Disclaimer: No me pertenecen ni los personajes, ni los lugares, ni ciertas partes de la trama. El saldo de mi cuenta bancaria sigue siendo igual de miserable después de publicar y no creo que mi imagen se revalorice con esto.

TILL DEATH DO US PART

Previously, en Till Death Do Us Part: James consiguió llevar a Lily a la cena de Halloween, casi a rastras, pero lo consiguió. Todos se alegraron de verla allí, y la fiesta empezó muy bien, con buena comida y música. Pero alguien con un sentido del humor más allá de retorcido hizo aparecer una marca Tenebrosa. Sirius busco a Marlenne para comprobar que estuviese bien, ella no entendió nada y James entendió demasiado. Lily acabó dándole un puñetazo a Travers por meter miedo a los pequeños, y se perdió el primer partido de Quidditch de Gryffindor porque se autocastigó limpiando trofeos.

And that's what you missed on "Till Death Do Us Part".

20. Un knut por tus pensamientos.

Soundtrack: Stereo Hearts- Gym Class Heroes (o el cover de los chicos de Glee, que es muy bueno)

Holiday- Green Day (había tardado demasiado en poner una canción de ellos)

Cualquier esperanza de tener un invierno clemente ese año se había frustrado a principios de diciembre. Cuando no nevaba de forma incansable, soplaba un viento capaz de congelarte el aliento, y eso si se era afortunado; a veces pasaban ambas cosas a la vez.

Pero a medida que el mundo se congelaba y se dormía fuera, desapareciendo sobre un manto blanco de hielo para no volver hasta la primavera, Lily iba ganando nuevas fuerzas. Si bien había aceptado que había partes de ella que no dejarían de doler nunca, poco a poco se iba sintiendo más… tranquila. Convencida de que aún había cosas buenas por vivir y por las que luchar. Concentrada en montar poco a poco los pedacitos de su vida; no nueva, sino remendada.

Y todos lo agradecían. Podía ver el alivio en la cara de sus amigas, de Marlenne y Remus, e incluso Sirius parecía alegrarse de verla de vuelta. La profesora McGonagall había dejado de observarla con cautela, como si pensase que estaba a punto de desmontarse delante de sus ojos, y había conseguido volverse a ganar el respeto de los prefectos y del alumnado; pese a que no se habían llegado a encontrar los culpables de conjurar la Marca Tenebrosa, la lista no oficial de sospechosos era bastante corta, y muchos estudiantes aplaudían el puñetazo de Lily en la clandestinidad. Al menos todos aquellos que no la odiaban con todas sus fuerzas y que para más señas se sentaban en un sector de la mesa de Slytherin.

Por supuesto también estaba James, revoleteando a su alrededor con alguna tontería, preparada o improvisada, para hacerla reír. Y lo conseguía. Pensar en James sonriendo con sus ojos de niño travieso cada mañana, sin falta, nevase, tronase o fuese luna llena; hacía que el buen humor se apoderase de ella sin casi darse cuenta, esperando la ocurrencia de aquel día.

Ni siquiera la amenaza inminente de la Navidad, con todas sus coronas de acebo, sus campanillas encantadas y sus dulces de canela, había conseguido mermar su determinación de sentirse mejor y de intentar ser fuerte y no fallar en todo lo que era importante para ella.

En realidad las galletas de canela habían sido la prueba de fuego. Pero la había superado. No menospreciaba el trabajo de los elfos del castillo, pero las galletas de canela de su madre seguían siendo insuperables.

- Sarah, deja de mirar por la ventana- la voz d Mary la sacó de sus pensamientos difusos y la devolvió a la Sala Común- Por mucho que mires, no va a dejar de nevar.

Sarah se revolvió en la butaca, murmurando una queja ininteligible e intentando concentrarse en el libro que tenía abierto sobre las rodillas. Llevaba en la misma página media hora por lo menos.

Lily sonrió y estiró los brazos, desperezándose. Se dejo caer sobre el respaldo de la silla y secó la punta de la pluma de manera automática. Ponerse a escribir un ensayo justo después de cenar no era muy buena idea, sus energías estaban concentradas en su estómago y en el estofado de ternera que se acababa de comer, no en su cerebro.

- ¿Hace cuánto que no podéis entrenar?

- No ayudas- murmuró Mary sin levantar los ojos del pergamino en que llevaba escrito casi un metro de ensayo, con letra pequeña y apretada.

Sarah hizo una mueca y miró a Lily en busca de compasión.

- Diez días. Diez largos días- repitió, acentuando cada palabra- diez obstáculos en mi camino a ganarme un sitio en el banquillo de algún equipo decente…

Lily se rió y Mary chasqueó la lengua, aún sin mirar a su amiga.

- Eres tan dramática cuando quieres… Te entrenas todos los puñeteros días Sarah. Si no te cogen por lo buena que eres, te tendrán que coger por persistente.

- Acaba de hablar la señora "Tengo Que Sudar Sangre y Vomitar Libros Para Ser Medimaga"- le replicó su amiga con un tono dolido.

Mary levantó las cejas con suficiencia.

- Para entrar en la Escuela de Medimagia. Para ser Medimaga hace falta mucho más.

- Eres muy exagerada- Sarah hizo una mueca de disgusto- Estudias hasta dormida, Mary. Haces tantos trabajos extra que se te ha acabado el pergamino esta semana. Dos veces.

- Tú hablas tanto de Quidditch que el único que puede aguantar la matraca es Pettigrew. Al menos deberías decirle que sí a lo de salir, por compasión humana. Te soporta hasta límites insospechados.

- Le interesa el Quidditch- se defendió la buscadora sin demasiada convicción, poniéndose roja.

- Sí, tanto como la razón de ser de los gusarajos.

Lily, aun riéndose levantó las palmas de la manos en gesto conciliador.

- Tregua. Dejémoslo en que ambas sois mujeres de carrera, sacrificadas en sendos empeños por mirar al mundo desde su cima- dijo la pelirroja con solemnidad, ganándose miradas de reproche de las dos chicas.

- No tiene gracia- Mary hizo una mueca para intentar esconder una sonrisa- no todas tenemos la suerte de encontrar un marido con "posibles".

- Es verdad, Violet nos ha pasado la mano por la cara a las tres- dijo Lily volviendo a su trabajo, ignorando las miradas intensas de sus dos amigas- Casada, con casa propia… en Suiza.

- Oh, pero Mary no se refería a Violet- Sarah se echó a reír.

Lily se concentró mucho en no ponerse roja.

- ¿Ah, no? ¿A quién te referías entonces, Mary?- preguntó intentando parecer desconcertada.

- Bueno, ya sabes…- empezó a decir la chica, su cara redonda llena de malicia.

- ¡Mi día de suerte! Las tres chicas más guapas de la escuela juntas. ¿Qué más se le puede pedir al día?

James se plantó en tres zancadas delante de su mesa. Traía el pelo alborotado y las gafas se le resbalaban por el puente de la nariz; llegaba tarde y por las pintas había estado corriendo o escapando de algo o alguien. Lily le miró con las cejas alzadas, intentando reprenderle. La sonrisa desvergonzada que recibió como respuesta le hizo saber que había fallado estrepitosamente.

- Ja. Muy bien, Potter- dijo Mary con sarcasmo- Tú si que sabes llegar al corazón de una chica.

James hizo una reverencia pomposa y la chica puso los ojos en blanco.

- Hablábamos de ti- Sarah sonrió como si fuera más inocente que un bebé de unicornio, camuflando muy bien la patada que Lily le dio por debajo de la mesa.

- Mal, supongo y espero- James usó su mejor tono de embaucador, lo que le valió un bufido de Mary, que había vuelto a sus deberes, y una risotada de Sarah.

- Les decía que llegabas tarde- Lily sonrió de forma tensa, mirando de reojo a Sarah por si se atrevía a contradecirla- Otra vez. Luego acabamos a las mil con las incidencias y te quejas.

El chico se pasó la mano por el pelo, como se sintiese avergonzado. Lily le miró con severidad, le conocía demasiado bien para tragarse su interpretación de joven turbado y afligido. Se apostaba un galleon a que venía de hacer algo turbio.

- Me he entretenido sin darme cuenta. Subo a por mis cosas y te vengo a buscar en dos minutos ¿vale?

- Vale- respondió Lily con más resignación de la que sentía en realidad- dos minutos- añadió levantando el dedo índice y el corazón.

James volvió a dedicarle una de sus sonrisas de gamberro incorregible antes de subir a la torre de los chicos.

- Ahorrároslo, las dos- dijo Lily interrumpiendo a sus amigas antes de que pudieran empezar a hablar- No es mi novio, ni mi marido y ni siquiera está camino de serlo.

Pero desde luego sus amigas, no parecían muy dispuestas a cooperar.

- Ya, claro- Mary negó con la cabeza- Qué cosas tenemos… ¡Anda por favor, Lily! ¡James Potter es tu novio, aunque tú no lo sepas!

- Excepto por el sexo- apuntó Sarah- O la ausencia de el mismo, más bien.

Mary le dio la razón con un golpe de cabeza.

- Sois insoportables- murmuró la pelirroja, irritada. Recogió sus cosas con rapidez, esforzándose por parecer lo más indignada posible- Somos amigos. Y está. Y es bastante más agradable que vosotras dos.

Mary bufó.

- Pista gratis. Puede que eso tenga que ver con sus intenciones de ver tus pantalones en el suelo de su habitación.

Lily se puso roja.

- Eres…

- Sincera- terció Sarah entre risas.

James escogió ese momento para volver a hacer su segunda entrada triunfal de la tarde. Se había echado colonia y olía demasiado bien.

- ¿Vamos?- le dijo recogiendo su mochila y colgándosela del hombro, sin hacer caso de los intentos de Lily por llevarla ella misma.

Eso le iba a valer otra sesión de risas a su costa.

- Sí- dijo lanzando una mirada afilada a Sarah y Mary, que les despidieron con sonrisas inquietantes.

Salieron de la torre y empezaron a caminar hacia las escaleras el uno al lado del otro.

- ¿No sospechan nada?- preguntó James unos segundos después, frunciendo el ceño.

Lily se puso roja y tosió violentamente para disimular. ¿Podía haberse enterado de la fiesta que se traían sus amigas a su costa? Y lo que era más importante, ¿Si se había enterado, pensaba hacer algo al respecto?

- ¿De qué?- fue capaz de articular a tiempo justo de que James empezase a pensar que estaba trastornada.

- De lo de la Orden- el chico la miraba con el ceño fruncido, sin entender sus aspavientos- Vamos, tenemos demasiadas reuniones hasta para ser tú la que las organiza.

Lily, recomponiéndose de la falsa alarma, entorno los ojos.

- No nos reunimos tanto, tampoco. Ya hay poco más que podamos aprender nosotros solos y que vaya a ser útil…- suspiró- Supongo que sospechan que hago algo que no les cuento, pero no creo que sepan el qué.

James alzó las cejas de forma sugerente.

- Me pregunto qué creerán que hacemos.

Ella volvió a sonrojarse y le dio un manotazo.

- No seas capullo.

Él siguió sonriendo, como si no hubiese oído su reprimenda. Se preguntaba cuándo se había vuelto tan tolerante a sus cambios de humor, sus miradas furiosas y sus sermones. Aunque claro, quizás el que no pudiese enfadarse en serio ya con él tenía bastante que ver con esa inmunidad.

Era muy cómodo, incluso reconfortante, poder estar así con James. Caminar juntos, bromear, hablar de todo. Para bien o para mal, él la había visto echa un desastre en todos los sentidos, y seguía ahí, a su lado. Siendo su mejor amigo. Tenía muy claro que no podía ni quería perderle.

A la vez, sin embargo, hervían cosas dentro de ella que poco tenían que ver con la amistad. James le gustaba, le gustaba mucho, y aunque habían pasado los meses no se olvidaba del beso del pub. Tampoco del beso en casa de sus padres, pero eso era otra historia, empañada de lágrimas y confusa.

Aquel beso de verano, sin embargo… Era perfecto. Sentía escalofríos al rememorarlo. Se le disparaba el corazón y se humedecía los labios con anticipación. Se sentía culpable por estar pensando en esas cosas sólo unos meses después de la mayor tragedia de su vida, aunque en el fondo no hubiese nada malo en ello. Era inapropiado, pero inevitable. Tenía mucho que agradecer a James, que salvo a sus tonterías habituales, era más respetuoso con ella que nunca.

Aunque ella no quisiese del todo que lo fuese.

Y aunque le diese mala espina todo aquello.

Quería apartar ideas tontas y paranoias de su cerebro perturbado, pero no podía quitárselo de la cabeza; menos cuando le veía tan tranquilo y feliz de la vida a su lado ¿James lo había dejado estar? ¿Se había pasado su momento?

- ¿Qué piensas?- James tenía cara de curiosidad.

Se dio cuenta que llevaba mirándole un buen rato. Carraspeó, roja de nuevo.

- Pensaba que… para ellas, es preferible tener una Lily misteriosa que una Lily… ¿hongo?

James se rió y se metió las manos en los bolsillos, la viva imagen de la despreocupación. Ni una pizca de la tensión que Lily sentía en su espalda y en su cara.

- A Sirius le gustaba decir que te estabas volviendo un inferi.

- Sirius es encantador- Lily puso los ojos en blanco.

James se siguió riendo y haciendo comparaciones estúpidas sobre el estado catatónico de Lily con distintos vegetales hervidos.

Para cuando llegaron a la antigua sala de prefectos, ambos no podían aguantarse la risa. Remus, Marlenne y Peter estaban allí, sentados alrededor de la mesa.

- Llegáis tarde- les dio la bienvenida Sirius, más hosco de lo habitual. Estaba quemando ramitas en la chimenea..

Remus se encogió de hombros ante la pregunta muda de James.

- Me he encontrado a Filch al ir a buscar a Lily y me ha empezado a hacer preguntas. Creo que sospecha que el whisky de fuego de las cocinas…

- No creo que sea buena idea hablar de eso ahora- dijo Sirius mirando a su amigo y señalando a las chicas con la cabeza.

James puso su cara más inocente y Lily levantó tanto las cejas que le desaparecieron detrás del flequillo. Luego suspiro, dándose por vencida. James sonrió como un dócil corderito.

- Tiene razón Sirius, lo habláis mejor luego.

- Marlenne nos estaba leyendo una carta de Gideon- se apresuró a cambiar de tema Remus- Hay malas noticias.

- ¿Qué ha pasado?- preguntó Lily preocupada, temiéndose lo peor.

- Son los gigantes- dijo Marlenne doblando la carta que estaba leyendo y guardándola en el sobre- Están empezando a bajar de las montañas, y es difícil controlarlos. No es algo aislado, así que obviamente ya sabemos quien está detrás.

- Son criaturas crueles, no necesitan mucha persuasión- comentó Remus alzando las cejas.

Marlenne asintió.

- Alastor ha perdido una pierna en una trifulca con tres gigantes en las Lowlands, bastante cerca de aquí- siguió Marlenne. Lily se tapó la boca con la mano para ahogar un grito- Se encuentra mejor, y se recuperará. Benjy y Edgar se llevaron unos cuantos huesos rotos a casa.

- Joder- Lily se sentó al lado de Remus- Alastor debe de estar fatal.

- Qué va. Seguro que ya está dando por culo a todo el mundo- comentó Sirius desde la chimenea- Ese tío es un guerrero. No dejará de pelear aunque tenga que sujetar la varita con los dientes.

- Algo así dice Gideon. Se ve que ya está practicando con una pierna de madera. Les tiene a todos locos, piensa que sin él no se hace nada bien.

- Y posiblemente sea verdad- murmuró James, respaldado por un gesto de aprobación de Sirius.

- Lo que le faltaba para acabar de ser más aterrador- comentó Peter con el ceño fruncido, haciéndoles sonreír- Imaginaos de lo que son capaces esos monstruos si han dejado tullido a Moody… ¡El tío es capaz de hacer un encantamiento camuflador sin pestañear!

- No pienses en eso, Peter- James se sentó al lado de Lily- Alastor siempre está en primera línea y es incansable. Podrías hacer un mapa de sus cicatrices.

Se quedaron en silencio unos segundos. Lily pensó en el veterano auror, con su piel curtida, su voz feroz y cortante, y sus andares pesados. Le admiraba, pese a sus evidentes problemas maníacos y paranoicos, y le tenía un cariño especial. Sospechaba que bajo a todas esas capas áridas tenía que haber algún lugar sensible.

- Ojalá nos dejen ir a alguna misión en Navidad- dijo Sirius rompiendo el silencio y acercándose a la mesa. Se sentó en el extremo opuesto a Marlenne y evitó mirarla.

Definitivamente Sirius tenía que hacer algo para superar su animadversión por los Prewett, o al menos dejar de volcarla en Marlenne, pensó la pelirroja lanzándole una mirada de disgusto. La ignoró, pero no se esperaba menos.

- Yo no tengo ninguna gana de ir de visita a las tierras de los gigantes, gracias- dijo Marlenne con una mueca. Peter asintió con vehemencia.

- ¿Y para qué te entrenas, entonces?- le preguntó James con una sonrisa condescendiente.

Marlenne alzó las cejas, ofendida.

- Si hace falta iré, por supuesto. Pero no me muero de ganas, obviamente.

- Obviamente- la secundó Remus con un gesto afirmativo de la cabeza, ganándose un bufido de reprobación de Sirius.

Lily suspiró e hizo un gesto para apaciguar los ánimos.

- Bueno, si los deseos suicidas de Sirius se cumplen, no os olvidéis de escribirme una carta.

- ¿Una carta? ¿A dónde?- preguntó Remus confundido.

- Aquí. Hoy me he apuntado en la lista para quedarme en Navidad. He hablado con Dumbledore para que me deje salir un día, a comer con mi hermana, y me ha dado permiso.

- Ni hablar. ¿Cómo te vas a quedar aquí a pasar las fiestas?- preguntó James, como si lo que acababa de decir la chica fuese una tontería- Ven a mi casa.

- O la mía- terció Sirius- Si prometes ir ligera de ropa, Remus y yo te hacemos un sitio.

Lily y Marlenne miraron al chico con disgusto.

- Que conste que no apoyo las condiciones de la oferta- dijo Remus con rapidez.

- Gracias, pero creo que voy a pasar, Sirius- dijo la pelirroja poniendo los ojos en blanco.

- Tiene razón James- Marlenne frunció el ceño, obviando la intervención del moreno- No deberías quedarte aquí sola. Ven a mi casa.

Lily negó con la cabeza.

- Gracias por las invitaciones, de verdad. Bueno, menos a ti, Sirius- el aludido se encogió de hombros despreocupadamente- pero prefiero quedarme aquí; no quiero acoplarme a ninguna celebración familiar y necesito ponerme al día con los deberes. Sarah y Mary amenazaron prácticamente con secuestrarme y me costó mucho que se callaran, no me hagáis discutir otra vez- pidió con la voz cansada.

- Pero es Navidad- protestó James- no puedes quedarte aquí.

- No es la primera vez… ¿No os acordáis del año pasado? Llegué a tiempo de oír como Sirius planeaba hacer ciertas cosas, en grupo…

Peter y Remus tuvieron la decencia de sonrojarse al recordar el día de Navidad del año anterior. Sirius sólo se echó a reír, encantado consigo mismo.

- Pero este año estarás sola. No hay luna llena estas vacaciones- dijo Remus.

Lily se encogió de hombros y sonrió ante las caras de preocupación de sus amigos.

- Estaré bien, hay cosas más importantes por las que preocuparse ahora- dijo para acabar con el tema- Por ejemplo, cómo evitar que un gigante desguace a Sirius en mitad de su entusiasta debut.

- ¿Queremos evitar eso?- preguntó Marlenne con sarcasmo, sin mirar al chico.

Sirius decidió obsequiarla con su silencio indiferente.

Siguieron comentando las noticias de la carta un rato más, pero enseguida se pusieron a practicar sus Patronus. Todos eran capaces de hacer un Patronus consistente, pero hacerlos hablar les estaba trayendo algún que otro problema. Sobre todo a Peter, que tenía que concentrarse mucho simplemente para evitar que su Patronus, una rata, no se desintegrase.

Lily les dejó menos de una hora después porque le tocaba patrulla, y puede que también porque estuviese harta las miradas de cachorro triste de James. Marlenne también se excusó diciendo que tenía deberes por hacer, pero todos sabían que últimamente la chica evitaba estar con Sirius todo lo posible.

- Quizás deberías hablar con ella- propuso James intentando sonar casual- mientras hacía que su ciervo cantase "Jingle Bells".

Sirius, sentado en la mesa y haciendo correr a su perro por la sala detrás del Patronus de Peter, sólo se encogió de hombros.

- No está interesada.

- Bueno, no creo que nadie pueda culparla por ello ¿no?- murmuró Remus haciendo desaparecer su Patronus con un gesto de su varita- Sin alguien que nos enseñe, o empezamos a hacer duelos entre nosotros o poco más podemos aprender.

- Aprenderemos cuando estemos allí- dijo Sirius con un suspiro impaciente- Podríamos aprender algo aquí si cambiarais de idea respecto a lo de devolvérsela al Dream Team de Slytherin.

- Creo que Lily ya se encargó bien de eso- James se sentó al lado de Sirius- Travers estuvo sin ir a clase una semana.

Remus y Peter también ocuparon dos de las pesadas sillas de madera, que se mantenían limpias gracias a los esfuerzos de Lily y Marlenne.

- Yo casi le entiendo- dijo Peter desistiendo en su empeño de hacer hablar a su Patronus; era imposible concentrarse con Sirius pegado a su cola- ¿Que una chica te tumbe de un puñetazo? ¿una chica del tamaño de Lily? Es para cambiarse de nombre.

- En un Lily contra ti, Peter, yo apostaría por Lily- dijo Sirius con una sonrisa peligrosa.

Peter, un poco rojo, empezó a defenderse sin demasiado convencimiento y los chicos se rieron.

- Precisamente por eso no es buena idea lo de vengarse, Pad- Remus se recostó en el respaldo de la silla y miró a su amigo- Lo mejor es que se enfríe el tema y que se olviden de Lily.

- Además todo el mundo sabría que hemos sido nosotros. Y con todo el mundo quiero decir la profesora McGonagall- Peter se estremeció al pensar en el semblante severo de la mujer- No somos sus personas favoritas, precisamente… al menos yo.

Sirius se inclinó hacia atrás, apoyándose en las manos y emitió algo parecido a un gruñido.

- No se van a olvidar de Lily. Primero fue lo de Hogsmade, y ahora el puñetazo. Seguro que está en el top diez de la lista negra de esos pequeños hijos de una puta y un troll.

- Eres un poeta- James sonrió pensativo a su lado- Sabes que me gustaría tanto una buena vendetta como a ti, pero Remus tiene razón. Las cosas están tensas, y más que lo estarán con el partido de Quidditch a la vuelta de vacaciones; ya hemos llamado demasiado la atención.

Sirius suspiró.

- Está bien, pero luego no quiero que os quejéis de mi puto mal humor. Necesito reventar un par de Slytherins al mes para sentirme realizado.

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- Siento llegar tarde, Dirk- dijo Lily antes de llegar medio corriendo al pie de la escalera principal, donde la esperaba el chico.

Él miró el reloj y negó con la cabeza.

- Prácticamente acabo de llegar, no te preocupes. ¿Lista para la diversión?

Lily sonrió casi de forma automática. Dirk era un buen chico. Un poco estirado, pero buen tipo. El problema era que a veces se dejaba llevar demasiado por su entusiasmo por cosas que a la gente normal no le importaban demasiado.

Esperaba no tener que asistir a un nuevo simposio sobre goblins.

- No puedo esperar- contestó con un suspiro. Dirk le dio una palmada en el hombro y subieron al primer piso para empezar su recorrido habitual- Creo que si no voy a echar algo de menos de Hogwarts, serán las patrullas.

- Lamento ser tan mala compañía- murmuró el chico sonriendo.

- No es eso. Los paseos están bien. Es lo de perseguir a la gente lo que no me gusta. Pero supongo que es el precio a pagar por tener un baño fantástico.

- Supongo- Dirk se encogió de hombros- Alguien tiene que hacerlo. Y la verdad es que tal y como están los ánimos, es importante que la gente respete el toque de queda. No me gusta pensar en que a algún niño de primero se le ocurriese pasearse por las mazmorras, a horas intempestivas.

Lily miró a Dirk un poco sorprendida por la crítica implícita hacia los Slytherin. Nunca le había oído hablar de esos temas, y eso que era, como ella, de los pocos que venía de familia muggle. Él se encogió de hombros.

- Puede que no vaya enseñándole a la gente mi buen gancho de derecha, pero yo también me doy cuenta de lo que pasa. En Ravenclaw no estamos tan desconectados de la realidad como creéis.

Lily frunció el ceño.

- No estoy muy orgullosa de eso, así que preferiría que no me lo echases en cara como si fuese presumiendo de ello.

Dirk hizo un gesto conciliador con las manos. Abrieron la puerta de un aula vacía. No había nada sospechoso dentro

- Vale, vale. Supongo que no se me da demasiado bien el decirte que admiro mucho lo que hiciste, aunque estuviese medio mal.

- No hice nada, a parte de sentar un precedente lamentable.

- Yo creo que sí, Lily. Cosas como esa, o como lo que te pasó en Hogsmeade le dan cierta esperanza a la gente… como yo.

Lily alzó las cejas, notando cómo empezaba a sonrojarse.

- Supongo que se ve bastante mejor desde fuera. Pero créeme, yo no lo siento así.

- Suele pasar- Dirk suspiró- da igual, me gustaría habértelo dicho antes, pero últimamente no vienes al Club de las Eminencia

A Lily no se le escapó la pregunta oculta en las palabras de Dirk. Abrieron un armario de mantenimiento, uno de los sitios favoritos para las parejas faltas de intimidad. Afortunadamente estaba vacío. Lily izo una mueca.

- No creo que vuelva a ir.

- Me lo imagino. Aunque Slughorn te echa mucho de menos, siempre has sido de sus favoritas.

- Me cae bien el profesor Slughorn. En lo que no coincido con él es en… ¿su gusto para elegir compañías?

- Ya- Dirk asintió- pensarás que estoy loco por seguir yendo.

La chica negó con la cabeza con vehemencia.

- No pienso nada. Tampoco me parece bien que dejemos que Rosier, Regulus Black y Mulciber se queden con todos los favores jugosos de Slughorn. Tú podrías ser un gran político, Dirk, y necesitaremos gente como tú en el Ministerio.

- También necesitaríamos gente como tú. Aunque se te de bien lo del boxeo.

- Creo que de momento probaré suerte en el boxeo- bromeó Lily. Habían dado la vuelta al primer piso y empezaron a subir hacia el segundo.

Tras unos segundos en silenci, Dirk chasqueó la lengua.

- Tendrás que tener cuidado- ella entendió que estaba hablando totalmente en serio- Te estás haciendo demasiado "popular".

Lily asintió.

- Gracias por el consejo. Y cuídate tú también ¿vale?

- Siempre lo hago- contestó Dirk encogiéndose de hombros.

Enseguida cambiaron a sus temas de conversación habituales, los profesores, las clases y las noticias de" El Profeta"; pero aquellos minutos de conversación sincera, directa y genuina dejaron una buena sensación en Lily. A pesar de que no habían hablado de nada agradable ni de lejos, era reconfortante recordar de vez en cuando que no se estaba tan solo en el mundo y que más personas de las que creerías te entiendían.

Aunque otras quieran acabar contigo, claro.

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El día que les dieron las vacaciones Lily no tenía ganas de bajar a la Sala Común, pero su público esperaba su pequeña actuación, y sabía que no se marcharían contentos si no se la daba. Así que cogió una de sus novelas, se peinó y bajó a despedir a sus amigos con la mejor de las sonrisas pintada en la cara.

Sarah y Mary habían hecho el equipaje el día anterior y sus baúles ya habían desaparecido. Pronto volverían de desayunar para recoger las últimas cosas y despedirse de ella. Posiblemente volverían a pedirle con ojos de cordero degollado (Sarah) o a amenazarla (Mary) para que pasase las fiestas con ellas. Pero no tenía intenciones de cambiar de idea.

La Navidad es para pasarla con la familia; sabía que los padres de sus amigas estarían encantados de tenerla en casa, pero ella no lo estaría. En la escuela estaría bien, tranquila; seguramente tendría sus días melancólicos, pero en una casa llena de gente feliz no dejaría de echar de menos a sus padres.

La Sala Común estaba llena de estudiantes preparados para marcharse, emocionados por la perspectiva de pasar unos días en casa, sin madrugar ni ir a clase. Buscó una butaca cómoda y apartada, al lado de las ventanas y se sentó a leer sin poder concentrarse demasiado. Observó la sala con disimulo por encima del libro, por lo que parecía, ninguno de los Merodeadores había bajado aún.

- ¡Lily!

O sí. James Potter apareció al pie de las escaleras que llevaban al dormitorio de los chicos y prácticamente se propulsó a la butaca de al lado de la de Lily. La madera crujió, protestando por el maltrato.

- Buenos días- Lily cerró el libro- ¿Ya has hecho el equipaje?

- Yo sí- se reclinó en el sofá y la miró por encima de las gafas- ¿Y tú?

Lily frunció el ceño.

- Yo no me voy.

- Sí, sí vienes- contestó James, como si estuviese hablando con una niña pequeña- Así que deberías preparar el cepillo de dientes, y tal.

Lily cruzó los brazos.

- Pensé que lo habíamos dejado claro, James. No quiero ir a ningún sitio, a acoplarme a una familia que no es la mía y a causar problemas y preocupaciones a gente que tendría que estar pasándolo bien.

James se incorporó un poco en el asiento e hizo una mueca reflexiva antes de empezar a hablar.

- Vale, de acuerdo. Lo entiendo. El caso es que vienes a mi casa, a pasar la Navidad conmigo, con mi madre, con Remus y con Sirius; el resto de días estaremos solos y si quieres podemos ignorar que es Navidad. Y no te preocupes, le prohibiré a todo el mundo que se preocupe por ti.

La chica suspiró y le miró en silencio unos segundos. Luego negó con la cabeza.

- Mira James, lo agradezco mucho. Pero no. Estaré mejor aquí.

Él levantó las manos, aparentemente dándose por vencido, y se volvió a recostar en el sofá.

- Vale. Pues yo me quedo también.

- No.

- No te pienso dejar sola aquí. Así que me quedo contigo- explicó James encogiéndose de hombros.

Lily chasqueó la lengua.

- No puedes quedarte, tu madre te está esperando. No vas a dejar que pase la Navidad sola.

- Lo entenderá si le digo que me quedo porque tú te quedas.

- ¿Hablas en serio?

James afirmó con la cabeza y se arrellanó aún más en la butaca.

- Del todo.

La pelirroja le miró, enfadada e impotente. Se levantó del sillón y empezó a tirar del brazo de James para que hiciera lo mismo.

- Deja de hacer el subnormal, venga. Vete a recoger tus cosas.

- ¿Vienes?- preguntó James, sin moverse.

- ¡No!- Lily le dio otro estirón, enfadada- ¡No seas tozudo!

- Le dijo la sartén al cazo- murmuró James- Deja de tirar de mí, nos podríamos pasar así todo el día y no me moverías. Nos está mirando todo el mundo.

La chica le lanzó una mirada asesina, pero le soltó el brazo. Miró discretamente detrás de ella, muchos alumnos estaban mirándoles con disimulo y unos cuantos no se molestaban ni en fingir no estar atentos, les faltaba una bolsa de palomitas para disfrutar del espectáculo por completo.

Tenía ganas de hacerle tragar a James el libro que había bajado. Hoja a hoja

- No voy a ir a tu casa porque me chantajees- murmuró

- No quiero que vengas porque te chantajee, quiero que vengas porque allí vas a estar mejor. Mi madre quiere que vengas, yo no quiero que estés sola, y… podrás venir a la reunión de la Orden. Vamos… somos lo menos parecido a una familia al uso, y nos vendrá bien la compañía.

Lily se llevó una mano a la frente y cerró los ojos, enfadada, pero sin querer seguir montando una escena. James la miraba expectante, como si no las tuviese todas con él. Tuvo que esforzarse para que no se le escapase una sonrisilla al verle tan mono con esa cara de frustración, y poder centrarse en su enfado monumental.

Aunque el argumento de James era bastante razonable. Dorea estaba enferma y ambos iban a estar solos durante las vacaciones; Siruis no tenía casi familia con la que se hablase y los padres de Remus estaban en Irlanda. Después de todo, eran una panda de solitarios juntándose para comer en Navidad. Y con todo lo que James había hecho por ella, quizás debería ceder y aceptar su proposición.

- No tengo la maleta hecha, y hay que estar abajo dentro de nada.

- ¿Ese es tu único problema?- preguntó James levantándose rápidamente.

- Sí…- murmuró ella resignada.

- ¿Y si consigues hacer la maleta no me la vas a intentar jugar de ninguna manera? ¿Me prometes que te vienes a Londres conmigo?- Sonrió de forma calculadora y Lily le miró con disgusto. Miéntele a un mentiroso.

- No, no te la voy a jugar- las palabras se resistían a salir de su boca- Me voy contigo a Londres… si consigo hacer el equipaje a tiempo.

James la sujetó por los brazos y le dio un beso rápido en la mejilla, sonriendo como si le acabasen de regalar diez millones de galleons.

- Sarah y Mary prepararon tu baúl ayer- dijo el chico sin soltarla, evidentemente muy satisfecho de sí mismo- Está cargado en el tren, el de tu habitación es un banco viejo que transfiguré yo. Sube por si quieres coger algo más.

Lily frunció la boca en una fina línea, enfadada, pero sobre todo indignada por la pequeña conspiración que se había montado a sus espaldas.

- Eres un…- dijo revolviéndose disimuladamente, notaba unos cuantos pares de ojos clavados en su nuca.

- Estoy tan contento de que vengas a casa- la cortó James, dejándola ir- Muchas gracias Lily.

La pelirroja no le contestó, sólo le miró de forma ultrajada antes de subir a su cuarto pisando los escalones como si quisiese pulverizar la roca.

- Y si no bajas… ¡Subiré a por ti!

Tuvo que reprimirse para no desandar el camino corriendo y darle a James con algo contundente en la cabeza.

Cuando pocos minutos después bajó de nuevo a la sala, a partes iguales sorprendida e indignada por el buen trabajo que habían hecho sus amigas recogiendo sus cosas, James la estaba esperando con los brazos en jarra.

- Estaba a punto de subir a buscarte.

Lily gruñó un insulto y se abrochó el abrigo.

- ¿Qué pensabas hacer si me negaba a ir de todas maneras?- preguntó mientras salían de la Torre para informar a la McGonagall de su cambio de planes.

Su siguiente parada iba a ser el Gran Salón, Mary y Sarah la iban a oír. Se iban a cansar de oírla, después de semejante traición.

James se encogió de hombros.

- ¿Tú y yo solos en la escuela, con toda nuestra ropa en Londres? Algo se me hubiese ocurrido- dijo el chico con una sonrisa sucia.

Lily se puso roja hasta la raíz del pelo y James tuvo que esquivar uno de sus temibles derechazos.

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El Hogwarts Express cortaba veloz los campos nevados de Escocia. Fuera hacía un frío terrible, pero el interior del tren estaba caldeado y lleno de la energía vibrante de los estudiantes emocionados.

Marlenne acababa de salir de la reunión de prefectos y estaba buscando el compartimento de sus amigos, cuando de repente la puerta del compartimento que tenía delante se abrió, dejando salir a Sirius envuelto en un penetrante olor a humo de tabaco.

Si Sirius se sorprendió al verla, se recompuso enseguida.

- ¿Habéis acabado y a con la reunión?

Marlenne, sin contestarle, entró en el compartimento vacío y abrió la ventana. Murmuró un encantamiento y en la punta de la varita empezó a formarse un remolino de aire, del tamaño de una pelota de fútbol.

- ¿Me aplicas la ley del silencio?- Sirius cerró la puerta detrás de él- Y de paso me haces saber lo desconsiderado que soy, ventilando el compartimento por mí.

Marlenne cuadró los hombros antes de contestarle, tratando de suprimir cualquier emoción de su voz.

- Si la reunión no hubiese acabado, no estaría aquí. Así que supongo que la pregunta era tu manera de empezar un nuevo ataque verbal contra mí. Como no lo has conseguido, acabo de presenciar tu segundo intento. Antes de que me obligues a oír el tercero, déjame que ventile este compartimento, por favor. Ya sabes, cosas de prefectos- acabó con cierto sarcasmo.

Sirius se sentó y se cerró el abrigo de la escuela. El aire que entraba por la ventana estaba helado.

Unos segundos después, cuando pareció satisfecha con el resultado, Marlenne cerró la ventana del compartimento y suspiró antes de girarse con los brazos cruzados.

- Muy bien, Sirius. Adelante.

- No creo que haga falta dramatizar tanto, aunque tengo que reconocer que la "reina de hielo" te sale de puta madre…- dijo el chico mirándola apreciativamente.

Marlenne inspiró y se fue hacia la puerta, dispuesta a salir. Sirius se lo impidió levantándose y sujetándola por el brazo.

- No te vayas- dijo sin un atisbo de suplica en su voz

- Pues no seas un capullo.

- Tenemos que hablar.

- Está bien, pero a la mínima salida de tono, me voy.

Sirius chasqueó la lengua, disgustado, pero asintió. Marlenne se libró suavemente de su mano y se sentó enfrente de él. Unos segundos después, seguían en silencio.

- ¿Y bien?- dijo Marlenne.

- No seas impaciente- Sirius la miró irritado- No es tan fácil decir lo que quiero decirte y conseguir que tu pequeña cabecita no se sienta ofendida.

- Eso ha sido una salida de tono- le advirtió la Ravenclaw.

- ¿Ves? Necesito mi tiempo para poder hablar contigo.

La chica suspiró y se apoyó en el respaldo del asiento.

- Si quieres, empiezo yo- se ofreció- podemos abrir con el tema de por qué eres tan insufrible cuando te lo propones, sin necesidad, y cómo al resto de la gente no le gusta demasiado.

Sirius enarcó la cejas, luego suspiró, haciendo un esfuerzo visible por no contestar.

- Vale. Marlenne, lo siento. Por ser un capullo en general y contigo en particular. Siento no haberte perdido perdón antes. Intentaré hacerlo mejor- dijo arrastrando las palabras con esfuerzo.

La chica le miró con desconfianza.

- ¿Ya está? ¿Sin dobles sentidos? ¿Sin una coletilla para anular la disculpa? ¿Así de simple?

Sirius asintió.

- Creo que si me mantengo en lo básico, mis probabilidades de éxito son mayores- dijo con seriedad- Así que ¿aceptas mis disculpas?

Marlenne pareció pensárselo unos segundos, pero afirmó con la cabeza.

- Si fueras una persona normal, te mandaría a la mierda. Pero como sé que estás capado emocionalmente, creo que esto es lo mejor que voy a conseguir.

- ¿Quién se está saliendo de tono ahora?- preguntó Sirius, sin dar signos de estar ofendido.

- Tienes razón, perdona.- la chica sonrió de forma traviesa- ¿Algo más?

- ¿Quieres que hablemos de algo más?- preguntó el chico con tranquilidad.

Marlenne se sonrojó, pero no apartó la mirada.

- Puede que estuviese bien algún tipo de explicación sobre por qué… bueno… pegaste tus labios a los míos, o algo así.

Sirius bufó.

- Se dice besar, Mar. Besar. No es pecado.

Ella, un poco más roja, le miró ofendida.

- Sé cómo se dice, idiota. Pero no creo que eso fuese un beso. Da igual, ese no es el punto a discutir ¿Por qué lo hiciste?

Sirius sonrió de una manera que hizo que el vello de los brazos se le erizara.

- ¿Por qué crees que lo hice?- preguntó bajando el tono de voz.

Ella hizo rodar los ojos.

- De acuerdo, no te lo estás tomando en serio.

Sirius empezó a reírse con una de sus carcajadas estridentes y Marlenne cruzó los brazos, contrariada.

- No hay motivo, Marlenne. Simplemente… no sé, estabas cabreada, supongo que en cierta manera sexy…-sonrió de manera culpable- y se me ocurrió la idea estúpida de besarte- se encogió de hombros- No le des vueltas. Eres una chica guapa, yo soy un chico impulsivo. Sin más.

- ¿Sin más? Si no fueras tú, pensaría que es broma- dijo negando con la cabeza- Tienes la sensibilidad de una bolsa de piedras.

- Puede que estuviera mal que lo hiciese, pero te he hecho cosas peores y no has estado tanto tiempo sin hablarme y odiándome en la distancia- dijo Sirius, como si intentase enmendar su comentario anterior. Luego frunció el ceño, como si huebiese caído en la cuenta de algo de repente- ¿Esto es por Remus?

- ¿Por Remus?- Marlenne abrió los ojos sorprendida- Para un poco ¿Se lo has contado?

- No, no se lo he contado a nadie ¿Y tú?

- No. Obviamente a Remus aún menos .

- ¿Obviamente?

Marlenne le miró con curiosidad.

- ¿Estás ofendido? Obviamente no se lo conté porque no es algo que crea que se pueda contar.- dijo poniéndose roja y delatando con su expresión lo que no había dicho con palabras.

Sirius alzó las cejas.

- No, ciertamente no lo es. Podría llevar a desproporcionar las cosas- dijo lanzándole una mirada inteligente a la que ella le respondió asintiendo, confirmándole que estaban en la misma página. Remus no podía enterarse de lo que había pasado- Fue una tontería.

La chica suspiró aliviada y relajó los hombros.

- Aún no sé si partirte la cara o pasar del tema. Llevo pensándolo unos días.

Sirius chasqueó la lengua.

- No seas dramática. No fue tan horrible.

- Sí lo fue- Marlenne hizo rodar los ojos y luego se echó a reír, como si todo aquello fuese hilarante.

- ¿Qué te hace tanta gracia?

Marlenne se recostó en el asiento e inspiró, luego miró al chico directamente, cuadrando los hombros e infundiéndose valor para confesarse.

- Puede que tengas razón, no ha sido lo peor que me has hecho. Pero también puede que yo sea un poco parcial.

- ¿Parcial?

- Fue mi primer beso. Si "aquello" cuenta como beso.

Si alguien pensaba que nada era capaz de alterar a Sirius, en ese momento se hubiese dado cuenta de que estaba equivocado. La boca abierta, los ojos entrecerrados, el ceño fruncido. Casi incapaz de pensar o hablar.

- Eso tiene que ser mentira- murmuró, como si se lo intentase hacer creer a sí mismo.

Marlenne negó con la cabeza, casi riéndose de la expresión del moreno.

- Es muy triste, pero no.

- ¿Cómo puede ser?

La chica se puso roja y bajó la mirada, incómoda.

- No es algo que me apetezca discutir. No es que lo haya echo a propósito, ni nada… pero simplemente no se ha dado.

- Pero has salido con tíos- dijo él extrañado, intentando recordar si alguna vez había visto a Marlenne con alguien- ¿No? El tío de la tienda de música.

Marlenne negó con la cabeza, aún avergonzada.

- No. No sé. He tenido un par de semi-citas, pero la cosa no acabó de ir bien- se encogió de hombros- En realidad da igual, no estaba muy agobiada por el tema; cuando tuviera que pasar, pasaría. No pienses tampoco que soy una de esas, que espera al chico perfecto para que la bese… no lo tenía idealizado, ni nada. Pero…

- Pero…- la animó Sirius- No te cortes, sigue, creo que vas bien en tu misión de hacerme sentir como una mierda.

Marlenne sonrió de forma condescendiente.

- Pero ya que no había sucedido, esperaba que cuando pasase, fuese con alguien especial. Y no un choque de morros con un tipo que apenas me soporta- dijo frunciendo el ceño.

Sirius miraba por la ventan con expresión indescifrable. Ella se revolvió incómoda en el asiento.

- Piensas que soy un bicho raro ¿verdad?

Él se encogió de hombros y la miró directamente.

- No. Lo pillo. Pero no me lo esperaba- dijo alzando las cejas en una expresión difícil de leer- Te diré una cosa, besar está sobreestimado.

- Te daré la razón si siempre es como el otro día- dijo Marlenne con un suspiro.

- ¿Te das cuenta de que has criticado mi beso cuatro veces en menos de diez minutos?

- Lo siento, estoy bastante traumatizada con el tema… ¡Y tú has dicho que me besaste sin más! Eso me da derecho a criticarte todo lo que quiera.

Sirius se rió y Marlenne se levantó mirando el reloj.

- Me alegro de que hayamos hablado como personas normales. Y de que no te haya costado tanto no insultarme en el transcurso de ello. Y también, claro, de que no le vayas a contar a nadie nada de esto, ni me vayas a hacer ni una puñetera broma al respecto- acabó con una mirada de advertencia.

El moreno ni se inmutó.

- Yo también me alegro- dijo con indiferencia, sin comprometerse a nada.

La chica puso los ojos en blanco y abrió la puerta del compartimento. Sirius la cogió por el brazo antes de que pudiera salir.

- Siento lo de tu primer beso, aunque sea una de las cosas más cursis que haya oído en mi vida- le dijo en voz baja, mirándola a los ojos de una manera tan directa que conseguía traspasarla- Espero que la segunda vez la cosa mejore… aunque estará difícil- añadió en tono prepotente.

Ella sonrió, sin darse cuenta de que eso hacía que las pupilas de Sirius se dilatasen.

- Gracias por tus buenos deseos. No te preocupes, siempre te recordaré, ya sabes. Cuando cuente mis historias de juventud.

- No creo que quiera ser recordado por ser el tío que pegó sus labios a los tuyos por primera vez.

- No. El tiempo hace que sólo recordemos lo bueno. Cuando tenga cincuenta años, seguro que pienso que fue un beso maravilloso.

Ambos se rieron y salieron al pasillo del tren. Tras un instante de silencio, el uno enfrente del otro, Marlenne hizo un gesto de despedida con la mano.

- Nos vemos pronto, Sirius. Que pases unas buenas vacaciones- dijo antes de girarse para seguir con la tarea interrumpida de buscar a sus amigos.

Sirius aún notaba el contacto suave de la piel de su brazo, como si siguiese sujetándola. No se iba a poder desprender de su presencia en todo el día, ni de esa sonrisa inocente y plácida, que conseguía despertarle al mundo con la violencia y la rapidez de una bofetada, volviendo todo mucho más intenso y peligroso.

- Me cago en mi puta vida- murmuró mientras volvía al compartimento con los chicos- Su primer beso.

Necesitaba un pitillo y un rato de soledad, pero era cuestión de tiempo que sus amigos fueran a buscarle. Y no estaba de humor para las preguntas suspicaces de Remus ni el silencio contenido de James disfrazado de sonrisas si le encontraban fumando solo en un compartimento vacío.

Les oyó mucho antes de llegar delante de la puerta. James estaba gritando, como era habitual en él cuando se emocionaba, y podía oír la risa rápida y corta de Peter, demasiado aguda como para que el chico no intentase esconderla.

Cuando abrió la puerta del compartimento supo que algo relevante había pasado en su ausencia. James, a penas conteniendo la emoción, le miró con los ojos llenos de chispas. Remus miraba por la ventana con gesto concentrado y Peter, a su lado, le observaba con interés, esperando alguna reacción.

- El que faltaba para el comité de "personas maduras"- murmuró el licántropo sin molestarse en girarse.

Sirius miró a James con gesto interrogante y él le guiñó un ojo.

- ¿Has visto la bufanda nueva de Remus?- le preguntó señalando a su amigo.

Reparó entonces en una bufanda de lana suave, roja y amarilla. Una inspección más a fondo dejaba ver detalles, como puntos salidos o zonas donde el tejido estaba más apretado que en otras. Era una bufanda hecha a mano.

- Adivina qué prefecta rubia de Ravenclaw le ha regalado una bufanda tejida a mano a Moony. Sólo a Mooony- dijo James colocándose las gafas y sonriendo de manera traviesa.

Sirius se rió a coro con sus amigos mientras Remus intentaba ignorarles de la mejor manera que sabía.

Sin embargo, con cada carcajada, el estómago del moreno se encogía un poquito con la culpabilidad y otros sentimientos tan molestos que prefería no tener que ponerles nombre.

Y aunque no le estaba viendo la cara para confirmarlo, sabía que James no estaba creyéndose ni una de las risas de su perfecta interpretación. Igual que a él no se le había escapado el ceño fruncido por la preocupaciónn de su amigo al verle entrar, justo antes de empezar a ametrallar a Remus con todas las bromas que se le ocurrían.


¡Hola queridas y queridos! ¿Cómo habéis estado? ¿Qué tal la primavera/otoño? ¿Se deja ver el sol?

¿Se nota que estoy escurriendo el bulto de mi larga (y no explicada) ausencia?

Lo siento. De verdad. He pensado mucho cómo explicaros lo que me ha pasado en las últimas semanas, pero no me gusta parecer una quejita ni nada por el estilo. A modo de explicación sin que sirva como excusa, os diré que he tenido más cosas que hacer que de normal, cosas de trabajo, de mi vida, situaciones puntuales y los dramas de siempre; nada extraordinario. Y creo que seguirá siendo así, pero creo que estoy preparada para organizarme e intentar volver a mis tiempos habituales. También tengo que deciros que suelo escribir los fines de semana porque es cuando consigo juntar el tiempo necesario para ponerme y escribir hasta que me quedo harta, y entre guardias en el trabajo y algún viaje, no he tenido fines de semana apenas. Así que nada chicos, lo siento.

Y sobre todo muchas gracias por vuestros increíbles reviews, cada vez me gustan más. Escribiría sin ellos pero vosotros hacéis que lo haga mejor y que intente esforzarme por no columpiarme y seguir publicando. ¡Me encantan esos reviews en los que os preguntáis si he desaparecido! Hablando en serio, muchas gracias a todas y todos. Como siempre, las respuestas a los reviews que no he contestado vía PM están en el último rr del capítulo 19.

Y ahora, el capítulo. Contadme cuál ha sido vuestra escena favorita. ¿Lily arrastrando a James? ¿Sirius Y Marlenne hablando en el tren? ¿Lily sincerándose con Dirk? ¿Sarah y Mary peleándose? Contádmelo, por favor! Espero con impaciencia cualquier cosa que queráis contarme!

Dejadme un bonito review si queréis que Sirius os encierre en un compartimento vacío del Hogwarts Express para demostraros lo "buen chico" que es…