Lamentablemente no me pertenece y no he creado FullmetalAlchemist.
6:03 am Cementerio militar de Kehl
No se había hallado rastro del presidente desde la madrugada en el parque, los guardaespaldas personales de Mustang lo habían perdido de vista cuando este cogió un taxi con las intensiones de despistarlos. Era ya de día pero lo suficiente temprano para que todavía no fuera el blanco de la prensa amarillista y radio locutores que opinarían y criticarían descaradamente sobre su vida personal. A pesar de todo, Riza tenía muy buenos contactos que le habían informado sobre el alquimista de fuego y su repentina desaparición.
- Me has encontrado.- dijo sin siquiera en girarse, no lo necesitaba, sabía de quién se trataba. El pelinegro sentía entre sorpresa y alegría por ser solo ella quien hubiese descubierto su refugio en momentos como estos, por ser ella quien lo conociera más que cualquier otra persona.
- No estabas en tu viejo apartamento del que te niegas a abandonar, ni en la casa de madame Christmas y tampoco en algún horrible cuchitril al que intentan llamar bar.
-Tch, ¿Has inspeccionado toda la ciudad?- dijo con una melancólica y burlona sonrisa.
- No me hace falta buscar en toda la ciudad para saber que estarías aquí.
- Me conoces demasiado bien.
- Nunca te has quejado por ello.
- Tampoco tengo intenciones de hacerlo ahora.
Eran este tipo de conversaciones las que ambos echaban de menos, en donde el silencio decía más que las palabras porque todo acto de habla era simplemente un estorbo. Todo se estaba volviendo difuso para Roy, había tomado una decisión y aunque no se arrepentía de ella tenía miedo de que no fuera correspondido. Se han vuelto ya muchas las veces que no lograba comprender a la vida que lo había tratado como un maldito perro con el que poder burlarse.
- Sé que como alquimista me es imposible creer en Dios pero a veces desearía poder hacerlo. Así podría aferrarme a un Dios que me explicase porqué Maes ya no está, que me explicase porqué cuando intento hacer algo bien aparece Grumman y lo destroza. Me encantaría saber porquéte quiero y no puedo demostrártelo. Es demasiado doloroso saber que otro puede amarte sin contemplaciones, que te tiene en su cama, en su vida y yo... yo ni siquiera puedo recordar el último beso que me diste, nunca piensas que será el último.
- El último beso… fueaquella noche, te habías dormido y quería despedirme, fue uno diferente- Riza al recordarlo no pudo ocultar la sonrisa- te di un beso en la frente, fue diferente de todos los demás porque un beso en la frente significa mucho más. Tenías un sueño tan profundo que no te percataste, lo recuerdo perfectamente.- Se había creado un silencio cómodo en el que ambos recordaban todo lo vivido aquel día que se regalaron, en que pudieron ser solo dos personas, en el que no fueron führer y teniente coronel. En ese momento, Riza sintió que debía decirle algo que le rondaba en la mente desde hace un par de horas.
-Roy, he oído rumores...
- Y son ciertos.- la cancelación de la boda era ya un secreto a voces, el propio führer se encargó de que así fuese, mitad de la milicia y prensa ya sabían la primicia o más bien la bomba que soltarían hoy a primera hora del día los periódicos y radios de todo el país.
- ¿Por qué?- cuestionó con algo de enfado. Roy siempre se lo hacía difícil pensó ella, nunca lograba comprenderlo del todo, no entendía como había llegado hasta días antes de la boda para poder retractarse.
- Porque terminaría siendo consumido por el arrepentimiento y la soledad de un matrimonio no deseado por ambos.
- Entiendo, pero…
- Riza, quédate conmigo.
- Roy, no pienso hacerle algo así a Mike, no quiero hacerle daño y jugar así con sus sentimientos.
- Tú misma lo dijiste, Mike no es feliz.
- Hablas como si tuviese alguna opción de recuperar algo de lo que teníamos.
- Y la hay… puede que dentro de un año o menos saldrá a la luz leyes que se han reformado y creado para la milicia y una de ellas tiene que ver con la confraternización. Las personas con relaciones amorosas entre subordinado y subalterno dentro del ejército deberán ser consentidas y confirmadas mediante un contrato legal. Nadie pasará de nuevo por esto.
- Me temo que como siempre llegas tarde.
- Riza, necesito que me escuches porque depende de lo que me digas ya no volveré a insistir más. Si te niegas no habrá vuelta atrás porque entonces será con mis sentimientos con los que juegues.
- Roy.
- Riza. Me equivoqué. Creí que hacía lo que debía. Pensé que casándome con Laura conseguiría que todas aquellas personas que dieron su vida no lo hubieran hecho en vano pero... olvidé por completo de la persona que más me había apoyado. Valoré más las vidas perdidas que las que sobrevivieron y sufren hoy por aquella guerra. Estuviste en todo momento conmigo y yo te hice la única persona que comprende mis pesadillas por las noches, que ve mis cicatrices sin que su mirada implique lástima. No puedo darme el lujo de perderte. Riza, quédate conmigo, elígeme.
Por más que quisiera disimular las lagrimas que amenazaban con salir de sus ojos grandes ojos avellana así que ¿Para qué seguir aculatándolas? Pensó Riza, permitió que toda su ira, desesperación, frustración, tristeza e incertidumbre salieran a flote. Ese hombre siempre la desarmaba por completo con solo palabras sin embargo era su rostro, sus ojos quienes le decían que no mentía que este sería un adiós si así lo quería.
-¡Señor! Lo he estado buscando por todos lados.- una voz familiar los interrumpió.
-¿Sheska?- Preguntó Roy sorprendido y confuso ante la presencia de su secretaría.
- Señor, los medios de comunicación son una locura, todo el mundo ha empezado a buscarle y pude imaginarme que estaría aquí pero no seré la única- en ese momento la peli-castaña decía mientras intentaba respirar y al levantar la cabeza vio a Riza, una sorpresa inesperada- ohh ¿Riza? Me alegro de verte.
- Gracias, Sheska. – dijo Riza con unos ojos llorosos y una sonrisa de amabilidad a aquella conocida a la que le guardaba cariño.
- Señor, siento ser inoportuna pero… - se disculpaba sonrojada por su interrupción en una conversación que parecía intima y personal.
- Está bien, teniente coronel Hawkeye respecto a nuestra conversación espero que me de una respuesta hoy.
-Entendido, adiós. Señor.
9: 00 am Hotel AdlonKempinski
Riza había llegado al hotel esperando ver al rubio durmiendo pero no fue lo que encontró. Halló a Collins recogiendo y organizando su maleta, enseguida ató cabos la boda de había cancelado y volverían a casa.
- Mike, ¿no es muy pronto para hacer las maletas?
- No, he cambiado el billete para poder ir a Greta a las 11.- Mike parecía apurado por querer irse de allí.
- ¿El billete?
- Sí, el billete, yo me marcho, tú te quedas.
-¿Qué?
- Riza, he visto el periódico y escuchado la radio incluso lo he escuchadode los cotilleos de los trabajadores, todo el mundo sabe que el Führer ha cancelado la boda tan esperada. No soy tonto.
- Mike, eso no es verd- no pudo terminar la frase.
- No hace falta mentir, mírame y dime que tú no has tenido que ver en su decisión.
- Yo nunca le pedí que no se casara fuiste tú quien dijo de venir aquí.- reprochó ella.
- Aun así, no me niegas que tú no fuiste la causa de la cancelación de la boda. Lo que está claro es que no hay mas ciego que el que no quiere ver. Tú no quisiste ver lo que sientes por él y yo tampoco quise verlo. Ambos tenemos la culpa en esto, pero no quiero verte quererlo en silencio y yo engañándome a mí mismo. No es justo. Tranquila, Riza no te guardaré rencor, ambos fuimos culpables de esto y aunque me duela no pienso seguir mintiéndome a mí mismo.- cerró la maleta, estaba preparado para marcharse.
- ¿Porqué este cambio tan repentino?
- No es repentino. En esta relación, siempre tuve mis dudas pero las tapaba porque de lo contrario no te tendría junto a mí, pero al ver como Mustang se ha expuesto a los medios de comunicación solo para no casarse con quien no quiere, me ha hecho pensar que él te hará más feliz de lo que yo podré… Riza, tengo que darme prisa o llegaré tarde.- dijo dirigiéndose a la puerta y colocando la mano en el pomo con la intención de irse aunque fue interrumpido por ella, la cual lo había detenido con solo poner la mano en el hombro aunque no se giró sobre sus pasos, sería más duro si lo hacía.
- Lo siento, Mike. Te mereces tener a alguien que te mire y se sienta la más afortunada pero esa no soy yo. Espero que encuentres a esa persona. Gracias por todo Mike.- le dio un abrazo a pesar de estar enfrente a su espalda.
- Gracias por todo, Riza.- tras el ruido de la puerta al cerrar solo hubo silencio, pero esta vez era un silencio distinto, esta vez había una fracción de esperanza que la mantenía alejada del silencio que siempre presenció en su pasado.
21: 57 Despacho del Führer, comando de ciudad Central
-Sheska, no entiendo porque no puedo firmar esos papeles mañana.
- Son muy importantes y lo siento otra vez no debí olvidarme de ellos.
-Tch, está bien, pero que no vuelva a suceder ¿entendido? ¿Espera a donde va?
- A mi casa, señor. Al fin y al cabo solo se puede encargar usted de ellos jijiji.
- Que morro- susurro Mustang por lo bajo.
- Anda, anda. Fírmelos y ya, están en su despacho.
- Que prisas, justo hoy que la he pasado fuera del despacho entre entrevistas y ruedas de prensa.
- Hasta mañana, buenas noches.
- Si, si.
-Jijiiji
*Flashback*
- Gracias, por dejarme pasar y tranquila te dejaré unos días de vacaciones después de esto. Seguro que cierto soldado se alegra por ello.- se burló Hawkeye.
- Teniente- susurró con un creciente sonrojo.
- Tranquila, Sheska. A mí me gusta mucho la pareja que hacéis- se sinceró Riza.- Gracias por esto y saluda a Fuery de mi parte, por favor dile que debemos volver a tener un reunión todos juntos.
- Sí, se lo diré, espero que salga todo bien. Ahora entra, yo lo convenzo de que vuelva al despacho.
*Flashback*
Al entrar, si ni siquiera encender el interruptor, Roy sintió un gran alivio, en todo el día no había vuelto a ver a Riza pensando que su decisión había sido el otro hombre pero se equivocaba. Ella estaba aquí, enfrente de su gran ventanal con un precioso vestido negro que le era muy familiar y que abrazaba cada una de las curvas femeninas. Estaba allí, admirando las luces que alumbraban la ciudad la cuales parecían estrellas en la oscuridad, pequeñas e insignificantes, pero igual de necesarias. Se percató entonces que en el escritorio se encontraba una botella de vino y no una cualquiera, una de vino blanco junto con dos copas vacías.
Él se acercó a ella abrazándola por la espalda, sus manos estaban en aquella estrecha cintura que le hacía perder la cabeza, su barbilla apoyada en su hombro izquierdo y su nariz rozando su cuello mientras olía el delicado y rutinario perfume que siempre le agradaba.
- Me gusta mucho este vestido.- una pequeña sonrisa se coló en los labios de ella y confesó.
- Es por eso que me lo he puesto.- Provocando esta vez una sonrisilla en él.
- He deseado por tanto tiempo volver a tenerte así, en mis brazos y no sentir el miedo de que te irás luego.
- Ya no me volveré a marchar al no ser que seas tú quien me lo pida.
- Nunca te pediría una locura así.- Roy entonces empezó a besar poco a poco su cuello sin segundas intenciones, simplemente por rozar sus labios con aquella piel anhelada, porque él sabía que sería el único que sabía la sensibilidad en esa parte del cuerpo. O eso pensaba, inmediatamente se separó sin intenciones de ser ofensivo con ella.
- ¿Qué ocurre?
- Riza, dime que ese hombre no se atrevió a tocarte.
- Roy, no me gustan los hombres celosos, pero tranquilo, no se propasó.
- Si no te gustan los hombres celosos creo que te equivocas al elegirme.
- No creo que me equivoque.- dijo con seriedad.
- Parece muy segura de ello.- bromeó Roy.
- Lo estoy.- dijo con una sonrisa que hacía tiempo que no había visto
Las conversaciones cortas y vacías llenaban el despacho, conversaciones que no mostraban nada en comparación con lo que realmente sentían pero qué más daba si los fogosos besos ya lo hacían.
- Roy... mm... no toques ahí, no!- sus gemidos la callaron.
- No pensaba que estabas tan necesitada, pequeña.
- Ahh… Roy
- ¿Si?
- Cállate- y le tapó la boca con la suya propia. Tras ese beso que lo dejó sin oxigeno decidió volver a burlarse de ella. Ya estaba sentada en su escritorio, tenía su falda levantada y sus piernas descaradamente abierta para dar paso a unos dedos expertos, conocidos y extrañados por meses. Su cuerpo estaba increíblemente sensible. Roy dejó de jugar y entró en segunda base, al principio eran solo roces que poco a poco iban jugando en ese lugar que hacía que los gemidos de Riza rompieran la barrera del sonido y que su cuerpo simplemente respondiera pidiendo más mucho más.
5: 44 Departamento del Führer, de ciudad Central.
Era muy temprano, el sol todavía no se dignaba a salir y el aire era gélido. Ambos estaban desnudos con solo sabanas que los refugiaban del frío de la madrugada, respiraban con ligera dificultad tras la que había sido una noche imborrable. Un pequeño recuerdo llego a la mente de la rubia que provoco un risilla.
- ¿Qué es tan gracioso?- preguntó Roy intrigado.
- Jaja nos hemos dejado el vino en el despacho.
- En vez de reírte deberías preocuparte.
- ¿Ehm?
- Si tengo vino en el despacho ya no habrá manera para que me saquen de allí.- ante esto Riza ágilmente se giró de tal modo que sus rodillas quedaron a cada lado de su cintura.
- ¿Con que no habrá manera? ¿Está muy seguro?
- Vaya, teniente, es muy persuasiva.
"Cuando te acaricié me di cuenta que había vivido toda mi vida con las manos vacías"
Alejandel Jodorowsky
