*LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON DE LA GRANDIOSA RUMIKO TAKAHASHI

**ESTA HISTORIA SE ENCUENTRA EN OTRA PÁGINA BAJO LA AUTORA KARY_0295, ES MI OTRA CUENTA, POR TANTO NO ES PLAGIO, DECIDÍ COMPARTIRLA EN ESTA PÁGINA TAMBIÉN.

Un saludo para todos los seguidores de esta historia, leí unos comentarios acerca del protagonismo que le dí a Rin en el capítulo anterior, pues, sí, debo admitir que también soy fan de Rin, pero aclarando dudas, NO, ella NO será más poderosa que Kagome, por lo menos no en esta historia xd

Sé que dije que habrá lemon (va más contigo, maria muñoz) pero si te das cuenta, aún no se da la situación, estoy preparandome mentalmente para la noche luego de la ceremonia, etc, etc..

Siendo honesta, no creí que esto fuera tan largo (en cuanto a capítulos), pero bueno, así son las ideas, estoy tratando de llevar el máximo control sobre las situaciones.

Sin entretenerles más... les dejó el siguiente capítulo, ojalá les agrade.

CAPITULO 20


DURANTE LA NOCHE

Por la noche, Sesshomaru se sentía algo intranquilo, siendo percibido de manera inmediata por Kagome, quien no dudo en irle a dar una visita en su habitación.

- ¿Preocupado por Yuka? – Kagome siempre atinaba en cuanto a Sesshomaru se trataba, y más en este tipo de situaciones.

- No la veo como oponente – su mirada estaba perdida, poco común en él.

- Le tienes aprecio… - suavizó su voz tratando de que le dijera realmente lo que le ocurría, Yuka no le podía preocupar tanto.

- De acuerdo, en realidad no me preocupa Yuka en sí, me preocupa la promesa que le hice – Sesshomaru miraba directamente a los ojos.

Kagome tragó fuerte, ¿Qué clase de promesa podía ser para tenerlo así? En esos breves instantes, todo tipo de ideas vinieron a su cabeza, hasta que una literalmente estuvo a punto de partirle el alma.

El recuerdo de la imagen de aquel can de pelaje oscuro, y recordar la apariencia de Yuka, su cola… ¿Qué clase de youkai era Yuka?, nunca se lo había preguntado…

El demonio notó el cambio en el cuerpo de Kagome, puso su mano en la mejilla de la misma, para sacarle del trance en el que había entrado.

- Miko… - la llamó, pero en ese instante una lágrima amenazaba con salir - ¿Te sientes mal? Habla… - Sesshomaru se estaba alarmando, sabía de los cambios de Kagome, pero esto era ridículo.

Además, el que estaba pasando un momento difícil era él, y ella venía a confortarlo…

- ¡KAGOME! – la sacudió.

- ¿Eh? ¿Por qué me sacudes? – estaba confundida.

- Mejor dime tú qué ocurre, ¿en qué estabas pensando? – Sesshomaru imagino que clase de cosas podía estar pensando, pero solo uno podía ponerla así, el can de pelaje negro - ¿Crees que Yuka es aquél demonio Inu, de las visiones del anciano? –

- Yo… - agachó la mirada, ocultando sus ojos con su flequillo - ¿Es ella? –

- No – dijo seco – Yuka, es de un clan de lobos, y el de la imagen es uno de la raza Inu… - la miraba a la cara, tomó su mentón e hizo que lo mirara - ¿Entiendes eso? –

Kagome no pudo contener las lágrimas, el sentimiento de ser traicionada nuevamente, la hizo perder la compostura.

- Yo no soy como Inuyasha, jamás te lastimaría de esa manera –

- ¿Entonces quien es aquel can? – interrogó.

- Lo que la fuente muestra, es un posible futuro, no necesariamente tiene que ocurrir –

- No evadas mi pregunta, Sesshomaru Taisho – genial, ahora estaba enojada.

- No es el momento para decírtelo – miró el techo de su habitación – No quiero que ocurra así… -

- ¿De qué hablas? - arrugó el entrecejo - ¡Dímelo! –

- Lo más probable es que seas tú… pero para que eso ocurra, tú… - apretó los dientes – debes morir… - esta vez el ocultó su expresión con su flequillo.

- ¿Morir? ¿Cómo? –

- No hablaré más de eso –

- De acuerdo, entonces, ¿cuál es la promesa qué le hiciste a Yuka? –

- Que siempre la cuidaría, que no permitiría que la lastimaran… - Kagome se sorprendió, no creyó que Sesshomaru pudiera tener ese tipo de vínculos con otro ser, además de Rin y ahora ella – Yuka llegó aquí siendo muy pequeña, prácticamente era una bebé – se detuvo para ver si Kagome le estaba poniendo atención -

- ¿Llegó? ¿Siendo bebé? La rescataron querrás decir… - trato de entender lo que Sesshomaru le decía.

- Hmph – se despojó de su armadura y se recostó en su cama, seguido por Kagome, al parecer la historia sería larga.

**FLASHBACK**

- Señor, hemos logrado desocupar las tierras que nos ordenó –

- Bien, hagan cultivos de lo que necesiten para el castillo en este lugar – ordenó Sesshomaru.

- Sí, señor –

El lugar era lo que quedaba de una aldea, cuyos habitantes eran descendientes de lobos, pero que por alguna razón se había separado de los clanes principales, eran trabajadores y serviciales, Sesshomaru había logrado un pacto con ellos para que trabajaran las tierras, pero que debían entregar una parte de sus cosechas al castillo de la Luna. Ellos accedieron, pues la cuota que les pedían en el castillo no era alta, les alcanzaba perfectamente para ellos y para pagar la cuota.

Lamentablemente, habían sido atacados por un ejército de bandidos. La comunidad de esos lobos eran muy gentil, tenían armas pero para defenderse de otros demonios que quisieran atacarlos, sin embargo aquel día los superaron en número y destruyeron el lugar.

Los sirvientes de Sesshomaru, buscaron en cada rincón posibles sobrevivientes, era lo menos que podían hacer, pues no era que el asunto les interesara a la casa del Oeste.

- No hallamos nada, Señor, nadie con vida –

- Entonces, vámonos –

En ese instante un aroma muy sutil, llegó a las fosas nasales del youkai, haciendo que mirara hacia atrás. Un olor salino, lágrimas.

- ¿Señor? – los guardias no entendían por qué su amo se había regresado, pero aun así lo siguieron.

- Allí, debajo de ese montón de paja –

Los guardias rápidamente comenzaron a remover las montañas de paja, hasta que uno pegó un grito.

- ¡Ah! ¡Algo me mordió! – dijo uno.

- ¿Qué dices? ¡Déjate de tonterías! – Pero al tomar el montón de paja, recibió una mordida también – Señor, creo que es un cachorro… -

Ambos guardias se miraron las manos, las heridas habían sido hechas por pequeños colmillos, colmillos de lobo.

- Hmph – Sesshomaru notó que lo que sea que estaba ahí, no deseaba interactuar con sus guardias, así que él mismo levantó el montón de paja restante.

Una pequeña bebé envuelta en tela rosa, y con cabellos negros, era la causante de aquellas mordidas.

Abrió sus ojos, color azul profundo, y miró fijamente al youkai, levantando sus bracitos para que la tomara.

- Mocosa, que te has creído para que el Señor Sesshomaru corresponda tus caprichos… - el guardia no terminó de hablar, pues su amo había tomado a la pequeña en brazos, sin problemas.

- Vámonos –

- Sí –

**FIN DEL FLASHBACK**

- Qué hermosa debió haber sido de cachorrita – Kagome no dejaba de imaginarse la escena de Yuka en su infancia.

- Luego de eso, la terca cachorra de lobo, no quería estar con nadie más en el castillo que no fuera yo – sonrió de lado – Tuve que recurrir, al cocinero para que la educara y enseñara cual era realmente su posición en este lugar, luego de un par de años, se volvió distante –

- Debió ser duro para ella, estaba acostumbrada a estar contigo –

- Pasado el año, nació Kyosuke, y luego Yoko, así se le olvidó pronto su relación primeriza conmigo – miró a Kagome – aunque, ella al parecer aún recuerda cuando me acompañaba a bañarme –

Kagome se puso roja, eso no se lo esperaba.

- ¿Acaso tú? – la miko arqueó una ceja.

- Miko… - la miró serio – Deja de pensar cosas raras, Yuka fue en realidad mi primera protegida por así decirlo.

- Oh, ya veo. No creo que debas preocuparte, Yuka ya es grande, ¿Cuántos años tiene? –

- 45 –

- ¡¿Qué?! – Kagome no podía creerlo - Parece de 16 años –

- Nosotros los youkai no tenemos nada que ver con la apariencia física en cuanto a nuestra edad se trata -

- Hmph, me doy cuenta – Kagome se acercó más a él - ¿Te sientes mejor? –

Sesshomaru se colocó de costado para poder ver mejor a Kagome, apoyando su cabeza en su brazo, mientras que con el otro atraía a Kagome hacia él.

- Sí, mucho mejor – y le dio un beso en la frente.

- Me agrada estar así contigo, poder compartir esos recuerdos tan hermosos – Kagome seguía imaginando a Yuka de bebé - ¿Le diste biberón? – tenía que sacarse esa duda de encima.

- Hmph, todos los cuidados que se tienen respecto a un bebé de lobo, de lo contrario mis guardias y demás súbditos no tendrían dedos… Yuka los mordía a todos – el recuerdo hizo que Sesshomaru soltara una carcajada.

- Es extraño verte reír… - Kagome le acariciaba la mejilla.

- ¿No te gusta? –

- Claro, me fascina – se acercó al demonio y lo besó como si nunca lo hubiera hecho – Sesshomaru… te amo… - no solía decirle eso al youkai.

- Ya era hora de que me lo repitieras, yo también te amo, estoy ansioso por que pasen las dos lunas y casarnos, reclamarte mía por ley, y seas madre de mis cachorros – cada vez su tono se hacía más ronco.

Tomó la pierna de Kagome y la colocó sobre su cadera, apretándola contra su masculinidad, el beso se hacía más intenso.

- Se… Sesho… - Kagome no podía respirar, ni articular palabra – Detente… -

La lengua tibia de Sesshomaru recorría cuello y regresaba a su boca, su mano acariciaba su muslo y la hacía acercarse más a él.

- Recuerda… la ceremonia… -

Sesshomaru gruñó por lo bajo.

- Malditas costumbres –

- Atrás bestia, debo irme, o me comerás… - Kagome trataba de zafarse del agarre del youkai.

- ¿A quién llamaste bestia? – Le deba pequeños mordiscos en el cuello – Estoy a punto de adelantar la boda aún más… -

- No seas apresurado, además, aun no le he avisado a mi madre, y me gustaría tener una cámara para llevarle recuerdos.

- ¿Cámara? – preguntó el youkai.

- Sí – se sentó en la cama – En cuanto termine el entrenamiento, iremos a mi época, promételo –

- De acuerdo – se sentó también – Es momento de que te vayas, mañana tendré un día pesado –

- Hasta mañana –

- Hmph –

Al atravesar el jardín secreto, Kagome admiró la hermosa Luna llena que se levantaba gloriosa en los cielos.

- No puedo creer que este demonio, aun en sus tiempos de sangre, haya tenido la amabilidad y el corazón para recoger y cuidar de un pequeño bebé… - la miko suspiraba ante la imagen del gran señor del Oeste, acunando a una pequeña lobita.

Caminó y llegó a su habitación, terminando de cerrar la puerta lo más sigilosamente posible, pues aquella pequeña lobita, se estaba acercando.

Se sentó en frente de su peinadora, como si nada hubiese pasado.

- Kagome… - llamó Yuka del otro lado de la puerta - ¿Puedo pasar? –

- Adelante –

- Disculpa que te moleste a estas horas, pero… No me siento cómoda con lo de mañana – aquellos ojos azules demostraban un gran miedo.

- ¿Te digo un secreto? – Kagome le indicaba a Yuka que se sentara en la cama.

- ¿Qué ocurre, Kagome? –

- Él se siente de la misma manera –

Los ojos de Yuka se abrieron como platos, ¿Su amo no quería luchar contra ella? Pero le dijo mil veces que se preparara…

- ¿Qué quiere decir con eso? –

- No me malinterpretes, conozco parte de tu historia… - la miraba con ojos suaves, para no incomodarla.

- ¿Eh? – Yuka se sonrojó – Entiendo… - desvió la mirada - ¿Entonces que me aconseja? –

- Simple – Yuka no entendía lo que Kagome quería decirle – Destrúyelo – Kagome le guiñó un ojo.

- ¡Kagome! No estoy para bromas… -

- No es broma, hazle saber que ya no eres aquella pequeña, como Rin – lo último lo dijo pensando en la paliza que Rin le propinó al demonio, días atrás.

- De acuerdo – el rostro de Yuka cambió – Si la joven Rin pudo, ¿Por qué yo no? Gracias, era lo que necesitaba – se levantó decidida – Una cosa más… -

- Te escucho –

- Prepáreme una buena cama, creo que no me levantaré en días después de esa pelea… -

- Oh… Está bien – a la miko le hizo gracia la actitud de Yuka, de todas formas era consciente que su amo no le dejaría las cosas fácil.

- Hasta mañana, Kagome –

- Descansa, Yuka –

La Miko se dedicó a meditar, hasta el momento los que habían logrado pasar, por así decir, la primera ronda, eran Rin, Irasue y ella; lo que significaría que lo más probable es que les tocara enfrentarse entre sí.

- Vaya, será mejor que me relaje, ya veremos que pasara – tomaría un baño y directo a la cama.

En otro lugar, dos jóvenes estaban pasando frío y hambre, pues no habían querido acatar las órdenes del malévolo felino.

- ¡Maldición! – Se quejaba Kioshy - ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar esto, Hiromi? Ya no puedo más, siento que morimos lentamente… -

- Yo… No lo sé, no podemos hacer nada… - la chica ocultaba su rostro entre sus manos.

- No ganarás nada con llorar, hermana – trataba de reconfortarla – Ni la Señorita Kikyo ha podido hacer algo, ese ser le tiene limitadas las almas que puede consumir por día, lo más seguro es que pronto dejará de existir –

- No digas eso, Kioshy, ella es muy fuerte –

- Cuando estaba viva, lo era… -

Duras palabras para los dos chicos, que a pesar de sus esfuerzos por tratar de ayudar a la miko de barro, les estaba costando sus propias vidas.

Estaba clara la situación, debían escapar, pedir ayuda…

- Hay que huir, y buscarlo – sentenció Kioshy.

- No podemos huir – tomó a Kioshy por las ropas – Somos humanos, no podremos hacer nada, Shigoku nos descubriría y alcanzaría en cuestión de minutos –

- Tampoco podemos quedarnos aquí, a esperar nuestra muerte sentados – se quejó el mayor.

Se encontraban en una encrucijada muy grande, en la cual podrían perder la vida de todas formas.

- Esas son palabras muy grandes para dos jóvenes como ustedes – una voz varonil, salía de entre los arbustos.

Ambos chicos entraron en pánico, habían sido arrojados a las afueras del ahora palacio, como castigo a sus acciones, sin armas ni comida, mucho menos con qué resguardarse del frío; además de ser amenazados con que sí se atrevían a huir, serían destrozados y dados como alimento a demonios de bajo nivel.

- ¿Que…Quién eres? - dijo Kioshy, mientras trataba de ocultar a su hermana a su espalda - ¿Qué quieres? – su voz era cada vez más temblorosa.

- Mi nombre es Kouga, líder de la tribu de los lobos – saliendo de entre los herbazales - ¿Qué hacen dos mocosos moribundos como ustedes aquí? – Kouga los inspeccionó y logró reconocerlos.

Un par de años atrás, se había oído hablar de la historia de estos chicos, amenazados por monstruos y salvados por Kikyo… pero ahora estaban más muertos que vivos, además del hecho de que sus estómagos se escuchaban a leguas del lugar.

- Nosotros… - habló Hiromi esta vez – Hemos sido cast… - Kioshy le tapó la boca con una mano.

- No tenemos que darle razones, puede irse –

- Vaya… para ser humano, estando frente a un demonio, eres muy hablador – los chicos abrieron los ojos como platos, no se habían percatado de los rasgos de Kouga - ¿Qué pasa, ahora son mudos? –

- Kouga, ¿Dónde estás? – una chica de cabello rojizo y ojos verde esmeralda, salía del mismo lugar por donde venía Kouga - ¿Y esto? – miró con curiosidad a los jóvenes.

- Dos mocosos que no me quieren decir que hacen aquí afuera –

- Niños, me llamo Ayame, ¿Qué hacen aquí? –

Ambos chicos la miraron con desconfianza, pero pensándolo mejor, vieron la oportunidad de dejar aquél lugar, y quizás hallar ayuda para sacar a la Señorita Kikyo de ese lugar.

- A… Ayúdenos – susurró Hiromi – Llévenos como presa o algo, en el camino les explicaremos –

- ¿Qué dicen? – Kouga arqueaba una ceja – Nosotros… -

- ¡Alto ahí! – gritaba un vigilante del palacio.

- Kouga… - susurró Ayame – Míralos, prácticamente están muriendo –

En eso aquél ser repugnante, de sonrisa blancuzca, salió a ver qué ocurría…

- Vaya, no creo que les sean muy nutritivos ese par de chiquillos, lobos – sonreía el felino.

- Qué demonios… - apretaba los dientes – Nosotros no… -

- Nosotros tampoco creemos que sean nutritivos, pero al menos alivianaran el hambre, mientras conseguimos algo mejor, ¿Son tuyos? – Habló Ayame, siendo una perfecta actriz.

- Ya no los necesito, ya no me sirven, pueden llevárselos – Shigoku vio una buena oportunidad de deshacerse de esos molestos chiquillos y asegurarse de que no los volvería a ver, al menos no con vida –

- Entonces, de esa manera, nos los llevamos – Ayame les dirigió una mirada a ambos chicos y a su pareja, todos lo captaron y comenzaron a actuar.

- ¡No! ¡Por favor! Señor Shigoku, denos otra oportunidad… - comenzaba a sollozar Hiromi, mientras Kouga intentaba sujetarla - ¡Por favor! –

- ¡Vamos chiquillos! Servirán de aperitivo a mi manada – gritaba Kouga.

- ¡Déjela! – Kioshy hizo el gesto de tratar de ayudar a su hermana, pero fue tomado por Ayame.

- Listo, vámonos –

Kouga asintió, dieron una última mirada al gato, y corriendo desaparecieron entre el bosque, lo más rápido que pudieron, llegando en unos minutos a una de sus guaridas.

- Kouga, a la señora Kagome, no le gustará que hayas traído a unos niños para la cena – le decía uno de sus amigos a su líder.

- No seas idiota – le gruñó – Ahora hablen –

- Déjalos descansar, y que coman algo, luego nos dirán que ocurre –

Los niños veían a Ayame como un ángel.

Recibieron un recipiente con caldo y algunas verduras, que comieron gustosos, luego Ayame los acompañó para que se dieran un baño, y les proporcionó pieles con las cuales vestirse mientras sus ropas se secaban. Una vez estuvieron más relajados.

- Me llamo Kioshy, ella es mi hermana Hiromi – tomó aire – Lo que sucede es que… -

Todos los lobos se sentaron a escuchar cada detalle que daban los hermanos sobre la situación precaria que estaba aconteciendo en él una vez fue su hogar.

Relataron el plan de Shigoku, y su intento fallido por llevarlo a cabo, incluyendo el tema de la traición de Inuyasha, la resurrección impura de Kikyo, el encuentro contra Sesshomaru y Kagome, entre otras cosas.

- ¡¿Qué dicen?! – Kouga estaba más que furioso - ¿Por qué no lo dijeron antes? – gruñía.

- Cálmate, Kouga, ellos no estaban en condiciones para tal cosa – trataba de mediar Ayame.

Acción que hacía que los chicos quisieran enormemente a Ayame, sentir su protección era muy reconfortante.

- ¿No saben qué hará ahora? –

Los muchachos negaron, pero contaron que Shigoku se había estado sometiendo a una serie de rituales para aumentar su fuerza, además de estar reuniendo un ejército para atacar el palacio de la Luna.

- Que problema… - Kouga se masajeaba las sienes – Lo primero será ir a visitar a Sesshomaru – se sentó cruzando las piernas y brazos - ¿De Kagome saben algo? – hacía tiempo que él no visitaba a la miko, había estado ocupado con sus temas de líder de tribu entre otras cosas.

- Lo último que supimos, es que está residiendo en el palacio de la Luna – soltó Hiromi.

- ¿Kagome en el palacio de la Luna? – Ayame no podía creerlo – Qué sorpresa… - miró a Kouga.

- Bien, si partimos mañana, alcanzaremos ese palacio al anochecer – meditó Kouga.

Los muchachos asintieron, su objetivo de toparse con el amo de las Tierras del Oeste, estaba por cumplirse.

- De acuerdo, preparen 2 aves – ordenó Ayame.

- Sí, Señora – dos miembros de la tribu salieron a cumplir las órdenes de su Señora.

- Ustedes dos, a dormir, mañana nos espera un viaje un poco largo – Ayame les señalaba un montón de paja en un rincón de la cueva, que ella misma había acomodado para sus invitados.

- Gracias, Señorita Ayame – habló Hiromi.

- Sí, Muchas gracias – completó Kioshy.

- No se preocupen, veremos qué podemos hacer por ustedes – les acarició los cabellos a ambos – Ahora, duerman –

Hiromi y Kioshy, no tardaron en quedarse profundamente dormidos.

- Hay que avisar al palacio del Oeste, antes de llegar, no quiero que nos reciban con una nube de fuego o algo por el estilo – mencionó Kouga, recordando la vez que pasó por el castillo de Sesshomaru sin saberlo, siendo bombardeado por bolas de fuego – No son muy hospitalarios – bufaba.

Ya se acercaba el amanecer, los rayos del sol comenzaban a salir por el este, bañando con su luz los valles y montañas de aquel paisaje, que pronto sería testigo de una de las más grandes batallas de esa época.