Notas de traductor: Dice Jillian que hay notas al final…
—Casi perfecto —susurró el señor Tenebroso, mientras con su esquelética mano acariciaba los rubios mechones. Bellatrix Lestrange frunció el ceño al ver al inconsciente niño. El squib era demasiado débil para sacudirse los efectos de la maldición cruciatus con facilidad.
—No lo entiendo, amo. ¿Para qué necesitaría a este inútil niño? Lucius y Narcissa hicieron mal en no deshacerse de él en cuanto respiró por primera vez —dijo la mujer altaneramente.
Voldemort miró maliciosamente a su favorita.
—Todo a su debido tiempo, querida mía. Me lo quedaré por ahora. Informa a los otros que le prohíbo a cualquiera que hable acerca de él.
—Será como desee, amo. Asignaré a uno de los elfos a que cubra sus necesidades… ¿Kreacher, tal vez?
—Encárgate de ello. Y ahora, Bellatrix, déjame a solas con el chico.
La mortífaga asintió con respeto y salió del oscuro cuarto, con sus pesadas túnicas de terciopelo volando detrás de ella. Voldemort la miró de manera algo apreciativa, antes de voltearse para ver al joven que estaba tirado en la cama. El niño no era completamente hermoso. Sus rasgos eran tan finos como los de los Malfoy, pero había una cierta dureza en ellos. La piel no era tan uniforme y el cabello se veía sin vida y mal cortado. Era delgado y sus horribles ropas muggles le quedaban grandes. Incluso sus manos se veían ásperas y lastimadas, revelando que estaba más que familiarizado con el trabajo físico. Voldemort hizo una mueca: el hijo de Lucius hacía trabajo de elfos domésticos, y estaba a años luz de distancia de su pomposo padre.
Cuánto debió haber lastimado la descontrolada arrogancia de Lucius el descubrir que su heredero legítimo no tenía poder. Le habría encantado ver su primera reacción, al enterarse de la fallida naturaleza del niño. Era de esperarse que Malfoy tomara al hijo de Nott bajo su ala, para continua la línea. Voldemort no había esperado más de parte de alguien con la mente tan cerrada.
Lucius no entendía las complejidades de la existencia de Draco. El sacrificio de su magia era un mero tecnicismo, en sus propósitos mayores. Pronto, Draco tendría la oportunidad de probar su propio valor y, entonces, el Señor Tenebroso se levantaría una vez más.
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Sentía una terrible pesadez por todo su cuerpo. Tenía los párpados cerrados, como si hubiera llorado hasta dormir. Se pasó una mano por el rostro y parpadeó para despertarse.
La cama en la que descansaba era suave e irreconocible, como el resto del cuarto. Draco se levantó tambaleándose en sus pies y notó que sus pantalones y camiseta habían sido reemplazados por una túnica negra, hecha de seda pesada. Sus manos se quedaron sintiendo la tela. Nunca había tocado un material tan rico, desde sus días en la mansión.
Por un segundo, pensó que estaba de vuelta en la residencia Malfoy. Quizá los amos lo habían buscado. Una suave sensación de esperanza hizo que su corazón latiera más rápido. Quizá lo habían perdonado por no tener magia, y por fin lo amarían como su hijo… solo quizá.
La realidad cayó de golpe. Debía haberse golpeado la cabeza en algún lugar, pero no podía recordarlo. Su túnica indicaba que había sido raptado por magos, pero no podía entender por qué. No tenía nada de valor. Nadie estaría interesado en un desamparado niño sin magia.
Notó que el cuarto no tenía ventanas y que la puerta estaba hecha de roble sólido. Draco trató con la manija. No cedió ni un poco, por lo que se dejó caer en el suelo, entendiendo que era un prisionero. El squib estaba a merced de algún desconocido mago tenebroso.
No se dio cuenta cuando la puerta simplemente desapareció, y un mago algo y con aspecto viperino entraba con calma al cuarto. Draco levantó la mirada hacia la formidable presencia, solo para bajar los ojos de nuevo cuando sintió el poder ante él. Sus hombros comenzaron a sacudirse visiblemente. Voldemort sonrió con frialdad.
—Veo que te han enseñado a tener el gran poder. Lucius debe haberlo hecho a golpes. Dime, niño, ¿qué hacías en esta casa?
Draco pasó saliva ruidosamente, pero no levantó la mirada.
—Yo… yo… era su sirviente, señor.
—Así que tallabas pisos y lavabas platos. Cómo debe haber lastimado su orgullo verte de rodillas, pero al mismo tiempo, sabía que ahí era donde pertenecías. Pobre y confuso Lucius. Lo compadezco, aun cuando me causó molestias al mandarte lejos.
—No lo entiendo, señor. ¿Quién es usted? —preguntó temerosamente.
—Yo soy Lord Voldemort.
Draco quedó congelado por esas palabras. Voldemort había asesinado a los padres de Harry, y había tratado de asesinarlo cuando era un bebé. Dobby le había contado que había sido el mago tenebroso más poderoso de la historia, y que su reino había sido uno de terror y agonía. Su odio por los muggles, los nacidos de muggles, los mestizos y los squibs los habían llevado, a él y a sus seguidores, a cometer los más terribles actos. Draco lo sabía, y sabía que su vida estaba perdida. El Señor Tenebroso lo iba a matar sin pensarlo dos veces.
—No tengas miedo de mí, niño. No tengo intenciones de lastimarte. Eres sangre pura y me has servido mejor que lo que tu padre lo ha hecho. Tu sacrificio por mi causa será reconocido.
Draco se quedó en silencio, y muy asustado. Voldemort continuó hablando sin perturbarse.
—Ha sido tu existencia la que me da el poder que requiero para completar mi misión. Una pieza vital de mi plan ha estado grabada en tu mero centro. Te ha otorgado un propósito que pronto entenderás.
Draco negó confundido con la cabeza. No podía comenzar a comprender lo que el mago estaba tratando de decir.
—Por ahora, no necesitas sabes más. Serás tratado bien, y lo único que requiero por el momento es tu presencia. Esta habitación será tu aposento y te deberás quedar aquí a todas horas. Voy a retenerte como precaución, pero dudo que seas lo suficientemente tonto como para enfadarme.
El Señor Tenebroso agitó su mano y un grueso grillete y una cadena aparecieron alrededor del talón izquierdo del rubio. El otro extremo se enredó en el poste de la cama. El chico tomó el frío metal. Estaba atrapado.
—Ahora te dejaré a solas, y espero que hagas caso a mis deseos o haré que te arrepientas de no hacerlo.
La visión del chico se nubló cuando Voldemort salió del cuarto y la puerta se volvió sólida de nuevo. Las frías palabras del mago lo habían envuelto y Draco entendía que algo terrible estaba esperándolo.
~TBC~
Notas de la autora: Y la trama se complica…
Notas finales: Lo sé, lo sé, yo también me quedé con esta cara… O_O
Adigium21
