Dimitri se movía en la cocina de un lado a otro. Sonaban las cazuelas, los platos y las cucharillas.

"Casi la beso…"

Le dio una probada a la salsa de ciruelas que se cocía a fuego lento. Agregó un poco de azúcar morena y una pisca de sal. Volvió a revolver y a probar. Finalmente estaba en el punto.

"Exquisito, pensó. Igual que ella…"

El olor impregnado en el ambiente era deleitoso. Trataba de concentrarse en cada uno de los platillos que combinaba, llevaba muchísimo de no sacar tiempo para preparar una comida completa, siempre todo era a la carrera y más con el trabajo que tenía. No importaba mucho si se esmeraba o no, pero hoy era diferente, se sentía distinto y quiso compartir con ella un poco de él.

"Su cuerpo, su piel, su olor, sus labios"…

Se centró en saltear las verduras, en vigilar el pollo con tocino del horno, dejó que la salsa hirviera un poco más, se cercioró de que el pan negro estuviera en su punto. Y como si por arte de magia fuesen a salir huyendo el helado y los brownies de chocolate, abrió la nevara como cinco veces asegurándose de que siguieran allí.

Todo iba bien, excepto una cosa: él mismo. Su conciencia se había vuelto su peor enemiga y no lo dejaba tranquilo. Se sentía como un chico hormonal de dieciséis años que repetía como disco los momentos antes vividos con Rose en la sala de simulación. Y Sonia parecía ser parte de esa conciencia, no dejaba de escuchar sus palabras: "No dejes para después lo que puedes hacer hoy" " No desaproveches a una chica como ella."

¡Caramba! Es que era difícil borrar todo lo sucedido. Si algo era definitivo, es que Rose lo había sorprendido de una manera que ninguna persona antes lo había hecho, también lo había descontrolado y bastante. Y… ¿qué había sido aquella energía? Todo parecía electrificado y le puso el cuerpo de punta en el buen sentido de la palabra, jamás se había sentido así tan atraído y tan hipnotizado. Su don es extraordinario y aún esa descripción se le queda cortísima.

Solo Dios sabía lo que había tenido que controlarse estando encerrado con ella en esa sala. A cada instante se recordaba el propósito de la práctica y no los deseos de él.

Su cuerpo vibraba en sintonía con el poder, sus ojos electrizantes, y ambos enroscados en pleno combate, el verla, sentirla, la energía del lugar, la tensión en el ambiente sumado a lo hermosa que estaba, hizo que estuviera al punto de tirar todo por la borda y besarla. Se le olvidó que estaba trabajando, que había gente y que no era… Sí si era el momento solo que interrumpieron y luego él no tuvo el coraje de terminarlo…

Dimitri se volvió a concentrar en los platillos, se aseguró de colocar la vajilla adecuadamente y por último desvió la mano palmeando la bolsa del pantalón, allí se encontraba la pequeña cajita de madera.

Volvió a ver el reloj por quinta vez.

Pronto bajaría y esperaba que estaba vez todo saliera bien…

"Todo saldrá bien" se repitió, ignorando un extraño sentimiento que se instalaba en lo profundo de su ser.


Rose

La enorme sonrisa aún no abandonaba su rostro.

"Una cena" –canturreaba mentalmente, mientras se preparaba.

Aún los acontecimientos de un par de horas antes no la abandonaban.

Está no era la primera vez que compartían una comida juntos, claro siempre había sido porque ambos se encontraban fortuitamente y terminaban sentados en la encimera o en la mesa principal rodeados por otros miembros del equipo. Pero hoy estarían solos.

La sonrisa regresó y vino acompañada de nervios y expectativa.

Se mordió el labio. De pie frente al armario solo con una toalla enredada en su melena y en ropa interior de encaje. Estaba indecisa. Casi nunca se preocupaba porque vestía, pero hoy, ¿debía ponerse algo distinto? ¿era una cita? ¿Si, no? ¿si, no? La invitó a cenar, sí, pero estaban en la casa, eso contaba ¿cierto?.

Lo tomaría como un sí y punto.

Revolvió la ropa de arriba abajo y de derecha a izquierda, cuando estuvo por darse por vencida lo encontró.

-La voy a matar. –dijo levantando con cuidado una prenda que jamás pensó en ponerse. Recordó la conversación con la culpable de que ella tuviera ese vestido.

- Es en serio Sonia ¿Y esto para qué crees que lo necesite?. –le dijo sosteniendo la prenda de los tirantes. Ella días atrás había ido a conseguirle productos de aseo personal, un poco de maquillaje y principalmente ropa. Ya que Rose no podía correr el riesgo de salir de la propiedad. - Deberías devolverlo a la tienda o incluso dejártelo tú para alguna ocasión especial con Tanner.

Sonia bufó divertida. Se acercó a ella y tomó el vestido con delicadeza.

-Pensé que te gustaría.

-No he dicho lo contrario, me encanta. Pero me sería más útil en otras circunstancias.

Empujó a Rose a un lado y buscó en el ropero un lugar apropiado dónde colgarlo.

-Aquí es donde debe estar y punto. Puede servir en algún momento. –le respondió Sonia inocentemente.

-Sabes que no estoy de vacaciones, ¿cierto?. Te imaginas que tenga que salir huyendo y yo con uno de estos, es muy poco práctico.

-No hagas tanto drama. No he dicho que lo uses para huir, ni para entrenar. Simplemente todas debemos tener uno en caso de… -la miró con una chispa de picardía

-¿En caso de qué?

-Un momento especial. –arrastró las palabras sonriéndole. Antes de que la morena refunfuñara se apresuró agregar: –Necesito volver al trabajo, pero recuerda Rose, algún día te va a servir y te acordarás de mí. –salió de la habitación guiñándole el ojo.

Valla mujer ahora tendría que tragarse las palabras, si Sonia la viera en ese momento le gritaría : "Te lo dije" y se reiría frente a sus narices.

Bueno, pensó Rose, después de todo, aquel vestido iba a ser de utilidad…

-0-0-0-

Allí estaba él esperándola al final del camino.

Y… ¡Santísima reina de las papayas!. Que hombre más guapo. Por poco y se enreda en sus propios tacones.

Se había duchado, amarrado el pelo en una coleta baja, llevaba unos jeans oscuros, camisa de botones a la medida, y vaya que era a la medida de aquellos músculos que resaltaban. ¿Podía existir un hombre más perfecto?

Sino se desmayó en plena simulación, sin duda lo haría ahora.

-Rose –dijo él. Sacándola de su propio aturdimiento. – Te ves preciosa.

¿Acaso la había llamado preciosa? Sí definitivo el aire le faltaría en cualquier momento.

Ella vio hacía abajo, sabía que llevaba un vestido rojo oscuro con escote semicircular y finos tirantes que se cruzaban en la espalda. Ajustado en el pecho, la cintura y las caderas, aquel vestido le realzaba a la perfección su figura, pequeños aros pendían de sus orejas, y Dimitri detectó el leve rastro de su perfume.

Levantó la mirada despacio.

-¿Demasiado?. –preguntó ella.

-En absoluto. –trastrabilló él y de inmediato se aclaró la garganta. –Es perfecto. –dijo sin apartar la mirada de ella.

Rose divisó un brillo distinto en los ojos de él, iba a responderle, pero otra cosa llamó su atención.

-Dimitri… - dijo de repente, bajando la mirada, hacia la pequeña caja negra abierta que tenía en la mano. No la había notado hasta ese momento. En el interior había un elaborado relicario circular engarzado en una cadena delgadita de plata. –Pero ¿por qué? Quiero decir, ¿ qué celebramos?

-No hay nada que celebrar. Lo tenía guardado es algo antiguo, familiar y… bueno pensé en ti y en que debías tenerlo. Iba a obsequiártelo hasta el final de la cena, pero creo que se te vería perfecto con ese vestido.

Los ojos de Rose viajaron de Dimitri al relicario. Resultaba evidente que era caro, aparte de familiar y... no no podía aceptarlo.

Como si estuviera leyendo sus pensamientos, Dimitri levantó las manos.

-Me gustaría que te lo quedes.

-Dimitri… Eres muy amable, pero creo que no debería, es algo familiar y yo… yo no soy…

-Es sólo un relicario que lleva años de estar guardado, no un anillo de compromiso. –le sonrió. Y vio como las mejillas de Rose adquirían un color rojizo. Lo sacó con cuidado, lo abrió y lo extendió sobre la palma de su mano. –Creo que solo lo podrías llevar tú.

Rose se llevó una mano a la boca, ocultando la sorpresa que se extendía por su rostro.

-Dimitri… -chilló. -Por Dios esto es… ¿Cómo es posible?

-¿Te gusta?.

Parpadeó un par de veces para alejar las lagrimas que comenzaban a formarse al contemplar las dos fotografías pequeñas de sus padres. Sintió como su pecho se apretaba ante los sentimientos contrarios que experimentaba tristeza por su familia, y felicidad por lo que él le ofrecía.

-Me encanta. –respondió finalmente.

-Pruébatelo.

Ella giró lentamente quedando de espaldas a él, apartó su cabello largo que llevaba en ondas y dejó libre el espacio para colgar la cadena.

Dimitri desabrochó el cierre y la puso con mucha delicadeza alrededor del cuello, duró más tiempo con sus manos sobre el cierre y Rose pudo sentir como sus dedos acariciaban con cuidado la zona donde la plata tocaba su piel, cerró los ojos controlando la sensación que le provocaba él y luego se volvió a girar.

-Gracias. –dijo en tono suave tomándolo en sus manos y apretándolo contra su pecho. -Es un lindo detalle.

-Te queda estupendo.

-!Oh! no tenías por qué.

-Te equivocas. Es lo que tenía que hacer. -Hizo una pausa observándola. -¿Estás lista?. –señaló la cocina.

Su rostro se iluminó.

-Cuando quieras.

Los olores eran una combinación exquisita. Dimitri le indicó que se pusiera cómoda mientras él se dirigía a sacar el platillo del horno.

Él había optado por comer cerca del gran ventanal que estaba después de la cocina, un lugar hermoso e intimo, ahí tenían una perfecta vista a los terrenos. Hoy la luna llena bañaba con su luz el vidrio y los pastizales al otro lado, dándole un aspecto cálido al lugar. Aunque también había algo distinto que no lograba descifrar… Algo que no combinaba con el lugar, pero no le tomó importancia.

-Buena elección, Dimitri. Me encanta la vista.

-Me alegro. –sonó aliviado. – A mí también me gusta. Normalmente nunca tengo tiempo de disfrutar de una buena comida o de preparar algo tan sofisticado. Hacía tiempo que no cenaba aquí. Me parecía raro venir a cenar solo. Optaba mejor por sentarme en los taburetes de la cocina o en la mesa del centro.

-Podías venir con alguno de los muchachos.

-Sí, -dijo él asintiendo. –O no.

-¿No te gusta cenar con ellos?

-Sí. –hizo una pausa. –Pero me paso todos los días con ellos, así que ya nos da lo mismo si comemos de pie, en la oficina, en la sala de seguridad. Ya has notado que siempre comemos a la carrera.

-Bueno. Por lo visto hoy cenaremos distinto. –dijo ella y le sonrió.

-Esperó que te guste lo que preparé.

-Huele asombroso. – mencionó al tiempo que respiraba profundo. Con el hambre que tenía después de la intensa práctica hasta una vaca entera podía devorarse. – Pensé que comeríamos algo rápido como un emparedado o algo comprado de afuera.

Dimitri se detuvo frente a la mesa con cara de ofendido mientras servía el pollo con tocino, la salsa, las verduras y las demás guarniciones en los platos.

-¿No lo dices en serio o sí?. –ella se encogió de hombros. Él sacudió la cabeza. – Es increíble, no te invitaría a cenar en mi propia casa una comida cualquiera.

Rose levantó los brazos divertida en defensa propia.

-No sabía que cocinabas.

-Claro que sí. ¿Cómo no te habías dado cuenta viviendo aquí?.

-No lo sé, no prestaba atención. Una cualidad más a la larga lista que tienes. Siento admiración por quien lo haga. –dijo tomando un sorbo de agua.

-¿Acaso tú no cocinas?.

Ella arrugó la nariz en un gesto lindo y sacudió la cabeza negando.

-Puedo quemar un huevo hervido en agua. Cocinar no es uno de mis fuertes. Tal vez me lo reemplazaron cuando me obsequiaron un don. –dijo pensativa, como si esa fuese la verdadera respuesta a la incógnita del por qué no era diestra en la cocina. –Tú ¿Dónde aprendiste?

-Mi madre. –dijo con orgullo. –Ella se aseguró que supiéramos defendernos contra el hambre, no me queda tan bueno como lo hace ella, pero al menos es comible o eso espero.

Mentiroso, aquello se veía suculento y lo sabía.

Dimitri se acercó a una pequeña despensa.

-¿Te gustaría que lo acompañemos con una botella de vino? ¿Quizá un chardonnay? Estaba pensando en un Kendall-Jackson estaría bien. No es demasiado fuerte, y creo que el aroma de roble está muy bien.

-Guao. –dijo ella. –Estoy doblemente impresionada. Aunque bueno ya no debería sorprenderme nada de ti. No sabía que supieras también de vinos.

-Tengo muchas virtudes ocultas. –Y por Dios que ella deseaba descubrirlas todas.

Rose se rió y se puso la servilleta en el regazo. Se sentía relajada y radiante, completamente cómoda en aquel entorno, después de estar muriéndose de los nervios ante la expectativa de aquella reunión.

Todo iba bien… por el momento.

Se volvió a llevar la mano a la cadena. No pasó desapercibido todos los detalles que Dimitri había hecho por ella.

-Me estás mimando demasiado, ¿sabes? la gente no suele hacerme regalos sin ninguna razón.

-Entonces está muy bien que lo haya hecho, ¿realmente crees que siempre tiene que haber una razón? ¿Acaso nunca has visto algo que te ha parecido perfecto para otra persona y los has comprado?

-Por supuesto. Pero es que tú has hecho y sigues haciendo tanto por mi. No quiero que pienses que exijo cosas, porque no es así.

-Ya lo sé. –respondió con dulzura. -Pero ésa es parte de la razón por la me gusta hacerlo. Todo el mundo necesita recibir sorpresas de vez en cuando. –se detuvo viéndola y se puso serio. -Creo que te lo mereces, y yo quería hacerlo. –le dio un cálido apretón en la mano sin apartar los ojos de ella. Ese gesto la devolvió de inmediato a la sala de entrenamiento, el calor, la energía, sus cuerpos juntos… Tragó el nudo en la garganta y se dispuso hacer la única cosa que podía controlar bien en ese momento: comer.

Se extendieron largamente con el vino y la cena, Rose saboreó cada uno de los platillos, escuchó detalladamente la historia del pan negro y las tradiciones del país del que venía Dimitri, charlaron y rieron, sin apenas darse cuenta de las horas transcurridas.

Algo en el fondo la inquietaba, pero seguía sin saber qué era. De vez en cuando se quedaba fija viendo el enorme cristal y luego volvía a enfrascarse en la conversación con él.

-Bueno. –carraspeó. -¿Algún otro dato oculto señor Belikov que quiera compartir esta noche?.

"Sí, pensó él, que me gustas".

-Sí… no me gusta que me digan señor.

Rose rió

-Lo recuerdo perfectamente bien, no creas que he olvidado el primer día que te conocí, por poco y pensé que morderías a la pobre de Lili. - La recepcionista que trabajaba para Dimitri y Adrián en las oficinas de la M.S.S. – recuerdo también que mencionó algo sobre que eras muy serio y sacarte una sonrisa seria un reto. Vaya que estaba equivocada la pobre.

Él levantó una ceja divertido escuchándola hablar de él.

-Es cierto soy serio, solo tú dices lo contrario.

-Mentira. –lo acusó. Complicado sí, serio solo cuando estaban en peligro o entrenando. -He visto tú sonrisa muchas veces desde que estoy aquí y he tenido el placer de escucharte reír.

Eso es porque eres tú Rose se dijo Dimitri.

-A veces no sé si fue correcto dejarte quedarte aquí. –soltó él en forma de broma.

Rose hizo un puchero

-Un poco tarde, para darte cuenta de eso. ¿No?

-Demasiado. Ya no hay manera de sacarte. -¿Qué quería decir con aquello?. Rose hizo el ridículo intento de levantar una ceja.

-En aquel momento jamás imaginé que me traerías a tu casa.

-Lo sé, sonabas tan perdida igual a como te veías.

-Gracias. –dijo arrastrando la palabra. -Hoy al parecer es el día de burlémonos de Rose.

Él rió.

-No lo digo en ese sentido, pero veamos, venías de enfrentarte a muchas cosas es normal que te vieras así. –sacudió la cabeza, rememorando los recuerdos del día que se conocieron, de cómo llegó solicitando su ayuda, de su aspecto, de la decisión por ayudar a sus padres, de lo valiente, de las ganas que tenía de poder ayudarla, de todo… -Y a pesar de eso estabas determinada a cualquier cosa, eso me sorprendió.

-Seguro pensaste, menuda perdedora.

-De eso nada. –dijo poniéndose muy serio.

Ella le sonrió.

-¿Por qué lo hiciste?

-¿El qué?

-Aceptar, ayudarme, traerme aquí.

-Es lo que hago.

-Sí, pero eso solo lo has hecho conmigo. –se detuvo viéndolo directo a los ojos, no quería que se le escapara ningún gesto que él hiciera. -Bien hubieras podido encontrar alguna otra solución.

-Cierto.. –respondió pensativo.

-¿Pero?.

-No lo sé Rose, fue desde antes de que llegaras a la oficina. –ella alzó las cejas sorprendida. Se enderezó en la silla, colocó los codos sobre la mesa y puso la barbilla en sus manos. –Desde que vi ese video en la preparatoria, el torbellino, tu rostro. Había algo y supe que debía ayudarte. –Interesante. -Y luego cuando te conocí. –sacudió la cabeza. –Simplemente debía hacerlo y aquí estamos ambos compartiendo una cena. –agregó sin apartar la vista.

Ella asintió correspondiéndole con la mirada. Rememorando todo lo sucedido hasta ahora. Su sonrisa se fue apagando.

-¿Sí?. –preguntó Dimitri notando el cambio y acercándose a ella.

-Pienso en ellos. –suspiró, volviendo acomodarse en el asiento. –¿Crees que estén, que aún estén..?

La pregunta más difícil de todas era aquella, y su respuesta se tornaba igual de complicada.

-Creo que sí. Algo me dice que sí están con vida. –fue sincero, y de verdad pedía al cielo que lo estuvieran, debían estarlo.

-¿Aún me estarán buscando?

-Sí Rose. –su voz se fue apagando. -De eso estoy aún más seguro, esos tipos, esa organización no va a descansar y por más que hagan todo tan meticulosamente, tan ordenado, sin dejar rastro y desaparecer del mapa, tarde o temprano cometerán un error y es ahí cuando tendremos nuestra oportunidad.

Ella se mordió el labio, volvió a ver el gran ventanal y asintió.

-Eso espero. -Yo también pensó él.

-Has hecho un excelente avance, le envié el informe a la doctora Olendzky y está muy contenta de que las hemorragias han disminuido y que has encontrado una forma de manejar tu poder.

Eso la alegró.

-¿Entonces hoy lo hice bien?

-¿Tú que crees?

-Que sí, por supuesto. –Omitiendo lo que sucedió entre ambos o lo que no sucedió, la prueba la tuvo que haber ganado.

-Fallaste. -¡Imposible! Rose abrió la boca para quejarse. –La niña era tú objetivo.

Se levantó de la silla casi ofendida, él la imitó.

-Eso no es justo, tú te metiste y luego… bueno tuve que enfrentarme a ti y… todo terminó y entraron los demás. –Y claro él encima de ella una enorme distracción, pero vamos cómo no dejarse llevar por el momento.

Él la miró divertido.

-Así son las reglas. –dijo juntando los platos y envolviendo los sobros de comida. –Lo bueno es que la di por valida, por lo último que hiciste con tus manos, esa cosa extraña roja.

-Esa cosa que aún no sabemos qué es. –replicó ella, ayudándolo a llevar las cosas a la cocina. -¿Estás seguro de lo que viste?

-Mucho. Y no te preocupes fue asombroso, ya habrá otra ocasión para saber que pasó. –"Ojalá hubieran otras ocasiones para terminar otras cosas". Pensó Rose.

-Para mí que tanta energía te zafó un tornillo. –Él la roció con la regadera. –¡Oyé!. –le gritó divertida.

Ambos se pusieron a limpiar y acomodar, de vez en cuando Rose volvía a ver el enorme ventanal. ¿Por qué algo la inquietaba, en una noche que todo iba tan bien?

-¿Dejarás algún día la empresa?. –soltó de repente. Aquí vamos con los cambios bruscos de temas y las preguntas raras.

Al parecer él pensaba lo mismo por la expresión perpleja que tenía en su rostro.

-¿Por qué haría eso?. –frunció ligeramente el ceño. Abriendo la nevera. –¿Helado y Brownies?

-Por supuesto. –se le alegró el rostro. Dimitri sacó un tazón. –Sé que quieres hacer otras cosas, ya te lo había dicho, nadie va a juzgarte no debes demostrarle nada a nadie. Creaste una empresa, brindas trabajo, cuidas de tu familia, limpiaste lo que tú padre manchó. –él se movió incomodo con eso último, el tema de su padre era algo bastante delicado. –No creas que me quiero meter en tus decisiones, pero has lo que te haga feliz.

Le extendió la taza.

-No puedo dejar todo y simplemente irme. Por más que quisiera –se detuvo a pensar un momento -¿Qué pasa con las personas que necesitan ayudan, con las personas como tú?

-No puedes poner siempre tu vida de último. –respondió evadiendo su pregunta.

-No importa. –añadió.

-¿Pero por qué hacerse el tonto con lo que verdaderamente quieres?. –dijo suavemente ella.

-Lo dice la chica que no ha vivido su vida. –dijo con sarcasmo, acercándose más a ella.

-¿Sabes que no tenía mucha opción verdad?. –rió amargamente. Saboreando el postre. –¿También lo hiciste?. –él negó suavemente con la cabeza. –Ya decía yo que no todo podía ser perfecto. –él le dio un empujón ligero. Ella rió –Volviendo al tema amo a mis padres. Pero reconozco que llevaron al extremo la protección. –se encogió de hombros. -Aunque entiendo porque lo hicieron. -Mientras menos personas me conocieran era mejor, y aún así mira como resultó todo.

-¿Sabes?. –dijo él suavemente. -Haces preguntas realmente difíciles para una primer cita.

La respiración se detuvo, el mundo dejo de girar. ¿Una cita? Había dicho una cita. Sí, sí, sí… Por poco y se ponía a dar brinquitos de alegría, bueno mentalmente una pequeña Rose hacía un baile.

Un rubor erupción en la cara de ella y en su cuello.

¡Ay no! ¿qué estaba diciendo? ¿qué debía decir ella?

-Yo… Lo siento. – ¿Era eso?

-Está bien. Me gusta cuando una mujer desafía a un hombre.

¡Ay Señor! El rubor se intensificó.

-No quiero suponer un desafío. –dijo con un poco de picardía aprovechándose del momento.

Sus cuerpos muy cerca uno del otro.

-No lo eres, Rose. Y si lo fueras serías uno bueno de cumplir.

De nuevo se sentía como en aquella sala de entrenamiento, ¿seria posible que levitaran juntos?

Ella se mordió el labio.

-La cena me encantó. -mencionó suavemente. ¿Este era el momento en el que la besaba?

Él se acercó más.

-Me alegro de que…

De repente el semblante de Dimitri se puso serio. Antes de tener oportunidad de preguntar qué pasaba, la escuchó. Una alarma se había activado a lo lejos.

¿En serio? ¿Otra interrupción? Acaso solo a ella le pasaba esto.

Ambos se separaron.

-¿Qué es eso?

El sonido se detuvo.

-Son las alarmas exteriores. Iré a verificar en la sala de control. Vuelvo en seguida. –otra vez la misma cara de disculpa que se estaba volviendo una rutina. ¡Maldición! ¿Qué tenía el universo contra ella? –Espérame aquí. – Asintió ¿a dónde más podría ir?.

Si tenía que correr mataría a Sonia por ese vestido. Sin darse cuenta Rose se llevó la mano al relicario y lo apretó con fuerza.

Demasiado silencio. Caminó por la cocina de un lado a otro y se acercó con prudencia al ventanal, observando y buscando. ¿Qué? No sabía con exactitud, la sensación anterior se volvió identificable, se sentía vigilada…

"No está pasando nada" se repitió. "Dimitri me diría si algo sucediera"

No quería ponerse alarmista, pero ¿por qué tardaba tanto en volver? Lo mejor es ir a verificar.

Se detiene de golpe al escuchar el sonido del teléfono. Quizá fuese uno de los muchachos, hoy todos estaban fuera.

-¡Aló!. –escuchó la respiración entrecortada de alguien y el martillear de su propio corazón. -¿Quién está ahí?. –silencio y cuelgan.

"No es nada, siempre hay llamadas fallidas que entran".

Vuelve a sonar el teléfono. Está vez se apresura a responder y sólo escucha.

La misma aspiración, pero en está ocasión más calmada, puede sentir el ritmo de su corazón igualándose al sonido de la respiración y de repente tiene un presentimiento, uno muy loco.

-¿Papá? -Escuchó como si alguien jadeara. –Espera no cuelgues, ¿qué… -colgaron. -…quieres?

Menuda estupidez haber salido con eso. El teléfono no volvió a sonar. Lo mejor era buscar a Dimitri.

-¿Qué haces aquí?. ¿Estás bien?.

Ella abrió la boca, pero la cerró un instante después sin emitir sonido alguno. Finalmente puede asentir débilmente.

-No llegabas y quería saber que pasaba.

-Estaba revisando las cámaras y las cintas. Se activaron tres alarmas en las zonas más alejadas del terreno, pero no identifico qué las activo. –dice pensativo.

-¿Un animal?.

-Eso creo. –farfulló nada seguro. –Ya ha pasado en otras ocasiones algún zorro las activas, pero igual quiero cerciorarme.

-Llamaron.

Por un momento una expresión ilegible cruzó el rostro de Dimitri, pero desapareció con la misma rapidez con que había aparecido.

-¿Quién?

-Dos veces

Él suspiro y mantuvo el rostro neutro.

-¿Alguno del equipo?

Ella sacudió la cabeza aparentando una falsa tranquilidad que no sentía.

-No lo sé. No habló nadie.

Las alarmas sonaron dentro de Dimitri, pero no quería por nada del mundo preocupar a Rose. Vio como ella apretaba el collar sobre el pecho y supo los pensamientos de la joven. Se fijo en la hora. Casi de madrugada.

-Voy a enviarles a todos un mensaje para cerciorarme de que no fueran ellos o que están bien. –hizo una pausa indeciso. –Los haré venir.

Bonito momento para decidir darse una noche libre. Un solo error y lo lamentaría siempre.

-Hoy tienen la noche libre no es justo… -no lo era ni para los demás, ni para ellos mismos.

-Ellos saben cual es su deber Rose. –la cortó. –Ellos lo eligieron desde el momento en que firmaron el contrato y aceptaron el trabajo.

Ella se pasó una mano por el pelo. Cómo es que de un momento perfecto, todo tiene que arruinarse.

-¿Entonces, estás diciendo qué…? -¿Qué cosa? ¿Qué sí los vigilaban? ¿Qué la llamada era coincidencia? ¿Qué los podían atacar?. Dejó la pregunta en el aire para que él la completara.

-Es mejor ser precavidos. –respondió sin mostrar emoción alguna. Tomó la tableta digital y empezó a digitar comandos. –Es mejor que vayas a descansar, necesitas reponer energías.

-No creo poder… -Los reactores de energía de la casa se activaron de inmediato, encendiendo en cuestión de segundos la sala de control y algunas luces básicas, pero el resto de la casa se mantenía a oscuras. ¿En serio? Si esto era una broma de alguien se estaba pasando. Dimitri se apresuró a restaurar lo básico. Rose suspiró fuertemente. –Bueno dormir al parecer no es una opción hoy.

Alguien tenía hoy el humor terrible de ponerle los pelitos de punta.

Dimitri dejó lo que estaba haciendo, se volvió a Rose y la tomó de su rostro.

¡Ay santa madre! Así para que energía eléctrica, cuando este hombre tenía de sobra.

-Rose, de verdad necesito que vayas a tú habitación y trates en la medida de lo posible de descansar. –Fue la primera vez en la noche que percibió en su voz un atisbo de preocupación.

-No quiero estar sola. –lo soltó sin más.

-No lo estarás. –aseguró él, aún sin soltarla.

"Recuerda como se respira" se dijo.

-Bien. ¿Qué haremos? ¿Vigilaremos?

Él sacudió la cabeza

-Tú iras a descansar a la habitación. –tomó un mechón de su cabello rebelde y lo colocó detrás de la oreja. Y ella dejó de respirar. –Mientras yo me encargo de vigilar y hablar con los demás.

Iba a protestar pero él la detuvo.

-Vigilaré junto a ti. Así que toma. –se apartó, buscó uno de los focos en las gavetas y se lo extendió a Rose. –Ve yo iré detrás de ti, la casa tiene energía para cuando hay problemas de luz, pero también tiene un sistema de ahorro, así que no todo está iluminado.

Rose asintió y salió confundida. Trataba de disimular lo afectada que realmente estaba por todo.

Dimitri esperó a que ella se fuera, configuró la tableta para que pudiera manejar desde ahí las cámaras de la sala de control, buscó un par de focos más, seleccionó algunas pistolas que enfundó y antes de salir revisó por última vez las pantallas.

Nada, no encontró nada, pero tenía el presentimiento de que algo pasaba o podía suceder. La propiedad estaba asegurada y sabía que atravesarla era complicado. Ordenó los pensamientos. Trazó mentalmente un plan que cumpliría al pie de la letra. Lo primero que se le vino a la mente fue Rose, una sonrisa se asomó en su rostro y supo lo que debía hacer.

-0-0-0-

Rose escuchó los pasos apresurados de Dimitri.

-¿Sucede algo?. -le preguntó alarmada.

–Hay algo que debo hacer y que no puede esperar.

No supo el momento exacto, ni cómo, ni cuándo, solo que su cuerpo reaccionó al contactó de él. Sintió sus manos rodeándola, acercó su cuerpo al suyo, envolvió su fuertes manos en ella, una en su cabello y otra se cernía a su cintura y la estrechó contra la pared.

Sus ojos se encontraron había tanto en ellos, tantas cosas por decir y tantas por hacer. Con una simple mirada ella lo invitó y él no dudo.

Su boca encontró la de Rose. Y la besó. La besó por todas esas ocasiones que se ha retenido, la besó porque es lo correcto, no importa si debía esperar, si estaba corriendo peligro o si no era el momento, al final nadie sabe lo que pueda pasar mañana.

"No la dejes escapar" las palabras de Sonia suenan en su mente. Y no lo iba hacer. La besa con más ganas…

¡Santa Madre! Con ese beso le quitó el aliento a Rose, es como alcanzar las estrellas. Un dulce néctar a su sistema, ese que tanto necesitaba.

Le encanta todo, como la sostiene y como la acaricia. El beso desencadena toda la química entre ambos, la pasión aumenta y la tensión desaparece. Son ellos dos solos, es su momento así lo cree ella, no importa los problemas o lo que suceda después, en este instante solo importa lo que están compartiendo. Es un beso dulce y tierno que se va transformando en uno intenso y hambriento. Ese tipo de besos que hace destrozos en los dos.

Ella pega su cuerpo a él, como si pudieran fundirse, toca sus brazo, sigue subiendo, sigue pidiendo y se sigue intensificando. Siente como algo emana de ella, y lo reconoce. Su poder se ha hecho dueño del momento y del lugar, todo a su alrededor levita menos ellos dos, todo en una sincronía perfecta.

Rose jadea, tratando inútilmente de controlar la respiración, cuando él se separa un poco para poder verla. Una sonrisa crece en su rostro al notar lo afectado y agitado que está él, al igual que ella. Los ojos de Rose, transmiten una clara pregunta, que él lee con facilidad.

-No podía esperar a mañana. –susurra él, junto a sus labios.

"Para que esperar a después si no saben si estarán juntos o con vida, mejor ahora que es seguro."

Ella sonríe y se muerde el labio.

-Tiene lógica. Me gusta.

El móvil de Dimitri suenó. Por lo menos fue al final y no al comienzo.

-Regreso enseguida. –le anuncia él con dificultad. Saca el celular. Y vuelve a depositar un suave beso en sus rojos e hinchados labios. –¿Y esto?. –se detuvó al observar todo el desorden a su alrededor.

Rose se encogió de hombros y sonríe.

-Yo lo ordenó.

-o-o-o-

Dimitri retorna a la habitación quince minutos después, viene con un serie de suministros , armas adicionales que coloca encima del tocador. Ninguno menciona nada respecto a las llamadas o a las alarmas. No necesitan agregar ese tipo de tensión.

Rose está en la cama y él se sienta a un lado. Ella levanta la cabeza mientras él la rodea por los hombros y la acerca a su pecho, dándole pequeñas caricias en su brazo.

-¿Qué pasa si las cosas cambian entre nosotros?

Él giró para poder verla a los ojos y le acarició la mejilla.

-Ya están cambiando Rose. Y no creo que alguien pueda detenernos.

Ella sonríe y lo besa.

-Los muchachos llegaran en cualquier momento y harán una inspección en los alrededores. Por ahora trata de descansar. Yo de aquí no me moveré. – ella asintió. El cansancio, la emoción, la felicidad, el éxtasis, vence a su cuerpo y se deja llevar.

"Yo velaré por tus sueños" murmuró Dimitri.

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