Capítulo 19. Mala Medicina.

Los Merodeadores se retorcieron bajo la penetrante mirada de Lily, mientras que ella esperaba una respuesta. Hermione sintió pena por los chicos y así que habló.

—Lily, quizás ellos puedan decirte cuando empezamos nuestra defensa —sugirió ella.

Lily arqueó una ceja. —¿Por qué no mejor me dicen lo que saben? —preguntó la pelirroja.

—Pienso que es mejor si lo muestran —explicó Hermione.

Lily lució confundida y James, Peter y Remus se volvieron al mismo tiempo para mirar a Hermione.

—¿Sabes? —preguntó James.

Hermione asintió.

—¿Cómo?

Hermione pudo sentir a Sirius moviéndose incómodamente a su lado.

—Sirius —dijo James dirigiéndose a su amigo. —¿Tu le dijiste?

—UUhhhh —Sirius se quedó sin palabras y se volvió hacia Hermione, sus ojos grises suplicaban ayuda.

Hermione abrió su boca para hablar pero James la calló.

—¡No puedo creerlo, le DIJISTE! —sus ojos destellaban. —Juramos que no lo haríamos —le espetó con rabia, Remus y Peter se miraban inquietos entre sus amigos.

—Ahora James —se entrometió Lily, no queriendo que el par entrara en una pelea. —Cálmate, estoy segura de que Sirius tiene una buena explicación para lo que sea que le dijo a Hermione.

James se puso de pie y se dirigió a Lily. —No me importa, de todos modos ya se le fue la lengua —dijo él con su voz inusualmente nerviosa.

Sirius estaba de pie ahora, sus ojos destellaban. —¡Le dije a Hermione porque confío en ella, no había manera de que le dijera a nadie, ni siquiera a Lily, siento haber roto nuestra promesa pero tu habrías hecho la misma cosa!

James ignoró ese último comentario. —Pero juramos que no lo diríamos.

—Hermione me preguntó simple y sencillamente, al igual que Lily aquí acaba de preguntar, sólo que Hermione fue un poco más específica. No podía mentirle.

Sí, si podías —replicó James, obviamente enfadado de que una promesa de Merodeadores se hubiera roto.

Sirius se trasladó para quedarse de pie frente a su amigo, él no gritó como James hizo, pero eso no quiso decir que su voz fuera menos potente.

—¿Podrías haberle mentido a Lily? —preguntó.

James parpadeó, pero no respondió. Sirius giró sobre sus talones y salió por el agujero del retrato.

—Sirius espera —lo llamó James, pero el muchacho de cabello negro siguió caminando.

James miró alrededor con una combinación de culpa y pérdida. Sirius nunca se había alejado así de él antes.

Hermione se levantó y siguió a Sirius, dejando a los demás en un silencio aterrador.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Hermione siguió a Sirius por los terrenos, donde él se quedo de pie a orillas del lago. Sirius sintió la presencia de Hermione a su lado y sin quitar la mirada fija de la luna casi llena habló.

—Debí de haber vuelto —dijo él moviéndose ligeramente detrás de Hermione y envolviendo su cintura con sus brazos.

Hermione se acomodó en el abrazo y negó con su cabeza. —Necesitabas estar solo.

Sirius soltó una pequeña carcajada. —¿Qué estás haciendo aquí, entonces?

Hermione giró entre sus brazos, recargó sus manos sobre su pecho y le dio una cálida sonrisa. —Pensé que quizás te gustaría tener mi compañía mientras estabas solo.

Sirius arqueó una ceja y Hermione sintió su aliento acariciar su cara mientras se reía ligeramente. Él acercó una mano y recorrió con sus nudillos su mejilla antes de trazar con su dedo su mandíbula. —Me alegro de tener tu compañía mientras estoy sólo —dijo, inclinándose un poco y colocando un tierno beso sobre sus labios. Hermione deslizó sus brazos por su cuello y tiró de él más cerca, profundizando el beso.

Después de unos minutos Sirius rompió el beso y descansó su frente contra la suya.

—Supongo que debo pedirle disculpas a James —dijo él.

Hermione asintió. —Él quiere hablar contigo también —dijo ella mientras miraba por encima de su hombro.

—¿Por qué dices eso?

Hermione sonrió, se distanció de Sirius y comenzó a caminar hacia Remus, que estaba de pie con James. Cuando ella alcanzó a los dos chicos, James caminó hacia su mejor amigo a orillas del lago.

Hermione y Remus se quedaron un momento observando a los dos muchachos de cabello negro hablar.

—Vamos —dijo Remus volviéndose. —Dejémoslos hablar.

Hermione asintió y lo siguió. A mitad del camino de regreso a la Sala Común de Gryffindor Hermione miró a Remus por el rabillo de su ojo. —¿Cuánto tiempo crees exactamente que esos dos estén allí?

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Tres noches más tarde los Merodeadores, Lily y Hermione, terminaban de cenar, Sirius y James compartían una broma mientras que Peter trataba de terminar todo lo que tenia amontonado en su plato. Hermione le sonrío a James y a Sirius, feliz de que su riña no hubiera durado tanto como la que Harry y Ron habían tenido.

Hermione miró a su alrededor y notó a Natasha que hervía de envidia mientras que Sirius jugaba ociosamente con un riso de su cabello. Hermione le rodó los ojos a la patética rubia, discretamente sacó su varita de su túnica y la agitó bajo la mesa. Un momento después un grito se escuchó desde la mesa de Ravenclaw y todos se volvieron para mirar.

Los Merodeadores se carcajearon al ver a la chica verde-lima sentada frente a ellos. Natasha levantó su tembloroso dedo verde y señaló a Hermione. —¡Tú hiciste esto! —la acusó.

Hermione le sonrió dulcemente a la Ravenclaw. —¿Quién, yo? —preguntó. —Pero si no hice nada, bueno aunque al fin te pusiste verde de la envidia —ese comentario causó otra ronda de risas entre los Merodeadores mientras que a la rubia le salía humo, la bruja de cabello verde se marchó furiosa.

—¿Tú hiciste eso? —le preguntó Sirius.

Hermione sonrió ampliamente.

—Brillante —dijo James. —Estoy impresionado, muy bien escondido, ¡Nosotros ni te vimos hacer nada!

Hermione arqueó una ceja. —¿Quién dijo que yo hice algo? —preguntó inocentemente.

Lily se rió. —Has estado pasando demasiado tiempo con los Merodeadores.

—Así como tú —señaló Hermione.

—Yo no dije que fuera una cosa mala —respondió Lily impactado a los cuatro muchachos.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Esa noche era su primera lección de defensa; habían decidido comenzar primero con la defensa física para dejar que Remus se recuperara totalmente de su transformación.

Hermione caminaba de la mano con Sirius mientras que él los conducía a la Sala de Menesteres, se preguntaba si Lily sabía a dónde se dirigían. Le echó un vistazo a la pelirroja y vio una expresión pensativa en su cara, como la de alguien que no está seguro de exactamente a donde lo llevaban.

Sirius se detuvo frente al retrato de Barnabas el Chiflado que tenía la tentativa de enseñarle ballet a un grupo de Trolls, y Hermione se detuvo con él.

—Esta —le dijo a Lily y Hermione. —Es la Sala de Menesteres.

Lily miró a su alrededor confundida. —No veo nada.

Los Merodeadores sonrieron. —A un lado señoritas, les mostraremos —dijo James. Lily y Hermione se colocaron lejos de donde ellos caminaban. Las chicas vieron como los tres muchachos caminaban hacia atrás y hacia adelante con expresiones pensativas.

Lily jadeó cuando una puerta apareció en la pared de enfrente. Remus abrió la puerta para las chicas. —Bienvenidas —dijo él señalando el interior. —A la Sala de Menesteres.

En su interior había colchonetas de varios tamaños y sacos de box que los chicos habían conjurado.

—¿Siempre luce así? —preguntó Lily.

James negó con la cabeza. —No, por eso se llama Sala de Menesteres, solo tienes que pararte frente al cuadro y pensar en lo que necesitas y eso debe aparecer.

Lily asintió, captando toda la información, luego se volvió a los chicos y esperó.

Ellos sabían que ella estaba esperando a que empezaran a explicarle, Remus, a sabiendas de que todo era su culpa, fue él primero en hablar.

—Lily, sabes que los lobos solo atacan a los seres humanos ¿no? —preguntó él.

Lily asintió.

—Bien, cuando mis amigos se enteraron de mi condición quisieron ayudar, ahora, tu eres inteligente, podrías decirme ¿Qué piensas que ellos pudieron haber hecho?

Lily se quedó de pie allí pensando por un minuto. —Creo que pudieron convertirse en animagos, pero eso es imposible, nadie que aún esté en Hogwarts puede hacer eso.

James y Sirius se miraron el uno al otro y asintieron, un instante después un gran perro negro, familiar a los ojos de Hermione apareció. Junto al canino, estaba un majestuoso ciervo que Hermione nunca había visto, tanto ella como Lily estaban impresionadas y Canuto empezó a correr alrededor de sus piernas.

—No puedo creerlo —susurró Lily. —No es posible.

Remus le dio a la Premio Anual una pequeña sonrisa. —Todo es posible cuando se quiere ayudar a un amigo —dijo alcanzando a Canuto que estaba sentado a su lado.

James y Sirius regresaron a su forma humana y miraron a Lily con aprensión.

—No le dirás a nadie ¿verdad? —preguntó Sirius.

Lily negó con su cabeza, todavía en estado de shock. —¿Cuándo hicieron eso?

Sirius y James sonrieron. —Estuvimos intentándolo desde tercer año, pero lo logramos hasta quinto —respondió James.

—¿Ustedes dos se convirtieron en animagos desde quinto? ¡Merlín!

Sirius negó con la cabeza. —Nosotros tres, así como vez Peter también, es una rata.

Lily se burló. —¿Una rata?

Sirius sonrío. —Sí, dicen que en lo que te transformas refleja tu personalidad, Peter encaja perfecto, es perezoso, tiende a escaparse y come mucho.

Lily asintió. —Sí, y tú eres juguetón y lleno de energía, y James, tiene una cabezota así que las cornamentas se ajustan.

—¡¡Eh!!

Remus solamente negó con su cabeza. —¿Por qué no solo comenzamos? —preguntó.

Todos asintieron, se dividieron en parejas, Sirius con Hermione y Lily con James.

Los muchachos comenzaron con lo básico, les enseñaron más a defenderse que a atacar, ver los hombros del atacante en lugar de ver la parte inferior de sus brazos, para poder esquivar los golpes.

Fue todo lo que hicieron durante la primera lección, Remus les dio algunas indicaciones a lo largo del transcurso y unas horas más tarde, las dos chicas de Gryffindor cayeron agotadas sobre sus camas para tomar un merecido descanso.