Muchas gracias por su apoyo, espero que esto les guste.

Declaimer:

Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.


.

Episodio

XX

Monstruos

.

"Las voces son tan crueles y dolorosas que podría enloquecer"

.

Las siluetas de la lámpara se dibujaron sobre la superficie negra del café que había sido servido en esa vieja taza de porcelana azul. Izumi miró fijamente las formas de la espuma caliente y tarimboleó sus dedos en la agarradera que sostenía firmemente. Las puntas de sus índices se quemaron un poco cuando tocó el cuerpo de la vajilla. ¿Por qué recordaba que le gustaba el café sin azúcar? Consideró ese detalle bastante injusto, pero no pudo negar que le hacía feliz. Llevaban más de diez minutos en absoluto silencio. A pesar de que el muchacho frente a ella le había dejado entrar al apartamento, la miraba tan furiosamente que ninguna palabra quería salir de su boca. Y ¿cómo empezar? Si se sentía tan mal de estar en su presencia. Tan avergonzada que ni siquiera creía poder verlo a los ojos sin echarse a llorar.

Sasuke por otro lado no quitaba su mirada de ella.

Esa mujer se veía exactamente igual a como la recordaba, quizás sólo un poco más delgada, pero no en los huesos al menos. Antes solía vivir en ese mismo complejo de apartamentos, un piso más abajo; ella y su familia se habían mudado cinco años antes de que sus padres murieran en aquel accidente de auto. No había ni un sólo fragmento de sus recuerdos en los que la chica no hubiera estado alrededor de su hermano. Prácticamente iban a todos lados juntos, y cuando su mundo se rompió por primera vez, Izumi también estuvo ahí, siempre aferrada al lado de su hermano como una entrometida demasiado terca. Y por eso es que estaba increíblemente enojado, ¿por qué había vuelto? Ella ni siquiera lo pensó dos veces antes de marcharse luego de la muerte de Itachi, ¿y ahora se dignaba a volver así de simple?.

¿A caso era justo?

—Izumi-san, ¿vas a hablar o no?—su tono fue demasiado duro, pero era tarde para suavizarlo.

—L-lo siento—miró hacia abajo. Apretó las manos y se mordió el labio con bastante fuerza. Dejó escapar un gran suspiro e inclinó la cabeza nuevamente.

Sasuke se fastidió aún más.

¿Por qué estaba pidiendo disculpas?

Izumi siempre era tan débil.

Incapaz de mantener la cabeza erguida por sí misma. En el pasado solía preguntarse por qué su hermano había terminado saliendo con semejante chica. Sin embargo, al recordar la respuesta que daba Itachi cuando se lo cuestionaba, resultaba ser siempre la misma:

"Probablemente no lo entiendas ahora Sasuke, pero ella es fuerte a su manera. Incluso si no lo parece, puedo confiarle mi propia vida"

Tan ingenuo.

Ella ni siquiera fue capaz de aferrarse a sus propios sentimientos, no desaprovechó la primera oportunidad que tuvo para escapar del infierno. Debía admitir que, por lo menos, fue inteligente. No obstante el sólo verla lo hacía rabiar de sobremanera. Su ausencia brillaba en los recuerdos de ese año tan enloquecedoramente oscuro. No era siquiera capaz de superponer los vestigios del pasado para sentir empatía. Aquellos días en que los tres solían estar juntos lucían tan deteriorados y lejanos como una película reducida por las brasas del resentimiento.

Era como un niño que trataba cruelmente a una persona débil por miedo a ser herido. Después de todo, sentía como si estuviera desnudo y la máscara de dureza que intentaba sostener para cubrir sus propios fallos no fuera lo suficientemente estable para protegerlo.

Ella no había hecho nada malo, sólo estaba siendo infantil.

—Levanta tu cabeza.

—De verdad lo siento—cerró los ojos y luego los volvió a abrir mientras se enderezaba.

Ah, se parecía tanto a Itachi ahora.

—¿Por qué regresaste?—el ambiente entre los dos estaba tan tenso, que podría haber sido cortado con las uñas de las manos.

Era como si hubiera una esponja entre cada átomo de aire y se expandieran al respirar, asfixiándolos poco a poco mientras permanecían inmersos en la incomodidad de su encuentro.

—Yo, tenía algunos asuntos que atender en la ciudad—explicó lentamente—. No pude evitar sentir un poco de curiosidad.

Prácticamente había sido golpeada por una sensación de nostalgia y anhelo cuando su vuelo arribó al aeropuerto de Tokio, pero no diría eso en voz alta; pues corría el riesgo de ser maldecida por ese niño. Y no es como si no se lo mereciera realmente.

—¿Curiosidad?—la miro fijamente.

¿Acaso era una atracción de circo? ¿Un experimento? Ella no debería estar ahí si esa era su motivación.

Tan despreciable y grosera.

Apretó los dientes en un intento de contener su rabia.

—Yo… me preguntaba cómo lo estabas haciendo, cómo era tu vida ahora. No ha habido un solo día en que no pensara en ti y en lo mucho que debes haberme odiado todo este tiempo—musitó con una expresión apesadumbrada. Esos pensamientos la habían estado atormentado durante todo ese año—. Te dejé en medio de todo ese desastre. Tú aun eras un niño y sin embargo huí cuando más necesitabas ayuda. Debiste estar tan confundido.

—No necesitaba tu ayuda—escupió.

Izumi lo miró ligeramente sorprendida y después atinó a verse las manos. No podía soportar observarlo directamente.

Ellos eran tan parecidos.

Y eso era doloroso todavía.

—Ni siquiera fui al funeral de Itachi—siguió con la voz cortada. Sus ojos ardían por el escozor que antecedía a las lágrimas—. Yo… no fui una buena novia incluso al final—sus cejas se curvaron en una expresión abrumada.

Sasuke frunció el ceño y sus ojos se fijaron en las memorias de aquella época.

El olor mareante de las flores blancas, la madera de ese lecho tan frío, y los mormullos incansables de las personas que iban y venían en esa asfixiante sala que lo engullía en la catatonía de lo imposible que resultaba creer en esa cruel realidad. Los gritos de desesperación que nunca salieron de sus labios le habían dejado profundos arañazos en la garganta. Había deseado tanto encontrar a alguien en medio de aquel mar de gente, alguien que pudiese retenerlo en la superficie y no permitiera que se hundiera hasta el fondo del abismo, alguien que se quedase a su lado sin importar cuan doloroso fuera el panorama que estaba por delante; pero lo único que encontró fue el frio vacío.

Él fue abandonado.

—¿Por qué?—cuestionó luego de una pausa—. ¿Por qué te fuiste de esa manera? Nii-san… ¿No podrías haberte despedido al menos de Nii-san?

No reclamaría el haber sido dejado atrás, eso no era importante. Después de todo, la soledad era su castigo. Pero definitivamente no podía perdonarle esa traición a Itachi. Su hermano no merecía haber sido desamparado de esa manera, comprendía en cierta medida cuan doloroso debió haber sido tratar de plantarle frente a esa situación. Sus pies también habían querido salir corriendo, no obstante, se quedó ahí parado, soportando todo en sus hombros. Y ella no pudo hacer ni siquiera ese esfuerzo. Que lamentable era Itachi, el amor del que tanto se había sentido orgulloso, aunque no lo dijera siempre, fue fácilmente dejado de lado por proteger su propio corazón de las heridas que causaría el despedirse prematuramente.

—Era difícil—interrumpió elevando ligeramente la voz y lo miró temblorosa—. Quiero decir, ¿no lo era? Lo perdí… lo perdimos de esa manera y… siendo honesta no podía… mirarte—apretó los labios y las palabras le escocieron la lengua—. No podía mirarte sin culparte de todo—agregó en un hilo de voz—. Pero eso era injusto… tú no podrías haber querido que eso pasara. Amabas a tu hermano, lo sé mejor que nadie, es absurdo pensar siquiera que pretendieras hacerle daño, así que no estaba bien culparte de su muerte.

Sasuke abrió sus ojos como platos.

Una grieta crujió en su interior.

—Te equivocas— masculló por lo bajo.

—¿Eh?

—Yo le mate—su mirada se ensombreció.

—¡Sasuke eso no…!

—Así que tenías razón en culparme.

—No, no es así… no vine a culparte—miró otra vez la taza de café—, no soy quién para juzgarte a estas alturas.

El café ya estaba demasiado helado.

Ah, tan desagradable.

—…—aunque la estaba escuchando, no lo estaba haciendo en realidad.

Su pecho dolía tanto.

¿Cómo podía decirlo tan fácil? Sus pecados no podían ser borrados.

—Probablemente no tenga derecho a pedirte nada, pero necesito que me hagas un último favor—respiró hondo, juntando todo el valor que podía. Sus hombros estaban tan tensos y los huesos de sus nudillos en cualquier momento se romperían.

Ella lucía tan rota.

—Y es tú culpa—susurró el falso Itachi en sus tímpanos.

No necesitaba recordárselo.

Si ese año había sido difícil para él, probablemente para Izumi fue como el averno.

Al fin y al cabo, le arrebató a la persona que siempre había amado.

—¿Podrías venir conmigo?—preguntó cuándo encontró su voz y el Uchiha le miró sin comprender el significado de sus palabras—. Quiero verlo Sasuke—su tono era como un cristal a punto de romperse—. Quiero ver a Itachi.

Un objeto punzante se propagó dentro de sus costillas, como si fuera una esfera llena de espinas que crecían con cada palabra y se le encarnaran en las paredes del pecho haciéndolas sangrar.

Era una infección que lentamente entraba en su sistema.


Ese día el clima era decente, las nubes se habían ido por la noche y la nieve resplandecía bajo los rayos del sol que la derretían. Había decidido salir un rato al centro ese sábado, aprovechando el tiempo para comprar algunos materiales que necesitaba para su curso de repaso. Se pasó una mano por el despeinado cabello gris y se ajustó la correa de su bolso de cuero café. Asintió y se ajustó la bufanda pulcramente acomodada en su cuello y metió las manos en los bolsillos de su gabardina gris. En verdad era un hombre muy apuesto a sus treinta y dos años, algunas mujeres le miraban al pasar junto a él, una gama muy variada cabía destacar, jovencitas y mujeres maduras por igual. No obstante Kakashi prefería concentrarse en sus recados que en las miradas de las féminas. Cruzó la calle para dirigirse al área donde estaban las librerías que frecuentaba con regularidad y mientras avanzaba por la acera llena de gente que iba y venía en un flujo hipnotizante percibió una vibración en su bolsa izquierda. Extrajo su móvil del interior y deslizó el dedo índice para contestar la llamada entrante.

—¿Hola?

Kakashi, que bueno que respondes, ¿estás ocupado?—la vibrante voz de Hanare se le antojo bastante agradable en medio del bullicio.

—Estoy en el centro de la ciudad, necesito unos materiales para el repaso—contestó. Hablar de vez en cuando se había vuelto tan rutinario, que comenzaba a ser natural para él escucharla al otro lado de la línea.

Oh, vale, es que me preguntaba si querías cenar conmigo hoy, una compañera me cedió su reservación en un sitio genial y no quiero ir sola.

—No tengo nada más que hacer—quiso reírse, pero no lo hizo.

Ella de verdad no parecía ser consciente de que estaba pasando demasiado tiempo con él. Apenas ayer habían ido donde Obito y Rin, sin mencionar esas copas que se tomaron de camino a casa.

¿Entonces es un sí?

—Envíame los detalles—pidió y ella exclamó extasiada al otro lado de la línea. La escuchó decir algo sobre lo bueno que eran las peleas de amantes y luego un pequeño grito ahogado lejos del micrófono.

Va-vale, te envío los datos— auscultó una pequeña maldición por parte de la peliverde y él sólo sacudió los hombros manteniendo cautiva su risa. Seguro que se había caído, y podía apostarlo por las quejas de la mujer—, nos vemos— se despidió y luego colgó la llamada.

En verdad agradecía tenerla como amiga. Ella le ayudaba mucho a despejar su mente de los problemas que tenía.

Lo distraía un poco y evitaba que enloqueciera de la agonía.


Despegó sus parpados lentamente, y las esquinas de los mismos le picaron por las lagañas que seguramente tenía. Se refregó el rostro intentando desperezarse y luego se despeinó los blondos mechones mientras se revolvía entre la cobija. Dejó escapar un gran bostezo y le ardió la comisura del labio, sintió como si algo de piel se despegara por ello, un segundo después fue consciente del sabor oxidado de la sangre y recordó vagamente la razón de su herida. Cierto, ese pequeño encuentro con Sasuke no había resultado del todo bien. Había hostigado tanto a su ex mejor amigo que éste terminó por lazarle un puñetazo directamente a la quijada.

Menudo imbécil.

Se tocó la zona afectada y percibió un dolor en el área circundante del corte labial. Se levantó de un salto y tropezando con la esquina de su mesita de centro, dejó escapar uno y mil improperios al ceñirse sobre el espejo junto al balcón. Buscó su rostro en el reflejo y apretó los dientes al ver la costra de su boca levemente abierta y un moretón alrededor.

—Ese bastardo—gruñó revisándose—, no tenía por qué pegarme tan duro—escupió irritado.

Naruto dejó escapar un gran suspiro y chasqueó la lengua estrellando el puño en la pared.

Mierda, estaba tan malhumorado ahora.

Se cruzó de brazos y su ceño se frunció más de ser posible. Escuchó como su estómago le recordaba que sin importar lo enojado que estuviera, tenía una obligación para con él y debía alimentarlo. Se dirigió a su cocineta para coger un par de paquetes de ramen y buscar una cacerola entre sus muebles. Abrió el grifo del agua para llenarla y encendió la mecha para dejar que comenzara a hervir. Se recargó ligeramente en la barra para rascarse la parte posterior de la pierna izquierda con el pie derecho y luego se puso a rebuscar un par de huevos del frigorífico. Revisó el interior de su nevera y cogió la docena a medio terminar.

El timbre de llamadas para su celular resonó desde el otro lado del apartamento y poniéndose de pie se dirigió hasta su cama para coger el móvil de la repisa de su cabecera.

El nombre de Sakura iluminó la pantalla y tomó la llamada luego del quinto repiqueteo.

—Buenos días Sakura-chan—musitó apenas se puso el auricular contra la oreja.

Dirás buenas tardes—corrigió y el Uzumaki alzó una ceja al tiempo que se apartaba del móvil para verificar la hora.

Oh, ya iba a ser la una de la tarde.

—Lo siento, me acabo de despertar-ttebayo.

¿Te desvelaste otra vez?

—No exactamente—murmuró.

Sé que estamos en el receso de invierno, pero no seas tan descuidado—regañó y el rubio rió por lo bajo.

—Vale, no te preocupes.

Por cierto, olvidaste tu bufanda en mi casa.

—Ah, es verdad, me di cuenta cuando estaba cogiendo el taxi-ttebayo.

Iré a llevártela más tarde—exclamó.

—Vale, gracias—auscultó el sonido del agua echando humo y se dirigió a cuidar de su desayuno-almuerzo, mientras hablaba con la Haruno—. Oh, es verdad. Los chicos querían reunirse hoy, ¿quieres unírtenos? Puedes invitar a Ino también-ttebayo— quitó la tapa de la olla y maniobró para sostener el celular con su mejilla y hombro mientras abría los paquetes de ramen.

¿Quedaste con los chicos?

—Sí, Shikamaru y Chouji van a ir a visitar a sus familiares en año nuevo, así que queríamos ir un rato al Karaoke o algo así—echó la pasta instantánea en el agua hirviendo—. Sai también estará con nosotros, por eso te digo que vengan tú e Ino, mientras más seamos mejor.

Vale, le llamaré y te envío un mensaje.

—Genial, te mandaré el lugar de encuentro por LINE.

Entiendo, gracias—musitó—. Por cierto no comas sólo ramen, ¡Come algo más sano!—gritó antes de colgar abruptamente.

—Sakura-chan eres demasiado feroz—murmuró alejando el móvil de su oreja y riéndose para sí mismo.

Su mejor amiga, como siempre, era muy enérgica.

Ah, su humor había mejorado.


Entrelazó sus dedos por detrás de su espalda y dejó escapar un profundo suspiro mientras observaba conmovida la escena delante de sus ojos. Una sonrisa casi fantasmal se coló por sus labios y ladeó el rostro haciendo que su larga melena bailara por sobre sus hombros. Sus ojos perla se clavaron fijamente en las personas que estaban frente a ella. Su primo amontonaba algunos Zenzai en una charola de la mesa del centro. Hanabi acomodaba los cuencos y utensilios en los puestos de cada uno; y su padre, quien sorpresivamente había perdido el día libre para estar en casa y el cual esperaba pacientemente en la cabecera del comedor. Sabía perfectamente que todo se debía a la pequeña celebración que harían en su honor. Pues quedaba implícita la posibilidad de ser la última. Estaban agradecidos, aunque no lo mencionaran a viva voz, de ser capaces de estar con ella otro año más. Era casi como un milagro, dada su situación actual, no podía calificarlo de otro modo. Lamentaba ser la fuente de sus preocupaciones, pero no podía detenerse a sentirse miserable por su destino.

Lo mejor que podía hacer era grabar cuidadosamente esa memoria en su baúl de los recuerdos como algo absolutamente precioso. Usualmente su familia no pasaba mucho tiempo junta, no porque no se quisieran los unos a los otros, sino porque no estaba en su código genético externar sus emociones. Aunque seguramente el ADN había hecho una excepción con ella. Y esto traía como consecuencia que ellos se vieran afectados por ello. Era como el sol de la familia Hyuuga. Todas sus vidas giraban en torno a ella. Probablemente por eso es que se sentían tan desesperados por evitar que desapareciera, e intentaban aferrarse a la más mínima esperanza que pudieran ser capaces de encontrar.

Pero ella no necesitaba eso.

No necesitaba una esperanza efímera, ni un milagro que le permitiese seguir viva. Si tan sólo pudiera ser capaz de hacerles entender que estar a su lado y hacer tantos recuerdos como fuera posible era suficiente para sentirse satisfecha, quizás, podría aminorar la carga en sus hombros. Si ellos vieran las cosas con sus mismos ojos, si pudieran experimentar la dicha de ver la belleza en los remanentes de la vida misma, posiblemente se darían cuenta de no era tan lamentable como parecía.

Hacía mucho tiempo que se había resignado a partir.

Y lo mejor que podía hacer, era marcharse con la cabeza en alto al haber sido testigo del más increíble de los milagros, y tal vez el único que siempre anheló por si misma: el amor.

El amor de sus seres queridos, probablemente sería también el origen de su sufrimiento, porque al ser un sentimiento bilateral, la parte que se quedara atrás padecería las consecuencias de verla irse. No obstante los humanos estaban condenados a un ciclo infinito de bienvenidas y despedidas, nada es eterno en la vida y todo lo mortal muere con el tiempo. Sólo que ella se adelantaría un poco en el proceso.

Tampoco mentiría y trataría de convencerse a sí misma de que no deseaba poder aferrarse a la esperanza de estar más tiempo con ellos. Pero su pequeño monstruo era tan voraz que sólo podía acariciar la sensación con la punta de los dedos. Sin embargo, sólo por ese instante, sólo por ese segundo tan efímero y llano, soñaría con la eternidad de estar a su lado, de verlos y crecer con ellos.

Entonces recordó a su querido gato callejero. Si había alguien a quien culpara por esos sentimientos a los cuales había renunciado hacía mucho, ese sería sin duda él.

El hombre que más amaba en esa vida y quizás en la siguiente también.

A veces dudaba en ser capaz de soltar su mano y no tratar de aferrarse a él cuando el momento de marcarse llegara y quería pensar que él estaba en su misma situación; pero posiblemente era un sueño demasiado bueno para ser cierto.

Después de todo, su amor era unilateral.

Él sólo le permitía estar a su lado, no es que la quisiera ahí en realidad. No obstante, eso estaba bien. Ella tenía suficiente amor para los dos.

Al final de cuentas Sasuke estaba sumergido en la oscuridad y ella quería salvarlo de esa soledad a como diera lugar.

Ese era su único deseo egoísta.

—¿Hinata-sama?—la voz de Neji le trajo de regreso y ella respingó un poco antes de enfocarlo correctamente. El resto de los presentes le miraban.

—¿Sí?

—Por favor sople las velas— exclamó tranquilamente mientras se apartaba hacía la izquierda y Hanabi se acercó con una tarta de fresas entre sus manos. La vela alta estaba encendida acompañada de un par más pequeñas y leyó rápidamente la placa de chocolate cuando la castaña la hubo puesto frente a ella.

—Feliz cumpleaños número dieciocho.

Rezó, rezó con todo su ser en ese momento. Si Dios podía permitirle volver a nacer, quería nuevamente encontrarse con ellos como su familia.

En la próxima vida, los encontraría y les devolvería todas las cosas que ellos le habían dado a ella.


El viento frío sopló y les erizó los vellos de la nuca. Sasuke metió las manos dentro de los bolsillos de su abrigo y se acomodó la bufanda negra para taparse medio rostro mientras avanzaban por los largos pasillos en medio de los monolitos con infinidad de nombres, resguardando el último lugar de descanso de aquellos que ya no se encontraban más en este mundo. Los cerezos desnudos por el invierno crujieron y la nieve se acumulaba en la base de las tumbas. El cementerio Aoyama era uno de los más grandes de Tokio. La paz que se sentía en ese lugar, era en verdad abrumadora, casi como si la vida que entrara en sus muros fuera a ser consumida si no se tenía el respeto adecuado para con los muertos. Siendo honestos, el moreno no había puesto un solo pie en ese lugar desde lo acontecido un año atrás. Ni siquiera había ido en el aniversario de sus padres y mucho menos en el de Itachi.

—Porque eres un cobarde—reclamó su falso hermano.

No podía refutarlo.

Sin embargo, desconocía cuál fuerza lo mantenía de pie caminando todo el trayecto hasta la cripta familiar. Porque la verdad, se sentía tan mareado que era como si fuera a vomitar. No obstante se negaba rotundamente a demostrar ese lado tan patético de su persona. Así que sólo caminaba por inercia, como un robot programado para ello.

Izumi abrazó firmemente el pequeño ramo de Galantos* y copos de nieve* que había comprado en la floristería que se encontraba cerca de la entrada. Sus zapatos de tacón hicieron eco al chocar contra el mármol del suelo y se mezclaron con los que producían las pisadas del pelinegro. No habían intercambiado más de dos palabras en todo el camino hasta el camposanto.

Porque era más cómodo el silencio.

Sasuke no terminaba de entender por qué razón ella le había pedido ese absurdo favor y tampoco le apetecía cuestionar a la mayor.

Sentía que era mejor no saberlo.

La castaña se detuvo luego de un par de pasos más y el Uchiha la imitó. Dejó escapar una pequeña exhalación que al chocar contra el ambiente se transformó en una estela de vapor. Apretó los labios mientras se giraba un tercio para quedar de cara a una de las tantas columnas.

"Familia Uchiha"

Esas palabras talladas en la piedra se veían tan solitarias y frías que el morocho simplemente atinó a mirarlas fijo. Las cicatrices en su interior ardieron al abrirse de nuevo y las heridas escocieron como si hubiera sido enterrado hasta la coronilla en sal.

Una pulsación se alojó en la parte trasera de su cabeza.

Izumi se inclinó grácilmente para dejar el ramo sobre la tumba y juntó sus manos para hacer una plegaria silenciosa.

Sasuke desvió sus orbes.

—Ha pasado mucho tiempo—exclamó la mujer reincorporándose lentamente sin dejar de ver el nombre del que fue su novio. Había sido más doloroso de lo que esperaba, estar en ese lugar hacía que su corazón se rompiera en mil pedazos—. Lamento tanto no haber venido antes a verte—su voz tembló y se abrazó a sí misma—. Fui una pésima novia, ¿no?. Huí apenas tuve oportunidad como una cobarde—sollozó.

Ese lugar era tan frio.

Pensar que Itachi se encontraba ahí, esperando, sumido en la soledad de la muerte, le provocaba un dolor agudo en la base del pecho y las lágrimas sólo parecían brotar incansablemente.

Mierda, ahora se estaba echando a llorar.

—Tsk—el ojinegro rebuznó por lo bajo.

—Lo siento tanto Itachi, lo siento—pidió llevándose las manos al rostro tratando de contener las lágrimas que salían sin piedad y le chorreaban las mejillas.

Lo extrañaba tanto.

Todo ese tiempo intentó olvidarlo, creer que sólo había sido una pesadilla, una mala broma, pero cada día recordaba que no era así. Él ya no estaba más en ese mundo, no la esperaba en esa ciudad que ahora odiaba tanto por estar llena de sus memorias juntos, no volvería a escuchar su voz ni a ver sus ojos. Itachi no se levantaría jamás de su último lecho para estrecharla entre sus brazos.

Él no regresaría y eso lo tenía que aceptar.

—Ella está hecha un desastre, ¿no es lamentable?—la voz de su demonio personal, estaba siendo inusualmente ruidosa.

—Cállate—gruñó tan bajo que Izumi no le escuchó hablar.

Desde la muerte de Itachi, el mundo se había colapsado por completo y no sólo para él. Pero el dolor del resto no le importaba, no quería sentirse más miserable. Sin embargo al ver como esa mujer lloraba, supo que había arruinado más que su propia vida con los errores que cometió en el pasado.

Le recordó que sólo era un monstruo que había robado la felicidad de otros por su estúpida altanería y vanidad. Se había querido comer el mundo a puños y la realidad terminó engulléndolo sin piedad. Tomó las decisiones equivocadas y se metió directo al infierno que lo atormentaba con sus propios pies.

Él era peligroso.

No debería haber existido nunca. Si su madre no hubiera dado a luz a alguien como él, quizás el mundo sería un mejor lugar.

Desearía haber sido él quien hubiera muerto ese día.

Sintió las piernas un poco acalambradas, ¿por cuánto tiempo habían estado de pie en ese lugar? ¿Una, dos o tres horas? Quizás más o quizás menos. Estaba tan desorientado por los pululantes sentimientos que rebozaban el ambiente, odio, desprecio, tristeza, nostalgia y dolor se entremezclaban en el oxígeno que sus pulmones jalaban hacía el interior de su cuerpo, que no era para menos perder la noción del espacio a su alrededor. Escuchó a lo lejos el sonido de una campana y el sol pretendió danzar entre los huecos de las nubes que habían aparecido de un rato a otro, siendo empujadas por el viento.

Los gimoteos constantes de su acompañante, poco a poco fueron cesando, y él por su parte trató de ignorarlo hasta el final.

Nunca fue bueno para detener las lágrimas de nadie en particular.

—Lo siento Sasuke—por primera vez en todo el tiempo que llevaban frente al mausoleo, ella se dirigió a él. Había estado llorando por mucho tiempo, por lo que su voz se escuchó un poco ronca y sus ojos deberían estar más que hinchados, aunque no era capaz de verlos desde su posición.

—…—no pronunció ninguna palabra, porque no había nada que pudiera decirle en realidad.

Ni para bien ni para mal.

—Es tan patético de mi parte mostrarte esto—se limpió el rostro con un pañuelo que sacó de su bolso.

No realmente, pensó. Ella era miserable, y él tenía que ser consciente de que era por su culpa.

—Como sea—su tono salió más helado de lo que realmente quiso.

—¿Lo sabias?—musitó acomodándose un mechón tras la oreja mientras giraba un cuarto para encararlo.

—Ella luce horrible—murmuro Itachi en su oído al reparar en el color rojizo de sus globos oculares y los restos del maquillaje que no había logrado quitar.

Apretó la quijada.

—Yo solía envidiarlos un montón— desvió su mirada un poco—, en aquellos días, yo me ponía muy celosa de su relación. Soy hija única, así que nunca supe lo que era tener un hermano menor, pero al ver a Itachi, deseaba poder tener uno, ya sabes… el lucía adorable—sonrió rota—. Parecía como si ambos estuvieran en un lugar al que yo no podía llegar, a pesar de que de alguna forma pude convertirme en su novia, lo cierto es que la persona que más amaba Itachi no era yo, sino tú—lo miró con una expresión complicada—, él te adoraba y yo estaba enamorada de ese hombre que cuidaba a su hermanito como si fuera el mayor de los tesoros aunque nunca pudiera acercarme lo suficiente a su pequeño mundo.

El viento sopló quedamente y les heló las nucas.

—…

—¿Vergonzoso cierto? Estar celosa de ustedes… era muy estúpido, por eso siempre intenté alcanzarlos, no quería simplemente observarlos, quería estar a su lado. Pero era muy difícil hacerlo, casi como si hubiera un muro entre nosotros. No importó cuánto quise ayudarlos en el pasado, no pude aferrarme a nada y cuando todo se desmoronó… sólo pude huir.

—…

—Todo este tiempo me he estado arrepintiendo de mi decisión. Irme, sólo me permitió escapar del dolor que significaba quedarme atrás—se abrazó a si misma—. No estaba ayudando a nadie más que a mí, y sé que probablemente jamás podrás perdonarme, y tampoco creo que Itachi lo haría.

—Lo haría, pero no es algo que pueda decirle, ¿verdad Sasuke?—reclamó el falso Itachi.

Su mente parecía estar colapsando.

—Pero, aun así, cada día que pasaba, cada día que me levantaba a trabajar, sólo lo hacía con la esperanza de que en algún momento me despertaría sin sentirme tan avergonzada de mí misma.

—…

—Por eso cuando me enviaron aquí para una asignación, decidí que no podía regresar a menos que enfrentara correctamente las cosas que dejé pendientes hace un año—apretó la mano con la que se sostenía el brazo izquierdo—. Tenía que despedirme de él y verte una vez más Sasuke.

Diablos, sus ojos parecían estar a punto de reventar en lágrimas otra vez.

—Izumi-san…

—Tenía tanto miedo de verte—interrumpió temblando un poco—. Me aterraba la idea de descubrir que a pesar de todo yo no podía evitar odiarte. Porque sé que no eres culpable de nada—exclamó apretando los ojos con fuerza—. Lo siento, ¿sí?

—Ella parece odiarte más que nunca, ¿eh?

—Cállate—gruñó bajo su aliento par que sólo los demonios en su cabeza fueran capaces de escuchar.

—Yo…—la comisura de sus labios pareció temblar y Sasuke observó para su sorpresa una pequeña sonrisa rota en mil pedazos—. Creo que después de todo he sido muy injusta contigo.

—¿Qué?—no supo si lo dijo él o su demonio personal.

—Parece que al final, realmente no puedo odiarte.

—¡Deberías hacerlo!—gritó el Itachi de sus pensamientos.

—Tú no mataste a Itachi—se acercó a él, y el moreno se envaró, sintiendo como si su cuerpo estuviera petrificado.

—¡Lo hiciste!

Izumi dubitativamente llevó su mano derecha hacía el rostro de Sasuke.

—¿Qué estás…?

—No mataste a tu hermano—repitió—, así que deja de llorar, ¿vale?

¿Llorar?

¿Quién? ¿Cómo? ¿En qué momento…?

—Yo…—se llevó una mano con incredulidad al rostro, el cual inadvertidamente estaba empapado por una que otra gota de agua salada que sus conductos lagrimales expulsaban sin consentimiento alguno.

¿De quién eran esas lágrimas?

—Tú no mataste a Itachi—articuló como si tratara de convencerle de ese hecho—. Sólo fue un desafortunado accidente.

—¡Mentirosa!—gritó el monstruo en su cabeza.

—Suéltame…—murmuró aun completamente estupefacto. La mayor acató su petición y retrocedió tres pasos.

—Lo siento—profirió.

¿Qué no era culpable?

Eso jamás podría aceptarlo.


Se miró en el espejo mientras cepillaba su corta melena rosada. Pasó los dedos entre las sedosas hebras y sus ojos jade dibujaron las líneas del rostro que veía en la superficie. Se preguntó qué era lo que estaba buscando en realidad, ponerse un poco de maquillaje, hacer lo mejor posible por un peinado decente, ¿de que servían realmente? Aunque hiciera todo lo posible por verse linda, la única persona que le interesaba que lo notara, no lo haría al final. Él no la veía a ella y eso era realmente frustrante. Siempre dio por hecho que eventualmente tendría una oportunidad de acercarse a ese idiota. Pero siendo honestos estaba ya muy grande para escudarse en la excusa del destino y el amor verdadero. Naruto era demasiado despistado, un bobo infantil que pecaba de ignorancia para las cosas importantes.

Bueno, al menos eso creía, si él fuera tan ajeno a las cosas del corazón, no estaría en su situación actual. Ella lo sabía y él no necesitaba decírselo para notar la cuestión que lo atormentaba. Sus ojos lo habían estado siguiendo por tanto tiempo que no era para menos ser la primera en darse cuenta del cambio en su mirada.

Resultaba irónico y hasta cierto punto, gracioso y cruel darse cuenta que pese a lo que muchos podían pensar; el corazón de Uzumaki no terminó por girarse hacía su mejor amiga. El que ellos estuvieran juntos en el futuro, parecía ser el camino al que estaban destinados, tan ineludible como crecer, sin embargo a mitad de la vía, el chispeante rubio se topó con una persona que a sus ojos lucía tan resplandeciente como un sol. Un astro que lo arrastraba a su alrededor sin buscarlo y que lentamente lo desvió de su trayectoria.

Sinceramente nunca imaginó este giro de acontecimientos aquel día de verano en que Hinata interrumpió en el salón en pleno receso buscando a Sasuke. No sospechó siquiera la posibilidad del cambio en Naruto cuando lo vio receptar a la muchacha con su pecho, cosa que envidió tremendamente en su momento. Subestimó tremendamente la fuerza de esa muchacha cuando automáticamente le espetó su apoyo al darse cuenta que quería estar al lado de una persona tan difícil como lo era el Uchiha.

¿Quién lo hubiera dicho?

Que ella terminaría siendo indirectamente su más grande rival aun y cuando estaba segura que le agradaba. Porque había que ser sincera, pese a todo, Hinata era una persona maravillosa, tan fuerte que te colmaba de una sensación extraña y desencajada al no coordinar con su apariencia frágil.

Por ello, no podía evitar sentirse mal al verla como una amenaza. Pues no lo era. No era su enemiga ni mucho menos un obstáculo. Porque sabía de sobra que la Hyuuga sólo tenía ojos para Sasuke.

Tanto Naruto como ella salían sobrando en la ecuación.

Rió amargamente mientras negaba con la cabeza.

Que desafortunada era.

Tan patética.

Pero no era capaz de darse por vencida. A pesar de que el pronóstico era de lo más desalentador para su amor, no podía darse por vencida tan fácilmente. No era un sentimiento tan superficial como para ser derrotado por ese detalle imprevisto. Había decido esforzarse hasta el último segundo antes de renunciar. Al fin y al cabo, las chicas enamoradas, tenían que ser fieles a sus sentimientos, porque el amor no era una cosa sencilla y nunca nadie dijo que podía ser sencillo llegar a él. Sólo tenía que controlar un poco mejor su corazón y actuar con paciencia.

El futuro no estaba escrito aun.

— ¡Sakura, Ino acaba de llegar!—escucho la voz de su madre desde el vestíbulo y simplemente atinó a dejar escapar una sonora exhalación antes de darse un pequeño golpe en las mejillas.

Bien, era hora de seguir luchando una vez más.


Guardó en su mochila la bolsa de papel con discos de acetato que acababa de comprar en la tienda de antigüedades a la que solía ir siempre. Tenía nuevo material para agregar a su colección y eso lo ponía de buen humor. Se acomodó la mascarilla que cubría gran parte de su rostro. Estaba tan acostumbrado a llevarla, que para ser honesto ya había olvidado la razón por la que comenzó a esconder su cara. Probablemente sólo era costumbre a estas alturas de su vida. Y sinceramente no le apetecía cambiar su hábito por el momento. Levantó la mano para revisar la hora que marca su reloj de muñeca y no le sorprendió ver que faltaba un cuarto para las cuatro de la tarde, el sol comenzaba a ponerse, en invierno duraba tan poco el día que tenían que aprovecharse correctamente las horas de luz en Tokio. Había hecho todas sus diligencias sin ningún contratiempo, por lo que no había problema si empezaba a oscurecer. En su diestra cargaba un par de bolsas con logotipos de tiendas para artículos de oficina y materiales de papelería; por lo tanto, una vez se hubo asegurado de tener la mayor parte de sus compras hechas, concluyó que era una hora adecuada para comer algo, después regresaría a casa para dejar todo antes de reunirse con Hanare.

El peligris esperó pacientemente en el cruce peatonal de la calle principal y contó mentalmente cuantos segundos había entre cada cambio de luz. Vio hacía el cielo un poco aburrido y vislumbró los matices azul, rosado y naranja que coloreaba el firmamento de un característico crepúsculo; los rayos del sol creaban un halo luminoso que chocaba contra los grandes edificios y las luces de las calles comenzaban a encenderse. Según recordaba haber escuchado en las noticias de la mañana, por la noche bajarían las temperaturas unos diez grados quedando bajo cero, por lo que se recomendaba salir bastante abrigados si es que se tenía tal necesidad. Lo cual le hacía memorar el enviarle un mensaje por LINE a Hanare para que se abrigase bien al ir a su encuentro.

Una mujer podía ser bastante contradictoria con el clima por pura vanidad. Aunque Hanare era más del tipo que le venía de perlas usar ropa deportiva y cómoda para salir, pero dado que iban a ir a un restaurante medianamente elegante no fuera a ser que se le ocurriese llevar vestido o algo parecido.

El semáforo cambió y bajó cuidadosamente la banqueta para atravesar la calle llena de coches esperando su turno. Las personas que le rodeaban iban y venían en multitudes gigantes, produciendo a su vez un cierto calor humano que hacía menos fría la travesía.

Ninguna persona podía aislarse completamente, pensó siendo increíblemente consciente de los seres que le rodeaban. Desde el distraído adolescente que caminaba ensimismado en su móvil como si su espalda fuera a arquearse en una posición incómoda por ese condenado aparato, hasta reparar en los veloces hombres asalariados que iban de un lado a otro deseosos de retornar a casa, no pasaba por alto ni siquiera a las jóvenes parejas y familias que también componían la pintura callejera. Todo el mundo estaba conectado, aunque no precisamente era necesario que se conociesen los unos a los otros, bastaba con ser parte de ese ecosistema, de compartir un mismo tiempo y espacio, así como ser abrazados por aquel amplio cielo que donde quiera que fuera, sería el mismo en todos lados. Si algo había aprendido al crecer con los obstáculos que se habían presentado en su vida, era que, las cosas más maravillosas nunca se lograban por uno mismo, siempre había una ayuda extra. Claro, lo más esencial para lograr aquello tan fantástico, era sino, la misma voluntad de los humana; tan misteriosa y poderosa que era incluso tan sorprendente como los mismos milagros.

Le encantaría decir que era un adulto lo suficientemente adecuado para transmitir ese mensaje a otras personas, pero la verdad es que aún no se consideraba un hombre capaz de derramar semejante sabiduría. Sin importar su edad actual, había montones de cosas que todavía necesitaba cambiar, pero estaba absolutamente seguro que avanzaba hacía la persona en la que quería convertirse. El camino no había sido fácil y estaba al tanto que el tramo por delante no lo sería tampoco. Aun había muchos aspectos que refinar, errores de los cuales tenía que hacerse responsable y lecciones que debía aprender de los que lo rodeaban.

Había varias personas a las cuales no quería decepcionar.

Alcanzó a distinguir la entrada de la estación de tren más cercana y decidió detenerse un poco en la fachada para revisar su móvil. Deslizó su indicie por la pantalla táctil y abrió la aplicación que Kurenai le había recomendado el otro día en la sala de profesores. EatingTODAY era muy práctica a la hora de encontrar restaurantes y cafeterías cercanas a su posición. La tecnología siempre lo dejaba maravillado al facilitar tanto las cosas para las personas que honestamente no tenían tiempo que perder en esa clase de trivialidades. Revisó minuciosamente las recomendaciones y trató de decidirse entre un restaurante de Ramen o una barbacoa coreana.

Sintió un leve empujón en su espalda. Sus ojos se abrieron ligeramente por el sobresalto y viró automáticamente para ver al culpable del choque.

—L-lo siento mucho…—los largos mechones azulados revolotearon en el espacio entre los dos cuando su portadora ágilmente inclinó la cabeza, avergonzada del incidente, haciendo una torpe reverencia para pedir disculpas.

—¿Hyuuga?—musitó levemente extrañado reparando cuidadosamente en la forma de sus pequeños hombros envueltos por el abrigo verde musgo.

—¿Huh?—la causante del incidente se detuvo en cuanto escuchó la voz del afectado. Enderezó su cuerpo tan rápido como pudo—. ¿Kakashi-sensei? ¡Oh mi…! ¡En verdad lo lamento Sensei!—exclamó llevándose las manos al rostro para tratar de esconder su bochorno.

El mayor sacudió una mano.

—Está bien, no fue demasiado de todas maneras—aseguró encogiéndose de hombros.

—Aun así… yo fui descuidada—sus mejillas adquirieron cierto tono carmín.

—Olvídalo, está bien.

—Pero…

—Dejando eso de lado, ¿qué haces por aquí?—cuestionó desviando el tema de conversación. No quería escuchar sus disculpas, porque ella no había hecho nada con lo que valiera la pena molestarse.

—Vine a acompañar a mi hermana menor, hoy se iba con su club de la escuela a un campamento de invierno—explicó con una mueca ligeramente contrariada.

La verdad es que había estado tan distraída con su teléfono celular que al salir de la estación no se había fijado bien por donde andaba. Era realmente vergonzoso haber tropezado con otra persona por su negligencia, y el que ésta fuera Kakashi, lo hacía un poco peor. Pero él amablemente estaba tratando de aminorar su pavor al actuar tan despreocupado.

Era demasiado amable de su parte.

—Ya veo, entonces me imagino que vas de regreso a casa—atinó a decir mientras guardaba su móvil dentro del bolsillo de su chamarra. Ella levantó el rostro para verlo directamente, al final de cuentas el peligris le sacaba un palmo y medio.

—En realidad tenía planeando ir a una librería cercana—anunció ella—. Sensei vino por unos recados, ¿no es así?

—Me atrapaste, necesitaba algunos materiales—le mostró las bolsas de sus manos.

—Debe ser duro llevar al cabo los cursos de recuperación.

—Que va, no son tan difíciles, por suerte terminan la primera semana después de año nuevo

—Eso es bueno entonces.

—Por cierto, Sasuke lo ha estado haciendo bien, ¿sabes? No ha faltado a las clases suplementarias y sus trabajos están siendo entregados correctamente—comentó memorando brevemente los días pasados—. Si continua así y entrega sus actividades atrasadas, tiene muy buena oportunidad de recuperarse y graduarse junto con todos.

Hinata sonrió y el Hatake fue testigo de cómo la luz iluminó su rostro.

—¿En serio?

—Sí, aunque, eso no quita el hecho de que se negó a presentar el examen de ingreso para alguna universidad. Sin embargo espero que sea posible convencerlo de ingresar el próximo curso.

—Sería maravilloso que lo hiciera—suspiró recordando las infructuosas conversaciones que tenía con el moreno sobre dicho tema. Sasuke siempre se iba por la tangente cuando ella mencionaba cosas como el futuro y los estudios superiores. Casi como si él se negara a contemplar más allá del horizonte.

—Hablando de eso, escuché de Kurenai-sensei que tú tampoco aplicaste a una universidad Hyuuga—soltó, ella se congeló un momento. Luego su sonrisa se borró poco a poco, quedando una extraña curva indescifrable.

—Decidí tomarme un descanso de los estudios—excusó.

No podía decirle que se debía a que no quería que su familia gastase en algo que, a la larga, no podría ser capaz de terminar. Suficiente tenían con las facturas del hospital y la matrícula de su primo. Pese a que el negocio de su padre era bastante estable, no podía permitir que gastase en algo así.

El Hatake no necesitó indagar más al respecto, pues sabía de sobra que aquella era una mentira.

No es que ella no tuviera sueños o aspiraciones, tampoco es que deseara quedarse atrás. Quizás era por su edad, o por sus años de experiencia en el área de educación, pero sabía que una persona como esa chica, debía tener sueños tan grandes como su corazón. Seguramente existía algo que quisiera hacer, alguna carrera u oficio al cual dedicarse apasionadamente. Sus ojos, tenían ese brillo. Eran los ojos de una joven ansiosa por descubrir el mundo, escoger su propio camino, equivocarse y volver a intentarlo; eran los ojos de alguien que añoraba el futuro tan brillante y tentador. No obstante también había un matiz distinto, el de alguien que ha aceptado un destino diferente y que no era capaz de hacer mucho por cambiarlo.

Hinata, no tenía tiempo.

¿Qué tan injusta podía ser la vida con ello?

—Entiendo—expresó luego de una prolongada pausa—. Hyuuga—llamó y ella lo miró curiosa.

—¿Huh?

—¿Tienes un poco de tiempo?

Nunca podría perdonarse a sí mismo por haber puesto una carga tan pesada en los hombros de esa niña debido a su propia incompetencia. Pero no servía de nada lamentarse como un patético adulto. Él había decidido cambiar su manera de ver el mundo y la forma en que influía en las personas. Ella le había enseñado eso, y aunque era poco genial, deseaba desesperadamente aferrarse a ese ideal.

No se haría de la vista gorda nunca más.

Al fin y al cabo, Sasuke no era el único que necesitaba ser salvado.

Hinata miró disimuladamente a su alrededor, reparado a consciencia en cada uno de los detalles que le rodeaban. De alguna manera había terminado en una cafetería de aspecto rustico, con paredes construidas de muros hechos de piedras y extensiones de ladrillo rojizo. Las columnas que daban soporte al techo eran ligeramente curveadas en lo alto con unos moldes en la base de formas simétricas. Las mesas de cuatro plazas estaban hechas de caoba tallada y se notaba que estaban bien cuidadas. Habían cogido asiento cerca de los ventanales que componían la pared frontal y a su espalda había un espacio lleno de fotos, tanto enmarcadas, con un evidente estilo vintage, si ponía atención lograba captar la fecha en las esquinas de las imágenes que databan desde 1950; incluso había un enorme pizarrón de corcho en el cual se esparcían elaborados conjuntos de fotografías instantáneas. El aroma a café y mantequilla del pan recién horneado impregnaba el ambiente, y una canción de un grupo extranjero sonaba por lo bajo mezclándose armoniosamente con los mormullos de los clientes.

La Hyuuga volvió su atención a su propia mesilla y miró fijamente al peligris que tenía la cabeza recargada en el dorso de su mano mientras leía su librillo de pasta naranja que siempre traía. Frente a él estaba su taza de café Amaretto* a medio tomar y ella por su parte apenas le había dado dos sorbos al Caramel Macchiato que había ordenado.

—Kakashi-sensei…—llamó y el mayor despegó sus ojos de la lectura.

—¿Hmm?

—Yo… me preguntaba por qué estamos en este lugar—murmuró paseando sus ojos de un lado a otro—. Creí que sólo iríamos al Combini* que estaba cerca de la librería—exclamó recordando al Hatake decir que le apetecía un café cuando le estaba haciendo compañía en la tienda a la que solía ir antes de quedarse internada en el hospital.

Usualmente buscaba uno que otro libro interesante para leer durante su estadía en el nosocomio. Por ello le había parecido buena idea buscar algunos epitomes antes de ir a casa de Sasuke. Le tomó menos tiempo del que había pensado encontrar los libros que llevaría con ella, había sido más rápido con la amable orientación de Kakashi-sensei. No era para menos, siendo profesor de literatura, resultaba natural que supiese cuales obras valían la pena.

—¿Es así? Lo siento—rascó su nuca mientras su ojo visible se curveaba al sonreír bajo la máscara—, sólo creí que este lugar sería más apropiado—agregó y Hinata sintió por un segundo que diría algo sobre los caminos de la vida como usualmente hacía en clase.

Aunque no fue así.

—¿Apropiado?

—Sí.

—¿Apropiado para qué, Sensei?

—Hyuuga—pronunció enderezándose en su sito. La miró fijamente, casi sin pestañear—. Hay algo que quiero preguntarte.

—¿Huh?—la ojiperla parpadeó aturdida, no era común ver al Hatake tan serio.

—¿Realmente crees que tienes tiempo para seguir ocupándote de Sasuke?

—…

—Probablemente en este punto no soy quién para hacerte este tipo de cuestionamientos. Soy un adulto patético que perdió algo de su valor después de todo, pero a pesar de ello. Quiero saber sinceramente cuáles son tus pensamientos—expresó—. Ha sido muy duro para ti todo es tiempo, y sé que tienes cosas más complicadas de las cuales ocuparte en tu propia vida, también estoy seguro que nunca podré pagarte por tomar a ese niño tan problemático bajo tu cuidado—continuó—. Eres una chica bastante fuerte, pero no tienes por qué forzarte si las cosas son demasiado duras. Incluso puedes tratar de usar tu tiempo para hacer lo que realmente quieres y…

—Kakashi-sensei—interrumpió con la voz ligera, él se calló súbitamente—, usted sabe la verdad sobre mí— se llevó una mano al pecho—. Por lo que también sabe que yo no puedo renunciar fácilmente—cerró los ojos para sentir ese martilleó en su pecho—. Agradezco sus palabras, sé que está preocupado por nosotros— esbozó una pequeña curva—. Pero estoy segura que quiero usar el resto de mi tiempo al lado de esa persona.

—…

—Yo, no creo tener un sueño en específico, ¿sabe?—miró hacía fuera de la ventana. La oscuridad de la noche era iluminada por las luces artificiales de la ciudad—. Siempre he sido una simple espectadora, las personas avanzan constantemente a mí alrededor y yo no puedo hacer nada para ir con ellos. Creí que eso era lo único que haría por el resto de mi vida. Pero cuando me encontré con él, lo supe. Había algo que solamente yo podía hacer—apretó el puño—, quizás no sea la indicada para esa labor, porque él no necesita a otra persona que vaya a desaparecer de su vida. Sin embargo, no puedo echarme hacía atrás otra vez. Estoy completamente acabada ahora—suspiró—. Mi deseo más egoísta es permanecer al lado de Sasuke hasta que llegue el final. ¿Cree que podré ser perdonada si digo que quiero que él viva por los dos?—rió sin mucha felicidad—. Probablemente Dios pueda castigarme si lo se lo digo directamente a él.

—No creo que Dios pueda castigarte por ello.

—El peso de quedarse atrás y vivir por el que ya no estará más… es demasiado para llevarlo dos veces, ¿no?

A veces pensaba que era una persona bastante cruel, aunque sabía muy bien como terminarían las cosas. Seguía aferrándose a sus deseos egoístas. Las heridas que su adiós causaría, tendrían que ser soportadas por una persona que ya había pasado por una perdida inesperada.

—Pero no es imposible vivir con ello—aseguró el mayor luego de una larga pausa. Esa chica siempre decía cosas que lo tomaban con la guardia baja. Pero entendía su reflexión al respecto. Acarició la correa de su reloj. Ese podía ser un peso bastante peligroso.

Hinata sonrió.

—Por eso me quedaré a su lado, porque tenemos que despedirnos correctamente para que él siga adelante.

Usaría todo el tiempo que le quedaba para hacer fuerte el corazón que dejaría atrás.

El hombre del que se había enamorado, no era tan débil después de todo.

Kakashi la observó, maravillado con la forma en que su cabeza llegaba a esas conclusiones tan determinantes.

—Vale—exclamó—, yo te echaré una mano.

No podía simplemente quedarse mirando.

—Gracias—inclinó su cabeza.

A pesar de sus propias palabras, para ella, Kakashi era un adulto apropiado, uno del cual se podía depender completamente.

—Ahora, será mejor terminar esto antes de que se enfríe—masculló el peligris haciendo un leve movimiento con su cabeza para apuntar las tazas. Hinata asintió y cogió la oreja de su porcelana.

Su móvil comenzó a vibrar sobre la mesa y la Hyuuga dejó de lado su bebida para tomar el aparato entre sus manos y contestar la llamada que recién entraba.

—¿Hola?, Kiba-kun—musitó limpiándose la comisura de los labios. El Hatake la miró de soslayo—. ¿Eh? Ah, sí, gracias. Está bien, no te preocupes demasiado. Puede que sea mi cumpleaños, pero no es la gran cosa, incluso yo a veces lo olvido—exclamó con tono comprensivo.

Kakashi abrió ligeramente los ojos.

¿Cumpleaños? ¿Era su cumpleaños?


El camino de regreso, fue bastante silencioso. Ninguno de los dos habló mientras el auto negro que la castaña manejaba, avanzaba por las calles oscuras de la ciudad. La calefacción estaba encendida y el débil brillo del tablero armonizaba con la luces de exterior. La radio estaba puesta en una estación, pero el volumen era realmente bajo como para saber a ciencia cierta cuál melodía resonaba. Sasuke recargó la cabeza contra el vidrio de la puerta del copiloto y dejó que sus pensamientos vagaran en las líneas desdibujadas de los edificios. No había querido decir ni una sola palabra desde que dejaron el cementerio e Izumi respetó su mudez. Sabía que el necesitaba su tiempo para sopesar las cosas que habían hablado en la necrópolis. Probablemente para él era muy difícil tomar sus palabras en serio. Comprendía que no fuera sencillo aceptar que no era su culpa, después de todo había estado viviendo un año completo siendo carcomido por su pecado, sintiendo que merecía cualquier castigo que se le ocurriese a la vida para imponerle. Había pensado que lo más duro sería darse cuenta de que no podía perdonarlo o que lo odiara pese a todo; no obstante, era lo contrario y eso sólo provocaba un desasosiego enorme en su alma al percatarse que el moreno había sido el más herido al final. Él había tenido que soportar el infierno completamente solo y ella lo había dejado atrás por salvarse a sí misma. Nunca podría recompensarle todo el dolor que eso le había causado y estaba segura que Itachi estaría decepcionado. No tenía excusa valida, simplemente fue una cobarde que salió por pies a la primera oportunidad.

Apretó las manos entorno al volante y su labio inferior fue presionado por sus dientes.

Se sentía tan mal.

Dobló en la siguiente cuadra y logró vislumbrar la fachada del edificio departamental. Giró el comando y movió la palanca de los cambios para estacionarse justo frente a la entrada. El azabache desabrochó el cinturón y sin esperar a que la mayor hiciera lo mismo salió del interior.

Izumi abrió la boca, pero ninguna palabra coherente salió de ella. Volvió a cerrarla y bajó tan rápido como pudo.

—¡Espera!—llamó sosteniéndose de la puerta con las luces del coche todavía encendidas. Sasuke se detuvo en su camino a media puerta de la reja del complejo, más no se giró a verla.

—…

—Yo… yo volveré a Hokkaido* la próxima semana, si… si tú quieres… podrías… podrías venir… conmigo—exclamó con el corazón latiéndole vertiginosamente en el pecho. El Uchiha viró un cuarto, lo suficiente para mostrarle parcialmente el rostro.

—Eso no es necesario Izumi-san.

—¡Pero…!—sus nudillos se hicieron blancos por la fuerza con la que apretaba las manos—, no quiero que estés solo—sabía muy bien que estaba siendo una total hipócrita. Ahora decía aquello, pero hacía un año se había desatendido por completo del asunto a un a pesar de saber que no tenía más familiares que pudieran hacerse cargo de él.

No tenía ningún derecho a pedirle eso después de abandonarlo como a un gato en la calle.

—Nosotros…—se giró completamente. Izumi tembló. Esos ojos, eran demasiado fríos para pertenecer a un niño—. Nosotros ya no tenemos que ver nada el uno con el otro. Si lograste escapar, no intentes volver—la miró estrechando sus orbes.

¿Era odio? ¿Ira? ¿Tristeza? ¿Cuál sentimiento perturbaba su mirada? No creía ser capaz de descifrarlo.

—Eres como un hermano menor para mí, Sasuke yo no…

—Eso no te detuvo hace un año—escupió con cierto rencor entre sus palabras—. No hiciste mal Izumi-san—musitó congelando su expresión de forma impávida—. De hecho fue bastante astuto irte así. Tú nunca hubieras sido feliz si te quedabas aquí.

El no merecía felicidad, por lo tanto ninguna persona a su lado la obtendría tampoco.

¿Por qué lo había olvidado?

—Sólo te estabas engañando—susurró el Itachi de sus pensamientos y en esta ocasión, al contrario de todas las veces en las que aquellas alucinaciones auditivas lo atormentaron en sus oídos, por un segundo tan fugaz que casi sintió que sólo estaba imaginándose cosas por todo lo que había pasado durante el día, vio la silueta de su hermano parada detrás de Izumi.

—Yo… no soy capaz de responder apropiadamente eso—confesó la castaña bajando el rostro levemente—, pero no creo que hubieras sido la razón de mi infelicidad Sasuke.

—Vive tu vida Izumi-san—pidió tratando de ignorar el impacto que el rostro de su hermano había provocado en su cabeza. La cual estaba demás decir que era un desastre—, no regreses aquí, aférrate a tus decisiones—le dio la espalada—. No seas tan débil—gruñó, aunque esa última línea, no estaba del todo seguro para quién iba dirigida.

Nuevamente le dio la espalda y comenzó a avanzar hacia el interior del edificio.

Izumi levantó una mano hacía su dirección, como si pretendiera alcanzarlo, pero se detuvo a medio camino de llamarlo nuevamente. Su espalda se veía tan lejana, la distancia que los separaba había aumentado el doble de lo que era en el pasado. Si había dicho que antes sentía un muro entre ella y el mundo donde los Uchiha estaban, ahora que sólo él se había quedado en ese lugar, era como si hubiera continentes de distancia.

Sentía que nunca más podría volverlo a alcanzar.

No obstante, ella ya no tenía derecho alguno para romper la pared. Probablemente Sasuke tenía razón. No debería tratar de corregir las decisiones que ya había tomado. El pasado no podía cambiarse, no importa cuánto se le rece a los dioses. Eso sólo significaría que a pesar de haber seguido avanzando, estaba totalmente estancada, dando vueltas en círculos sobre sus propias pisadas; y ella ni siquiera lo había notado. Tan patética, y falsa. Seguía igual de rota y los restos de su persona no podían volver a ser pegados.

Una lágrima rodó por el filo de su barbilla.

Aún era extremadamente débil.

Sasuke caminó sin mirar atrás, avanzando poco a poco el trayecto que le quedaba por llegar a casa. Subió los escalones y al girar en el primer tramo de la siguiente planta. Se topó nuevamente con aquel fantasma tan irrealista y al mismo tiempo tan parecido a su hermano.

—Vaya pedazo de hombre eres—exclamó recargado contra la baranda.

Sasuke lo ignoró.

—…

—¿Realmente creías que ella estaba diciendo la verdad?—cuestionó al aparecerse de nuevo en el siguiente tramo de escaleras.

—…

—Ella sólo estaba tratando de calmar su propia culpa—aseguró—, no hay forma en que realmente pueda estar bien para ella vivir con la persona que me asesinó.

Llegó a su piso y pasó de ese demonio como si nada. Metió la mano dentro del bolsillo de su chamarra para buscar la llave de su apartamento. Su móvil vibró y lo sacó frente a la puerta de su casa.

Era un mensaje del gerente.

"¿No vendrás por tu cheque?"

Ah, lo había olvidado.

—…

—¿Hmm? ¿Seguirás pretendiendo que no pasa nada?— el moreno se recargó junto al portón mirándolo fijamente—. Tú ya no puedes vivir como un ser humano—acusó cando lo vio tirar del pomo.

Sasuke se quitó el abrigó y lo dejó caer en el piso al mismo tiempo que se quitaba los tenis. Se detuvo justo frente al pequeño espejo del pasillo de la entrada.

—…

— Sólo debes aceptarlo Sasuke—murmuró aquella valkiria que tomaba la forma de su hermano mientras lo sostenía de la quijada y se asomaba por sobre su hombro en el reflejo del menor.

—Cállate.

—Eres un monstruo—pronunció.

—Cállate.

—Igual que yo.

—¡Cállate!—gritó estrellando el puño contra el espejo rompiéndolo en el acto. Grandes grietas marcaban los pedazos en que se había partido el pequeño retrato.

La sangre brotó.

Y su mente se nubló.

Sólo quería que todo se apagara, que no hubiera ruido ni movimiento. Sólo deseaba que la oscuridad lo engullera vorazmente para ya no sentir nada.

No quería ser feliz y tampoco quería ser patético.

Ya no quería nada.

Ah, ahí estaban de nuevo esas extrañas lágrimas.


.

Desearía haberlo sabido antes, haber visto las señales quizás hubiera sido bueno.

Pero yo no podía salvarte.

.


.-*+*-.

Continuará

'-+*+-´

.


Espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews, Follows, y Favs. Me alegra saber que les gusta esta historia, en serio, ustedes son mi apoyo para continuar cuando más difíciles están las coss. Feliz año a todos, aunque sea atrasado. La verdad es que este tiempo estuve bastante ocupada y le di vueltas a un montón de cosas. Sin embargo uno de mis propósito de este 2018 es terminar con los proyectos que tengo, y créanme, eso haré sin falta. El próximo episodio estará disponible este miércoles, ya sólo tengo que darle los toques finales, también, entre mañana y el martes subo el de Counting Stars y otro más del de Haikyuu. Lamento los errores, trataré de corregirlos.

1*Galantos: Galanthus L. es un género de unas 20 especies de plantas herbáceas, perennes y bulbosas, originarias de Europa y Asia y perteneciente a la familia Amaryllidaceae. La especie más popular de este género es la "Campanilla de Invierno" (Galanthus nivalis).

2*Copos de nieve: Es un arbusto caducifolio que alcanza los 4-5 m de altura. Las hojas son opuestas, trilobuladas de 5-10 cm de longitud y ancho, con base redondeada y márgenes serrados. Las flores son hermafroditas de color blanco producidas en corimbos de 4-11 cm de diámetro en la cima de los tallos. El fruto es una drupa globosa de 7-10 mm de diámetro conteniendo una sola semilla. Las semillas son comidas por los pájaros que la dispersan.

3*Café Amaretto: El Café Amaretto es una bebida de café italiana y se toma después de cenar. Un Café Amaretto auténtico se prepara con licor de Amaretto. Hay variaciones que usan járabe saboreado de Amaretto que es una versión del café Amaretto sin alcohol.

5*Combini: Se llaman tiendas de conveniencia a los establecimientos con menos de 500 m², con un horario comercial superior a las 18 horas, un periodo de apertura de 365 días del año. De ahí el nombre popular de 24 horas.

6*Hokkaido: Hokkaidō (北海道 literalmente, «camino del mar del Norte»); (Speaker escuchar) en ainu Aynu Mosir «Tierra de hombres», conocida anteriormente como Ezo (蝦夷) o Yezo, es la segunda isla más grande de Japón. El estrecho de Tsugaru la separa de la gran isla de Honshu aunque permanecen unidas a través del túnel Seikan. La mayor ciudad de Hokkaidō es Sapporo, su capital.

Sin más por aclarar.

Akari se despide.

Yanne!