Primera parte del capítulo es M. Aviso.

Tarta de manzana

POV Emma

Fue en esa noche cuando descubrí que Regina era dueña de una compulsión sexual prácticamente incontrolable, y yo también. Tuvimos sexo intenso toda la madrugada. Nos deseábamos la una a la otra como jamás habíamos deseado. Ya fuera por el tiempo en que estuvimos separadas, o por el amor reafirmado. Posiciones nunca antes experimentadas, mi morena susurrando en mi oído sus fantasías sexuales y yo disfrutando todo aquello hasta que me llené de valor para contarle mis ansias, mis deseos. Las realizaríamos todas. Sí, la realizaríamos. Después de que Mills me haya hecho descubrir lo que era un verdadero orgasmo, no estaba dispuesta a dejar de sentirlo tan pronto.

Puedo decir que solo nos quedamos ligeramente traspuestas, pues el cansancio nos sobrevino alrededor de las 6:00 de la mañana. El móvil tocó a las 08:30 y, si no fuera por lo difícil que era encontrar un modelo de aquel color, lo habría estampado contra la pared con todas mis fuerzas-que no eran muchas debido al cansancio provocado por la maratón sexual.

«Amor, levanta» decía Regina con la voz más ronca y llorona anidándose a mi cuerpo

«¡Levántate tú!» respondí somnolienta, acariciándole la espalda.

«Ems, hoy es día de trabajo, ¿lo olvidaste? Prometiste que irías conmigo para tener una conversación con Will»

«¡Lo sé! ¡Joder!» cuidadosamente me solté de sus brazos y me eché de bruces enterrando la cabeza en la almohada «No quiero ser llamada de bollera hija de puta de nuevo» murmuré en un tono casi inaudible

«¿Qué, Swan?» Mills me arrancó la almohada de debajo y me hizo mirar hacia ella

«Ese Will nos llamó bolleras, después, cuando me estaba marchando, dijo que yo era "una bollera hija de puta"» dije imitando su voz «No volví a darle un puñetazo en su nariz porque no iba a contentarme solo con uno. Iba a arruinar aquel bello rostro» reviré los ojos ante mis palabras cargadas de desdén «Hija de puta, bien, pero ¿bollera? No, mírame y dime que soy eso» Regina estaba aguantando la risa. Aguantaba la respiración y se mordía el labio. Parecía que iba a explotar en cualquier momento «¿Qué ocurre? ¿Por qué me miras así?»

Mi morena no aguantó y comenzó a reírse sin control. Debería enfadarme, pero en vez de eso, aquella deliciosa carcajada se me pegó.

«¡Siempre haciendo gracias! ¡Ay, Dios…!» ella intentaba controlar la respiración mientras se sentaba en la cama aún con los último resquicios de la risa «Mi amor, él no debería haber dicho eso, y acabo de incluir un argumento más en la pedida de disculpa que tiene que hacer. Abomino de la forma peyorativa con que emplean esos términos»

«¿Entonces? No entiendo tu risa» dije en tono sarcástico fingiendo que me había enfadado

Mills se levantó lentamente, estirándose, sonriendo al mirarme. Extendió sus manos señalándome que se las cogiese.

«Lo resolveremos. ¿Por qué no dejas de remolonear y te levantas? Llegaremos a la hora del almuerzo si de ti depende…»

«Ni iríamos hoy si dependiese de mí…» dije atrayéndola nuevamente a la cama «Hemos tenido una noche tan placentera, pasamos tanto tiempo con las incertidumbres rodeándonos, y ahora que estamos aquí, en sintonía, ¿por qué no aprovechamos para enamorar un poco, para estar juntas, sintiendo la presencia de la otra?» jugueteé rozando mi nariz en la de ella «No es que esté huyendo. Sé que piensas que es eso, pero no. Perdóname. No me cayó bien, no me dio buena espina y en realidad ni ese es el motivo para querer que nos quedemos un poco más»

«Cariño…» ella agarró mi rostro entre sus manos y me dio un demorado beso «Entiendo tus restricciones. Lo entiendo de verdad, solo que tenemos una visión diferente de cómo pueden continuar las cosas. Tal vez yo esté equivocada, o quizás tú. ¿Puedes solamente bajar un poco la guardia para intentar resolver esta situación? Si durante la conversación, veo que no va a funcionar, doy todo por concluido, lo despido de una vez y seguimos con lo nuestro. ¿Qué te parece?» me encogí de hombros y suspiré «¿Qué ocurre? ¿Hum?» me hizo mirar a sus ojos «¿Cuál es el motivo?»

«No sé. ¡El futuro es tan incierto! Nunca sabemos qué sucederá o cuándo sucederá algo que nos desvíe de nuestros planes. Me he despertado insegura, ¡perdóname! Debe ser mi maldita TPM. Solo siento que quiero que nos quedemos un poco más disfrutando de esta agradable pereza» le di un beso calmo, apasionado «¿Podemos? ¿Por favor? Después haz lo que quieras» Regina me miraba serena y suspiró al escuchar mi petición

«Está bien. Nos quedaremos en casa, pero no en la cama. Tenemos que comer. Haré algo para desayunar» dijo ya apartándose, pero la atraje de vuelta

«¿Un último deseo?» pregunté intentando persuadirla con mi tono más dulce

«¿Qué más quieres, Swan?» Mills inclinó la cabeza hacia un lado, mirándome con semblante serio «¡Una parte de la mañana, no todo el día!» ya me advertía

«¡No es nada de eso! ¿Te acuerdas de que me prometiste una tarta de manzana cuando estuvieras totalmente recuperada?» me arrodillé en la cama y le distribuí besos a lo largo de su cuello «Entonces, creo que estás más que recuperada» rocé mis pechos en los de ella para provocar «¿La puedes hacer hoy? Querría tanto una tarta de ese…fruto» sonreí maliciosa al recordar la mención que ya había hecho respecto a su fruto prohibido.

Sin decir una palabra, la morena me lanzó una mirada desconfiada antes de levantarse, consiguiendo soltarse de mis brazos. Se puso una bata, y antes de salir, se giró hacia mí.

«Relájate tomando un baño. Tardo una hora en preparar la tarta. Te espero con la mesa puesta»

Mi novia no esperó la respuesta. Sonreí moviendo la cabeza y me estiré en la cama. Realmente necesitaba un baño, pues me sentía extremadamente cansada…¡deliciosamente cansada!

Antes de levantarme, escuché el ruido de la ducha del baño de invitados. No entendí por qué Mills no se había quedado en el cuarto. ¿Se habría enfadado por pedirle que no nos marcháramos? Vaya, pensé que había conseguido explicarle con claridad y haberle hecho entender que solo quería más cercanía entre nosotras. Resoplé frustrada y fui a hacer lo mismo que la morena en la estancia de al lado. ¡Dios! ¡Qué bueno era esto! El agua templada revigorizó mi cuerpo. Cerré la ducha, me enrollé en una toalla y no me preocupé en ponerme ropa adecuada. Cualquier cosa estaría bien para pasar la mañana sin hacer nada. Y por lo que se veía, era nada de nada.

POV Regina

Sentí que se me encogía el corazón al escuchar a Emma hablar de aquella manera. Después del incidente conmigo, nada más pasó, y aún no sabía si podía tomarlo como alivio o temer por ello. Habían sido años imaginando que había finalmente encontrado la paz y, de repente, el tormento estaba otra vez presente en mi vida. Toda aquella angustia, todo aquel miedo de lo que podía suceder vino con más fuerza, pues ahora ya no estaba sola. Lo correcto sería apartarme, huir, como siempre he hecho. Debería velar por la seguridad de mi rubia estando lo más lejos posible de ella. Sin embargo, estaba demasiado agotada para eso, además de que amaba a Swan hasta el punto de que mi egoísmo no permitía una separación. ¡Cómo me odiaba por eso! Nunca me perdonaría si algo malo le sucediese, pero tampoco me perdonaría verla sufrir con una ruptura por mi culpa. Supuse que la aflicción que subrepticiamente me explicó cuando me pidió que nos quedáramos era una especie de premonición y eso me derrumbó. Pensé en contarle la verdad, en arriesgarme a perderla por la honestidad, pero eliminaría ese peso de mis hombros y de mi conciencia. Pero algo tan delicado no podía ser revelado de cualquier manera. Se lo contaría. Éramos novias y, ¡Dios, cómo quería que un día pudiéramos ser más que eso! Con certeza precisaría de SU ayuda, precisaría de la ayuda divina para anular mi pasado de una vez y poder seguir adelante con mi rubia.

Decidí abstraerme, por lo menos por ahora. Resolvería aquella situación cuanto antes, pero no sufriría por anticipación. De cierto modo, Emma tenía razón. Estamos viviendo un clima tan delicioso que no podría arruinarlo. Cualquier momento a su lado era mágico y haría que esta mañana también lo fuese.

Tomé una ducha en el otro baño para provocarla. Sabía que a mi novia no le iba a gustar mi iniciativa. Sonreí ante mis pensamientos libidinosos, pensando en qué haría bajo la ducha estando frustrada. Tras ponerme la crema hidratante, me puse solo una braguitas rojas y una bata azul claro. Puse una playlist en modo aleatorio y me fui a preparar la tarta que me había pedido. Receta de familia. Me estremecí al acordarme de mi madre. Sacudí la cabeza para borrar esos pensamientos y me puse a trabajar en el pedido de la rubia. Decidí hacer también un matcha, té verde japonés con bastante clorofila, extremadamente sabroso, perfecto para acompañar la tarta de manzana. Organicé la mesa para el desayuno, la cocina y, cuando terminé de sacar nuestro desayuno del horno y alcé la vista, Swan hizo su aparición en la sala. "¡Joder!", pensé. La hija de su madre estaba vestida solo con una camisilla blanca de tejido fino, casi transparente, que revelaba una supuesta excitación ante sus pezones erectos, y unos slips del mismo color. Mi pecho subió y bajo, y mi vagina se contrajo instintivamente. La miré con un deseo animal por poseer su cuerpo. No sé si a propósito, para enloquecerme aún más, ella recogió sus cabellos en una cola de caballo mientras me miraba a su vez.

«¿Está lista?» preguntó Emma con un tono cargado de interés

No respondí. La música de ritmo envolvente hacía que la tensión corriera por mis venas y que todo el vello de mi cuerpo se erizase. Sonreí ladeadamente y me mordí el labio inferior, a la vez que hice señal con el dedo índice derecho para que ella se acercase. Desvié mis ojos del verde de los de ella, solo en el momento en que, lentamente, metí el dedo corazón derecho en el centro de la tarta, sacando un poco del relleno. Me lo llevé a mi boca y lo lamí suavemente, pasando la punta de la lengua por mis labios, siempre manteniendo el contacto visual, fijo y voraz.

«¡Sabroso!» dije con un tono cargado de sensualidad, sonriendo maliciosamente. Percibí la excitación de mi novia y decidí provocarla un poco más «Me dijiste una vez…» metí de nuevo el dedo en el mismo lugar y cogí un poco más de rellano, caminé ávidamente en su dirección, haciendo que se pegara a la mesa «…que habías probado mi fruto prohibido y que era extremadamente delicioso» pegué mi cuerpo al de ella y solté una pequeña carcajada al notar sorpresa y cierto nerviosismo en Emma «Pues ahora…» unté sus labios con el dulce de manzana y pasé mi lengua entre ellos «…vas a probar mi fruto de otra forma» me acerqué a su oído y le susurré «¿Está preparada, miss Swan?»

La rubia hizo un gesto, intentó hablar, pero se perdió totalmente cuando me aparté y fui desabotonando mi bata de forma torturadora, moviendo mi pelvis al son de la música que sonaba. No me quité la prenda, solo la abrí para que ella pudiera tener la visión de mis senos expuestos. Emma miró directamente hacia ellos y se humedeció los labios, lo que me instigó a continuar. Inesperadamente, me acerqué y la agarré por la cintura y, en un impulso, tras tirar la loza al suelo, la hice sentarse en la mesa. Pasé las manos por sus costillas, subí hasta su nuca con la mano izquierda, tirando de sus cabellos, haciendo que su cabeza se inclinara hacia atrás para poder tener una hermosa visión de su cuello. Con la mano derecha, apreté un pecho y al mismo instante ella soltó un agudo gemido. Comencé con mis ataques a la piel blanca de sus hombros dándole leves mordiscos, haciendo un camino hasta su oreja.

«¿Me excitas mucho, sabías?» dije bajo a su oído mientras acariciaba y apretaba sus fuertes brazos.

Miré aquellos pechos empinados, tan tentadores. Le quité su camiseta con prisa y me los llevé, hambrienta, a la boca, yendo de uno a otro, entre mordiscos y lamidas. Emma se retorcía y gemía descontroladamente. Fui bajando la punta de mi lengua por su abdomen hasta llegar al borde su slip. Vi una pequeña mancha en la tela y sonreí al identificar que era resultado de su excitación.

«Mojadita…» dije entre sonrisa y sonrisa, mientras le quitaba la única pieza que me impedía admirar su cuerpo completamente desnudo.

Me aparté lentamente y me dirigí hacia la tarta, esta vez usé el índice y el corazón para coger un poco de relleno. Volvía a acercarme a la rubia y dije con mi boca pegada a la de ella

«Me excitaste. Ahora voy a follarte hasta que me implores que pare»

«Regi…»

Me arrodillé entre sus piernas y las abrí lo máximo que pude. Me mordí el labio ante la maravillosa visión de aquella vagina encharcada. Pasé los dedos con el dulce de manzana por toda la extensión de aquel coño. Miré hacia arriba y ella me miraba jadeante, suplicante, hermosa…Di una lametón preciso, de abajo hacia arriba, haciéndola gritar

«Ohhhhhh….»

Aquello era música para mis oídos. Comencé a chupar su clítoris con avidez y puede sentir cómo se tensaba y latía. La rubia se movía y entrelazaba sus dedos en mis cabellos presionando mi cabeza contra ella.

«Por favor…hummmm….»

Sonreí y jugueteé con mi lengua en su entrada. Me paraba de vez en cuando para llevarme a la boca toda su vagina y restregar mi cara en ella. De repente, interrumpí mis movimientos y me puse de pie, la agarré por la cintura con una mano y le di un ardiente beso, a la vez que con dos dedos de la otra, la penetraba tan profunda e inesperadamente que ella se quedó sin respiración

«Reginaaaaa….»

No perdí tiempo en responder, solo comencé con estocadas lentas, pero fuertes, profundas. Yo estaba sedienta. Quería poseerla. Quería aquella mujer llegando al clímax, mientras gemía mi nombre. Ella arañaba mi espalda con tanta fuerza que ardía. Aumenté la velocidad gradualmente en el mismo momento en que chupé con deseo su pecho derecho, apretándolo. Sabía que aquello dejaría marcas, pero poco me importaba. Yo la quería. Yo la tendría. Hice lo mismo con el otro con una intensidad alucinante, así como el vaivén de mis dedos en su interior. Introduje uno más, haciendo movimientos circulares, tocando las paredes de aquella sabrosa vagina. ¡Joder! Yo estaba tan mojada que sería capaz de correrme en aquel momento solo con observar a Emma toda entregada, toda mía. Cuando más gemía ella, más chupaba yo sus pechos y la follaba rápido.

«Regin….ahhhhhhh….»

Mi novia contrajo su cuerpo, cerró los ojos e inclinó su cabeza hacia atrás debido al orgasmo que le había golpeado de forma intensa. A casusa de los espasmos involuntarios, su rodilla presionó mi vagina por encima de mis bragas y me hizo gemir alto por el contacto. Comencé a moverme como si estuviese siendo follada y en pocos minutos también acabé corriéndome. Mi cuerpo se relajó, pero yo aún no había sacado los dedos de la vagina de la rubia. Entonces, miré hacia ella, y la vi perdida en la sensación del post orgasmo, y lentamente reinicié de forma muy delicada las estocadas, pero que la hicieron despertar de su trance.

«Mi amor, yo…»

«¿Qué ocurre, Swan? ¿Ya me vas a implorar para que pare de follarte?»

Repentinamente, dejé de penetrarla y la bajé de la mesa, colocándola de espaldas. Pasé un brazo por su cintura y empecé a masajear su clítoris con movimientos circulares, a la vez que me masturbaba restregando mi vagina en su trasero. Comencé a follarla con tres dedos, pero deseaba un poco más de aquello. Pasé mi lengua por su ano para estimularlo y, delicadamente, la penetré por allí también. Hubo un retroceso, casi una protesta por parte de la rubia, que pronto fue cediendo al sentir las ganas que yo tenía de correrme así y lo placentero que era. Emma y yo uníamos nuestros gemidos y respiraciones entrecortadas. Nos corrimos casi al mismo tiempo. Retiré mis dedos lentamente y la giré, para estar frente a frente.

«Lame…» dije con una sonrisa maliciosa en los labios.

Mi rubia atendió rápidamente mi orden. En cuanto terminó, volví a agacharme, bajo sus protestas

«Regina, no voy a aguantar…»

Me reí al ver sus piernas temblorosas y el sudor recorriendo su cuerpo.

«Relaja. Solo voy a limpiar el estropicio que he hecho»

Tras decir eso, la lamí con frenesí y succioné todo el cálido líquido que corría entre sus piernas. No me demoré. Decidí dejar que Emma recuperase el aliento y las fuerzas. De pie, agarrando mi cintura, le di un lascivo beso, jugueteando con mi lengua dentro de su boca.

«¡Joder! Esto ha sido…surreal» decía ella con los ojos cerrados

«¿Eres muy sabrosa, sabías?» dije dándole un piquito en sus labios

«¿Yo? ¡Tú lo eres!» Swan replicó dándome también unos besos

«¿Qué tal si vamos a darnos un baño y a comer…» enfaticé la palabra «…la tarta de forma convencional?»

La rubia soltó la carcajada más deliciosa del mundo mientras me envolvía en sus brazos.

«Quizás prefiera la forma no convencional, mi amor»

Reímos juntas mientras caminábamos hacia el baño. Yo estaba en las nubes. Cada día que pasaba, descubríamos un sintonía aún mayor, algo más en común y estábamos creando un mundo nuestro, nuevo para ambas, pero hermoso. Hermoso con este naciente amor.

POV Emma

Cada día Regina me sorprendía más. No solo con relación a su desenvoltura sexual, sino con relación a cómo nuestra relación iba madurando. El cuidado con que nos tratábamos la una a la otra, el cariño, la complicidad. Los días pasaban amenos, alegres. Finalmente encontramos la paz que necesitábamos. Mi morena estaba feliz, yo estaba feliz.

Tomamos nuestro baño y fuimos a comer. Ya no podía enredar ni quejarme más. Mills había cedido a mis caprichos, ahora tendría que cumplir con mi parte del trato. Nos cambiamos y la llevé al Jeunet.

Al entrar al local, nos encontramos con Will y Leroy conversando, cada uno en un lado del mostrador. Regina percibió mi revirar de ojos, pero no me importó. Lo planeado era que tendría una conversación con ella y con el chico, y no que tuviera que ser simpática y amable.

«¡Buenos días!» Mills se mostraba cordial «¿Cómo están?»

«¡Buenos días» respondieron casi a la vez

«Voy a ver cómo están la cosas en la cocina y ya vuelvo» la morena dijo dando la vuelta y entrando por la portezuela.

El clima no era de los mejores. Will me miraba de arriba abajo, y yo le devolvía su mirada con la misma intensidad, mientras Leroy intentaba desviar el foco de aquel posible conflicto soltando comentarios aleatorios sobre asuntos que a ninguna nos importaba. Decidí no enfadar a mi novia antes de tiempo y me dirigí al otro salón, y me senté en una mesa apartada.

No pasó mucho tiempo antes de que viera a Regina y al muchacho caminando hacia mí. Me coloqué mejor cuando ambos se sentaron frente a mí. La morena carraspeó antes de comenzar a hablar.

«Will, nosotras ya hemos tenido esta conversación previamente y me gustaría que me explicase, su versión, del incidente que hubo entre usted y mi novia» sonreí al notar que ella enfatizo la última palabra.

«Bueno, señora Regina, yo estaba nervioso por culpa de algunos problemas personales y acabé desahogándome con un cliente que estaba quejándose del café. La señora Emma llegó, intentó resolver el problema y acabé enfureciéndome más. Fue todo culpa mía. No debería haber actuado de aquella forma. Yo…querría pedir perdón»

Me quedé boquiabierta ante la desfachatez de aquel infeliz. Era evidente que estaba jugando con nosotras. Solo que no sabía si Regina se estaba dando cuenta al igual que yo.

«Emma…» ella llamó mi atención «¿Qué tienes que decir? El muchacho está pidiendo disculpas»

«No lo creo» dije secamente

«¡Emma!» Mills me reprendió

«Escucha Will…» lo miré a los ojos «¿crees que me voy a tragar que estás arrepentido? ¿Dónde está toda esa soberbia que querías tirar encima de mí? ¿La perdiste ahora que estás delante de la dueña del local? ¿Por qué no repites delante de ella lo qué piensas que somos?» yo estaba furiosa

«Señora Emma…me…me…» el muchacho tartamudeaba «Perdóneme, por favor. Le he dicho que estaba nervioso por algunos problemas y no conseguí controlar mi rabia. Le prometo que eso nunca se volverá a repetir» su tono era lloroso

«Swan…»

Era evidente que Regina ya tenía una opinión formada y que mi presencia allí no iba a cambiar nada, a no ser obligar al muchacho a disculparse. Tendría que darme por vencida tarde o temprano y pelear no adelantaría nada.

«Está bien. Disculpas aceptadas» me levanté y le di un beso en la cabeza a mi novia, y le dije «Te busco cuando acabes de trabajar» volví mi atención a Will «Y tú…mira a ver si no montas ningún embrollo»

Cuando llegué al salón principal, antes de cruzar la puerta, observé por algunos instantes a Leroy detrás del mostrador, cerca de la caja. Me saludo con un asentimiento de cabeza y yo forcé una sonrisa. Me molestaba verlo allí y, no sé por qué desconfiaba cada vez más de que algo no olía bien con él.

Salí de la cafetería pensativa. ¿Y cuál era el refugio en esos momentos de duda? El lugar donde mi mejor amigo estuviera. Cogí el móvil y llamé a Graham.

«¿Hola, Graham?»

«¡Al habla, rubia! ¿Todo bien?»

«¡Todo genial! Tú no lo pareces. ¿Qué ocurre?»

«Algo de fiebre, dolor en el cuerpo. Creo que estoy incubando una gripe»

«¿Entonces estás en casa?»

«Aham, ¿Por qué?»

«Sobre aquel asunto del trabajador de Regina del que desconfío…¿has tenido alguna idea para ayudarla sin tener que comentárselo de momento?»

«Oh, sí. Lo tengo dentro de mi bolsa. ¿Puedes venir hasta acá?»

«¡Claro! En veinte minutos llego»

Así hice. Llegué en el tiempo previsto y, antes de tocar al timbre, la puerta se abrió

«¡Ah, hola Ems!» Ruby estaba saliendo «¿Has venido a cuidar a este insoportable?» reímos

«He venido a hacerle una visita. Cuidarlo es tu tarea ahora. Ya son suficientes todos los años que aguanté su antipatía cuando se enfermaba»

«Ni un niño es tan testarudo» ella resopló sonriendo «Entra, y por el amor de Dios, haz que coma algo. Ciao»

«Ciao, pelirroja»

Cerré la puerta y caminé hasta el sofá en que mi amigo estaba echado bajo mantas.

«Hola, rubia» me saludó desanimado

Me asusté ante sus profundas ojeras, su rostro enrojecido y su semblante que se asemejaba al de una persona a orillas de la muerte.

«¡Vaya! ¡Estás horrible!» dije haciendo una mueca

«Gracias por animarme. Yo también te quiero, judiíta. Estoy partiendo a un sitio mejor. Ven aquí a darme una abrazo de despedida»

«Ay, Graham, por favor. ¡Idiota! En primer lugar, quiero una mascarilla y no me acercaré a ti porque no pretendo coger esa "cosa" que tienes. En segundo lugar…» le quité las sábanas y edredones que lo cubrían, bajo sus protestas «¡Deja se quejarte que así no vas a mejorar nunca!» abrí las cortinas y dejé la ventana un poco entreabierta «Ruby me ha pedido que te hiciera comer algo. Voy a prepararte un jugo de naranja y una ensalada de frutas»

«¡No tengo hambre!»

«¿Me has escuchado preguntarte si tenías hambre o no?» me acerqué un poco a él «¿Ves esta mano?» levanté la derecha «Te la meteré por la garganta a la fuerza si no comes por voluntad propia»

«¡Opa!» Graham se sentaba con dificultad en el sofá «¿Qué ha pasado para que se despierte tu lado agresivo? ¿Más problemas con Regina?»

«No directamente, quiero decir, sí. ¡Ah, no sé!» dije en tono más alto mientras me dirigí a la cocina a preparar la comida

«¡Bella respuesta!» reímos

«¡Es lo que mejor sé hacer: dar respuestas precisas!»

Hice la ensalada de frutas sin azúcar, un jugo natural, una rodaja de pan con queso ricota y se lo llevé a Graham en una bandeja.

«¿Crees que con el dolor de garganta que tengo voy a poder comerme esto?» reclamaba mi amigo mientras tragaba un sorbo del jugo

«¿Es para esto que pago impuestos? ¿Para que Nueva York contrate a un policía que se comporta como un niño cuando está enfermo? ¡Ah, ahorrármelo! Ya basta con aquella vez que te rasguñaste la rodilla en el colegio e hiciste que tu padre te cargara en peso hasta tu casa»

«Cierra la boca, Swan. Al igual que no preguntaste si tenía hambre, no te he preguntado nada de mi pasado» Graham fingió estar enfadado, pero después comenzó a reírse «Entonces, Ems, sobre Regina…coge aquella carpeta verde que está encima de la mesa»

Hice lo que pidió. Al abrirla, casi entré en un estado de shock.

«Pero…»

«Pues sí. Ese trabajador suyo, Leroy, en realidad se llama Richard. Estuvo en prisión por estafa»

«¿Cómo es que Regina no sabe esto? Una vez me dijo que es rigurosa en sus contrataciones y parece que lleva trabajando ahí desde que ella inauguró el Jeunet»

«No me sorprende que tu novia no sepa nada. Le había pedido a un colega que comprobara los antecedentes, y no encontró nada, pero como sabes que cuando tenemos un presentimiento, normalmente estamos en lo cierto, profundicé más en la cuestión. La información fue retirada del sistema por un motivo que aún no he descubierto. Sin embargo, los archivos aparecieron mágicamente en mis manos»

«¡Venga ya!» afirmé colocando una cucharada de la ensalada en su boca

«Sí, venga ya. ¿Te acuerdas de Kristoff?» moví la cabeza afirmativamente «Me ayudó a encontrar a un tipo en Washington, donde pasó todo»

«¡Coincidencia!» coloqué el bol de la ensalada en la mesa y cogí la carpeta, y la hojeé de nuevo «Regina es de Washington»

«¿De verdad? ¿Será una coincidencia?» el moribundo me miraba con aquellos ojos enrojecidos y caídos «¿Qué harás ahora?»

«No lo sé. Estamos tan bien, Grah. Siento que si comento este asunto con Regina, todo va a acabar mal. Quizás espere un poco más. Voy a ir todos los días a la cafetería, como hacía antes y con la vuelta de ella, será más fácil mantenerlo vigilado hasta que decida cómo proceder»

«Cuando consiga salir de aquí, te ayudaré»

«¿Quieres saber? ¡Vas a salir ahora! ¡Vamos a tomar un baño para bajar esa fiebre!» lo agarré por el brazo y lo ayudé a levantarse

«No, judiíta»

«Deja ya lo de judiíta. ¡Y trata de enderezar ese cuerpo! ¡Venga!»

Lo ayudé a caminar hasta el baño para que tomara una buena ducha de agua templada para que mejorara su ánimo. Volví a la sala y recogí el estropicio que había allí. Al terminar, me senté en el sofá y me quedé mirando aquella maldita carpeta. ¿Por qué mi instinto me decía que había algo malo con Leory, con Will? ¿Y la mirada de Graham cuando dije que era coincidencia que él y Regina ya hubieran estado antes en la misma ciudad? Recliné mi cabeza en el respaldo del sofá y cerré los ojos

«¡Por favor, Dios mío! ¡Qué no venga otra tempestad en nuestras vidas!»