Enfrente del espejo, estaba el reflejo de la chica peli naranja emocionada,
Cepillaba su cabello y tatareaba una alegre canción, mirando el reloj,
dejó el cepillo y tomó un pequeño gloss y lo aplicó en sus labios.

Preparándose una vez más se miró en el espejo y acomodó su pequeño vestido blanco.
Sonriéndose a sí misma, salió de su departamento.

Ichigo la esperaba afuera de su departamento. Estaba ahí con una expresión ida, pero se veía muy guapo.
Orihime suspiró solo por verlo ahí, esperándole, sabía que esto era el comienzo para que sus sueños se convirtieran en realidad.

El su caballero andante le esperaba y al verla, solo el saludo con un corto gesto y abrió la puerta de su coche.
Ichigo no decía nada, mientras iban en el camino, y solo se escuchaba la música de su auto.

Orihime se sentía en un sueño, algo que espero por muchos años, y al parecer su espera había valido la pena.
El nerviosismo le estaba ganando la batalla en su mente;
si seguía así no sabría que decirle a modo de plática y él se decepcionaría de ella.

-Te parece si vemos una película?- La voz de Ichigo le interrumpió sus pensamientos.
-A-am si claro, como gustes Kurosaki-k…- detuvo su voz al ver la mirada de Ichigo,
clavada en una chica bajita y delgada, con el cabello verde y corto...

Ichigo parecía no respirar al ver a esa chica pasar frente a él, mientras se encontraban detenidos por el rojo del semáforo.
Orihime miró a la chica, la semblanza de la chica le parecía inalcanzable…
esbelta y al parecer no tenía que batallar con esos kilos de más, que ella había ganado en Madrid.
Un amargo dolor y una pesadez se ubicaron en su pecho.

Su cita con Ichigo se vio rápidamente opacada por el rechazo que sentía en ese momento de sí misma.
La incomodidad se hacía cada vez más notable cuando, veía que las chicas observaban a Ichigo con atención
y ella no encajaba para tenerlo al lado. Así que tan pronto terminaron su callada y desanimada cita,
ella volvió a su departamento, con una determinación creciente: se pondría a dieta rigurosa.

**
Era lunes en la mañana y el trabajo en HM parecía no cesar; se encontraba estresada y lo peor, con hambre.
Y para empeorar las cosas, su jefe, acababa de llegar con un pastelillo en mano…
Sus ojos se clavaron ante tal delicia, y comenzó a hacerse agua la boca,
imaginando el sabor de ese pastelillo que Ulquiorra tenía en su mano.

-Quieres? – Ulquiorra le ofrece el pastelillo, viendo que ella lo devoraba con la mirada.
-Eh? E-Em, no yo…
-No te gusta el chocolate? Es de chocolate con fresas.

Al parecer Ulquiorra quería hacer burla de ella, era cruel, aunque pareciera tan bondadoso en ese momento…

-Cirucci me lo dio, pero no soy muy dado a las cosas dulces, pero no me molestaría en dártelo si lo quieres.
– Le acerca el pastelillo de chocolate, al parecer cubierto de chocolate blanco y rematando una fresa en el tope.
Hipnotizada, estaba a punto de asentir, pero recordó su propósito y negó con la cabeza.

-No gracias, estoy a dieta. Además no se me apetece el pastel. –
Al acabar estas palabras su estómago le demostró a Ulquiorra que no estaba de acuerdo con lo que la boca de ella había dicho.

-Me parece bien, solo asegúrate de comer y no matarte de hambre, seria molesto si te llegas a enfermar.
-Claro que sí, no te preocupes por mí.
-No me preocupo por ti, si no por el trabajo que me tocará si tú te llegas a imposibilitar.

-Cierto!- pensó Orihime dentro de sí,- a Ulquiorra no le interesa más que el trabajo. –
Y lo miraba con atención, mientras él ponía el pastelillo en su escritorio.