Chicas cuanto lo siento pero paso algo totalmente fuera de mis manos, ya ven que yo actualizaba al menos cada semana pero mi laptop hizo kaput… y entro en coma y oficialmente la semana pasada me dijeron que murió D: y el problema es que ya tenia la mitad de este capítulo ahí y pues hasta hace poco me dieron el respaldo y comparto la laptop de mi hermano temporalmente en lo que me compran otra por eso no pude actualizar, pero ya que tengo el respaldo, volveré a actualizar cada semana aunque le quite la laptop a mi hermano con patadas, espero y disfruten mucho de este capitulo, muchas gracias por la paciencia de todos : ).

SEGUIMOS EN EL PASADO AHORA LAS COSAS ESTAN MUY TENSAS CON EL CONJURO DE INUYASHA, NO PUEDE HACERLE DAÑO A KAGOME.

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN TODO ES OBRA DE RUMIKO TAKAHASHI, LA HISTORIA ES ORIGINAL MIA, Y ALGUNOS PERSONAJES.

Capítulo 18 Operación Cupido.

La aldea de los exterminadores no podía estar más en acción, estaban alerta no solo dentro del lugar, si no por fuera del enorme muro que cubría la aldea, incluso habían hecho pequeños grupos de ellos, para salir en busca de rastros de demonios. Estaban realmente preocupados debido al ataque que habían sufrido dos de los suyos y esto jamás había pasado, fueron muchos años en los que su aldea había sido como una especie de fortaleza impenetrable, las criaturas del bosque jamás se interesaron en retarlos pero desde la llegada del monje y su acompañante, todo había cambiado sin embargo, estaban de lado de ellos, la anciana Kaede ya había hablado con ellos, encargándoles que protegieran a esos dos que Kagome era la elegida por la perla de shikon. Hubo mucha especulación al respecto, todos en la región conocían la leyenda de la esa valiosa joya, quien la había creado, como y lo que hacía, los humanos comprendían que en manos equivocadas causaría grandes desgracias por eso cuando se enteraron de que un mitad bestia se había apoderado de ella todos entraron en pánico sin embargo, el legendario demonio Inuyasha casi no se había visto, se rumoraban muchas cosas de él pero la versión mas creíble es que odiaba a los humanos, los evitaba y prefería la soledad todos pensaban que estaba bien que el tuviese la perla, era como una especie de trato silencioso, el cual consistía en que: ellos no lo buscarían ni lo molestarían mientras que el demonio tampoco amenazaría la paz en la que vivían… Hasta ahora.

Miroku y Sango no habían dejado de discutir, ella había buscado los recipientes para poner las hierbas que recolectaran ella y Kagome, tanto para fabricar veneno de monstruos para los exterminadores como para hacer medicina y curar a aquellos valientes exterminadores que habían defendido la aldea. Llego a donde estaba su cabaña y se encontró con nada más y nada menos que a su respetable excelencia hablando con las novatas en entrenamiento mujeres aun mas jóvenes que la misma Kagome, una vena de inmediato se formo en la cabeza de Sango apretando con todas sus fuerzas uno de los recipientes que había agarrado hasta que este sorprendentemente se hizo trizas en sus manos, lo que hizo sudar al monje que le estaba dando la espalda pero podía sentir perfectamente un aura maligna detrás de él y era el peor demonio de todos, el de una mujer enojada.

-Excelencia…- Las novatas miraban a Sango de frente, podían ver como de sus ojos se despedía casi fuego y aun aura oscura la rodeaba.- que… que clase de demonio es este.

-¿Muy ocupadito no?-Respondió la exterminadora enojada, su voz era realmente de temer.

Miroku rio nerviosamente.- Señoritas yo…- No siguió por que las jovencitas con las que había estado coqueteando, habían huido como almas que persigue el diablo y eso no podía ser más cierto, puesto que su prometida podía ser el mismo diablo si se lo proponía, el monje temblaba Buda por favor, protégeme de todo mal. Se puso a rezar mentalmente, escuchaba como la tierra se removía con cada paso que ella daba, trago fuertemente y se dio la vuelta para enfrentar a su prometida, que en estos momentos le daba la razón a las jóvenes aprendices, ella parecía más un demonio en estos momentos que una mujer. – Sangito, preciosa, todo tiene explicación ellas solo me estaban comentando que estaban asustadas por que los demonios se han estado acercando a la aldea.

-¡Ah sí! Y usted…- Sango lo tomo del traje de monje y lo jalo como una evidente manera de amenazarlo.- Muy ofrecido en consolarlas ¿No?

-Pues… claro, deberías estar orgulloso de tu prometido…

-¡Es usted un descarado!- Levanto su mano muy dispuesta a seguir marcando su cara con sus manos, vio como el monje apretó los ojos esperando ese momento, pero ni ella lo golpeo ni él siguió rogando por su vida por que sintieron algo, un escalofrió, esa clase de escalofrió que te estremecía y te avisaba que algo no estaba bien. Antes de que alguno comentara algo al respecto llego Kaede con el rostro serio y preocupado, lo que les confirmaba que ella también estaba sintiendo lo mismo, intercambiaron una mirada rápida y fue la anciana Kaede la que se atrevió a decir lo que estaba pasando.

-Se trata de una presencia maligna…. – Los tres lo sabían porque tenían experiencia en ese campo y además esa presencia en especial la conocían.- Lo sabia… El demonio Inuyasha regreso para buscar a Kagome.

-¿Inuyasha?...- Sango se sorprendió por completo, miro a Kaede y a Miroku notando que ninguno tenía esa expresión de sorpresa como ella, necesitaba que le explicaran todo, es decir, ya sabía que se habían encontrado con el pero no el porqué perseguía a Kagome eso no tenía sentido, ella también al igual que el monje Miroku había sido amiga de hace muchos años de él. Desde que se convirtió en un demonio todos perdieron total contacto con él, lo buscaron por mucho tiempo pero terminaron comprendiendo que quizás lo mejor era dejar que siguiera su camino, quería estar solo y era comprensible después de todo lo que él había vivido, los tres que estaban ahí lo sabían perfectamente pero lo que no cuadraba era porque precisamente regresaba ahora ¿Con que intención? ¿Por qué con Kagome?

-Sera mejor discutirlo luego.- Dijo Kaede.

-Sí, la señorita Kagome nos necesita- Por primera vez dijo algo útil el Monje Miroku en el día, aunque Sango no podía evitar sentirse celosa de todo lo que ellos dos habían vivido y de lo bien que se llevaba pero sobre todo de que se preocupara tanto por ella. Se calmaba a si misma porque sabía que ella era buena y no tenía ninguna mala intención, así que estuvieron de acuerdo, cada uno tomo sus armas, el arco de Kaede, los pergaminos de Miroku y el boomerang de Sango. Su gatita Kirara se transformo increíblemente en un gato muy grande y salvaje un dientes de sable, sus dos colas despedían fuego, después de todo Kirara no era su fiel compañera nada mas, se trataba de un demonio de sangre pura por lo que tenía sus dones, como transformarse, todos montaron a la gata y se sostuvieron con su pelaje.

-¡Kirara, sigue el olor de Kagome!- Kirara gruño ferozmente lo que quería decir que había comprendido la orden en seguida comenzó a correr sus patas se fueron elevando en el suelo hasta quedar arriba por sobre los techos de las cabañas, comenzó a olfatear el rastro que encontraba en el aire, para encontrar a Kagome, hasta que desapareció de la vista de todos.

-Prométeme que ya no vas a atacarme y entonces dejare de decir esa palabra.- No sabía cuánto tiempo había pasado desde que le puso el hechizo, quizás era realmente poco pero de alguna manera había recuperado la valentía. Seguía sin comprender como es que se lo había puesto además, era extraño que con solo decir aquella palabra el legendario demonio no pudiese hacer nada para evitar estamparse contra el suelo, realmente Kaede tenía razón ese hechizo debía haber sido hecho especialmente para este chico lo que le hacía pensar que la hermana fallecida de la que tanto se especulaba había sido realmente poderosa pero Kaede fue muy clara al decir que no era el momento de hablar de ella ahora lo que importaba era saber que iba a hacer con este demonio. Lo tenía prácticamente acorralado si él no se calmaba ella no dejaría de sentarlo, así de simple, como si los papeles estuvieran cambiados, ella estaba parada frente a él con sus manos en sus caderas, agachando un poco su cuerpo ya que él estaba en el suelo, porque al más mínimo intento de que él se levantara ella decía esa palabra que lo condenaba.

-¡Keh!- El le daba la espalda, tenía su mano apoyada en su mejilla en una posición un poco altanera, por nada del mundo el admitiría su derrota y mucho menos frente a esa mocosa que cada vez toleraba menos. De vez en cuando la miraba de reojo y no podía evitar pensar… Maldición ¿Por qué se parecen tanto?

Kagome suspiro esto parecía que no iba a llegar a ningún lado, ella también lo miraba de reojo A pesar de que es un demonio… actúa como un niño pequeño, es un chico muy extraño. Ella se agacho hasta quedar tan cerca del suelo como fuese posible apoyándose en sus propias piernas, descanso sus manos sobre sus rodillas, noto como las chistosas orejas de él se movieron en cuanto ella se había agachado, siempre tuvo esa curiosidad ¿Cómo se sentiría tocar esas orejas? Se acordó de su gato de casa, acerco sus manos hipnóticamente pero jamás llegaron a tocar ese par de orejas de animal porque el demonio se levanto completamente furioso.

-¿Quién demonios te crees mujer? ¡Aléjate de mí! Tu aroma me repugna.- Tenia su mano derecha levantada en forma de puño hacia a ella, estaba reclamándole como si hubiese sabido las intenciones que ella había tenido para con sus orejas.

-¿Qué? – Se levanto tan molesta como él, así es, ahora que tenia cierto poder sobre el demonio, no se iba a dejar insultar por él, no mas.- ¡Abajo!- Nuevamente vio como el collar de la dominación brillo y jalo al demonio en contra de su voluntad a que comiera tierra prácticamente, ella se tambaleo un poco, era tal la fuerza de el que hasta hizo vibrar un poco la tierra sobre la que ella estaba parada. Se quedo quieta cuando empezó a escuchar un gruñido canino que se incrementaba entonces lo miro, como el levantaba la cabeza, con sus ojos rojos la miro con tanto odio que hasta le dolió el pecho, sus gruesas cejas oscuras estaban unidas, se le saltaban las venas de la frente, nunca había sentido una mirada tan horrible sobre ella, se sintió mal por tratarlo así, se llevo una mano a su pecho, intentando calmar ese extraño dolor que creció en ella al ver ese rostro lleno odio.

-Y nosotros que creímos que necesitaría ayuda.- Esa voz fue reconocida por ambos, Kagome volteo enseguida y las orejas de Inuyasha se movieron igual que cuando ella se puso tan cerca de él. Era una voz femenina, pertenecía a Sango a la exterminadora de monstruos. Estaba parada a unos cuantos metros de ellos con su boomerang detrás de ella cargándolo con su mano como si nada, la gatita Kirara venia en su hombro. Sango no venia sola, la anciana Kaede los miraba con sorpresa, el monje Miroku estaba a su lado sosteniendo su cetro de oro y mirándolos con… ¿Picardía? Esa mirada no les gusto nada, era como si los acosara de haber hecho algo como lo que el acostumbra.

-Ya sabía que la señorita Kagome se las arreglaría, es una chica muy especial. – Se quedo callado al instante por qué sintió la mirada fulminante de Sango, nuevamente esa aura oscura estaba a su alrededor casi juraba que su aura maligna en esos momentos era incluso mayor que la del gran demonio Inuyasha. No entendía los celos de Sango, cierto que en un principio le había coqueteado a Kagome como a todas pero ahora realmente la respetaba y la quería como una amiga y lo que dijo es porque desde que la conoció sabía que había algo diferente en esa chica y ahora lo terminaba de comprobar, fue capaz de domar al fiero demonio Inuyasha, fuese como fuese nadie jamás lo había hecho, no desde la muerte de la sacerdotisa Kikyo.

-Veo que el hechizo funciono a la perfección.- Dijo la anciana Kaede intentando alivianar el ambiente tan tenso que se había creado. La verdad es que siempre tuvo pendiente puesto que el hechizo jamás se había probado no había estado tan segura de que funcionara pero una vez más comprobaba los grandes poderes que tenía su hermana Kikyo.

-¿Hechizo?- Preguntaron el monje y la exterminadora al mismo tiempo, viendo a Kaede con confusión.

-Así que fuiste tu anciana.- Sabia que esa mocosa no era capaz de ponerme un hechizo por sí sola. Desde donde estaba el demonio miro fijamente a Kaede, esperando a que diese una respuesta, novenito sus garras con impaciencia sobre su mejilla.

-Sabia que volverías a intentar atacar a Kagome.- Cuando dijo eso por unos segundos los ojos del demonio se abrieron un poco más, mostrando su sorpresa pero enseguida cerró los ojos.

-¡Keh!- Se dio medio vuelta dándole la espalda a la anciana Kaede, si había algo que le molestaba a Inuyasha es que adivinaran lo que el haría, odiaba ser evidente y jamás admitiría que el había regresado por era humana… ¡Jamás!

-Y en realidad yo no hice nada más que darle el hechizo ella supo como aplicártelo.- Desvió su mirada hacia donde estaba Kagome, quien aun tenia esa expresión de sorprendida al verlos, la joven se sintió observada y no pudo evitar el sonrojarse, sintiendo un poco de vergüenza de haber sido encontrada en ese tipo de situación, ahora que estaban todos ahí su valentía se había esfumado. Era curioso que estando sola con Inuyasha demonio podía sacar su coraje pero estando todos presentes le costaba un poco mas de trabajo.

-Habladurías anciana, este hechizo estaba hecho para mí ¿No es verdad?- Inuyasha abrió los ojos y jalo un poco el rosario para observar el material del que estaba hecho, una sonrisa torcida y maquiavélica apareció en su rostro.- Supongo que Kikyo lo hizo, esta mocosa ni en sueños podría haber hecho tan buen trabajo.

-¿Disculpa?- Kagome estaba boquiabierta ¿Cómo es que él había descubierto tan fácil el origen del collar de dominación? Además pero que muchacho tan bipolar, primero se la pasaba insultándola y amenazándola de muerte y ahora alagaba a esa tal Kikyo, oficialmente las mujeres no eran las complicadas, los hombres si lo eran y estaba segura de que Sango… Volteó a ver a Sango y a Miroku, bueno Sango no era precisamente el mejor ejemplo para decir que las mujeres eran estables.- ¡Tu no me conoces! ¡No puedes decir nada sobre alguien a quien no conoces!

Inuyasha se levanto enseguida nuevamente en esa pose tan amenazante, con su puño levantado hacia a ella y la vena hinchada destacando en su frente- ¡Mira! ¡Mocosa yo hablo de quien sea cuando se me dé la gana!

Los tres observadores el monje, la exterminadora de monstruos, la anciana sacerdotisa y la demonio Kirara observaban a ese par discutir como si se tuviesen toda la confianza del mundo. No podían creerlo si fuese cualquier otra persona Kagome ya estaría muerta desde hace mucho, Inuyasha como mínimo le destrozaría la boca a cualquiera que le levantase la voz sin embargo, solamente estaba discutiendo con ella.

-¡Abajo!- Todos suspiraron al ver al demonio caer al suelo sin poder hacer nada para evitarlo, la anciana Kaede negó con su cabeza, tenía sus manos juntas en su espalda. Lo que faltaba otro par que se la pase peleando. Pensó la anciana Kaede.

-Sera mejor irnos antes de que se ponga feo.- Le susurro el monje Miroku a la exterminadora al oído, esta estuvo de acuerdo, ambos, junto con Kaede y Kirara les dieron la espalda a esos dos para regresar de pie a la aldea, de todos modos no tenían prisa.

-¡Espérenme no me dejen aquí!- Dijo una Kagome desesperada, ni cuenta se dio de que al correr con tanta prisa termino pisando el cuerpo del demonio de por sí ya enojado, simplemente se fue tras su grupo de amigos, su cabello se mecía graciosamente en su espalda al correr. Eso fue todo lo que el demonio vio de ella hasta que desapareció de su vista. Maldición… esa mocosa me las va a pagar ¡Todas! Al levantar su rostro sintió algunas pequeñas piedras encajadas alrededor de su rostro, pero antes de quitarlas, sintió una molestia mayor en su cuello, un pequeño piquete, llevo su mano a su cuello y vio un punto negro caer al suelo deslizándose lentamente como si fuese un pedazo de papel.

-Amo Inuyasha, que cruel es usted.- Después de todo se trataba de la pulga Myoga, quien se había clavado a su cuello para chupar su sangre y al ser aplastado por Inuyasha cayó al suelo sin más remedio.

-¡Qué demonios quieres anciano!- Tomo al diminuto demonio entre las puntas de sus garras acercándolo a su rostro para observarla, apretó ligeramente sus garras jugando con el cuerpecillo de su supuesto fiel sirviente.- Nunca estas cuando te necesito y vienes cuando más me estorbas.

-No diga eso amo, es que… ya sabe uno tiene buscar comida para sobrevivir.- Inuyasha no se molesto en responderle, con un movimiento de sus dedos mando a la pulga a volar muy muy lejos, no alcanzo ni a escuchar sus quejas porque seguramente las habría. Se sacudió su traje rojo y acomodo la parte de arriba del mismo.

…..

-¿Pero qué estás diciendo jovencita?- Dijo La anciana Kaede mientras despegaba la pequeña taza con te de hierbas de sus labios, el humo salía exquisitamente de aquella bebida preparada con todo lo que Kagome y Sango habían recolectado. Después de aquel extraño acontecimiento en el bosque entre la joven y el demonio, todos habían vuelto a la aldea de los exterminadores, en esos momentos Kagome y Kaede conversaban tranquilamente en una de las cabañas de los compañeros de Sango y si preguntaban por donde estaba la parejita…. Bueno el monje Miroku seguro estaba coqueteando con las pocas mujeres de la aldea y la exterminadora estaba junto a él de guardia para jalar su oreja cada vez que fuese necesario.

-Pienso que Sango y el monje Miroku en verdad se quieren… puedo verlo, el monje Miroku siempre es un desconsiderado pero con ella no es así… él es diferente y pienso que solo un amor puro y verdadero puede cambiar el comportamiento de las personas.- Es verdad que ella no tenía ningún conocimiento del tema como había pensado ya en ocasiones anteriores pero no se necesitaba ser un experto para notar que entre ellos dos existía algo realmente especial.

Kaede sonrió cada vez se convencía mas de que Kagome era una joven muy especial, capaz de ver los comprender los verdaderos sentimientos de las personas, tenia muchísima empatía- Eso es verdad Kagome.

-Y quiero hacer algo por ellos….- Movía sus dedos nerviosamente en su regazo, esa idea había estado rondando su cabeza por mucho tiempo, ya no quería que siguieran peleándose pero el problema estaba en que el monje Miroku no paraba con sus malos hábitos y el orgullo de Sango cada día crecía mas, si ninguno de los dos cedía, esa relación no llegaría más lejos. – Quiero que hablen… que revivan su relación, que recuerden lo que sienten el uno por el otro.

-Tus intenciones son muy buenas Kagome pero…. –Intentaba elegir las palabras correctas para no hacerla sentir mal, le paso una taza de té para que se relajara un poco.- a veces es mejor dejar que las cosas se resuelvan por si solas.

-Pero… -Miro el liquido de color verdoso en su tasa, soplo un poco alejando el humo que salía del mismo.- en verdad necesitan ayuda.

-No nos corresponde a nosotras el hacerlo.- Kagome suspiró ante la ultima palabra de Kaede, estaba claro que ella no estaba de acuerdo en intervenir quizás la anciana tenia razón pero ella no era de ese tipo de personas que simplemente se quedaban con los brazos cruzados pero antes de decir algo fue interrumpida por una voz ronca y claramente masculina.

-Deja de ser tan entrometida niñita.- Tanto la anciana como la joven miraron por la ventana de la cabaña, justo a unos pasos estaba un árbol no tan grande, en donde estaba recostado el joven demonio de traje rojo, ninguna estaba sorprendida puesto que el ya llevaba tiempo de esa manera, vigilándolas, con los ojos cerrados, realmente aburrido de la conversación que estaba escuchando. Cuando ellas habían llegado a la cabaña el ya estaba en ese árbol ninguna dijo nada porque no estaban seguras de las intenciones que el tenia al seguirlas, cuando paso el tiempo y el estuvo como adorno de jardín sin hacer nada, simplemente decidieron ignorarlo… hasta ese momento.

-¡Mira quien lo dice!- Se levantó bruscamente provocando que el liquido caliente se derramara en su mano, pero de lo furiosa que estaba no lo sintió al instante.- ¿Se puede saber qué es lo que haces aquí?...- No dijo más porque el ardor comenzó a hacerse evidente, bajo la mirada, su mano derecha temblaba mientras sostenía la tasa con dificultad, notando que su mano estaba mojado, comprendió que por exaltarse se había hecho un daño innecesario.

El demonio comenzó a carcajearse- Pero que niña tan mas torpe.

-¡Silencio que fue tu culpa!- La anciana Kaede rápidamente se había levantado para mirar la mano de ella, aun no se notaba la quemadura, pero pronto esa zona se pondría muy roja, obligo a la chica a meter su mano en una cubeta con agua.

-¡Mira a mi no me eches la culpa por tu torpe…!

-¡Dejen de pelear los dos por un segundo! –Miro de reojo al demonio, quien se había bajado del árbol y ahora estaba parado junto a la ventana con sus brazos cruzados sobre su pecho y sus manos ocultas dentro de las anchas mangas de su la parte superior de su traje. – Es verdad Inuyasha ¿Qué es lo que estás haciendo aquí?

-¿Qué no es obvio?- Jalo el rosario que estaba alrededor de su cuello, solo un poco ya que sabía que si lo jalaba mucho, recibiría una pequeña descarga por parte de esa cosa.- ¡No me iré hasta que la mocosa me quite esta porquería del cuello!- Soltó el collar en cuanto termino de decir aquello, sus ojos viajaron ligeramente a la mano herida de la joven pero rápidamente desvió la mirada encontrándose con los ojos furiosos de la chica lo que lo hizo retractarse solo por medio segundo de lo que había dicho.

-En primer lugar yo no sé como quitártelo y en segundo aunque lo supiera…. ¡No te lo quitaría!- Buscando alejarse del demonio a como diera lugar, así que se fue con todo y el recipiente con agua, su mano dentro de el, apretaba el recipiente contra su estomago y caminaba sin mirar atrás, hizo aún lado la puerta de la cabaña y salió ignorando las llamadas de atención de la anciana Kaede. En ese momento se decidió ella ayudaría a Sango y a Miroku tuviese el permiso de Kaede o no lo tuviese y gracias a Inuyasha, a su desafío, le demostraría que ella se sabía hacer las cosas bien y no era solo una chica torpe pero la pregunta era ¿Qué haría exactamente para ello? Se detuvo cuando escucho pequeños pasos detrás de ella, notaba que eran rápidos e intentaban ser tan silenciosos como un gato pero eso fue lo que delato al perseguidor.- ¿Qué es lo que quieres Inuyasha…..? –No se molesto en darse la vuelta para encararlo, le seguía dando la espalda, no pensaba seguir aguantándolo, ella tenía el poder y de ser necesario lo usaría cuantas veces fuese necesario con tal de que la dejara en paz.

-Lo sabía, eres una entrometida.- Frunció el ceño, le molestaba tanto que no le viesen la cara, así que un salto había aterrizado frente a ella provocando que ella se llevara un susto y retrocediera un poco por reflejo, sonrió de lado ante ello, amaba tener el control de la situación.- ¿Acaso no escuchaste? – Se inclino un poco con los brazos cruzados sobre el pecho, una pose muy habitual en él, acerco su rostro al de ella, mirándola fijamente con sus fieros ojos rojizos.- Te dijeron que no te entrometas en lo que no te importa.

Kagome se quedo sin aliento por unos segundos, el tenerlo tan cerca la ponía demasiado nerviosa y esta vez no se trataba del miedo que le sentía, el no podía hacerle daño gracias al collar de dominación, era otra cosa… algo en su mirada que la mantenía como un árbol, plantando sus raíces al suelo sin ser capaz de moverse ni un centímetro, se perdía en ese intenso color…. Así de cerca no se ve tan espeluznante… se ve… atractivo. Sus ojos contrastaban perfectamente bajo sus gruesas cejas de color negro, ese cabello plateado le daba un toque único… era un chico único.

-¡Que tanto me está mirando! ¡Eres tan molesta!- Eso despertó a Kagome de su trance, miro como el olfateo ligeramente y gruño.- Realmente tu aroma es insoportable.

-Realmente se acabo todo el encanto.- Pensó Kagome, el grito del demonio había sido como un pellizco para despertarla de su sueño.- Bueno nadie te dejo que te acercaras tanto a mi.- Noto como aquello afecto la postura del demonio, como dándose cuenta de cuan ciertas eran las palabras de ella pero enseguida volvió a su posición tan altanera, la joven cruzo los brazos sobre el pecho, dos podían jugar al mismo juego. Todos los Inuyashas son iguales, testarudos, enfadosos, gruñones, bipolares y sobre todo altaneros.

Que tanto está pensando esta chiquilla. Lo miraba con una vena en la cabeza, el ceño fruncido, sus manos apretadas, prácticamente los dos estaban en la misma posición, parecían dos niños pequeños en lugar de lo que en realidad eran, uno de los dos tenía que ceder y era lógico que no sería el demonio y Kagome en esos momentos estaba apurada, Sango y Miroku eran mucho más importantes que una pelea infantil, suspiro y relajo su cuerpo.- De acuerdo, no tengo tiempo para esto, si tanto deseas seguirme, perfecto hazlo.- Lo miró a los ojos con determinación, aunque fue un poco difícil mantener la seriedad considerando lo que su mirada provocaba.- Pero vas a ayudarme.

-¿Ayudarte?- Se le quedo viendo por unos segundos y empezó a carcajearse, Kagome lo miraba sorprendida ¿Acaso dijo un chiste?, realmente se tomo su tiempo para reírse, ella sin comprender el chiste seguía mirándolo, esperándolo hasta que se calmo, realmente podía parecer un niño pequeño.- Nunca te ayudaría.

-Lo haras.- Dijo Kagome con mucha seguridad.

-¡Keh!- Seguramente el iba a obedecer a una simple humana, no le debía nada a ella ni a nadie, así que el no haría nada que no quisiera hacer y definitivamente ayudarla a ella en sus estúpidos planes para hacer una parejita era una completa perdida de tiempo ¿Qué diantres que le interesaba a el si ese monje no controlaba sus mañas? Nada. Realmente nada.

….

¡Cada segundo la soporto menos! Su rostro estaba realmente mugroso, lleno de tierra, al igual que su cabello tenia algunas pequeñas piedras enredadas, era lógico lo que había sucedido, el se rebelo y la muy cobarde salió con sus palabras mágicas para azotarlo contra el piso. ¿El resultado? Ahora el estaba mascullando maldiciones por el bosque mientras, sus sentidos del oído y el olfato estaban muy atentos a alguna señal de donde estuviese ese monje mujeriego.

El plan de Kagome era poco original, mentirles a ambos para que se reunieran en cierto lugar y hablaran solos, según ella, así los dos estarían en un ambiente mas tranquilo y sus sentimientos estarían a flore de piel ¿Y que pensaba el de eso? Que Kagome era mas ingenua de lo que pensaba, lo único que iba a pasar es que la exterminadora tendría la oportunidad perfecta para descabezar al libidinoso sin testigos, el crimen perfecto, sonrió de lado, ya le estaba gustando un poco el plan ahora que pensaba en ello. Sus orejas se movieron graciosamente al escuchar a lo lejos risas femeninas, eran timidas, seguido escucho la típica frase del pervertido y el discurso de que el quería tener una buena herencia y blah blah blah. Corrio rápidamente a velocidad de sus poderes demoniacos por lo que no le tomo mucho tiempo el llegar hasta la escena que ya se imaginaba. El Monje rodeado de mujeres jóvenes y tontas que se creían toda la sarta de tonterías y promesas que el les decía, el conocía al monje Miroku desde hacia mucho tiempo y jamás terminaría de comprender el porque de su estúpido habito porque eso era, estúpido. Si no soportaba ni a una sola mujer ¿Quién diantres querria soportar a tantas?

-Así es señoritas, deseo un herencia de… excelencia y se que con su ayuda eso estará garantizado, gracias a tan bellos rostros que estoy viendo. – Afirmo el monje con su mano en su pecho y sus ojos cerrados como si estuviese citando alguna especia de poesía.

-¡Hay! Excelencia nos halaga tanto, que vergüenza.- Dijo una de las jovencitas, llevaba un pañuelo chistoso en la cabeza, tenía pecas, era inclusive mas joven que Kagome. Ese monje iba de mal en peor, cada vez buscando presas más pequeñas.

-Nunca cambiaras monje libidinoso.- Se escucho una voz gruesa algo tenebrosa y es que el tono de voz que poseía el temible demonio era simplemente imposible de ignorar, por lo que todas se quedaron calladas y al mirarlo el les sonrió torcidamente, todas se ocultaron detrás del monje Miroku. El demonio en forma de humano se veía tan imponente, muy alto, aun mas alto que el monje, se notaba lo fuerte que era, los musculos de su cuello se tensaron con esa sonrisa tan forzada y que decir de sus ojos y de su cabello que eran los aspectos mas únicos y fuertes que el tenía que para ellas era escalofriante pero para otras era fascinante.

-Señoritas tranquilas, yo las protegeré de ese mounstruo feo.- Dijo con toda calma, sonriendo con tranquilidad.

-Pero que valiente es usted excelencia, tenga mucho cuidado- Dijo otra de las jovencitas, que llevaba el cabello suelto e igual un pañuelo chistoso en la cabeza, puso sus manos sobre el brazo derecho del monje arrugando son sus manos la tela de su traje, haciendo evidente lo preocupada que estaba.

-¡Pero que fanfarron te haz vuelto!- Antes de que el joven de ojos azules pudiese defenderse, el demonio estrello su puño contra la cabeza del monje, con evidente enojo, mas no fue tan fuerte ya que si realmente hubiese usado sus fuerzas, hubiese hecho trizas su cráneo, en cambio lo único que había pasado es que le salió un gran chichon encima de su cabeza. Las chicas huyeron despavoridas gritando que había un demonio en la aldea y estaba loco.

-¡Ouch!- El monje llevo sus manos a su cabeza por el dolor que sinto, casi llorar al sentir el chipote que se le formo, su bella cabeza deformada, eso si no estaba bien.- ¡Señoritas!- Alzo una mano hacia donde se habían ido corriendo como si con esa seña pudiese alcanzarlas.- ¡No se vayan por favor!- Pero era lógico que ellas no regresarían pronto… si no es que jamás. -¡Inuyasha! ¿Por qué siempre tienes que ser tan brusco? Mira que las haz ahuyentado.

-¡Keh!- Poniendose en su pose habitual con los brazos cruzados, los ojos cerrados la cabeza girada de perfil le dijo:- Como se me interesa eso monje, yo solo vine porque esa anciana loca esta buscándote.

-¿Anciana loca?- No dejaba de sobarse y aplastarse el chichon, como si pudiese enterrarlo en su cabeza y que desapareciera esa pequeña deformidad.

-Si, la única anciana que conocemos en común.- Dijo con poca paciencia.

-¡Oh! La anciana Kaede.- Claro no podía ser nadie mas, el irrespetuosamente le llamaba así pero eso no era raro, el que el no respetara a sus mayores. La verdad es que se alegro, si alguien podría quitarle esa deformidad seria la tan amable señora Kaede, solo por esta vez no iria tras las chicas, era primero su belleza.- ¿En donde esta?

-Del otro lado de la aldea, en la otra entrada al muro.- Si bien apenas abrió los ojos y el monje ya no estaba, se le formo una vena en la cabeza- ¡¿Cómo se atreve a dejarme hablando solo?¡- Alzo su puña contra la dirección que sabia que había tomado.

…..

Kagome por otra parte, estaba muy emocionada, se sentía tan confiada de su plan porque sabia que esos dos se querían en verdad, solo era cuestión de alejar las tentaciones, que hablaran en un lugar, tranquilos, sin chicas disponibles para que el monje les coqueteara. Ademas no estaba haciendo sola esto si algo salía mal simplemente podría echarle la culpa a Inuyasha y hablando de el, le parecía increíble que estuviese ayudándola… bueno en teoría la ayudaba pero realmente solo estaba siendo obligado por el poder que ella tenia con ese rosario y esa palabra mágica. Suspiró. En fin, no todo se podía tener en la vida, aún no estaba segura de cómo lidiar con todo el asunto del demonio porque era extraño, ya no le tenia miedo, mas bien tenía mucha curiosidad acerca de él. ¿Qué lo llevo a usar la perla de shikon? ¿Cómo era el Inuyasha mitad bestia? ¿Alguna vez dejo de tener ese humor de mil demonios? Muchas preguntas pero ese no era el momento para buscar la respuesta, tenia que concentrarse en Sango y Miroku.

Y como si hubiese hecho una especie de invocación, diviso a Sango, sentada sobre un troco jugando con Kirara aun lado de una de las cabañas en donde guardaban las armas que los exterminadores fabricaban con los restos de los monstruos que cazaban. Tanto Sango como Kirara estaban muy alegres, le estaba dando de comer, la joven de cabellera castaña sostenía un pequeño pez con su mano derecha y lo balanceaba encima de Kirara, esta movia su cabeza siguiendo al pescado.

-¡Hola Sango!- Saludo Kagome muy entusiastamente poniendo una mano a lado de su boca para que su tono de voz fuese mas fuerte y su mano libre la alzo para saludarla en el aire.

-¡Hola Kagome!- Dijo una Sango un poco sorprendida, termino dándole el pequeño pez a Kirara, la cual hizo un ruido tierno en forma de aprobación y se recostó con su comida entre las patas, solo agachaba la cabeza para darle una buena mordida a los pies de su dueña.

-Veo que a Kirara le gusta mucho el pescado.- Dijo Kagome mientras se sentaba a lado de la exterminadora.

-Por supuesto, será un demonio pero sigue siendo una felina.- Respondió con una sonrisa.

-Es verdad.-La joven azabache se quedó pensativa.- Oye Sango….- Enseguida llamo la atención de la exterminadora.- Lo que pasa es que Kaede me mando a buscarte. –Intento decirlo lo más creíble posible pero la verdad es que las mentiras no eran su fuerte, por suerte no tenía que decir muchas cosas en esta mentira.

-¿Kaede?- Puso cara de sorpresa ya que para que Kaede la buscara es que quizás había pasado algo malo. - ¿Paso algo?

-¿Eh?- La chica se había distraído un poco mirando sus manos por los nervios. ¡Kagome! ¡Concéntrate! -¡Ah! No, descuida, no es nada malo, creo que quiere….- ¿Qué quiere Kaede?...Vamos Kagome ahora si tienes permiso de mentir, hazlo bien.- que le ayudes con lo de las hierbas que recolectamos, hay algunas de las que no está muy segura para que sirven, está esperando del otro lado del muro de la aldea.- ¡Bingo!

-¡Oh! Ya veo.- Sonrió con tranquilidad.- Esta bien, vamos Kirara.- Por suerte la gatita ya había terminado de comer así que la tomo en brazos y se la llevo con ella, Kagome suspiro de aliviado porque el plan había funcionado… pero por si acaso debía ir a asegurarse que todo saliera bien ¿cierto? En la guerra y el amor todo se valía, hasta espiar. Con eso dicho sonrío traviesamente y siguió a Sango cautelosamente.

Tuvo que esperar un poco a que la exterminadora se adelantara, cuando calculo más o menos que ya iba por la mitad del camino entonces ella avanzó, lo que no se había esperado es que a mitad de camino cierto demonio apareciera de la nada, frente a ella. Del susto pego un brinco y casi juraba que su corazón se había detenido algunos segundos, se llevó una mano al pecho para comprobar que su corazón estuviese bien.

-¡No vuelvas a hacer eso! ¡Me diste un susto de muerte!- Le reclamo en voz alta la chica, no era el enojo lo que la hizo alzar la voz si no el miedo que había sentido de pensar que pudo haber sido otro demonio. El estar en ese extraño mundo feudal, estaba desarrollándole ciertos traumas como esos.

-¡No grites tanto! ¡No soporto tu voz chillona!- El demonio tenía sus manos puestas en sus delicadas y curiosas orejas de animal, era muy sensible a los sonidos y esa niña gritándole estando tan cerca de él.

-¿Qué es lo que quieres?- Cruzó los brazos sobre el pecho mostrando que estaba un poco molesta por la respuesta de el sin embargo, no siguió con la pelea puesto que sabía que eso podría tomar un tiempo y ahora tenía prisa.

-¿Qué pretendes? No creas que no vi tus intenciones de ir a espiar a esos dos.-Dijo bajando sus manos de sus orejas.

-¿Desde cuándo te importa lo que haga?- Se había sonrojado por haber sido descubierta pero no se dejaría vencer por él.

Eso tomó totalmente desprevenido a Inuyasha porque incluso su postura cambio, mas igual que Kagome jamás admitiría que lo había agarrado desprevenido- ¡Deja de entrometerte en la vida de los demás!

-¡Mira quién lo dice! ¡El que no deja de seguirme!

-¡Dejaría de hacerlo si no fueras tan torpe y supieras como quitarme esta porquería!- Jalo su collar para restregarle en la cara el asunto.

¡No tengo tiempo para esto! ¡Sango ya llego! ¿Qué hago?... Se quedó pensativa. No puedo creer lo que estoy a punto de hacer… sin pensarla mucho tomo la mano del demonio y antes de que el empezara a protestar empezó a correr junto con él, aunque eso no impidió a que comenzara a protestar pero igual no se detenía, corría junto con ella, gritándole cosas como ¿Qué te pasa? ¿Estás loca? ¡A dónde demonios vamos!

-¡Ya deja de quejarte! Solo iremos a asegurarnos de que la operación cupido funcione.

-¿Operación cupido?... ¿Qué es eso?

Kagome de detuvo de repente y lo miro sabía que ese día sería demasiado largo pero no importaba, lo más importante en esos momentos es que Sango y Miroku volvieran a ser flechados por cupido. El amor está en el aire… eso creo.

CONTINUARA.

Les dejare un adelanto chicas por la espera:

En nuestro próximo capítulo:

-¡Yo no quiero apoderarme de la perla de shikon! Escucha yo vengo de un lugar muy lejano y….

-No me interesa

-¡Oye! ¡No me dejes hablando sola!

….

Inuyasha va con Kaede sin que nadie lo sepa

-cuéntame sobre esa niña Kagome… sé que no es kikyo… pero el parecido… sus poderes… de donde salió ella

-así que te interesa Kagome

-pero que tonterías dices anciana

Prox cap.: Haciendo las pases.