Cada capítulo está inspirado en una canción. Ya sea el nombre, la melodía, la letra, o todo lo anterior, el capítulo funciona entorno a la música. Recomiendo escuchar la canción mientras se lee el capítulo para sumergirse totalmente en la historia, aunque claro es opcional.
Canción: Highway to hell
Artista o grupo: AC/DC
Capítulo 20
Highway to Hell
"El filo…no hay forma honesta de explicarlo, porque los únicos que realmente saben dónde se encuentra son quienes lo han traspasado"
– Hunter S. Thompson
Por la mañana se sirvió una taza de té negro, en lugar de su acostumbrado whisky matutino (sí, era un pan de dios ahora) y marcó el número que tenía anotado en la palma de su mano. Esperó en la línea. Contó los timbres. Recitó un padre nuestro.
—¿Hola?
Antes de poder hablar, cometió la torpeza de salpicar un poco de té sobre su camisa, apareciendo rápidamente una mancha oscura e hirviente en la mitad de su pecho. Lo cierto era que estaba nervioso, como nunca en su vida. Y tenía razones de sobra; iba a cruzar otra línea. La peor.
Se obligó a reprimir una grosería y enfocarse en el verdadero problema.
—May Parker —saludó, fingiendo su insoportable confianza—. Habla Tony Stark.
—¿Tony Stark? —había un dejo de asombro e incredulidad en su voz—. ¿El Tony Stark?
—Me encanta que pongas "El" antes de mi nombre —un poco de flirteo no era pasarse de la raya, ¿verdad? Quizá lo iba a necesitar a su favor...— Pero sí, el mismo. "El Tony Stark" ¿Es un mal momento?
—No, no. Sólo me tomó con la guardia baja. Una sorpresa escucharlo, señor Stark —dijo ella, recobrándose tan rápido como él y sonando tan civilizada como su sobrino—. ¿Qué puedo hacer por usted?
Aquí iba.
—Hablo en beneficio de Peter. Me comentó que no obtuvo el permiso de trabajar en mi pasantía nuevamente —más que comentarlo, lo expresó en un mensaje caótico y desesperado—. Me gustaría que conversáramos sobre ello. Por favor.
—Oh. Oh vaya, bueno…es una pena que se haya tomado la molestia de llamarme, pero… —hizo una pausa intimidante—, mi punto fue aclarado con Peter y no podemos darnos el lujo de que sus calificaciones decaigan más por suelos. Usted comprenderá. Estoy segura de que puede encontrar otro candidato más apto.
—May, sé que en el pasado no demostré ser la suprema personificación de la tutoría responsable, pero le aseguro que no existe un candidato más apto —enfatizó sus palabras—. Peter ha probado ser único en su clase y tiene lo que se necesita. Si le preocupa su futuro, ser pasante en Industrias Stark significa un empleo a largo plazo en nuestras instalaciones, sin mencionar que tiene garantizado el lugar en cualquier universidad de su antojo —no le importaba alardear porque era cierto. Todo. Si Peter deseara esas cosas, Tony estaría más que dispuesto a conseguírselas. El chico se lo merecía con creces—. Puedo continuar con una larga lista de pros, pero creo que entiende usted mi punto.
—No, no, está bien —dijo May—, agradezco la oferta. Y me encanta escuchar maravillas así sobre Peter…desgraciadamente no es por eso que declino. No sólo se trata de sus calificaciones. Peter no ha sido el mismo en estas últimas semanas, y después de ese ataque de pánico en su escuela, sin mencionar la presión que tuvo por el decatlón académico… —hizo otra pausa, menos tensa, más abrumada—. Peter y yo perdimos a su tío Ben hace menos de un año y ha sido muy difícil para los dos. No quiero que se arroje a otro puñado de estrés que pueda alterarlo.
Tony mordió el interior de su mejilla. Peter nunca mencionó el ataque de pánico, y casi nunca hablaba de la pérdida tan reciente de su tío. ¿Qué más no le había dicho? Parte de la determinación de Tony sangró.
—Lamento mucho escuchar eso. Peter nunca dijo–
—Sí, mi dulce sobrino hace todo lo posible por mantenerse fuerte. Es un buen niño.
—Lo sé. Es por eso que tiene la pasantía. No hay nadie más que prefiera tener conmigo en el laboratorio.
—Bueno…Peter expresó un gran deseo por tomar la pasantía, no voy a negárselo —hizo una exhalación—, es que me preocupa que no esté pensando fríamente. Está eso y también el hecho de que ha estado saliendo mucho por las noches. Casi nunca lo veo. No es normal, ¿sabe? No me siento cómoda con eso.
—Por supuesto —convino Stark—. Yo tampoco me siento cómodo con eso. Peter no estará solo, cuenta con mi supervisión, May. Le echaré un ojo en todo momento.
Ella hizo un confuso "mmhh", que Tony interpretó como "sigue, tienes mi atención"
—Así que esto es lo que estaba pensando —dijo—. Peter viene conmigo al complejo los fines de semana. Lo recogeré el viernes después de la escuela y lo dejaré en casa el domingo por la noche a tiempo para la cena. Durante la semana, él puede venir a trabajar tiempo extra después de clases, si le apetece. El trabajo de laboratorio dependerá de las buenas calificaciones. Si no sube sus notas, podemos recortar las sesiones de la semana.
No podía verla, pero casi pudo imaginar a May asintiendo con la cabeza, pensativa. Su silencio era alentador, por lo que Tony continuó.
—Si definitivamente no mejora en la escuela, suspenderemos los viajes de fin de semana hasta que se recomponga. En el momento en que dé señales de que no puede con la carga, suspendemos todo.
—Y él… ¿estará bien?, quiero decir, ¿lo mantendrá a salvo?
—Claro que sí, May. Tienes mi palabra de honor —mentiras, mentiras, mentiras—. Sólo trabajaremos en el laboratorio, ya sabe, cosas seguras, amigable para niños. Tal vez unos pocos electrochoques. Nada que él no pueda manejar. Bien podría ser una carpintería.
—¿Podré ver algo de lo que Peter está trabajando, o es confidencial? Ese niño nunca fue muy transparente acerca de la pasantía.
—¡Por supuesto! Quiero decir, habrá algunas cosas que probablemente sean de opinión sensible —como el trabajo que iban a hacer en la cama—, pero cualquier cosa que pueda mostrarte me complace compartir. ¿Quieres venir a ver el laboratorio? Haremos el tour y te enseñaré las instalaciones donde Peter se quedará a dormir. Estará junto con otros internos también, un ambiente sano para genios de su edad… —Maldición, estaba llegando a su límite. Realmente esperaba que May dijera que sí, porque la fábrica de mentiras estaba clausurando. La culpa carcomía su pellejo y sintió que el aire se volvía denso.
—Todo eso suena grandioso…yo… —hizo una última pausa, vacilante—, creo que podemos intentarlo. Algunos días de prueba y veremos cómo responde Peter. Sí, me entusiasma la idea.
El daño estaba hecho.
—¡Perfecto! Hay que discutir los detalles en lo que viene de la semana. Mi asistente hablará contigo y marcaremos una fecha.
Pasaron los siguientes segundos en despedidas, agradecimientos y buenos deseos.
Al colgar, trató de convencerse de que, mentiras o no, el acuerdo podía ser beneficioso para Peter. Iban a trabajar en el laboratorio (no lo ponía en tela de juicio), y Tony se esforzaría al máximo en ser un buen tutor para el chico, no simplemente arrojarlo a la cama a cada oportunidad. Bueno, lo haría, pero también estaba determinado a sacar al menos una verdad de sus mentiras. Peter era su verdad, y haría el futuro académico y profesional del niño su negocio.
Cuando no pudo ignorar por más tiempo el dolor de cabeza, los escalofríos y la sudoración, corrió al aparador y tomó de ahí Naltrexona, una medicina que le ayudaba con la abstinencia. Omitió la temperatura abrasadora del té y engulló dos píldoras, sabiendo que iba contra la receta. Ya se había tomado una dosis, pero los síntomas reaparecían cuando el estrés latigueaba. Y la mente de Tony era bastante simplista; desplazar un vicio a otro. ¿No más alcohol? Medicamentos controlados.
Después de calmarse, Tony dirigió su mirada hacia la ventana e intentó pensar en algo para superar un inesperado sentimiento burbujeando, algo que le distrajera de la preocupación latiendo en su cabeza como un tambor: que hay algunas cosas de las que nunca podrá proteger a Peter. Su relación era una prueba de ello.
Esa tarde, Peter llegó a su laboratorio dando tumbos.
—¡Buenas tardes, señor Stark! —era increíble que el chico aun insistía en tratarlo con formalidad y respeto. Tony le sonrió de vuelta.
—Hola, chico —dijo él, deslizando los gruesos marcos negros de sus lentes fuera de su cara—. Llegas temprano, ¿quince minutos antes?
Peter se sonrojó. Tony se sintió halagado junto con la usual pizca de remordimiento. Peter no debería estar tan emocionado por verlo. La puntualidad británica del chico siempre fue apabullante, y aunque la pasantía no daría comienzo hasta que Tony hablara con May en persona, Peter se dio permiso él solito de ir a la mansión.
—S-s-í, sí, bueno —el chico trató de superar el desliz de su entusiasmo—, sólo quería comentarle…no sé qué hizo para convencer a mi tía de dejarme estar aquí, pero funcionó, supongo. Es todo de lo que habla. Incluso quiere comprarme nuevas pijamas y sacos de dormir. Le dije que no era necesario, pero… —se encogió de hombros.
—Está feliz por ti —dijo Tony—. Como debería, tienes una gran oportunidad por delante —el muchacho se mordió el labio—. Peter, no sé qué ideas traes en tu cabecita de algodón, pero yo tengo toda la intención de sacar provecho y poner a prueba ese intelecto tuyo. Con la cantidad el tiempo que tendremos en las manos, organicé un programa para algunas clases particulares sobre física cuántica (estás muy oxidado en la materia) y luego invertiremos las tardes en ciencia experimental. Las vacaciones terminaron.
Peter asintió febrilmente. Pero en sus ojos albergaba esperanza, vergüenza y juventud.
—Uhmm, sí, sí por supuesto —el chico frunció el ceño—. Me queda claro que haremos trabajo serio. Pero, uhm, también tendremos tiempo para…ya sabe…
Tony alzó las cejas.
—¿Lo sé?
Peter era un tomate en plena temporada. Y Stark iba a ser condenado por encontrar provocativo ese bochorno. Una sacudida de hambre y deseo tomó curso a través de él, seguidos por el despliegue más lento de la culpa. Inclinó su cabeza hacia Peter y le susurró al oído cosas por las conseguiría un arresto seguro.
Si iba hacer algo completamente malo, erróneo e inmoral, ¿por qué no hacerlo bien? Ya tenía comprado su boleto al infierno, de todas maneras.
El día concretado, Tony llevó a May al complejo, para mostrarle el laboratorio. Estéticamente era perfecto y a Tony le encantaba. Poseía un equipo moderno de alta tecnología, limpio y hermoso. También era mucho más brillante que el de su mansión; las ventanas dejaban entrar mucha luz natural. Siempre que lo veía, Tony recordaba los buenos tiempos con su antiguo colega, Banner; hablando en malabarismos técnicos y aturdiendo a todo aquel que osara importunarlos. Era particularmente satisfactorio molestar a Rogers por la mente cuadrada que tenía respecto a la ciencia, siendo él puro músculo y poco seso. Claro que no era verdad, pues nadie ingeniaba mejores estrategias de ataque como el Capi. Se requería buenos diagramas mentales y atención a los detalles. Sin embargo, el anciano era un blanco gruñón y fácil.
Toda esa nostalgia, unida a la traición y las deserciones, era el motivo por el cual Tony ya nunca frecuentaba ese laboratorio, dejándolo empolvar.
Aquí es donde entraba Peter, forzando a Tony a remover las telarañas del pasado.
Él y May pasaron las próximas horas charlando sobre el laboratorio, en qué tipo de cosas estaría trabajando Peter y qué cosas planeaba enseñarle Tony. Si May no entendía algo, no tenía miedo en pedirle que lo explicara más a fondo. Fue algo que reconoció en Peter; la aparente timidez que vive por encima del impulso y la confianza. Eso le hizo sonreír. Pero la sonrisa se esfumó en cuanto preguntó sobre el ataque de pánico. May lo atribuía al estrés del decatlón, clases avanzadas, tristeza por su tío. Stark estaba más consciente del verdadero origen, y apretó los dientes hasta que la mandíbula le dolió.
A las ocho se dieron la mano y establecieron una fecha de inicio. May le agradeció y le dijo cuánto esperaba que Peter trabajase con él y Tony compuso una mueca que intentaba pasar por una sonrisa. Sostuvo la puerta para ella del automóvil negro, con un chofer listo para enviarla a casa. Cuando Tony estuvo de regreso en la mansión, sacó su teléfono desechable del bolsillo.
"Todo arreglado con May. Espero que estés listo para lo que venga"
La respuesta fue inmediata
"Es gracioso, yo también iba a decirle lo mismo"
"No te pongas arrogante conmigo, Parker. Te puede ir mal"
"No, en serio estoy emocionado"
"Gracias por la oportunidad"
"Prometo ser bueno :)"
De solo imaginarse las cosas que le haría... Era casi tan emocionante el pensamiento como el imaginarse las cosas que harían en el laboratorio. Crear, manufacturar, explorar los límites de lo que era capaz ese pequeño genio en ciernes…entre otros asuntos más apasionantes.
Se tragó otra píldora de Naltrexona y un poco de Clonazepam para dormir.
La brújula moral de Tony Stark nunca había apuntado exactamente hacia la VIRTUD. Sus manos estaban llenas de mierda, y no importaba cuánto quisiera lavarlas, la suciedad permanecía. Nunca pensó, sin embargo, que llegaría a querer lavarse a un quinceañero de la conciencia.
Tony no era ajeno a la seducción, y los intentos pasados de Peter por interesarlo en otro tipo de relación eran dolorosamente obvios, y fáciles de ignorar... o eso había pensado. Se dijo a sí mismo que, con Pepper lejos de su vida, Rogers y su banda de traidores en la fuga, la verdad sobre la muerte de sus padres rebelada, y el legado familiar prosperando, no estaría preocupado por algo tan trivial como el deseo. De vez en cuando, se masturbaba en el baño o en su taller, y eso era más que suficiente.
Hasta que Peter le mostró cuán equivocado estaba.
El niño podía morderse el labio, sonrojarse, decir algo muy inteligente para alguien de su edad, y Tony volvía a sentir ese calor, la puta necesidad de ponerse de rodillas y hacer que Peter se deshaga con la boca y los dedos. Se dio cuenta de que había estado hambriento de contacto, y que Peter era el bálsamo que ni siquiera sabía que había estado buscando durante todo ese tiempo.
Prohibido. Perfecto.
No era que los gritos de su conciencia no hicieran eco y le impedían dormir tranquilo. Era más bien que todo ese ruido secundario de su mente, era precisamente eso; ruido secundario. Te desconectas, aprendes a vivir con ello, ignoras a Pepito Grillo y listo. A Tony llegó a mortificarle, escocerle, incluso a paralizarlo, pero luego...
Cuando las hojas de otoño cubrieron el suelo, Peter y Tony ya habían encontrado un ritmo.
Aunque el chico se la pasaba en el complejo los fines de semana, durante la semana todavía hacía sus patrullas. Peter comenzó a dar informes a Tony directamente, no obstante, con él, tendían a ser más sucintos y específicos en lugar de un desorden como con Happy.
Peter puso especial empeño en sus calificaciones como nunca antes, recibiendo elogios por parte de todos sus profesores y una deslumbrada tía. El muchacho le contó a Tony que su equipo no había conseguido ganar el famoso decatlón académico y que, para reparar el daño, estaba decidido a ganarlo el próximo año para ellos. Era la confianza mezclada con un poco de soberbia en esa alegación lo que hacía que Tony sintiera que estaba haciendo bien su trabajo.
—Okey, okey. La próxima vez que te diga: aléjate, esto puede explotar, no lo traduzcas a: inclínate y mira lo reluciente que son las llamas.
—¿Puedes relajarte? ¡No seas tan dramático! Solo fue una pequeña quemadura, ¡ya desapareció!
—Peter, le hice una promesa a tu tía. Y soy un hombre de palabra. Pero también estoy aterrado de ella.
El chico se puso a reír a mandíbula batiente, aunque igual marcó su distancia. Cuando el fuego remitió, ambos se acercaron a echar un vistazo al vaso de precipitados y comprobaron su contenido.
—Vaya, parece que funcionó —exclamó Peter, sacando su libreta para hacer anotaciones—. Ahora mis queridas redes podrán disolver todo lo que toca. Espero no tener mala puntería.
—Para eso existen los errores. Para ser mejores. Pero cuando las uses, avísame con tiempo para retroceder unos pasos.
Peter volvió a reír jovialmente.
—Voy a sobrecalentar esto y agregaré un poco más de polipropileno —tuvo que estirar las piernas y saltar sobre el desastre que se había convertido el laboratorio. Peter era increíblemente listo, pero escalofriantemente desorganizado—. ¿Luego podemos armar otro coche? Ha pasado tiempo…
—Si no pretendes conducir después, seguro.
Tony retiró los googles de protección y volvió a su escritorio, reproduciendo otra selección de música. Muy pronto estaba cantando a Sting por debajo del aliento, mientras le ponía los toques finales a la nueva armadura de Iron Man y supervisaba a Peter por encima del hombro. Ambos solían trabajar de forma independiente, pero atentos a lo que el otro hacía, ya sea por mera curiosidad, intriga o por un aprendizaje mutuo.
Minutos después, abrió la parte trasera del auto y encontró piezas sueltas del motor derramadas en donde las había dejado la última vez. Podría comenzar desde allí, se dijo, aunque sintió que tener un par de manos extra lo haría ir más rápido. Entonces Peter se materializó a su lado.
Cuando la canción de Sting finalizó, Tony echó un grito desde debajo del coche — ¡F.R.I.D.A.Y., que suene AC/CD!
Él cantaba a voz en cuello y con la certeza de que, en algún momento del coro, Peter cantó también, aunque no podía verlo. Lo cierto era que, la primera semana, el chico se había burlado de sus gustos musicales y de su afán por escuchar rock a todo volumen mientras estaban en el taller.
—Te contagiarás —le había dicho, y se cumplió la profecía.
Buscó a ciegas la llave, y apretó unos tornillos. Peter estaba hincado atrás, sin tocar nada, pero tratando de identificar todas las herramientas y los componentes del auto. El chico admitió, desde el principio, que era más un científico que un mecánico. Tony le dio una palmada en la espalda y le había dicho que no tenía caso enseñar ciencia a alguien que ya lo sabe todo. Todas esas sustancias y ecuaciones eran divertidas, sin embargo, Stark creyó que era buena idea iniciar a Peter en el trabajo físico, y enseñarle a armar un coche se sintió adecuado para él. Sólo porque no estaban en la zona "paternal" de la relación, no significaba que no pudieran simularlo en ocasiones.
—¿Necesitas ayuda allá abajo? —preguntó Peter, a la tercera canción reproducida de AC/DC.
—No, estoy bien —respondió Stark con voz ligeramente sofocada. Era demasiado angosto para dos personas ahí metidas, de todas formas—. Puedes seguir pasando instrumentos cuando te diga.
—¿Seguro? No es que no sea divertido verte la entrepierna todo el tiempo, pero…
—Entiendo. Diviértete.
Tony estaba a punto de colocar la última parte del circuito en su lugar cuando sintió un fuerte tirón y salió expulsado violentamente por debajo del auto. Aquello le provocó un lindo susto de muerte y dejó caer la llave ruidosamente sobre el suelo, mientras era arrastrado. Cuando estuvo fuera, vio a Peter parado en frente de él, con un pie desnudo sobre su pecho, justo en donde solía incrustarse el reactor.
—¿Terminaste? —preguntó el chico con una endiablada sonrisa relampagueando.
—Estaba a punto —dijo Tony aparentando frescura y un tono casual—. Ahora, sé un amor y quita tu sucio pie de encima mío.
—Lo que usted diga, señor Stark —dijo Peter entornando los ojos.
—¿Cuándo te volviste tan descarado? Esta juventud de hoy en día. No hay respeto.
Peter continuaba sonriendo al retirar su pie y darse la vuelta. Tony se incorporó, vislumbrando la oportunidad en la espalda del chico y se abalanzó sobre él. Peter fue más rápido, agachándose en el primer intento de Tony por derribarlo, sin embargo, no pudo esquivar el brazo fornido de Stark envolviendo su cuello y tratando de someterlo.
—¿Te rindes? —preguntó Stark.
—Nunca.
Tony, que ya había sido antes un desafortunado receptor de la súper fuerza de Spider-man, se preguntó para qué demonios invertía tanto tiempo en el gimnasio. Peter deshizo el agarre de Tony con la facilidad con la que se mueve a un niño y maniobró hasta dejarlo a él bajo su yugo. No obstante, era obvio que el chico se estaba conteniendo, pues, de un momento a otro, relajó los brazos y Tony consiguió nuevamente mantenerlo a raya bajo los suyos.
Si alguien asomara la cabeza y echara un vistazo rápido, contemplaría a un padre forcejeando amistosamente con su hijo. 100% competitividad saludable. Totalmente inocente.
Si ese alguien observara más tiempo y más de cerca, notaría el contacto demasiado confianzudo para tratarse de un vínculo filial, uniendo sus cuerpos, quizá por mucho tiempo, quizás un centímetro demasiado íntimo, quizás unas miradas demasiado largas. La sospecha se alzaría.
Y luego, ese alguien contraería la cara, escandalizado, cuando viera que, esas dos figuras, "padre e hijo", no podían con el calor de sus cuerpos presionándose, arremetiéndose en el juego, y terminando en un beso. Ese alguien apartaría los ojos, sin poder creerse lo que vio.
Ambos retrocedieron hasta chocar con la parte posterior del auto. Tony levantó la barbilla de Peter con su mano y continuó devorándolo, sujetando las muñecas del chico contra el auto. Peter gemía y se dejaba hacer, porque, cuando se trataba de aquel contexto, olvidaba su fuerza superior y era incapaz de desafiar la voluntad de Tony.
Era mucha brusquedad y poca delicadeza en sus movimientos, y los dos iban a llegar al punto de no responder por sus actos.
Y precisamente por eso, para evitar el desastre de la semana pasada, Tony encontró la cordura hundida en el fondo de sus instintos y se aferró a ella como pudo.
Despegó su cuerpo (no sin antes lamer el cuello del chico) y le recordó a Peter que nadie iba a limpiar lo que hicieran si lo hacían aquí y ahora. Limpió el exceso de saliva en su boca con el dorso de su mano y recogió la herramienta que había tirado al suelo.
Volvieron a la tarea de armar el auto, pero con la mente lejos, a metros de distancia, tres pisos arriba, en una habitación amplia, sobre la suave y tersa cama de Peter, donde solían encerrarse cada noche, cada fin de semana.
Los dos, sin advertirlo, temblaron impacientes, deseando que el día marchara más rápido. El silencio era tenso. Peter lanzaba miradas furtivas a Tony, y Tony fingía que no se daba cuenta; un juego común entre ellos. No estaba seguro de cuál era el objetivo de Peter, pero conocía el suyo. Hazlo esperar.
Tony era sorprendentemente firme durante las horas de trabajo. Peter por otro lado, se daba el lujo de ser un sabelotodo, al mismo tiempo que coqueteaba hasta los límites de la indecencia. Si Tony no lo distraía con un buen acertijo científico o alguna actividad especialmente interesante, el chico aprovechaba para transformar su pacífica convivencia en una carga sexual insoportable. Como lo que acaba de ocurrir.
Sólo una vez Tony cedió ante las insistencias del mocoso y se lo folló con tanta avidez que Peter rompió en llanto cuando terminaron exhaustos sobre la mesa del laboratorio. Fue un desliz asombroso y memorable, claro, pero no lo fue tanto cuando ellos mismos tuvieron que limpiar el desorden.
No, su tiempo era en la noche, ante la ciudad durmiente y ajena a sus pecados. Con la luna como testigo, Tony aprendió una que otra cosa: que el sexo con Peter Parker era previsiblemente exquisito e inesperadamente rudo y pervertido.
Peter es capaz de experimentar erección seguida de otra y seguida de otra más, si Tony lo estimulaba lo suficiente. Juventud, inexperiencia y sentidos ultra desarrollados. A Stark le fascinaba.
Y es muy cuidadoso en no dejar marcas o chupetones la piel de Peter. Así, se quitaba la preocupación de la evidencia física. Peter no regresaba el favor, sin embargo. La espalda de Tony siempre estaba cubierta en rasguños, marcas rojas de sus palmas haciendo presión sobrehumana en ella y unas cuantas mordidas en su cuello. Un insignificante precio a pagar por los soniditos que recibía a cambio.
El chico tiende a lloriquear y a no ser capaz de pronunciar palabra alguna cuando se lo está follando muy bien. Tony considera un motivo de orgullo si se coge a Peter hasta dejarlo sin habla.
Pero, a veces, Peter habla y habla. Se lamenta de lo lleno que está, gime cosas ininteligibles sobre los dedos de Tony acercándose al punto que lo vuelve loco, que no puede más, que está al borde, que lo deje terminar ya. Y grita, hace todo el escándalo que quiere. Porque nadie está para escucharlo, sólo Tony.
Y Tony siempre habla suficiente para los dos; eres un buen chico, todo para mí, solo para mí, hecho para mí, tan lindo, qué apretado es tu agujero.
Y solo para que Peter sufra, lo obliga a hablar, incluso cuando es evidente que Peter está demasiado lejos de lograrlo. Hace que el muchacho le diga lo que quiere, dónde tocarlo y qué tan rápido. Debe usar palabras o, de lo contrario, Tony se detendrá.
En la torturada y magullada conciencia de Tony, a veces se arrepentía por hacerle todo eso a Peter, pero juraba que el adolescente parecía pedírselo sin notarlo; con sus ganas, con el hambre de su cuerpo, siempre buscando a Tony, siempre deseándolo. Y honestamente cómo negarle algo cuando Peter se veía tan bonito suplicando.
Al diablo los medicamentos controlados, al diablo la bebida, al diablo el fármaco para suplantar el líquido. Ese chico, ese adorable muchacho representaba un tipo de droga muy diferente y más satisfactoria, hecha a su medida.
En los momentos de duda, repetía su mantra; si iba a hacer algo malo, lo iba a hacer bien.
Esa noche, luego de que finalmente agotaron sus cuerpos en un vaivén desesperado, se encontraron así mismos sin sueño. Peter fue el primero en dirigirse a la sala, encendió la televisión, como simple ruido de fondo y se apoyó en el respaldo del sofá, con los pies abarcando el resto del espacio para leer más cómodo su libro. El chico tenía puesta una camiseta jersey dos veces su talla, presumiblemente robada de Tony. Lo que fuera que estaba leyendo, era aparentemente fascinante, ya que no respondió a la presencia entrante. Fue sólo al ruido de un vaso siendo colocado en la mesa de cristal que se sobresaltó y reparó en su acompañante.
—¡Oh! Lo siento, me perdí en la lectura —dijo cerrando la tapa del libro.
—Me di cuenta, Matilda. ¿Te importa si pongo los Rangers?
—Adelante.
Tony puso el partido y se recostó en el sofá con los pies de Peter encima de su regazo. Pasaron veinte minutos. Miraban juntos en silencio, permitiéndose descansar del trabajo de ese día. Era bueno tener compañía de nuevo. Tony nunca se acordaba de cuánto extrañaba tener una casa llena hasta momentos como aquellos. Peter había sido una buena constante. Especialmente ahora, con su rutina.
No quería sonar desconsiderado o egoísta (pero al diablo, sí lo era), sin embargo, con Rhodey aún enojado con él, era más fácil tener a Peter alrededor sin levantar sospecha. Nadie lo veía. Ni los internos, ni Visión, quien pasaba mucho tiempo fuera, al punto de ya casi no vivir en el complejo. La ausencia le preocupó inicialmente a Tony, mas luego pensó que la evolución no darwiniana de JARVIS podía cuidarse solo. Con todos ellos fuera de la ecuación, el único que sobraba era Happy, merodeando por el complejo de vez en cuando por cuestiones de trabajo que Tony no podía criticar.
A pesar de ello, no era como que Peter y Tony visitaran cada rincón del complejo. Cuando no estaban en la cama, estaban en el laboratorio respirando tensión sexual. Cuando no se estaban haciendo estremecer, se excitaban con su IQ.
Los Rangers perdieron el primer gol y Tony no pudo evitar bufar ante ello. Observó la cara impasible de Peter.
—No eres muy fan del hockey, ¿verdad? —el chico prestaba moderada atención al juego, aunque en los ojos podía percibir aburrimiento.
—Mmmh —dijo Peter, sin comprometerse.
—¿Baseball?
—Nope.
—¿Football?
—Asco.
—Okey, esto es decepcionante —Tony siempre se tomó el deporte muy en serio. Era simple y llano, fácil de entender, nada complicado. Lo único corriente de su ajetreada vida.
—Lamento mucho decepcionarte, pero antes de obtener mis poderes, era siempre el último en ser elegido para todos los partidos de la escuela. Yo era pésimo, no los culpo. El deporte nunca creció en mi corazón, después del trauma.
—¿Y sobreviviste a eso? ¿Cómo? —preguntó sarcásticamente. Peter levantó los pies para ser molesto y Tony agarró sus tobillos y los jaló hacia delante.
La forma en que quedaron colocados en el sofá se sentía muy íntima, como la comodidad que una pareja a largo plazo adquiere para ver televisión. Tony recordó su única relación seria en la vida; Pepper. Solían quedarse en la misma posición por horas. Acostados, viendo lo que fuera que estaba en la tele, en silencio, contentos con estar en compañía del otro. Antes de ella, nunca había sentido algo similar. Las mujeres desfilaban a través de él, como si se tratara del mercado de la carne. Después de una, la otra. Y la que sigue. Tony se sentía francamente avergonzado de ello. Y de pronto se descubrió a sí mismo deseando una compañía, no necesariamente la de Pepper, sino la de alguien lo suficientemente cercano como para arreglarse en el sofá como hacía con ella.
Y ahí estaba Peter y las similitudes eran espeluznantes. Tony sabía que nunca tenía que sentir ninguna presión real alrededor del chico, más allá de adoración de ídolos, ahora amortiguada. Ya que se habían acostumbrado a la familiaridad, Peter demostró ser tranquilo y obstinado, por igual. Compartían sentido del humor, el impulso y el saber. Existía una comprensión entre los dos y a Tony le parecía angustiante que la hubiera encontrado con alguien más joven que él.
—No quiero irme a casa mañana —murmuró Peter de repente, luciendo soñoliento. Había pasado una hora y media desde que encendió la tele.
—Ya es mañana —dijo Tony, observando su reloj.
—¿No puedo simplemente quedarme a hacer ciencia contigo todos los días? —estaba sonando como un niño quisquilloso y mimado. Tony no respondió y continuó observando el partido por otra media hora.
Cuando volteó a ver a Peter de nuevo, encontró una figura encorvada, un pequeño bulto durmiendo plácidamente a su lado. Contempló su expresión tranquila y su respiración acompasada en un sube y baja, y en el pecho de Tony surgió algo inefable, algo que no se relacionaba con lujuria, posesión o paternalismo.
Tony decidió, ahí mismo, que nunca lastimaría a ese muchacho. Que trataría de protegerlo por todos los medios habidos y por haber. Peter sería quien llevara las riendas de su relación (aún sin saber cómo nombrarla). Él decidiría cuándo y cómo han de terminar y Tony no pondría queja. Su fecha de caducidad era enteramente responsabilidad de Peter. Cuando el chico se hartase de él, cuando Peter abriera los ojos y se diera cuenta de que existe un futuro mejor y más apropiado en el horizonte, Tony, de buena gana, se haría a un lado. Le desearía suerte, lo miraría triunfar en la distancia y todo estaría bien.
Pero el destino es un bicho malo que muerde sin previo aviso y al descuido.
