Holaaaa xD

En este momento debería de estar durmiendo ya que tengo que irme acostumbrando a madrugar xD pero necesitaba publicar esto sí o sí. Y se trata del epílogo de "The Prince and the Singer". Enserio, muchas gracias a todos por leer esta historia. Si os digo la verdad, es el fic más largo que he hecho hasta hora xD

También tengo que comentar que muy pronto empezaré a publicar un nuevo fic, cuyo título será "El bosque de Garay". Aunque sinceramente no sé cuándo, ya que solo he escrito el primer capítulo y quiero tener algo más escrito (cosa que me costará más ya que el lunes vuelvo a la rutina de estudiante y este año tendré más exámenes que vida social), pero intentaré sacarme tiempo de donde sea para seguir adelante con la nueva historia.

Otra cosa más, quiero avisar que haré mi última ronda de responder comentarios, aunque el fic lo pondré como "Complete". Y también si queréis, publicaré un fragmento del primer capítulo de mi nueva historia.

Y bueno, creo que eso es todo.

¡Muchas gracias por disfrutar de esta historia y nos vemos en mi próximo fic! :3

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4 años pasaron desde aquella boda y coronación, y la relación entre Natsu y Lucy se fortalecía más y más con el paso del tiempo.

Habían tenido algún que otro altibajo, pero siempre lo superaban. Y así, una mañana, Lucy se despertaba en los brazos de su querido pelirosa.

-Natsu… -dijo en voz baja para el dormido chico-. Es hora de despertarse.

-Cinco minutos más –respondió entre sueños mientras abrazaba con fuerza la cintura de la chica para que no se alejara.

-Natsu, recuerda que tengo que estudiar para mi examen –comentó la chica-. Y tú tienes que recibir a los políticos que querían reunirse contigo.

El pelirosa hizo un sonido molesto mientras abría un ojo y la miraba.

-Yo quería pasar más tiempo contigo –dijo en un susurro.

-Esta tarde tendremos todo el tiempo del mundo para estar juntos, además de la comida –rió ella levantándose de la cama-. Pero primero hagamos lo que nos toca.

Natsu se sentó y se rascó la cabeza, intentando desperezarse lo antes posible. Lucy tomó del armario la ropa para ese día y fue al baño. Tras unos minutos, la rubia salió ya aseada y con ropa limpia.

-Ya puedes entrar, yo voy a desayunar –dijo.

-De acuerdo –dijo levantándose de la cama para darle un beso en los labios, siendo correspondido con una sonrisa de la chica-. Nos vemos enseguida.

Lucy asintió y salió de la habitación.

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En el comedor se encontraban Grandine e Igneel además de ella, ya que Wendy se había ido a estudiar al extranjero y solo venía para los días festivos como navidades o cumpleaños.

-Hoy es la comida con los condes de Valmore, ¿verdad? –preguntó Igneel.

-Así es –contestó Lucy con una sonrisa-. Desde hace tiempo teníamos planeado reunirnos para un almuerzo, pero no hemos podido hasta ahora.

-Son unas personas encantadoras –comentó Grandine.

-Ya lo creo, lo poco que pude hablar con la señorita Valmore pude ver que tenemos muchas cosas en común. Y su marido es muy educado y muy buena persona.

-Pero no tanto como yo –dijo alguien detrás de la rubia, haciendo que ésta diera un pequeño brinco en la silla. Lucy se giró para ver a su marido con su característica sonrisa.

-Natsu, ¿cuántas veces te he dicho que no me des esos sustos? –preguntó cruzándose de brazos y poniendo una cara molesta.

-Perdona –se disculpó. Entonces Natsu le dio un beso en la mejilla y eso hizo que la rubia cambiara su semblante molesto a uno nervioso. Natsu sonrió al ver su gesto y se sentó a su lado.

-Hijo, recuerda que dentro de 20 minutos tienes que recibir a los invitados.

-Lo sé –dijo empezando a comer su desayuno. Lucy terminó el suyo y se despidió de los presentes para irse a estudiar unas horas en la habitación que estaba en la cúspide del palacio y que felizmente la convirtió en su pequeña sala de lectura y estudio.

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En un abrir y cerrar de ojos finalmente había llegado el medio día, y Lucy ya se había estudiado tres cuartas partes de la lección que debía de aprender. Alzó la cabeza para mirar el reloj de pared y vio que ya era la una y media.

-Será mejor que me vaya preparando –dijo levantándose de la silla y estirando sus pies que no había movido en varias horas.

Después de estirarse, Lucy volvió a su habitación para ponerse el calzado para salir y cuando ya estaba lista, llamaron a la puerta.

-Su majestad –dijeron desde el otro lado. Era Virgo-. El coche le está esperando.

-Ya voy –respondió. Se miró al espejo para ver si estaba bien arreglada y cuando dio el visto bueno salió de allí hasta la puerta principal de palacio. En donde se encontraba el vehículo que la llevaría a ella y a Natsu al restaurante en donde se encontraría con los Valmore.

-Luce –saludó Natsu cuando la vio llegar.

-Siento llegar un poco tarde –se disculpó.

-No te preocupes, llegas justo a tiempo –respondió. Lucy sonrió y le dio un beso en la mejilla.

Subieron al coche y se dirigieron al lugar indicado.

Era un restaurante de 5 estrellas, y nada más abrirles la puerta a la pareja, los periodísticas no se hicieron esperar y empezaron a sacar fotos.

-Sus majestades –decían algunos de ellos. Natsu solo saludó a la prensa y ayudo a Lucy a salir del vehículo para después caminar tomados de la mano hasta el interior del restaurante, lugar que los paparazzis no se les permitía entrar.

Los dueños del lugar guiaron a los reyes hasta una sala en donde había varios cuadros antiguos, una chimenea y en el centro de la habitación una mesa redonda decorada con un mantel rojo con toques dorados y cuatro sillas de madera y cojines del mismo estilo que el mantel. En dos de las sillas se encontraban una pareja un par de años mayores que ellos. El hombre era de pelo castaño y ojos grises, e iba vestido con un traje negro. Y su acompañante era una mujer de cabello peliazul y ojos verdes.

-Sentimos haberos hecho esperar –dijo Natsu sentándose en uno de los asientos.

-No os preocupes, acabamos de llegar –respondió el señor Valmore.

-Me alegra volver a verla, señora Dragneel –dijo la señora Valmore.

-Lo mismo digo –respondió Lucy con una sonrisa.

Mientras comían siguieron hablando de varias cosas, hasta que finalmente llegó el postre.

-Qué curioso… –empezó a decir la señora Valmore. Los presentes se extrañaron.

-¿Por qué lo dices, cariño? –preguntó su marido.

-¿No te has dado cuenta? –dijo con una sonrisa.

-Si nos lo dices tal vez entendamos mejor –respondió el señor Valmore. La peliazul miró a Lucy durante unos instantes, haciendo que la rubia ladeada un poco la cabeza, extrañada.

-Luego te lo cuento –le dijo mientras soltaba una pequeña risita. Natsu y Lucy se miraron unos instantes y se encogieron de hombros.

Pero, lo que ninguno de los dos se había dado cuenta y la señorita Valmore sí, es que Lucy había comido más cantidad que su querido pelirosa.

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Después de la comida y un relajante café, las dos parejas tomaron caminos diferentes, y mientras que regresaban a palacio, Lucy empezaba a sentirse mal.

-Puff… -decía abrazándose el estómago.

-¿No te sientes bien, Luce? –preguntó Natsu preocupado.

-Puede que haya sido algo que haya comido, no te preocupes –respondió intentando tranquilizarle.

Llegaron a palacio, y nada más entrar a su interior, la pareja fue a los jardines para dar un pequeño paseo.

-¿Te encuentras un poco mejor? –dijo Natsu apretando suavemente la mano de ella.

-Sí –respondió-, estar al aire libre me ha sentado bien.

El pelirosa sonrió.

-Me alegra.

Caminaron durante varios minutos más hasta que Lucy se sintió cansada, así que decidieron volver a dentro del palacio.

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Unos días después, Natsu se despertó solo en la cama, pero logró escuchar sonidos en el cuarto de baño.

-¿Luce? –preguntó mientras se levantaba y caminaba hasta la puerta-. ¿Estás ahí dentro?

Después de unos pocos minutos, la puerta del baño se abrió, dejando ver a una rubia con mal aspecto.

-Perdona, no me sentía muy bien –respondió.

-¿La comida de ayer? –dijo preocupado. La rubia asintió.

-Ahora me encuentro mejor, pero siento que todo me da vueltas –comentó. Entonces Natsu colocó la palma de su mano en la frente de la chica y se quedó en silencio durante unos instantes.

-Pues creo que no tienes fiebre… -respondió. Lucy se encogió de hombros-. Tú quédate en la cama hoy.

-Eso haré, no tengo cuerpo ni para estudiar… -dijo mientras se acercaba a su cama.

-Traeré también a un médico, puede que no sea nada, pero…

-De acuerdo –respondía al mismo tiempo que se cubría con las mantas hasta el cuello. Natsu sonrió y se acercó a ella para darle un beso en la frente.

-Descansa –dijo en voz baja. Después de eso fue al baño a ducharse, cambiarse y a continuación salió al ver a su esposa dormir plácidamente.

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Cuando Lucy volvió a abrir los ojos, lo primero que vio fue a una mujer anciana de pelo rosado, ojos carmesí. Tenía un semblante serio y eso hizo que Lucy se sobresaltara.

-Ya era hora –dijo la mujer.

-Polyusica –habló Lucy-. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

-Más de dos horas –dijo seriamente-. Pero ahora dime, ¿qué es lo que te pasa?

-Pues… -empezó a contar.

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Natsu se despidió de los invitados para después salir apresuradamente de su despacho y dirigirse directamente hasta la habitación que compartía con Lucy.

Nada más llegar se encontró con Porlyusica que estaba cerrando en ese momento la puerta.

-¿Cómo está? –preguntó nada más llegar a la señora. En ese momento, la mujer le dio una cachetada en la cabeza-. ¡AY! ¿Pero por qué hiciste eso?

-Has venido hasta mi completamente alarmado y me has hecho preocuparme para nada –respondió seriamente.

-¿Qué? –dijo extrañado.

-La reina se encuentra bien –respondió-. Pero tiene algo.

-¿El qué? –preguntó esta vez preocupado.

-Yo no debería ser el que te lo diga, sino ella –contestó señalando a la puerta que daba a la habitación.

-Bien, gracias por todo, Porlyusica.

La señora asintió con la cabeza y se marchó de allí. Cuando se aseguró que ya no se encontraba cerca, Natsu abrió la puerta y entró en la habitación.

Aún tumbada en la cama, se encontraba Lucy mirando a las mantas, con un gran sonrojo y una sonrisa de par en par.

-¿Luce? –llamó. La chica alzó la mirada para mirar a su marido.

-Natsu –dijo suavemente-, ven conmigo.

El pelirosa obedeció y se tumbó a su lado, para después ponerse a jugar con los dedos de la chica.

-¿Qué tal el día? –preguntó la rubia mirando a su pareja.

-Como siempre –respondió simplemente, pero sonriente. Lucy le devolvió el gesto.

Estuvieron durante unos pocos minutos en silencio hasta que finalmente el pelirosa decidió hablar.

-Luce –dijo-, me he encontrado con Porlyusica y no me quería decir lo que te pasaba.

Lucy se encogió de hombros y agachó la cabeza.

-Pues… –empezó a decir.

-¿Es que es malo?

-No, es bueno. Muy bueno… o eso creo –respondió la chica alzando una vez más la mirada hacia la del extrañado pelirosa.

-¿A qué te refieres? –preguntó.

-Esto no te lo he contado porque me daba un poco de vergüenza… -empezó a decir-. Pero, desde hace un tiempo me he sentido muy extraña...

-Siempre has sido rara, Luce –bromeó Natsu. La rubia alzó la ceja molesta y con una mirada amenazadora de que si seguía bromeando no le diría, y él al verla decidió parar.

-Como he dicho, me siento extraña. He sufrido mareos, ganas de vomitar y más apetito de lo habitual…

Natsu mientras más hablaba, abría más los ojos como platos, entendiendo a que se refería.

-No me digas que… -decía en un susurro.

Lucy asintió.

-Vamos a ser padres, Natsu –finalizó por él.

El chico no le costó asimilarlo y rápidamente sonrió con su característica sonrisa y se abalanzó sobre Lucy para besarla en los labios.

-Vamos a ser padres… –decía rebosante de felicidad-. ¡Vamos a ser padres!

-Sí, Natsu –respondió sonriente.

-Muchas gracias por todo, Luce –dijo mientras la abrazaba-. Me siento el hombre más feliz del mundo.

-Yo me siento la mujer más feliz, Natsu –respondió, correspondiendo al abrazo.

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El tiempo pasó volando, al igual que las noticias se difundieron a gran velocidad.

El mismo día de enterarse, la pareja se lo comunicó a Igneel y a Grandine, que recibieron la noticia felizmente. Y al día siguiente de aquello, anunciaron a la prensa que la reina de Fiore esperaba a su primer hijo.

Los periodistas escribían en sus artículos si sería niño o niña, escribiendo sus razones, como se imaginaban el aspecto de bebé y más. Y cuando llegó el cuarto mes, las preguntas del género del bebé no tardaron en aparecer, pero la respuesta de los futuros padres era de que querían que fuera sorpresa, ya que nos les importaba si era niño o niño sino más bien la salud del pequeño.

El tiempo pasó y finalmente llegó el noveno mes, y barriga de Lucy ya estaba hinchada y redonda, ya cerca del gran momento.

Y ese momento ocurrió el primer día de primavera, cuando las flores de cerezo finalmente estaban rosadas y por fin regresaba el calor. Aquel día para la familia real era un no parar, ya que mientras que Lucy gritaba de dolor por las contracciones, los sirvientes corrían de un lado a otro con varias cosas entre manos.

-Tenemos que darnos prisa –decía Virgo neutralmente mientras caminaba apresuradamente hasta la habitación en donde se encontraba Lucy.

-¿Y yo que hago? –preguntó Natsu, preocupado pero dispuesto a hacer lo que sea.

-Tú quédate aquí –respondió antes de entrar a la habitación y cerrar la puerta tras de sí.

El pelirosa agachó la cabeza y se apoyó en la pared que estaba enfrente de la puerta, aún escuchando a su esposa gritar de dolor.

-Natsu –llamó alguien acercándose a él. Era Igneel, acompañado de Grandine, Jude, Layla y Wendy, que había venido cuando la rubia estaba ya en su último mes de embarazo.

-Hola –saludó.

-¿Estás preocupado? –preguntó la peliazul. El chico asintió, mirando a la puerta de la habitación-. No te preocupes, ya verás que tanto Lucy como el bebé van a estar bien.

-Eso espero, si algo les ocurriera… no me lo perdonaría.

-Mi hija es fuerte –dijo Jude-. Así que no te preocupes.

Estuvieron varias horas más frente a la puerta, esperando una noticia. En ese tiempo, Gray, Gajeel, Levy, Juvia, Erza, Lisanna, Jerall y Sting llegaron.

-Hola –saludó Levy-. ¿Ha ocurrido algo mientras veníamos?

Iban a negar con la cabeza hasta que escucharon un grito de Lucy.

-Ya veo que sigue igual… -dijo Gray cruzándose de brazos.

-¿Cuánto lleva así? –preguntó esta vez Lisanna.

-Unas 5 horas más o menos –respondió Natsu-. Tal vez más. He perdido la noción del tiempo.

-Pues a ver si sale pronto el renacuajo –dijo Gajeel riendo.

-Oye, con el bebé ni media, ¿eh? –respondió el pelirosa molesto.

-Yo diré lo que quiera y a quien quiera –replicó el chico de los piercings.

-Calma, calma –intentó tranquilizar Jerall.

-¡COMO NO CALLEIS RECIBIRÉIS "ESO"! –exclamó Erza enfadada.

-¡Aye! –dijeron los dos al unísono.

En ese momento, la otra habitación se quedó completamente en silencio, y los que se encontraban a fuera se extrañaron hasta que finalmente escucharon un sollozo diferente. Un sollozo que provenía de un niño pequeño.

-Ya está aquí –dijo Igneel. Mientras que los demás sonreían y felicitaban al nuevo padre, Natsu estaba con los ojos abiertos de par en par y sin creérselo. Acababa de escuchar a su hijo, a su querido hijo. Entonces la puerta se abrió, y de la habitación salieron todos los sirvientes que habían entrado a ayudar con el parto, hasta que únicamente quedó Virgo por salir.

-Su majestad, ya puede entrar a verla a ella y a la bebé –dijo ella antes de marcharse.

-Es una niña –pensaba sorprendido y feliz-. Mi hija…

El pelirosa miró a su familia y amigos con una sonrisa y ellos asintieron para que entrara. Él, en ese instante, comenzó a caminar a dentro del cuarto.

Miró hacia la cama, en donde se encontraba sentada Lucy, con un pequeño bulto en sus brazos y oculto en un manto blanco.

-Luce –dijo en voz baja. La rubia se volvió para mirarle, y Natsu nada más verla la vio resplandeciente.

-Natsu, ven –dijo-. Quiero presentarte a alguien.

El pelirosa caminó lentamente hacia su esposa, y nada más llegar junto a ella se sentó a su lado. Natsu destapó un poco el manto que tapaba al bebé, y vio que tenía unos mechones de pelo del mismo color que el de él pero más claro, similar al de los cerezos, y los ojos castaños.

-Tiene mi color de pelo –rió éste.-Pero tiene tus ojos.

-Sí… -dijo Lucy con una sonrisa. Natsu acercó su dedo índice al bebé, y lo que hizo fue alzar sus pequeñas manitas y tomar el índice de su padre con sus pequeños dedos, soltando una risa infantil nada más agarrarlo. La pareja sonrió.

-Se me ha ocurrido un nombre –dijo el chico después de un tiempo observando al bebé. Lucy se giró para mirarle, prestando atención al nombre que diría-. Nashi.

-¿Nashi? –repitió Lucy.

-Es una mezcla de nuestros nombres –explicó.

-Nashi… -dijo en voz baja-. Me gusta.

-Pues ya está decidido –respondió Natsu observando a la niña. Natsu jugueteaba con Nashi moviendo su dedo mientras ella reía, y Lucy de mientras observaba la escena hasta que se le ocurrió algo.

-Natsu, ¿Quieres tomarla en brazos? –preguntó. Natsu asintió, y Lucy le extendió los brazos para que tomara a la pequeña. Y gracias a las pautas que le dio ella, Natsu empezó a acunarla.

-Hola, mi pequeña princesita–saludó el pelirosa suavemente-. Yo soy tu papá, y ella es tu mamá. Y te vamos a querer mucho ahora y siempre.

En ese momento, los demás que estaban al otro lado abrieron la puerta y se encontraron con aquella linda escena.

-Cariño… -dijo Layla acercándose a su hija-. Enhorabuena.

-Gracias mamá –agradeció.

-Vaya, sacó tu cabello, Salamander –comentó Gajeel mirando de cerca a la pequeña, haciendo que la niña empezara a sollozar.

-Hey, tornillo torcido, no la hagas llorar –refunfuñó Natsu alejándola del pelinegro.

-¿Y ya tiene nombre? –preguntó Sting.

-Sí, se llama Nashi –respondió la rubia.

-Es muy linda –comentó Juvia-. Y ya ni me quiero imaginar en cuanto crezca.

-Erza, aún es joven para que tenga pretendientes.

-Pero…

Rieron y siguieron hablando unos minutos más hasta que se marcharon, dándoles un poco de privacidad a los padres primerizos con su hija.

-Hey Natsu, ¿no vas a salir para dar la buena noticia? –preguntó Lucy ladeando la cabeza a un lado.

-Los periodistas pueden esperarse un tiempo más –dijo simplemente mientras abrazaba suavemente a Lucy y a Nashi, que estaba dormida en los brazos de su madre. La rubia sonrió, y con cuidado le devolvió el abrazo.

Y así, una etapa en la vida de ambos dio a su fin. Pero, nada más finalizar, dio comienzo otra, en la que se encontraba Nashi junto a ellos como una familia…