En particular
― ¿Cuándo fue que te diste cuenta que te gustaba, bae? ― preguntó Camie. Permaneció acostada en la cama, cubriendo sus desnudes con las sabanas lilas.
Había terminado de hacer el amor en el dormitorio de Bakugo por primera vez. Ella se había graduado hace un año, después de todo era un año mayor que él. Estaba en la UA para dar un curso a alumnos con particularidades similares a las de ella y ayudarlos a avanzar en el terreno de batalla. Jamás pensó que haría algo así, a pesar que era despistada, sus cursos eran funcionales. Por esa misma razón, se hospedó durante una semana en las instalaciones para profesores.
Katsuki estaba en tercer año, a meses de graduarse. Se encontraron en los pasillos y charlaron un poco. Él sabía que la vería en la escuela, se lo dijo de ante mano semanas atrás. Sin embargo, se veían poco por las actividades de ambos. Por otra parte, tenía a sus compañeros que continuaban siendo un dolor de cabeza por lo entrometidos que eran. No quería ser descubierto con ella.
― Es una pena que no podamos vernos a solas― comentó Camie en aquel momento― y aprovechar para charlar más. Dentro de dos días termina el curso. Qué triste.
Bakugo miró el puchero que esta hizo, sus labios eran demasiado carnosos y antójales. Desde el año pasado los probó, pero porque ella le robó el beso. Si lo pensaba, todos los pasos importantes los ha dado ella, dejando a Katsuki ser arrastrado. No quería dejarse llevar, tenía que hacer algo, después de todo era hombro, ¿no? Estaba cerca de los dieciocho años y ella tenía diecinueve. No podía decir que tenía más experiencia porque ambos estaban en las mismas ingenuas condiciones, pero… debía moverse o ella dominaría la relación. Su orgullo jamás se perdonaría que una mujer lo guiará en la vida y menos en una relación.
― Ven a mi habitación esta noche. Sé que puedes filtrar la seguridad. Hay cámaras en la entrada, los pasillos, la sala común y el elevador. Cuento contigo. Cuarto piso, dejaré una agujeta blanca bajo la puerta para que sepas cual es mi habitación ― explicó de forma seca y rápida. Dio la media vuelta para volver al salón antes que alguien lo viera con ella.
Camie no pudo responder, se quedo con la palabra en la boca, aunque entendió perfectamente. Y gracias a la información podría pasar desapercibida. Era sencillo.
Por la noche, la maestra y señora de las ilusiones, hizo alarde de su nombre. Paso todos los filtros y cámaras creando ilusiones similares a los espacios por donde caminaba, de esa forma consiguió llegar a la recamara de Bakugo a las once de la noche, cuando la mayoría ya se había dormido. Excepto por un mocoso de cabello verde y pecas que, al verla, enseguida Camie lanzó una ilusión para que se reflejara el espacio vacío del pasillo.
Tocó dos veces y Katsuki abrió de inmediato. La tomó de la muñeca y la acorraló tras la puerta dándole un beso apasionado y fuerte. Camie no podía respirar por la intensidad, hasta que él se alejó un poco para observarla. Ambos tenían las mejillas coloradas y estaban sudando. Camie acarició sus mejillas y volvió a besarlo, esta vez mucho más dulce.
Katsuki era inexperto, pero estaba informado, había mirado porno y entendía como funcionaba. No le preguntó a Camie si quería o no, después de todo, la pregunta iba implícita en la invitación, por otra parte, ella no lo detuvo.
― Bakubabe… ¿estas seguro que aquí? Si nos descubren…
― A la mierda, nadie lo sabrá… quítate la chamarra.
Camie suspiró confiada y obedeció. Llevaba una blusa rosa, una falta negra y medias hasta el muslo color blanco con encaje y moño. Se dejo besar y que las manos grandes y toscas de Bakugo, llenas de callosidades por las explosiones, explorara su cuerpo, arrancó los botones de la blusa, dejando ver el sostén de encaje blanco. Ella tampoco se quedo quieta, acariciaba sus brazos, los pectorales bien trabajados de los que estaba orgulloso. Besó su cuello y el pecho. Lamió sus pezones oscuros.
Después de unos minutos, Camie estaba acostada en su cama, solo con las medias blancas, completamente desnuda y con las piernas abiertas. Asombrada por la belleza de aquel hombre al que le quiso dar su virginidad. Tragó un poco de saliva al ver el tamaño de su miembro, no era grande, era normal a comparación con las películas porno, pero era grueso y de color rosado. Se atrevió a pasar sus delicados dedos por la punta. Katsuki la miró ansioso. Su rostro estaba completamente rojo y sus ojos eran igual a los de un animal, jadeaba y respiraba rápido.
― Te va a doler un poco― dijo y Camie asintió―perdóname si no soy romántico. Quiero metértela hasta la garganta y que llores, que llores mucho mientras te hago mía y disfrutas de mi verga, porque vas a gemir mucho… lo sé, te va a gustar.
Ella siempre supo que sería esa clase de hombre en la cama. Sucio pero considerado, agresivo pero ardiente. Abrió sus piernas lentamente, dejando expuesta su vagina húmeda y rosada. Rodeó su cuello con sus brazos, invitándolo a entrar.
―Házmelo como quieras… ― susurró ella.
No supo bien como catalogar la expresión de Bakugo, era entre llanto y furia. Porque claramente notó un par de lagrimas en sus ojos. ¿Qué sucedía?
― Puedes arrepentirte― dijo, estaba notoriamente nervioso y sus brazos temblaban― porque después… estoy seguro que no te voy a dejar ir tan fácilmente. Voy a ser jodidamente una bestia que sólo quiera cogerte. Vas a ser mi puta.
― Y tú mi perra que me buscará siempre que este necesitado, porque con nadie más vas a encontrar esto… Bakubabes… métela antes que me seque.
Ella tensó su cuerpo al sentir el grosor cruzando su entrada, arqueó un poco la espalda porque de verdad dolía. Katsuki entró en ella de un solo movimiento, se quedó quieto dentro de ella. Más por miedo que por consideración. Notó un hilo rojo que comenzó a cubrir su miembro. Camie era suya, aun si se fuera con otro.
― ¿Qué esperar para moverte? Demuéstrame que tan hombre eres.
Los nervios de Bakugo explotaron y comenzó a moverse despacio y luego ya con el ritmo acompasado. Succionó sus pezones, dejando marcas en su piel y el cabello alborotado. Camie lo mordió en los hombros y araño su espalda cada vez que sentía un orgasmo. Siempre que él estaba apunto de correrse sobre su vientre o sus senos, buscaba sus ojos, quería ver el brillo y esa expresión que tienen los hombres al llegar al límite, porque esa expresión era única, era suya.
― Responde― volvió a llamar Camie.
― Quien sabe. Un día simplemente pensaba en lo fastidiosa que era y en porque demonios tenías mi número. Pensé, porque diablos esta maldita mujer me escribe, ¿Qué busca? No entendí. Simplemente no salías de mi cabeza. Tus jodidas ilusiones no eran mas que hechizos o brujería. Te odiaba. Porque no podía creer que una mujer como tú… me atrajera. Ni siquiera éramos cercanos, no nos veíamos y entones, comenzaste a decir que debíamos salir, platicábamos y… yo no pensé en tus tetas o tu culo, hasta después que cumplí diecisiete y el pendejo de Mineta dijo que estabas cogible… Me enfurecí, carajo no eres mercancía, no eres carne, eres la bastarda que me gusta. Después… llamabas con frecuencia, enviabas imágenes de tu cuerpo y… ¡Carajo! Me tocaba con ellas. Aunque no pensaba como obseso sexual en querer metértela. Tú siempre, ibas un paso delante de mí y decidí que debía ser distinto. Tú no eres la que guía, soy yo. ¡entiendes! Así que no creas que ganaste, Ilusiones.
Camie escuchó cada palabra y no tuvo nada que decir al respecto. Entendió.
― Eres mía…
― Y tú eres mío… ¿qué otra mujer en su sano juicio dejaría que le hicieras lo que me hiciste a mí? Cualquiera pensaría que estabas violándome.
Bakugo volvió a colorear su rostro. La miró, en busca de una contradicción o disculpa. No lo dijo. Simplemente le confeso que sí, le gustaba y mucho pero que no creyera que tenía el control sólo por eso. Aunque le daba su crédito, ninguna otra mujer querría tenerlo en su cama. Ella su nueva particularidad.
-o-
Esta última parte fue bien hard, pero era así y más que viñeta me resulto un one-shot y es que tenía tantas cosas que más decir que no pude decir todo, pero con el contexto profundo esta bien.
Mil gracias por leer, bueno si alguien llegó aquí. Saludos.
