Infinitas gracias a quienes se dan el tiempo de leer esto que proviene de mi trastornada cabeza.
los personajes pertenecen a SM. La historia es mía.
Capítulo 18.
Consecuencias de una vida de mentiras.
"El engaño es temporal, la traición es instantánea y sus consecuencias son devastadoras y prolongadas."
Al escuchar la puerta cerrarse, Edward comenzó a sentir como lagrimas silenciosas corrían por sus mejillas. Lloraba por Irina, por Ted, por el hijo que nunca conoció, por las circunstancias, por Bella. Pero sobre todo, lloraba por ser un maldito mentiroso egoísta. Uno que habría hecho lo que fuese con tal de que ella se quedara por siempre a su lado.
Recostándose en el sofá, se limpió las lágrimas con el dorso de su mano. En este momento ya no servía de nada llorar. Una vez más había comprobado que las personas nunca se quedarían con él, por más que lo juraran. No había nadie en la fase de la tierra que soportara todo lo que él era. Él estaba destinado a quedarse solo.
Así que hundido en su propia miseria, estiro su brazo derecho, abrió el cajo que estaba en la mesita de alado. De donde extrajo una jeringa, con un líquido amarillento ya conocido por él.
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Al otro lado de la ciudad. Bella iba caminando por la calle. Aun lloraba sin parar. Las confesiones de Edward la habían dejado exhausta. Eran tantas cosas por digerir, tantas cosas en las cuales pensar. Que ni siquiera se había detenido a pensar hacia donde se dirigía. Caminaba sin rumbo fijo a través de la ciudad.
De un momento a otro llego hasta la famosa torre Willis. Lloro aún más fuerte cuando los recuerdos de su cita con Edward en ese lugar la golpearon. Todos los buenos momentos a su lado parecían alejarse en un suspiro, y con ellos se iban los besos, y te quieros.
Sin querer estar un momento más en completa soledad. Comenzó a caminar rumbo a su departamento. Necesitaba llegar a tomar un baño y poner en ordenar todas sus prioridades. En ese momento, mientras caminaba su celular comenzó a sonar.
En un principio no pensaba contestar, pero al ver quien era lo hizo.
—¿Todo en orden? — pregunto tratando de que su voz se escuchara lo mejor posible.
—Por mi parte si—contesto Vincent.
Bella suspiro en un intento por controlarse.
—pero escucho que tu no. — dijo con pesar. —¿Te encuentras bien?
La castaña comenzó a negar aun sabiendo que su hermano no podía verla.
—Termine con Edward—soltó.
Vincent se paralizo al escuchar la noticia.
—¿Por qué? —pregunto extrañado. La última vez que los vio juntos, había notado que todo era perfecto entre ellos.
—Me ha mostrado su verdadero rostro— susurro con voz rota.
—Nos vemos en diez minutos en tu departamento. —ordeno Vincent.
Bella no dijo nada. Colgó la llamada y continúo con su camino.
El camino a su apartamento se le hizo más largo que otros días. No había parado de llorar en todo el trayecto. Al parecer toda la ciudad le recordaba momento a su lado. Cada rincón parecía tener algo de él.
Echa un mar de lágrimas llego a la puerta. Vincent ya la esperaba recargado en esta. Al ver tan desecha corrió a su encuentro, estrechándola fuertemente contra su pecho. Cuando Bella sintió los fuertes brazos de su hermano a su alrededor sujetándola, se rindió. Se aferró a ellos como si su vida dependiera de ello.
—Me ha roto el corazón—susurro entre el llanto.
—Shshsh— la callo mientras la consolaba. —Tranquila.
Bella negó. Antes de separarse bruscamente de su hermano.
—¡El me mintió! —grito. —Hiso la única cosa, que él sabía, que nunca le perdonaría. —dijo con voz entre cortada. —¡El me mintió! —volvió a gritar. Dejándose caer en el suelo. —El me mintió— susurro para sí.
Vincent se pasó una mano por el cabello antes de agacharse y recogerla. Se sentó en el suelo, con ella entre sus piernas. La abrazaba como quien sostiene un bebe.
—Tranquila—le susurro mientras pasaba una mano por su cabello. —Necesito que te calmes, para que podamos hablar.
—Es que no hay nada de qué hablar—murmuro con voz cansa.
—Dime que paso. —pidió. —Necesito saber lo que sucedió, para poder entenderte.
—El me destrozo.
—¿De que manera?
—La peor de todas. Primero me llevo al cielo, para que pudiera tocar las más suaves y aterciopeladas nueves. Para después dejarme caer hasta lo más obscuro de infierno.
Vincent cerró los ojos al escuchar a su hermana. Al parecer, Edward le había dado en el punto más débil que su hermana poseía.
Sin dejarlo hablar. Bella comenzó a platicarle lo que había ocurrido. Todo lo que Edward le había contado, se lo estaba diciendo ella a su hermano. Le dijo todo, hasta el más insignificante de los detalles. Incluso le conto la historia a su lado, a excepción de los momentos más íntimos. Esos solo eran de ellos.
Vincent no interrumpió ni una sola vez a su hermana. En completo silencio escucho toda la historia, digiriendo poco a poco lo que ella decía. La sostuvo todo el tiempo, y un poco más fuerte, cuando ella se quebraba. Al final de la historia, el veía todo desde otro punto de vista. No condenaba a Edward, ni tampoco hacia una mártir a su hermana.
—A mi parecer, él en lo único que te fallo. Fue a la hora de mentirte. —Bella volteo a verlo aun con los ojos vidriosos. —Me refiero a que, al no haberte dicho que estaba "casado" fue en lo único que mintió.
Bella negó. Sin embargo antes de que pudiera protestar, Vincent prosiguió.
—Desde mi punto de vista, él te conto sus sucesos con las hermanas Denali, nada más para demostrarte cuanta confianza te tiene, porque de haberlo querido, el bien podía haberse guardado todo. Ya que a ti no te incumbe nada de lo que paso.
—¡¿Qué dices?! — pregunto indignada.
—Que estas llorando tan solo porque tienes miedo. —Bella lo miro con enojo. —Vamos, no me mires así. —la reprendió. — Ambos sabemos que más haya de estar dolida por las mentiras, estas asustada —ella negó—¡Claro que sí! —La acusó— Tienes miedo de que la historia se vuelva a repetir. De que Edward se aburra de ti y comience a buscar otras.
Al escuchar su miedo en boca de alguien más, hizo a Bella levantarse de un salto.
—No sabes lo que dices— murmuro mientras negaba.
—Por favor Bella. —dijo levantándose. —Él no se va aburrir de ti. Si te ha contado todo, es porque piensa seguir contigo por mucho tiempo. Nadie contaría todo eso a la ligera. No te lo hubiera dicho si pensara hacer lo mismo contigo.
Bella lloro una vez más.
—Además, a mi parecer aquí la que más mintió fuiste tú.
—¿Yo? —pregunto confundida.
Vincent asintió.
—Tú le prometiste quedarte con él. Por muy malas que fueran las cosas. Le dijiste que no te irías de su lado, le prometiste recuerdos felices, ya que el carecía de ellos. Le diste la peor cosa que jamás tuviste que haberle dado. —ella levanto la cara. — Le diste lo único que él nunca ha tenido. Esperanza. Lo llenaste de ella, para después quitársela y abandonarlo.
Bella miro directamente a su hermano. Ahí frente a ella, estaba una de las únicas personas a las que no les podía mentir. Ya que si alguien la conocía. Era Vincent. Sin pensarlo, volvió abrazar a su hermano. Tan fuerte que comenzó a llorar una vez más.
—Tranquila—le susurro, pasando su mano por su cabello. —Lo echo, echo esta—afirmo. —Si lo dejaste fue por algo. Algo en ti te decía que era lo correcto. Y a mi parecer, estarán mejor así.
—¡¿Qué?! —pregunto tratando de no exaltarse. Fallando estrepitosamente en el intento.
—El al ser un músico, ama de manera pasional, más allá de la razón. —comenzó a explicar. —El necesita alguien que lo ame incondicionalmente. Más allá de todo. Y tu—dijo tomando su rostro entre sus manos. —Eres racional y visceral. Necesitas que todo este fundamentado, crees en la verdad. Por lo tanto necesitas alguien que te amé, sin tener miedo a demostrarlo, alguien que te hable con la verdad desde el principio. No un mentiroso. —Se detuvo mientras le limpiaba una lágrima traicionera. — Ambos merecen lo que están buscando, anqué tengan que separarse para conseguirlo.
Sin decir algo más la conversación termino. Vincent tomo a su hermana. La llevo dentro. Donde le dio un café antes de acostarla a dormir. El por su parte alisto todo para quedarse con ella.
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Dos semanas había pasado desde que terminaron.
Edward había vuelto a las andadas. Había dejado la cocaína a un lado, tan solo para adentrarse con la heroína. Desde un par de noches, antes de que Bella lo botara. Él había adquirido el horrible gusto por meterse agujas al cuerpo. Dejo la cocaína, debido a que la droga ya no causaba el mismo efecto en él. Así que incursiono en la heroína.
Los días para él transcurrían como una pesadilla, todo se había vuelto negro a su alrededor. Con neblina cubriendo todo a su paso. No se había podido concentrar en nada. Ni siquiera en su música. El rompimiento con Bella lo había destrozado. Hasta que una mañana, Alex y Rosalie fueron a buscarlo.
Edward se encontraba sumido en un sueño profundo. En el sueño, él estaba corriendo. Corría al lado de joven como de dieciséis años. Ambos reían mientras se aventaban agua. Todo era perfecto y placentero. Hasta que unos fuertes golpes en la puerta llamaron la atención de Edward. A regañadientes dejo ir el único sueño bueno que no había tenido en años, para ir abrir.
Se levantó molesto. Arrastrando los pies en el camino. Sin detenerse a pensar quien podría ser, abrió la puerta. Grande fue su sorpresa al ver a sus dos mejores amigos parados frente a él.
En cuanto Rose y Alex vieron a Edward, supieron que el necesitaba esa ayuda más de lo que ambos suponían. Lucía cansado, ojeroso y más delgado de lo común. Con el cabello revuelto como siempre, aunque con un ligero almohadazo. Y su barba estaba más larga de lo habitual.
—¿Qué hacen aquí? —pregunto el cobrizo con desdén.
—También nos da gusto verte—contesto Rose con sarcasmo.
Edward les hizo una mueca de desagrado antes de hacerse a un lado, para dejarlos pasar. Sin esperar una invitación, ambos entraron. Miraron hacia todos lados al entrar. El lugar estaba pulcramente limpio y acomodado. A excepción de una cobija que estaba en el sofá. Señal de que Edward estaba dormido ahí.
—Es el momento— dijo Rose.
Edward levanto una ceja.
—Tienes que avanzar— dijo Alex al otro lado de la sala. —No puedes pasar más días así.
Él cobrizo negó al mismo tiempo que se sentaba.
—¿Creen que no lo eh intentado? — pregunta irritado. Mirando al piso.
Ni Alex, ni Rose; son capaces de contestar.
—E intentado hasta el cansancio no pensar en ella—dice en todo triste. — No llamarla, No buscarla. Simplemente olvidarla. —Levanta la mirada —Pero no lo consigo. —murmura rendido.
Rose asiente. No sabe que pensar al respecto. Nunca lo había visto en ese estado. Ni siquiera cuando abandono a Kate.
Alex por su parte, tiene sentimientos encontrados. Le da pena ver a su amigo tan destruido, al igual que miedo al ver las marcas en sus manos. Las marcas están en sus nudillos, aparentando peleas. Y sus venas hinchadas, indican que él ha estado consumiendo heroína.
—No estas intentado lo suficiente. — acusa Alex, haciéndole una seña con la mirada a Rose. Señala las manos de Edward.
La rubia en seguida ve las marcas.
—¿Qué mierda te has estado haciendo? —pregunta su mejor amiga al momento que le toma una mano.
Edward le arrebata su mano.
—Nada que alguno de ustedes le incumba— escupe la respuesta, como si de veneno se tratase.
Alex niega. No puede creer la obstinación de su mejor amigo.
—Edward—dice un susurro llamando la atención del cobrizo. —Estamos aquí, no para regañarte. Estamos aquí porque nos preocupas. —Afirma— Estamos preocupados, de que algo malo pueda llegar a sucederte.
—Nada malo me pasara. —asegura. Mientras niega. —Y si algo me llegara a pasar, el mundo seguiría su curso de igual manera. —No hay ninguna emoción en su voz que dé señales de que esta mintiendo. Lo dice con seguridad.
Rose siente una lagrima traicionera resbalar por su mejilla. Su mejor amigo habla de su vida como si a nadie le importara. Como si no tuviera a nadie que se preocupe por él. Le duele, que a pesar de los años de conocerse, el siga sin confiar. Sin abrirse por completo. El aún guarda muchas cosas para él. Secretos que tal vez nunca llegue a conocer.
Alex lo mira condescendiente. Sabe el dolor que se oculta detrás de esas palabras. Conoce de sobra a Edward, como para no reconocer sus miedos en esas palabras. El aún se visualiza, como el chico aterrado debajo de la cama, rezando para que ningún desgraciado entre a su cuarto mientras él duerme. Ahí. Frente a él. Ve a ese chico que juro nunca volver a ver, mientras el viviera.
—Perdería una parte de mí, si murieras—dice Alex sin importarle mostrar su debilidad. —Eres mi mejor amigo y lo único que me queda de Dave. Eres el idiota con el que no temo hablar de lo que sea sin sonar afeminado. Eres el hermano que siempre quise tener. Eres el hombre con el que puedo irme de fiesta, sin preocuparme por que valla a decirle a alguien. Simplemente, eres mi otro yo.
Edward sonríe tristemente al escuchar el mejor discurso de su vida. Sabe que su mejor amigo dice la verdad, con tan solo verlo directo a los ojos. Ahí está, el único espejo al que no le puede mentir. El único que lo ve tal cual es, y no le teme, ni lo aleja.
Sin esperar a que le diga algo. Alex se agacha hasta la postura de su amigo, lo toma de la mano tan fuerte que los dedos de Edward crujen. Ninguno dice nada. Todo se ha dicho en ese pequeño gesto.
Rosalie por su parte mira la escena como un espectador más. No se atreve a romper ese momento.
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Con la promesa de levantarse. Rose y Alex salen del apartamento. Edward les ha jurado que pondrá en orden su vida. Ninguno se muestra muy convencido, sin embargo le dan el beneficio de la duda.
Esa noche, después de una larga ducha. Edward es capaz de dormir tranquilo y profundamente. Sin embargo su sueño se ve interrumpido cuando su celular comienza a sonar. Realmente molesto por la interrupción contesta a regañadientes.
—Diga— murmura molesto.
—¿Es usted Edward Cullen? —pregunta la voz de un hombre al otro lado.
Se tensa completamente, cuando la posibilidad de que a Anthony le haya pasado algo.
—Sí. —contesta, intentando no sonar inseguro.
—Qué alivio—dice el hombre al otro lado. —Vera, hemos estado tratando de localizar a alguien que conozca a Cliff Swan. Pero nadie contesta.
Edward se tensa aún más cuando escucha el nombre del hermano menor de su exnovia.
—¿Qué le pasado? —pregunta exaltado, poniéndose los zapatos.
—Nada malo— dice en un intento de tranquilizarlo. —Es solo que esta aquí cayéndose de borracho, al igual que de drogado.
—Mierda…
—Ni que lo diga. —le da la razón.
—¿Dónde rayos esta? — pregunta mientras camina hacia la sala, donde comienza a buscar las llaves de su auto y las del departamento.
—¿Conoce el bar, el infierno?
—Si— responde mientras asiente. —Dame diez minutos. Voy para allá. —dice antes de colgar, saliendo a toda velocidad.
El camino hacia el bar es rápido y en silencio. No necesita pensar mucho en lo que ha pasado. Lo más seguro es que Cliff haya salido de fiesta, y al ser joven se le hizo fácil perder la cuenta de los tragos.
Al llegar al lugar, visualiza a un tipo robusto detrás de la barra. Él hombre seca los tarros mientras tararea la canción que suena en el momento. Al sentir la mirada de alguien, levanta la vista hacia la dirección del cobrizo. Edward levanta las cejas en su dirección, antes de caminar hacia la barra.
—Edward Cullen en mi bar. —susurra el hombre con una expresión de sorpresa en el rostro.
Edward asiente.
—No esperaba que Cliff conociera al vocalista de Metadeth. —dice sonriendo de oreja a oreja. —En realidad pensaba, que ese loco me esta mintiendo.
Edward sonríe. Él tampoco creería que Cliff conozca a un artista. Ya que el menor de los Swan, no es un tipo glamuroso.
—¿Dónde está? —pregunta el cobrizo, llamando la atención del hombre. Le está incomodando la mirada penetrante que ese hombre le dedica.
—Oh, si— murmura parpadeando un par de veces. —Esta por ahí— dice. Deja el tarro en la barra, antes de conducirlo hacia la última mesa.
Edward camina detrás del hombre sin pasar desapercibido. Las pocas personas que están en el lugar, lo miran sin dar crédito de lo que ven. Nadie se atreve acercare. Cosa que Edward agradece. Pero aun así no dejar de mirarlo y cuchichear.
—¡Oye! —dice el hombre robusto al mismo tiempo que pega en la mesa, donde ya hace Cliff dormido.
El chico levanta su cabeza de entres sus manos. El alcohol no lo deja visualizar bien, sin embargo sabe quién es el hombre que está parado aun lado de Johnny.
—Viniste— dice tan emocionado que comienza a reír. —¡El vino por mí!— grita, llamando la atención de todos.
Edward niega. No puede creer que este ahí. Parado enfrente de su ex cuñado, que esta hasta la madre de ebrio.
—Es hora de irnos— ordena.
Toma a Cliff de la cintura levantándolo de un solo movimiento. Ayuda mucho que sea un poco más bajo que él. Toma su brazo y se lo pasa por sus hombros. Sin decir algo más comienza arrastrarlo por el lugar.
—¡Oye! — grita Johnny. Edward se gira un poco para verlo. —¿Quién va a apagar la cuenta?
Edward suspira exasperado. Aparte de ir por él, ahora tiene que pagar la cuenta. Niega al mismo tiempo que busca en sus bolsillos. No lleva ni un solo centavo. Así que saca una tarjeta que siempre lo ha ayudado.
—Toma— le dice a Johnny, para que acepte la tarjeta. Este lo mira ceñudo sin decir nada. Toma la tarje y la observa.
—¿Qué mierdas es esto? —pregunta en tono molesto.
Edward rueda los ojos. El tipo que esta frente a él, de verdad es un imbécil.
—Es la tarje de mi representante. Llámale, como a las diez y dile cuanto es de la cuenta. El en seguida te depositara. —Sin esperar una respuesta. Sigue su camino hacia el estacionamiento. Donde tiene estacionado su volvo.
Al llegar al estacionamiento, Edward sube a Cliff al auto. Le pone el cinturón de seguridad antes de subirse a su lado.
En el trayecto al apartamento del cobrizo, Cliff se queda completamente dormido. Edward no sabe si es la mejor opción llevarlo a su departamento. Pero dado el caso, de que ninguno de su familia contesto, asume que debe llevarlo con él.
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Subir a Cliff por la escalera, fue todo un desafío. Para estar delgado, pesa más de lo que Edward imagino. Sin embargo llegan de una sola pieza al departamento. El cobrizo saca las llaves de la bolsa de su pantalón y abre la puerta. Cliff le sonríe mientras Edward lo mete de lleno al lugar.
Deja al menor de los Swan en el sillón, y regresa a cerrar la puerta.
Cliff lo mira sin dar crédito de lo que pasa. Él hombre que ha sido llamado en su casa idiota e imbécil, está parado frente a él con preocupación clara mente pintada en su rostro. Aun no puede creer, que el haya sido el único en contestar. Ni sus padres, ni sus hermanos y mucho menos los idiotas de sus "amigos" corrieron en su ayuda. El único que lo hizo. Fue el pobre diablo que está parado frente a él.
—Deberías tomar una ducha. —le ordena Edward. Rompiendo el silencio.
Cliff asiente, antes de levantarse poco a poco.
—El baño esta al fondo, es la puerta gris. —dice. —Adentro hay toallas limpias. Y cuando termines te pasare ropa limpia.
—Gracias— murmura Cliff. —Por todo— dice desde el fondo de su corazón.
Edward asiente sin decir nada.
El menor de los Swan, continua su camino al baño, en el lugar comienza a desvestirse. Sin esperar a que Edward le diga cual llave es cual, se aventura abrir las dos al mismo tiempo. No le interesa si el agua esta fría o caliente. Lo único que quiere es ducharse.
Diez minutos más tarde, Cliff sale con la ropa limpia que Edward le ha prestado. Luce más joven con el pants y la playera que el cobrizo le ha prestado. Sin decir nada, Edward le extiende una taza de café. Cliff no lo piensa ni dos segundos para tomarla. Le sopla un poco antes de tomar el contenido. El líquido caliente corre por su garganta, causándole un efecto de relajación en el instante.
—¿Mejor? — pregunta desde la barra de la cocina.
Cliff se limita asentir.
—Me alegro, porque te veías como una mierda—dice Edward sin rodeos. Aunque en un tono divertido.
Cliff ríe por el comentario.
—Me he puesto hasta el culo. —afirma sintiéndose apenado, de que lo haya visto así.
—Eh visto a gente peor que tú. —dice tanto de consolarlo. —Sin embargo, entras en la lista de los diez más borrachos que haya visto.
Ambos ríen ante la broma.
—Gracias por haber ido— murmura Cliff con la vista fija en su café. —Ninguno de los malditos de mis hermanos fue por mí, ni mis padres y mucho menos los idiotas de mis "amigos" —hace comillas al mencionar a estos últimos.
—Ni que lo digas—dice restándole importancia. —No haya nada que agradecer.
—¡Claro que debo agradecerte! —afirma en tono indignado. —Porque a pesar de que ya no estés con mi hermana. Fuiste por mí. Detuviste tus horas de sueño, saliste de la cama tan solo porque yo te lo pedí. —Hace una pausa para verlo —Eso, hay que agradecerlo.
Edward asiente.
—Solo hice lo que nunca nadie hizo por mí. —dice incomodo, quitándose de la barra.
Camina al fregadero poniendo distancia entre ellos. No quiso decir lo que dijo, tan solo pensó en voz alta. Él no quiere que Cliff comience hacer preguntas. Así que comienza a lavar su taza.
No pasan ni treinta segundos, cuando Cliff se acerca a él. Lentamente deposita la taza en el fregadero.
—No era mi intención incomodarte—murmura arrepentido.
Edward niega.
—No ha sido tu culpa—dice encogiéndose de hombros. —Eh pensado en voz alta. Eso es todo.
Escuchando lo atormentado que esta Edward, decide dejar el tema zancado. No quiere volver a incomodar a su anfitrión. Así que regresa a su lugar en el sillón.
Cinco minutos después, Edward vuelve a la sala. Y lo que ve, le trae tantos recuerdos que quiere gritar. Se siente un especie de "Deja vu". Cliff está mirando en este momento las fotos que su hermana vio un par de meses atrás.
—Él es mi hermano— susurra.
Cliff pega un salto de susto. No esperaba que Edward lo fuera a encontrar husmeando.
—Lo siento— dice acomodando el retrato en su lugar.
—Descuida. —murmura con una triste sonrisa. —Es normal que al no a ver cuadros, centres tu visión en las fotos.
Cliff sonríe ante la respuesta de su anfitrión.
—No sabía que tuvieras un hermano.
—No lo tengo—dice el cobrizo acercándose al pelinegro. —Murió cuando tenía tan solo un par de meses de nacido. —el dolor al hablar de Teddy es palpable.
—Mierda… —Susurra Cliff. No se esperaba eso.
—Descuida. Fue hace mucho tiempo.
El menor de los Swan no sabe que decir y mucho menos donde meterse. La ha regado dos veces en tan solo diez minutos. Definitivamente es un imán para los destres.
—Sera mejor que me valla—dice mirando su reloj.
Edward asiente. Sabe de sobra que ha hecho sentir mal a Cliff. Aunque no era su intención, no puede dejar de estar satisfecho. Nunca le ha gustado, que la gente mire sus cosas sin permiso.
—Te llevare. — murmura el cobrizo buscando sus llaves en sus bolsillos.
Cliff asiente, antes de caminar rumbo a la entrada. Hecha una última mirada, antes de salir del apartamento de uno de sus más grandes ídolos.
—Antes de que nos vallamos. —dice Edward interrumpiendo su andar. Cliff voltea a verlo. —¿Por qué estabas tan tomado anoche?
Cliff suspira. Esperaba no tener que contárselo. Sin embargo se sorprende por su preocupación. Así que tomando una bocanada de aire, responde.
—Mi padre a dicho públicamente que se avergüenza de mí.
—¿Eso es todo? —pregunta sin querer presionarlo, pero falla miserablemente.
—Él sea burlado de mí, frente a todos sus amigos—el dolor en su rostro puede verse claramente. Haciendo a Edward arrepentirse por preguntar. —Ha dicho que soy un idiota porque quiero perseguir mis sueños de ser ingeniero. Él se burla de mí, diciendo que solo seré un mecánico más, en esta gran ciudad.
Edward resopla. No puede creer lo que el idiota de Charlie Swan le ha dicho a su hijo. Es una estupidez. Sin embargo no deja de doler. Sin decir más conduce a Cliff por las escaleras.
—Yo creo que serás el mejor ingeniero, haya pisado esta maldita ciudad—le asegura, pasando a un lado de él.
Cliff se limita a sonreír. Edward le ha dicho lo que siempre ha esperado escuchar.
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Una vez parados frente a la casa de los Swan, Cliff comienza a sudar. Edward lo mira de reojo al ver su nerviosismo.
—Tranquilo— dice el cobrizo. Dándole un golpe en la espalda. —Lo más seguro es que todos estén dormidos.
Cliff niega.
—Lo más probable, es que estén todos desayunando.
—Vamos, es domingo. —Dice recordándole que es un día de descanso.
—En mi familia no hay descansos. Todos son unos malditos neuróticos madrugadores, nadie se queda en la cama después de las siete.
Edward levanta las cejas claramente sorprendido.
—En ese caso—murmura frotándose las manos a causa del frío —Que bueno que tu hermana terminó conmigo.
Cliff ríe a pesar del dolor en el tono de voz de Edward.
Antes de que alguno de los dos pueda continuar con la broma. La puerta se abre mostrando a Bella claramente enojada y desconcentrarla al mismo tiempo. Al abrir no esperaba encontrarse a su ex. Ella creía que su hermano menor había llegado a casa acompañado de algún idiota. Pero claramente no era así.
Edward por su parte, no puede apartar su mirada de ella. La recorre de arriba abajo. Luce hermosa y reluciente. No hay rastros de una reciente ruptura. Todo en ella sigue igual a como la vio hace un par de semanas. Verla tan bien, hace que se forme un nudo en el estómago de él. No puede creer, que ella esté tan bien. Mientras él se hunde en la mierda. La indignación y la furia se apoderan de él.
—Bueno Cliff—dice rompiendo el incómodo silencio. —Es momento de que me valla.
El menor de los Swan voltea a verlo con el ceño fruncido. Pero al verlo a los ojos, nota dolor en su mirada, entendiéndolo por completo. Edward no quiere pasar más tiempo al lado de Bella. Ya que ella luce tan bien, y él no.
—Entiendo.—susurra con una sonrisa.
Edward asiente.
—¿Qué haces con él?— pregunta de mala gana Bella. Que hasta el momento se había mantenido al margen.
—¿El? —pregunta Cliff enojado. Volteando a ver a su hermana.
Bella asiente.
—¡EL! —dice en un tono más elevado. Señalando a Edward —Fue el único que respondió a mi llamada de auxilio. Fue por mí al bar donde estaba y me llevo a su casa, me dio un café y me a traído hasta acá para asegurarse de que estoy bien.
Edward le agradece en silencio, con una media sonrisa.
—Si no fueras tan inmaduro, el no estaría aquí. — dice sin voltear a ver a Edward. Teme que al verlo fijamente, pierda los papeles, y las murallas que ha construido se derrumben.
Cliff resopla.
—Si no fueras tan inmadura, podrías dejar de llamarlo "El" y lo voltearías a ver por un momento.
Edward se queda estupefacto al escuchar como Cliff lo defiende. Él nunca espera que nadie lo defienda. Así que cuando alguien lo hace, se impresiona.
—Tranquilo. —murmura el cobrizo hacia Cliff. —No hay necesidad que peleen…
—Y menos por alguien como tú— lo interrumpe Bella.
Edward sonríe desganado. Bella se está convirtiendo en lo que el más temía. Sabe que se merece que ella lo trate así. Pero al escucharla, no puede evitar que algo en su interior se rompa lentamente. Ya que por un momento, pensó que ella sería su salvación. Que idiota.
—¡Basta! —grita Cliff en dirección a su hermana. —El no merece que le hables así.
—Tu…
—Yo sé que terminaron por algo realmente grande—la interrumpe Cliff. —Algo que no me concierne. Pero en lo que a mí respecta, Edward siempre ha sido un buen tipo. Nunca me ha tratado mal por muy odioso que pueda llegar hacer. Y ahora me ha ayudado. —dice mirando a su hermana—Así que te pido de la manera más atenta, que mientras este yo, no lo trates así.
Bella siente hervir la sangre. ¿En qué maldito mundo, su hermano defiende a Edward y no a ella? ¿En qué momento Edward se volvió el bueno del cuento?
—Es suficiente. —dice Edward incómodo. —Agradezco tu ayuda, Cliff. Pero no es necesario que me defiendas. Me eh ganado a pulso todo lo que ella tenga que decirme. —El arrepentimiento se ve en su rostro—Lamento la incomodidad que te estoy causando— dice volteando a verla. El escaso sol brilla directo en su cabello, haciéndola lucir más sublime.—Te prometo que esa el ultimo.
Sin esperar a que alguno de los dos diga algo. Los deja ahí. Parados en el pórtico de los Swan. No quiere quedarse ahí, mientras ambos discute. Él lo único que quiere, es ir a casa y recostarse hasta que sus pensamientos se vallan con el viento.
Nota de la Autora.
Hoy vengo tarde con la actualización... MUY TARDE. lose u.u El trabajo y la escuela absorben mucho. Lo siento. Sin embargo aquí les dejo este lindo capitulo, escrito con amor xD
Gracias por seguir aquí. Amo cada uno des reviews. No tengo como pagarles el cariño que le dan a mi querida historia.
Por cierto, una linda chica hizo un trailer para mi historia. Dejare el link en el grupo. :D
Estoy ansiosa, por leer todo lo que tienen que decirme.
Les dejo besos aplastantes.
