Capitulo XX

Sorpresas para un nuevo año

Lily llegó a su casa a tomar desayuno alrededor de las cinco de la madrugada, absolutamente cansada.

El viaje en el autobús noctámbulo luego de las tres semanas de campamento había sido tan movido como el anterior, pero Lily se entretuvo mucho en este viaje pues ahora que tenía más amigos todos se paseaban por el autobús conversando, intercambiando direcciones, números de teléfono y cosas por el estilo.

Su madre, la única despierta en casa, la esperaba con un suculento desayuno con tostadas, avena, leche, zumo de naranja, fruta picada, café, té, pastel de chocolate y tarta de manzana.

– Fiore llegó ayer con un montón de cartas – informó Sally a su hija mientras ésta comía sentada en la mesa de la cocina un poco de todo –, y también vino Samantha esta tarde. Pidió que te dijera que fueras a verla en cuanto llegues.

– Gracias mamá... pero creo que Sam tendrá que esperar... muero de sueño – dijo bostezando – es imposible dormir en ese autobús.

Subió pesada y silenciosamente a su habitación y vio las cuatro cartas que habían llegado en su ausencia, pero sin detenerse a mirarlas se tiró sobre sui cama durmiéndose inmediatamente, sin siquiera cambiarse el pijama.

Al día siguiente Lily se dedico a ponerse al día con respecto a sus amistades, puesto que durante el Campamento no había podido recibir correspondencia.

La primera carta que abrió era de su amigo Frank Lewis, sanador del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, principalmente le escribía para desearle un muy feliz cumpleaños, y también la invitaba para que lo fuese a visitar al hospital algún día antes de volver a la Escuela.

Luego estaba la carta de su amiga Emily, que le contaba un poco de lo que habían hecho ella, Sally y Samantha durante las vacaciones en su casa, informándole también que se reunirían en el Callejón Diagon para comprar las cosas de la escuela la siguiente semana.

Cómo es lógico, también le escribió su amiga Sally, deseándole un feliz cumpleaños, y contándole también lo que había hecho junto a las chica en casa de Emily.

Finalmente, el único Merodeador amigo de Lily, Remus Lupin, le había enviado una tarjeta de cumpleaños, felicitándola también por haber conseguido una plaza en el C.M.A.

El resto de las vacaciones pasaron rápidamente, y tras haber soportado a su hermana durante tres semanas, Lily partió a casa de su prima Samantha el 30 de agosto para partir al día siguiente a Hogwarts

– Lily... que llagamos tarde a la estación... – Samantha trataba de despertar a Lily – Lily... ¡¡DESPIERTA! – terminó gritando exasperada.

¿Qué? ¿Mamá? ¿Qué hora es? – dijo la pelirroja aún medio dormida.

Tras veinte minutos más de trabajo, Sam pudo despertar a su prima.

Contrario a las predicciones de Samantha, ella y Lily llegaron con media hora de adelanto a la estación King's Cross. Atravesaron la barrera entre las plataformas 9 y 10 y se encontraron frente a la locomotora escarlata, en el andén 9¾. Buscaron un compartimiento rápidamente, en el centro del tren, como siempre, y volvieron a bajar para despedirse y esperar a las chicas.

Llevaban casi una hora de viaje cuando Lily, como de costumbre, se quedó dormida, mientras Sally, Samantha y Emily conversaban animadamente. Fue un viaje muy tranquilo. Los Merodeadores ni asomaron la cara por el compartimiento de las chicas, y como nunca antes, Lily despertó casi tres horas antes de llegar a la estación, por lo cual pudieron conversar las cuatro de los acontecimientos del verano.

– ¿Y cómo estuvo el Campamento Lily? – preguntó Sally

La cara de Lily adoptó un semblante muy difícil de describir, cosa que intrigó mucho a las chicas, pero pronto comenzó un relato de lo que habían hecho durante las tres semanas, el lugar donde estuvieron y la gente a la que había conocido.

– El viaje en el Autobús Noctámbulo es espantoso, pero se pasa muy bien... – comenzó ella – Éramos doce alumnos en total y nos dividieron en dos grupos, cada uno a cargo de dos maestros. Fue algo duro, entrenamiento, clases, preparar las comidas, dormir temprano, levantarse al amanecer… a veces íbamos al bosque a enfrentarnos a algunas criaturas mágicas... pero también teníamos momentos para relajarnos... Había un río genial. Era hondo en el centro, con agua cristalinas y no mucha corriente – Ahora Lily comenzaba a reír – Claus y Potter arrojaron a todos al agua un día... pero preparamos una venganza estupenda – a penas se entendía lo que decía, pues la carcajadas a penas la dejaba hablar con normalidad.

El Hogwarts Express llegó a la estación de Hogsmeade a la hora de siempre, y todos los alumnos de la escuela bajaron en tropel para coger los carruajes que los llevarían al castillo donde les esperaba un suculento banquete, como todos los años. Pero lo que los cientos de estudiantes de la prestigiosa Escuela de Magia y Hechicería no se esperaban, fue el discurso del Director, luego de la Selección y el Banquete de inicio de curso.

Durante el verano habían sucedido cosas muy extrañas, tanto en el mundo de la magia, como en el muggle. Misteriosas muertes, desapariciones, casos de locura... Un grupo no muy numeroso de magos tenebrosos comenzaba a sembrar el pánico en la población, y poco a poco conseguía más adeptos, y también oponentes, muchos de los cuales, terminaban muertos. Este grupo, liderado por un cruel y siniestro mago que se hacía llamar Voldemort aterrorizaba a la población mágica y muggle del país.

El Ministerio se encontraba en medio de un gran caos, pues ya no se sabía en quien confiar. Las denuncias por el uso de maldiciones imperdonables crecía alarmantemente, ya n se sabía quien actuaba bajo la maldición Imperius y quien no.

Todos en el Gran Comedor habían escuchado el discurso en silencio, mirando asombrados al director, que mantenía el semblante serio, y sus ojos azules sin el característico brillo de alegría y tranquilidad. Los alumnos miraban a sus profesores en silencio, interrogándolos con la mirada.

Ciertamente El Profeta hablaba de esas desgracias, pero eran atribuidas a criminales comunes, no le daban mayor importancia. Lo que el director le había dicho era totalmente contrario a todo lo que ellos sabían.

– Estoy convencido... y nunca he tenido tantos deseos de estar equivocado – dijo finalmente el director –, que nos esperan tiempos difíciles y oscuros. La fuerza de lord Voldemort para extender la discordia y la enemistad entre nosotros es muy grande. Sólo podemos luchar contra ella presentando unos lazos de amistad y mutua confianza igualmente fuertes. Las diferencias entre nosotros no son nada en absoluto si nuestros propósitos son los mismo y nos mantenemos abiertos.

El director volvió a sentarse y mientras conversaba con McGonagall, los alumnos, guiados por sus Prefectos, subían a los dormitorios para prepararse para un nuevo año que traía muchas sorpresas.