Capítulo 20
Electi llegó muy animado a su casa. En sus manos tenía una caja de por sí sola lucía como un producto de alta tecnología. Hecha de un material plástico color blanco, con esquinas redondeadas y el logo de una compañía extranjera. Pasó por la puerta de su casa.
–Lady, te tengo una sorpresa – la llamó.
La zoroark bajó a la planta baja y se acercó a la sola donde estaba su esposo. La extraña caja en la mesa le causó curiosidad.
–Hola amor – Electi la saludó con un beso y la tomó de la zarpa para acercarla a la mesa – Ven y mira.
Electi liberó el seguro y abrió la caja. Sacó un encaje de espuma y luego sacó el producto. Era una maquina cilíndrica. Los extremos eran unos discos blancos con aspecto tecnológico unidos por un tubo de cristal.
– ¿una incubadora? – preguntó Lady extrañada.
–No cualquier incubadora. Esta incubadora es de la compañía número uno en el mercado de este producto y además fue un pedido especial. La mandé a hacer desde cero con todas las condiciones y medidas de seguridad extra. Todo para mantener al huevo en chequeo constante y saludable.
Terminó su explicación con una sonrisa. Lady quedó pasmada por unos segundos.
–Oh Electi… eso debió costarte una cola.
–Vale la pena.
–Pero…–Esa palabra y actitud con la que lo decía alertó al electivire.–Entiendo que siempre quieras tener los últimos equipos por tu afición y vocación, pero la verdad prefiero que la nana de mi familia incube al huevo.
–¿Nana? – repitió él con incredulidad.
–La recuerdas, verdad? nos cuidó en varias ocasiones cuando jugábamos.
–Ah sí, aquella talonflame.
–Ajá fue por mucho tiempo de la familia, mis padres se aseguraron de que estuviera bien cuando Jeff y yo crecimos. Y de hecho cuida a los gemelos cuando se lo piden. Hablé con ella hace poco y le pedí que viniera.
–Me lo habrías dicho- Contestó Electi.
–Tu no me dijiste que ibas a comprar eso tan caro – Lady se cruzó de brazos.
–Quería que fuera una sorpresa, en fin. Pienso que esta incubadora es mejor opción que una nana.
–Electi, prefiero que mi huevo sienta la calidez de un ser vivo, no de una maquina.
–Esta maquina está certificada por expertos. Mi persona incluida porque vi todas las pruebas y los planos. No confiar en esta incubadora es practicamente decir que no confías en mi.
Lady soltó un leve suspiro y negó con la cabeza.
–No voy a poner mi huevo en un tubo. Y no se diga más–Malhumorado Electi volvió a meter la incubadora en la caja y le puso la espuma encima–Y ya te he dicho que me consultes cuando pienses gastar esas grandes sumas de dinero que piensas que no son nada.
El tic tac del reloj siempre era un sonido que denotaba impaciencia y tensión, aburrimiento también. Pero la ansiedad que se vivía en ese momento no dejaba espacio para el aburrimiento. El tic tac del reloj estaba remplazado por el sonido silencioso del cambio de números en los relojes digitales. La hora en que se cumpliría una semana luego de la inseminación se acercaba. Para colmo la preocupación de Electi era mayor ya que Lady no optó por esperar en el hospital sino quedarse en casa. Estaba tendida en una cama hecha con toallas en la mitad de la sala. Quien iba a recibir el huevo era la misma nana. Resultaba que era partera certificada, pero eso no ayudaba a que el electivire y el zoroark shiny se tranquilizaran. Jeff veía tan seguidamente el reloj cómo Electi.
–¿Podrían calmarse? – Les dijo Linda – Ese ambiente de tensión empeora las cosas.
–Ella tiene razón. Se lo dicen hembras con experiencia – les dijo Martha, la madre de Lady – Tengan plena confianza en nana Le Brun. Ella ha traído al mundo a las crías de mi familia desde mi abuela y no ha perdido el toque.
"¿Es acaso un ave legendaria?" se preguntó Electi con asombro.
La hora llegó y todos miraron expectantes a Lady unos segundos. Ella soltó un bufido.
–El doctor dijo que no necesariamente iba a pasar hoy – dijo Lady con algo de fastidio e intentó levantarse. Pero la nana le puso un ala en el hombro.
–Mi pequeña, el instinto tanto natural como de mi experiencia me dicen que pasará hoy – le dijo en voz suave y la hizo recostarse.
–Si tú lo dices na…
Lady soltó un chillido por el repentino dolor punzante en su vientre. Instintivamente se puso la zarpa en el lugar del dolor y se encogió en posición fetal. Los familiares soltaron una exclamación ahogada. Jeff y Electi quisieron acercarse. Nana les levantó un ala indicándoles que no lo hicieran.
–Descuida, es normal – le dijo a Lady – respira cómo te indiqué antes y ve relajándote.
Lady siguió las indicaciones. Superando la sorpresa del dolor fue relajando sus músculos. Ese malestar se debía a que el proceso de formación del huevo ocurría en tan sólo unos breves minutos luego de unos días de la fecundación. Sin dejar la respiración rítmica Lady se fue poniendo en cuatro. El empuje contra sus entrañas por el cuerpo que crecía y absorbía calorías de su organismo a una velocidad ridícula le quitaba fuerzas. No tenía cabida para la vergüenza de estar expuesta así ante su familia. Nana Le Brun se puso atrás de Lady con una toalla en un ala y con la otra sobándole la espalda. Esa caricia que transmitía calor producía alivio.
–Relájate, yo te digo cuando pujas – le indicaba la anciana talonflame.
Siguió sintiendo el crecimiento del huevo y cada vez más le costaba mantenerse en posición. Sus brazos temblaban como gelatina. La espera se le hizo eterna. Empezaba a respirar con desesperación mientras reprimía sus ganas de pujar.
–¡Puja!
Llegando al momento cumbre, Lady soltó un alarido agudo y de un empujón desovó el huevo. Salió de su cuerpo cubierto de un líquido trasparente. Electi rodó sus ojos hacia atrás y cayó al suelo desmayado en tanto que Lady se desplomó sobre el colchón.
–Linda. Martha. Ayúdenla con mucho cuidado a ponerse boca arriba – les indicó la nana mientras secaba al huevo con sorprendente destreza para un pokemon ave.
Las hembras ayudaron a Lady a acomodarse en el colchón. Ella soltó un prolongado suspiro de cansancio y alivio. El dolor iba disminuyendo dejando sólo una sensación de maltrato.
–Lo hiciste bien pequeña–Le dijo la nana– bueno, al igual que tu madre y las anteriores a ella este es el momento en que dejo de decirles pequeña.
Nana Le Brun le entregó el huevo a Lady. La zoroark lo sostuvo como si se tratara de lo más frágil del mundo y lo acomodó contra su pecho. Al ver esa cascara negra con rojo entre la tela de la toalla derramó lagrimas como cascada. Pudo sentir la vida que albergaba dentro y el lazo maternal se formó con inmediatez y solidez. alcanzó a decir unas palabras con voz temblorosa.
–Mi… pequeña…
