Bien, aquí esta un nuevo capitulo. Lamento haber tardado en actualizar, pero mi Internet murió y bueno… además, no había tenido mucho tiempo para escribir… ¡espero que les guste este capitulo! Yugioh y todos sus personajes son propiedad de Kazuki Takahashi. Oh, y el pedacito de canción es "No me fio" de Luis Miguel.
Capitulo 20
¿Confianza?
Seto Kaiba se encontraba en su oficina. El edificio entero estaba completamente desierto (era sábado, después de todo) pero el muchacho no estaba ahí para trabajar. No, lo que en realidad necesitaba, era un lugar silencioso para pensar.
Recargo su mejilla sobre la palma de su mano derecha, mientras que con la otra jugueteaba con una pluma. Estaba algo cansado, pues había pasado todo el día sirviéndole comida a sus muchas admiradoras en la escuela… además, a pesar de que aun era invierno, el clima había sido mas bien caluroso y el sol no lo había ayudado en lo mas mínimo.
Lentamente, comenzó a dar vueltas en su silla giratoria; la verdad, eso no le ayudaría a aclarar sus ideas (al contrario, las confundiría aun mas) pero no importaba. Aun quedaban 4 horas…
Opto por encender el radio. Escuchar algo de música lo relajaría y, quizás, lo ayudaría a tomar una decisión…
Segundos después, sin embargo, Kaiba navegaba por la tierra de los sueños. La música, en efecto, lo había relajado. Demasiado, a decir verdad…
Era cerca de medio día, pero, curiosamente, no había nadie en el templo. Seth se paseaba por los pasillos solitarios, sumido en sus propios pensamientos. Había esperado encontrar a Isis ahí y que la muchacha lo ayudara a distraerse un poco de sus preocupaciones, contándole acerca de sus predicciones. Sin embargo, no había nadie ahí. Estaba solo.
Solo… la idea no le agradaba en lo mas mínimo, claro esta. Pero, en ese momento, quizás era lo mejor. Tal vez era una señal de los dioses para que tomar una decisión, de una buena vez.
El problema era que, no había decisión que tomar. Ciertamente amaba a Bakura y quería escapar con él, lejos del palacio y sus deberes. No obstante, el rey ladrón se mostraba muchísimo más renuente a huir…
Entonces, la decisión era otra. Sus opciones a elegir eran, en realidad, el seguir con aquella farsa, quedándose como noble y leal sacerdote, junto al faraón, durante las mañanas y, ocasionalmente, ver a su amado o… renunciar a él, para siempre.
Ninguna de las 2 opciones lo hacían feliz. Pero había que elegir.
El clérigo miro por una de las ventanas y suspiro. Bien, si no había otra cosa que hacer… entonces, aunque le doliera en lo más profundo de su alma, sabía lo que tenía que hacer.
Renunciar al ladrón de tumbas, sin embargo, no sería nada sencillo…
No me puedo fiar
el miedo me ha hecho frío
compréndeme
si ya ni en mi confió.
Mi soledad
tal vez la adulación
me han roto el corazón
y siento hastío
no me fió.
El joven CEO abrió los ojos, mientras el coro de aquella canción llegaba a sus oídos. Su "sueño" le había resultado un poco estresante y ahora, mas que nunca, se sentía cansado, solo y preocupado.
El muchacho miro a su alrededor, presa de una extraña agitación. A parte de la música, no se escuchaba ni un solo sonido en todo el lugar. Se levanto y se acerco a la ventana, asomándose a través de ésta. La vista era hermosa y, en otra situación, le hubiera parecido relajante… ahora, sin embargo…
No me fió de aquel que no me mira
que tendrá contra mi su corazón
me da miedo entregarme a tus caricias
pues me han hecho tanto daño amor
Kaiba no pudo evitar sonreír levemente ante la ultima estrofa. Vaya, últimamente escuchaba canciones que retrataban perfectamente su estado de animo… que magnifica coincidencia.
Pero eso no era lo importante en aquel momento. No, si empezaba a divagar, jamás llegaría a una decisión.
Se sentó sobre su escritorio, lo cual era bastante incomodo, pero al menos, le garantizaría no volverse a quedar dormido.
"No hay nada que pensar…" murmuro la vocecilla de su cabeza, en un murmullo suave y convincente "mejor deberías ir a casa, a dormir…"
Si, eso sonaba bien, pero no lo ayudaría en lo mas mínimo. Necesitaba pensar acerca de su relación con Bakura… aunque, la verdad no había mucho que pensar. El chico le gustaba y le encantaba pasar el tiempo con él, además de que besaba de maravilla…
"Ah, adolescentes…" protesto la voz, una vez mas, cosa que hizo que Kaiba volteara los ojos. A veces su "conciencia" decía cosas tan tontas…
De pronto, su mirada capto una de las bolsas llenas de "regalos" que había traído de la escuela. Ésta estaba llena de cajas de chocolates. Umm… bien, algo dulce le sentaría bien…
Comenzó a revisar las cajas, una por una. Había chocolates de todo tipo, pero estaba buscando unos en especial…
Finalmente, casi en el fondo, encontró una caja, distinta a todas las demás, pues tenía forma rectangular, no de corazón como todas las anteriores. Además, curiosamente, estaba forrada de manera singular; la mitad de color plateado y la otra de un rojo brilloso.
Lentamente, comenzó a abrirla. Adentro, lo esperaban unas deliciosas fresas cubiertas de chocolate. La mitad eran de chocolate blanco y las otras de chocolate oscuro. Extraño, quizás, pero indudablemente delicioso…
Tomo una de las fresas y la coloco en su boca. El sabor era bastante agradable en realidad, pues la fruta era dulce y el chocolate tenía una textura maravillosa… pero además…
Un olor llego a su nariz, completamente distinto al que emanaba de los dulces. Era un perfume. Pegado a la tapa de la caja, había un sobre. El CEO lo tomo y lo acerco a su nariz. Si su sentido del olfato no le fallaba, el olor se desprendía de ahí. Y, aquel perfume, sin duda era…
"Ange ou Démon" concluyo la vocecita, molesta.
Una enorme sonrisa se expandió por los labios del muchacho. Así que, ¿Bakura le había regalado chocolates por San Valentín? Vaya… se sentía feliz y, de pronto, era como si todas las dudas y preocupaciones se hubieran desvanecido.
"Oh, vamos, no te dejes convencer por tan poco, realmente, eres mejor que eso…" murmuro su "conciencia", pero en su tono podía notarse que estaba tratando de disfrazar de sarcasmo su súbito temor.
Seto, sin embargo, ya no estaba poniendo atención. Acababa de tomar una importantísima decisión. Y nada lo haría cambiar de opinión.
Una hora después, el joven se había acomodado en un pequeño sofá que tenía en su oficina, frente al televisor. Cuando Mokuba lo visitaba en el trabajo, el niño solía pasar horas ahí, sin moverse siquiera. Kaiba considero brevemente el ver la televisión, pero desistió inmediatamente, al llegar a la conclusión de que no habría ningún programa interesante.
Opto finalmente por arrellanarse en el sillón y tomar una breve siesta. Dudaba que pudiera quedarse profundamente dormido; la posición era ciertamente muy incomoda, pero estaba demasiado cansado y no quería ir a su casa.
Había dejado la radio encendida y ahora sonaba una melodía lenta y cursi, pero el CEO ya no entendía las palabras, el sueño lo había invadido completamente.
Una cama desvencijada y mugrosa, en una posada de mala muerte, no era precisamente lo que la mayor parte de las personas describirían como un lugar muy "romántico". Sin embargo, para cierto clérigo, no había un lugar mejor.
Las horas se hacen muy cortas cuando las disfrutas y se hacen eternas cuando eso las aborreces. Esa era la situación de Seth… pero no había nada que pudiera hacer al respecto.
El muchacho ahogo un suspiro, temeroso de molestar a su amante. Esa noche habían hablado poco, así que sospechaba que el otro joven estaba de muy mal humor… solo había llegado, había murmurado una especie de saludo y había directo al punto…
No es que Seth se quejara, por cierto. La verdad, él había estado muy cansado como para hablar. Así que había preferido el solo mantenerse tumbado sobre la cama y dejar que el otro le hiciera lo que quisiera… literalmente.
Bakura era, generalmente, un amante cuidadoso. Sin embargo, en situaciones de estrés, o de enojo, podía llegar a ser muy egoísta. Cosa que no le molestaba demasiado a Seth (excepto quizás cuando lo mordía con demasiada fuerza, dejando marcas MUY visibles y difíciles de ocultar)
Pero ya habían pasado 2 horas desde la llegada del ladrón de tumbas y ahora éste se había quedado profundamente dormido. El tiempo volaba, sin duda alguna y Seth se encontraba deseando poder estar mas tiempo con su amado.
Últimamente había estado muy ocupado en el palacio. El faraón lo llamaba para cualquier tontería y la verdad, eso comenzaba a estresarlo. De hecho, aquella era la primera vez que se reunía con Bakura después de 3 largas semanas de arduo trabajo… lo cual probablemente explicaba la desesperación con la que ambos se habían besado…
En medio de sus cavilaciones, se percato de que no tenía sueño. Nada de sueño, pese a que había dormido poco las ultimas semanas, pues se había acostado siempre pasada la media noche y se había levantado antes de que saliera el sol. Pero, al parecer, Bakura lo había cargado de energía, en lugar de quitarle la poca que le quedaba… Extraño, en verdad…
-¡DUERMETE YA!, ¿quieres? Me pone nervioso que des tantas vueltas- mascullo Bakura, de mala gana, mientras apretaba al muchacho contra él. El tono era duro, pero hizo a Seth sonreír e inclinarse para darle un rápido beso en los labios.
El rey ladrón abrió un ojo y le lanzo una mirada que parecía decir "¿qué mosca te pico?", pero era obvio que no esperaba respuesta. Después sonrió y volvió a cerrar los ojos, mientras abrazaba a su amante.
Seth volvió a acomodarse en la cama y a cerrar los ojos. Intentaría dormir. Pero, aun cuando no lograra conciliar el sueño, le bastaba saber que Bakura estaba a su lado para sentirse de muy buen humor.
Kaiba volvió a abrir los ojos, después de aquel placentero sueño (¿o debía considerarlo un recuerdo? No estaba seguro…) Bueno, fuera lo que fuera, estaba de nuevo de muy buen humor y a cada segundo se sentía mas convencido de que había tomado la decisión correcta.
"No te engañes" alego su 'conciencia' "sabes que lo único que lograras es acarrearte mas problemas"
"¿Puede saberse que tienes en contra de Ryou?" decidió preguntar el muchacho, aunque le resultaba ridículo entablar una discusión mental… pero, a menos que confrontara a la molesta vocecilla, nunca lo dejaría en paz.
"Puedo mostrarte, en realidad" alego la voz, y Kaiba casi la podía ver sonriendo malévolamente (por extraño que eso sonara) "puedo mostrarte mil y un razones para que te alejes de él ahora… y para siempre"
"Tonterías" alego el CEO, aunque no muy seguro. Su 'conciencia' podía adquirir tonos muy convincentes.
"Velo por ti mismo" protesto la voz, y, tan pronto como ese pensamiento atravesó la mente del muchacho, volvió a quedarse "dormido"
A Seth le gustaba pensar que era un chico inteligente, fuerte y rudo. Y eso era cierto, la mayor parte del tiempo o, por lo menos, esa era la opinión que la gente tenía de él. No obstante, cuando respectaba sobre cierto ladrón de tumbas…
-Bakura, necesitamos hablar- murmuro el chico, mientras recargaba su cabeza contra el pecho del ladrón.
-¿Sobre?- pregunto el mayor, con pereza. Estaba cansado, sin duda, pero aun así había percibido el tono de Seth al pronunciar la ultima frase. Y no le gustaba en lo mas mínimo.
-Nosotros- respondió el joven, mirándolo fijamente a los ojos- he estado pensando mucho al respecto. Te amo, Bakura, pero no puedo seguir así.
-Ah… no de nuevo…- mascullo el rey ladrón, dándose la vuelta, para quedar de espaldas al otro muchacho- ya lo hemos discutido muchas veces, Seth.
-Lo se… pero, creo que ha llegado el momento de tomar una decisión. Y esta es la mía, Bakura. Si no escapamos juntos y esta vez para siempre, no volveré a verte. Nunca mas.
-Querido…- murmuro Bakura, poniéndose de pie, con una sonrisa sarcástica y un tanto cruel- ambos sabemos que no harás eso.
-¿Por qué no?- alego el menor, visiblemente molesto, poniéndose de pie también- ¿crees que me falta el valor para hacerlo?
-Eso es justamente lo que pienso- alego el ladrón, acorralándolo súbitamente contra la pared, antes de besarlo con suavidad en el cuello- y sabes que tengo razón- agrego, en un murmullo, al oído del clérigo.
Seth lo observo molesto y herido.
-Puedo. Y lo haré- murmuro, en un tono peligrosamente bajo, que solo hizo sonreír aun mas al ladrón.
-Bien- comento el otro, sin dejar de sonreír- entonces, si esta es la ultima vez que estaremos juntos… hay que disfrutarla- y luego, lentamente, comenzó a besar al chico, antes de obligarlo a volverse a recostar sobre la cama.
El ultimo beso, la ultima caricia, la ultima noche. La idea aterraba y lastimaba profundamente a Seth, pero ya no había marcha atrás. Si, sería la ultima vez… pero, por todos los dioses, ¡como dolía la sola idea! Y no solo porque extrañaría tremendamente las caricias y los besos, sino a Bakura, en si. No obstante… no había opción. Es decir, ¡el ladrón de tumbas ni siquiera se había opuesto a la idea! Es mas, ¡se había burlado de él!
"Bien, aunque me duela hasta el fondo de mi corazón…" pensó, para si, cerrando los ojos "no lo volveré a ver. Nunca. No importa lo que pase…"
"Eso no prueba nada" protesto Kaiba, abriendo los ojos, aunque debía admitir que había cierta pesadez en su alma y un montón de dudas acababan de surgir en su mente.
"Ah, ¿en serio?" murmuro la voz, burlona "lo que prueba es que ese chiquillo no te ama"
"Bien… quizás su yami es un poco sicótico y sádico y era malvado en su vida pasada, pero Ryou…"
"¿Qué te hace pensar que es diferente?"
"¡Es Ryou de quien estamos hablando!¡el chico sería incapaz de lastimar una mosca, mucho menos de…"
"¿Romperte el corazón? Ah, no lo se, pequeño. Detrás de esa fachada de inocencia y dulzura…"
"Ya me canse de esta insulsa conversación. No llegaremos a ningún lado"
"No vayas" discutió la voz, en un ultimo intento de detenerlo "no debes"
"Lo que halla pasado entre el espíritu de la sortija y mi supuesta vida pasada, no tiene porque afectar mi futuro"
"Va a volver a dejarnos solos, ¿es que no lo ves? ¡la historia esta destinada a repetirse!"
"No"
"¡Claro que si! ¡escúchame, te lo ruego!"
"¿Por qué habría de prestarte atención?"
"¡Porque tengo la experiencia de 5000 años!"
"¡Ah no, claro que no!" alego Kaiba, molesto consigo mismo y con su ridícula 'conciencia' "¡ahora intentaras convencerme que eres la voz de mi vida pasada!"
"Seto, ponme atención, por favor…"
"No. Ya me canse de esto. Además, no tengo tiempo. Casi son las 8."
El CEO se puso de pie, dispuesto a abandonar su oficina. En realidad, a penas eran las 7; llegaría en unos 15 minutos a la escuela, (pues, supuestamente, el festival aun continuaba, así que Ryou seguiría ahí), aun así, no tenía sentido permanecer un segundo mas en el edificio, así que…
"No" protesto la voz, y, en un ultimo intento desesperado, volvió a sumergir al muchacho en un recuerdo…
Seth suspiro, mientras trataba de concentrarse en sus labores. Estaba afuera de uno de los templos de Ra, esperando al faraón. Atemu había insistido en que lo acompañara a su "visita" y al joven no le había quedado otra opción que obedecer.
El templo se encontraba en las afueras de un pequeño poblado; poblado que Seth conocía a la perfección, pues se había reunido ahí en incontables ocasiones con su amante.
Y, hablando de Bakura…
Había pasado casi un mes desde su "conversación". Al día siguiente, al despertar, el ladrón se había marchado, dejando una "carta", aunque en realidad solo tenía escrita una sola palabra.
Adiós.
El clérigo sintió sus ojos humedecerse y maldijo en voz baja. ¡Como odiaba lo débil que el ladrón lo podía volver! ¡Argh!
Lo peor del caso, sin duda, era que a Bakura no parecía impórtale la situación, pues de lo contrario ya habría intentado buscarlo, ¿no?
Debió haberlo supuesto desde un principio. Había sido un tonto, dejándose llevar por sus emociones de esa manera. Nunca debió confiar en un ladrón. Y mucho menos cuando dicho sujeto resultaba ser el "rey de los ladrones"
-¿Disculpe?- murmuro una tímida vocecilla, que pertenecía a una pequeña, de unos escasos 6 años, vestida en ropa vieja y raída, pero que le sonreía débilmente al clérigo, mientras lo observaba embelesada.
-¿Si?- respondió Seth, en un tono amable. Pese a que odiaba que lo interrumpieran mientras pensaba algo de vital importancia, los niños eran su debilidad. Simplemente, no podía dejar de ser dulce y comprensivo con uno.
-¿Es usted el alto clérigo del faraón, Seth?- la niña parecía un tanto asustada de estar en presencia de alguien tan importante, pero no dejaba de sonreír, con la inocencia propia de alguien de su edad.
-Si- respondió él, encogiéndose de hombros y echando un vistazo a la entrada del templo. No había rastro del faraón. Ah, esta sería una larga tarde…
-Tome- murmuro la chica, extendiéndole un pedazo de papiro, cuidadosamente doblado. Luego, le ofreció una ultima sonrisa y se echo a correr.
El clérigo la observo marcharse, confundido. Lentamente, comenzó a abrir la nota que le había entregado. Sin embargo, pronto se arrepintió de haberlo hecho.
La descuidada caligrafía, acompañada de errores de escritura, solo podían pertenecer a una persona.
Al rey ladrón, Bakura.
La palabras eran duras, pero Seth no recordaba haberse sentido tan emocionado en mucho tiempo. Le recordaba a la primera vez que Bakura le había enviado una "carta"
¿Sigues firme en tu palabra?
Realmente espero que no.
Hoy, en el jardín oeste, cerca de la medianoche.
Tres simples líneas. Pero eso era todo lo que Seth necesitaba para sentirse feliz en ese momento.
Cuando Atemu salio del templo, un par de horas después, se encontró con un clérigo alegre y conversador, que parecía ansioso de volver al palacio. Pero el faraón no encontró nada sospechoso en ello. Después de todo, cuando Seth era feliz, nada malo podía estar ocurriendo… ¿o si?
-Ambos sabíamos que no duraría la separación- murmuro Bakura, mientras apretaba al otro muchacho, con fuerza contra si, al tiempo que lo cubría de besos.
-No tienes una idea de cuanto te odio en este momento…- mascullo Seth, dejándose abrazar y también besando al rey ladrón con singular entusiasmo- y cuanto me arrepiento de no tener mas fuerza de voluntad.
Bakura no respondió, simplemente continuo besando a su amante, antes de cargarlo y emprender el camino a la habitación del muchacho. Seth le sonreía, mientras jugueteaba con un mechón del cabello del ladrón. La facilidad con la que podían reconciliarse era ridícula. Pero era natural, pues, al fin y al cabo, estaban enamorados.
Sin embargo… ¿qué tanto podía evadir su amor a su destino?
Kaiba abrió los ojos, ligeramente sobresaltado. Miro el reloj de la pared. 7:35. Bien, aun tenía tiempo…
"¿Qué esperabas mostrarme con ese recuerdo?" pregunto el CEO, mientras se levantaba a toda velocidad y buscaba un abrigo, pues comenzaba a hacer frío.
"¿No lo sentiste?"
El muchacho no respondió. Al final del sueño, había sido presa de una extraña angustia y un terrible dolor. Pero no podía relacionarlo con nada de lo que había pasado. Sin embargo, la sensación no parecía desvanecerse…
"No es nada" se dijo a si mismo, mientras salía de su oficina "además, no es momento para retractarme…"
Curiosamente, su 'conciencia' no lo contradijo.
¡Y fin! ¡¿Qué tal?! Jaja, la verdad no estoy muy segura de si me gusta este capitulo… creo que funciona bien, aunque quizás no es tan romántico como me hubiera gustado…
Pero bueno… lo importante es que el siguiente capitulo es… ¡la gran cita! ¡por fin! ¡se acabo la espera! ¿o no? Jaja, yo creo que actualizare antes de que acabe la semana, pero no estoy segura…
De todos modos, gracias por leer y cualquier comentario, sugerencia, etc. ¡¡será muy agradecido!!
