El atardecer era totalmente hermoso desde el jardín de su hogar, ver el ocaso la llenaba de melancolía, quizá fue por eso que colocó sus manos alrededor de su propio vientre.

Vacío…

Aunque lo intentara no podía dejar de pensar en ello, antes había un bebé y ahora no quedaba nada, una tierra infértil que quizá nunca le daría hijos a su esposo, ¿La dejaría Ron por eso? Él la quería, era cierto, pero tal vez podría llegar el momento en que deseara tanto ser padre que buscaría a una mujer que si pueda darle hijos con seguridad. Unas manos grandes atraparon las suyas y las separaron de su vientre con delicadeza, unos labios suaves y ya conocidos por su piel le besaron su mejilla.

—Deja de pensar en tonterías —susurró Ron en su oído con tanta delicadeza que logró que una lagrima escapara de sus ojos.

—No pienso en nada —mintió ella volteando su rostro hacia él, Ron frunció el ceño sabiendo que decía mentiras.

—Sabes que no te creo, ¿Verdad? —repicó el pelirrojo seriamente, Hermione asintió—. Aún no hablaremos de eso, la herida está muy reciente para ambos, pero debemos hacerlo, tarde o temprano.

—Puedo haber ahora si quieres.

—No, aún no estas lista, Hermione. Ye tendremos tiempo; para hablar, para que yo me disculpe, para que tú me odies… Pero por ahora solo veamos el atardecer, ¿Puedo quedarme a tu lado hasta que te des cuenta de lo mucho que me odias y quieras separarte de mí?

—¿Por qué querría separarme de ti? —dijo Hermione comenzando a molestarse por la estupideces que decía su esposo—. Eres mi esposo, lo mas importante que tengo en el mundo, ¿Por qué habría de alejarme de ti? Eres tú el que pronto querrá irse de mi lado.

— ¿Y yo por qué querría separarme de ti? —Replicó Ron mirándola como si estuviera totalmente loca, y eso que lo que ella decía para él era una total locura—, Hermione no te imaginas lo totalmente enamorado que estoy de ti.

— ¿Qué? —la pregunta de Hermione sonó más a un gemido que a otra cosa. Y fue entonces cuando Ron se dio cuenta de lo que había dicho y del peso que esas simples palabras tenían. Su cerebro le gritaba cobardemente que se retractara de sus palabras, que dijera que fue algo que dijo sin pensar y que en realidad no se sentía de esa manera. Tenía miedo que la reacción de Hermione fuera alejarse aún más de él. Sin embargo su corazón le gritaba que saltara al vacío, que se arriesgara y le confesara la verdad a su esposa.

—Estoy enamorado de ti, Hermione —dijo el pelirrojo totalmente asustado, podía sentir como sus manos temblaban y perdían el calor que deberían tener. Su corazón latía a mil por hora, pocas veces se había sentido tan asustado en su vida, pero todas las veces en que lo había estado había sido por Hermione—. No sé desde cuándo, no sé por qué… Solo sé que desde hace mucho tiempo comencé a sentir cosas por ti, sé que no soy nadie, que soy poca cosa si me comparo contigo o con el imbécil de Krum. Pero también sé que nadie te va a amar como lo hago yo, estoy dispuesto a morir por ti si me lo pides, y aun si no me lo pides de igual forma lo haría porque simplemente la vida no tiene el menor sentido sin ti. Perdona, perdóname por pensar en ti de esa manera, por no darme mi puesto y pretender que puedo ser el hombre que mereces aunque sé muy bien que no. Tú mereces a un hombre como Krum, letrado y de buena familia, no un bruto como yo que solo sabe arriar ganado y cosechar…

Ron no pudo seguir hablando pues los labios de Hermione estuvieron sobre los suyos bruscamente, Hermione lo besaba con desesperación como si necesitara fundirse junto a él en ese beso. El beso estaba resultando ser sumamente húmedo y fue cuando Ron notó que Hermione lloraba, la apartó de él lo suficiente para verla a la cara.

— ¿Por qué lloras?

—Te amo, Ron —fue la única respuesta de Hermione que cada vez lloraba más y más—. Eres un total idiota, pero te amo. Hace mucho tiempo que te amo, y estoy tan feliz de saber que tú sientes lo mismo por mí que solo puedo preguntarme por qué tardamos tanto en decir lo que sentimos en voz alta.

—Tenía miedo de que te apartaras de mí…

—Yo también tenía miedo… Somos un par de cobardes.

Ambos rieron nerviosos entre lágrimas de felicidad, se miraron a los ojos y volvieron a besarse, esta vez con lentitud, disfrutando del sabor del otro, del calor y los sentimientos que el otro le producía. Deseaban quedarse así por toda la eternidad, poder besarse por siempre, poder amarse por siempre. Si estaban juntos todo el dolor y sufrimiento pasado podía ser tolerable, todo podía estar mejor si estaban juntos.

—Te amo, Hermione.

—Te amo, Ron.

Y juntos miraron el atardecer entre los brazos del otro.

...

Estaba totalmente convencido de que Ginny no se encontraba en Cornualles, había recorrido el pueblo de arriba abajo y nada, no había tenido ni una sola pista de ella o del imbécil de Dean. Debía moverse y buscar en otro lado. Pero, ¿A dónde? No tenía ni idea de por dónde comenzar, no sabía dónde podían estar. Sentía tanta rabia que estaba seguro que estallaría en cualquier momento, estaba totalmente frustrado por no haber avanzado absolutamente nada.

Harry tomó su equipaje para dirigirse a la planta baja del hotel donde se hospedaba, se sentía terriblemente mal, cada día que pasaba sentía que perdía más a Ginny y ese pensamiento solo podía desesperarlo, no tenía ni idea de cómo era que su corazón no había colapsado hasta los momentos, de verdad había resistido mucho más de lo que el mismo Harry había pensado. Perdido en sus pensamientos y casi por cuestión de inercia, Harry pagó por la habitación y se dirigió a la salida, una vez que salió por la puerta un Sirius mucho más limpio, pero igual de harapiento lo alcanzó, pasó un brazo por sus hombros y le sonrió con sus horribles dientes amarillos que tanta repulsión causaban en Harry, cosa que a su vez al hombre tanto le divertía ver.

— ¿A dónde vas con esa maleta, chico? —inquirió no solo con una aire de superioridad, sino con un tono de voz que dejaba ver que él y solo él lo sabía todo, eso solo molestó al hombre que no le respondió y siguió caminando como si nada, no confiaba en ese hombre extraño que se había propuesto seguirlo a donde fuera y ayudarlo a encontrar lo que perdió—. Imagino que vas a Devon. La verdad es que has tardado mucho…

— ¿Por qué debería ir a Devon? —inquirió Harry frenándose tan de pronto que Sirius casi cayó al suelo.

—Allá está la señorita a la que estás buscando —Sirius se encogió de hombros como si lo que le había dicho fuera tan obvio como que el sol sale cada día. Harry lo miró sorprendido comenzando a convencerse de que aquel hombre no era un loco después de todo, Sirius sonrió más ampliamente ante la cara de sorpresa de Harry, sabía que se había ganado su confianza—. Mira, he observado que tú única pista era el correo de Cornualles. Tengo amigos allí y pude averiguar que hubo un paquete que ingresó y fue pedido por teléfono que fuera reenviado directamente a Devon, pero aunque no tuviera ese amigo era obvio que estaría en Devon.

Ahora que Harry lo pensaba detenidamente era cierto, a dónde más podrían estar que no fuera Devon, quedaba cerca de Cornualles, pero despistaba los intentos de Harry por encontrarlos. ¡Maldito, Dean!

— ¿Viajas conmigo a Devon? —replicó Harry ladeando una sonrisa.

— ¡Así me gusta! —celebró Sirius dando un aullido muy parecido al que haría un perro, sus ojos brillaban por la emoción del rastro y la aventura, cosa que logró que Harry olvidara totalmente que era un borracho que conoció en un bar, además Sirius parecía saber lo que hacía mucho más que Harry—, ¿Sabes? Me recuerdas mucho a mi amigo del colegio… Cornamenta.

Harry no respondió, Sirius parecía tener muchas tristezas pasadas de las que quizá después podrían hablar poco a poco. Pero por ahora solo podía pensar en Ginny y su bebé.

La maleta lista en el suelo le dolía, la voz de la sirvienta avisándole que ya estaba listo su auto le dolía, recordar que Draco Malfoy jamás cambiaría le dolía… Ella no tenía mucha esperanza con que él cambiara, pero eso era porque en realidad no sabía qué tan terrible podía ser él…

¿De verdad no le importaban sus sentimientos en lo más mínimo? ¿De verdad solo la veía como un objeto más del que era el dueño y señor? ¿De verdad era capaz de dejar que ella sufriera con tal de sentirse poderoso?

Ella no quería pensar que él era capaz de eso, pero tal parecía que sí. No importaba lo que ella quisiera o lo que decidiera siempre y cuando el todopoderoso Draco Malfoy fuera feliz, y eso ella no lo iba a tolerar, no importa lo mucho que amara a ese idiota, no se casaría con él hasta que cambiara.

Tomó la maleta del suelo sintiendo como su estómago se retorcía, su corazón se aceleró a tal extremo que temió tener un ataque cardíaco de un momento a otro. Una parte de ella deseaba con todas sus fuerzas que Draco la detuviera, le pidiera perdón y le prometiera que cambiaría si ella se quedaba. No era tonta, sabía perfectamente que eso no ocurriría nunca, pero no podía evitar tener esperanzas. Bajó las escaleras despacio y con cuidado pues temía que sus piernas fallaran a último momento y cayera de forma estrepitosa. Al llegar al último escalón lo vio al final de la escalera como si esperara por ella, resbaló debido a la impresión, pero Draco fue lo suficientemente rápido y ágil como para tomarla y evitar que ella cayera al suelo.

—Gracias —agradeció Astoria una vez que pudo reaccionar y separarse del cuerpo de Draco, cosa que parecieron horas enteras en las que solo pensaba en lo cerca que estaban y en las inmensas ganas que tenía de besarlo hasta saciarse de él. Podía sentir el calor en sus mejillas y deseaba poder disimularlo pero sabía muy bien que no podría hacerlo.

— ¿Ya te vas? —preguntó Draco con su habitual tono frío, fue cuando Astoria se dio cuenta de lo poco que le importaba a ese hombre. Su corazón se partió mientras asentía con la cabeza.

—Si —afirmó logrando que su voz no temblara ni se quebrara al igual que su alma—, ya me voy.

Draco asintió sin decir nada más, le dio espacio para que ella se marchara y la vio partir. Apenas ella cruzó la puerta con su pequeña maleta en su mano el corazón de Draco se rompió. Una parte de él quería rogarle que se quedara a su lado, que la necesitaba. Pero era demasiado orgulloso para hacer eso, en su lugar la observó desde los amplios ventanales cercanos a la escalera y la vio partir sintiendo como su corazón y su alma se iban tras ella y lo abandonaban para siempre.

La luna llena era todo lo que podía observar cuando abría sus ojos, la hermosa luna llena de un color plateado brillante, tan brillante como los ojos de él.

—Deja de ver la luna —replicó Sirius con un gruñido, elevando su labio con su habitual gesto perruno—, ¿es que acaso la maldita luna es más interesante que yo?

— ¿Ahora tienes celos de la luna? —replicó riendo con burla, Sirius era un idiota muy tierno—. Me gusta cuando hay luna llena.

—Si, y también es la única vez que podemos hacer lo que hacemos, ¿no? —aunque sirius intentó que fuera una frase casual no lo logró, el tono de reclamo fue tan fuerte que cualquiera podría notar que lo era.

—Canuto…

— ¿Qué dirás ahora, Lunático? —reclamó poniéndose de pie—, ¿De verdad te casaras con ella? —Lupin no respondió más que con apartar la mirada del hombre—, ¡Es mi maldita prima! ¿Lo sabías?

—Claro que lo sé, canuto. No hace falta que me lo recuerdes…

—¿Pensaste siquiera en cómo demonios me sentiría yo? —Bramó Sirius levantándose de la cama totalmente desnudo.

— ¿Qué más podía hacer? —reclamó Lupin comenzando a elevar la voz—. Sabes bien que la gente no acepta a personas de nuestra condición.

— ¿Condición? —repitió Sirius incrédulo—, Suena como si tuviéramos una enfermedad grave.

—Pues así es como se siente…

—Podemos irnos, Lunático. Podemos irnos a un lugar lejos, lejos de todo y de todos —trató de convencerlo Sirius, pero Remus Lupin no era un hombre tan valiente como lo era Sirius Black…

Y así pasó otra de sus muchas noches Nimphadora Lupin, escuchando como su esposo llamaba en sueños una y otra vez a su primo. Desean que ese hombre la amara la mitad de lo que amaba a Sirius Black.

—George dice que no hablarás con él —replicó la mujer entrando en su habitación, la rabia que sentía rápidamente se convirtió en dolor, podía sentir como su corazón se encogía gradualmente y dejaba de latir—, ¿Puedes hablar conmigo entonces?

—No quiero hablar con nadie Angelina —el dolor era totalmente palpable en su voz y aunque no quería Angelina sintió lastima por él. No quería ser la golfa que se interpusiera entre dos hermanos tan unidos como lo eran ellos.

—Fred, escúchame por favor…

—Sabías lo que sentía por ti —gruñó el pelirrojo esforzándose por no llorar, él nunca lo haría, no por ella—. Te invité a salir, te cortejé y te di obsequios. Está bien que me dijeras claramente que no sentías lo mismo, pero… ¿Con mi hermano? Mi hermano que es prácticamente mi otra mitad, mi hermano que es la persona más importante en el mundo para mí.

—Nos enamoramos, Fred —dijo desesperada la morena luchando por convencerlo de que aceptara la relación entre ellos—. ¿Crees que alguno de los dos lo quería? Ambos sabíamos que te haríamos daño, ambos luchamos por que no pasara. Pero era inevitable… George y yo nos amamos, Fred. Nos vamos a casar.

—Lárgate, Angelina —ordenó Fred pesadamente, no quería continuar peleando, no quería continuar escuchando cosas que solo rompían en piezas cada vez más pequeñas su corazón—, solo lárgate de aquí…

—Fred…

— ¡Qué te largues con un demonio! —ante el grito desesperado del hombre Angelina solo pudo salir de la habitación para darle el espacio que necesitaba.

— ¿Estas segura, Hermione? —inquirió Ron asustado—. Puedo esperar, de verdad.

—Yo soy la que no puede esperar, Ron —replicó Hermione con deseo—. Necesito que me hagas tuya… Necesito que me demuestres que me amas tanto como dices.

—Te amo mucho más de lo que digo…

—Ven, tómame ahora…

Hermione besó a Ron con pasión, tomó su camisa entre sus manos y lo atrajo hacia sí en una clara muestra de posesión. Él no se iría de su lado, él no sería de nadie más si no suyo. Ron se dejó mimar por ella, la deseaba tanto que temía lastimarla, y estaba seguro que aún era muy pronto para hacer lo que ella quería, pero era imposible resistirse si su esposa lo trataba con la pasión fuertemente elevada. Su respiración se agitó con tanta rapidez que por un segundo estaba seguro que había olvidado cómo se respiraba normalmente. Necesitaba sentirla, estar dentro de ella o enloquecería. Sin embargo el miedo de lastimarla aún más lo invadía gradualmente, no quería lastimarla más. Cuando el beso terminó se miraron a los ojos, perdiéndose en el inmenso infinito que ambos contenían; pasaron los segundos, pasaron los minutos, incluso parecieron pasar años pasajeros en los que la vida continuaba y ellos solo estaban detenidos contemplando al otro. Se amaban, por fin podían sentirlo con libertad, por fin podían amarse y entregarse plenamente, y sentirse de esa manera era totalmente indescriptible.

—Te amo, Hermione —confesó Ron con voz trémula, Hermione sonrió mientras un par de lágrimas escapan de sus ojos, no podía creer lo feliz que estaba por estar asi con él, por sentir todo el amor que él podía profesarle.

—Te amo, Ron —respondió ella entre lágrimas— ¡Dios, te amo tanto que no puedo creer que sea verdad!

—Lo es, princesa.

Ron la acarició en toda su extensión, la besaba con suavidad y delicadeza deleitándose con su saber y la suavidad de su piel, ella era suya y solo suya. Por fin tenía todo lo que desde hace un tiempo quería, que su esposa lo amara a él y solo a él. La noche era aún joven, pero ambos estaban seguros que no sería suficiente para amarse con libertad, para explorarse el uno al otro y demostrarse todos los sentimientos que sus cuerpos contenían. Esforzándose por ser delicado, Ron se adentró en ella resistiéndose a embestirla de manera salvaje, en su lugar se tomó su tiempo para entrar en ella; fue delicado, fue apasionado, fue amoroso y lo más tierno que pudo ser. Quería que ella sintiera su amor, que ella supiera que no solo eran palabras vagas que podían viajar en el viento con facilidad. Era mucho, mucho más que eso, él se había enamorado de esa mujer fuerte, inteligente y valiente que gustaba de las peleas, de mandar a todo el mundo y que podía ser tan apasionada que impresionaba a todos a su alrededor.

Hermione estaba sobrecargada por los sentimientos, deseaba que la noche no terminara nunca, y también deseaba no haber tenido que pasar por tantas cosas para llegar a ese punto, era maravilloso sentirse así, era maravilloso ser libre para amar y ser amada, pero deseaba al menos tener a su bebé aún con ella. Al menos tenía a Ron, él siempre sería su amor, su refugio y su medicina; sería también su desafío, su constante desequilibrio, su constante lucha si ella quería. Y ella lo quería, quería que él la retara, quería que él la hiciera perder la cabeza y la razón como había hecho hasta ahora. Lo quería todo de ese pelirrojo, de ese hombre idiota y desesperante. Pero sobre todas las cosas quería que él la amara por siempre como en ese momento, con esa pasión y ese amor tan infinitos como el tiempo, y quería eso precisamente: tiempo para amarlo lo suficiente.

...

Fin del capitulo!

Por Dios, subí capitulo antes de mediados de año! Jajajaja... Bueno, milagros de la vida! Pero lo logré!

Parece final de historia? Bueno esta historia ya esta llegando al final así que en el capitulo que viene iré cerrando historias, y mientras les daré azúcar con Ron y Hermione!

Qué les pareció la parte Sirius/Lupin? Amé escribirla la verdad! Me dio ganas de escribir un Wolfstar por ahí. Les gustaría?

Lo sé, lo sé... Antes de planear historias nuevas termina las que ya tienes! Lo intento, en serio!

Bueno, no me extiendo mas, espero hayan disfrutado el capitulo, si así fue déjenme un poco de amor en los review!