Intervenciones inesperadas II
Hermione Granger generalmente era una persona pacífica, del tipo que sabía mantener la cabeza tranquila en situaciones difíciles. Se necesitaban motivos muy fuertes, para que perdiera la educación y recurriera a la violencia física, como había hecho aquel día, en tercer año, donde había dejado su huella pintada en el pálido rostro de Draco Malfoy. Eso, o que un idiota pelirrojo, del que para su desgracia, se encontraba perdidamente enamorada, hiciera hasta lo indecible por provocarla.
Como justo ahora. Si Ron se atrevía a bajar un centímetro más la mano que tenía en la espalda de Lavender….
-Ginny, la varita-
-Estás loca-
-La varita-
-No-
-Me das la varita o te vas a arrepentir-
Hermione pronunció las últimas palabras con tanta ferocidad, que Ginny se echó hacia atrás, mientras apretaba el bolso contra su pecho.
-Linda fiesta ¿no?-
-¡Harry!- gritó Ginny con alivio, corriendo a esconderse detrás de su novio, que acababa de acercarse a donde ellas se encontraban.
-Maravillosa fiesta- dijo Hermione, sarcástica, sin que sus ojos se despegaran del punto en el que Ron y Lavender bailaban.
Harry y Ginny intercambiaron miradas nerviosas: una Hermione enojada no era algo fácil de manejar. Su amigo se acercó lentamente hacia ella, tratando de distraerla por un momento.
-¿Quieres algo de tomar?-
-No-
-¿Quieres bailar?-
-No-
-¿Quieres matar a Lavender?-
-Nada me gustaría más-
Harry rodó los ojos, exasperado.
-Vamos, Hermione- dijo Ginny, colocando una mano conciliadora sobre el hombro de su mejor amiga- Trata de disfrutar.
-¿Quién dice que no estoy disfrutando?- espetó Hermione con la mandíbula tensa.
Sus dos mejores amigos negaron con la cabeza, pero Hermione no les prestó atención. Era cierto que justo ahora no estaba disfrutando, pero en cuanto pusiera sus manos sobre Lavender Brown, vaya que sí se divertiría. Por fin podría poner en práctica aquella lista con hechizos y métodos de tortura que había querido utilizar contra su ex compañera de colegio durante su sexto.
Otra canción de Las Brujas de Macbeth empezó a sonar justo en ese instante y para su horror, Lavender y Ron continuaron bailando juntos, muy cerca él uno del otro. Hermione aferró su cartera con tanta fuerza que estuvo a punto de romperse las uñas. Olvidándose por unos segundos de tan desagradable vista, observó cómo Harry abrazaba a Ginny, mientras esta movía impaciente los pies, con visibles deseos de bailar.
-No tienen que quedarse conmigo ¿saben?-
-No es problema, Hermione- dijo Harry con amabilidad.
-Sí es problema, así que vayan a bailar-
-¿Segura?- preguntó Ginny.
-Tú tienes mi varita, Ginny. ¿Qué daño puedo hacer sin ella?- dijo Hermione, alzando una ceja.
-Pues según lo que me ha contado Harry, tienes una gran fuerza física- argumentó la joven.
Hermione se sonrojó, maldiciendo a Harry para sus adentros. Sólo esperaba que Ginny no se refiriera al incidente con Ron, durante la búsqueda de los horcruxes, porque de ser así, Lavender Brown no sería la única que sufriría esa noche. Harry, presintiendo el peligro, tomó la mano de Ginny y con un rápido "nos vemos luego", se alejó con su novia hacia la pista de baile.
La joven continuó con la vista fija en su novio (por el momento), que continuaba bailando muy alegremente con su némesis. No podía creer que Ron recurriera una vez más al estúpido juego de los celos para hacerla sentir mal. Y vaya que lo estaba logrando. Hermione requería de toda la fuerza de voluntad que poseía, para no irrumpir en media pista de baile y gritarle a Lavender, con toda la fuerza de sus pulmones, que quitara sus asquerosas manos de su Ron. Al fin y al cabo ¿qué derecho tenía? Si tres semanas antes no hubiera sido una completa idiota, sería a ella y no a Lavender, a quien Ron le estuviera dirigiendo esa magnífica sonrisa que hacía palpitar su corazón a un ritmo ridículamente rápido.
Ron le dio a Lavender un giro, haciendo que esta riera de buena gana. Hermione, por su parte, sintió su corazón hundirse al mismo tiempo que una humedad sospechosa velaba su vista. La joven se pasó la mano por los ojos con rapidez, molesta consigo misma. Ahora no era el momento más indicado para dejar que las lágrimas la traicionaran, no le daría el gusto a Ron de saber lo que estaba sufriendo. Por más que los celos, de los que siempre decía a Ron, que eran un defecto horrible, la carcomieran por dentro. Porque no le importaba en lo más mínimo la mano de Ron en la cadera de Lavender ni las palabras que esta le decía al oído. Porque no le interesaba ni un poco que Ron riera, con la cabeza echada hacia atrás por la estúpida broma que seguramente acababa de escuchar. Porque no le importaba, que de repente empezara a sonar una canción lenta y que Lavender rodeara con sus esbeltos brazos el cuello de Ron y que este rodeara la cintura de la joven con los suyos.
¡Al diablo con su paciencia! Sí le importaba, porque Ron era suyo y de nadie más y no permitiría que ninguna rubia tonta se lo quitara. Lavender Brown iba a recibir la lección de su vida.
-Hermione Granger-
Una voz desconocida frenó en seco los pasos que la llevarían a estrangular a Lavender. Al darse la vuelta, se encontró con un rostro que no veía hacía mucho.
-Terry Boot-
El joven, de rostro apuesto y cabello castaño oscuro, le dirigió una amplia sonrisa, la cual Hermione devolvió con agrado, al notar la mirada acusadora de Ron sobre ellos.
-No tenía idea de que estabas aquí- dijo la joven, con voz suave.
- Dean me envió su invitación y no podía decirle que no-
Hermione asintió lentamente. Durante su sétimo año de Hogwarts y sin el constante peso sobre sus hombros de proteger la vida de Harry, Hermione había tenido la oportunidad de entablar amistad con personas de otras casas, entre las que se incluían Hannah Abbott, Ernie Mcmillan y el mismo Terry. No eran particularmente cercanos, pero Terry siempre le había parecido agradable, además de que ambos compartían la misma afición por los estudios.
- ¿Y cómo va tu trabajo? He escuchado que estás por conseguir un segundo aumento en el salario de los elfos domésticos- comentó Terry- Eso es admirable, Hermione. Se necesita a alguien con mucha voluntad para conseguir cambiar las mentes anticuadas de muchas personas en el Ministerio de Magia.
Hermione se sonrojó. Por lo general, no recibía demasiadas felicitaciones por su trabajo, ya que la mayor parte de las personas, a excepción de aquellas cercanas a ella, pensaban que era una pérdida de tiempo. Todo el mundo mágico había supuesto que la gran Hermione Granger se uniría al escuadrón de Aurores, al igual que sus dos mejores amigos; por lo que fue una gran decepción cuando eso no ocurrió.Era bueno que personas como Terry apreciaran lo que hacía.
- Gracias Terry- replicó la joven- Pero no creo que en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional las cosas sean fáciles. Menos si Percy Weasley es tu jefe.
Terry se echó a reír.
-No tienes idea. Percy Weasley es increíblemente estricto con su trabajo y si las cosas no se hacen como él quiere, de seguro tendrás problemas. Pero aparte de eso, es un gran jefe.
Hermione le dirigió una gran sonrisa: Terry le estaba resultando realmente simpático. Por un momento, dejó que su vista vagara por la estancia, para observar a Ginny y Harry bailando juntos y unos parejas más allá, la mirada de Ron fija sobre ellos. Hermione no pudo evitar que una sonrisa de satisfacción se formara en su rostro.
-¿Quieres bailar?-
La mano extendida de Terry la hizo volver a la realidad. La joven lo miró sorprendida, sin haber escuchado claramente la pregunta del muchacho.
-¿Qué?-
-Me preguntaba si querías bailar-
Hermione, que no se había dado cuenta que justo ahora comenzaba a tocar una nueva canción, asintió, no sin antes lanzar una última mirada a Ron: si así lo quería, ella también empezaría a jugar por cuenta propia.
Las lentas notas de la melodía empezaron a resonar, mientras Hermione sentía las manos de Terry deslizarse por su cintura. Ella colocó los brazos alrededor del cuello del muchacho, incómoda. Y la sonrisa que Terry le dirigía en ese momento no ayudaba a mejorar la situación.
-En el colegio siempre me pareció que eras una gran chica-
-Mmmm…-
Hermione optó por ignorar el cumplido. ¿En qué se estaba metiendo? No quería que Terry malinterpretara las cosas, sólo estaba tratando de darle a Ron una cucharada de su propia medicina. La joven notó, que tras varios intentos inútiles de entablar conversación con ella, Terry decidió limitarse a bailar. Trató de no sentirse mal, mientras su mirada seguía de manera discreta a Ron. El pelirrojo lucía serio, al parecer ya no disfrutaba tanto de su baile con Lavender, la que por su parte, continuaba hablando con Ron, como si no notara su estado de ánimo.
Tratando de seguir el ritmo de la canción, Hermione frunció el entrecejo. ¿Lavender se estaba haciendo la idiota? No entendía cuál era el punto de querer hablar con un chico que no estaba demostrando el más mínimo interés en ella. Si pensaba que tenía alguna oportunidad con Ron, estaba completamente equivocada.
La tendrá si no te apresuras a hacer algo, Granger.
Hermione sacudió la cabeza. Esa molesta voz que siempre le indicaba cuándo estaba haciendo las cosas mal, era realmente molesta. Otro giro con Terry y pudo notar cómo el entrecejo de Ron se fruncía aún más.
-Escuché lo que pasó contigo y con Weasley-
La joven no pudo evitar sentirse exasperada. ¿Es que todo el mundo estaba al tanto de su vida romántica?
-No ha pasado nada entre nosotros, Terry-
-Escuché que rompieron-
Hermione sintió cómo un nudo se formaba en su garganta. ¿Así que esa era la versión que se manejaba? ¿Qué habían roto? Y no quería imaginar la respuesta si alguien preguntaba el por qué.
Por tu culpa, Hermione. Porque no supiste manejar las cosas bien.
Estúpida vocecita. ¿Es que no pensaba callarse nunca?
-Estamos pasando por momentos difíciles. Eso es todo-
Terry sonrió.
-Algo me dice que Weasley no la está pasando muy bien-
Hermione miró a Terry sorprendida.
-¿Por qué lo dices?-
-Por la manera en que me mira. Presiento que quiere matarme- dijo el joven con una sonrisa.
-Terry lo siento mucho, yo…
El joven negó con la cabeza.
- No te preocupes-
La música se detuvo por completo. Terry se inclinó y depositó un beso en la mejilla de Hermione.
-Fue un placer volver a verte, Hermione-
-Lo mismo digo, Terry-
El joven quitó sus brazos de la cintura de la chica, y miró por encima del hombro de ella, sonriente.
-Quiero conservar todas mis partes, así que mejor me voy. Pero te doy un consejo: habla con Ron.
Hermione asintió, mientras lo observaba alejarse. Lo que Terry acaba de decirle era lo que Ginny y Harry venían aconsejándole y lo que debía haber hecho hace muchos días. La joven se dio la vuelta, buscando al pelirrojo con la mirada, pero lo que vio la disgustó por completo: Lavender le susurraba algo a Ron, a lo que este respondió con un asentimiento de cabeza. En el momento en que Ron levantó la cabeza, su vista viajó por la habitación y Hermione sintió un estrecimiento bajar su espalda cuando aquellos dos ojos azules se posaron sobre ella, porque la mirada de Ron expresaba mil cosas, siendo la tristeza y la decepción lo que caló hasta el fondo de su alma. Hermione vio cómo Ron apretaba los labios, para luego darse la vuelta y salir de la habitación.
Hermione sintió su que su corazón se encogía por la ansiedad y que su sangre hervía de rabia. No sabía qué estaba planeando la exnovia de Ron, pero no permitiría que empeorara las cosas entre ambos, más de lo que ya estaban. Fuera como fuera, Lavender Brown la iba a escuchar.
