Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación.

El anteúltimo capitulo!


- Capítulo 20 -

Sakura no volvió a hablar con Tsunade durante un tiempo porque en los días que siguieron estuvo tan ocupada que no pudo siquiera pensar en otra cosa. Sobreviviría con poco más de cuatro horas de descanso por noche y le alegraba que, poco a poco, Hanabi hubiera empezado a tomar a su cargo el cuidado de Sasuke durante el día. Sakura no sabía si sentirse agradecida o triste por el he cho de que su hijo tomara tan bien que una persona que no era su madre lo bañara y le leyera cuentos por la no che. Ella ni siquiera había tenido tiempo para sentarse con Sasuke y oír qué tenía que decir él acerca de pasar tanto tiempo lejos de su madre.

De alguna manera, Sakura no sabía bien cuándo ni exactamente cómo Hanabi se había mudado a la casa de Salma. ¿Por qué no?, pensó Sakura. Entre ella e Itachi no ocurría nada significativo.

Cuando hacía apenas dos días que Sakura estaba en Konoha, Hinata Hyuga dio a luz una niña y, en el curso de dos semanas, había organizado tan bien las cosas en su casa que su hijita solo se despertaba una vez por noche para alimentarse (tarea de la que se ocupaba Naruto), de modo que Hinata colaboraba con Itachi en los preparativos para la inauguración de la biblioteca.

—Te amo —le dijo Itachi una vez después de que ella le leyó una lista de las cosas que había hecho y las que se estaban haciendo.

— ¡Caramba! —dijo Hinata, pero todos vieron que el cumplido la halagaba. Llevaba un traje Chanel blanco y, cruzado sobre el pecho, tenía un chal que tenía que haber sido hecho en África. Dentro, su hijita recién nacida dormía plácidamente.

Cuando Hinata volvió a trabajar, Hanabi se mudó a la casa con Sakura, Itachi y Sasuke y comenzó a cuidar del pequeño. Por ese entonces, Sakura había superado sus celos y solo sentía gratitud. Cada mañana, Hanabi se aseguraba de que Sasuke comiera lo que Chouji le había preparado especialmente; después llevaba al muchachito a la biblioteca. Y, cada mañana, Sasuke sacaba la llave de su bolsillo e iniciaba la ceremonia de abrir la puerta de la Sala Konoha y desaparecía en su interior por el resto del día.

Sin embargo, Sakura tuvo un ataque de furia cuando Chouji se presentó una vez en la biblioteca, y Sasuke lo invitó a entrar. Treinta minutos después el cocinero salió con expresión de asombro en los ojos, pero con los labios sellados.

— ¿El padre del chico también pintaba?

—No lo sé —contestó Sakura—. ¿Por qué?

—Sasuke tiene una dosis doble de talento, y me preguntaba de dónde le venía. ¿Puedo estar aquí cuando el presidente vea ese cuarto?

— ¿Olvidas que tú deberás ocuparte de la preparación de la comida en esa ocasión? —gritó Itachi desde los andamios en los que estaba apoyado de espaldas para pintar el cielo raso.

—Así es —dijo Chouji. Y se acercó un poco a Sakura para susurrarle—: ¿Cuánto hace que está de tan mal humor?

—Desde 1972 —respondió ella sin vacilar.

Chouji asintió y se fue.

Ya bien entrada la tercera semana, Sakura comenzó a entender qué estaba sucediendo entre Itachi y ella. Le había llevado todo ese tiempo no seguir enojada por el hecho de que su hijo no le prestara atención y, por otro lado, estaba tan ocupada con la pintura que no tenía tiempo de mirar y escuchar.

Pero durante la tercera semana ya todos habían entrado en la rutina de modo que Sakura comenzó a percatarse de ciertos detalles. Ella no era la única que había cambiado. Itachi también estaba cambiado, pero, en opinión de Sakura, él no lo sabía. A medida que fueron pasando los días, cada una de las objeciones de Itachi se fueron desvaneciendo.

La primera vez que sucedió, ella no le prestó demasiada atención. Un chiquillo de alrededor de ocho años entró en la biblioteca de puntillas y le entregó a Itachi un trozo de papel. Itachi le puso varias marcas a ese papel y le dijo algunas palabras al pequeño, que se fue de la biblioteca con una sonrisa de oreja a oreja.

Al día siguiente, la escena se repitió, y después al otro. Cada vez era un chico diferente, a veces dos chicos; en ocasiones eran tres los que interrumpían a Itachi mientras pintaba.

Cierta tarde un muchacho alto de alrededor de dieciséis años entró, puso un papel debajo de la nariz de Itachi y se quedó allí parado con una expresión de desafío en el rostro. Itachi limpió su pincel y después entró con él en su oficina y se quedó allí dentro con él duran te más de una hora.

Si Sakura no hubiera estado ocupadísima pintando, habría sentido un poco de curiosidad por lo que estaba sucediendo, pero tenía demasiado trabajo entre manos como para pensar en nada que no fuera pintar los murales.

Los bocetos habían sido transferidos a las paredes y lo único que faltaba eran varios días de trabajo de relleno. Ella estaba sentada con Hanabi y Sasuke, comiendo la ensalada de pasta y las tartas de cangrejo que Chouji había preparado para el almuerzo; entonces dos chiquillas entraron con papeles y se los dieron a Itachi

— ¿Qué está haciendo Itachi? —preguntó Sakura.

—La tarea escolar —respondió Hanabi.

— ¿Qué quieres decir?

Hanabi esperó hasta haber terminado de masticar. —Él es el Señor Tarea Escolar. Echa una mano a los chicos con los deberes de la escuela.

—Bromeas.

—Creo que todo empezó como una broma. En la clínica veterinaria. No, en la barbería. Sí, fue allí. Un sábado los hombres no tenían nada que hacer, así que empezaron a quejarse de que no entendían la tarea que les daban a sus hijos en la escuela, y alguien dijo que si Itachi realmente quería ayudar a la gente de Konoha, debía conseguir que los chicos fueran más aplicados.

— ¿Y? —preguntó Sakura y miró a Hanabi con los ojos entrecerrados—. ¿Cómo podía Itachi conseguir eso?

—No lo sé, pero la junta de educación dice que ahora nuestros chicos son mucho más trabajadores.

Sakura tenía ganas de hacer más preguntas, porque no entendía nada de lo que Hanabi acababa de decirle, pero tuvo la sensación de que no conseguiría mucha más información con esa conversación. Se dirigió entonces a su hijo.

— ¿Cómo te va allí dentro? ¿Puedo ver lo que estás pintando?

Sasuke tenía la boca llena, pero sonrió y sacudió la cabeza.

—Por favor —pidió Sakura—. ¿No me dejas aunque sea espiar un poco?

Riendo entre dientes, Sasuke siguió negando con la cabeza. Ese diálogo se repetía a diario, y Sakura no hacía más que pensar en promesas y métodos de persuasión para tratar de que Sasuke la dejara entrar en el cuarto. Pero su hijo no cedió.

Al día siguiente, cuando Naruto se presentó en la biblioteca para ver cómo avanzaban los murales, Sakura logró arrinconarlo y preguntarle:

— ¿Qué es todo eso del Señor Tarea Escolar que me han dicho?

— ¿Tsunade no te lo contó? —Preguntó Naruto—. Pensé que te lo diría todo, dattebayo.

—En realidad, comienzo a pensar que nadie me ha dicho nada.

—Sé bien lo que es eso. Mi hermano tiene la puerta abierta para cualquier chico de Konoha que necesite ayuda con sus deberes.

Cuando Sakura lo miró, Naruto continuó:

—Todo empezó como una broma. La gente de Konoha desconfiaba de los motivos que tenía Itachi para ayudar a remodelar el pueblo, y...

— ¿Por qué? Él nació aquí.

Naruto tardó un momento en contestar.

—Creo que eso deberías preguntárselo a Itachi. Di gamos que les preocupaba un poco la posibilidad de que sus motivaciones fueran algo retorcidas y...

—Chismes en la barbería. —Naruto sonrió.

—Exactamente. Dijeron que si Itachi quería hacer algo bueno, podía ayudar a sus hijos con las tareas es colares.

— ¿Y?

—Y lo hizo.

Sakura miró a Naruto.

— ¿Qué es lo que me estás ocultando?

— ¿Puedes creerlo? Itachi hizo que Hinata revisara las notas que recibían los chicos de Konoha; te ase guro que eran espantosas. Un pueblo con tanta gente sin trabajo como Konoha cena todas las noches con depresión. Itachi sabía que no serviría de nada decirles a los padres que eran ellos los que debían ayudar a sus hijos con las tareas, así que contrató tutores.

Naruto giró la cabeza y miró las anchas espaldas de su hermano que, en ese momento, ayudaba a Pain con una pintura.

—Pero mi hermano no contrató a profesores titula dos, sino a una serie de personas sin trabajo: actores, bailarines, escritores, capitanes de barco jubilados, médicos y... —Hizo una pausa y le sonrió a Sakura—. Itachi contrató a mucha gente con muchos conocimientos y que deseaban compartirlos. Vinieron aquí y trabajaron en las escuelas durante tres meses. Y, después, unas cuantas de esas personas decidieron quedarse aquí.

Sakura quedó callada un momento, asimilando toda esa información.

— ¿Y él mismo ayuda a los chicos con sus deberes?

—Sí, Itachi dijo que yo le había dado la idea. Yo le había dicho que había «otros chicos». —Naruto bajó la voz—. Me refería a que había otros chicos aparte de Sasuke.

—Entiendo —dijo Sakura, aunque no estaba muy se gura de entender.

Después de esa conversación decidió observar a Itachi con más atención. A lo largo de los dos últimos años, cuando estaba en Nueva York y trataba de abrir se camino, se había formado una imagen mental de ese hombre. Había leído todos los artículos referentes a su filantropía y aplicó ese hecho a su propia situación, es decir, a todo el dinero que Itachi había gastado en ella y en su hijo. Y llegó a la conclusión de que Itachi y su dinero eran una y la misma cosa.

Pero dar dinero y darse uno mismo para ayudar a los chicos a entender cuentas complicadas eran dos cosas totalmente diferentes.

Después de su conversación con Naruto, Sakura dejó de tratar de seducir a Itachi. En cambio, intentó verlo como realmente era y no como ella pensaba que era sobre la base de unos pocos artículos que había leído y de lo que ella había dado por sentado. Y, en secreto, comenzó a observarlo.

En primer lugar, se quejaba constantemente de lo mucho que iba a costarle todo, pero ella nunca lo vio dejar de pagar ninguna cuenta. Al revisar algunos papeles que él había dejado por ahí, Sakura descubrió que era dueño de la compañía hipotecaria local y que había otorgado préstamos a bajo interés a la mayor parte de los hombres de negocios y a varias granjas de los alrededores.

Sakura también vio que la formidable Hinata Hyuga parecía haber cambiado con respecto a él.

Con el tono más indiferente que pudo poner, como si no significara nada para ella, Sakura le preguntó a Hinata:

— ¿Soy yo o él quien ha cambiado?

—Del negro al blanco —respondió misteriosa Hinata y se alejó.

Cierto sábado por la mañana, Itachi no estaba en la biblioteca. Sakura lo encontró en el campo de deportes de la escuela, jugando al baloncesto con media docena de muchachos que hacían que Pain pareciera un ciudadano respetable.

— ¿A cuántos muchachos como tú ha contratado Itachi? —le preguntó a Pain ese día, más tarde.

Él le hizo una mueca.

—A muchos. Antes formábamos una pandilla, pero... —Calló y siguió con la pintura—. Él cree que puede conseguirme más trabajos como este —dijo en voz baja—. Piensa que tengo talento.

—Y lo tienes —aseguró Sakura y se preguntó si Itachi planeaba pintar el interior de cada edificio que tenía, solo para dar trabajo a esos pandilleros.

Cuando Itachi regresó de jugar al baloncesto, Sakura lo miró. Sus pantalones deportivos grises estaban sucios, rotos y empapados de sudor. Sin embargo, ella ja más había visto a un ser humano más atractivo de lo que estaba él en ese momento.

Por un instante Itachi la miró, y Sakura giró la cabe za, turbada, pero no antes de que él le dedicara una son risa perspicaz.

— ¡Eh! —gritó Pain, porque Sakura acababa de pintarle cara de camello al cuerpo de una princesa.

—Lo siento —murmuró Sakura y no quiso volverse para mirar a Itachi.

Solo unos días más, pensó ella, y una oleada de excitación le recorrió el cuerpo.


Gracias a todos por leer, el próximo será el ultimo capitulo. Lamento si hay espacios entre palabras, sucede cuando descargo el archivo, me encargue de algunos pero tal vez se me hallan escapado unos cuantos.