Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer.

Gracias por leer.

Capi cortito.

Bella

"Despierta"

Como si de una autómata se tratase, mis ojos, como otras miles de veces, se abrieron ante el llamado.

Esta vez no había mareo, ni nauseas, ni dolores de cabeza abrumadores, solo había fría resolución y mucho dolor y pesar por mi abuela.

En medio de mi aturdimiento había presenciado, como si de una proyección de cine se tratara, el momento en que la vida, al lado del poder, había abandonado su cuerpo.

Amelia lo había visto y tal vez había experimentado esta sensación de impotencia ante la magnitud del poder que ostentaba, ¿de qué servía si no podía salvar la vida de las personas que se querían?

En la imagen difusa vi como la vida era arrancada de su cuerpo y como la extraña fuerza la había abandonado dándome a mí lo que no merecía, ni era digna de poseer.

Sus poderes.

Lo último que vi antes de que la voz me ordenara despertar había sido a Ángela y a Leah acomodando flores para velarla, estaban siendo ayudadas por el coronel Black y su teniente Ben.

Yo debía estar ahí, porque ella tenía un vinculo conmigo y antes de que la tierra se la tragara yo debía despedirme como era debido.

Dándole las gracias por el invaluable regalo que me había legado aun sin pedírselo.

Sin importarme nada mas sino eso, esa convicción, aparte las sabanas que me arropaban, como siempre que me despertaba estaba oscuro, asumí que era de noche l al menos de madrugada. El camisón dejo que la brisa fría me traspasara la piel, lo mire detenidamente, debía pertenecer alguna de las mujeres de la casa, seguramente de Alice, cuya figura era la que más se asemejaba a la mía.

Tome la bata que acompañaba el camisón, que se hallaba a los pies de la cama y me encamine en silenciosos pasos hacia la puerta que estaba entornada pero no cerrada. Cuando alargue el brazo para abrirla un escozor me impacto en la garganta cuando trague saliva, me lleve una mano a la cara y descubrí que tenia sensible la piel de la mejilla y de la mandíbula, como cuando alguien la había sujetado con fuerza, cerré los ojos y permanecí lo suficientemente quieta como para hacer una imagen mental de mi misma ante mis ojos, tenía una magulladura liviana en la quijada, parecía la forma de una mano, allí era de donde Edward me había aferrado para abrirme la boca y darme, me frote un poco para aliviar la incomodidad y abrí la puerta del todo para salir por ella, llegue a las escaleras en medio de un minuto y comencé a bajar por ellas sigilosamente.

Esta vez ni él iba a ser capaz de detenerme.

Comprobé que mis suposiciones eran ciertas porque al mirar hacia el jardín vi que las flores se translucían a ese color morado pastel que adquieren todos los colores cuando son expuestos a la noche, mas aun a la madrugada.

Pude salir de la casa sin ser vista esta vez. Algo en mi me agrado en ese momento, este nuevo poder había dado a Amelia y a mí en este cuerpo la habilidad de movernos sigilosamente sin caer, sin armar alboroto, y, lo más importante, sin despertar a los demás.

Como si supiera donde se encontraban, me direccione hacia las caballerizas de la casa sintiendo la presencia de algo desconocido, ahora activado el poder o lo que fuera que fuera eso, podía percibir otras cosas que en mi estado normal jamás habría sido capaz de notar, sombras de algo que nada tenía que ver con los animales ni el resto de objetos que estaban ahí, caminaban alrededor mío siendo tan conscientes de mi presencia como yo de la suyas, pero sin atrevernos a hacer nada al respecto, el hecho de ser capaz de notarlas no implicaba que era capaz de dañarlas y al parecer ellas pensaban lo mismo de mi. Debía tratarse de espíritus pero no me detuve a pensarlo, tal vez cuando fuera menos imprudente hacerlo lo meditaría, ahora tenía un propósito en mente que nada tenía que ver con esto, estas presencias.

Mi mano iba ciega como yo ante esa oscuridad sobre las puertas de los establos individuales, cuando sentí más calor y vigor desprender de una de ellas fue esa la que decidí abrir, la yegua blanca de ellos abrió sus hermosos ojos hacia mí, sin saber cómo lo entendí ella me dijo en su mente que era la más rápida que había allí y velocidad era lo que yo necesitaba.

Sin ensillarla la monte, cabalgamos un poco dejando que ella se acostumbrara a mi peso, no me importaba que ella fuera la favorita, total yo no iba a dañarla, mi deseo que permaneciera tranquila se dio y cuando estuvimos adaptadas la una a la otra clave los talones en los poderosos flancos. Sin tener nada mas de donde agarrarme que de su hermosa y larga crin nos direccionaos rápidamente hacia la puerta del establo, nadie salió a detenernos ni se percato lo cual me dio una idea lejana del poder que habitaba en mi y del que debía aprender a hacer uso, eso me sorprendió tanto a la vez que me asusto.

El portón blanco de la entrada principal de la casa se abrió cuando se lo ordene, pero apenas la yegua puso pata fuera de la casa otro tipo de sombra nos empezó a rodear.

Estas tenían intenciones que nada tenía que ver con no ser notadas, al contrario, estaban allí porque tenían un propósito mas allá, cazarme.

La yegua, como casi todos los animales, si noto su presencia, la tranquilice con palabras en mi mente en un idioma que ni yo misma conocía. Ella entendió que el estar conmigo como jinete era una ventaja así que comenzó a hacer lo que yo le indique, correr y correr hasta el portón de la casa de Black, una vez ese portón fuera cruzado ninguna de las sombras podría hacernos daño.

Eran, unidas, como una neblina oscura y siniestra que trataba de devorarnos y cuando lo lograran iba a ser algo desastroso.

El bosque que separaba nuestra casa de la de los Cullen nos trago en un santiamén pero ellos aun estaban tras nosotras.

Más allá del viento y del sonido de él raspando mis oídos o pegando en mi cara, de los cascos de la yegua, el sonido de una voz pronunciando algo entro en mi campo de escucha. Era otra persona…otro ser, que hablaba, intentando huir de lo que, sin duda, era un mal de ojo o algún otro hechizo siniestro. Cambie de dirección bruscamente entre los árboles, la privilegiada vista de la yegua nos impidió tropezar con la gran cantidad de raíces de arboles y tocones que serpenteaban por el rebuscado camino.

Me agarre de ella completamente inclinada y espere que ella supiera sacarnos de aquí mientras yo intentaba hacer retroceder el avance de quienes nos perseguían. El camino dejo de ser tortuoso después de dos minutos.

Avanzamos y mire hacia un lado, un caballero negro, con las manos levantadas como en una plegaria, con una capa igual de negra gritaba algo, que sonó a "'¡diffundo!". Bajo las manos y se aferro a la montura mientras más sombras que las anteriores salieron de entre los árboles y corrieron rápidamente hacia nosotras.

"¿Que hago?" pensé que hasta aquí había llegado cuando de mis labios y sin que yo lo ordenara salieron las palabras:

"¡Digressus!"- y como si de un fantasma se tratara una imagen completamente igual a nosotras cabalgo a nuestro lado, era translucida como la de un fantasma, pero reproducía nuestras imágenes con total precisión.

A lo lejos vi la salvación, el portón de la casa de Black.

"Ve" dije a la imagen que cambio de dirección mientras nosotras seguíamos derecho hacia la casa.

"¡No!" grito el caballero lo cual me dio la convicción de que nuestro plan había funcionado, mire hacia atrás y vi que las sombras se habían devuelto a perseguir a nuestra ficticia replica, la cual se desvaneció apenas la yegua cruzo el portón.

De hecho todo lo demás se desvaneció. Corrimos hasta la entrada de la casa y Ángela salió envuelta en un chal.

- - ¡Señorita Thibaudeth…!- dijo haciendo una leve inclinación cuando baje de la yegua y camine rápidamente hacia ella subiendo las escaleras de la entrada- no la esperábamos sino hasta el día del entierro…

- - ¿Donde está…?- pregunto Amelia sin siquiera saludarla, ella y yo sabíamos que había sido grosera pero no podía esperar que estuviera tranquila ante el primer contraataque de magia de su vida, de la mía.

- - En el salón, el coronel y B…el teniente Chenney dispusieron todo y ahora están adentro velándola.

Cuando cruce la puerta Jacob iba saliendo seguramente preguntándose el por qué de tanto alboroto.

- - Señorita Webber…-estaba diciendo dirigiéndose a Ángela, me sorprendió que la interpelara así en esa época ya que normalmente a los criados no se les podía llamar sino por su nombre y por otros apelativos menos decentes que el de señorita.- ¡ah!…Señorita Thibaudeth… no sabe como lo siento.- dijo percatándose de mi presencia y haciendo una reverencia que oculto su cara de incomodidad.

- - Llévenme con ella- dijo Amelia en estrangulada voz.

Ángela cruzo una triste mirada con Jacob y después ambos se dirigieron al salón.

Cuando llegamos ahí Amelia soltó un gemido ahogado cuando vio lo que habían convertido del salón en un pequeño velatorio.

En el centro del salón se hallaba el ataúd preciosamente labrado de mi abuela sostenido por un mesón de patas igual de labradas. En las cuatro esquinas del rectángulo había velones largos prendidos titilando ante la brisa matutina. Prendidos de la base de estos había varias flores violetas, al fondo más alto del límite de los pies, se hallaba una imagen de Jesús y un rosario colgado de él, un rosario que mi abuela cargaba siempre del cuello.

Con el ruedo del camisón manchado de barro y descalza camine lentamente hacia el ataúd cuya mitad superior estaba abierta.

La imagen que me devolvió la mirada estaba sorprendentemente tranquila para el tipo de muerte que le había tocado. Su venerable postura era demasiado elegante, tal como me había parecido desde el momento en que la vi, y a Amelia desde que tenía memoria.

Magnánima como una mujer de su nivel y sabiduría podía mostrar.

Amelia se inclino sobre el ataúd y lloro amargamente mirando a su abuela y después a la imagen sagrada.

Pensé que ella iba a insultarlo por habérsela llevado pero el susurro de ella interrumpió mis pensamientos.

"Por favor…déjala ingresar…déjala descansar en paz…" por alguna extraña razón supe que la imagen y el espíritu viviente en ella accedía sin reparos.

- Tengo una de muchas plazas libres en el mejor cementerio del pueblo, señorita Thibaudeth, puede disponer de ella cuando quiera.- dijo Jacob.

Me erguí y seque mis lagrimas al mismo tiempo que lo miraba, incline la cabeza un poco en señal de agradecimiento y él me tendió la mano. Sin vacilar la tome y lo abrace cuando estuve a su nivel.

En medio de su hombro pude ver la expresión compungida de la joven Leah ante esa muestra de amistad de Jacob, debía sentirse celosa pero al mismo tiempo sin el derecho de estarlo…amar era demasiado doloroso para que yo le infringiera un dolor mas haciéndole creer que Jacob sentía algo por mi y viceversa, así que me aparte del fraternal abrazo de él y le dije:

- - Gracias…- solamente.

El resto de la madrugada continuo en silencio mientras Amelia sollozaba sobre la abuela. Después del rezo cotidiano, tomo una de las ramas de violetas que estaban ahí y las machaco en sus manos, el olor dulzón de estas penetro el ambiente. Las manos nos quedaron marcadas de la tinta lila de las flores. Amelia direcciono un dedo sobre la frente fría de la abuela y dibujo una cruz sobre ella diciendo, o más bien murmurando.

- devito diabolus, devito creperum, desideratus caelum" – seguramente se trataba de alguna antigua oración. Interrogue mentalmente a Amelia

"Así es"- dijo ella "Ya sabes que la mayoría de los sortilegios están en latín. Este traduciría "evita al demonio y a la oscuridad, se bienvenida en el cielo", las violetas son una planta protectora y con la ayuda de Jesús ella podrá descansar en paz. Pero no dejaba paz del sitio de donde se marchaba"

Por eso era la cruz, para la ayuda divina. Me estremecí ante el misticismo y a la vez la creencia.

"Él, Dios, nos creo, y creo los métodos en los que ahora nos basamos, así que no se opuso a que los utilizara para hacer con ello el bien de otros" dijo Amelia ante mi cuestionamiento religioso.

Los rayos del sol penetraron tiempo después, yo me había sentado en algún sitio cercano al ataúd de mi abuela y la taza de té que me habían servido había caído al piso en algún momento rompiéndose. Así que cuando me puse de pie para arreglarlo todo un pedazo de porcelana me hizo un tajo en el pie. Me aparte sin sentir realmente nada pero ella sabia tanto como yo que el corte era profundo y que debía ser limpiado y curado para evitar complicaciones infecciosas.

"Un ungüento de curación."- dijo Amelia y de repente como si mi mente así lo hubiera aclarado una visión que había tenido tiempo atrás de un encuentro entre Edward y yo cobro vida en mis recuerdos

"No." Dije, aun era demasiado pronto.

"Si"- dijo Amelia. "tiempo era lo que no teníamos".

Edward

El cuerpo de la muchacha yacía en el mueble mientras Jacob limpiaba una herida que tenía en la frente.

Yo creía que Leah no se iba a presentar en esta generación y luego ahí estaba, aparecida de la nada y al cuidado de su alma gemela, del lazo perfecto para sellar el nudo de su destino.

Aun era demasiado incierto como de la nada había aparecido, pero ese mismo destino obraba de maneras extrañas, nos tenía acá a toda la generación de este siglo reunida, la última generación esperanza para el resto que nos había antecedido.

Los otros se hallaban desperdigados en alguna parte del casa-refugio haciendo diferentes actividades la mayoría de las cuales consistía en curarse las heridas y comentar el encuentro mágico que habíamos tenido tiempo antes.

Mi mirada cruzo con la de Carlisle muchas veces, Bella estaba arriba y Alice la estaba bañando. Esme estaba en la cocina con la nerviosa Lucille, quien más que ayuda para Esme era un estorbo que mi madre no reparo.

Le preparo alguna infusión de hierbas que nos proporciono una nube de cierto alivio en el cuerpo. Nos quedaba tan poco tiempo y tan poca protección que temía por la vida de todos otra vez, así estuviéramos juntos acá. Lo incierto de nuestros caminos se abría paso con las dudas sobre una posible salvación.

Es cierto que teníamos a Bella con nosotros pero su presencia cada vez se hacía más difusa, su inercia cada vez mas desesperante y nuestras esperanzas mas y mas vanas.

- - Debemos tener fe. – dijo Carlisle a mi lado como si hubiera leído mi preocupación.

- - ¿Cómo sabes que estoy inquieto?

- - Nos miras a todos fijamente como si pensaras que es la última vez que nos veras.

- - Es así…- confesé, frustrado - si el cometido no se cumple serán las últimas veces que los vea a todos.

El suspiró porque sabía que tenía la razón, como había aclarado antes éramos la última generación posible en este círculo mágico, si moría alguno de mostros antes de que el poder oculto fuera revelado, nada podía salvarnos al resto.

- - Fe…Edward…es todo lo que pido. De nada va a servir desesperarse, ahora estamos acá y nada de lo que hagamos puede cambiar nada. Estamos en manos de ella, de Bella, y si no tenemos fe en ella, en nada podremos sostenernos en caso de que el momento de la confrontación llegue.

Fe…

Yo la amaba, pero nunca me plantee preguntarme si creía en ella como nuestra salvadora. Lo suficiente.

Era un maldito…un maldito cobarde, mis debilidades estaban comenzando a salir y ella encabezaba la lista.

¿Creía en Bella para rescatarnos?

- - Edward… - murmuro Alice desde las escaleras- ven un momento por favor.

Con mis dudas ahora emergiendo subí parsimoniosamente las escaleras hacia la habitación de Bella.

Cuando Alice se dio la vuelta tenía la cara cubierta de lágrimas y me asió la mano.

- - Acércate.-

Así lo hice sin entender nada.

Me hizo inclinar la cabeza ante la boca de Bella y la hacerlo un halo de su aliento entro en mi nariz al mismo tiempo que su boca seguía murmurando palabras.

Murmurando.

Saque mi mano de la de Alice rápidamente y tome la cabeza de Bella en las mías para acercarla más.

- - Edward…- esta vez mi nombre había salido al lado de algunas frases incoherentes.

Se me encogió el estomago.

"¿Crees en mi?"- un eco de una conversación antigua entro en mi cabeza.

"¿Crees en mi?"… no conteste, mis dudas no eran infundadas, magia y destrucción, ¿que era todo eso sino el cumplimiento de el destino de una generación destinada a morir como las otras?

"Si no crees en mi, cree en nuestro hijo"-

Sacudí la cabeza y me aparte como si no fuera digno de tocarla.

Algo estaba pasando, algo que nada tenía que ver con nada. Algo que me estaba cuestionando y haciéndome cuestionarme. Algo me estaba invadiendo, algo intentaba poseerme.

Caí de rodillas ante ella, su cama y su cuerpo inerte mientras me tomaba la cabeza en las manos y trataba de apartar mi desconfianza.

Mi antepasado también había dudado de ella…y ese había sido uno de los motivos…

"No creo en ti. Pero tratare de confiar"- confesé completamente dolorido.

Pero ellas lo sabían, yo era un egoísta traidor e incrédulo.

No creí en ella, creí en nuestro amor pero no en el poder de este para vencer lo innombrable.

- - No merezco estar aquí – dije cuando el resentimiento conmigo mismo me obligo a apartarme de su pureza.

Salí de la habitación y me quede en el pasillo dejando que el aire que entrara en mis pulmones me pudiera tranquilizar.

Yo no podía ser una de las causas de nuestra muerte, mi incredulidad no podía…

Yo era un traidor. Yo no merecía su protección y sin embargo ella me la dio. Porque ella creyó en mí…

Debía resarcirla a ella de todo, debía demostrarle que si creía en ella.

"Haz lo que quieras conmigo, pero no me mientas" dijo esa voz de ella en mi cabeza, tan clara como si me hubiera susurrado las palabras en el oído.

Yo era tan culpable como Vlad.

Pero no me había fallado la mano cuando clave el cuchillo en su pecho tal como ella me había indicado.

No era yo, quien la había apuñalado no era yo. Y mis dudas habían dado el poder a Vlad de poseer mi cuerpo en el momento crucial del hechizo cuando ella mas había confiado en mí y cuando yo menos había confiado en ella.

Carlisle me pedía fe.

Pero yo ya no tenía en mi nada de eso.

Ni en mí mismo.