20 – La mujer del tren
Link jugueteaba con el amuleto que colgaba de su cuello. Todas las noches lo miraba y pensaba en sus seres queridos.
"Ojalá la abuela esté bien". "Ojalá papá me perdone". "Ojalá Zelda… Ojalá pueda volver a ver a Zelda."
Había terminado su plato de comida. La comida había mejorado muchísimo desde que lo habían sacado del calabozo para ponerlo a trabajar en el muro y en todos los trabajos pesados que los sheikah delegaban en algunos de sus prisioneros. Ahora comía una especie de pasta marrón sin ningún sabor concreto, pero que devoraba cada noche hasta no dejar ni rastro. Ya no dormía en el frío calabozo, los presos que trabajaban podían "disfrutar" de una cárcel a ras de suelo, una especie de cabaña con ventanas y puerta enrejada. Y aunque fuese a través de barrotes, desde su catre podía ver la luna y las estrellas, y eso era como acariciar la libertad con la punta de los dedos.
Otra recompensa por el duro trabajo era que los sheikah le permitían relajarse un rato cada noche después de acabar sus tareas, justo después de que le sirviesen la cena. Así que había empezado a cenar al calor de una hoguera, junto a sus compañeros. No sabía si Olly tenía algo que ver o no con esa mejora, o simplemente los sheikah sacaban partido de sus prisioneros obligándoles a trabajar.
Para él no supuso un gran problema, es más, agradeció poder estar al aire libre. Eso implicaba cargar rocas pesadas, cavar zanjas y cosas por el estilo, terminaba con el cuerpo destrozado por el duro trabajo. Sobre todo las manos, que le ardieron en ampollas el primer día. Pero podía sobrellevarlo. Tenía que sobrellevarlo.
Numa, el joven de idioma extranjero con el que compartió calabozo, también disfrutaba con el trabajo al aire libre y había entablado una amistad con él. Era de una zona muy al sur de Ikana, de una tribu que vivía con sus propias normas, alejada del gobierno de Hyrule e incluso de las de Ikana. Lo atraparon por cazar "en uno de los bosques de la reina Arien", así que técnicamente aquel ciervo que consiguió cobrarse era propiedad de la reina y no de Numa. La sequía había empujado a gente como él a buscar comida donde fuese para poder abastecer a sus familias. Link se sorprendió al saber que Numa, a pesar de tener su misma edad, ya era padre de dos niños.
Link no hablaba el idioma de Numa, era una lengua complicadísima que no se parecía a nada que hubiera escuchado antes. Ni siquiera los dialectos de los goron se aproximaban a eso. Si había aprendido todo lo que sabía de su nuevo amigo, fue gracias al viejo Elm. También él fue trasladado a una celda exterior que seguía compartiendo con Link y Numa. Los sheikah también lo obligaban a trabajar, pero no del mismo modo que a los jóvenes… no eran tan crueles después de todo. Elm servía la comida a los guardias sheikah, abrillantaba armaduras, limpiaba botas y cosas del estilo. Era huesudo y desconfiado, pero pronto empezó a entablar amistad con sus dos compañeros. Link se ocupaba de cubrirle siempre que lo veía flaquear, a Elm le dolían las articulaciones y había días en los que cualquier mínimo trabajo era una tortura para el pobre anciano. Elm no había contado por qué estaba allí encarcelado. Link pensaba que para el anciano mantener aquello en secreto era como tener una pequeña libertad, guardar su privacidad con celo hacía que Elm se sintiese un poco más libre.
—¿Cumtu? —preguntó Numa. Estaba sentado a unos metros de él, calentándose los pies en la hoguera.
—Cómete mi pan si quieres —dijo Link, ofreciéndole un pico duro que no se había terminado aún.
—Nien. Cumtu sien, daku —insistió Numa, señalándose el cuello.
—¿Quieres agua? —preguntó Link, sin entender.
—Diosas, ¿aún no has aprendido a decir "agua" en piken? Lo que Numa quiere saber es qué es ese colgante que llevas —dijo Elm, que se arrebujaba en una capa andrajosa, al lado de Link.
—¿Mi colgante? —dijo Link, mostrándoselo a Numa.
—¡Da! —sonrió Numa.
—Es un recuerdo, un amuleto. Así puedo acordarme de mi padre, de mi madre y también de mi mejor amiga.
—Numa —dijo Elm —Link cumtu sien supame faku, ganmaku e samsai.
—¡Samsai! —exclamó Numa, guiñándole el ojo a Link.
—¿Qué diablos le has dicho, Elm?
—Samsai Link —sonrió Numa —samsai Numa nam Kareia. ¿Samsai Link?
Link asintió en silencio y después miró a Elm, esperando su traducción.
—Quiere saber el nombre de tu mujer. La suya se llama Kareia.
—No, no. No es mi mujer —trató de aclarar Link —es mi amiga.
—Mujer, novia, amiga. Todas esas palabras son sinónimas en piken.
—¿No hay una palabra para decir que una chica es tu amiga o tu mejor amiga y… ya sabes, no hay otras cosas? Quiero decir, alguien a quien quieres mucho, es muy importante para ti, pero no… no hay nada físico por medio. O bueno, hay algo físico, pero es distinto, no físico como con tu mujer —Link resopló con nerviosismo —creo que lo explico fatal…
—La palabra que define lo que dices es samsai —dijo Elm —Lo es, si esa chica es lo suficientemente importante como para que cada noche te duermas apretando ese amuleto en la mano.
Link repitió el gesto de apretar el amuleto en el interior de su puño y admitió que después de todo, Elm tenía razón.
—Samsai Link Zelda —dijo Link, respondiendo a Numa, que lo miraba expectante.
—Zelda nam begonen —sonrió Numa —¿damba sien?
—Ojalá supiera dónde está… —dijo Link, intuyendo la pregunta —ella es la persona que he venido a buscar.
—Supa nien Link damba sien Zelda —tradujo Elm —cosuca sheikah haven samsai Link.
—Sheikah som fuka… fuka du penke —chirrió Numa, arrojando un palo con desprecio a la lumbre —Kindaia Link, kindaia Elm.
—Kindaia, Numa —dijo Link. Era de las pocas palabras que había aprendido en piken. "Kindaia" significaba "Luna", y era la forma que los de su tribu utilizaban para dar las buenas noches.
Los guardias no tardarían mucho en obligar también a Link y Elm a volver a su cabaña-cárcel, donde serían encerrados tras los barrotes, pero ellos decidieron apurar su tiempo en el exterior un poco más.
—¿Le has dicho a Numa que los sheikah tienen a Zelda?
—Sí, eso es. Y él debería cuidar su lengua. No está bien llamar a un sheikah "mierda de moblin". No es la primera vez que lo hace y en alguna ocasión se lo ha dicho a la cara. Alguno de estos imbéciles podría entender el piken y Numa volvería de cabeza al calabozo.
—Ah, diablos, Elm. ¿Qué pasa en este mundo? ¿De dónde proviene esta represión? Cuando inicié este viaje pensé que podría encontrar cualquier cosa… pero no esto.
—¿Qué esperabas? Hace años que estamos así.
—Que la reina de Hyrule sea así supone un grave problema —dijo Link. "Sobre todo para mí", pensó, pero se guardó estas palabras.
—La gente dice que la reina está inmersa en una enorme locura. Otros dicen que es una maldición… y algunos creen que está poseída por algo.
Link se removió inquieto. El hecho de que Zelda estuviese en manos de una desequilibrada hacía más tortuoso si cabía su cautiverio.
—¿Qué pasó antes de la guerra? —preguntó a Elm.
—Es conocida la historia de la desaparición de la princesa Arien. —dijo Elm con aquella profunda voz de narrador que le caracterizaba. —Ella tendría tu edad más o menos cuando fue comprometida con el príncipe Zhed… ya no recuerdo de qué reino vecino. Hubo un revuelo, porque decían que la princesa no quería casarse por obligación y sin más… un día desapareció. Nadie supo a dónde fue.
—Ya… —murmuró Link, mordiéndose el labio.
—Cuando volvió, ya no era la misma. Y terribles cosas habían pasado en el reino. Zhed declaró la guerra al rey Vinshen por la ofensa del compromiso roto. Esa guerra no duró demasiado, pues las tropas de Hyrule eran poderosas por aquel entonces, pero nuestro pueblo quedó muy mermado. Y justo tras la guerra, el rey cayó enfermo. Enfermo o… se dice que Zhed envió un último regalo envenenado a Vinshen. Tras firmarse la paz, grandes cantidades de oro regresaron a Hyrule. Y las malas lenguas dicen que en uno de los muchos carros de tesoros que entraron al castillo, había un cofre especial, un presente a modo disculpa con el mismo rey.
—¿Cómo sabes todo eso? —se sorprendió Link.
—Ya sabes… rumores de la corte y esas cosas. El caso es que el cofre contenía varios objetos misteriosos —prosiguió Elm —y algunos creen que uno de esos objetos era un presente envenenado que hizo enfermar al rey hasta la muerte. Cuando la princesa regresó de donde fuese que se encontraba, el rey estaba ya moribundo, casi en el lecho de muerte. De alguna manera tuvo que reconciliarse con su padre, pues ella heredó el reino y pocos días después de la muerte del noble Vinshen, fue coronada reina de Hyrule.
—¿Y se volvió loca?
—Fue algo… progresivo. Al principio se la conocía como "la reina triste", pues no se la volvió a ver sonreír. Después empezó a pagar su mal humor con algunos miembros de la corte que llevaban años ahí, fieles servidores del rey Vinshen Bosphoramus. Los expulsó y sustituyó por esos… sacerdotes de la Luz.
—Tal vez son muchas preguntas las que hago, pero… ¿y la guerra con Ikana?
—Algunos miembros de la corte expulsados se asentaron en la provincia de Ikana. Muchos eran fieles al reino, lo amaban después de años de servicio. Y eso hizo que se sintieran despreciados, despreciados por la corona que les había dado prestigio. Unos clanes sheikah se revolvieron contra otros, y algunos renunciaron a la orden del Vigilante. Eso no quiere decir que los sheikah que quedaron con Arien fuesen más estúpidos o que sean malvados. Ni siquiera hay maldad en estos soldados que nos vigilan ahora mismo —dijo Elm, echando un vistazo hacia la guardia, que también cenaba en una hoguera no muy alejada de la suya —pero sí que se produjo una gran escisión entre los sheikah, y el dolor que proviene del desprecio de aquello que un día se amó, vuelve a la gente peligrosa.
—Entiendo —dijo Link, frunciendo el ceño.
—Arien siempre se sintió amenazada por aquellos a los que expulsó… y su obsesión con ellos ha ido en aumento. Tras la guerra sheikah, el castigo no fue más que un destierro. Luego llegó el muro, las cárceles en las fronteras… y vete a saber qué será lo próximo que cruce su cabeza.
—Elm, ¿crees que su locura tiene algo que ver con la enfermedad que se llevó a su padre?
—Es difícil de decir —murmuró Elm, entrecerrando los ojos —pero hasta donde sabemos… todo puede ser posible, muchacho.
—¡Vosotros! —dijo un soldado, que se aproximó a ellos a zancadas.
Link y Elm intercambiaron miradas, comenzaron a recoger los platos de la cena y a apagar su pequeña hoguera.
—Sir rana y el viejo huesudo. Una pareja inseparable —se burló el soldado —ya es hora de que vayáis a arrastraros a vuestro agujero como ha hecho vuestro otro amiguito. No me hagáis llevaros a la cama a pico de lanza, también ha sido un día agotador para mí.
—Sí, señor. Ya nos íbamos —dijo Link.
—Pues no quiero que tardéis ni dos minutos. Tengo que cerrar vuestra maldita puerta y no me gusta que me hagan esperar.
Link miró a Elm y dibujó una fugaz sonrisa en agradecimiento por todo lo que le había contado esa noche.
—Kindaia, Elm —susurró en voz baja.
—Kindaia, mi joven brincamuros.
Aquella mañana de trabajo fue particularmente dura.
Había que transportar piedras, no ladrillos ni piezas de adobe, sino enormes piedras al borde del río. Los sheikah planeaban construir una presa para poder mover un molino que querían construir y que les permitiría hacerse su propio pan. Las caravanas con comida tardaban en llegar a la frontera, y a veces la comida era deficiente. Y si la comida era deficiente para un sheikah, era inexistente para el prisionero de un sheikah.
Los caminos eran escarpados e impracticables, y tras varias pruebas, comprobaron que la mejor manera de llevar las piedras para la presa era transportarlas a mano.
Link había movido al menos cincuenta esa mañana. El sol le quemaba la cara y la espalda, pues pasó tanto calor que decidió quitarse la camisa mientras trabajaba. Numa parecía muy energético ese día. Canturreaba todo el tiempo, a veces canciones en su extraña lengua, a veces sólo tarareaba.
—Me saca de quicio que esté tan feliz, ¿acaso no ve que nos están torturando con este trabajo? —refunfuñó Link —¡eh, Numa! ¿Qué diablos te pasa?
—Supai samsai, Link. Supai na Zelda e miley cum Numa.
—Numa te sugiere que pienses en tu mujer como hace él, así tu trabajo será más llevadero. Tomad, os traigo agua —dijo Elm, apareciendo con un cubo y un pequeño cazo.
Tanto Numa como Link se refrescaron con el agua que Elm les llevó. El viejo no fue obligado a trabajar, pero sí a ocuparse de los que estaban trabajando.
—¡Eh! ¡El trío de renacuajos de ciénaga! ¡Os veo de cháchara, pero no os veo trabajar! ¡No me obliguéis a sacar el látigo! —vociferó un guardia a su espalda. Era un sheikah alto y grueso llamado Jondar que sentía una especial aversión por Link… y la aversión terminó siendo mutua.
—Fuka du penke —gruñó Link.
—¡Bonda, Link! ¡Bonda piken! —celebró Numan, que se desternilló de risa al comprobar que él no lograba memorizar la palabra agua, pero aprendió a la primera los insultos.
—¡Capitán Jondar! —exclamó un joven soldado, que llegó acelerado por la carrera —tenemos que llevar a la rana…, quiero decir, uno de los altos oficiales está de visita y solicita ver al prisionero Link de Cerule.
Link y Numa habían retomado la ardua tarea de transportar piedras, pero podían oír de refilón la conversación entre los dos soldados.
—Sir rana está ocupado, ¿es que no lo ves?
—Lo sé, señor, pero se trata de un alto mando.
—¿Qué diablos hace un alto mando en la frontera? Te estás confundiendo —resopló Jondar —¡vosotros, moveos y no espiéis las conversaciones de los soldados!
—Señor, se trata de la comandante Impa.
—Por las barbas del Vigilante… —murmuró Jondar —¿qué hace aquí? ¿Por qué quiere a sir rana?
—No me ha dicho nada —dijo el soldado, encogiéndose de hombros.
—¡Rana! Ya has oído, ve a donde te lleve mi guardia sin rechistar. Y más te vale no intentar nada raro. No te creas que no me doy cuenta de lo que tramas.
—Sí, señor —dijo Link.
Soltó la piedra en el suelo y se apresuró a seguir al soldado, pero Jondar le puso la zancadilla y le hizo caer de boca al suelo. Aquel maldito bastardo se reía a carcajadas, mientras él se intentaba levantar de la caída. El suelo era inestable y pedregoso y se dio un pequeño golpe en la ceja, que empezó a sangrar de manera escandalosa.
—Ten cuidado por dónde pisas, rana —se burló Jondar, mientras lo veía alejarse.
Link llegó medio mareado a uno de los cuarteles de los sheikah. Le pusieron unas pesadas cadenas de hierro en las manos, lo mismo que el día que lo llevaron ante Olly. Esperó unos segundos a solas en la sala y tras la puerta, apareció una mujer sheikah alta y atlética, con el pelo plateado, igual que Olly.
—Por todas las diosas, ¿qué han hecho contigo? —dijo, nada más verle.
Esa voz… no era solo la voz, era todo. Link la había visto antes. Por supuesto que la había visto antes, ¡era la mujer policía! De repente un tropel de imágenes volvió a su cabeza: el tren detenido, la policía registrando los vagones, Zelda esperando en el museo de máscaras… Se mantuvo en silencio, tratando de analizar la situación.
—Link, te advierto que tenemos poco tiempo, espero que colabores conmigo.
—Sí, señora.
—Es evidente que me has reconocido. Me resultaste sorprendente desde un principio por tu enorme intuición.
—Eres la mujer del tren —dijo él. La sheikah curvó uno de los extremos de su boca en una especie de sonrisa.
—Mi nombre es Impa, he venido a sacarte de aquí.
La mujer sacó una especie de ganzúa de uno de sus bolsillos y empezó a manipular las cadenas de sus manos hasta conseguir liberarle. Él suspiró aliviado, aquel día los brazos le dolían especialmente.
—Ahora préstame atención, Link. Harás todo lo que te diga, no abrirás la boca y te moverás con rapidez. No pueden vernos.
—¿Acaso pretendes que me escape sin más? Los soldados me matarán esta vez si vuelven a atraparme.
—No lo harán. Me gustaría haber conseguido una autorización para sacarte de aquí… pero no es fácil. Y no teníamos tiempo para eso —justificó Impa —¿estás listo?
—No. Hay un problema —dijo él, con aire taciturno —no puedo irme de aquí sin mis amigos.
—Uhm —gruñó Impa —creo que no entiendes que esto no se trata de una obra de caridad. No podemos ayudarles ahora.
—Entonces márchate. No dejaré aquí a Numa y Elm.
—No seas absurdo. Creí que habías venido a este mundo por un motivo muy concreto, empujado por un empeño que… maldita sea, me ha hecho incluso sentirme admirada por un mocoso como tú. Y te aseguro que eso no pasa todos los días.
—No sabes cómo nos tratan. No los dejaré atrás —insistió él, cruzándose de brazos.
—No es el momento de heroicidades, Link. No sabes lo mucho que hemos arriesgado para venir a buscarte.
—¿Hemos? ¿Has traído al cobarde de Olly contigo? Apenas se dignó a mirarme a la cara —refunfuñó.
—No es él quien me acompaña, sino alguien más importante y cercano para ti, me temo.
—No… —Link sintió como si un puño le oprimiese el corazón de repente —¿está contigo?
—Como supondrás, era demasiado arriesgado acercarla tanto a la frontera. Nos espera en una aldea sheikah, a un día de camino de este lugar.
—No puedo creerlo… es… ¿está bien?
—Si vienes conmigo podrás comprobarlo por ti mismo. Pero no podemos arriesgar esta misión por rescatar a tus amigos.
—Está bien —aceptó Link. Aceptaría cualquier cosa que le ofreciesen con tal de volver a ver a Zelda, y ahora ella estaba a un día de camino… por la Diosa, sólo un día.
—Sígueme y haz todo lo que te diga.
Link asintió y se deslizó por la puerta, tras Impa. Mientras corría tras ella, pegado como una sombra, rodeó su amuleto con la mano y prometió que volvería para salvar a Numa y Elm. Ahora ellos también eran su familia.
La huida fue tortuosa.
Impa no parecía cansarse de correr, pero él estaba al límite de sus fuerzas. Había anochecido y una fina lluvia comenzó a descargar sobre sus cabezas.
—Creo que el corazón me va a estallar —se lamentó.
—Tanto músculo y no te sirve de nada —dijo Impa —Zelda puede correr más de una hora seguida sin quejarse.
—¿Zelda correr? ¿Desde cuándo?
—Desde que yo me ocupo de su bienestar.
—Por piedad, paremos un poco… —insistió él —debimos dejar atrás a los soldados hace tiempo.
Impa redujo la velocidad y desvió su trayectoria para buscar un refugio. Eso supuso unos veinte minutos más de carrera, pero al menos Link supo que aquella mujer pretendía parar y no arrastrarle obligándole a moverse durante un día entero.
—Acuéstate ahí si quieres. Yo vigilaré —dijo Impa.
Link echó un vistazo. El suelo estaba húmedo por la lluvia, había barro por doquier.
—Si tú no duermes, yo tampoco —dijo, de repente.
—No seas cabezota, estás hecho un desastre. Duerme y yo me encargo de que no nos encuentren.
Él se recostó contra el tronco de un árbol. Sentía la sangre reseca sobre la ceja y el lado izquierdo de la cara, todo por culpa del imbécil de Jondar. Rodeó su amuleto y deseó que los sheikah no hubieran pagado su huida con Numa y Elm. Después se esforzó por mantener los ojos tan abiertos como podía.
Amanecía cuando volvió a abrir los ojos.
"Maldición, me he dormido" pensó, al ver la claridad y que la lluvia había cesado. Gracias a la luz del día pudo comprobar que estaban en el borde de un bosquecillo.
—¿Impa? —preguntó, poniéndose en pie. Siguió llamándola, indagando en los alrededores.
De repente, oyó una especie de gruñido entre los árboles, y una criatura horrible, una especie de monstruo de grandes orejas y hocico porcino saltó de entre los matorrales, amenazándole con una lanza.
Él dio un paso atrás, espantado. Estaba herido, medio en cueros y no tenía nada con lo que defenderse. Agarró una piedra y esperó a que el monstruo estuviera a tiro, entonces descargó el brazo y la piedra salió disparada como un proyectil, alcanzando al monstruo en la frente. Éste dio un alarido y salió corriendo, en apenas unos segundos desapareció entre los árboles.
—Tienes una puntería extraordinaria —dijo Impa a su espalda. No tenía ni idea de dónde había aparecido esa mujer, ni la había oído llegar.
—Gracias.
—Además, has debido de hacerle bastante daño, los bokoblin no se rinden con tanta facilidad. Dime, ¿alguna vez has tirado con arco?
—No —dijo él, encogiéndose de hombros.
—Habrá que enseñarte. Toma, ponte esto —dijo ella, arrojándole una camisa y una ajada capa —se requiere un mínimo de decoro para ver a su alteza real.
—¿Zelda es su alteza real?
—Por supuesto —dijo Impa, guiñando un ojo, pero manteniendo la seriedad.
Caminaron el resto del día, sin descanso.
Ninguno de los dos abrió la boca para hablar en todo el día, la sheikah porque era tan taciturna como aparentaba y él porque empezaba a verse cegado por la anticipación del reencuentro. La última vez que vio a Zelda fue en el muelle, en el lago Hylia. Iba de la mano de Olly… ¿seguiría yendo de la mano de él? Diablos, y ahora ella era una princesa. Y su madre era una mujer loca y desequilibrada que podría haber sido poseída por algún objeto mágico. Y estaban en ese mundo extraño con monstruos de grandes orejas y él lo había dejado todo atrás, todo. Pero todo habría merecido la pena sólo por volver a verla respirar.
—Estamos llegando, brincamuros —dijo Impa, adoptando su nuevo alias.
—¿En serio? —se adelantó él, ascendiendo a una colina.
—¿Ves aquellos árboles oscuros junto al recodo del camino? Es el borde exterior de la aldea. Pedí a Zelda que nos esperase allí.
Link echó a correr, dejando a Impa atrás.
—¡Link, espera!
Aunque estaba al límite de sus fuerzas, aunque la noche ya se les había echado encima y podría tropezar con cualquier piedra del camino, corrió con todo lo que daban sus piernas, hasta que el corazón le dolió dentro del pecho. Un par de zancadas y los árboles del recodo estaban cerca. Unas cuantas zancadas más y vio las luces de la aldea, colándose entre las ramas. Una zancada más y dejó de oír la voz de Impa, corriendo tras él. Diosas, había una silueta oscura esperando al borde del camino. En medio de su desesperada carrera miró al cielo, maldiciendo que la luna fuese nueva y las nubes ocultasen hasta la luz de las estrellas. Maldijo la oscuridad y forzó a su cuerpo a seguir hasta la extenuación. Paró cuando pensó que un solo paso más podría matarle, la figura oscura también se había movido en su dirección.
—¿Link?
—Kindaia… Zel.
Notas:
Mis queridos lectores… por si lo habéis pensado, no, no me he fumado nada extraño mientras estaba escribiendo este capítulo y se me ocurrió inventarme el piken xD Ya tuve la idea del personaje de Numa en el capítulo de "La frontera", y le cogí tanto cariño a él (pese a su mínima aparición), que pensé en darle un poco más de forma, incluso un idioma :) No me digáis que no os parece achuchable… jajaja.
Habrá que esperar sólo un poquito más para ver el reencuentro zelink bien visto, desde todos los ángulos, ya estamos casi.
Gracias por seguir la historia. Kindaia, lectores!
Ultimate blazer, la reina aún tiene muchísimo que decir en esta historia… creo que ya se puede entrever que es el eslabón con la historia de las máscaras.
Escasito, poco a poco vamos desvelando los misterios, espero no dejar ningún cabo sin atar ;)
Camilo navas, ¿cómo que Link no va a usar la máscara en ninguna pelea? Si existe una realidad onírica como Términa, ¿por qué no podría Link verse transportado hasta allí? Aún no desesperes, podríamos ver la máscara en acción.
Sakura, Zelda de BOTW es la número uno en fugarse y desobedecer a los padres… a ver cuánto tarda esta Zelda en querer escabullirse, jajaja, cuídate mucho tú también :)
Clarissa, lo sé. No he podido evitar mostrar un poco de mi opinión personal de cómo la religión exagerada lo pervierte todo (sea la religión que sea). Supongo que para una escritora es inevitable no dejar pequeñas pinceladas de sí misma a un lado y a otro :) Vas muy pero que muy bien encaminada, ¿por qué Zelda no ha sido presentada en la corte? Sí, la conocen sirvientes, sheikah y sacerdotes babosos, pero… ¿por qué su madre no la ha mostrado aún en público? ;)
Chico tranquilo, la unión con el mundo de los sueños fue un reto desde el principio. De hecho, lo primero que escribí fue la parte de Majora, quería darle forma a mis teorías a través de un fanfic, pero también tenía escrito el universo modernista zelink… en fin, lo metí en la coctelera todo. De nada, para mí es un placer responder vuestros reviews, un placer tan grande como recibirlos :) Majora's fue muy complejo de acabar porque les pusieron unas fechas muy agresivas, sacaron la historia con sólo un año de margen respecto a la anterior, y los creadores tuvieron que echar mano de ideas anteriores que habían descartado. Un abrazo.
