LA HISTORIA NO ME PERTENECE ES DE E.K Y LOS PERSONAJES SON DE S. MEYER
Epílogo
Seis meses después
—Bella, ¿estás ahí?
Edward salió a la playa privada en busca de su esposa. La encontró sentada sobre la toalla a pocos metros de distancia, bajo una colorida sombrilla y tomando una limonada.
Acababa de volver de Panamá y había ido a toda prisa a la casa que tenían alquilada después de oír un mensaje en el que Bella le decía algo de un cambio de planes que podría complicar las cosas. Pero, por lo que veía, no parecía haber ninguna complicación.
—¿Qué ocurre? —le preguntó al llegar junto a ella.
Estaba bronceada y radiante. Llevaban seis meses en Costa Rica y utilizaban aquella casa como base adonde regresaban de los lugares a los que los habían llevado sus respectivos trabajos. Pero en todo momento estaban al corriente de lo que sucedía en Estados Unidos, especialmente en la ciudad de Washington. Lo último que habían sabido era que el senador Swan había renunciado a su puesto en el senado y, tal y como habían imaginado, no había recibido ninguna acusación por su participación en la muerte de Angela, que quedaría impune para siempre. Algo que a Bella aún le costaba asimilar.
—¿Por qué tienes esa cara de preocupación? —le preguntó ella.
—Por ti y por el mensaje que me has dejado. ¿Qué era eso de las complicaciones?
—Solo quería que supieras que puede que tengamos que cambiar algunos planes —dijo, encogiéndose de hombros.
—¿Como cuáles?
—El viaje a Australia, por ejemplo, y desde luego el que íbamos a hacer a Rusia en invierno para que yo escribiese ese reportaje sobre la prostitución de menores.
Edward frunció el ceño.
—¿Por qué vas a dejar ese reportaje?
Volvió a encogerse de hombros con fingida inocencia.
—Porque no es bueno viajar en el tercer trimestre.
El corazón le dejó de latir por un instante.
Bella sonrió.
—¿Estás diciendo lo que yo creo?
—Sí —la sonrisa aumentó aún más en su rostro—. Me has dejado embarazada.
Edward se quedó inmóvil un momento y, cuando recuperó la capacidad de reaccionar, apareció en su rostro una sonrisa enorme, se arrodilló frente a Bella, la envolvió en sus brazos y la besó con auténtico fervor.
—¿Estás segura?
—Ayer mismo me lo confirmó el médico. Estoy de tres meses.
—¿Y sabes ya si es niño o niña?
—Claro que lo sé, no habría podido aguantar la curiosidad —hizo una pausa para torturarlo—. ¿Quieres saberlo?
Edward asintió varias veces.
Ella lo miró con los ojos llenos de felicidad.
—Es una niña.
Ya podía imaginársela, igualita a su madre. Volvió a abrazarla y, al besarla, supo sin la menor duda que por fin había encontrado lo que había deseado toda la vida. Amor. Felicidad. Aprobación. Y una familia.
BUENO CHICAS ESO ES TODO MUCHISIMAS GRACIAS POR AGUANTARME...
