"Solo Bella"
Edward Pov
No podía mentir, estaba emocionado de que ella fuera a quedarse y que hubiera aceptado cenar conmigo otra vez. Me sentía como cuando nos conocimos, aunque en aquel momento era un niño, había sentido la misma emoción, porque Bella era la clase de persona que alegraba tu día con cualquier cosa que se le ocurriera.
Había llegado 20 minutos antes de las ocho, por momentos olvidaba el hecho de que no podíamos estar juntos, porque por primera vez en mucho tiempo me sentía feliz, ella hacia todo mil veces mejor.
Salimos del hotel, caminamos unos metros y le abrí la puerta de mi auto. Una vez ambos estuvimos dentro, conduje hasta el restaurante que había elegido, no era muy ostentoso, más bien había elegido un lugar que me recordaba mucho a Phoenix, tenía el aspecto de un restaurante que podías toparte ahí.
Más tranquilo y con un menú más normal, sabía que a Bella le gustaría. Estacione un poco lejos, porque al ser un lugar más pequeño, no tenía estacionamiento propio y tampoco había muchos lugares para estacionarse cerca. Ayude a Bella a bajar del auto y comenzamos a caminar.
Ella aun tenía la venda en su mano, aunque sonara egoísta, su accidente con el café había traído algo bueno para mí, tener su mano entre las mías de nuevo, aun causaba un efecto en mí.
―¿Aun te duele la mano? ―pregunté intentando hacer plática, me gustaba escucharla hablar, de lo que fuera.
―Había olvidado que la tenía vendada. ―respondió con una sonrisa. ―Te dije que estaba bien, solo que eres un exagerado. ―me había repetido eso tantas veces en el pasado, así que no pude evitar sonreír.
―Pudo hacerse una marca, solo quería que eso no pasará. ―era mentira, sabía que estaba bien desde el principio, solo era algo de café, pero un pretexto para tomar su mano, nunca era malo. ―Aunque no me creí eso de que rompiste el vaso por la emoción del apartamento. ―abrí la puerta del restaurante y la deje pasar.
―No, más bien tu amigo tiene un problema con la privacidad de las personas. ―respondió algo molesta con Emmett, sonreí, en parte tenía razón. ―No sabía que les hablabas sobre mí a las personas.
Nos dieron una mesa pegada a una ventana, parecía como la de los viejos restaurantes, con asientos como sillones. Nos sentamos frente a frente, nos entregaron los menús y nos dejaron a solas de nuevo.
Ella comenzó a leer el menú, mordiéndose el labio y muy concentrada. A decir verdad, no era muy común que le hablará a las personas sobre ella, pero Emmett había tenido que aguantar mi soliloquio toda la Universidad.
―Por fin, creí que en esta ciudad solo vendían pastas y comida china. ―levante la vista de nuevo hacía ella y le sonreí. ―Quiero una hamburguesa con queso y muchas papas fritas. ―decidí ordenar lo mismo y dos refrescos.
La mesera nos tomo el pedido y se alejo, no me paso desapercibida su sonrisa, era una chica atractiva, pero tenía a la mujer de mi vida frente a mí, no había nada que pudiera quitarme la vista de ella.
―¿Estás saliendo con alguien? ―la pregunta me dejo confundido, no esperaba algo tan directo de su parte, ella se sonrojo un poco.
―No. ―respondí divertido. No consideraba a Charlotte como salir con alguien.
―¿Entonces porque ignoras a las chicas que intentan coquetearte? ―fruncí el ceño, no era la respuesta que esperaba. ―En tu oficina, está la chica secretaria, que obviamente está loca por ti y la mesera se muere porque le pidas su número. Apuesto que nos traerá papas extra grandes si le sonríes. ―parecía divertida con ello.
Mientras que yo no pude evitar sentir un nudo en el estomago, si ella me empujaba a salir con otras chicas quería decir que ya no me veía como antes, ahora era un viejo amigo, debería alegrarme porque era lo que quería que pensará de mí, pero era todo lo contrario, no quería a otras chicas, la quería a ella.
―No salgo con mujeres del trabajo, y las rubias nunca fueron mi tipo. ―respondí un tanto molesto, no podía evitarlo, me sentía decepcionado.
―En los pocos días que tenemos de habernos reencontrado, te has portado como un idiota, luego como un bastardo, después volviste a ser el chico de antes, incluso sonreías, y de pronto vuelve ese ogro en el que te convertiste. Me estás mareando sabes. ―sabía que hablaba en serio, pero cuando hacía tantos gestos y me miraba como reclamo, no podía evitar sonreír.
―¿Crees que soy un ogro? ―ella puso los ojos en blanco, me reí aun más.
―¿Ves lo que digo? Eres dulce un momento y al siguiente estás enojado. ―suspiré e intente no reírme de su encantadora mirada de confusión.
―¿Entonces te parezco dulce? ―no debería ir por ese camino, pero con ella cerca los pensamientos se me nublaban, quería creer que después de todo había un futuro para nosotros, incluso aunque supiera que no era así.
―¿Cuánto tiempo llevas soltero? ―ella en verdad cambiaba rápido de tema, o volvía al tema principal, el caso era que no podía llevarle el ritmo. Llevaba ocho años soltero. Desde que habíamos terminado, aunque suponía que ella se refería a después de Charlotte.
Aunque yo nunca había considerado a Charlotte como una relación, ella me había dado algo de libertad cuando conoció a su ahora esposo, Alec Vulturi, un típico chico rico de Nueva York, su familia era tan rica como la de Charlotte y ella de inmediato quedo "enamorada" de él.
―Siete años. ―respondí intentando ser lo más honesto que se podía.
―Pues eso se acabo, necesitas dejar de extrañarla y salir con chicas lindas, así que iras a una cita. ―era como escuchar a Emmett los primeros meses que pase en la Universidad, porque él sabía que Charlotte me tenía amarrado y que yo extrañaba demasiado a Bella, solo quería que saliera con chicas.
Aunque si Bella supiera, que a la única que extrañaba era a ella y que si tenía tanto tiempo solo, era porque albergaba la esperanza de que algún día, Charlotte se cansará de mí y me dejará libre para poder ir tras ella, quizás no pensaría lo mismo.
―¿Con quién podría tener una cita? ―pregunté con el ceño fruncido, ella sonrió traviesa.
―Te dejaré elegir, puedes invitar a la chica de la oficina o la rubia. ―genial, la de la oficina me alteraba los nervios, y la rubia en verdad no me atraía.
―¿Por qué son mis únicas opciones? ―ella sonrió divertida.
―No son tus únicas opciones, pero son las únicas que he visto. ―suspiré, ni siquiera me gustaban esas chicas y tenía mucho tiempo de haber invitado a salir a una chica.
―No sé, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que invite a alguien a salir… ―ella hizo una mueca.
―Oh vamos, no es tan difícil. Solo sonríele a la camarera cuando venga y ella seguro te deja su número en el ticket. ―la miré divertido, entonces la rubia apareció, dejo las cosas en la mesa y me miro sonriendo, intente sonreír, no porque quisiera, más bien porque Bella me miraba intensamente. Pero la mesera me miro confundida y se fue. ―Así no, parece que la esperaras afuera cuando cierre el restaurante y nadie volverá a verla. ―me regaño, me reí divertido, incluso si ella intentaba juntarme con alguna chica, estaba disfrutando el tiempo juntos. ―Justo así debes sonreír.
Solo ella conseguía esa sonrisa, ni loco le sonreiría así a otra chica, incluso si lo intentará no saldría igual.
―Creo que las citas no son para mí, Bella. ―comenzamos a comer el gran plato de papas que había entre los dos.
―Las citas son para todos. Solo necesitas algo de práctica. ―parecía que ella tenía mucha idea de esto, la única pregunta que jamás me había querido hacer, apareció en mi mente, ¿Cuántos chicos habrían logrado hacer sonreír a mi Bella? ―Así que vamos a practicar y luego invitaras a la chica de la oficina, porque creo que lo arruinaste con la rubia.
Iba a reírme, pero ella había insinuado que íbamos a practicar como tener una cita, eso solo podíamos hacerlo si salíamos en citas, no pude ocultar mi enorme sonrisa, pasar más tiempo con ella sonaba a gloria.
―¿Entonces vas a entrenarme en el arte de las citas? ―pregunté algo divertido.
―Algo así, en realidad tampoco he tenido muchas citas. ―respondió mientras le sacaba los pepinillos a la hamburguesa. Aunque lo negará me alegraba que ella no tuviera muchas citas, la amaba, no iba a alegrarme que saliera con otros sujetos.
―Entonces, tú no sabes nada de las citas y yo tampoco ¿Cómo se supone que va a funcionar esto? ―pregunté divertido, ella sonrió.
―Tú no sabes nada, yo solo no tengo mucha experiencia. Así que yo te enseñare lo que sé y lo que no, lo veremos en las muchas temporadas de Sex and the city. ―respondió muy segura de ella, oh no, yo no vería esa serie.
―No voy a ver eso, si veo todas sus temporadas, en lugar de aprender a tener citas, terminaré teniendo novio. ―ella rió muy fuerte, el sonido más bonito que había escuchado, si ella me lo pedía, terminaría viendo hasta los comentarios del director.
―Bien, veremos la serie solo si realmente hace falta. ―asentí, ella sonreía sinceramente.
Comimos nuestras hamburguesas y nos rendimos con la mesera, obviamente eso era caso perdido. Después de pagar, salimos a la calle y comenzamos a caminar, a petición de Bella.
―¿Esta ciudad fue todo lo que te imaginaste? ―preguntó mientras caminábamos, no sabía realmente si era así, la ciudad era bonita a su manera, pero no era en nada lo que había esperado.
Quizás se debía a que el llegar aquí, fue como romper todos los lazos que tenía con ella, y desde que estaba en esta ciudad, había estado bajo las órdenes de Charlotte, era infeliz pero al estar aquí con Bella, me había dado cuenta que quizás no se trataba del lugar, si no de por quién estás acompañado.
Por eso años atrás, había estado tan cerca de cambiar todos mis planes para seguirla a Londres, si las circunstancias hubieran sido diferentes…
―No lo sé. ―respondí sincero, ella suspiro y la vi temblar por la fresca brisa. Iba a rodearla con los brazos, pero me detuve antes de hacerlo, porque por un segundo había olvidado que yo no podía hacer eso, sin embargo ella se pegó más a mí y metió su brazo debajo del mío, quedando entrelazados.
Si había alguien allí arriba que estaba dándome un poco de paz en medio de la tempestad, se lo agradecía. Yo tome su mano entrelazando nuestros dedos, así me había imaginado Nueva York.
―Me siento como si fuera Phoebe en FRIENDS, como una loca en la ciudad. ―comentó con una sonrisa, ella tenía una obsesión con esa serie.
―¿Aun sigues viendo eso? ―pregunté sonriente, recordaba que algún verano, había visto esa serie más de una vez, pues ella la amaba.
―Sí, mi regalo para mí, la Navidad pasada, fue la serie completa. ―puse los ojos en blanco y ella sonrió.
Mientras caminábamos ella me contaba cosas triviales, me hacía reír y me sentía realmente feliz, al menos lo más que se podía considerando las circunstancias. Porque aunque lo evadiera, Charlotte seguía entre nosotros, y no había manera de librarme de ella.
Regresamos a buscar mi auto, pues hacía mucho frío y debía llevarla de vuelta a su hotel. Me costaba dejarla ir, porque cada día podía ser el último que pasaríamos juntos.
―¿Cuándo vas a mudarte al apartamento de Emmett? ―pregunté, mientras la acompañaba hasta la entrada del hotel.
―No lo sé, quizás el fin de semana. Es cuando se termina mi tiempo en este hotel. ―respondió con simpleza.
―Puedo ayudarte a mudarte, si quieres. ―ella sonrió.
―Me gustaría, solo tengo mi ropa por ahora pero necesito que me digan dónde queda. ―sonreí emocionado, un día más con ella.
Aun así no podía evitar sentir escalofríos, era como la calma antes de la tormenta. Cada día estaba más cerca el regreso de Charlotte y si no quería que mi Bella saliera lastimada, tendría que alejarme de nuevo. Ni siquiera debería estar ahí ahora, pero había esperando tanto por estar cerca de ella que ahora me costaba mantenerme alejado.
Nos despedimos y me quedé mirándola segundos más de lo debido, hasta que fui de regreso a mi auto. Estaba por encenderlo cuando sonó mi celular, conteste sin fijarme en quien era.
―Hola. ―conteste encendiendo el coche.
―Hola amor. ―su voz me dejo helado, no quería que arruinara mi día. ―Te extraño, Eddie. Ojala pudiera escaparme e ir a tu apartamento. ―¡No! una parte de mí, moría por colgar el teléfono y después mentir. ―Pero no puedo, así que espero te estés portando bien, porque si rompes mis reglas, sabes quién lo pagará…
―Lo sé, Charlotte. ―respondí como un títere, después de un hermoso día al lado de mi Bella, tenía que aparecer ella para arruinar todo.
―Bien. En cuanto vuelva recuperaremos el tiempo perdido, cariño. ―intentaba sonar seductora, solo conseguía que me sintiera asqueado. No quería que volviera, no soportaba la idea de volver a su juego.
―Sí. ―respondí con simpleza y sin esperar respuesta colgué, no quería esto ahora.
Regresé a mi apartamento y me acosté a dormir, saque de mi mente las palabras de Charlotte y sus malditas amenazas, solo quería pensar en mi Bella, mi preciosa Bella.
Los recuerdos inundaron mis pensamientos, los buenos recuerdos y no los malos como pasaba siempre durante los últimos años, ahora podía recordar cuando nos conocimos, aunque esos recuerdos eran vagos, porque en ese entonces tenía tan solo 6 años.
Recordaba cuando robamos una bolsa de dulces de la casa de sus abuelos, había sido divertido. O cuando comencé a sentir cosas por ella, incluidos los celos porque cualquier otro chico le hablará.
Recordaba la única ocasión en que había intentado entrar a un equipo deportivo y ella había ido a apoyarme, al final no había sido tan bueno pero ella me había abrazado y besado el moretón que me había dejado el golpe.
Los días enteros que pasamos juntos, las noches en que nos recostamos en el pasto de su casa, mirando el cielo despejado de verano. Tantas cosas que habíamos pasado juntos, una historia con un final forzado por terceros.
Por primera vez en mucho tiempo dormí y desperté hasta que el despertador me obligo a hacerlo, me sentía revitalizado, quizás hoy no la vería pero la promesa de encontrarnos de nuevo me mantenía fuerte. Al menos por dos meses disfrutaría la sensación de ella a mi lado.
Espero les guste y dejen sus RR :3
