Notas de Autor: No sé por qué estoy escribiendo en presente. Esto muere aquí.
Imagen: Sexy Jessica Rabbit. Midnighttreasure
El silbido sale de sus labios antes de que pueda reparar en las implicaciones del mismo. El objeto de su admiración ni se da cuenta, su sonrisa brillante enfocada en alguien más; pero su novia voltea a verlo, una ceja enarcada.
— ¿Les doy un minuto a solas? —le pregunta, entre divertida y molesta.
Taichi ríe, ignorando el peligroso tono de su voz. Esto solo sirve para molestarla aún más. Fácilmente, se desencaja de su abrazo.
— ¿Qué es tan gracioso? —insiste, el color subiendo a sus mejillas—. Eres un idiota, Taichi.
—Ey, ey, calma—el moreno le dice, obligándola a volver a sus brazos—. No me rio por ti, es que – mira a Yamato.
Sin convencerse, ella voltea a buscar a su rubio amigo. Su quijada cae, y comienza a reír, tapándose la boca con una mano. A su lado, Taichi ríe abiertamente.
Yamato tiene la cara roja, los hombros rígidos al ver a Mimi. Sobre su cabeza trae unas orejas de conejo y usa un overol rojo con corbatín que en cualquier otro se vería ridículo, más no en él. A su lado está Mimi, en semejante vestido rojo. No saben si es el escote de su pecho o la abertura de su pierna lo que le parece demasiado, pero finalmente lo ven prácticamente arrancar la chaqueta de Takeru de sus brazos, estirándola hacia ella con determinación. Mimi mira la chaqueta, a Takeru, y luego a Yamato; pueden ver su rostro cambiar de color.
Taichi no puede más, ríe descontroladamente y deja caer su sombrero con orejas negras de ratón. A su lado, Sora sostiene su estómago con sus manos y lo recoge, poniéndolo sobre su cabeza de nuevo. Taichi se limpia una lágrima, mordiendo sus labios.
—Pobre Mimi—Sora suspira—, mira que tener que lidiar con Yama…
— ¿Pobre Mimi? ¡Pobre Yamato! —Taichi suelta, riendo—. Mimi lo va a matar de un infarto. Creo que no sabía que era Roger Rabbit, hasta ahora.
—Pues creo que se ve fantástica.
—En eso estamos de acuerdo—Taichi dice, esquivando el golpe que ella le tira, riendo más.
Sora se cruza de brazos, suspirando y enarcando una ceja cuando él se acerca a ella y le planta un beso en la mejilla.
—Yo estaría igual o peor si fueras tú—le dice al oído—. Nadie tiene por qué verte tanto, eres mía.
Dice a golpearlo en el brazo, y él se deja. Es un tonto y la desespera a veces, pero cuando dice que es suya, sabe que nunca lo quiere desmentir.
