Capítulo veinte – coacción.


Katniss se despierta con el sonido del agua corriente en el baño. La luz en la parte inferior de la puerta hace que su habitación parezca más oscura de lo que es. Se queja en voz alta al sentir la comezón en la cara. Va a rascarse, pero se detiene en el acto al notar el ardor que las uñas dejan contra su piel. Da la vuelta a la almohada, y empuja la cara contra ella para sentir el frío refrescante del tejido. Necesita un momento para darse cuenta de que lo está llenando todo de sangre.

Se sienta y coloca una mano sobre las heridas, como si eso fuera a mantener la sangre en su sitio. No es demasiada, pero el flujo constante es suficiente para embadurnarla toda la mejilla y parte del cuello. Suspira y sale fuera de la cama. Da unos golpes en la puerta del baño.

"Está abierto", vocea Gale desde dentro.

Entra y lo encuentra frente al espejo, lavándose los dientes mientras la mira por el rabillo del ojo.

"Me he rascado", murmura ella al abrir el grifo del lavabo más cercano a su puerta. Se aclara el rostro lo mejor que puede y coge una toalla del estante.

"Ya termino con esto", dice él, empujando el recipiente de la crema medicinal hacia ella. "Esta vez debería de ser fácil ponértelo".

Ella dice "Gracias", y alarga el brazo para cogerlo. Se muerde el labio y tuerce la mirada hacia Gale. Él no la mira, solo continúa cepillándose los dientes. Katniss ve la pomada en sus manos, y vacila unas cuantas veces antes de decidirse a aplicarla.

No es tan terrible como la noche anterior, pero aun así, los ojos se la humedecen y no puede evitar la mueca de dolor. El aire espeso entre ellos desde la noche anterior tampoco ayuda.

"¿Vas a… salir a correr está mañana?", se las arregla para preguntar.

Él se limpia la boca con una mano. "Sí".

El latido en la mejilla la obliga a inspirar profundo para seguir hablando. "¿Puedo ir?".

La mira fijamente, pensativo. "Si vienes suavizaré el entrenamiento".

Ella entorna los ojos sin tratar de ocultar el disgusto que la provocan sus palabras. "No lo hagas, puedo arreglármelas".

"Catnip, seamos serios…".

"Estaré bien".

Gale parece estar reflexionando de nuevo. "Voy a reducir el kilometraje".

Katniss no puede evitar que le guste la idea. Alza la vista hacia él.

"¿Podré disparar?"

"¿Con tu arco?".

"Claro. Sólo he podido usarlo una vez. Además, quiero demostrar a todos mis habilidades antes de marcharme", dice sonriendo.

Gale intenta devolver la sonrisa, pero no es completa. "Sí, sí, por supuesto. Tienes que mostrar a Jack lo que eres capaz de hacer. Me ha estado fastidiando con ese tema los últimos años".

De repente se siente… emocionada con la idea. Se la iluminan los ojos y el latido de la mejilla deja de ser tan insufrible.


Tensar la cuerda del arco es reconfortante. Siente la resistencia contra su brazo y su hombro mientras apunta. Escuchar los pequeños clics en la madera, la presión en las yemas de los dedos al soltar las flechas, el silbido al rasgar el viento en su recorrido, todo, hace que su sangre corra un poco más rápido, y su corazón bombee un poco más fuerte. Es instintivo. Necesitó un año desde que disparó con su padre por primera vez para que llegase a suceder, pero desde entonces, nunca ha tenido que pensar en ello. Su mente se queda en blanco, en un combate cara a cara con su concentración.

Jack silba cuando la flecha hace un viraje perfecto hasta el centro de la diana. Se pone de pie y aplaude. "Eso sí que ha sido algo hermoso", la elogia.

Ella rueda los ojos en su dirección y sonríe. Dirige su arco hacia él, ofreciéndoselo. "¿Quieres probar?".

Jack la mira como tuviera dos cabezas. "¿Bromeas? Los arcos, definitivamente, no son lo mío"

Vuelve a colocar el arco a su lado. "¿Qué es lo tuyo, entonces?".

Jack sonríe y vuelve a dejarse caer sobre la hierba. "Lanzagranadas. Bazucas. Ya sabes, peces gordos".

"¿Cuándo tienes la oportunidad de usar esas cosas?", pregunta levantando una ceja.

"A veces", dice él. "Me gusta usarlas para detonar prototipos de aerodeslizadores que no funcionan. Es la mejor parte del trabajo".

"Estoy segura", murmura Katniss, apuntando de nuevo a nada. "¿Qué podría disparar?".

"¡Esto!", grita Antón desde algún lugar detrás de ella. Escucha un zumbido en el aire, algo girando, una chispa brillante sobre ella. Se da la vuelta automáticamente, apunta en décimas de segundo y dispara. El objeto invierte su trayectoria con el golpe, cayendo al suelo unas yardas más allá atravesado por la flecha. Está vez el silbido de Jack es más alto y prolongado.

"Ese ha sido bueno", dice Anton acercándose a ella.

Katniss sonríe. "¿Qué era eso?".

"Sólo un pájaro de metálico. Practicamos con ellos". Le da uno para que pueda verlo. Ella lo examina, y efectivamente coincide con su nombre. Es un pájaro en miniatura, plateado, con las alas en horizontal y móviles.

"¿Crees que podrías derribar dos a la vez?", pregunta Antón en tono desafiante.

Katniss nota como se la endereza la espalda, y le da una mirada arrogante para que coincida con la suya. "Por supuesto que puedo".

"Muy bien", dice él, dando media vuelta y sacando un pájaro más de su bolsillo. "Veamos lo que eres capaz de hacer".

Lanza los dos al aire, y cada uno toma una dirección diferente. El primero vuela en línea recta frente a sus ojos, y consigue derribarlo rápidamente. Busca con los ojos el otro; necesita un segundo para encontrarlo, mucho más lejos. Cierra un ojo, dispara; no le da de lleno, pero el pájaro ralentiza sus giros descendentes hasta que aterriza en el suelo.

Antón aplaude un par de veces mientras Jack contempla la escena con una especie de fascinación reverencial.

"¿Te unirías a nuestro Equipo?", pregunta Jack. Katniss no puede decir si está hablando en serio o no.

"¿Alardeando?", dice Johanna mientras se acerca, con los brazos cruzados y una risita burlona.

Katniss se encoge de hombros. "Lo intento".

Johanna se queda parada junto a ella, sacando un hacha pequeño de su cinturón. No se toma la molestia de apuntar al blanco antes de lanzarlo con un giro de muñeca. El objeto vuela en círculos y rebana la flecha de Katniss por la mitad, desde las plumas a la punta, clavándose justo en el centro del objetivo.

"Siempre me ha asustado un poco lo buena que eres lanzando esas cosas", exclama Anton. Johanna gira la cabeza y le mira a los ojos. "No es culpa mía que todavía seas un crio fácilmente impresionable".

"Vamos, Johanna, deja de fanfarronear. Los dos sabemos que puedo noquearte solo con mis manos", dice él, poniendo las manos en alto y moviendo los dedos.

Katniss no está segura de si Antón está haciendo cualquier insinuación a Johanna. Pero se arriesga a preguntar de todas formas. "¿Eso significa que puedes…?".

Johanna vuelve los ojos. "Es cinturón negro. En jijutsu, o ninjitso o tae-jitsi, o algo así"

Anton tuerce la sonrisa. "Lo suficientemente cerca. Pero te olvidas de los puntos de presión".

"¿Cómo podría olvidarlos?", dice ella con sarcasmo.

"¿Puntos de presión?".

Jack se levanta de un salto de la hierba. "Sí", dice con entusiasmo. "Le he visto romper el codo a un hombre solo con tocarlo".

Anton se ríe. "Hice algo más que tocarlo, pero la técnica ayuda".

"Me ha enseñado algunas cosas", dice Jack. "Es escalofriante. Una vez rompí la rodilla de un tipo con tres dedos".

Los ojos de Katniss se amplían. "Uau". Dirige la vista a Johanna. "¿Te ha enseñado algo, Johanna?".

Ella tuerce el gesto. "No. Yo prefiero la intimidad de un combate cuerpo a cuerpo", dice con media sonrisa. "Ya me entiendes, rodar por el suelo, compartir la rabia y la desesperación de ver quién se queda en la parte superior. Es estimulante".

Katniss piensa sobre eso – y no está segura de si se siente identificada con las palabras. No está segura de si matar era estimulante; aunque sintió la adrenalina cada vez que lo hizo. El vacío de los pensamientos silenciosos, de no pensar, igual que cuando disparaba aves al cielo. Igual que la caza. Matar o ser matado. Se llamó a sí misma asesina durante mucho tiempo, y aunque ya no siente ningún remordimiento por aquellos que murieron en sus manos – si no hubieran muerto ellos, lo habría hecho ella – tampoco resulta una idea gratificante.

La mujer del Capitolio, el profesional en los primeros Juegos, Coin. No puede obligarse a sentirse mal por matarles. Tal vez su brújula moral esté un poco descentrada, y su mente un poco desordenada, pero Jack, y Johanna y Anton parecen aceptarlo, incluso si eso a veces hace que el aspecto de sus ojos esté en conflicto con el de su sonrisa. Eso la hace sentir mejor sobre no sentirlo casi nada.

"Lo sé", enfatiza Anton, alzando las manos otra vez. "Soy un artista marcial".

Jack da un codazo a Katniss, luego mira a Anton y a Johanna. "Hey, ¿sabéis lo que pienso? Creo que Anton debería mostrarnos cómo puede hacer que Johanna se desmaye".

Johanna les mira con desdén. "Diablos, no".

Anton se cruza de brazos. "Puedes romper el cuello a cualquiera, pero no puedes manejar que te deje inconsciente".

"Esas cosas me sacan de mis casillas", dice. "Además, no me voy a quedar inconsciente por placer".

Anton inspira profundo. "Bueno, ¿qué tal esto? Casi te dejo inconsciente. Mucho mejor que totalmente inconsciente, ¿no?".

A Johanna sigue sin agradarle la idea.

Katniss y Jack comparten una mirada. Ella sonríe. "No seas gallina, Johanna", dice para provocarla. "Sólo es Anton".

Johanna vuelve los ojos a Katniss, estrechándolos como si fueran balas. "Bien", escupe. Se vuelve hacia Anton con las manos en sus caderas. "Haz lo que quieras".

Anton sonríe, y cierra la distancia entre ellos, calentando las manos. "Es tan fácil sacarte de quicio".

"Cállate y termina con esto".

"Como quieras, cariño". Su sonrisa aumenta mientras ella le mira aún con más fiereza. Anton coloca las manos a ambos lados de su garganta, presionando los pulgares justo debajo de la mandíbula. La observa de cerca, y ella es capaz de mantenerle la mirada durante unos segundos, antes de que sus párpados comiencen a caer. Lucha por evitarlo, parpadeando rápidamente. Pero sus manos tardan apenas unos segundos en despegarse de sus caderas y colgar lánguidas a ambos lados de su cuerpo.

"Anton", ella trata de quejarse, pero le sale un farfullo incomprensible. Anton aparta las manos de su cuello lentamente. Las rodillas de Johanna no resisten la falta de sujeción. La agarra antes de que se desplome contra el suelo y la apoya contra su pecho, riéndose un poco. Johanna intenta y no puede mirarle enojada, sólo es capaz de dejarse caer contra él.

"Aw, mira, ahora te mueres por mis huesos", Anton la pincha con una sonrisa.

Johanna apenas es capaz de abrir los ojos. Katniss se ríe con Anton.

"Ni siquiera la poderosa Johanna Mason aguanta más de diez segundos", dice Jack sacudiendo la cabeza con fingida decepción. "¿No es maravilloso?"

Katniss mira la escena impresionada. "¿Cómo has hecho eso?".

Anton se encoge de hombros, poniendo a Johanna a su lado. "Sólo busque los nervios oportunos; eso es todo. Si los presionas, disminuye su presión arterial y bum. Inconsciente. O, bueno, casi", corrige. "Vas a estar bien en un segundo", le dice a Johanna, todavía apoyada en su hombro.

"No puedo creer que te dejara hacerme esto", replica ella haciendo un mohín. Anton hace un gesto de suficiencia.

"Sé que te ha gustado, no intentes engañarnos".

"¿Qué está pasando aquí?", pregunta Gale, que camina hacia ellos. Sonríe cuando ve a Johanna. "¿Qué te ha pasado Jo?".

"Que te jodan", ladra Johanna.

"Una lección sobre puntos de presión", dice Jack. "Siempre es divertido de ver".

"Ah", dice Gale mirando a Anton con complicidad. "Siempre es divertido ver a Johanna perder el equilibrio, también".

"Lo mejor", Jack está de acuerdo.

"Os odio a todos", Johanna ladra otra vez.

Katniss quiere reírse de la lucha de Johanna por recuperarse rápidamente. Anton mantiene un brazo de soporte en torno a ella, rodeándola por la cadera. Echa un vistazo a Gale. "¿Qué estabas haciendo allí?", le pregunta, gesticulando con la cabeza hacia el cuartel detrás de ellos.

"Hablando con Paylor. Va a acompañarme a interrogar a Reeva", dice sentándose en el suelo. Katniss se sienta a su lado.

"¿Vais a ir pronto?".

"En media hora", contesta. Se tumba en hierba apoyado sobre los codos, y levanta la vista hacia Katniss. "¿Te has divertido disparando?".

Ella sonríe. "Sí. Creo que Jack lo disfrutó".

"Claro que lo hice", escucha decir a Jack.

"Bien", dice Gale, poniendo las manos detrás de su cabeza. "¿Sigues siendo tan buena como antes?".

"Por supuesto que lo soy".

"Tumbó dos de esos pájaros en cuestión de segundos, no más de cinco", apunta Jack.

"No me sorprende", sonríe Gale.

Katniss aparta la mirada porque sigue sin acostumbrarse a recibir elogios de él. "¿Qué hay de ti?", pregunta finalmente. "¿Aún eres capaz de disparar una flecha?".

Gale arruga el entrecejo. "Imagino que sí. Pero soy mejor con otras armas".

Ella empieza a medio sonreír. "Entonces, demuéstramelo".

"¿Por qué?, pregunta Gale. "Eres mejor que yo y lo sabes".

"¿Y?", dice ella. "Eso no importa. Siempre he sido mejor que tú".

Él tuerce el gesto. "¿Cuándo te has vuelto tan arrogante?".

"No lo sé. ¿Cuándo has empezado a no querer demostrar algo?".

"Dame eso", dice suspirando; se incorpora a una posición sentada, y extiende una mano hacia su arco. Ella se lo da gustosa.

Gale se levanta y se sacude los pantalones. Agarra la flecha que le ofrece. Ella también se ha puesto en pie, observando cómo tensa la flecha hacia atrás. Parece que está concentrado; sus cejas se hunden sobre sus ojos, formando una línea que se pierde en la cuesta de la nariz. Cuando libera la flecha, aterriza en el tercer anillo del objetivo. Gale frunce el ceño y maldice en voz muy baja.

Ella le examina detenidamente, su rostro serio. Decide bromear. "No sabía que fueras tan malo".

"Ha pasado un tiempo desde la última vez que use uno de estos", se excusa mirando primero al arco y luego a ella. "No confiaba en dar en el blanco para nada". Extiende el arco para que ella lo recoja.

La chica lo agarra sin apartar la vista de él. "No ha pasado tanto tiempo, ¿verdad?".

La sonríe con suficiencia; una de esas sonrisas frías que le hacen inasequible para el mundo. "Sí. Ha pasado bastante".

"Vaya", dice ella, parpadeando, y observando cómo se esfuma la sonrisa de la boca de Gale.

"Creo que debería practicar más, ¿eh? No quiero avergonzarme de mi mismo si alguna vez quieres verme disparar de nuevo".

Ella mira al suelo, una vez que comprende lo que trataba de decir. "No has utilizado uno… desde la Guerra, ¿verdad?".

Él se ríe. "No".

"Gale – ".

"Nunca lo necesité, Catnip", dice, con la mano dispuesta a volver a frotar la parte superior de su cabeza; parece que empieza a ser un mal hábito. Ella le evade y se aleja un paso.

"Deja de actuar como si estuvieras bien", dice con aspereza. "Porque sé que no lo estás".

Gale cruza los brazos. "Sí que estoy bien. Y prefiero otras armas. Las armas de fuego pueden ser muy divertidas".

"Pero no quiero que reprimas las emociones nunca más; no quiero que te encierres en ti mismo. No es saludable. Ahora lo sé. Y sincerarse sienta realmente bien, deberías probarlo".

"Y estoy orgulloso de que tú te estés abriendo a los demás", dice él, con honestidad. "Guardabas más cosas dentro que nadie que haya conocido".

"Mira quién habla", repone ella, mirándole con dureza. "Ahora sonríes por todo. ¿Recuerdas cuando nunca sonreías, y no te importaba mostrar al mundo tu rabia?"

Gale suspira. "Estaba furioso todo el tiempo. No tenía la energía o la razón para ocultarlo".

"Entonces, ¿Por qué ocultarlo ahora?".

La mira fijamente durante un rato. "No estoy ocultando ningún tipo de rabia, Katniss. No se trata de eso".

"Pero ocultas algo…", dice ella, arrastrando las palabras e intentando sostener su mirada.

"Tú sabes lo que es", responde Gale, arropado por esa sonrisa irónica de nuevo.

Y es verdad. Ella lo sabe.

"Gale", le dice. "Yo… lo siento".

Gale mete las manos en sus bolsillos. Katniss no puede levantar la vista de sus botas.

"No hay nada que sentir", dice después de un momento. "No es culpa de nadie, excepto tal vez mía".

"Después de todo este tiempo", dice ella.

Él le pregunta sencillamente: "¿Por qué no?".

Cuando consigue alzar la vista sus ojos la están esperando. "Peeta…", dice ahogada.

Gale sonríe. "Lo sé".

Ella mira a su alrededor, frotándose la chaqueta, y se da cuenta de que ya no queda nadie cerca de ellos. No sabe qué decir, aparte de repetirse a sí misma que no tiene que llorar.

"Tengo que irme", la informa Gale.

Ella asiente, distante, porque tiene la cabeza en otra parte. Cuando él comienza a alejarse, ella despierta. "Espera. Pensaba que iría contigo".

Se detiene y mira hacia atrás. "El Equipo va a acompañarme. Tú puedes volver al apartamento".

"No", exclama ella. "Tengo que ir. Es Reeva".

"Sólo va a ser un interrogatorio", dice él de nuevo, aunque Katniss se pregunta si tendrá sus propias razones para no querer que le acompañe. Pero ella se mantiene firme.

"Voy a ir", afirma con carácter definitivo. Él no encuentra la forma de negárselo.

"Está bien", suspira, y ambos se dirigen a los cuarteles donde Paylor les está esperando.


El edificio no es lo que pensaba. Tiene celdas con barrotes, habitaciones con una sola cama, un váter y un lavabo. Algunas de ellas también tienen una ventana enrejada que deja entrever el mundo exterior, blanco e incoloro, como el invierno.

Dos guardias escoltan a Reeva desde una de las celdas, obligándola a bajar unas escaleras hacia la sala de interrogatorios. Hay una ventana con cristal traslucido en un solo sentido – para los observadores – un altavoz para escuchar la conversación desde el exterior, y una mesa y dos sillas en el interior. La iluminación es fluorescente y hostil. Las paredes y el suelo son de cemento. El sitio tiene algo de siniestro y mucho de incómodo.

Katniss se queda mirando a Reeva desde el otro lado del cristal, observando su aspecto cetrino con ese traje carcelario. Casi parece patética, pero Katniss no siente lástima. Nunca ha estado menos impecable: con el pelo liso y el maquillaje cuarteado. Sin embargo, de alguna forma, consigue mantener la espalda lo bastante recta para hacer que parezca que, en realidad, ese es el aspecto que tiene que tener.

Sigue siendo roja. Sigue siendo perfecta a su manera.

"Asegúrate de sacarla todo lo que puedas", escucha como Paylor le dice a Gale. "¿Sabes lo que hacer?".

"Sí", contesta él, mirando a través de la ventana. Sin embargo, no parece mirar al otro lado del cristal. Tiene los ojos perdidos en alguna parte. Se vuelve y está a punto de entrar en la habitación cuando, por alguna razón, la llama para que se acerque. Ella camina hacia él un poco sorprendida.

"¿Qué pasa?"

"Sólo quiero que sepas algo. Cuando entre en esa sala…", dice, mirándola directamente a los ojos. "No voy a ser yo".

Katniss puede entenderlo, pero tiene que preguntar: "¿Qué quieres decir?"

"Ya lo verás. Es solo una advertencia". Después él la sorprende una vez más al inclinarse y besarla, de nuevo, como si fuera algo normal. Como si fuera la última noche, en su cuarto de baño, y él estuviera tratando de reparar su herida, sosteniendo su cara.

Cuando Katniss reacciona él ya está en la habitación, y ella está allí, de pie, sintiéndose estúpida y sin poder mirar a ninguno de los otros miembros del Equipo. No hacen ningún comentario sobre lo que – seguro – acaban de presenciar, ni se burlan de ella, y Katniss piensa que posiblemente escuchasen su conversación anterior, en el campo de entrenamiento. Deben de haber oído algo. Y se siente abrumada, pero se siente más avergonzada, y no puede decir cuál de los dos sentimientos es peor.

Todos han sido testigos de algo que se supone que Gale y ella no deberían de haber hecho. Cruza los brazos y contempla con rabia a Reeva. Se mantiene a una distancia mínima de todos los demás, y evita sus miradas.

Gale ya tiene puesta una coraza invisible cuando Reeva levanta los ojos hacia él, cautos y abiertos al mismo tiempo."Hey Reeva", dice, tomando asiento frente a ella.

Ella se endereza aún más en la silla. "Gale".

Gale respira hondo, frotándose la cara. "Yo… no quería que pasara esto".

"Pero era inevitable, ¿verdad?, pregunta ella. Parece compungida. "Fui imprudente. Me divertía demasiado estando a tu lado".

"Yo también me he divertido mucho contigo", asegura. "Pero aún podemos pasarlo bien, si quieres. Esto no tiene que cambiar nada entre nosotros".

Ella se ríe. "Ya lo ha hecho. No finjas ser ingenuo, Gale. Ésto", hace un gesto entre ellos dos. "Nunca iba a durar".

Gale hace un gesto de disconformidad. "¿Por qué no?, yo…", sonríe. "Sabes que te quiero".

Por cómo le mira, Gale no tiene claro si todavía le cree. Les separa un muro, y sabe que será difícil romperlo.

"Sí", dice ella después de un rato. "Lo sé. Pero tus amigos no lo hacen. Y sé que están ahí fuera, observando cada uno de mis movimientos, tratando de leerme". Mira a través del cristal, como si pudiera verlos, aunque no encuentra más que sus reflejos. "Ellos me atacaron, anoche".

"Yo no sabía que iban a hacerlo", dice Gale casi ofendido. "No sabía que tenían todo esto planeado".

"No mientas".

"¿Por qué iba a mentir?", pregunta, sosteniendo las manos en alto. "No tengo ninguna razón para hacerlo".

Reeva se muerde el interior del labio. "Encontraste la cámara".

Gale no se inmuta. "¿Y? Siempre compruebo mi apartamento cuando estoy más de un día fuera. Va con el trabajo". Se inclina hacia delante. "Tengo enemigos, Reeva. Me he ganado una reputación. Además, con ese grupo acechándome, no puedo confiar en nadie ahora mismo".

"Pero pensaste que fui yo, ¿verdad?", pregunta ella, su voz suena temblorosa.

"Nunca me has dado motivos para pensar que eras tú", dice, y se sienta de nuevo. "Bueno, hasta ahora. ¿Fuiste tú?".

"Sí".

Él se ríe en silencio. "¿De verdad?".

"Por supuesto que fui yo", repite ella. "¿Quién más podría haber…?".

"Cualquiera, Reeva", contesta Gale, su voz está llena de rabia. "Podría haber sido cualquiera. No tenías que ser tú". Se pone de pie, apoyando las manos sobre la mesa. "¿Por qué lo hiciste?", grita.

"Nunca me quisiste", escupe ella, y tiene lágrimas en los ojos. Katniss las mira desde el otro lado de la ventana, y apenas puede creerlo. "Siempre has querido a Katniss. A la estúpida y desagradable de Katniss, y yo…".

"¿De qué diablos estás hablando? Esa zorra me rompió el corazón. Ya no la quiero. Pensé que lo sabías, Reeva".

Ella se seca los ojos pasando las manos por encima. "No – no me mientas".

Gale gruñe frustrado. "¿Qué tengo que hacer para que me creas, Reeva? ¿Qué?"

"Bueno, para empezar, si no estuviera viviendo contigo – ".

Gale se ríe. "¿Se trata de eso?, ¿de Katniss? ¿Esa es la única razón por la que te peleaste con ella anoche?".

Abre mucho los ojos cuando le mira. "¿Eso es lo que te dijeron?".

"Sí. ¿Es incorrecto?".

"Si", ella ruge. "Yo no empecé la pelea. Ella rechazó completamente mi propuesta de amistad. Me llamó puta por amarte y –".

"Así que me amas", la interrumpe Gale, sonriendo.

Sus arrugas en la frente se desvanecen, y sonríe tímidamente. "…sí. Lo hago".

Suena real.

"Entonces… ¿Por qué pusiste una cámara en mi casa?".

Ella mira hacia otro lado.

"No voy a enfadarme, Reeva. Estoy bien. Sólo necesito saberlo".

Ella exhala. "Para garantizar mi lealtad, Gale".

"¿Qué lealtad?".

"Sabes que lealtad".

Gale vuelve a sentarse en la silla. "Así que eres Maera, ¿eh?". Gale chasquea la lengua. "Tenía la esperanza de que fuera mentira".

"Bueno, no sabía que iba a enamorarme de ti. Eso no estaba exactamente en mi lista de objetivos", murmura ella.

La mira durante un largo rato.

"No me mires así, Gale".

"Sólo estoy pensando", dice. "Si te hago algunas preguntas, ¿las contestarías?".

Ella levanta la vista hacia el espejo en la pared. "Siempre que les digas que se marchen".

Gale sigue mirándola un momento más, luego gira la cabeza sobre su hombro, haciendo un gesto al Equipo.

Aunque él sabe que no irán a ningún sitio.

"Van a marcharse", le dice. Ella entrecierra los ojos. Gale le da una pequeña sonrisa. "No me mires así, Reeva", repite sus palabras.

"Está bien", dice ella, volviendo los ojos. "¿Qué preguntas?".

Gale piensa. Las primeras que le vienen a la cabeza son las más inmediatas.

"¿Quién me atacó la noche del jueves?".

Ella se inclina hacia delante. "¿Quieres decir que todavía no lo recuerdas?"

"¿Debería hacerlo?".

"Supongo que no", dice volviendo hacia atrás y dejando que una de sus uñas arañe la mesa. "…Calypso. Al menos, ese es el nombre por el que la conocéis".

"¿Cómo Maera es el tuyo?".

Ella le contempla de forma hermética. "Sí. Pero ese tema ya no importa. Ella lo abandonado todo a cambio de lo que ha conseguido ser".

"¿Qué quieres decir con a cambio de lo que ha conseguido ser?".

Una sonrisa malintencionada crece en su cara. "Ahora ella es una especie de muñeca a cuerda. Obediente. Hace lo que sea para resultar complaciente. Un robot". Pestañea un par de veces. "Puedo llevarte hasta ella, si quieres. Hasta todos ellos". Se inclina hacia delante para estar más cerca. "Hasta nuestro líder", dice riendo. "Aunque tengo que admitir, Gale, que nunca fue para nada mi líder. Yo sólo necesitaba a alguien como él".

Gale considera sus palabras, un mal presagio se le atasca en la boca del estómago. "Reeva…".

Ella agita la cabeza negando. "Le he estado usando todo este tiempo. Él no significa nada para mí. Pero me vi envuelta en esto, y él me permite ser… perfecta. Mírame, Gale", le dice. "Puedo desgarrar la mitad de mi cara, y va a estar bien. Dame tu cuchillo".

Él abre la boca, la negativa no acaba de salir. Niega con la cabeza para ayudarse. "No".

"Sólo quiero mostrártelo", insiste ella, su voz está al borde de la súplica. "Por favor".

"No voy a permitir que te hagas daño".

Su mirada desesperada se transforma en regocijo. Se ríe de él. "Por supuesto que no. Sería demasiado difícil, de todos modos", dice tendiéndole la mano. "Dámelo".

Gale, dubitativo, lo saca de su cinturón. Pone la empuñadura en su palma y espera no tener que arrepentirse.

Ella la agarra, mirando como la luz se refleja en la hoja. Luego se pone de pie, extiende la otra mano sobre la mesa, y la atraviesa con el cuchillo. Ni se inmuta al hacerlo, ni siquiera cambia la expresión de su cara.

Gale parpadea mienta observa cómo se cura la herida, el rojo intenso de su sangre muta de nuevo al color de su piel desnuda, uniendo los extremos de la herida. "Quá…", se queda sin aliento para continuar.

"Regeneración", responde ella ante su pregunta inconclusa. "Para reconstruir lo que se perdió".

"En cuestión de segundos", se las arregla para decir. Piensa un poco más, acerca de su propia piel, sobre las cosas que no utilizan en el hospital. "Antigua tecnología, ¿verdad?".

"Sí", dice ella. "Es muy útil, ya lo sabes. Es casi… una pena que no la usen más. Podría salvar muchas vidas".

"Y alargar la vida demasiado tiempo, Reeva. Eso no es…".

"¿No es qué?", exige ella. "¿Ético? ¿Eso es lo que quieres decir?". Se sienta de nuevo. "Es un montón de cosas, Gale. Y es como cualquier otra cosa. Tiene argumentos a favor, y argumentos en contra. Pero, ¿pesan unos más que otros?, ¿quién puede decidir algo así?".

Gale aprieta la mandíbula, mirándola fijamente.

"El dolor no tiene por qué existir. La muerte, por fin, puede esperar, si uno quiere que lo haga. No tendríamos que preocuparnos, ni tener miedo, ni agobiarnos con esa odiosa incertidumbre. Podemos ser libres si queremos serlo".

Su resolución añade cierto tipo de fervor a sus palabras. Ella ha asumido esa idea, y sabe que no va a dejarla ir, da igual lo que él diga. Pero no puede dejar de preguntarse si ella hace esto pensando en toda la población de Panem, o sólo en sí misma. De forma egoísta. Porque ella es egoísta, nunca fue un ejemplo de bondad.

Exhala. "¿Qué quieres conseguir con todo esto, Reeva?".

Ella arquea una ceja, frunciendo el ceño antes de sonreír. "Me conoces demasiado bien, ¿verdad?".

"Supongo que sí"

"¿Qué quiero conseguir?, repite ella. "Infinita belleza. Todo lo demás que te he dicho. Una vida larga, sin demasiadas complicaciones; todo lo que quiera, en realidad".

Gale no la cree. "¿Qué más?".

"¿Qué más podría querer?".

"Dímelo tú".

Ella se ríe. "Entonces estás esperando oír: nada".

"Reeva", intenta empujarla. "Puedes confiar en mí, ¿no lo sabes? Puedes decirme lo que sea, y yo… lo aceptaré. Igual que acepto todo lo demás".

Se miran durante un rato, tratando de leerse mutuamente, buscando lo que hay tras la profundidad de los ojos del otro. Reeva trata de encontrar su mentira, y Gale intenta encontrar cualquier cosa. Sus pupilas son negras y distantes, el resto de sus ojos de un hermoso color ámbar, pero la belleza sólo sirve para encubrir lo que realmente hay debajo, al acecho.

Él lo sabe. Puede sentir su desconfianza, su estado de alerta. Está bloqueando lo que sea que siente por él, si es que verdaderamente siente algo. Lo puede decir por el brillo quebradizo de sus ojos, por cómo se muerde el labio. Imagina que la ha estado prestando mucha atención todos esos meses que han pasado juntos. Es casi imposible no hacerlo. Y está claro que si él puede leerla, ella puede leerle a él.

"Me gustaría poder creerte", habla Reeva por fin, después de dejar pasar muchos minutos. El aire empieza a ser demasiado pesado, y también el tiempo.

Él puede seguir fingiendo, o hacerla saber la verdad. No está seguro de lo que será mejor para sus posibilidades de conseguir lo que realmente quiere: que hable.

"Puedes hacerlo, si quieres", dice. "Pero necesito tus respuestas, Reeva".

Ella aparta la mirada hacia la pared. No sabe si está molesta – no si está molesta de enfado o molesta de confusión. Ella muestra molestia con facilidad. Así que se pregunta si realmente la ha hecho daño, si es capaz de hacerla llorar.

"Nunca me amarías si te dijera quien soy. Aunque no lo hagas ahora tampoco", dice ella riendo suavemente. "Por favor, Gale. Eres tan superficial con tus mentiras. No sé cómo nadie puede creerlas".

Eso le da el empuje de frialdad que necesita. "Bueno Reeva, si nunca voy a amarte, como dices, ¿cuál es el problema para decírmelo?".

Le mira, y sigue riéndose. "Siempre has sido un necio, Gale. Pensé que sería fácil conseguir todo lo que quisiera de ti. Tan hundido, miserable y necesitado de cariño. Pensé que te tenía en la palma de la mano. Pero nunca te tuve en realidad". Golpea la mano sobre la mesa, mirando las manchas de sangre que había dejado su fugaz herida. "Porque llegó Katniss, y eso fue perfecto. Simplemente perfecto".

"No para ti", afirma él en voz baja.

Su gesto se vuelve neutral. "No. No para mí. Pero perfecto para Atlas. Ah, lo olvidaba. Todavía no lo conoces, ¿verdad?".

Gale se limita a mirarla y ella se limita a encogerse de hombros. "Nunca me importó su plan maestro, ni para qué te necesitaba en él, pero me engatusó con algo, y no pude evitar hacer todo lo que me pedía".

Gale suspira con frustración. "¿Por qué no me dices de qué demonios estás hablando, Reeva? Luego podemos discutir todos esos detalles que tanto te gustan".

Ella cruza los brazos, mostrándole los dientes en una sonrisa. "Preces cansado, Gale".

"Te aseguro que no eres quien para hablar".

Reeva pone mala cara. "Todo sudoroso por tu entrenamiento de la madrugada".

"¿Por qué no me mató Calypso, Reeva?", pregunta impulsivamente, ignorando lo que le dice.

Ella sube los ojos al techo. "A ella le gusta jugar. A veces no puede evitarlo. Ha escuchado todas mis historias sobre ti; probablemente estaba celosa".

Gale expulsa una risa por la nariz. "Podría haber ocupado tu lugar. ¿Por qué no llegó a ser mi novia? Estoy seguro de que habría hecho un gran trabajo".

"Todo gira en torno al fuego, Gale". Ella es fría y maleable, ahora. Necesitábamos encender tu chispa, como en la Guerra. Necesitábamos a ese tipo al que no le importaban un carajo los sacrificios. Y la Guerra empieza con fuego".

Gale arruga los labios. "¿Por qué yo? Tú podrías haber tenido a quién quisieras- ".

"Pero tú tienes las conexiones necesarias. Trabajas con Paylor, y ahora tienes a Katniss. Justo aquí, contigo. Y la gente sigue a la estrella más brillante". Vuelve a acercarse a él. "¿Todavía no lo entiendes? Necesitábamos una voz reconocible. Alguien confiable. La forma más fácil de llegar al corazón de un país es a través de la confianza. Lo que no quiere decir que un buen lavado de cerebro no ayude, desde luego".

"¿Y pensabas que te seguiría voluntariamente a lo que sea que estás haciendo?", Gale casi grita. "Yo no te quiero, ¿recuerdas?".

"¿Quién ha dicho que lo harías voluntariamente?".

"¿Qué pasa si te digo que voy a hacerlo?". Gale entrecruza los dedos de ambas manos y los coloca bajo su nariz. "¿Si me conduces hasta Atlas?".

Sus uñas repiquetean contra la mesa. Ese sonido inunda el aire de la habitación y le pone nervioso. "No lo harás", dice ella. "Pero voy a llevarte hasta él. Iba a hacerlo de todos modos".

Él observa su sonrisa con recelo. "Supongo que no hace falta decir que el Equipo también vendrá".

"Por supuesto". Ella se recuesta en la silla. "Y Katniss".

"Por supuesto. Hoy. Ahora mismo".

"Claro", musita ella. "Hazte cargo".

Se pone de pie, abruptamente, caminando a su lado y agarrándola del codo. Ella se sacude, pero él logra levantarla.

"Si nos conduces a una trampa no tendré ningún problema en atravesarte el corazón", la susurra al oído, cálido y calmado. Ve como intenta no parecer asustada. Pero nota la tensión de los músculos de su brazo, el pálpito de sus venas contra los dedos que la sujetan. "¿Cómo es de rápido tu corazón regenerándose?, tal vez debería arrancarte la cabeza, en vez de eso?"

"Está bien, chico duro", dice ella. "Estás ardiendo. Esa es una buena señal".

Se la queda mirando fijamente, y tira de ella hacia la puerta.