Capitulo 20

Shamal había decidido llevar a Subaru y Erio al hospital para que conocieran al resto de miembros del equipo de su esposa y para que vieran que realmente un humano no era un ser despreciable como les habían dado entender Bardock y los guardias.

-Gracias.-dijo Teanna.

-Un placer, señorita Lanster.-dijo la enfermera.

Sonrió al ver a Teanna levantada ya con sus informes, como siempre aquella joven miraba cada detalle de cada cosa que hacía al fin de encontrar la solución apropiada y ahora, estaba con unos papeles que Shamal consideraba eran tremendamente importantes.

-No has cambiado nada.-murmuro entrando a su cuarto.

La aludida se giro y sonrió abiertamente mirando a la rubia, como esposa de Signum, ella había conocido a cada miembro del equipo y los tenía en alta estima como ellos a ella, por eso cuando Teanna se acercó a ella y la abrazó ella devolvió el abrazo con la misma fuerza.

-Me alegro de que estés bien.-dijo Teanna.-...pensé que no volveríamos a verte.

-Estoy aquí.-aseguró Shamal.-...y no sola.

Teanna miro al lado de Signum donde un joven y una chica estaban parados mirando la escena de las dos mujeres con cierta paz.

-¿Ellos?-pregunto Teanna.

-Están realzados.-admitió Shamal.-...son victimas de Bardock y no quise dejarlos allí.

-Vaya...-dijo ella.-...pues, bienvenidos.

Erio asintió y estrecho la mano con ella, sus ojos eran un mar de fuego tranquilo, esperando secretamente para estallar pero por alguna razón, Teanna no podía identificarlo como una amenaza.

-Erio Mondial.-dijo el chico.-...encantado.

-Teanna Lanster.-dijo ella.-...igualmente.

Una pequeña sonrisa se cruzó entre los dos cuando separaron las manos y Teanna miro a la joven parada a su lado con su mirada azul como el hielo y su cara mezclada entre la inseguridad y algo que Teanna tuvo miedo de identificar.

Aquella mujer le daba escalofríos y no precisamente de miedo, algo incomprensible para ella.

-Subaru Nakajima.-murmullo.

Su voz, la manera de mirarla, todo hizo que la temperatura subiera varios grados auqnue ella pareciera hielo puro.

-Teanna...-susurro ella.

Shamal y Erio se miraron y silenciosamente abandonaron el cuarto incapaces de soportar la tensión que allí se vivía.

-Crees que...-murmuro Shamal.

-O se matan...-dijo Erio.-...o se comen.

Por alguna razón, Shamal estaba totalmente convencida que aquellas miradas no iban a ser precisamente de oído.


Hayate estaba igual de mimada que una niña pequeña, entre Carim cuidándola todo el día, su enfermera personal que se encargaba de recordar sus tratamientos por ella y ahora Nanoha, Lindy y Chrono no era de extrañar que tuviera una sonrisa de oreja a oreja.

-Recuerda que en una hora vendré a cambiarte los vendajes.-dijo la enfermera.

-Si, mama Caro.-dijo Hayate.-...a sus ordenes mama Caro.

Caro sonrió y le golpeo suavemente con su libreta en la cabeza antes de marcharse para dejar a Hayate con su familia y amigos.

-Eres igual de mala que siempre.-murmuro Chrono.

-Y tu eres igual de estirado.-dijo Hayate.

-Querida me alegro de que estés bien.-dijo Lindy abranzandola.-...Fate no hubiera estado contenta si algo te hubiese pasado.

A la mención de su nombre Hayate posó su mirada en Nanoha que intentó sonreirle sin éxito y rápidamente miro a Carim que entendió el mensaje a la perfección.

-Señora Harlaow, Chrono, ¿quieren venir a tomar algo?-pregunto Carim.

-Si, claro.-dijo Lindy.

-Os dejamos solas.-dijo Chrono.

En cuanto la puerta se cerró la mirada de Hayate retorno a Nanoha, esta vez con un gesto serio mientras le palmeaba el lado de la cama para que se sentara, cosa que ella hizo con un leve gesto de malestar.

-Como lo llevas.-dijo Hayate.

-No puedo más...-suspiro Nanoha.-...no hago más que llorar y pedir a dios que Fate-chan este bien, quiero ir a buscarla pero no me dejan y para colmo me he enterado de que mi padre tiene mucho que ver con sus pesadillas.

-¿Que dices?-pregunto Hayate.

-Mi padre fue el guardia encargado de torturarla.-susurro Nanoha.-...no me gusta y sigo enfadada con él pero...es mi padre.

Hayate podía notar su inseguridad, ella misma estaba enfadada con su padre aunque ni siquiera lo conocía aunque intentaba no mostrarlo delante de Nanoha que ya tenía suficiente.

-Y...que vas a hacer.

-A veces quiero huir...-susurro ella.-...de verdad, a veces quiero desaparecer y no volver nunca más pero...

-¿Pero?-pregunto Hayate.

-La amo.-dijo Nanoha.

Fue una verdad tan intima que Hayate sintió algunas lágrimas caer por su rostro, no necesitaba nada más para saber que Nanoha no se echaría para atrás a pesar de su miedo.

-Una cosa rara esto de querer a alguien, ¿eh?-susurro Hayate.

-Ni que lo digas.-murmuro Nanoha.-...¿ y tu? ¿estas bien?

-Preocupada, estresada...-dijo Hayate.-...pero muy feliz de haber salido de aquel infierno, por un momento pensé que no podría.

Nanoha le cogió la mano parte para confortarla y en parte para asegurarse de que ella estaba allí, necesitaba que por lo menos Hayate estuviera con ella para apoyarla en aquel duro momento de lo contrario no pensaba que podría resistirlo.


Momoko Takamachi suspiro de nuevo como lo llevaba haciendo desde aquella mañana, su marido se había marchado esa mañana después de que ella prácticamente lo hubiera echado de allí y ahora no podía evitar el puñal de la culpa atravesándole el corazón.

Me conoces, Momoko, sabes que jamás le haría daño a nadie por elección propia...

Ella lo sabía, ella conocía muy bien con quien se había casado y lo amaba entre otras cosas por su falta de maldad, aunque todo aquello la había superado de una manera que ni ella podía imaginar.

Pero...¿y si no hubiera tenido otra opción? ¿y si de verdad no hubiera tenido otra salida?

¿Que habrías hecho tu en su lugar?

La pregunto atravesó su mente como un relámpago e hizo ver la otra perspectiva de aquel asunto, la perspectiva de Shiro. Si tu familia estaba amenazada por un hombre capaz de crear aquellas situaciones, ¿podrías resistirte a seguir sus ordenes?

-Mama...-escucho a lo lejos.-...¡Mama!

Se giro para observar a Kyouya acercándose a ella con un sobre entre sus manos y la mirada estoica en su cara, era como si lo que iba a darle fuera algo tan importante como la vida misma.

-Es de papa...-susurro Kyouya.

Momoko la agarró con manos temblorosas, había visto muchas películas sobre aquello y no quería conocer lo que la carta decía, si aquello era un adiós o una petición de disculpa ella no quería saberlo.

-No debería...-susurro ella.

-Ábrela...-dijo Kyouya.-...es importante.

Su hijo se marcho dejándola con el sobre en las manos, lo abrió y saco el pequeño papel dentro de el reconociendo la distintiva letra de su marido, la misma que había tenido siempre.

La misma con la que te pidió matrimonio...

Abrió el papel y con un suspiro para darse valor a si misma, comenzó a leer las líneas que Shiro había escrito para ella.

Querida Momoko:

Si estas leyendo esto es que todo a salido completamente a la luz y ya no tengo sitio en tu vida para esconderme en mi miseria...

Lo se, se que soy despreciable y un monstruo, se que te preguntas con que clase de persona te casaste pero déjame decirte algo, Momoko: Yo no quería hacerlo.

Fate era una niña linda, inocente y muy asustada, tanto que mis instintos como padre tomaron el control sobre mi y quise protegerla siendo ese mi peor castigo. Cuando Masaf se entero lo usó contra mi, como castigo porque sabía que no podría sostener una amenaza sobre vosotros y tendría que golpear a aquella pobre niña. Pero déjame decirte Momoko, que cada vez que la golpeaba me sentía horrible, sentía cada golpe como si me lo dieran a mi y todas las noches miraba la foto familiar, recordándome porque debía hacerlo.

Pero ahora es tarde, seguramente me odies y mis hijos no quieran nada conmigo, lo entiendo, yo mismo no quiero nada conmigo desde hace meses, nada va a hacer que aquello se borre, nada...así que solo haré lo único que puedo hacer para no morir de dolor.

Amo a mis hijos, al valiente Kyouya, a la inocente Miyuki a nuestra adorable Nanoha, por favor, no dejes que olviden eso.

Y para ti, mi ángel Momoko, no tengo más que darte las gracias por tu bondad, por recogerme y darme la mejor vida que podía tener, te amo, lo hice desde que me serviste aquella comida hace tantos años y aún hoy lo hago con este corazón que sangra de dolor.

No puedo pedir nada, no se que pasará conmigo una vez que todo termine, solo se que voy a terminar con esto y voy a pelear para hacerlo bien esta vez.

Te amo, Momoko.

Tu marido.

La carta tenía marcas de lágrimas y no solo las que Momoko estaba dejando, seguramente Shiro había dejado sus propias lágrimas escribiendo y ella no tenía ni idea de que hacer con lo que estaba pasando dentro de su cabeza.

Casi antes de saber que estaba haciendo, agarro el teléfono y marco el número que conocía como su propia vida y espero, espero una simple voz.

-¿Momoko?-susurro la voz.

-No te voy a perdonar...-susurro ella.

Escucho un suspiro y pasos, ramas que se rompían y alguna voz distante que no lograba identificar, Shiro estaba lejos, lejos de donde él pertenecía.

-Voy a llevarla de vuelta...-dijo él.-...esta vez no me rendiré cueste lo que cueste.

-Me da igual..-dijo ella.-...no te voy a perdonar.

-Lo se.-dijo él.-...pero voy a hacerlo igual, es un deber personal y algo que quiero hacer por mi mismo.

-Es inútil.-dijo ella perdiendo los nervios poco a poco.-...¡no lo ves! ¡no vas a cambiar nada!

-Te amo...-susurro él.-...cuídate mucho.

La linea murió allí y Momoko sintió que su mundo se hacía muy pequeño, tanto que comenzaba a resultarle difícil respirar mientras se quedaba con el teléfono en su mano, su mirada perdida y la sensación de que todo aquello había terminado para ella.

La pagina de su libro se había cerrado y ella no había logrado dejar clara la moraleja de su negativa a la persona que más le importaba en el mundo.

No te voy a perdonar...pero vuelve, vuelve a casa por favor...