de ello… ¿No era así?
Sintiendo lo poco que quedaba de sí misma partirse a la mitad, Aby volvió a gritar contra sus manos, necesitando llorar todo aquello que no había llorado en vida, escupiendo en lágrimas la sangre de sentirse sola y completamente abandonada desde el día que su madre murió. Lloro sus miedos, sus penas, y todo aquello que la hacía ella en el pasado sin siquiera preguntarse en lo que diría Pitch al verla derrumbarse como un miserable pedazo de granito. Había entregado más de lo que podía, había seguido caminando pese al peso que llevaba a cuestas y guardado silencio incluso ante la verdad irrefutable de que Mim no había sido capaz de ofrecerle una segunda oportunidad. ¿Cuánto habría pagado para volver a abrazar a Aster? ¿Es que era posible calcular el valor de su deseo?
Ella solo quería tener a su padre, a uno que la quisiera a su lado. De la manera más irónica su madre había escogido al ser menos pesado para satisfacer su deseo, y de forma más sarcástica aún se había equivocado de prospecto. Bunnymund, siempre tan enojado, tan huraño y con sus enormes ojos enojados sobre su insignificante humanidad no estaba preparado para el enorme balde de agua fría que fue tener una niña a su cuidado, una que ni siquiera entendía porque él específicamente debía ser su papá.
"Tenía que ser él, porque si no era él hubiera estado mal, algo hubiera estado mal, las piezas no habrían encajado, la mentira no habría funcionado…"
Cuando al fin logró armar todas las piezas del puzle que conformaba a su memoria fue demasiado tarde para detener sus propios sentimientos equivocados. Porque aunque Aster nunca le hubiera querido, ella jamás dejaría de amarlo ni menos aún sería capaz de olvidarle incluso habiendo cruzado la línea entre los vivos y los muertos. Eso era algo que no podría ser cambiado, así como todo lo que ocurría a su alrededor, pues pese a ser consciente de que lloraba de manera desgarrador frente a Pitch ya no podía detenerse.
El ahora ex padre de la oscuridad como un miserable expectante del horror no tuvo la fuerza para continuar viendo como Aby se autodestruía bajo el peso de sus propios pensamientos. Poniéndose de pie y huyendo de la chica que continuaba llorando, Pitch se preguntó si Mim había dicho la verdad esta vez y si es que acaso no existía alguna forma de escapar de sus dominios. Mirando fugazmente hacia atrás al pequeño bulto de cabello y lágrimas que era Aby en ese momento, rogo porque de alguna manera existiera una posibilidad de escapar de esa pesadilla que ellos mismos habían provocado, porque de no ser así, terminaría enloqueciendo nuevamente y la culpa ya no sería de la oscuridad, sino de la niña a la que le habían robado su mayor ilusión.
¿Cuántas culpas debería pagar antes de caer al verdadero infierno que antes fue su mente? Sintiendo sus propias lágrimas culposas rodar sin su consentimiento se negó a averiguarlo. Por ahora tendría que recurrir a la persona menos deseada en ese momento, pero a la única que podía hacer algo por ellos.
Mim.
Norte había sido incapaz de enterrar su cuerpo. El pobre y buen hombre de las navidades no había tenido la fuerza para envolver aquella delgada hojarasca que antes hubiera sido el contendor del alma de la pequeña y tenaz madre de naturaleza. Sobrecogido y caído en la oscura depresión de la realidad, Norte no había podido cumplir con darle siquiera un funeral decente a quien tantas alegrías le causo. Pero nadie podía culparlo en realidad, nadie en su sano juicio habría podido hacerlo
Tooth aún lloraba en su propia mansión de recuerdos, Sandy ya no encontraba felicidad en sus propios sueños y Jack, perdido en alguna parte de la oscura antártica, se negaba a retornar a un mundo en donde Aby ya no podía bailar con él. Por consecuencia, Norte se había quedado solo, internado en una fábrica lúgubre en donde los sonidos llenos de risa de sus propios juguetes sonaban de manera fantasmagórica y electrizante. Mientras que Aby, aún sobre la misma cama que falleciera continuaba con los ojos cerrados y con la mueca de su última expresión.
"papá…"
Norte lo había intentado, había intentado tomarla en brazos y cargarla fuera como era debido, pero cada vez que la alzaba, el peculiar aroma del pasto recién cortado se pegaba a su nariz y él, pese a intentarlo, terminaba llorando sobre su cabello ceniza, acariciando sus pómulos blancos y sus parpados cerrados para siempre sin poder encontrar un gramo de resistencia que le ayudara a sopesar su oscuro dolor.
Aby estaba muerta, y saberlo pesaba más que todo lo que pudiera decirse.
Bunnymund ni siquiera se había pronunciado por su casa.
El dueño de la pascua estaba más muerto que todos los guardianes juntos y su regreso a la tierra de los sueños probablemente tardaría medio siglo más de lo que el propio Norte pensaba. Porque Bunny había muerto, él se había roto y todo su dolor ahora era una herida abierta y punzante que amenazaba con tragárselo. Hundido hasta las orejas entre los pastos de la madriguera, Aster se dedicaba a contar de uno hasta el infinito, intentando no enloquecer ante la risa de Aby que aun rebotaba en las paredes de su hogar y contaba incansable intentado disminuir el dolor de sus propios ojos que no habían dejado de llorar. Aby. Su pequeña. Su niña de ojos tristes. La chica de largo cabello y tatuajes en los brazos. Su Hija…
La madriguera había sido el único testigo de su lento descenso al infierno. El único ente que le vio destruir la mesa en donde ella hubiera pintado huevos a su lado, el banco donde ella se hubiera subido, observo en silencio como lanzaba sus propias cosas contra las paredes en busca de consuelo o algo de liberación solo para que finalmente, el propio Bunnymund, llorando a lágrima viva, se hubiera dado cuenta de que no importando que hiciera no podría curar el dolor de la perdida de Aby.
Porque Aby había muerto y ella, por más que él quisiera, no podría volver a su lado. Ella jamás volvería a pintar huevos con él, ella nunca más correría a jugar con Jack ni volvería comer dulces en la casa de Norte, ella no podría abrazar a Tooth ni Meme y menos aún a él que tanto le había rechazado. Y saberlo lo mataba una y otra vez, porque Aby se había ido creyendo una mentira que su orgullo no fue capaz de mitigar. Él amaba a Aby más que a su propia vida y eso ella jamás podría escucharlo. Porque los muertos no pueden escuchar, porque ellos no sienten ni pueden aprender a pelar naranjas. ¿No es cierto?
Su nombre dicho a los gritos le había hecho perder la voz y finalmente luego de dos días de insistencia había comenzado a contar, como si con ello pudiera rearmarse a sí mismo. El resultado era desastroso. No había nada que hacer o decir, no era capaz de ponerse de pie para verificar que Norte hubiera hecho nuevamente, lo que le correspondía a él por derecho, y asustado de seguir quebrándose se había encerrado en su hogar ahora maldito, rogando porque Norte le perdonara no tener el valor para enterrar a su propia hija.
Pero Norte tampoco había sido capaz de hacerlo. Él no era capaz de enterrar a Aby y nadie que conociese podría haberlo hecho por él o por Aster. Así que pese a todo pronóstico solo pudo hacer una cosa para intentar eliminar la enorme brecha que la chica de las orejas había dejado en su corazón.
Norte decidió que iba a engañarse. Decidió de forma tonta y necia que iba a mentirse a sí mismo, de la misma manera en que Aster lo hubiera intentado antes de dejarla partir.
Tomo a Aby entre sus brazos e hizo cambiar las sabanas de su cama, ordeno bañarla y peinarla y cuando ella estuvo lista volvió a acostarla como si de una muñeca se tratase. Porque los seres como él no sufrían cambios corpóreos, el cuerpo de Aby se quedaría para siempre de esa manera inocente e infantil, con la piel blanca y las mejillas frías pero sin ningún otro cambio que realmente le advirtiera de que Aby jamás regresaría, por esa razón, y luego de pensárselo hasta hacer sangrar a sus alterados nervios, Norte había aceptado engañar a su cabeza y hacer de cuentas de que Aby estaba durmiendo, de que algún día despertaría y que volvería a sonreír con forme pasara el tiempo, y que hasta que ese día llegara él la dejaría permanecer ahí. Dormida en su cama hasta que tuviera ganas de levantarse y de abrirles los brazos nuevamente.
Acomodándola con cuidado, acariciando su cabello una última vez y dejando el recuerdo de un beso sobre su frente, Norte se aproximó a la puerta de caoba y juro, mientras cerraba con llave, que nunca más volvería a entrar.
De haber habido alguien ahí no habría podido culparlo. De haber habido alguien a su lado de seguro le habría entendido. De haber habido alguien ahí de seguro le habría ayudado, habría cargado a Aby por él mientras hacia la cama, habría sostenido las colchas y acurrucado a la chica de largo cabello que ahora dormitaba un sueño por demás eterno. Habría dicho o echo algo. Si alguien hubiera estado ahí…
Pero como no había nadie, la puerta se cerró y Aby, dormida para siempre quedo encerrada dentro de una habitación de la que probablemente jamás lograría escapar.
Aby miro hacia arriba y volvió a mirar su inexistente cielo. En el pasado la extraña tranquilidad que habitaba en medio de ese extraño mundo donde residían los sin cuerpo le hubiera encantado. En el pasado hubiera dado una de sus orejas por un minuto en un lugar como ese. Ahora daba ambas por poder salir de ahí. El problema es que él ahora era tan relativo como una tal vez…
Quizá ahora es ayer Aby, quizá ahora es nunca, o mañana, ¿entiendes?
No del todo…pero al menos lo estaba intentando.
Poniéndose de pie y secando el último rastro de sus lágrimas, Aby se permitió pensar con claridad en ese asunto hipotético que era el "ahora". Mim no le había dicho mucho y era probable que nunca lo hiciera, así que ella se contentaba con sus preguntas mudas y con sus respuestas igualmente silenciosas. Con algo de melancolía Aby comprendía que su existencia era un simple nombre atado a la nada absoluta, toda ella ya no estaba presente, porque el presente no existía sin tiempo, y en la casa de Mim no había tal cosa. Por lo tanto… ninguno de los que Vivian ahí tenían algo más que nombre y recuerdos, eran la nada consumada, lo poco que aun podía ser almacenado en una palabra.
Pero eso no cambiaba su curiosidad ni sus ganas por caminar en esa inmensa nada en la que se había consumido su existencia. Porque había cosas que no calzaban y otras que debían ser habladas con alguien más para poder ser comprendidas en su totalidad, el chiste era que incluso en ese mundo Aby estaba sola.
Pitch se había fugado luego de verla enloquecer de llanto, y aunque no lo culpaba por ello le hubiera gustado que a menos se quedara a terminar su extraño juego de ajedrez, pues ahora la partida estaba inconclusa y eso se sumaba a la lista de cosas pendientes que estaban atoradas en su vida. No había ganador ni perdedor y así no podían funcionar las cosas. Por esa razón y solo por esa ridícula razón se halló caminando sin sentido en busca de la túnica negra de Pitch, quizá para que terminara el juego o para lanzarle el tablero por la cabeza como agradecimiento por su abandono, para lo que sea en realidad, porque su finalidad en si no era desatorar esa cosa pendiente en su vida, si no hablar con alguien que detuviera sus alocados pensamientos o que al menos se dignara a compartir su locura consigo. Cualquier cosa estaba bien mientras que no le dejaran sola de nuevo. Mim y Pitch no eran buenos conversadores, pero quizá algo se podía hacer al respecto, ¿No es así? Podían conversar con un hola, luego con un ¿Qué tal tu muerte? para continuar con un simple "China comunista" y así seguir por la eternidad. ¿Era tan difícil? Técnicamente no había tiempo, así que tenían toda la eternidad para conversar de lo que sea. La cosa estaba en no conversar solo. Solo eso. Tener a alguien con quien compartir toda esa información que se aglomeraba en su cabeza. Pero Pitch se había fugado y Mim estaba perdido lejos de su realidad en quién sabe dónde. ¿Qué hacer?
—Que hacer, que hacer, podrías contar al revez...—Cuando Aby escucho la voz a su espalda cerró los ojos y se recordó que alucinar no era correcto, que aún era muy pronto para eso o que al menos no merecía enloquecer tan aprisa, porque ella habría tenido que ser una completa idiota para no reconocer la voz que ahora se escuchaba de manera clara tras su propia cabeza —Cariño, las alucinaciones claramente son malas, pero yo no soy eso— Aby pensó en los monstruos que decían que no eran monstruos y se preguntó si las alucinaciones podían hacer lo mismo. Decir que no eran lo que eran y morderte las orejas. Curiosa más que asustada se paró firme y se giró de golpe hacia atrás, su boca secándose como si le hubieran absorbido el alma fue la única alerta que tuvo para verificar que lo que tenía al frente era más que una simple alucinación
— ¿¡MAMÁ!? —Y su boca titubeante y al borde de un llanto sorprendido de sí mismo la obligo a tragarse la imagen que se posó frente a su nariz
Su mamá era mujer tan solo medio dedo más alta que ella, de largo cabello castaño y ojos del mismo color, siempre parecía estar sonriendo y cuando no comprendía algo ladeaba la cabeza y dejaba que su largo cabello chocara contra el piso de manera desordenada y divertida, y aunque eso Aby lo sabía mejor que nadie no dudo en cuestionarse nuevamente si lo que estaba viendo en ese momento era real. Porque era ella, ahí estaba su cara de curiosidad, el cabello desordenado, la cabeza ladeada en son de pregunta. Era ella, tenía que ser ella. Sin embargo…
— ¿Qué es mamá? —No todo era como se lo pintaba su cabeza. Limpiándose rápidamente la cara con el brazo al sentir las emociones cubrir sus ojos, Aby se vio obligada nuevamente a enfrentarse a la realidad, esa que dictaba de forma firme que esa mujer frente a ella no podía ser su mamá, pero al menos podía asegurarse…
—Tú no eres mamá… ¿Cierto? —La negación y dos pasos hacia ella. Dos pasos de esa maravillosa mujer que hubiera podido ser su madre. Porque ella era real, porque su manos blancas le había tomado de las mejillas mientras que su pulgar curioso y amable le borraba las lágrimas como pesadillas, porque ella seguía estando ahí no como una alucinación, sino como una mujer de carne y hueso que sin darse cuenta le consolaba como ella. Como su madre.
—¿Lloras por eso que llamas mamá? —No. Técnicamente lloraba de felicidad. La última vez que había visto a su madre había sido hace tanto tiempo que su imagen había comenzado a desteñirse, solo un poco, pero lo suficiente como para que ella se asustara de verdad, como solo un niño puede hacerlo. Y Ahora la tenía enfrente, en carne y hueso pero definitivamente no en alma.
A sabiendas de que después debería dar una explicación Aby actuó por instinto y se lanzó al regazo de esa mujer extraña que no era su madre. Enterró la cara en su holgado camisón blanco y busco a tientas sus manos para que le acariciara el cabello. No estaba pidiendo demasiado, solo quería ser algo egoísta y tener un poco de cariño, ¿Estaba mal? Quizá, pero ya no tenía mucha importancia. Dejándose llevar y sintiendo de manera suave pero firme los dedos de la extraña mujer en su coronilla, Aby se dejó hacer y mimar abrazada a la completa desconocida que era igual a su madre por lo que podría haberse resumido como una eternidad de 2 minutos y medio. Pasado ese escaso tiempo Aby regreso a su realidad y se apartó apenada pero revitalizada del mojado camisón de la extraña dama.
—Perdone…yo…—No estaba muy segura de querer disculparse realmente, pues de poder quizá lo haría de nuevo, el problema es que era consciente de que estaba actuando sin razón ni cerebro, sin embargo la mujer igual a su madre al parecer también tenía sus mismas costumbres, pues elevando su barbilla y cruzando su mirada de chocolate con ella volvió a sonreírle al punto de que se le erizo cada vello del cuerpo. Porque no era ella… ¿cierto?
— ¿Estas mejor? —Aby asintió deprisa y mirando al suelo, deseando de manera interna que el piso se la tragara de un solo mordisco, el problema es que ni imaginándolo era posible hacer tal cosa— ¿De que querías conversar? —Volviendo a mirarla y notando como comenzaba a caminar Aby decidió seguirla y comenzar a hacer sus propias preguntas y comenzaría con la más sencilla de todas
— ¿Quién diablos es usted? — Fácil, sencillo y sin un gramo de anestesia. Sintiéndose algo tosca e igualmente avergonzada Aby se planteó golpearse con una roca por la brutalidad. ¿Desde cuándo largaba ella así las cosas?
—Soy… soy esa cosa que los humanos llaman conciencia, o algo parecido, esas cosas no deberían tener nombre, ¿Sabes? — Aby tanteo sus argumentos y no encontró nada interesante para contestar. Sus neuronas estaban desconectadas de su cerebro y habían dejado como protector de pantalla la imagen de su madre, eso era todo cuanto podía ver.
— Eres igual a mi madre…—y entonces la amable señora se había detenido y sonreído con total tranquilidad mientras volvía a ladear la cabeza en forma curiosa y divertida. Aby perdida entre el cabello que se deslizaba hacia abajo y el sonido de la ropa al frotarse con las hebras castañas apenas y fue consciente de lo que la mujer trato de explicar
—Estoy echa de un recuerdo de ella, soy el recuerdo de tu madre— Eso explicaba hasta cierto grado las cosas. Explicaba porque era igual a sus recuerdos y en forma de actuar, pero…
—Pero no eres ella…—Era algo que tenía que escuchar, algo que tenía que saber de forma certera
—No. Soy lo que recuerdas de ella—Así que era eso…Aby entendiendo, y al mismo tiempo no entendiendo comenzó a hacerse una serie de preguntas que no tardo en salir a la luz
—¿Entonces que hace aquí? ¿Quién la trajo? ¿Es cosa de Mim?—Tantas preguntas, tan grande el deseo de volver a verla sonreír y sentir que el vacío se llenaba, que el dolor desaparecía y no regresaba. Era mamá…era mamá… el recuerdo de su madre moviéndose y sonriéndole en forma física. ¿Acaso era un regalo? ¿Estaba Mim detrás de tan maravillosa alucinación?
—¿Traerme dices? —Aby ahoga el aire en sus pulmones y cierra por inercia los ojos cuando la mujer nuevamente vuelve a poner una mano sobre su cabeza con cariño e inmensa curiosidad. Largos dedos blancos que vuelven a enredarse en su cabello como en antaño, como si el tiempo jamás hubiera pasado, como si aún pudiera sentase sobre su vieja cocina mientras su madre cocinaba galletas, como si todo eso fuera el hoy y no el ayer perdido que estaba lleno de recuerdos, como si aún pudiera escabullirse y robar el malnacido tarro de azúcar que se burlaba desde un estante, como si ella estuviera ahí de verdad, y no como un triste y desolado recuerdo—Pero mi niña…si me has traído tú—¿Ella? ¿Podía ser ella la creadora de una cosa tan maravillosa? ¿De verdad? — ¿y quién rayos es Mim? —Eso era lento de explicar, y quizá innecesario de escuchar, pero Aby es ella, así que porque es ella se traga sus lamentaciones y se obliga a mojar su lengua para poder hablar entre estúpidos balbuceos que no tienen forma.
—Mim es el padre de los guardianes, él es…él es…—y entonces todo pierde importancia. Su madre le escucharía, ella le pondría tención y trataría de comprender que o quien es Mim, pero ella no quiere hablarle de eso, no quiere decirle que Mim es un ser omnipotente y sin mucho juicio, no quiere contarle que Pitch le abandono en un juego de ajedrez, no quiere explicarle que odia las piezas blancas y que no sabe pelar naranjas, porque lo que quiere Aby es hablar con su mamá, abrazarle, decirle que la ama que jamás dejara de hacerlo, Aby quiere que mamá le consuele, que limpie todas las heridas de su espalda, cada grito en su conciencia, cada sentimiento de rechazo y cada lagrima de frustración. Porque Aby necesita a su mamá, a esa mujer increíble que era capaz de detener el tiempo con un cuento, la heroína que luchaba con el monstruo de la cama a escobazos, la misma que tiempo atrás había jurado no abandonarle nunca— ¿Te vas a quedar conmigo? — una petición mayor, una que puede ser rechazada por imposible, una que incluso de ser negada habría sido entendida
— ¿Quieres que me quede? —Aby se muerde los labios de puro nerviosismo. ¿Existía la posibilidad de que dijera que si?
—Lo quiero, lo quiero de verdad, no puedes irte…yo…yo…—Las palabras se atragantan y la verdad sube por garganta asfixiándole hasta que todo lo que queda es un simple y oscurecido sollozo que vuelve a recordarle que no está entera, que un pedazo de ella realmente no puede regresar y que aunque ella quiera evitarlo no puede hacer más que llorar.
—Cariño…—El recuerdo de su madre vuelve a esconderla de ese mundo blanco y siniestro que ahora es su casa, agita sus cabellos y besa su coronilla con un deje tan grande de cariño que Aby muy a su pesar vuelve a sollozar como una niña pequeña contra el pecho de la bella mujer de ojos castaños.
Había tanto que hubiera querido decirle, había tanto que quería explicar, tanto por lo que disculparse y ahora, cuando tenía algo de ella todo lo que podía hacer era llorar y abrazarse a su recuerdo como si con ello hubiera podido vivir, como si con solo tenerla hubiera tenido su tan añorada segunda oportunidad. Y Aby llora, se esconde y vuelve a recordar el principio y el fin, y la línea dispareja en donde hay una mamá y un papá….
Tu papá es el conejo de pascua…
—Mamá…—Es una llamada algo extraña, porque la mujer frente a ella no es mamá realmente, sino una parte de ella, una parte que incluso de querer no habría podido olvidar—Mamá…mamá…no me dejes, no te vallas, por favor no te vayas…—Una niña, ella es solo una niña que aparento por demasiado tiempo ser del más duro metal mientras que detrás de su sonrisa, un rio de sangre echo lagrimas no dejaba de manar.
—Aby…mi pequeña—Manos, palabras susurradas y la típica tradición de que los besos pueden sanar heridas profundas y tan antiguas como las pisadas de los isodontes—Mamá nunca va a dejarte, siempre estará contigo—Ojala hubiera sido verdad, ojala mamá hubiera sido eterna y no hubiera muerto nunca, ojala mamá se hubiera quedado con ella hasta que ella también fuera madre, ojala mamá hubiera estado ahí para protegerla de los hombres del orfanato cuando decidieron llevársela, ojala hubiera estado ahí para detener el látigo que caía sobre su espalda, ojala hubiera estado ahí para consolar a los niños que ella no podía consolar, ojala hubiera estado. Pero mamá no estuvo, no podía estar, y no era culpa de nadie, ni siquiera de mamá.
La culpa era de papá
De ese hombre que no la quería, del conejo de pascua que jamás fue por ella, de aquel gruñón enorme que hacia sándwiches de queso en la cocina en medio de mordidas mezcladas con rabia, de él, de él era la culpa. Por haberla abandonado, por no ir en su búsqueda, por no haberla protegido, por no quererla, por rechazarla, por decir que la quería sin sentirlo. La culpa era de él, de él y quizá en el fondo suya, por querer vivir un mundo a su lado, por necesitar de su pecho para llorar y de su corazón para poder sopesar que el propio continuaba latiendo y porque ya no podría ver a nadie en su lugar nunca más.
Extrañaba a su papá, añoraba a su madre y pese a tener su simple recuerdo el dolor no mitigaba siquiera un poco. Quería volver con él, incluso sabiendo que no le quería, quería regresar y decirle que le amaba de verdad, que no importaba el resto, que viviría con eso o que al menos le dejara intentarlo
—Aby…—Sumida en sus lágrimas y apegada a la fragancia miel de su mamá echa un simple recuerdo de la conciencia, Aby enterró sus propios dedos en la cabellera de la contraria y miro hacia arriba con la esperanza de que esa vieja costumbre que tenía con su madre no alterara al pobre recuerdo que ahora tenía solidificado frente a su presencia. Pero los ojos castaños ni siquiera se inmutaron, tan solo volvieron a chocar con los suyos como si pudieran leer todo aquello que estuviera gritando en su interior —Aby, ¿Quieres volver con Aster? —No lo dudo. No lo pensó. Solo abrió la boca y decidió que sería honesta aunque doliera serlo
— ¡SI! — Un grito sollozante, una simple silaba que marcaba una verdad y los propios ojos miel que no dejaban de mirarle con enorme cariño. La mujer de blanco volvió a esconderla, volvió a tararear algo que Aby supuso era una canción, y todo alegato o pena murió en cuanto la contraria opto por algo más que un simple tarareo para sus ánimos.
You are my sunshine, my only sunshine …
You make me happy when skies are gray …
You'll never know dear, how much I love you …
Please don't take my sunshine away …
I'll always love you and make you happy,
If you will only say the same.
But if you leave me and love another,
You'll regret it all someday…
La voz suave y serena del mujer de ojos castaños, sumado al silencio de su hogar inanimado fueron testigos callados y sigilosos de como Aby refregando su nariz de forma insistente contra el pecho de su madre comenzaba a calmarse frente a tan dichosa melodía. Bajo una triste sonrisa Aby recordó el nacimiento de esa canción y el cómo había sido usado de manera triste para intentar bailar con Jack
"Es una canción bonita…" Había opinado Jack
"Es una canción algo triste…" Es lo que había creído ella. Porque esa melodía significaba una sola cosa. Significaba que quizá y tan solo quizá, mamá, o su recuerdo, tendría que marcharse, y ella volvería a quedarse tan sola como en un principio. Sin mamá, sin Aster y sin su monstruo del azúcar. Aferrándose entonces con sus dedos al camisón de la dama de cabellos castaños Aby cerró los ojos y volvió a rogar bajito en medio de ese tarareo que le daba sueño y algo de miedo
—No te vayas… no te vayas… —Media risa de tranquilidad más tarde acompañada de un beso en su cabeza y Aby había vuelto a quedarse perdida en esa mirada miel que decía ser una cosa pero parecía otra. Así como los monstros, o las alucinaciones, ¿Los recuerdos podrían mentir?
—Cariño, ¿Quieres regresar con Aster? —Aby volvió a asentir sin mucha ceremonia. Querer en su caso, no era poder, así que ya daba igual mentir o fingir que quería quedarse en ese mundo blanco para siempre atada a alucinaciones y recuerdos que solo podrían intentar consolarla sin mucho resultado. Su destino estaba escrito y cerrado, ahora solo quedaba ojearlo y reír. —Pero si quieres volver con él ¿Por qué no has regresado? —Abriendo los ojos de manera desmesurada y volviendo a enfocar su vista hacia arriba Aby pudo ser testigo de la cara extrañada pero sería de su mamá-recuerdo o como fuese a llamarse ella.
—No puedo volver…—Mim se lo había dicho, Mim le había explicado que no había forma de regresar, que ya no quedaba anda por hacer, que el pacto estaba cerrado, firmado…sin embargo..
— ¿¡Qué tontería es esa!?— Por un segundo la extraña perturbación de su recuerdo le remeció un poco las ideas y las lágrimas que aún no habían querido abandonar su rostro al escuchar tajante grito dicho hacia nadie en especial cayeron al suelo suicidándose en el acto— ¡Claro que puedes volver! — ¿Podía? ¿¡PODÍA!? Retrocediendo dos pasos y soltándose de la alucinación que hablaba de recuerdos y preguntaba qué cosa era una madre, Aby volvió a cuestionarse si ya había entrado a enloquecer. Mim había dicho que ella no podía regresar, Mim se lo había jurado. Mim no podía haberle mentido
— ¿De que estas hablando? No puedo volver…Mim dijo que yo…que yo no…—Su voz sonó insegura hasta para su gusto, llena de nerviosismo y miedo. Como si le hubieran abofeteado con una pala en pleno rostro Aby se preguntó si Mim sería capaz de engañarla…El no haría eso… ¿Verdad?
"Mim es un ser egoísta y caprichoso…"
No. No podía ser así. No podía ser que Mim hubiera mentido sobre algo tan importante, no es posible que él siendo quien es hubiera sido capaz de ser tan cruel. Él no le mentiría, no a ella, no a ella que lo dio todo, no a ella… ¿Verdad? ¿¡Verdad!?
—Tú puedes regresar— Imposible, de locura, de espantosa locura. Ella no podía regresa, ella se había clavado una daga en el pecho, ella había acabado con su vida y con la de pitch de paso, eso lo recordaba, había sido consciente de eso. ¡Ella estaba muerta! ¡Ella no podía regresar!
—Los muertos no pueden regresar…—Esa era la verdad aceptada, la que no podía ser cambiada ni con todas sus lágrimas—Los muertos no pueden regresar…—y su madre asintió, se acercó a ella y volvió a sonreírle con esa tranquilidad alarmante y extraña
—Cierto, los muertos no pueden regresar—Aby parpadeo confundida y volvió a retroceder sin entender absolutamente nada de lo que estaba pasando, pero entonces acercándose la dama más a ella y abrazándola con cuidado antes de que decidiera huir un par de labios se apegaron a su oreja derecha y entregaron el mortal mensaje final, ese que Aby tenía miedo de escuchar —Hija…tú no estás muerta…— Fue como si el cielo se cayera sobre ella, como si todo a su alrededor se evaporar y solo quedara ella y ese recuerdo que por primera vez le llamaba hija. La voz comenzó a temblarle y pese a abrir la boca reiteradas veces nada salió de ella. Ella no estaba muerta…era una locura pensar en ello. Pues ella misma se había enterrado aquella cosa en el centro de su pecho, ella había…
"¡Aby resiste!"
"¡Maldita sea Norte date prisa!"
"¡AAAAAHHH!"
Mareándose y cayendo pesadamente contra el cuerpo contrario Aby comenzó a hiperventilar asustada. Recordaba cosas, demasiadas cosas, muchas caras, tantos gritos, las amarras de sus muñecas, y Norte, Norte rojo y lleno de lágrimas, alguien gritando, ¿Era ella?, ¡Sí!, ¡Era ella!,¡Y estaba Meme, y Tooth y…! y estaba Aster, estaba Bunny que no paraba de pasarle la nariz sobre la frente intentando calmarla, estaba él, y luego la cama y el monstruo, el monstruo que no era otro más que Mim llamándola y luego …luego no había nada…
Mim… se la habían llevado. Ella no había muerto como tal. Norte la había salvado, había logrado quitar lo que ella había enterrado en su carne en un acto precipitado por cumplir con su deber, Mim en ese instante podría haberse detenido, podría haber evitado que el mal fuese mayor y permitir que se quedara, que ella fuese feliz y que Pitch volviera a ser quien había sido tiempo atrás, porque no habría estado solo, la habría tenido a ella, habría tenido algo más que pesadillas pisándole los talones, algo más que tristeza y desesperación cernida sobre su cabeza.
"Mim es un ser egoísta y caprichoso…"
"Aby, te mintieron, te mintieron y no una vez, sino miles, te han mentido, él te ha mentido encanto, así que deja de inventar excusas, esta es la realidad, Mim es un mentiroso y tu una marioneta agujereada por sus hilos, ¿entiendes?"
¡ERA SU CULPA! ¡Mim se la había llevado! ¡Ni siquiera había pensado en retractarse y se la había llevado!
—¡MIM! — Fue como si gritara "Bingo" en su cabeza, como si una parte atorada y llena de palabras hubiera podido pasar al fin por la brecha diminuta que había quedado de su conciencia, y entonces todo había comenzado a colapsar. Las palabras de Aster y su rechazo volvieron a bullir de manera enloquecedora, mezclándose con las risotadas de Pitch y el llanto quejumbroso de Toothiana al verla caer como una hoja desteñida de otoño. Todo sucedía tan rápido y de manera tan exacta que Aby incuso cerrando los ojos podía ver las frases hechas ahora letras de sus propios pensamientos.
Engañada. Rechazada. Y realmente no muerta…
Las piezas rotas que almacenaban sus memorias comenzaron a unirse, a gritar verdades de forma desordenada y bizarra, vaciándole lo poco que le quedaba de temple a su marchito espíritu.
Mim le había mentido, incluso luego de utilizarla había decidido mentirle por puro y mero capricho, porque ella era una pieza sobrante del ajedrez, el peón que debió morir pero que aun así no dejaba de respirar aunque el aire ya no fuese necesario en sus pulmones imaginarios. Mim, era un mentiroso, uno que ahora debería explicarle cierta cantidad de cosas a una niña ya no tan amable ni feliz. Porque todo empezaba a tener forma, todo llegaba a entenderse ahora, pues en cada espacio de vacío o incertidumbre, Mim aparece como un enorme globo de color rojo, como un faro prendido en llamas en medio de la absoluta oscuridad.
¿Por qué había olvidado sus recuerdos? MIM ¿Por qué Pitch había enloquecido hasta el borde de la estupidez? MIM ¿Porque había tenido que mutilarse así misma? MIM ¿Por qué ahora estaba atrapada en ese mundo de nadie? MIM ¿Quién se había negado a mostrarle la verdad incluso desesperada y rota? MIM ¿Quién era el culpable de todo esto? MIM, MIM, MIM, ¡MIM!
Su nombre, llenando todos los recovecos, aclarándole la visión y emergiendo del pozo negro de su tristeza dio como resultado una rabia encolerizada y llena de dientes
—¡MIM, MIM, MIM, MIM! —Ella repite el nombre del culpable, lo saborea, y lo escupe como si con eso pudiera sacarse la putrefacción que surge desde su herido y traicionado interior. Entierra los dedos en la ropa blanca, gruñe y su cabello erizado vuelve a levantarse con la fuerza de un animal herido pero enardecido en sangre. Sus dientes apretados y su propia mandíbula crujiendo como un miserable montón de galletas fueron señales de alerta que arrojaron resultados de arranque y peligro, y aunque cualquiera en su sano juicio se hubiera alejado, el recuerdo de su madre se mantuvo firme a su lado, inamovible y silencioso. Como un pilar sujetando a un terremoto los brazos de la casi albina mujer volvieron a envolverla como si en vez de abrazar a un león estuviera abrazando nuevamente a una niña de tan solo cinco años y sonrió sin cuidado contra la mata de cabello erizado que choco contra su rostro
—¿Quieres gritar? —Era una pregunta estúpida que obtuvo medio gruñido de respuesta. De igual manera la mujer solo pudo ampliar su enorme pero entristecida sonrisa. —Grita nena, lo necesitas, ¿No?, grita, estoy aquí para oírte… —Aby con los ojos abiertos y la boca llena de dientes que ansiaban morder, sintió que alguien habría una puerta hasta ahora prohibida por su propio razonamiento, que alguien con una llave dorada daba rienda suelta a todas sus emociones juntas, otorgándole el permiso a cada una de ellas para que enloquecieran a plenitud por el tiempo que necesitaran para recuperarse
Sin poder contenerse, con los ojos llenos de lágrimas que aún no caían y clavando las manos como garras sobre la ropa ajena, Aby tomo aire innecesario y comenzó a gritar, deseando internamente que se le desgarrara la garganta o que su mente terminara por estallar. Sucediera lo que sucediera después de eso, conseguiría salir adelante, pero por ahora sumida en su mundo de gritos, se preguntó vagamente cuanto tardaría en ahogarse en sus emociones. Con el agua hasta el cuello decidió, que por esta vez, eso no tenía importancia.
Por primera vez en su vida, su razonamiento y su cabeza… se desconectaron.
Norte había decidido beber hasta que el dolor fuera un recuerdo digno de una resaca, decidió apagar su pena con tragos amargos y ardientes de Vodka pulcro y limpio hasta que la mesa se desdibujara al punto mismo en que dejara de ser una mesa y fuera cualquier cosa. Que fuera todo, menos la maldita mesa en donde continuaba llorando por la "dormida" Aby. Quería olvidar y beber hasta que Aster apareciera en la puerta para beber con él y llorar sobre la mesa que no era mesa, quería beber y olvidar hasta que llegara Toothiana hipando entre lágrimas que la vida era una perra y que el vodka le pudriría los dientes, quería beber y olvidar hasta que Meme en medio de su visión bizarra y llena de alcohol comenzara a cantar en idiomas desconocidos para cualquiera que no entendiera arena-ñol. Él quería, él quería….
Pero la cosa no estaba funcionando, llevaba dos botellas y la mesa seguía siendo mesa, Bunny continuaba ausente así como las maldiciones de Toothiana y Sandy aún no alcanzaban la nota exacta de la canción, estaba lejos, demasiado lejos como para llegar. ¿Y ahora que podía hacer?
Limpiándose las lágrimas y sintiendo como los ojos le ardían por el alcohol (porque no era por las lágrimas, no podía ser por eso o al menos se negaba a aceptarlo) se preguntó si el vodka podría al menos curar los males de Aster y ayudarlo a olvidar al menos por un segundo que Aby estaba dormida (no muerta realmente, solo dormida para siempre). Sumido entre su botella y la maldita mesa Norte volvió a servirse y brindo en silencio por la dormida chica de las orejas, y en medio de sus sollozos ahogados volvió a tratar de desdibujar sus pensamientos absurdos sin ni una gota de éxito. Desechando entonces la tercera botella y abriendo una cuarta tiro su vaso al suelo como si este le hubiera mordido los dedos y comenzó a beber directamente del tubo de la botella, tragando agrio y dolor como si ambos pudieran ser procesados por su pobre estomago ulcerado por la congoja.
Pero la mesa siguió siendo mesa incluso después de eso. ¿Sería una cosa de la mala suerte?
Jack que pensaba que hablar de mala suerte era una cosa ridícula, se vio explorando este punto a kilómetros de distancia del viejo y cansado padre de la navidad. Si bien Norte podía emborracharse hasta las cejas y bajarle el telón a su cabeza bajo mentiras, Jack siendo quien era no tenía esas regalías, ni mucho menos vodka como para borrar parcialmente una herida de su memoria. Quizá en su caso beber hubiera funcionado, el licor le habría borrado la conciencia antes de que Norte hubiera contado hasta veinte y la mesa hubiera dejado de ser mesa enseguida para transformarse en Aby. Pero Jack es un niño y los niños no tienen vodka, sino escondites.
Bien sabían todos que Jack se escondería hasta que pudiera entrar en sí mismo de nuevo, por lo que incluso antes de intentarlo lo habían dejado de buscar. El problema es que Jack, siendo un niño no tenía forma de regresar por su propio pie a Santoff Clausen. Porque en Santoff Clausen estaría Aby, pero no la Aby de siempre, estaría esta otra Aby, la Aby de sus pesadillas, la que no podría abrirle los brazos ni soportar su frio invernal, la que no podría hacerle reír con sus bromas y menos bailar de manera desastrosa por todo el salón de Norte. Porque la verdadera Aby se había ido e incluso siendo un niño, comprendía que ni las lágrimas ni el vodka de Norte podrían borrar esa cruel verdad.
Le habría gustado poder engañarse como lo estaba haciendo San Nicolás, mentirse y hacer de cuentas de que al volver todo seguiría como siempre, pero eso era imposible, Aby de manera constante e invisible había hecho un espacio para sí misma en el corazón de cada uno de los guardianes y su ausencia ahora pesaba como si le hubieran arrancado un pedazo del corazón con los dientes, pues la niña en si les había cambiado el universo y enseñado que de la más pequeña sonrisa nace la fuerza más devastadora del universo. Porque Aby tenía a borbotes algo que él le había costado adquirir.
Fuerza de voluntad.
Esa chispa que gritaba que sin importar qué, no se rindiera, la voz insistente que no paraba de molestarle hasta que él mismo creía enloquecer, el par de brazos que lo jalaban hacia adelante porque para atrás no servía y su voz tranquila que siempre aseguraba que podía haber sido peor.
Es por eso que se había escondido, porque enfrentar un mundo sin Aby no iba a ser igual que antes, ya no habría brazos que te obligaran a seguir dando un paso delante del otro, ni un par de frases de aliento que te animaran a continuar, ahora sería como antes, ahora serían nuevamente los guardianes y no ese desastre que habían tratado de llamar familia. Jack había intentado resignarse y vivir el dolor, llorar y gritar hasta cansarse para purgar lo que sentía dentro de su corazón desgarrado por la cruel mordida, pero incluso cuando termino de hacer esto se dio cuenta de que ahora el vacío estaba en su alma y bajo la escarcha que cayó de sus ojos pudo darse cuenta de que esa clase de vacío sería imposible de llenar si no era con otra cosa más que la misma Aby. Por esa razón el continua donde está, con las rodillas contra su pecho y las lágrimas cayendo como si no se cansaran de morir contra el hielo del suelo, él continua ahí a sabiendas de que tiene que volver, pero consiente de que si sale de ahí no será entero, pues la pequeña de ojos verdes a muerto llevándose un pedazo de él a donde sea que haya decidido marcharse y por mucho que pese saberlo, nadie puede ir por ella esta vez.
Porque Aby no está peleando contra su conciencia ni luchando contra su propia debilidad en medio de una selva y cubierta de barro, ella está en la casa de Norte, durmiendo para siempre como lo hacen las princesas de cuentos, con el cabello largo desparramado por el suelo y la colcha, y con su último aliento de fuerza de voluntad aun rondando por el aire. Jack lo sabe y a diferencia de Norte no puede mentirse, porque él no tiene el vodka ni mesa que desdibujar, él tiene escondites y un vacío que las lágrimas inútilmente tratan de llenar; pero la sobriedad no es como si ayudase, no es como si ser consciente de que Aby no volvería nunca ayudara en algo, tristemente y volviendo a secarse la cara con su poleron azul Jack pensó que aceptar la realidad era peor que engañarse, porque si al menos lograba imaginarse la posibilidad de volver a Aby entonces el dolor no era tan grande, porque había una esperanza, porque la maldición del "para siempre" se vería rota y sin sentido y entonces, solo entonces él podría salir de ahí, y enfrentarse a esa realidad sin Aby, porque de alguna manera habría tenido certeza de que de alguna manera, en algún momento, Aby habría vuelto a reír y a bailar con él por el salón.
Pero la realidad marca un compás distinto a todo lo que él desea, la tierra sigue girando, el mundo continua avanzando y el sigue metido hasta el cuello en sus cavilaciones y sus lágrimas, preguntándose como volver atrás, cuestionándose si los recuerdos que tienen serán suficientes para poder continuar respirando y si existe alguna alternativa para incluso borrarlos de manera permanente. No con el fugaz beso de una botella, sino con algo más fuerte, algo como…dientes. Suspirando y desechando sus torcidas ideas Jack volvió a enfocarse en el hielo que reposaba bajo sus pies, en la fina capa que cubría el enorme lago de un mundo tan lejano como su propia y ensimismada cabeza y decidió que tenía que regresar; quizá se pondría a tomar con Norte al verlo en su taller emborrachándose hasta la muerte (No había que ser un genio para imaginar que eso es lo que estaba haciendo), quizá lloraría en medio de la habitación donde de seguro Aby aún continuaba dormida, quizá muchas cosas, pero tenía que salir de ahí, tenía que poner un pie delante del otro y continuar avanzando, porque Aby le había enseñado que así funcionaban las cosas, que era para adelante y que para atrás no servía, ¿Sería posible que el pudiera cumplir con el sagrado lema de su mejor amiga?
Dando un par de pasos tambaleantes hacia el frente y rompiendo sonoramente en un llanto que nuevamente subió por su garganta, Jack pensó que sí. Que podía avanzar y que era su deber seguir intentándolo, porque si en algún momento Aby llegaba a verlo de nuevo, tenía que ser de pie, no de rodillas. Avanzando torpemente y sin siquiera intentar volar, Jack emprendió el rumbo de vuelta a Santoff Clausen, llorando como lloran los niños, jurando con cada paso que daba, que no volvería hacía atrás e imaginando que Aby sonreía donde sea que hubiera estado mirándole.
A lo lejos, en el polo, en medio del taller de juguetes y rojo como un tomate expuesto al sol, Norte dormido y borracho de pena, no logra terminar su último trago de vodka y la mesa, pese a todo esfuerzo onírico o empírico, continuo siendo lo que era.
Sandy no sabía que rayos estaba haciendo, no sabía porque lo estaba haciendo ni cuál era su objetivo en general. Solo sabía que estaba en casa de Norte y que de alguna manera había decidido entrar para arreglar cierto asunto que no le había permitido llorar en paz a su pequeña niña de las orejas. Solo eso. NADA MÁS. No tenía nada que ver con su culpa, no era eso, tenía que estar enfermo de la cabeza para que fuese eso. Aunque en estricto rigor, y volviendo a alizar la sabana que hubiera arrojado sobre el cuerpo de Pitch, supuso que realmente había perdido un par de tornillos la noche anterior para continuar en el punto de inicio donde todo había terminado.
Si bien, Norte, Bunnymund y Jack habían visto morir a Aby y tendrían que convivir con esa pesadilla por el resto de sus vidas, él también tenía algo con lo que convivir por el resto de su condenada existencia.
La muerte de Pitch, la muerte de ese idiota educado que le gustaban las galletas saladas y las composiciones de violines más que cualquier otra cosa. Él tenía que vivir con la muerte de ese esperpento que había empezado a ahogarse entre sus brazos, él tendría que seguir respirando con tranquilidad un aire que no fue capaz de devolverle a sus malditos pulmones y debería seguir entregando buenos sueños cuando realmente ya se le había agotado hasta la última gota de tranquilidad y felicidad que cabía en su diminuta persona.
Porque él había visto a morir a Pitch, solo él, solo él vio salir de su boca el último aliento de la vida, solo él le vio desplomarse y dejar de existir, solo él. Ni siquiera Tooth, solo él.
¿¡Porque rayos tenía él que vivir con eso!? ¿Por qué había tenido que ser él quien recordara a cada segundo los enormes y asustados ojos amarillos que le suplicaron ayuda? ¿Por qué había tenido que ser él quien tomase su mano en ese instante de completo terror? ¿Por qué había tenido que ser él quien tratase de calmarle incluso preso del mismo pánico? ¿Por qué? ¿Por qué? Y más importante aún, ¿Por qué diablos era él quien ahora no podía abandonar la maldita habitación donde hubiera intentado salvarle?
No había tenido que ser un genio como para imaginar que nadie se ocuparía de aquel enorme espantapájaros de color negro, no había siquiera que tener grandes ideas como para pensarlo. Dos más dos eran cuatro y Pitch había sido un idiota descerebrado que intento matarlos. ¿Importaba acaso entonces que pasaría con él? ¿Cuál era el problema entonces? El problema es que Meme se había dado cuenta, a regañadientes y lágrimas, de que los idiotas habían sido ellos. Si Pitch había enloquecido había sido por su completa y total soledad en un mundo donde las pesadillas ya no solo relinchaban disgustadas ante su encierro. Pitch enloqueció por voces, por tristeza y por qué ellos, que siendo unos completos idiotas no pudieron notar lo obvio.
Ellos habían creado al loco de Pitch, ellos habían sido quienes les dieron la espalda y permitieron que todo lo que hoy vivían sucediera. Mim era el responsable de todo lo que le viniera antes, pero ellos era la prueba irrefutable de la estupidez y él, ahora sentado en el suelo frente a la larga mesa, no podía estar más de acuerdo con su propia lógica. Pudieron acercarse, ayudarle, hablarle, invitarlo a comer un simple pan con jamón y las cosas no hubieran terminado de esa manera, solo tenía que haber tenido algo de ganas y fuerza de voluntad para preguntarle si le gustaba la maldita sopa de almejas un día y quizá el no habría tenido que vivir lo que vivió, y Sandy no se hubiera sentido como un idiota cruel y abominable.
¿Qué eran ellos realmente?
Aby lo había dicho tan claro que incluso de haber estado sordo le habría escuchado. Ellos estaban solos, y cada uno busco sopesar esa soledad de la mejor manera, podían culparlo, pero no podían ignorar las causas de su comportamiento. Al final de cuentas, los únicos culpables, los realmente culpables de todo, eran los guardianes.
Quizá era por eso que ahora estaba en casa de Norte, quizá era por eso que aún no podía abandonar la habitación donde Pitch hubiera dejado respirar, quizá era por eso también que sus lágrimas no eran solo para Aby. Ella les había mostrado cuán grande podía ser una brecha como la de la soledad y ellos, ciegos como topos no habían sido capaz de verla ni de dimensionarla. Ambos eran iguales, solo que habían decidido tomar el dolor de formas diferentes. Así como quien elige gritar o llorar, Aby había decidido actuar como un adulto mientras que Pitch haciendo acopio de una enorme rabieta había optado por la opción del niño enojado, pero al fin y al cabo era lo mismo, cada uno busco llenar el vacío que antes les hubiera quedado en su vida pasada y en parte de esta con su forma de pensar y con sus acciones extrañas para todos, esas acciones que no calzaban con ellos. Ambos, jodidos hasta la medula, y llenos de cicatrices eran las dos caras de una moneda agujereada y maltratada por el tiempo y el olvido. Y Ahora la función estaba cerrada, finalizada, el telón había caído y la sala se había llenado de lágrimas y no de aplausos, y Sandy no concebía que fuese de esa manera.
De alguna forma comprendía que tenía que hacer algo, pero realmente nada se le ocurría, cambiar los planes de Mim era como intentar detener la rotación de la tierra y obligarle a que girara en sentido contrario, y eso era algo demencial e imposible. Sentado en el suelo y con la espalda contra la mesa en donde Pitch, el muy maldito, decidió dejar de respirar, Sandy piensa en posibilidades y en probabilidades, en el ayer y en el hoy, y en si habiendo tenido su mano sobre la suya antes de que su respiración acabara, hubiera podido hacer algo más que un simple RCP.
Pese a saber que llorar no le sirve para nada, continua haciéndolo incluso ahora, lleno de preguntas y odiándose en el silencio que proyecta la habitación. Porque eran culpables y no había forma de cambiarlo. El ya no podía darle una mano a Pitch, Aster ya no podía disculparse con Aby y no había forma de volver atrás y enderezar una línea que venía torcida desde hacía tanto tiempo. Suspirando y enjuagándose los ojos, recuerda parcialmente como había intentado calmar a Toothiana cuando todo termino, quien encolerizada había comenzado a lanzar todo cuanto tenía a su alrededor una vez hubo regresado de la habitación de Aby echa un mar de lágrimas y balbuceos que aún está tratando de entender o procesar. Sin pensarlo, se palpa con cuidado un pequeño moretón que le ha quedado en la frente tras ese pequeño accidente doméstico, recuerda el sonido estruendoso de su llanto desolado y en como de manera casi autómata de se dirigió de vuelta a su propio hogar solo para seguir llorando sin que nadie pudiera verla. Jack había huido. Aster había corrido lejos. Norte había sido un necio que había comenzado a beber. Y estaba él, que pese a querer irse no podía alejarse de la condenada mesa donde Pitch descansaba para siempre.
Sabía que no podía hacer nada, que estaba todo consumado, que la muerte no podría perdonarles sus errores, pero aun así continuaba sentado, llorando con los ojos bien abiertos y las manos entrelazadas, verificando de tanto entando que la sabana de Pitch estuviera lisa, quien sabe porque diablos estaría haciendo eso, pero lo hacía para hacer algo, para no solo llorar y reclamarse ser un idiota, lo hacía porque Aby de haber estado viva hubiera hecho lo mismo, porque ella era la única que incluso siendo una niña había sido capaz de notar algo que nadie más logro ver y porque saberlo le pesaba más que todo lo anterior.
En el fondo de toda su culpa Sandy está enojado. Enojado con todo aquel conoce. Enojado con Pitch, por ser un idiota, con Norte por estar bebiendo en el taller como un poseso, con Tooth por solo llorar y lanzarle algo al rostro sin ninguna razón, con Jack por largarse sin siquiera explicarle a donde rayos iba, con Mim por ser una rata que usaba almas inocentes para su maldito capricho, con Aster por haber rechazado a Aby cuando esta solo quería su cariño, con él mismo por ser un idiota lleno de culpas que no puede escapar de Santoff Clausen , y con todos, con absolutamente todos, incluso con Aby
Porque ella podría haberles dicho, ella podría haber explicado que era un simple cordero enviado al matadero, podría haber abierto la boca para decir que su tiempo era corto eh impreciso, podría haber hecho algo además de simplemente quererlos y aceptar morir en nombre de los guardianes, podría haber detenido su mano armada y escuchado a Aster que finalmente decía la verdad, podría, podría…
Podría haber dejado de ser tan adulta y dedicarse solo a ser una niña normal, yo podría haberla llevado a jugar en vez de perderla de vista como lo hacíamos todos, yo podría haber cacheteado a Bunny junto a Norte hasta hacerle entender que Aby le quería, podría haberle zamarreado hasta hacerle comprender que Aby era una niña que necesitaba afecto, podríamos haber hecho algo nuevamente, pero no hicimos nada, ¿De quién es la culpa realmente eh? ¿De quién es?
Aby nunca tuvo salidas. Y Meme se odia porque tampoco pudo notarlo. Porque sus ojos tristes tenían una explicación y el no pudo verlo, porque Aby había entregado todo sin pedir nada a cambio y se había ido tan vacía como llego.
Poniéndose de pie y alisando una última vez la sabana de forma involuntaria, Meme sale de la habitación y trata de sacarse de la cabeza la imagen de Pitch, trata de no pensar en Aby que de seguro está en el mismo lugar que antes, pero incluso antes de siquiera darse cuenta se halla caminando en dirección a la habitación prohibida, esa donde una niña duerme y Norte se engaña pensado que solo es una siesta algo larga. Sus pasos son flojos, sus lágrimas lentas y cansadas, pero llenas de resignación. Si ah de llorar a Aby lo hará con ella, y luego quizá vuelva con Pitch y le alise la sabana, luego quizá se eche a llorar sin sollozar de forma sonora, luego quizá valla a tomarse lo que quedo del vodka de Norte. Pero luego. Ahora es momento de llorar a Aby y de hacerlo de verdad. Con culpa y sin un grado de contención. Pero nuevamente sus pasos se ven detenidos cuando de forma inaudita, ve una enorme mancha negra frente a la enorme puerta que ahora está con llave. Una mancha negra que se mueve y llora bajito en medio de gruñidos inalterables. Subiendo las manos a su boca y acallando nuevamente su llanto como si alguien fuese a oírle, Sandy es testigo de cómo Kopahk, el hasta ahora inconsciente oso de Aby, llora en silencio a su ama tras la puerta de madera.
Para Kopahk el mundo yace detenido a su alrededor, su entristecida mirada negruzca solo procesa una emoción a la vez y siendo un simple oso lo único que logra comprender es que ha llegado demasiado tarde, que su tarea ha muerto junto con la chica que juro proteger y que aunque quiera, no puede cambiar lo que es irremediable. Sin embargo, Kopahk ha decidido quedarse, él, que es solo un oso a los ojos de cualquier mortal, ha decidido quedarse cuando Norte eligió beber y engañarse, él, que es un simple animal que siente y respira, ha elegido quedarse cuando Jack a huido y Toothiana ha enloquecido, él, que tan solo es el simple de Kopahk, ha podido más que el propio Aster y se ha quedado en un lugar donde nadie más quisiera estar. Porque tan solo siendo quien es, sabe que debe amar más de lo que pueda doler el alma
Quizá su ama ya no puede salir y decirle que es un gran chico bueno, no puede cambiarle el color de su pelaje ni acariciarle las orejas, pero a Kopahk eso no le importa, su pequeña ama humana a muerto y eso es todo lo que en este momento es capaz de procesar siendo un simple y fiel animal, porque muerta o no, la niña de ojos verdes continua tras la puerta, quizá no completa, pero si en parte, y Kopahk es fiel y bueno y todo lo que un amigo puede ser, y como él es todo eso no puede marcharse, por más que su corazón sangre y sus ojos lloren, él no puede irse. Su promesa es pura, tan distinta a la culpa de Sandy, que ambos incluso en el mismo lugar y con el mismo iracundo dolor, son totalmente distintos.
Desde el inicio, desde el primer momento en que la vio había jurado quedarse para siempre al lado de esa niña de ojos brillante y sonrisa intensa, el juro y por eso se queda. Porque Kopahk no es humano, y su lealtad es acero inquebrantable, algo que incluso supera la brecha que se ha abierto en su corazón. La mente del pobre oso sabe que Aby no respira, porque no la escucha hacerlo, porque su hocico pegado a la puerta no detecta el olor dulzón de su piel en el ambiente, el comprende que la muerte ha sido más rápida, él sabe que nada puede hacerse, pero no olvida a Aby, no borra de sus ojos mojados el recuerdo de esos ojos fijos y verdes sobre los suyos, no ignora sus manos delgadas acariciándole el pelaje y se niega a rechazar todo lo que Aby le ha dejado en vida.
Porque nadie puede irse sin dejar algo atrás, y Aby ha dejado una vida, ha dejado su risa pegada a las paredes como un fantasma melancólico, ha manchado el aire con su esencia, y envenenado la vida con su aroma invalorable, pues incluso estando tras la puerta Kopahk siente a su ama ir y venir como si aún danzara en medio del salón con el chico de hielo. Su ama vive porque él la recuerda, respira porque él lo hace mientras llora pegado a la madera mojada, y sigue moviéndose a su alrededor porque él ha decidido quedarse mientras todos por dolor decidieron abandonarla.
Sin embargo Kopahk comprende el abandono a la niña, comprende que solo él este sentado frente a la puerta cerrada, y no espera que alguien cambie su forma de actuar. Porque el hombre siempre ha sido así, ante el dolor se marcha, ante la rabia explota, ante la pena ignora. Pero Kopahk no es humano, no es nada más que un oso extrañando a su dueña, una simple mascota que en el fondo es un buen amigo con demasiado pelo a su alrededor como para ser llamado "humano".
Sumido en sus pensamientos y llorando a partes iguales, Kopahk vuelve a rogar bajo un gruñido bajo y lastimero a que alguien, quien sea, habrá la puerta. La idea ilógica de que Aby le habrá le nubla por un rato los ojos, pero al cabo de un rato, su conciencia de animal vuelve a tener algo de sentido y desecha esta humilde y patética posibilidad. Entonces se calla y llora en silencio, así su niña podrá dormir tranquila, así quizá en algún momento por gracia de alguien que tampoco es humano, la puerta se abrirá y el podrá entrar en silencio con sus patas mullidas y meterse bajo la colcha con Aby. Porque él va a quedarse, hasta que la puerta se abra, hasta que se cierre otra vez, hasta que el círculo gigante que es la vida se haga oscuro, hasta que el tiempo y su mensajera la muerte decidan llevárselo a él también.
Pegando su rostro nuevamente contra la madera Kopahk resopla y vuelve a quedarse en su silencio lleno de lágrimas y de recuerdos. Bajo sus ojos siempre mojados la vida de Aby sucede como un soplo. Sus primeros y torpes pasos en el bosque, su extraña necesidad por acurrucarse a su lado, quizá buscando protección o abrigo, su mirada verde que parecía decir todo sin musitar una sola palabra, su deseo de seguir intentando, su fuerza, su risa cuando hacia alguna travesura, sus lágrimas cuando el dolor pesaba más que el miedo, su enredada cabeza, sus locas ideas, su desesperación ante el fin, su grito de furia, su resignación ante todo. Dentro de su razonamiento que no es del todo lógico, Kopahk cree que Aby tampoco fue humana realmente. Ella era otra cosa, una entidad que no calzaba con los humanos pero tampoco entre los animales, mirando hacia atrás, Kopahk sigue viendo a esa niña que no era una niña, la ve sonriente, gruñéndole al sol, llorando semi-desnuda en la tina del baño que queda al final del pasillo, riendo con el chico de poleron escarchado mientras se movían de forma extraña en el salón. Pese a todo lo sucedido y la triste realidad que cae sobre sus ojos, Kopahk, con su amor infinito, sigue viendo a Aby como si estuviera viva, como si la puerta fuese el único impedimento que tiene para verla sonreír otra vez.
Muy en el fondo de su alma, el dolor de saber que ha fracasado, ha comenzado a lastimarle las entrañas como un gusano lleno de espinas que no para de moverse. Su culpa dentro del caso, tampoco puede ser ignorada, y Kopahk no puede negar que ha fracasado y quebrantado parte de su juramento, pues pese a todo, él no ha podido proteger a Aby, él no ha podido apartarla del dolor ni limpiar las lágrimas que han caído de sus ojos cada vez que el gran conejo semi-humano la ha hecho llorar, él no ha podido borrar sus heridas con su áspera lengua, ni menguado el peso de la oscura tarea que tuvo que cargar su pequeña niña, él simplemente no había podido mantenerse en pie junto a ella, y el daño había sido consumado cuando al despertar, de dio cuenta que ya no había a nadie a quien proteger.
Su ama, la niña no humana que le gustaba esconderse bajo su pecho se ha ido y no puede volver a buscarle, y él atado a su propia vida, no puede ir por ella. Pegándose más a la puerta, Kopahk se pregunta si el amo de la luna le habrá dado a su niña un lugar donde ocultarse, se cuestiona si Aby tiene un lugar donde puede esconderse del mundo para que nadie la vea y si es lugar tiene tanto pelo como él. Porque su niña le necesitaba, aquí o en cualquier parte Aby necesitaba del muro de carne y pelos que la escondía del mundo ¿Qué sería de su ama sin él? ¿Quién la escondería de la realidad de los hombres? Y mejor aún ¿Qué sería de él sin ama y sin quien le acariciara las orejas? Confundido y encerrado en sus cavilaciones Kopahk sigue pensando. Ignorando a todo aquel que se le acerque, con el hocico pegado a la puerta en busca de cualquier señal de vida tras de la misma y los ojos negros aguados como dos carbones mojados. Kopahk llorando bajito vuelve a decidir y cierra los ojos, entregándose a ese sentimiento que los humanos han tachado como desolación completa.
Sandy, hasta entonces estático, maldiciendo en voz alta y muda vuelve corriendo sobre sus pasos a la habitación de Pitch, negándose a girar la cabeza para verificar (porque no es necesario) que Kopahk sigue en ese mismo lugar. Da un portazo y vuelve a sentarse contra la cama en donde sigue descansado el muy bastardo y reclama con toda la rabia que se puede poseer el solo hecho de existir en ese mundo donde incluso los inmortales podían desaparecer. Llora, maldice, se sienta, se para, alisa la sabana y vuelve a llorar contra el suelo como si este pudiera hacer algo para calmar su dolor hasta que el cielo vuelve a ponerse de color amarillo y finalmente azul. Luego se pone de pie, alisa la sabana del muy bastardo y sin darse cuenta comienza a reír entre lágrimas. Quizá es cierto que se ha vuelto loco. Quizá es cierto que los humanos no pueden quedarse. Quizá Kopahk es el único que puede hacerlo realmente.
Norte entre los ruidos de puertas y la risa de Meme balbucea algo que ni él entiende antes de volverse a dormir. La botella que se balanceaba en su mano cae de entre sus dedos y se hace pedazos contra el piso, pero incluso con semejante ruido, Norte no vuelve a despertar. Sandy continúa riendo entre lágrimas como un poseso antes de echarse a llorar nuevamente de forma cuerda y atragantada, mientras que en el segundo piso, sentado y obediente, Kopahk algo dormido, sigue esperando a que se abra la puerta.
Aby había estado gritando por lo que en tiempo humano creyó sería un par de horas. Había gritado hasta saciarse, hasta realmente liberar todo lo que le molestara de su interior. Había sido terrible escucharse a sí misma maldecir durante tanto tiempo, pero en si había funcionado. Su cabeza estaba sobre sus hombros más firme que nunca y no se podía hallar más agradecida por ese hecho. Las cosas ahora no solo encajaban sino que también eran fáciles de comprender, y por esta razón era que incluso estando dentro de sí misma nuevamente se había negado a soltar a su ocurrente y simpática "ilusión-recuerdo" Aby pensó que simplemente había tenido que haber contado dos más dos para notar lo evidente, pero a veces se necesitaba gente que contara por ella de vez en cuando, al igual que lo hacia su mamá.
Su verdadera mamá.
Sintiéndose segura y apretándose contra al cuerpo contrario, Aby cerró los ojos, tomo aire por la nariz y trato de meterse el olor dulzón que ahora reinaba en su cabeza, trato de almacenarlo, de darle un lugar específico para poder guardarlo, para olerlo de vez en cuando en medio de atardeceres donde brillara el sol y abrió la boca solo para sentir que el nudo de su garganta volvía a subir de manera irremediable, la mujer a su lado la sostuvo cuando las piernas le fallaron y fue su voz cuando la suya se quebró
—Aby, mamá jamás va a abandonarte…— Habría rogado de rodillas solo para volver a escuchar esa frase que también almacenaría junto al olor de su madre, habría rogado y llorado contra el piso para volverla a escucharla decir su nombre, habría matado quizá si con eso podía volver a sentir sus dedos acariciándole el cabello.
La lucha había larga, su desesperanza enorme, y su dolor tan hondo como el mismísimo infierno, pero eso ahora carecía de sentido y de importancia. Ahora estaba con su madre, con la dama de blanco llena de preguntas curiosas y de respuestas extrañas. Atada a ella como un eslabón de metal, Aby pensó, muy dentro de sí misma, en cuanto tiempo había pasado desde su último abrazo. ¿Cuánto tiempo había pasado después de aquel adiós? ¿Cuánto tiempo desde aquella amarga noche donde la tierra volvió a la tierra? Mil noches, mil lunas, y toda una vida de sueños y pesadillas.
Había pasado tanto tiempo, y sin embargo
—Sin embargo las reglas del juego siguen siendo las mismas…—Los mortales deben morir, los inmortales deben vivir; esas son las reglas, y las reglas no pueden cambiarse. Por más que ambas quieran, por más que Aby trate de negarle a la razón que grita como endemoniada en su cabeza, el equilibrio no puede alterarse. Su madre ah partido sin ella, y ella aún no puede ir a buscarle—Pero hay veces que podemos alterarlas un poco…—Media sonrisa ladina y entonces vuelve a aferrarse al camisón blanco como si su vida dependiera de que la tela blanca no escurra entre sus dedos. Porque Aby tiene miedo. Miedo de mirar hacia arriba y de encontrarse sola otra vez. Miedo de no escuchar más esa voz serena que parece perdida en sus pensamientos. Aby tiene miedo real, de ese que sienten los niños. Porque mamá…
Y esto es importante Aby, no puedes olvidarlo, ni siquiera se te ocurra pasarlo por alto encanto, porque es real, es real y lo sabes, así que no lo ignores Aby, esta es la verdad pequeña y tienes que aceptarla…
Porque mamá debe irse por donde vino. A ese lugar donde Aby todavía no puede partir
Su voz hasta entonces perdida, halla de a poco un lugar por donde salir y Aby, sin quererlo realmente comienza a pedir algo que sabe no puede cumplirse.
—¡No te vayas!—Es inútil, lo sabe, lo saben, pero ahí están. Abrazadas, sin mirarse, y deseando que en su mundo existiese el "quizás", o el "Sí". Pero no es así. Nunca ha sido así. — ¡No quiero irme sin ti!—Sus manos vuelven a enredarse a la ropa como a la esperanza, sus dedos vuelven a buscar de manera instintiva un lugar donde encajar y la eternidad se detiene cuando su rostro hasta entonces oculto en el regazo de su madre, es alzado con suavidad hacia arriba. Chocolate con pistacho, ese era el pensamiento de su madre cuando ambos pares de ojos coincidían por alguna razón. Chocolate…con pistacho. Ojos tristes con ojos tristes.
—Lo lamento tanto mi pequeña…—Y el chocolate se derrite, y las lágrimas ruedan de manera perfecta y uniforme hasta darse con el suelo que no es suelo sino mera eternidad pintada de blanco—A sido realmente difícil… ¿verdad?…—Chocolate y pistacho derritiéndose a la par vuelven a encontrarse en ese mundo pequeño y distante que es la casa de Mim. La madre de Aby ha roto tantas reglas que de seguro le faltarían hojas de un libro para poder escribirlas, pero eso, a una madre, no le importa, porque ha logrado su cometido, ha logrado rearmar a Aby con sus brazos, ha encontrado la forma de vaciar sus emociones y de limpiar sus lágrimas y ahora, teniéndola frente a sus ojos se pregunta, si tendrá la fuerza para dejarla partir otra vez, a ese mundo hostil donde la felicidad es una cosa efímera y diminuta.
—Mamá… ¿Por qué?— La mujer de blanco suspira. Entiende la pregunta pero no sabe que responder. ¿Por qué le ha mentido exactamente? ¿Por qué ha dicho que es un recuerdo? ¿Por qué se mantuvo en silencio cuando su pequeña le miraba deseando con toda el alma que fuese ella y no una mera ilusión?
—Me temía que no quisieras que me marchara después—La misma sonrisa ladeada de Aby se forma en sus labios. Incluso siendo un "recuerdo" Aby le habría negado la posibilidad de retirarse. Mantener la distancia con la palabra "ilusión" había sido bastante estúpido, pero había dado resultado en un comienzo al menos. Con un suspiro, la madre de Aby vuelve a mirar a su hija con tristeza, pero la mirada de reproche que le devuelve la menor vuelve a sacarle una extraña sonrisa. Su pequeña nunca cambiara
—Entonces… ¿Tienes que irte?—Un asentimiento leve por su parte y vuelve a sentirse aprisionada por los brazos de la pequeña que sabe pero no acepta la realidad. En el mundo de Aby, mamá puede quedarse con ella. En el mundo de Aby, mamá cocina galletas y se ríe cuando ve que el tarro de azúcar no está. En el mundo de Aby, ambas comen galletas sobre el horno en invierno. En el mundo de Aby, mamá siempre esta sonriente. En el mundo de Aby…
En el mundo de Aby, papá también está ahí. Gruñendo quizá… pero esta, claro que esta.
—Aby, yo ya eh partido…—Duele decirlo. Duele escucharlo—Pero siempre seré parte de tu mundo— Porque mamá es mamá, eh incluso separadas por la muerte, Aby sabe que ella no puede mentirle. Mamá siempre ha estado con ella. Ya no puede abrazarle por las noches y darle galletas de forma silenciosa como si fuese un secreto muy importante, pero mamá sigue viviendo porque ella sigue haciéndolo —Además… hay alguien que te espera—y eso es algo que debe aclarar, eso es algo que Aby tiene que entender antes de marcharse. —Aby escúchame… se lo que piensas— Más que saberlo puede escucharlo. Aby cierra los ojos y trata de ignorar sus propios pensamientos, pero es difícil cuando estos están llenos de imágenes y del constante sentimiento de rechazo.
"¡Ella no es mi hija!"
Un suspiro melodramático más tarde, es obligada a mirar hacia arriba. Aby ve una ceja alzada en el rostro de su madre. Solo una. En otra ocasión se hubiera reído, pero en esta, lo que quiere hacer es reclamar en voz alta algo que no deja de molestarle desde que sabe quién es ella y todo lo que ello conlleva.
— ¿Por qué tenías que elegirlo a él de todos los guardianes? — Pudo ser Sandy, Norte, e incluso Jack. Cualquiera de ellos habría sido menos complicado. Pero ¿a quién amaba ella? Al conejo, al amo y señor de la pascua, al que no paraba de gruñirle y de mencionar entre dientes que él no tenía hijas y quizá cuanta barbaridad. ¿A quién le gustaba abrazar? Al conejo. A ese atado de pelos indomable que le gritaba a la inanimada cafetera cuando no hervía de forma correcta el café que era un objeto inservible que estaba en su contra. ¿A quién diablos ella le había llorado tanto en su vida pasada como la actual? ¡Al conejo que definitivamente no la quería! Sabe que en el fondo su pregunta no amerita respuesta. Se le ha salido así porque sí. Aby al lado de su madre es directa ante sus emociones, y no tiene miedo de decir la verdad, porque Aby estando con su madre es la niña que debería ser siempre y no un adulto que debe pensar en cada palabra que dice. La madre de Aby suspira y deja que hable, que escupa todo lo que piensa. La niña en cuestión termina moviendo los brazos en todas direcciones mientras intenta explicar lo inexplicable—Es terco, se enoja con cosas inanimadas, culpa al calentamiento global del 90% de las cosas y a la humanidad del resto, se molesta porque hacen ruido pero tampoco le gusta el silencio, dice que soy rara, no quiere nada conmigo y…y…—
—Y le quieres—Interrumpe entonces con total firmeza la dama de blanco, cortándole cualquier miserable alegato que aun quede merodeando por su boca— Le quieres, y eso es lo que más te molesta— Aby se queda en la nada por un segundo y luego enrojece con violencia, como tanta vergüenza como sangre en el rostro
Bingo a cartón lleno damas y caballeros.
— ¡Pero no es justo! —Un suspiro corto y la madre de Aby vuelve a aprisionar a su niña de ojos verdes que no para de quejarse—
—Lose…—Aby se abraza a ella y grita de forma amortiguada contra su regazo aún mojado por las lágrimas, mueve los brazos, le reclama al aire, y a nadie en particular que la situación es más miserable de lo que parece ser. Es una queja de niña molesta, una que nunca quiso salir, pero que ahora puede hacerlo porque hay alguien que la escuche sin una gota de prejuicio. Mamá suspira y sigue escuchando balbuceos y alegatos, pero la deja ser a sus anchas, tampoco es como si Aby estuviese diciendo mentiras
— ¡Siempre está enojado! —Una caricia en el cabello, un asentimiento. La dama escucha y sigue entregando entendimiento
—Lose…—Los fundamentos van y vienen, Aby se cansa, luego sigue con más fuerza, hasta que se queda sin nada que decir
—¡Y…Y…!—Y la verdad es irrefutable. Le quiere. Le ama. Moriría por él si se lo pide. Porque es su papá, o porque al menos intento serlo cuando nadie más quiso.
Acallada la voz del cansancio, la mujer de camisón espera paciente unos minutos a que la ofuscación de su hija descienda, pues ella también debe ser escuchada y con toda la atención posible, porque si de algo está segura, es de que su hija se equivoca, no en la parte donde alega el mal genio del conejo, pero si en sus verdaderos sentimientos. Si Aby viera como se encuentra Aster en ese preciso instante, probablemente podría sucumbir ante su propia impresión.
—Aby, Aster te ama—Es difícil de creer y de aceptar cuando los hechos muestran otra cosa. Pero mamá no miente, no tiene razones para hacerlo. —Es solo que… es algo reacio a mostrar sus sentimientos, es más bien bestia diría yo…—Ambas suspiran. No hay forma de no estar de acuerdo. La castaña no puede negar lo innegable en ese punto, ella ha visto todo y más—Pero te ama y sin ti…él está enloqueciendo— La madre de Aby había muerto hace años producto de una enfermedad, pero el mundo de los muertos no era exactamente un lugar donde te sentabas con otros también muertos a echar la siesta. El mundo de los muertos era casi una base de control para los que aún tenían gente abajo y técnicamente no era el mundo de los muertos, sino otro lugar, así como la casa de Mim, y desde ahí, ella había visto todo y movido cuantos hilos tuvo a su alcance para aminorar las cosas. Pero no había podido frenar el suceso final. Eso escapaba de sus manos y caía en las de MIM (al cual le arrancaría los ojos con las uñas) de forma irrevocable. Porque ella estaba muerta y los muertos no tienen voz ni voto. Pero si ojos, y ella era testigo de demasiadas cosas—Aster te extraña Aby—Extrañarla era una palabra insignificante. Bunnymund se estaba muriendo sin Aby, pero eso no puede decírselo. Demasiadas reglas rotas, demasiadas y aún no se iba de ese lugar—Tienes que regresar— y eso es algo que no puede hacer por ella. Aby en esta misión, así como en la de antes, está sola. La menor sumergida en sus palabras cuenta del uno al treinta y sopesa cada uno de sus recuerdos. Finalmente vuelve a abrazar a su madre sin muchas ganas de soltarse otra vez. Sigue teniendo miedo de perderla, pues no es lo mismo saber que está ahí a tenerle en carne y hueso a su lado, no es lo mismo recordar sus palabras y sus caricias en el cabello, a escucharle y sentirle de verdad. Así como ahora, que están abrazadas y frente a una verdad irrevocable. Quizá ella no puede ir con su madre. Su madre está muerta y no puede llevarle, pero quizá, tan solo en el mundo de "quizá", puede volver y aferrarse a lo único que le queda en vida.
Aster Bunnymund. El conejo gruñón, el conejo que la ama y la odia, el conejo que la quiere y la rechaza, el mismo que le grita a las cafeteras y amenaza con que le saldrán canas verdes. Ella puede volver y quedarse a su lado hasta que se aburra, o hasta que ella deje de existir de verdad, puede o al menos eso cree, pero… ¿Y si él no quiere?
—Si me voy…. ¿volveré a verte?—Hay un largo minuto donde todo es silencio antes de que la mayor entre ambas vuelva a hablar. Su voz es el canto de los niños, uno que arrulla y ordena con amabilidad que es hora de dormir, un tono que Aby conoce tan bien que no puede evitar bostezar con toda tranquilidad
—Aby, al final de la línea que nos ata a este mundo, todos somos iguales—Un beso en su frente y un dedo en su nariz le obligan a entre abrir los ojos por un segundo, solo para asegurarse que mamá sigue ahí contándole ovejas a su subconsciente—No sé cómo, no sé cuándo, ni de qué modo, pero volveremos a estar juntas, por ahora… tendrás que aceptar a este recuerdo como un adiós— Aby que ha vivido sin recuerdos, cree que puede vivir con ese adiós que no es más que un hasta pronto. Puede llevarse su recuerdo, almacenar el olor de su madre y sus dedos delgados, puede hacerlo y eso es suficiente por ahora.
—Mamá… ¿Qué debo hacer para regresar? — Aby no ve como su madre sonríe, pero puede sentirla hacerlo con todas sus fuerzas. Aferrada a sus brazos y cerrando los ojos Aby escucha con atención las instrucciones y explicaciones de su madre, imaginando entre sus parpados cerrados, la mirada furiosa de la mujer de cabellos castaños. Algunos males, eran de familia y su coraje, no es más que herencia congénita entregada con puño y letra por su mamá. Dos sonrisas furiosas resplandecen en el mundo blanco, llenado el vacío, y el abismo que Aby creyó no poder llenar nunca más, mientras que su madre, unida a ella por su amor infinito, promete nuevamente continuar a su lado por lo que le quede de su existencia, porque sabe bien que ha desencadenado un juego interminable, desde ahora y a su pesar no podrán dejar de buscarse, y esperaran pacientes a que una halle a la otra, hasta que la tierra se aburra algún día de verlas corretear y decida por capricho o cansancio…dejar de girar.
Pitch no entendía que diablos estaba haciendo Aby, solo suponía cosas y en ese caso suponía que la niña de ojos verdes no se traía nada bueno entre manos, o que sencilla y curiosamente, había perdido toda la razón que le quedaba en la ya vacía cabeza. ¿Pero cómo estar seguro en realidad? Su mirada verde y furiosa había regresado como si la hubieran pintado de nuevo en su rostro con el verde más fuerte y brillante que pudieron encontrar, su fuerza parecía haber revivido, y aunque conservaba la nariz roja por el intermitente llanto, nada quedaba de la Aby derrumbada y destruida que había visto en la eternidad de la mañana.
¿Qué diablos había sucedido? Y mejor aún ¿Por qué demonios no le habían avisado?
— ¿Se puede saber hacia dónde rayos me llevas? — y eso era lo otro. Había llegado de pronto a su lado, lo había cogido de la manga de su túnica y arrastrado hasta los confines del mundo blanco sin razón o explicación aparente, y el, extrañamente, se había dejado guiar como un idiota. El problema, si era sincero consigo mismo, radicaba en esa cuestión, en ser o no ser un completo idiota. Porque podía seguir caminando de manera interminable, podían, pero ¿Cuál era el caso? O mejor aún ¿Cuál era el caso de no hacerlo? Aby podía aburrirse de caminar, como podía no aburrirse de hacerlo, y en ambas situaciones, el resultado no variaba en mucho. Seguirían varados en ese universo vomitivo para sus corneas y nada (realmente nada) podría cambiarlo. Pero el problema seguía. Su "ser o no ser" continuaba ahí, metido en su cabeza, susurrando de manera melancólica versos enfermizos que solo buscaban acabar con su raciocinio mientras se debatía entre seguir caminando o detenerse de una vez en un mundo interminable y bizarro.
Con medía sonrisa de ironía Pitch pensó que andaba "casual". Enfermo de los nervios, preocupado y sin sentido. Pero no loco. Solo "casual" ¿Verdad?
Suspirando y volviendo a sentir el tirón insistente de su manga, termino por borrar sus "casuales" pensamientos y se centró en el ahora y el donde, pues si bien el tiempo no era medible en ese condenado lugar, se había cansado de andar caminando sin sentido como un maldito hámster que ansiaba de un pedazo de lechuga para saciar su hambre. Él no era un hámster y definitivamente lo que menos tenía en ese momento era hambre. Lo que siente es primitivo e infantil, algo tan sencillo que incluso a él le perturba un poco.
Pitch siente curiosidad. Esa curiosidad que sienten los niños, esa maldita curiosidad que es como si alguien más, quizá un monstruo, ocupara tu mente con miles de preguntas que terminan en ¿Qué pasaría si…?
Como cuando te preguntas a que sabrá lo que cocina tu madre y metes el dedo en la enorme bola de comida brillante que a veces es helado, u otras sopa hirviendo, como cuando te cuestionas que sucederá si aprietas ese bonito botón rojo que está encima del tablero lleno de luces, y lo aprietas y todo se enciende y brilla y tu corres porque sabes que has sido malo, pero no te arrepientes de haberlo intentado.
¿Qué pasaría si…?
Y las posibilidades son miles, millones, quizá no cabrían en la inmensidad, porque los que pasaría… son puertas a otro mundo, a miles de mundos. Quizá exista una consecuencia por puerta, quizá si aprietas el botón papá vendrá y te dará una zurra, quizá te quemaras el dedo y tendrás que ir llorando con mamá para que lo bese y le ponga la crema amarilla que no te gusta, pero eso no importa, la curiosidad no mide consecuencias, solo abre puertas, y no todas las puertas son malas, no todas tienen que terminar con una zurra o un dedo quemado, quizá algunas pueden terminar con un dedo lleno de helado, o con música sonando a todo volumen.
Pitch tiene curiosidad. Quiere saber cómo es que Aby ha dejado de llorar y preguntarse porque la vida es miserable, quiere saber a dónde van, quiere saber porque tienen que ir, y mejor aún, quiere saber qué sucederá si se niega. Pero esta Shakespeare, el muy bastardo que no para de gritar "ser o no ser…" contra sus cansados oídos.
Jodete… Piensa para sí, Y sonríe con todos sus dientes como si hubiera vencido sobre el afamado escritor. Jodete Hoy es "No ser", ¿entiendes? "No ser…" y ya está. Ahora dile a ese idiota de Hamlet que se joda también y de paso, tírame la calavera esa para usarla de porta lápices. ¿Quieres?
Espera una respuesta. Pero Shakespeare no puede contestar. Simplemente no puede y eso es suficiente como para que él ponga los pies en la tierra y se niegue a dar el siguiente paso hacia el frente. Pero Aby es necia, testaruda y todo lo que le siga en sinónimos. Ignora el tirón de Pitch y vuelve a dar un paso. El mayor tropieza sin querer y nuevamente se ve andando como un idiota hasta el frente
¿No que habíamos dejado en claro el "Ser o no ser"? ¿No que estaba claro? ¿O sigues ahí Shakespeare?
No hay respuesta. Vuelve a intentarlo. Se detiene, jala hacia atrás y Aby…Aby avanza, jala de su manga y él al ver estirarse la tela avanza por pura y simple inercia. ¿Es que acaso ha perdido toda su voluntad que no puede decidir si camina o no? ¿¡Es eso!? Deteniéndose de forma definitiva y obligando a su manga a que se estire o se rompa, Pitch se niega a dar un paso más. Para su sorpresa Aby ni siquiera tira de la manga, sino que simplemente se gira y le mira con verdadero cansancio. Pitch no puede evitar pensar en un niño siendo observado por su madre y esto, en vez de molestarle, le perturba. ¿En qué momento el paso a tener 10 años ante esa mocosa? Jalando de su manga y tomando aire, trata de volver a ser un adulto. Trata.
— ¿Qué diablos pasa contigo? ¿Eh? — Y ahí va la mirada verde de reproche. La cochina mirada de madre regañando a su hijo. Es que es el colmo— ¡Deja de verme como si tuviera 5 años! — o como si fuera un idiota…Piensa. Aby suspira y se ve obligada a hacer algo que no quiere, pero sabiendo que su tiempo es escaso, termina por ceder
—Pitch…no eres un idiota, no tienes 5 años y ya para de gritar, que así como estás, si pareces un idiota de cinco años…—El más alto se muerde un insulto y Aby puede ver los engranajes de la cabeza de Pich moverse en la creación de una educada e inteligente frase en su contra, pero la niña no tiene tiempo para engranajes ni peleas de alta IQ, así que le corta el proceso y de paso la lengua— ¿Quieres explicaciones? —Ni siquiera espera una afirmación y continua—Las tendrás, pero tienes—y es una orden. Piensa—Que seguirme—y cómo anda de buenas agrega— o no habrá helado en la cena, cariño…—Pitch termina por descolocarse.
La mirada furiosa. La enorme y verde mirada furiosa, está ahí. Pero… ¿Qué rayos?
No tiene tiempo de preguntarse, o de preguntar. Aby se gira y comienza a caminar. Pitch suspira como un buen actor melodramático, se jala el cabello y le sigue. Bueno, ¿Qué más da? No es como si aquello fuese a matarle de nuevo. La niña al escuchar sus pasos no evita sonreír. Pitch, aunque lo niegue, es un niño, uno que no ha querido quedarse sin helado, y como ha sido bueno, ella tiene que cumplir su palabra y abrir la boca.
—Pitch, este mundo es la cabeza de Mim—Pitch abre la boca y la cierra lentamente mientras trata de entender a qué rayos se refiere la chica. Pero Aby no tiene tiempo, no tiene y por eso debe apurarse—Solo cállate y escucha—Toma aire, ordena sus pensamientos y la da a Pitch 10 segundos para que se detenga o elija escuchar su aberrante explicación. Pitch no se detiene ni por asomo—Este mundo es su mente, su espacio de juegos y diversión— y nosotros somos su Zoológico personal...— ¿Comprendes? —Claro que no. Pitch es listo, pero lo han pillado desprevenido. Aby trata otra vez. Necesita a Pitch más que nunca, quiera o no le necesita —Pitch, por favor, grábate lo que estoy diciendo. Este mundo, es solo la cabeza de Mim, vivimos en Mim— El ex guardián de las pesadillas balbucea algo que ni él entiende y comienza a procesar. No sabe de dónde rayos ha salido tan flamante conversación, pero ya que esta en ello cierra las puertas innecesarias y se queda con las palabras de Aby.
Están en la mente de Mim. En su mundo, su pequeño y dulce mundo…
La primera pregunta llega como una bofetada en medio de su frente. ¿Por qué diablos están ahí? Vale, que Mim era un ser necio de lo peor y le gustaba conservar juguetes, pero… ¿Era esto necesario? ¿Por qué atormentarse con su peor enemigo y con la chica que le traería culpas por el resto de la eternidad? ¿Por qué? Aby sin pedir permiso vuelve a interponerse entre sus pensamientos. Su voz es tan seria que Pitch por un segundo duda de que hable la misma chica de siempre.
—Piensa Pitch, piensa, ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué Mim nos tiene? No es solo por lastima, hay algo más, piensa, solo tienes que pensarlo—Pitch avanza, mira a la chica sin verla y piensa mientras el mundo blanco se va haciendo pequeño en su cabeza por alguna razón que desconoce
El mundo de Mim, la cabeza de Mim. ¿Por qué? ¿Por qué? Estamos aquí, pero no estamos aquí…
Sabe la respuesta, está en la punta de su lengua, atorada entre sus dientes, colgando de su tráquea, él sabe él sabe, solo…solo… necesita un empujón
—Pitch… ¿A dónde van los muertos? —Que pregunta más idio- Pitch se detiene y todas las palabras de Aby se juntan en un remolino sin forma en su cabeza, formando miles de corrientes de alta tensión que amenazan con estallarle las ideas.
—Al…al…— Balbucea, y no lo sabe, porque no se escucha. Aby sonríe con cruel ironía y ata todos los cables sueltos que encuentra
—Ya…los muertos se van ahí, tienen que irse ahí, porque la muerte reclama a los muertos, porque ella ya sabes, es como Mim, pero con otra tarea, y es su obligación… ¿Por qué crees que la muerte no nos ha reclamado entonces?—Sencillo, piensa Pitch, demasiado sencillo
—Porque nosotros…nosotros…—Aby suspira y gira sobre sus pasos. Pitch, cayendo de rodillas continua balbuceando "nosotros" como si un disco se hubiera quedado saltando de forma repetitiva en su conciencia. La niña agachándose y tomándole el rostro, confirma la cruel y brillante hipótesis. Una que de haber estado algo más enteros, habrían podido deducir con el primer movimiento del tablero de ajedrez. Un solo peón al frente de un batallón
¿Cuánto vale un peón dentro del juego?
Nada encanto. Los peones solo están hechos para morir, y pitch ni siquiera es un caballo, solo es otro miserable peón como tú…
No es verdad, en el fondo, muy en el centro de su entendimiento, ella comprende cuan valiosa es el alma de ese idiota dientudo y lleno de excentricidades. Pero eso es algo que no sabe ni el mismo Pitch. ¿Verdad?
—Pitch…no estamos muertos—o al menos aún no lo estamos…pero eso aún no debes saberlo, lo que tienes que entender ahora es que estamos vivos
El hombre gris repite esa frase una vez, cien veces, mil veces, y llega a la brillante conclusión de que no puede ser verdad, pero en el fondo, sabe que no puede ser mentira. Mim les ha mentido. Esa maldita rata blanca les ha mentido otra vez. ¿Por qué?
—Pitch…tenemos que regresar—y esta es la parte que Aby más teme. Porque Pitch puede negarse, tiene motivos para negarse, mil razones fundamentadas, un manual titulado "Pitch no debe volver jamás" y aun así ella tiene que intentarlo, porque Aby no puede regresar si no es con él— ¿Pitch…? Hey, ¿Sigues ahí o ya te perdí? —Pitch cree que Aby le ha perdido, pero no puede decírselo, porque simplemente nada le sale….todo esta tan vacío como el mundo (ahora mente) de Mim…
—No puede ser verdad…—La niña suspira. Aún está digiriendo sus palabras, aún está comiéndoselas…No puede culparlo, un pedazo tan grande como ese se quedaría atorado en cualquier parte, ella misma tardo en comprenderlo, solo que… ella tenía un soporte que le ayudaba a masticar, alguien que le daba pequeños trozos de información y no pedazos enormes que confirmaban una sentencia. Aby no lo culpa, pero tampoco se culpa a sí misma. Ella no es la madre de Pitch, es una niña con suficientes problemas como para sumarse una culpa tan infantil. Pitch es el adulto que debe entender, el que debe masticar por si mismo— ¿Cómo rayos te has enterado? — simple, pero imposible de decir en voz alta.
—Jamás podré decírtelo…—porque de decírselo, alteraría su mundo, su equilibrio, combinaría sus fantasías con la realidad y ella misma se negaría a regresar y correría tras la espalda de su madre sin una gota de razonamiento, se le lanzaría a los pies, lloraría y volvería a aferrarse a ella como solo un niño puede hacerlo. No… no puede decirle como sabe lo que sabe, pero puede decirle algo más, algo que no es un consuelo, pero que al menos sirve para solventar las dudas—Pero quizá algún día sepas quien me ha ayudado—Cuando volvamos, cuando el cielo vuelve a ser azul y no blanco, cuando haya color en este infierno, cuando el tiempo gire y se mueva con la tierra, cuando la oscuridad vuelva a ser parte de tus dominios, cuando todo suceda y yo esté presente, quizá entonces puedas saber la verdad, pero por ahora…—Tenemos que regresar…—Porque el tiempo comienza a comérselos vivos, y eso es algo que apenas y logra dimensionar.
—No entiendo de que rayos hablas… ¡No lo entiendo! —Aby no se aleja ante los gritos, permanece presente, cuerda y lógica, hasta que sus propios pensamientos comienzan a tener una clara estructura para poder ser reproducidos por la voz
—Pitch, estamos vivos, ¿Comprendes? Vivos, no hemos muerto como tal, Norte nos ha salvado el pellejo, pero no ha podido salvarnos el alma, ¿captas? —Una cara de confusión extra y Aby comienza a exasperarse. Por supuesto que no entiende un diablo—Mim no quería que sus planes cambiaran, tenía que quitarnos del camino porque así lo tenía planeado, así DEBÍA SER. Pero Norte interfirió, yo misma interferí también al no cortar el hilo de nuestra vida de manera inmediata. ¿Es que no lo entiendes? Mim se odia por lo que nos ha hecho, pero si tuviera que volverlo a hacer…—Aby espera, respira hondo y trata de que Pitch vuelva a comerse la información como pueda
— Si tuviera que volverlo a hacer, él lo haría de nuevo… es eso ¿verdad? — Aby termina por suspirar con verdadero aplomo mientras piensa que las verdades más grandes deberían ser aceptadas en silencio, o con uno de esos suspiros que dicen "diablos, sí", no deberían ser necesarias las palabras o al menos reproducir un mensaje de asentimiento, se ha captado el mensaje y ella no tiene ganas de responder, se ha tardado media eternidad en tragarse semejante frase y no quiere seguir digiriendo lo mismo una y otra vez hasta enloquecer— ¿Pero por qué? —Esa es la gran pregunta del siglo, una que tiene una respuesta tan sencilla como patética
—Porque somos la prueba de sus errores—Ellos son la prueba de que Mim se equivocó, el experimento fallido ideado por su propia cabeza, la confirmación de que él incluso siendo un inmortal y el padre de los guardianes no era perfecto. Y eso pesaba. Porque Mim había jugado a ser Dios y las cosas no habían resultado según sus planes. Mim, creyéndose en todo su derecho, uso sus vidas con el fin de "hacer los correcto" y solventar sus propios errores y sin darse cuenta… avivo las llamas de su propio incendio. Ellos no habían muerto como tal, ellos estaban muriendo en ese instante y en ese maldito lugar, Mim los había enviado a la ahorca con enormes cuerdas atadas a su cuello, y ellos ni siquiera lo habían notado, simplemente se habían quedado ahí, en ese mundo de blanco con la sensación de que el pobre de Mim, el increíblemente arrepentido de Mim había querido darles algo para mitigar a la culpa que debía estar mordiéndole la cabeza como un animal hambriento
¿Pero dónde estaba entonces el muy bastardo?
Quizá llora detrás de las nubes, quizá está ocultando su vergüenza en la profundidad del mar, quizá discute con Shakespeare y le se pregunta si es posible que él pueda llegar a cuestionarse ser no ser, quizá esta triste por lo que ha decidido hacer, quizá… quizá…
Y un carajo. MIM ESTABA ESPERANDO. MIM SOLO ESTABA ESPERANDO
Sentado en alguna parte, viendo como los ratones morían en su jaula sin el menor atisbo de remordimiento. Porque si hay algo de lo que Aby está segura, es de que Mim no puede poseer algo como eso. Porque de tener remordimiento estaría corroborando una humanidad que evidentemente no poseía. En la mente de Mim, él es Dios, y ellos simples juguetes desechables. El problema de Mim es que ha intentado matar algo que no puede morir. El coraje y la conciencia, son cosas que viven y respiran incluso después de que el cuerpo se ah podrido e el tiempo, y Aby ha recuperado ambas cosas. Su madre le ha dado una segunda oportunidad y ella no piensa negarse a tomarla. Mim podía (Y esto es importante encanto, esto es lo más importante) joderse.
—¿¡Y tu plan es regresar!? —Sí. No. Tal vez. Siendo sincera, las pocas luces que tiene de su situación no son más que velas amenazadas por el viento. Y Pitch con sus gritos esta por apagarle la mínima esperanza de que él acepte por las buenas irse con ella— ¡OLVIDALO!—Claro. ¿Es que acaso pensó que Pitch le abrazaría, la haría girar como si tuviera seis años y luego diría "Claro Aby, ¡Vámonos!"? ¿Realmente lo pensó? La verdad, había creído que al menos lo pensaría…ya veía que no. — ¿¡Y como pretendes regresar eh!? ¿¡Acaso tienes un loco y estúpido plan!? ¿¡Quieres volar esto en pedazos!?—Bueno, eso no era del todo sencillo, pero de nada valía explicarlo si Pitch se negaba a seguirle y menos aún si este continuaba gritando como un poseso que había perdido los últimos tornillos que debían quedarle. Sentándose frente a él se pesca la cabeza y enreda su cabello entre sus dedos en un acto nervioso que cree, o está segura, ha heredado de su madre. Esto se está complicado y el tiempo se le está escapando. ¿Por qué tenía que pasar por todo eso? ¿Por qué tiene ella que calmar a un endemoniado y enardecido Pitch? ¡Se supone que él es el adulto! ¡Ella solo tiene dieciséis! Arrugando el ceño y escuchando como Pitch sigue berreando cosas que en ese momento no le interesan se ve obligada a alzar la voz.
—Escucha, ¿Si?, solo cierra esa boca y escucha—Silencio y molestia, pero al menos silencio es lo que se le da. Toma aire y trata de armar las palabras de nuevo—No puedes quedarte, ya te dije que no estamos muertos, pero lo cierto es que no estamos muriendo, estar aquí nos está matando, y a menos que quieras que venga la Muerte a por ti, será mejor que me sigas—Pitch, para su propia sorpresa, también jala de su propio cabello. Es un disparate quedarse, y un completo error volver. ¿Qué se supone que debe hacer? Él no tiene nada. No importa donde este las cosas no cambian en lo absoluto. Los guardianes le odian, Mim le odia, e incluso él mismo se odia su resto. ¿Dónde puede vivir un ser así? El dilema es que esta Aby, esa mocosa que ha hecho más por él que cualquier otra persona, la única que lo vio como alguien y no como algo, la única que se atrevió a jugar con él, la única que logro entenderlo, la única que logro ver lo que nadie más vio, la única que incluso hallándose al borde de la muerte, prometió no dejarlo en ascuas y acompañarlo hasta al final. Y ahora la tiene frente a frente, como la niña furiosa y llena de coraje de siempre, y completamente entera.
Pero llena de cicatrices, no olvides las cicatrices Pitch.
¿Porque Aby quería volver? ¿Cuál era el sentido de regresar? El mundo no había cambiado, seguía siendo cruel y miserable, los guardianes seguían siendo los guardianes, y ellos eran... eran…eran nada… El mundo de Aby se había hecho pedazos así como el suyo, no existía ninguna prueba de que los guardianes volverían a abrir sus brazos para sonreír como si nada hubiese pasado, y tampoco existía factibilidad alguna de que Aby regresase para ser la misma chica de siempre. El coraje lo tenía en las venas. Sí. Pero el dolor lo tenía clavado en el alma. Sus ojos verdes y furiosos estaban más tristes que antes, su cansancio era notorio y el hecho de que estaba resignada a muchas cosas cuando fuese a regresar (si es que regresaban) eran marcas de agua que se veían por sobre la piel.
Aby estaba herida, flagelada, y… tenía miedo. A diferencia de él, que no tiene nada, Aby no está segura de si tiene o no algo a lo que atarse en el mundo de los guardianes, y por más que cueste admitirlo, la menor sabe que dentro de si hay un cumulo de emociones rencorosas que se ha negado a ver. Aby sabe mejor que nadie que en el fondo se halla dolida. Dolida por el rechazo, por el uso de su ser como si fuese una simple cosa, está molesta porque le han hecho daño y porque cada vez que la lastimaron ella volvió a intentarlo con la mejor sonrisa que encontró debajo de sus lágrimas. En estricto rigor Pitch tenía razón en una cosa. Aby era una idiota. Pero era una idiota de esas que incluso sabiéndose idiotas, no podían cambiar. Por más dolida que este, Aby quiere intentarlo de nuevo, a sabiendas de que será herida otra vez, a sabiendas que quizá su esfuerzo no cambiara el resultado, a sabiendas de que no puede cambiar lo inalterable, a sabiendas de que incluso intentándolo va a fracasar.
Ella no es mi hija. Ella no es mi hija. Ella no es mi hija. Ella no es mi hija.
"Aster te ama…"
Sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas ante el silencio y sus propios pensamientos, Aby desea volver a ver a su mamá, desea que alguien le diga que vale la pena seguir intentándolo, necesita que alguien sea más fuerte que ella cuando su propia fuerza flaquea, pero solo se tiene a ella, y al idiota de Pitch que también es un idiota pero de una clase distinta a la suya.
"Mamá siempre estará contigo…"
Destruyendo con sus dedos las dos únicas lagrimas que intentaron generarse en sus ojos, Aby sonríe con tristeza y al mismo tiempo con enorme gratitud. Incluso muerta, incluso en ese mundo distante y lejano, la voz de su madre seguía sonando en su cabeza de manera incesante, quemando el dolor, liberando la presión que aplastaba su vientre y frenando el latir desesperado de su corazón. Mamá está con ella. Mamá jamás va a abandonarle. Y eso es todo lo que necesita.
Mirando nuevamente a un embelesado Pitch Aby sonríe triunfante. Los temores mueren bajo su sonrisa, y el alto hombre de gris se ve obligado a aceptar algo que ya había aceptado antes. Él le debe algo a Aby. Él le debe sus lágrimas, su sangre, sus gritos, y todo aquello que le quito estando entera. Se lo debe. Quizá no tiene un lugar al cual llamar casa, pero definitivamente no puede quedarse ahí viéndola morir. Resignado a regresar a lo mismo se enfoca en la enana frente a él como si fuese a aceptar meterse de cabeza en el infierno.
—Muy bien mocosa… regresaras—Aby sin quitar su sonrisa vuelve a mirarle con cierto grado de culpa en sus palabras.
—Realmente… eres un idiota—Pitch no quiere aclarar eso, pero como la niña insiste con su mirada, se ve obligado a escuchar la larga catedra de porque razón es un idiota. Pero lo que recibe, es un discurso totalmente diferente— ¿Crees que voy a dejarte solo ahí abajo? ¿Acaso estás loco de verdad? No voy a dejar que estés solo otra vez—Pitch parpadea una vez. Dos veces. De la manera más antinatural que existe, sus ideas se pierden y no llegan a su cerebro. Incluso piensa después de un rato, que quizá este mismo ha escapado de su cabeza. ¿Qué es lo que ha dicho? Aby jalándole de la manga de su túnica y obligándolo a inclinarse vuelve a verle con relativo cansancio. Su voz sale frustrada pero llena de energía— ¡PITCH IDIOTA, NO VOY A DEJARTE SOLO! — Pitch asustando por el grito y su fuerte información retrocede dos pasos de forma inmediata, pero Aby siempre jalándole de la manga corta sus pasos a la mitad. El hombre de las sombras se ve obligado entonces a enfrentarse a la verde y oscurecida mirada de la chica, y él, en vez de temerle, busca la muestra de una mentira en sus ojos. Pero no ve nada, no ve vacilación ni duda, solo completa decisión y unas no muy pequeñas ganas de asesinarlo ante la osadía de dudar frente a ella. Pero en el fondo no puede culparlo. ¿Verdad? Pitch cree que no, él cree que esta en todo su derecho de averiguar si miente o dice la verdad, el cree que no solo tiene el derecho sino el deber de saber si lo que le dice la chica es una mera ilusión que se borrara cuando pisen tierra firme o una verdadera sentencia de lo que sucederá después. Pero su duda, así como todo él, se van al demonio con la confirmación de Aby quien tomándolo de la cara vuelve a enfrentarlo con los dientes hechos una verdadera furia— ¡NO VOY A DEJARTE SOLO! ¿¡ACASO ME OYES!? —Sí. No. Todas las anteriores menos las dos primeras, ¿qué diablos quería que le respondiese? Calmándose y suspirando de paso, Aby libera a su prisionero al tiempo que se alisa con las garras el largo cabello— Pitch, no te estoy mintiendo—Pitch lo sabe. Él lo ve. Él lo siente— ¿Acaso quieres que te lo prometa o algo así? Porque pue-…—Tapándole la boca y cortando sus palabras, Pitch niega con la cabeza de forma errática. Todo, menos promesas. Las promesas son para humanos, las promesas se rompen. La palabra de una chica como esa…quizá sí, quizá no, ¿Cómo saberlo? Pero puede intentarlo….
—Te creo…—No sabe si lo ha dicho él o su conciencia, no sabe si es él o alguien más quien nervioso y al borde de la histeria abraza a la chica de largos cabello, no sabe, el de verdad no sabe—Te creo, te creo…—pero al menos tiene certeza de algo. Aby no va a abandonarle.
Siendo abrazada y casi alzada por el alto hombre de las tinieblas, Aby sonríe ante el hecho de que ha roto una de las reglas que le firmo a Mim. Ella ha roto una de sus reglas, ella se ha acercado a Pitch cuando nadie más lo hubiese hecho y ahora en vez de un zarpazo en el rostro, se ha llevado otra cosa. Suspirando con cuidado y sin soltarse de Pitch, Aby comienza a hablar, cuando la breve explicación del principio del fin termina en sus labios, ambos están sonriendo y pensando al unísono, como las manecillas de un reloj cuando se encuentran en el número 12.
Si la muerte nos lleva será a la rastra, si la muerte llega tendrá que luchar contra nuestros puños, si la muerte llega…le estaremos esperando.
—Pitch… voy a llamar a Mim, voy a sacarnos de aquí—Un asentimiento y un apretón más fuerte que el anterior es todo lo que necesita para comenzar a tomar aire imaginario y completamente innecesario.
Volver ¿Serviría de algo? Aby no lo sabe, pero solo para ver la cara de Mim, está dispuesta a comprobarlo. Y quien sabe… puede que resulte…
¿No es así?
—¡MIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIMMMMM! —
El hombre de la luna no era un idiota. Eso es lo que él mismo pensaba y lo que él pensaba era casi siempre correcto y exacto. Él no era un idiota y nadie podía quejarse de esa aseveración.
Oculto detrás de las montañas y esperando que el tiempo haga lo suyo, Mim se ha sentado a esperar a que suceda lo que él ha decidido es tristemente "inevitable". Es una pena, una verdadera pena piensa él, que el desenlace de todo esté por ocurrir, es una pena aún mayor que pierda a su niña de ojos verdes tan pronto, pero es algo que tiene que suceder. Tarde o temprano debe suceder, y siendo sincero, debía suceder hace bastante tiempo atrás.
Aby no podía quedarse con los guardianes, eso hubiera estado mal. Porque los guardianes tenían una tarea, y la tarea de Aby ya se había cumplido, era entonces necesario, indispensable, que ella retornará a donde debía haber partido desde un comienzo. Él había sido un alma bastante piadosa en esos términos, realmente….humanitario, después de todo, él la había salvado, y le había dado su deseo, él no era malo, solo era… ¿diplomático? No estaba seguro del término, pero tenía bastante tiempo como para pensar en otro. La muerte ya había solicitado su audiencia en la mesa de las cuatro esquinas luego de que Aby fuese encerrada en su mundo, pero pronto, muy pronto, la muerte no tendría pruebas para acusarlo de nada. No quedaba mucho, solo debía esperar, y entonces el propio jefe de la mesa de cuatro esquinas tendría que morderse la lengua y verlo ganar otra ronda de póker.
Sí. Mim era muy listo. Muy listo. Nada que ver con los idiotas. ¿No es verdad?
—¡MIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIMMMMM! —
Pero es claro que la vida puede ser muy perra, sobre todo cuando el protagonista de ella ha sido un completo perro…
Mim no tiene que ser un genio como para reconocer que ha sido atrapado haciendo cosas de niño malo, no hace falta siquiera mirar a Aby y salir de su escondite como para saber que debe estar furiosa, con los colmillos en una fila impecable de dientes y el pelo erizado cual león salvaje. No hace falta, él es listo, y por lo tanto, comprende que su plan comienza a tambalearse como una silla que baila en tres patas. Pero Mim es Mim, y él no pierde la calma, se queda quieto en su lugar y vuelve a reafirmar que no piensa moverse de su lugar. No queda tanto tiempo, puede aguantarse un rato ahí.
—¡MIM COBARDE! —Claro que no era un cobarde, simplemente era listo. No saca nada con salir de su escondite para enfrentarse a algo innecesario y de muy mal gusto. El tiempo sigue corriendo y no tiene ganas de pelear en un momento como ese. Él está buscando un nuevo termino, uno que hable de humanidad y de reglas que deben cumplirse, diplomático le suena a dictador y él no es uno, por esa razón debe darse el tiempo para responder sus propias dudas y no tiene tiempo para escuchar alegatos
—¡MIM MALDITO! — ¿Maldito? ¿Ese había sido Pitch? Con media sonrisa Mim negó hacia la nada en absoluto y trato de buscar un término que se le adecuase, uno que le calzase al molesto Pitch que gritaba junto a una molesta niña de ojos verdes. Suspirando vuelve a decidir quedarse donde está y ser diplomático. Menudo lío debían tener abajo esos dos, menor razón para salir. Mim vuelve a suspirar casi sorprendido de su propio exhalar. Si Pitch usaba la cabeza, se daría cuenta de que no sacaría nada gritando, pero al parecer y en vista de que había perdido su capacidad de comprensión al igual que Aby, eso estaba lejos de ser una realidad.
—¡MIM! —Qué tontería. ¿Gritando juntos ahora? Debía ser un buen chiste, uno que de verdad causara gracia porque comenzó a reírse de verdad—¡MIM! —Bueno... Ya no era tan gracioso, era más bien molesto, pero aguantable, él no tenía por qué bajar y…—¡MIM IDIOTA! — ¿Qué? —¡IDIOTA, IDIOTA, IDIOTA! — Sonriendo torcidamente, Mim pensó que debían estar equivocándose de persona, pero volvió a quedarse en blanco cuando los gritos comenzaron nuevamente a sonar en su contra, con sorna, con verdadera burla, como si ambos guardianes se hubieran tomado de las manos y hubieran comenzado a cantar la ronda —¡IDIOTA, SOLO ERES UN IDIOTA! — ¿¡Cómo se atrevían!? ¡Él que era el padre de todos! ¡Él que dio segundas oportunidades! ¡Él que dio dones a sus hijos! ¿¡Cómo podían insultarle así!? ¿¡Cómo se atrev-!?—¡IDIOTA, IDIOTA, IDIOTA! —Y la cancioncita enfermiza suena en sus oídos, vaciando todo razonamiento
"Juguemos en el bosque mientras que el idiota no está, Mim… ¿estás?"
— ¿¡COMO SE ATREVEN!? — Su grito, resonando en todo el horizonte no callo ni por asomo a las otras dos voces que continuaron gritando como si no le hubiesen escuchado ni por asomo.
—¡IDIOTA, MIM ES UN COMPLETO Y TOTAL IDIOTA! —Continuaban gritando las dos vocecillas molestas de su conciencia, jugando a la ronda y girando mientras reían
—¡CALLENSE! —Y nadie escucha, porque nadie es realmente "listo" o completamente "sabio" como el bueno de Mim. ¿No es cierto? Nadie comprende al bueno para nada e imbécil de Mim.
— ¡IDIOTA! —y su temple, del que estaba completamente orgulloso, se rompió. Mim pasó a dejar de ser él y se transformó en lo que Pitch siempre había podido ver debajo de su túnica Un completo idiota de verdad. Si Mim fue consciente de lo que hacía, no lo demostró de inmediato. Salir de su escondite era el peor error que podía cometer, él la sabía, era listo, pero no pudo frenar sus pasos y tampoco arrepentirse de ellos cuando ya se vio en el lugar blanco y lleno de nada donde Pitch no dejaba de sonreír como si le hubiesen anunciado que ese mismo día, el padre de los guardianes, se iba a morir. Mim tuvo tres segundos exactos para ver a Pitch sonriendo, luego de eso, su cuerpo se fue al suelo con una violencia increíble mientras que sus ojos se llenaron de un verde peligrosamente mortal. Aby casi pudo saborear las ganas de romperle la cara, porque ella tenía hambre, estaba famélica de tanto beber rabia.
—Te atrape…—Tirado en el suelo y con Aby encima de él, Mim pensó, que después de todo, no era tan listo como él creía. Había actuado deliberadamente impulsado por la rabia que generó toda aquella sarta de insultos, y ahora, bajo el peso de Aby, se daba cuenta de que se encontraba en plena ejecución y de que no hacer algo su cabeza rodaría. Tomando aire y enfocándose a duras penas en la furiosa chica de cabello ceniza, Mim trato de pensar en algo
—Aby esc- —
—¡Cállate! —Aby no era un genio, ni se creía lista como Mim, ella era claramente una idiota, pero eso a ella no le interesa, porque bien sabe que si deja hablar a Mim, perderán más tiempo, y lo que más necesita ahora, es tiempo—¿¡Donde está la puerta al otro mundo!? — Tenía que saberlo y saberlo ya. Pitch detrás de ella, comenzó a reír bajito, sin poder contenerse. La imagen mental de Mim siendo amarrado al piso por la propia Aby sería el más bello recuerdo de su existencia. Si la muerte llegaba ahora para tomarle del brazo él en vez de resistirse le invitaría a bailar, ¿por qué no? Mim tratando de incorporarse se vio con dos manos que le impidieron cualquier movimiento. Aby empezó a desesperarse al verlo intentar moverse sin decirle la respuesta—¡DIMELO! —y tomándole de la ropa volvió a dejarlo caer hacia atrás. Mim asustado, apenas pudo creer donde se hallaba metido. Su conciencia o lo que quedaba de esa vieja bruja comenzó a susurrarle al oído, con una felicidad tan plena que solo logró asustarlo más
Estás entre el piso y una chica realmente furiosa. ¿A quién le apuestas cariño? Podrías perder los dientes si respondes mal, así que si yo soy tú, y tristemente lo soy, empezaría a rezar lo que me sepa a la deidad de turno, ¿No te parece?, o podríamos perder un par de dientes, no creo que los necesites todos, así que dejemos que Aby nos arranque los dientes y veamos con que sigue, porque esto mi querido Mim, es un juego de lo más bizarro, pero también de lo más entretenido, así que se bueno y abre la boca…
No había razonado en lo que podía llegar a ocurrirle de enfrentarse a Aby. A sus ojos, la tierna niña había desparecido para darle paso a una embravecida y furiosa mujer que no parecía estar de los mejores humores.
— ¡MIM! — Volviendo a recibir un golpe contra el piso, Mim se vio obligado a reaccionar.
— ¡Espera, cálmate! —Aby pensó que se iba a calmar su difunta conciencia si no empezaba a cantar como un buen lorito parlanchín
— ¡Dime donde está la puerta! —Mim tomando las manos de la niña, intento separarla de si, consiguiendo otro golpe más y una mirada de advertencia— ¡MIM! ¿¡DONDE ESTA LA MALDITA PUERTA!? — ¿Qué tan difícil era de responder esa pregunta? Considerando que estaba sobre él y a punto de arrancarle los ojos, pensó que no era tan difícil. Pero al parecer Mim realmente era uno idiota
— ¿¡Te has vuelto loca!? —Mim resignándose a esa humillante conversación en el suelo, da rienda suelta a su lengua y olvida la importante regla de cerrar la boca. Al diablo toda su modesta educación, al diablo Pitch riéndose y la conciencia que no para de mirar embelesada como Aby sigue sobre él como un tigre sobre su presa. Al diablo. Al diablo con todos— ¡Morirás si intentas volver, es lo mismo si te quedas o te vas! ¡Es lo mis-! —Viendo tapada su boca, Mim tiene la posibilidad de avaluar en dos segundos lo que acaba de decir. Su tiempo de razonamiento se reduce a cero cuando Aby con el cabello crispado en rabia le habla contra el rostro
—Tu no vas a decidir donde eh de morir, TÚ no decides nada sobre mí nunca más…—El padre de los guardianes abre los ojos a todo lo que dan antes de seguir escuchando la voz cada vez más herida de Aby de Gea, su hija menor, la tierna niña herida por su propia mano inmisericorde. La culpa comienza a descender en palabras y Mim se ve obligado a escuchar aquello que nadie quiere oír. La verdad—Me mentiste, me engañaste, usaste mi deseo a tu voluntad, ocultaste mis memorias, y te negaste decirme la verdad incluso cuando logre todo lo que quisiste, nos eliminaste de tu juego sucio y ahora crees que vas a volver a ganarnos—Mim es listo, se recuerda a sí mismo. Es listo y puede ver que Aby sabe más de lo que incluso el mismo supone—Nos enviaste aquí a morir Mim, ¿no es verdad?, ¿O vas a mentirme?, dime Mim, ¿estoy muerta?, claro que no, pero estamos muriendo, la muerte debe estar cerca, casi la hueles, ¿No es verdad? —Mim palidece aún más de lo que ya es su piel. El color casi enfermo que Pitch aprecia en su rostro le revuelve las entrañas sin que pueda evitarlo. Aby por otra parte sonríe triunfante—Abre la puerta al otro mundo Mim…—Pronuncia con suavidad, con verdadera delicadeza, porque Mim tiene que oírla, él tiene que escuchar y entender—tú me lo debes…—Mim con la soga hasta el cuello, siente un último apretón decisivo en su garganta. Aby se inclina y vuelve a susurrar esta vez contra su oído como una amante a su pareja le susurraría un te amo—Nos lo debes…— La voluntad se pierde en el trayecto de las palabras a su cabeza y su pobre y brillante plan cae haciendo un estruendo tan grande a su alrededor que por un segundo se siente un niño asustado, uno que no puede esconderse tras la falda de su madre y suponer que todo estará bien
— ¿Cómo es que sabes…?— Se le atraganta la pregunta, los labios de Aby vuelven a susurrar de manera electrizante cada palabra que sale de su boca
— ¿Acaso te importa? —Siendo sincero, sí. Pero siendo Mim, decide que no. Aby levantándose de su pecho le deja el paso libre. Pero Mim ni siquiera se pone de pie. Sus planes se han arruinado, la muerte de seguro está riéndose y su silla de tres patas que bailaba, ahora esta quieta en el suelo. Tirada por el destino que ha decidido que es aburrido verla tambalearse. Tronando los dedos una puerta se abre en el piso de la enorme habitación, un agujero negro lleno de constelaciones luminosas que se traga lo blanco bajo sus ojos helados por la verdad de verse atrapado como un vulgar idiota. Después de todo él no es listo, porque de haberlo sido, supone que podía haber pensado que Aby era más lista que él.
—Supongo que sabes que debes hacer…—no lo supone. Mim sabe que Aby ya debe tener todo planeado, ella de seguro hasta ah adivinado que el terminaría cediendo ante la presión de su furiosa mirada y la acusación de ser un idiota
—No deberías jugar con juguetes que pueden pensar Mim—Más que un consejo es una simple aclaración que Aby quiere dejar escrita en su cabeza, algo para que piense por lo que le queda en la eternidad—O mejor aún, no deberías jugar en absoluto…—Mim molesto olvida su ética, su temple y todo lo que conlleva su nombre
—¿¡Querías irte!? ¡Pues vete! ¿¡Crees que algo cambiara, que Aster correrá a abrazarte esta vez!? ¡TE EQUIVOCAS NIÑA!—Aby sonríe de lado al verlo molesto, como el verdadero Mim y no con esa mascara de modales que tanto odia. Ese idiota, ese niño mimado que grita desde el piso, es el verdadero Mim. ¿Cuánto ha tardado en verlo?
—No me importa, ahora, tengo una razón para volver Mim... una razón para seguir respirando, y no eres tú, ni los guardianes — e inclinándose a su altura susurra con la voz más suave que encuentra—Soy yo misma…—
Mim no tiene tiempo de responder o de procesar lo que le ha dicho, pues cuando se halla de pie para contestar, Aby ha desaparecido junto a Pitch dentro del enorme agujero que nace del piso. El padre de los guardianes mirando hacia todos lados como si estuviera en una pesadilla, ve el tablero de ajedrez donde Aby y Pitch jugaron como Mim lo hizo con ellos destruido en el piso.
Con la madera hay escrita una sola palabra
PERDISTE
La mamá de Aby había sido honesta y había sido muy clara al especificar que volver sería difícil para ambos, incluso si Pitch aceptaba seguirla. Regresar el espíritu al cuerpo era una cosa, pero soportar la descompensación de dos almas ligada la una a la otra sería el mayor reto al que tendrían que enfrentarse. Aby al morir había sellado su alma al lado de la de Pitch. Por lo cual y desde ahora, ninguno podría separarse del otro, y el peso de dos espíritus cayendo a tierra, sería mucho más duro de lo que Aby incluso logro imaginarse en esa corta pero extraña charla en el mundo de nadie.
Decidir saltar dentro del enorme agujero negro había sido por demás un ataque de adrenalina puro que nació con la última frase que le dedico a Mim, coger la mano de Pitch en ese proceso más fácil que lo anterior, pero caer en el mundo más oscuro de su vida, fue extrañamente irónico. La sensación de estar paralizada y al mismo tiempo inmersa en agua le había quitado el aliento que creía no poseer. De alguna manera, se sentía cada vez más ahogada y no hallaba forma de salir de ese mundo oscuro hasta donde creía estaba su cuerpo.
La mano de Pitch había desaparecido de entre sus dedos y ya solo quedaba el vacío y ella. La adrenalina la desconecto por un segundo y luego la regreso con el pánico de quien teme ser olvidado para siempre. Tratando de serenarse y de respirar solo logro asustarse más al darse cuenta de que ya no podía siquiera hacer eso. Su respiración se había cortado, ella misma parecía haber olvidado como hacerlo. ¿A esto era lo que se refería su madre? ¿Era este el miedo antiguo que habitaba en él alma?
¿Hablabas de esto mamá?
"Aby escucha, la verdad de todo esto es que si te quedas morirás, y si te vas puede que también lo hagas, espera, no me interrumpas, escucha primero, ¿bien?, sé que has ligado tu alma a la de Pitch, ustedes están unidos y eso es lo que más pesa ahora, si deciden regresar, ambos deben hacerlo, sino esto no funcionara, sé que será difícil pero también estoy segura que Pitch va a seguirte, no me contradigas Aby, escucha a mamá, ¿vale? Pitch va a seguirte, confía en mí, de quien tienes que preocuparte es de Mim, él es tu problema. Mim querrá detenerte, te dirá que el resultado es el mismo, pero eso depende de ti, puedes morir si intentas regresar cariño, puede que tu alma al llegar no se estabilice, puede que no quiera calzar en tu cuerpo e intente regresar a donde estaba antes, pero ahí es donde entra a jugar algo que Mim no ha logrado entender en toda su existencia. Nosotros tenemos Fe. Tú debes obligar a tu propio espíritu a que regrese y una vez lo logres debes obligar al propio Pitch a regresar, porque él no podrá solo, él te necesitara, eres su razón para regresar, y mientras no logres que su alma encaje seguirás sintiendo tu propia alma ir y venir, porque sola no puede volver, y mientras Pitch no regrese no podrás anclarte a ninguna parte. Si no consigues que ambos regresen, entonces tú te quedarás nuevamente en la tierra, agonizando con un pequeño fragmento de tu alma y morirás, y Pitch, solo en el mundo de Mim, morirá contigo… y ni la muerte podrá llevarse lo que quede de ustedes"
Aby, quien con los ojos cerrados había recordado aquella charla con su madre, se preguntó si sería posible llorar en medio de ese vacío que era ahora su único universo. Con algo de ironía pensó que sí, que podía llorar, porque reconocía el sabor salado en su boca y el ardiente calor que las lágrimas habían dejado en su rostro. Comprimiendo el gesto sin poder contenerse, Aby llamo a su mamá de manera interna, como una niña cuando teme a los monstruos bajo la cama llamaría en medio de la noche o después de una pesadilla. La llamo porque si alguien podía ir en su búsqueda quizá era ella, la llamo porque ella era una niña, una cansada de tantos retos y sacrificios, la llamo porque quería verla y esconderse bajo su pecho, la llamo porque ella le hubiera quitado las lágrimas y enseñado a respirar otra vez. La llamo porque ella era su mamá y mamá siempre estaría con ella
"¡Mamá tengo miedo!"
Aby en el fondo, llena de coraje o sin él, no dejaba de tener miedo, simplemente en su calidad de adulto había decidido ignorarlo lo mejor que se pudo, así como al hecho de que estaba sola y otras cosas de las que ahora se acordaba inmersa bajo el agua negra de sus recuerdos y temores.
"Mamá siempre está contigo cariño, ahora respira…"
Aby lo intento, pero no supo cómo hacerlo. Las lágrimas comenzaron a caer, ahogándola más, hundiéndola en su desesperación. No podía respirar. No recordaba cómo hacerlo
"Aby, respira, tu puedes, respira"
Asustada intento de nuevo, pero no logro sentir su boca ni sus pulmones. Toda ella parecía desconectada, y ninguna de sus funciones parecía enterada de una orden tan simple como respirar. Aby comenzó a aterrarse. ¿Y si realmente no conseguía salir de ahí? ¿Y si se quedaba atorada en ese lugar? Viendo caer su tercer intento por respirar, Aby tuvo que optar por el plan de contingencia. Luchar hasta la muerte. Luchar hasta que realmente no hubiera nada que hacer con su insignificante existencia. Si iban a llevarse tendría que ser a la rastras, si realmente la muerte la quería entonces tendría que jugar ajedrez y usar las piezas blancas porque ella desde ahora, no volvería a utilizarlas nunca más.
El mundo de la guardiana del coraje comenzó a girar. La tierra moviéndose. La gravedad atrayéndola, abrazándola con sus manos invisibles. Las raíces de los árboles que crecían. El sonido de la tierra escupiendo fuego a miles de kilómetros de profundidad. El eco de las cuevas negras que repercutían memorias. Su voz lejana a la realidad.
Llenándose de estos pensamientos y apretando sus manos en enormes puños Aby abrió los ojos de pronto, y sintió que comenzaba a tragarse el agua negra que cernía sus ojos. La boca se le lleno de algo y luego, de alguna manera que más tarde se preguntaría como, comenzó a respirar.
No fue un gran respiro, no fue realmente una larga bocanada de aire que anunciaba la liberación de los reprimidos, sino una más bien entre cortada, llena de jadeos y por demás dolorosa. Mirando hacia arriba se dio cuenta de que el negro se había ido, dejando a su vista un techo de madera barnizada borrosa y lleno de puntos amarillos que no dejaban de danzar. Aby ahogándose aún, y sintiendo su boca llena de saliva y con los ojos llenos de lágrimas no pudo creer lo que acababa de suceder.
Se encontraba en su cuerpo. Estaba dentro de sí misma. O algo parecido al menos.
Obligando a su mente a reaccionar, su primer impulso fue dedicado a un intento inútil por mover parte de su cuerpo, pero ni siquiera logro mover un dedo. Aby frustrada y sintiendo su propia saliva escurrir por su boca abierta se dio cuenta de que no sentía nada de sí misma. Su cabeza estaba funcionando, sus pulmones estaban exigiendo aire, y sin embargo su cuerpo seguía entre comillas muerto. Llena de miedos se vio obligada a mover la boca de manera enfermiza como un pez fuera del agua y volvió a intentar sentir algo más que no fuese su propia conciencia gritando a todo volumen. Las tristes y jadeantes bocanadas de aire que lograba meter dentro de su sistema, fueron por varios minutos todo lo que tuvo como bienvenida. Luego de eso, llego el dolor.
Su caja torácica se comprimió con violencia hacia abajo y Aby, que no podía gritar, tuvo que contentarse con maldecir todo cuanto logro recordar de forma mental mientras sus ojos volvían a llenarse de lágrimas involuntarias. La sangre como lava hirviente había comenzado a correr de nuevo por sus paralizadas venas. Alcanzo a gemir por lo bajo, casi como un pobre animal cuando sus piernas regresaron del infierno para conectarse a su cuerpo, y viendo que no podría detener el avance de lo que sucedería después hizo el único movimiento que podía ejecutar.
Cerró los ojos.
El dolor, esa masa deforme que se mueve y hace daño, pero que te recuerda que estás vivo, recorrió cada parte de su fisonomía, armando huesos, recorriendo músculos y quemando la piel, como si con ello hubiera podido purificar la simple carcaza de carne en la que se había convertido. Cuando al fin sintió que todo remitía, se hallaba empapada en sudor y con el pecho tan agitado que por un segundo dudo ser ella quien respiraba de esa forma tan endiablada y furiosa. Pero notando que nadie más acompañaba sus jadeos, tuvo que aceptar ser la dueña del pequeño monte que le tapaba cada medio segundo la visión. Con una mueca de dolorosa ironía Aby noto con risa, que le dolía la cara de tanto mantener abierta la boca y de manera más graciosa, decidió que no quería cerrarla aun.
Estaba viva
El dolor, y todas aquellas punzadas espantosas que sentía sobre la piel eran un recuerdo o más bien un grito de bienvenida hacia su antiguo hogar, los puntos amarillos que viese antes en el techo habían pasado a ser morados y poco a poco la madera barnizada fue aclarándose hasta transformarse en un techo. El techo de Santoff Clausen. Aby sintió ganas de llorar, de maldecir y de seguir llorando por tiempo ilimitado cuando al fin fue capaz de ver algo más que puntos de colores. No tenía idea de que es lo que haría ahora, no sabía cómo reaccionarían los demás al verla ni mucho menos creía que estuvieran todavía en la casa de Norte. Porque la pena espantaba a las personas, y era común que estas aceptaran los duelos en soledad. Claro, si es que ella tenía derecho a ser un tipo de duelo o algo parecido. Siendo sincera consigo, tuvo que aceptar que aunque había pensado que todo resultaría según sus planes, no había logrado imaginarse que sucedería después de abrir los ojos. Cerrando la boca ensangrentada y sintiendo el dolor de una muela faltante, Aby decidió que tendría que pensar en ello en otro momento. Ya vería que decirle al resto, ya vería ella si debía quedarse o no, por ahora tenía otras cosas de las que ocuparse.
Creyó ganar una batalla cuando consiguió respirar y ver el gran techo de Norte, ahora que sentía ir y venir su alma desde el lugar de nadie hasta la tierra misma, supuso que comenzaba la verdadera guerra. Su cuerpo, antes vacío y muerto, parecía luchar de manera desenfrenada por escupir el alma de Aby como si repudiara el hecho de tenerla de regreso, pero no era el cuerpo de Aby, era más bien su alma que no podía estabilizarse. Algo no calzaba, algo no estaba en su lugar. Su voz, hasta entonces silenciada, repercutió desfigurada y rasposa desde el fondo de su garganta, como su fuese la voz del monstruo del azúcar hablando desde debajo de la cama
—Pitch…—El bendito espantapájaros. El gran amo de las tinieblas que no podía regresar sin ella. Nerviosa, y a sabiendas de lo que sucedería si no se daba prisa en llegar hasta él, Aby intento moverse a toda prisa y aunque esta vez, parte de sus brazos y piernas parecieron responder, la velocidad con la que logro sentarse fue comparable a la de una miserable babosa —Diablos… —y la voz del monstruo volvió a salir por su boca. ¿Cuánto tiempo tardaría en llegar a Pitch? Sin muchas luces y sintiendo la sangre correr por sus venas nuevamente y de manera casi entrecortada, Aby hizo lo único que se le ocurrió para apurar su marcha. Ladeándose y dejando caer todo su peso hacia un costado acepto gustosa caer de la cama y azotarse contra el suelo. La bienvenida y el fuerte sonido de sus hombros chocando contra el piso no le causaron mayor problema. Un poco más de dolor no la mataría. No de momento al menos.
Tirada ahora en el suelo y con su cabello enredándose y desparramado por la duela de madera, trato de incorporarse nuevamente. Pero temblaba. Ella temblaba como sacudida por la fiebre más poderosa del planeta y sin importar cuanto se esforzaba se le hacía inútil tratar de ponerse de pie. Y entonces sobrevino el tirón. Una sensación tan extraña como terrorífica se apodero de su cuerpo y Aby, sin quererlo, volvió a darse de narices contra el suelo al sentir que el aliento escapaba de su boca como si algo hubiera decidido comenzar a beber desde el fondo de su garganta. Su alma intentaba regresar, y aunque no dolía demasiado, el miedo de perderse y de no poder con su propio organismo comenzó a comérsela como oxido al metal. Su visión se volvió borrosa y la sensación de que de un segundo a otro se desmayaría la hizo jadear. Si su conciencia se apagaba, entonces ella y Pitch estarían muertos.
Como atada al suelo y esclavizada a las paredes, Aby tuvo que optar por las opciones que entrega la desesperación, así que ahogando cualquier posible queja mordiéndose los labios comenzó a arrastrarse camino a la puerta, pero solo alcanzo a forcejear un par de veces consigo misma cuando miles de preguntas la arremetieron. Si no podía ponerse de pie ¿Cómo bajaría las escaleras? ¿Tendría que dejarse caer nuevamente? Si apenas y podía balbucear ¿Cómo llamaría a Pitch? ¿Cómo lo haría regresar? Mejor aún ¿Qué dirían los guardianes al verla como alma en pena arrastrándose por ahí? Por los mil diablos ¿Qué les iba a decir ella? "Hola, vengo de la muerte a llevármelos a todos" Vale, mala idea, muy mala idea, pero al menos la tontería le saco media sonrisa, y eso fue suficiente como para que comenzara a forcejear con sus piernas otra vez. Ya pensaría en todo lo demás, ya vería que hacer y qué decir, por ahora había que forcejear. Cada forcejeo le aseguraba dos centímetros hasta la puerta. Cada cuatro forcejeos la sensación de que se desmayaría se hacía notoria y le dejaba sin respiración. Calculando de manera simple entre forcejeos y jadeos, Aby estimo llegar en una semana a la condenada puerta. Maldiciendo en voz baja volvió a arrastrarse dos centímetros.
Quizá el monstruo debajo de su cama podría haberle dado un maldito empujón, o al menos podría haberle hecho barras, realmente cualquier cosa hubiera estado excelente, pero el monstruo duerme y si no ha despertado con su caída y sus jadeos es probable que nada lo haga despertar. Suspirando y mirando la puerta como una ensoñación inalcanzable Aby pensó que quizá era mejor así. Es mejor que el monstruo no despierte nunca más o quizá valla a comerme...
Dejando caer la cabeza contra el piso y apretando los dientes al sentir el mareo ir y venir, Aby toma dos resoluciones simples. La primera es que apenas llegue a la puerta deberá abrir y llamar a quien sea que esté presente a los gritos, y la segunda es que apenas ese alguien bendito aparezca ella tendrá que sostenerle y pedirle, no, obligarle a que la lleve donde Pitch.
A punto de retomar su ridículo esfuerzo por llegar a la puerta se ve obligada a detenerse sobresaltada. Algo esta tras la puerta. Algo, o quizá alguien se encuentra tras la puerta de madera. No había podido sentirle porque estaba empeñada en llegar a su meta, pero ahora que se encuentra en el piso y al borde de la inconciencia absoluta, Aby se da cuenta de que hay alguien tras la puerta. Ahora está segura de que es alguien y no algo y eso la hace quedarse quieta por varios segundos. ¿Es Jack? ¿Es Tooth? ¿Es Norte? ¿Es Sandy? ¿Es…es Aster? Nerviosa y balbuceante Aby teme que sea este último. Aún no está lista para enfrentarse a nadie, aún no ha pensado que decir, aún no a razonado como debe actuar, aún no está preparada para ver los ojos verdes enojados, aún no puede siquiera ponerse de pie para bailar en el salón. ¿Qué hará con ese alguien tras la puerta? Ella no es la misma de antes. Ella está demasiado fragmentada aún, unida apenas por hilos y por un gesto materno, sus cicatrices aún duelen, los residuos del dolor siguen ahí, las marcas son irreversibles, y ahora pese a volver y luchar con todas sus fuerzas por quedarse, sigue teniendo miedo.
¿Y si es Norte quien está detrás de la puerta? ¿Podrá aceptarla nuevamente? ¿Volverá a verla con los mismos ojos bonachones? ¿Le seguirá dando galletas?
¿Y si es Jack? ¿Podrá su hermano volver a verla sin rencor por sus actos? ¿Aceptara bailar un último vals al menos…?
¿Y si es Tooth? ¿Será capaz de olvidar y dejar los recuerdos para volver a empezar? ¿Seguirá siendo su madrina?
¿Y si es Sandy? ¿Querrá perdonarla? ¿Querrá volver a abrazarla como aquella vez con las pesadillas?
¿Y si es Aster…? Por todo los bueno en la tierra… ¿Qué hará si es Aster? Tirada en el suelo y escuchando su ahogada respiración, Aby decide que es momento de averiguar quien se esconde tras la madera de color miel. Ya no hay donde ocultarse y menos aún una razón para hacerlo. Si después de regresar es rechazada se marchara, si no pues…, pues que así sea, pero antes tiene un asunto pendiente que atender. Suspirando apenas y cerrando los ojos para concentrarse, Aby es fuertemente interrumpida por un grueso y fuerte gruñido. Su propia garganta se cierra de impresión.
—¿Ko…pahk…?—Y el gruñido se repite, esta vez más fuerte y sorprendido. Aby apenas y puede creerlo. —¡Kopahk! — Suspendida entre sus recuerdos y el nerviosismo anterior, Aby se da cuenta de que ha sido nuevamente una completa idiota. Ah pensado en todo el mundo, menos en Kopahk, que siendo su mejor amigo, es el único que al parecer no ha querido abandonarle. Sintiendo un ligero estremecimiento, la niña se pregunta si Kopahk habrá llorado por ella, se pregunta si tendrá hambre o deseos de que le acaricien las orejas, y se cuestiona aún mas hondamente si Kopahk sigue ahí para cuidar ella. Un fuerte gruñido seguido de un fuerte y sonoro empujón contra la puerta de madera confirma todas sus preguntas. Kopahk desde el otro lado, siendo el animal que es, no puede estar menos que confundido.
Había escuchado a Aby moverse desde que esta cayo de la cama. El sonido seco que retumbo en sus orejas hasta entonces dormidas lo había sobresaltado y aunque le extraño el sonido en un principio, había dejado de pensar en lo sucedido en cuanto el sueño había vuelto a cerrarle los parpados. Pero entonces más sonidos curiosos habían llegado hasta sus orejas. Jadeos, y la sensación de que alguien estaba arrastrando algo. Curioso y preocupado de que alguien hubiera ingresado al lugar donde su ama descansaba para siempre, había pegado el mojado hocico a la puerta y olisqueado entre las ranuras. El olor pegajoso del sudor y el miedo subieron entonces por su nariz, pegándose a sus fosas nasales como bichos a la miel. Kopahk a punto de largarse a gruñir al darse cuenta de que efectivamente había una presencia en la habitación se había quedado entonces paralizado y en ascuas cuando Aby había comenzado a jadear. Si Kopahk hubiese sido humano habría seguido pensando que alguien más se encontraba en la habitación, si Kopahk hubiese sido un simple humano habría inventado algo que tuviese lógica y se hubiera marchado a toda velocidad asustado de su propia e hiperactiva imaginación. Pero siendo un oso y el mejor amigo de la niña que debía estar durmiendo, abandono la razón y toda lógica para ponerse a gruñir casi en un modo histérico. De alguna forma u otra, Aby había comenzado a respirar de nuevo en ese mundo, por alguna extraña razón la pequeña de ojos verdes había cruzado la línea de la muerte y regresado con ellos, los porqués y los cómo se los dejaría a los humanos, ahora él tenía que cumplir con sus propios deberes y abrir de la forma que fuese, la condenada puerta que ahora los dividía.
La niña desde el otro lado no pudo hacer otra cosa más que sentirse agradecida, si salían de esa, y tenían que lograrlo, ella misma se encargaría de mimar a su oso por lo que le quedara de eternidad, pero por ahora tenía que salir de ahí, por lo que volviendo a su larga tarea de arrastrar las piernas siguió avanzando contra la puerta, luchando contra su cuerpo tembloroso y la funesta visión borrosa que tenía. Pero entonces, casi llegando a su destino y sintiéndose vencedora de una segunda batalla, Aby volvió a ser asaltada por las dudas de quien no ha estado razonando bien. Kopahk sabía muy bien como abrir una puerta, era inteligente y curioso, pero por sobre todo un animal fuera de lo común, la misma Tooth se había asustado al verlo entrar tranquilamente en la habitación sin siquiera gruñir para que le abrieran y ella misma se había dedicado a observarle un par de veces para saber cómo era que se ejecutaba la magia, que más que magia, era un simple forcejeo de mandíbulas. Era sencillo en realidad. Kopahk habría la boca, la cerraba suavemente sobre la manilla y la giraba, o en caso contrario, subía ambas patas, las apoyaba en la puerta y las dejaba deslizarse hasta la manilla que bajaba de un solo tirón de sus brazos. La puerta entonces se habría sin muchas ceremonias bajo los ojos expectantes de Aby quien sonreía con todos sus dientes ante su silencioso logro que podría pasar inadvertido por cualquiera que no supiera mirar. Entonces, la cuestión era, ¿Por qué rayos Kopahk está azotando la puerta como un poseso? ¿Por qué?
Sintiendo un poderoso escalofrió recorrerle la espalda, Aby termino por alcanzar la puerta con sus propios dedos solo para verificar lo que su cabeza acaba de arrojarle como un fatídico resultado de error.
La puerta está cerrada cariño. La enorme y maldita puerta de la habitación donde Norte por alguna razón te ha puesto está cerrada con llave. Malas noticias. Muy malas de verdad. Pero mira el lado amable cielo, al menos, solo al menos, no has despertado bajo tierra. Eso es punto a favor ¿No es así?
Aby se tomó un segundo para razonar. Solo necesito un segundo y toda la información que necesitaba comenzó a llenar su cabeza como un rio desbordándose por todas partes. La puerta estaba cerrada con llave, ¿Por qué?, porque Norte había sucumbido ante la tristeza, probablemente se había quedado solo, y no había tenido el valor, o el corazón mejor dicho, para enterrarla. Aster de seguro se había desligado del tema y marchado así como los demás en cuanto tuvo la oportunidad, así que lo más seguro es que se encontrara sola en Santoff Clousen, con un Norte marchito por la pena y con Kopahk que no dejaba de darle a la puerta como si estuviera jugando a la diana con sus enormes hombros. Siendo sincera, no había pensado en la posibilidad de despertar dentro de un cajón y enterrada tres metros bajo la densa y oscura tierra que la vio nacer y agradecía no tener que imaginarse como diablos podría haber salido de ahí.
El problema es que ahora estaba en un lio más grande de lo que jamás dimensiono. Había sido encerrada como una muñeca dentro de ju cajita de jengibre y había sido de esa manera porque Norte, el bueno de Norte, jamás habría podido imaginar que ella volvería a abrir los ojos. Negando con la cabeza y carraspeando se corrigió este último pensamiento. Norte la había dejado ahí pensando en que podía despertar, pero de una manera imaginativa, no como si realmente fuese a suceder, era un descanso a su conciencia, una manera de mermar una herida sangrante llena de pus y culpa. No como si fuese real.
El dilema estaba en que ella era más que real y de seguro Norte aunque escuchara gruñir a Kopahk no haría nada por intentar abrir la puerta. Porque las niñas buenas duermen hasta para siempre… ¿No es así?
—¡DIABLOS! —Parándose a medias y sosteniéndose de la pared, Aby comenzó a forcejar con la manilla de manera desesperada, sintiendo cada dos segundo el tambaleo de sus piernas al recibir el impacto de Kopahk que no paraba de lanzarse contra la madera de forma histérica. Su tiempo se estaba acabando, casi podía sentir cada grano de arena descender hacía debajo de forma lente y aterrorizada, mientras que cada vello de su piel continuaba gritando en un idioma que solo lograba ponerla cada vez más nerviosa. Su cuerpo, remeciéndola de forma espasmódica, volvió a escupir su alma a medias, deseándola muerta nuevamente y ella volvió a caer de rodillas contra la duela, temblando como una hoja azotada por el más cruel de los inviernos.
Pitch seguía sin aparecer. Su cuerpo seguía vacío, sin él, sin nada de él.
Pateando la puerta al sentir la ira inundarla, Aby comenzó a gruñir de forma inconsciente. ¿Por qué rayos tenía que dejarla encerrada ahí? ¿Por qué? ¿Por qué no había nadie más en Santoff Clausen? ¿Cómo era posible que nadie más se hubiera quedado a su lado? Levantándose a duras penas y volviendo a luchar contra la manilla Aby busco con los ojos algo que pudiera servirle para salir. Una palanca, una maldita cuchara o lo que fuese. Pero todo cuanto vio fue una cama desecha y miles de recuerdos flotantes que no ayudaron en nada. Norte quizá no se había dado cuenta donde había decidido encerrar a su muñeca, pero para Aby era imposible olvidar esa habitación. Esa que no era suya realmente sino de Bunnymund. Sobre la cama la sombra de una niña en toalla abrazada a su padre se proyectó y Aby sin quererlo sollozo quedamente. No había que ser un genio para darse cuenta de que estaba atrapada y de que sus esfuerzos hasta ahora inútiles seguían sin servir de mucho. No importando cuanto forcejeara Kopahk, ella no lograría salir de esa habitación donde había sido atrapada por Norte y sus recuerdos. La madera era gruesa, a lo menos treinta centímetros la separaban del exterior, por no agregar que las bisagras no quedaban a la vista desde su lado. No podían derribarla ni menos desmontarla, pues aunque Kopahk no era un oso común, este no sabía usar un destornillador y mucho menos portaba uno. Con triste ironía Aby se vio enterrada sin tierra a su alrededor y rodeada de los fantasmas de una pequeña vida que no habría de volver.
¿Y ahora qué Aby? ¿Lloramos? ¿Nos abrazamos en el piso y nos disculpamos en silencio con Pitch antes de morir como simples ratas? ¿Eso es todo lo que vas a hacer? ¿Es el fin? ¿Ahora te echaras en el suelo y eso es lo que dirás?
¿Porque su conciencia tenía que ser tan malditamente elocuente? ¿No podía dejarla morirse en paz y ya? ¿Es que la muy perra no podía dejar de morderle las ideas ni un maldito instante? Mirando hacia todos lados y buscando con que abrir la puerta Aby volvió a verse en ascuas, tan perdida como al principio. ¿Qué más quería su conciencia de ella?
Cariño. ¿Te molestaría usar la cabeza? Porque te informo que no la tienes solo para mantener el cabello. Ahora, piensa un poco y en vez de ver la puerta como una idiota, BUSCA OTRA SALIDA
¿Otra salida? Bien, eso no lo había pensado. Pero además de la condenada puerta no había nada más en la habitación por donde pudiera salir. La ventana no contaba como una salida, o quizá sí. Pero de lanzarse ventana abajo solo conseguiría romperse ambas piernas y si es que su conciencia creía que eso era una posibilidad entonces estaba más loca que ella misma.
Puertas, ventanas. Todo lo que ves existe. ¿Qué hay del resto? Busca el resto, lo que no puedes ver a simple vista. Lo que no está pero quizá podría…
Aby termino por entregarse. Cerró los ojos y empezó a pensar. La puerta cerrada y el constante removimiento de la madera al ser empujada tras su espalda se eliminó y solo quedo ella dentro de una habitación cuadrada sin nada a su alrededor. No más ventanas, no más puerta. ¿Y ahora qué? ¿Inventaba un ascensor? Abriendo los ojos de golpe Aby se dio cuenta de lo que su inconsciente gritaba con todas sus fuerzas. Las reglas del juego no habían cambiado, quizá no era la misma de antes pero ella continuaba siendo ella de todas formas, y si eso era así, entonces ella podía crear una puerta. Solo necesitaba concentración y quizá algo de rabia, y como de lo segundo tenía de sobra, Aby se giró y avanzo de rodillas dos pasos a la derecha, posiciono sus manos sobre la roca de la pared y comenzó a empujar con todas sus fuerzas. La tierra conectada a ella como la sangre a su corazón comenzó a bombear de manera rítmica miles de pequeños mensajes que se perdieron en la inconciencia, hasta ser un montón de gritos que imploraban que siguieran empujando más, que no soltara, que no se rindiera, que no se atreviera a ser débil, mientras que su conciencia embraveciéndola continuaba musitando con sorna e ironía todo lo que la había llevado hasta ese punto donde no era más que una mocosa empujando una pared.
Norte te encerró aquí. Empujo, la sangre contenida de su cara comenzó a hacerla enrojecer. Aster se fue. Empujo, los ojos se le llenaron de rabia e impotencia ante la triste realidad. Todos se habían ido. Empujo, maldijo. La malnacida puerta no se abre. Empujo, culpo a Norte, volvió a maldecir. Pitch es un idiota. Empujo, sonrió, la pared crujió. Tú eres una idiota. Empujo, gruño y volvió a empujar sintiendo la arena entre sus dedos. Volvemos a morir por encontrarnos solas en medio del peligro. Empujo, lágrimas de cansancio se deslizaron por sus ojos. Y ni siquiera sabemos si fue buena idea volver… y en el fondo…aun duele… ¿No es verdad? Cerro los ojos, empujo, apretó los dientes, se negó a decir que sí. En el fondo sigue doliendo Aby, ¿Ah que si? No, no dolía, ya no dolía, es más, ya lo había olvidado, ya no había nada por lo que seguir llorando. ¿Entonces porque lloras cariño? Sus ojos llenos de lágrimas respondieron con ira y dolor, sabiéndose mentirosa de todo lo que diría.
— ¡Porque la puerta está cerrada, porque la estúpida puerta está cerrada! —Su voz rasposa, llena de locura y rabia reboto sin que ella notara que estaba hablando consigo misma y con sus verdaderos demonios. ¿Hasta dónde era posible caer? ¿Cuánto más sería capaz de recordar sin desear volver a donde se encontraba? Su conciencia suspira, casi parece que habla con alguien más y no con ella, pero eso es imposible, realmente muy loco, ¿No es así?
¿Qué clase de idiota intenta mentirle a su conciencia?
Aby pensó que solo un loco podía intentarlo, un loco realmente loco, quizá alguien con su perfil. Pensando en esto, no pudo evitar sonreír con sarcasmo y jadear al mismo tiempo. De seguro se le estaban aflojando los tornillos, pero estaba bien, estaba excelente, estar loco era un síndrome que padecían los vivos, no los muertos, así que en el fondo podía tomarlo como un síntoma de mejoría, casi podían darle el alta. Solo tenía que salir de su coma y de paso arrancarse el tubo imaginario que aún se ceñía a su garganta. Pan comido.
Sintiendo la pared ceder bajo su peso y su respiración volverse un ciclo ahogado de jadeos, Aby volvió a empujar llena de rabia contenida y gritos incapaces de ascender por su garganta — ¡CÁETE, CÁETE YA! —Y la roca y la pared cedieron ante su último y más fuerte empujón. Aby mas tarde no recordaría haber gritado cuando fin la pared se desprendió, y tampoco recordaría haber botado aquel rectángulo en su totalidad hasta convertirlo en un montón de escombros. Lo único que recordaría de ese momento sería a Kopahk, a su oso parado al lado de la puerta que ninguno de los dos logro derribar. La puerta que incluso sin paredes continuaba de pie. Invicta.
Con media habitación por los suelos y los ojos mojados por las lágrimas, Aby fue invadida por una risa tonta de tan solo dos carcajadas que luego se transformaron en aplastantes sollozos. Kopahk, como único espectador, y con sus ojos abiertos de par en par tardo dos segundos antes de acercarse a la niña que de rodillas lloraba como si hubiera vuelto a morir. Aby por su parte ante la presencia del fuerte animal, solo atino a abrir los brazos, Kopahk, gruñendo contra su oreja derecha hizo el resto.
Sabía que tenía ir tras Pitch, sabía que tenía que bajar la escalera y hacer de esto una realidad que no pudiera volver a alterarse, pero necesitaba tanto a Kopahk, necesitaba tanto de ese abrazo peludo que la ocultaba del mundo y de los miedos, que se permitió cinco segundos de dolor y consuelo, solo cinco, luego jalando el pelaje de su oso, busco sus ojos negros hasta dar con ellos. Kopahk mirando las enormes gemas verdes, sintió un enorme nudo subir por su garganta al verla llorar y rogar de manera lastimera y apenas escuchable
—Kopahk, ayúdame…. —Y el oso obedeció sin deseos de preguntar, le ayudo a ponerse de pie y a subir a él. Aby sudorosa y presa aún del miedo y sus temblores, volvió a sollozar más ruegos una vez estuvo afirmada de su enorme y fiel amigo. No podía explicar mucho, no tenía tiempo para eso. Perdía la sensibilidad de sus dedos, comenzaba a olvidar nombres y la sensación del aire sobre su boca. Su cuerpo desechaba su alma y ella ya no podía evitarlo—Ayúdame a bajar, te lo ruego, no me dan las piernas, tengo que llegar donde Pitch, o moriremos, no quiero morir—Un sollozo de cansancio y entonces…— ayúdame…— Kopahk no necesito escuchar explicaciones luego de aquello. Lanzándose escaleras abajo y sintiendo como la fuerza de la guardiana del coraje comenzaba a flaquear, trato de obedecer de la manera más rápida posible. Se le acababa de conceder una última posibilidad para transformar el destino, él era en ese momento él único que podría brindarle una mano a su niña y de él dependería que ella llegara a su destino. Si no era capaz de ayudarle entonces ningún esfuerzo habría valido la pena y la muerte volvería a llevarse a la chica de su lado. Gruñendo y abriéndose paso por la fábrica, Kopahk se negó a esa realidad y trato de atarse a él y a la misma Aby a lo que quedaba de sus sueños.
Aby siendo remecida por el movimiento de Kopahk, cerró los ojos y trato de sentir bajo sus dedos el suave y grueso pelaje de su amigo, como si de esta manera pudiera almacenar un último recuerdo en caso de tener que partir, pero sus dedos ya fríos le devolvieron una sensación helada y confusa que no pudo comparar con nada. ¿Ese sería su fin real? Abrazándose descorazonada contra Kopahk Aby volvió a sentir sus emociones ganarle a su razonamiento. Aún no estaba presente en su totalidad, aún no sabía si era posible regresar, pero por ahora estaba con Kopahk, y si el bueno y humilde oso le había prometido tiempo atrás cuidarle la espalda, agradecía que si esos eran sus últimos minutos consiente, estos fuesen a su lado. Sintiendo como la marcha de su amigo disminuía y abriendo los ojos ante la luz que de pronto invadió el espacio, Aby fue consciente de que estaba donde todo había comenzado a desmoronarse. La habitación donde Norte le hubiera salvado la vida ahora solo tenía un triste ocupante. Pitch sobre la mesa y con una enorme sabana cubriéndole por completo, continuaba sin respirar. Aby silenciosa ante la presencia de la muerte se deslizo contra el suelo y le dedico una última mirada a su amigo. Kopahk sintiendo las suaves manos sobre su cara solo atino a verle con enorme preocupación, temiendo que al soltarle, la niña desapareciera para siempre
—Kopahk…escucha, pase lo que pase… gracias por todo, ¿vale?, solo gracias por todo…—Kopahk sin dejar de mirarla asintió quedo y acepto un beso en la frente como la última muestra de afecto que tendría de no resultar lo que sea que Aby estuviera pensando hacer, quizá si hubiese sido humano se habría atrevido a detenerla, pero Kopahk siendo quien era, solo pudo aceptar esto como un pequeño regalo en caso de que todo fuese a terminar. La niña de ojos verdes tristes, se giró entonces y desde ahí todo comenzó a formar parte de una extraña escena donde solo participarían dos personas.
Ayudándose de la mesa para impulsarse sobre la misma, Aby se sentó a ahorcadas sobre el cuerpo de Pitch y demasiado ida como para darse cuenta, comenzó a hablarle a su rostro aún cubierto por la sabana. Temiendo ver a la muerte en sus ojos cerrados.
—Pitch… Pitch tienes que levantarte—Su voz sonaba en un hilo imperceptible, ni ella misma era capaz de oírse. ¿Era eso cuanto quedaba de su fuerza? —Por favor…—la visión cada vez más oscurecida, el aire apenas entrante —No puedo hacer esto sola…—antes lo habría hecho, antes hubiera podido, pero la Aby que ahora intentaba vivir estaba demasiado rota como para ponerse de pie de la nada y hacer de cuentas de que no tiene un agujero donde debería tener el corazón. El problema es que Pitch no quiere regresar, él no tiene anhelos en ese mundo, ni tampoco buenos recuerdos a los cuales atarse, ella tampoco tiene mucho de estos últimos, pero desea pensar de que es posible crear nuevos, de que aún es posible hacer más. Es por eso que está ahí, es por esa miserable razón que ha decidido estar a su lado. Porque incluso no queriendo, Aby no puede dejar de creer en los imposibles. Aster no la ama, pero quizá podría, Pitch está loco, pero ella también podría estarlo un poco si a él le agrada la idea. Solo tienen que intentarlo. Solo tiene que escucharla y sonreírle como el idiota que es y aceptar seguirla por ese camino oscuro que es lo único que puede ofrecer. Es un largo camino oscuro, pero entre locos podrían entenderse, porque ella estaba dispuesta a coger su mano y a no soltarla nunca más. Pero para que Pitch tome su mano él debe creer en ella al menos, él debe querer regresar, y aquel idiota tapado, no quiere ninguna de las dos cosas.—¡Pitch por favor! — Que se ría de sus ojos llenos de lágrimas, que se enoje al cogerle de la sabana y de la ropa, que le grite que no le agite, pero que habrá los ojos, que simplemente abra esos malditos ojos negros y diga alguna estupidez con la que ella pueda reírse y volver a respirar—¡Pitch te necesito! — La locura, el miedo a la soledad comenzaban a comérsela. Aster no era su padre real, la había rechazado, Norte y los demás guardianes componían un mundo que ella no era capaz de alcanzar, pero Pitch con su ironía y su sonrisa de espantapájaros era capaz de entenderla, veía su soledad como si ella se lo mostrara en una bandeja y le sonreía con sorna cada vez que ella intentaba disimular el vacío que la carcomía. No podía prometerle un mundo lleno de fantasía y luces porque eso no sería real y porque a Pitch no le hubiera gustado, pero podía prometerle otras cosas. Cosas simples que harían a la soledad un recuerdo lejano, cosas de esas que invadirían la mente dejando sin espacio a las pesadillas. ¿Podía ser ella suficiente? ¿Podía ella llenar un vacío tan grande como el que aquel idiota sintió?
No tiene la menor idea. Pero quiere intentarlo.
Jalando la sabana con desesperación y mirando la faz pálida y dormida del amo de las tinieblas, Aby siente su fuerza ceder. Con media sonrisa, Aby supone que ha llegado demasiado tarde, pero eso no impide que se incline y junte ambas frentes. Ella aún no parte y mientras no lo haga, seguirá hablando hasta que su visión casi nula termine por ser negra o hasta que sus pulmones dejen de respirar otra vez. Es el todo o nada de su juego imposible. Tienen todas las de perder, pero…que rayos, puede intentarlo.
— Pitch… ¿Sabes una cosa? No sé por qué razón he decidido regresar…— Pitch Duerme, no le responde, pero Aby quiere pensar que le está poniendo atención, como cuando oye música clásica en su cueva llena de ecos— Pensé que… la verdad es que no pensé nada, solo quise una segunda oportunidad, quise ver si era posible cambiar un poco las cosas…— Le mira, Pitch tan blanco como la cera mantiene su postura. Aby suspira como si este le hubiera recordado que es una idiota. — No creo que Aster hubiera podido volver a ser mi padre, no creo que nada hubiera sido como antes…— Su visión se vuelve negra, Aby tiembla y comienza a llorar al sentir que su vida desaparece. Después de todo, Morir sigue dando algo de miedo. Morir sigue siendo espantoso. Apretándose inconscientemente contra Pitch, Aby solloza de manera más silenciosa a medida que comienza a ahogarse con su propia saliva. —¡Qui-Quisiera que estuvieras aquí!—Sollozante toma su mano entre las suyas y la aprieta, sintiéndose una niña asustada y necesitada de un abrazo. Pero ahora, hasta Kopahk está lejos de todo alcance. La muerte esta tras su espalda y nada podrá detenerla, sus frías manos ya le han cerrado la garganta y poco o nada puede hacer — Pitch por favor… — una última suplica escapa en un jadeo, ultimas muestras de su respiración cada vez más disminuida. El silencio le devuelve su respiración ahogada. El negro es inminente a estas alturas y su resignación llega en medio de lágrimas amargas y dolorosas. Ya no hay nada que pueda hacer— Perdona no haber llegado a tiempo…—liberando su mano, limpia su cara y las lágrimas que supone han caído en el rostro ajeno, luego vuelve a acomodar su cabeza contra el pecho del rey de las pesadillas como una niña esperando el consuelo de su padre y cierra los ojos ciegos de espera. Algo detrás de ella, parece llamarla de forma insistente. Quizá, es momento de ponerle atención, pero aún quiere decir algo más, solo, despedirse como corresponde—No sé cómo… pero si tengo la oportunidad… y si queda algo de mí… iré a buscarte del otro lado… cualquiera que sea el otro lado…¿Está bien? — Pitch no responde y Aby no puede ver si ah asentido, y de haberlo hecho tampoco hubiera podido sentirlo. Su espíritu parece evaporarse y poco a poco Aby comienza a dormirse. Cómoda en su posición, la niña de ojos tristes siente un pequeño tirón en su pecho antes de sentir como dos brazos suben hasta su cintura reteniéndola como si fuese a volar a alguna parte. ¿Pero a donde podría ir ella?
— Eres…tan necia…— Abriendo los ojos y regalándose miles de oscuros puntos de colores, Aby comienza a sentir el fuerte vaivén de un pecho que sube y que baja, y por si fuera poco, su propia respiración se dispara como si hubieran soplado en su boca.
—¿Pit-Pit-Pitch?—Sus dedos se cierran en torno a la túnica negra así como los dedos del propio Pitch se aferran a ella. ¿Es acaso posible? — Santa madre... ¿Estamos muertos? —Su voz suena rasposa, llena de lágrimas retenidas, con el miedo de quien no sabe muy bien en qué lado de la vida esta. Pitch aún agitado y con la niña en brazos suspira. Es la pregunta más estúpida pero acertada del momento. Aby con su voz cansada lo había atraído de regreso, con melancolía había escuchado sus gritos de ayuda y finalmente había abierto los ojos cuando esta prometió buscarle en el otro mundo. Nunca espero por supuesto encontrársela sobre su cuerpo y esperando una muerte inminente. Era probable que quitarse esa imagen costaría un par de años, pero si eran al lado de esa mocosa insistente, pues se daría el trabajo de crear recuerdos con los cuales tapar este. Por ahora quedaba su pregunta y sus inminentes dudas. ¿Estaban vivos realmente? El hecho de que todo le doliera una inmensidad podía ser la respuesta, pero estando aún en un país donde la visión son puntos de colores y la respiración un regalo universal pues la cosa no estaba tan sencilla. Aby con sus dedos volvió a tironearle apremiante. Bueno…¿estaban vivos? Suspiro.
—Aby… no tengo ni jodida idea — Ambos parecen escuchar esa frase por lo que dura una eternidad, se aferran el uno al otro y esperan a que algo les anuncie que están vivos o muertos de manera definitiva. Pitch espera una carta formal y firmada por quien sabe quién, donde se especifique lo que sucede, algo así como una tarjeta de cumpleaños pero que rece "Bienvenido a la vida hijo de…" Aby por su lado, espera una iluminación o a que algo caiga del cielo como en un milagro navideño, cualquiera que sea la cosa que esperan llegar, lo que menos esperan llega desde la puerta y no del cielo.
—¡AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH! —Un grito estremecedor que los obliga a cerrar a ambos los ojos y les hace rebotar de la mesa de madera repercute por toda la habitación. Aby con la visión borrosa no se suelta de Pitch incluso cuando este se sienta y ambos observan extrañados y con los ojos apenas abiertos la figura de un enorme hombre con muchos kilos de más. Norte, con su nariz atestiguando una noche de borrachos, palidece hasta tal punto que bien podría haberse dudado de que portara sangre en las venas.
—¿¡No-Norte!? —El viejo y pobre hombre de las navidades se mantiene pálido y rígido ante ambos guardianes que no paran de abrazarse asustados sobre la mesa donde antes hubiera estado Pitch rígido como la misma tabla que le sostenía. Su mandíbula desencajada dice todo cuanto hay que decir. Asustado retrocede un paso y se frota los ojos con insistencia. Preguntándose qué rayos ha bebido para ver semejante alucinación. Se pellizca la cara un par de veces y cuando está seguro de que duele y de que sus dedos dejaran una colorada y extraña marca en su mejilla, Norte por fin acepta que Aby está ahí, sentada sobre Pitch, mientras que este le abraza y le mira como si fueran a matarlo de un segundo otro.
—¿A-Aby? —Pitch que apenas puede verle suspira y mira a donde se encuentran los puntos verdes que supone son los ojos de Aby. La remece y la mira, esperando a que ella le dé una señal para asentir o salir corriendo, pero la niña en si no alcanza a pensar en nada cuando ya se ve envuelta por dos brazos más.
Norte no está seguro de si aún está soñando borracho de pena sobre su cama, no sabe si esto es magia de un vodka demasiado añejo o de si el mismo se ha muerto por beber tanto, pero por ahora, todo cuanto puede hacer es abrazar a Aby y a ese idiota de mirada asustada mientras se pregunta cómo diablos va disculparse y en como rayos va a hacer para dejar de llorar. Sus culpas son remitidas a algún lugar lejano a su conciencia y todo cuanto puede hacer se transforma en lágrimas y en balbuceos que ni el mismo logra comprender. Los otros dos encerrados por sus brazos se miran por vez primera en son de pregunta. Pitch es el primero en susurrar lo que Aby teme
—¿Y ahora? —Aby nerviosa mira la mancha borrosa que es Norte y se alza de hombros
—No tengo idea…—El sonido de pasos en dirección a la sala termina por crisparle los nervios. Pitch jalándole un mecho de cabello y a punto de colapsar con su propia bilis vuelve a cuestionarle lo mismo ya totalmente histérico y asustado. Los pasos, se dirigen a ellos.
—¡Aby demonios! ¿¡Y ahora!? — La niña de ojos verdes siente su estómago comprimirse con cada paso que se aproxima al salón y emite una sonrisa torcida e histérica digna de un loco cuando ve la puerta abrirse. ¿Sera verdad eso que dicen de que se está mejor inconsciente? — ¡Aby no jodas y deja de sonreírme así! — Por toda respuesta, Aby aparto a ambos hombres de sí misma, se giró e hizo lo que su cuerpo le gritaba tenía que hacer.
Vomitar.
Irónicamente, mientras manchaba el pulcro camisón blanco y las hermosas baldosas barnizadas de Norte, pensó que incluso de haberlo querido, no habría podido estar más viva que en ese momento. Sintiendo a Pitch detrás de él y sin parar de vomitar, Aby acepto estar de vuelta, algo rota y llena de cicatrices, pero de vuelta.
Mirando de reojo a Norte y a la puerta que se abría, Aby se preguntó muy lejanamente en su conciencia, si había sido buena idea eso de regresar sin sueños. Luego miro a Kopahk, se giró y siguió vomitando con todas sus fuerzas.
Lo peor ya había pasado. ¿No?
—¿¡Aby!?
Quizá no…
CHAN CHAN CHAAAANN. ok no sirvo para esto pero lo intente. Chicos, chicas, y gente bonita que en el fondo quiere matarme o darme un abrazo, LOS EXTRAÑE y espero con el alma que esta actualización les halla llegado a las venas. Quiero que sepan una cosa muy importante, esta historia no ah cambiado su curso en ningun momento, desde que la idee, ah seguido la locura de mi rpimera ensoñacion xD es decir que esto ya estaba planificado hace mas tiempo que matusalem (o como se escriba)
Quiero darles las gracias por todo, me han acompañado, amenazado y querido xD, y yo no puedo estar mas que agradecida. Tambien quiero que sepan que si alguien me queire escribir (review o interno) que no tema que no muerdo!, y que no importa si me escribe mucho, poco, o si me comenta el capitulo uno recien ahora, yo soy feliz!, mis personajes estan vivos porque ustedes los leen!, viven de mi mano pero crecen al lado suyo. Por eso, muchas gracias y espero de corazón que este capitulo les haya gustado. Sino, pues ahi encima les dejo las antorchas para la multitud enardecida xD
ABRAZO ENORME Y NOS LEEMOS EN LOS COMENTARIOS
PD: para los que quieran saber porque me e demorado tanto, anotece aquí xD jajaj, chicos si soy sincera ah sido por salud que me eh demorado tanto, no me estoy muriendo ni nada, pero carajos como me ah jodido la cosa en estos ultimos meses. En fin, LOS EXTRAÑE A MORIR Y ESPERO QUE SE LA PASEN EXCELENTE! QUE TENGAN UN GRAN FIN DE SEMANA!
Noemi cambio y fuera!
