¡Hola!

Gracias a Gaby Sara, damcastillo, CallMeStrange, Flor 440, aNYABLACK, Mery Vedder, AnnaGreen y Silver Weasley por los reviews del capítulo anterior.

Y como estoy empezando mi cumpleaños con un adorable insomnio (son las tres de la madrugada, hora española), subo el capítulo :)


Capítulo decimonoveno: Complicaciones

Te caes, mi ángel. Vacía queda mi alma.
La vida que esperé desalentada.
Te vas tan pronto, hay leche para ti
y todo mi cariño te aguardaba.
Extiendo un manto de rosas y jazmines,
te arropo en tu viaje por las nubes;
te doy mis besos, te envío mis caricias
en este viento tibio de la tarde.
Rosa Zaragoza-La muerte cuando esperas vida

Victoire sabe que no es correcto. Que debería alegrarse por su hermana, por su sobrino y por Frank. Que debería haber cogido a Jack cuando Frank se lo ofreció y haberle hecho carantoñas como el resto de su familia.

Pero no es capaz. No puede alegrarse, porque Dominique está disfrutando de algo que a ella le ha sido negado de la forma más cruel posible. Porque su hermana tiene a su hijo. Y ella no.

En el fondo, supone que la llegada de ese bebé es algo bueno. Pero le da la impresión de que Minnie no hace más que restregarle a Jack por la cara. Algo, en cualquier caso, malo.

Por primera vez en su vida, la hermana que siempre ha sido eclipsada es la que más brilla; sin haber hecho nada para apartar a la que desde que tiene uso de razón, ha deslumbrado a toda la familia. Sólo con una bolita rosa y llorona. Una bolita rosa y llorona que Victoire desearía tener.

Frecuentemente sueña que su suerte y la de Dominique están cambiadas. Que ella tiene a su segundo hijo en brazos, a Juliet observándolo y jugando con él, y que es su hermana la que pasa el día soñando con el bebé al que nunca cogió.

Y sabe que eso está mal, que Minnie no tiene culpa de nada, pero no puede evitar esos sueños. Aunque conscientemente ella no desea que su hermana pase por lo que está pasando ella; no se lo desea a nadie, salvo a los cabrones que mataron a su hijo. Ella sólo quiere a su bebé.

Recuerda estremecedoramente bien el día en que nació; ni todas las pociones tranquilizantes del mundo lograrán hacerla olvidar esa pesadilla. Su hijo vino al mundo después de haberse ido de él. Algo totalmente aterrador. Recuerda que pasó horas llorando y haciéndolo lo mejor que sabía, creyendo que después de Juliet no sería tan difícil. Recuerda que los sanadores parecían satisfechos. Recuerda haber visto a uno con su bebé en brazos, y por un momento haber alargado los suyos propios con ingenuidad, para que se lo diera y pudiese ver si tenía o no la nariz de Teddy.

Pero también recuerda que no lloraba. No se movía, no hacía nada. Los sanadores lo observaron durante unos segundos, y sus expresiones cambiaron horriblemente, pasaron de esa sonrisa que uno tiene cuando ha hecho algo bien y está satisfecho de sí mismo a una mueca de horror. Teddy les dijo algo, aunque Vic nunca lo entendió, porque una parte de ella ya sabía la verdad y no podía apartar los ojos del bebé.

Y entonces vinieron las palabras que la torturan cuando no está ocupada con sus quehaceres, las responsables de que se pase el día caminando de un lado a otro por la casa, limpiándola sin magia para concentrarse exclusivamente en las tareas domésticas, que se abren paso cuando Juliet, que todavía no ha logrado comprender del todo lo que ha pasado, pregunta por su hermanito o ella encuentra algún zapatito de los que mamá le regaló hace unos meses que pertenecieron a Louis.

"Ha nacido muerto". Y un "Lo siento" para acompañar, como si así fueran a conseguir que su bebé volviera.

Victoire no deja de repetirse que ni Dominique ni su hijo tienen culpa de ello. Pero no puede evitar sentir cierto rencor hacia su hermana y su sobrino.

-Mamá, ¿estás llorando?

La mujer alza la vista. Se ha sentado en el sofá durante demasiado tiempo del estrictamente necesario para descansar las piernas. Ve a Juliet mirándola con demasiada preocupación para sus siete años. Vic se limpia las lágrimas que se le han escapado.

-Un poco-admite. Alarga los brazos, que han adelgazado porque desde entonces comer es una obligación y no un placer, y atrae a su hija mayor hacia sí. Le da un beso en la frente-. Juliet, ¿quieres ir esta tarde a jugar con Noah?

Para su sorpresa, la niña niega con la cabeza.

-Quiero ver al primo Jack-explica-. Noah me ha dicho que ella estuvo con él hace unos días. ¿Por qué no vamos, mami? Además, como la tita Minnie ya no viene a jugar conmigo, hace tiempo que no la veo.

Victoire se queda helada.

-No, Juliet. No vamos a ver a tu primo-dice con voz neutra.

-¿Por qué?

-Porque tu tía está muy ocupada y no tiene tiempo para recibirnos-miente.

Si Victoire hubiera dicho la verdad, de sus labios hubiera salido algo como Porque no quiero ver a Minnie feliz con lo que yo no tengo.

Pero esas palabras son demasiado grandes para una niña tan pequeña como Juliet.


Cuando Tom está repuesto casi del todo de su enfermedad, recibe una visita a la habitación de la casa de los Nott, en que ha pasado los últimos días. Su visitante no es lo es lo que se dice agradable.

Al ver a Tony, el muchacho mira la mesita de noche para asegurarse de tener su varita a mano; Lisbeth le contó su reacción al descubrir su embarazo, y no le apetece ser el objeto de su rabia.

-Buenas tardes-lo saluda, incorporándose hasta quedarse sentado, apoyado en el cabecero de la cama.

Tony gruñe.

-Menos cachondeo, Watson. Te recuerdo que por tu culpa Lisbeth está enferma.

El moreno lo mira y arquea las cejas.

-Tenía entendido que estaba embarazada-aunque intenta hacerse el sueco, sabe a lo que se refiere. Demasiado bien.

-Como a Lisbeth le pase algo por culpa de ese mocoso te arrepentirás de haberla mirado-lo amenaza Tony con un gruñido.

Tom intenta aparentar indiferencia. Lo hace bien; lleva mucho tiempo practicando.

-¿Algo más?

Tony gruñe de nuevo, pero no dice nada más. Se da la vuelta y sale de la habitación.

Tom baja la vista. Sabe que el joven tiene razón. Lisbeth está enferma por el bebé. Porque está embarazada. Y está embarazada de él, así que lo que le ocurra es responsabilidad suya. Tom se siente increíblemente idiota: tanto tiempo intentando protegerla y ahora corre peligro precisamente por su culpa.

Sin embargo, una cosa sí tiene clara: va a hacer todo lo que esté en su mano para que no le ocurra nada. No va a permitir que empeore. Y cuando nazca el bebé…

Bueno, Tom ha de admitir que no ha pensado en eso. Pero supone que intentará que tampoco le pase nada; después de todo, es una parte de Lisbeth. Y de sí mismo.


Lorcan ha pasado los últimos tres días recibiendo visitas de Rose.

Siempre llega a las cinco y veintisiete de la tarde, siempre con el pelo rojizo recogido en una coleta o una trenza, y siempre sonriendo. Siempre habla con él de lo que a Lorcan le apetezca, y siempre le responde con la misma paciencia a la pregunta de si le ha hecho algo a su madre.

Uno pensaría que Lorcan ya tiene asimilado que Rose es una persona honrada, e incluso podría considerarse alguien de fiar.

Pero no. A Lorcan le cuesta la vida misma no salir corriendo cuando ve a Rose acercarse. Al menos, al principio. Luego consigue recordar las palabras de sus padres y su hermano, y no necesita tanto esfuerzo para convencerse de que la muchacha no tiene nada en contra de su madre.

No obstante, sus conversaciones van progresando. Al menos, han pasado de acabar jugando al Tetris cada vez que al muchacho no se le ocurre qué decir a lograr cambiar de tema para que la situación no se vuelva muy incómoda.

A veces, Rose le habla de lo que hace en su trabajo, y Lorcan, pese a que ya lo sabe porque la ha oído quejarse mucho de ello, acaba riéndose del estrés de la muchacha, o luchando contra el sueño que le provocan los informes que le mandan a la pelirroja.

Hoy, sin embargo, no hablan del Ministerio. Ni de si Rose torturó o no a Luna Scamander.

Hablan de su relación. De la que tenían hasta que Lorcan fue secuestrado y torturado.

A Lorcan le gusta el tema, porque es uno en el que no le cuesta pensar; casi todos los recuerdos relacionados con ello son agradables. Salvo cuando piensa en cuando vio a Rose besando a Scorpius Malfoy. La muchacha le explicó luego que no había absolutamente nada entre ella y el rubio, que sólo lo habían hecho porque el joven quería poner a prueba a Lily Potter (la cual la superó más que satisfactoriamente cuando le puso a Malfoy un melón por cabeza), pero a Lorcan le costó perdonarle aquello.

-El año pasado fuimos a Italia, ¿te acuerdas?-pregunta Rose, cuyos ojos azules adoptan un brillo soñador siempre que abordan ese tema. Lorcan asiente.

-Te pasaste el viaje corrigiendo al guía-comenta, y no puede evitar sonreír.

-Es que no podía dejar que os hiciera creer burradas a todos-se defiende Rose.

-Creo que te cogió manía-señala Lorcan, que al final de la visita llegó a ver al guía apuntando a Rose con su varita para echarle un maleficio. Claro que la maldición se la llevó él.

Rose lo mira a él.

-Podemos ir a más sitios-sugiere. Se muerde el labio-. Lorcan, sabes que yo no…

-Sí lo sé, pero me cuesta estar seguro-intenta explicar él, mirándose el regazo-. Sé que la Rose que torturó a mi madre no eres tú, pero se parece tanto… al principio, cuando te veo, eres ella. Y no puedo hacer nada para cambiar eso-agrega con tristeza.

-Todavía-dice Rose en voz baja. Lorcan alza la vista y descubre que sonríe un poco.

-Todavía-repite, intentando creer que tiene razón.


Cinco meses después

Lizzie lleva más o menos bien su embarazo.

De momento, pese a que no es normal que se maree tanto ni que le duela la cabeza como si fuera a estallarle, ni tampoco los pinchazos que siente en la barriga, las ecografías revelan que el bebé está relativamente bien, que es lo que a ella más le importa. Además, para el dolor de cabeza hay pociones muy efectivas, y en cuanto al mareo…

El hecho de que corra riesgo de caerse durante prácticamente todo el día ha hecho que la joven conozca una faceta de Tom que jamás creyó que existiría: el joven se pasa el tiempo vigilándola, y cuando no lo hace manda a esa serpiente suya, Scherezade (la cual pasó un tiempo escondida para evitar que los de Regulación y Control de Criaturas Mágicas le echaran el guante, hasta que Tom consideró que había pasado el peligro de que la encontraran y se la llevó a la casa), a que le eche un vistazo. Y cuando el mareo va a más y Lizzie se desmaya, siempre lo encuentra a su lado al despertar, mirándola preocupado y preguntándole si está bien.

Han pasado cinco meses desde que Tom saliera de Azkaban. Después de que Lizzie les confesara a sus padres y hermanos su embarazo, los dos jóvenes decidieron ir a vivir juntos, porque Tom no quiere tener que estar todo el día entrando y saliendo de una casa que no es la suya y tentando a la suerte y a los hermanos de ella. De todas formas, después del sarcástico "No sé qué me hace más ilusión, si eso o mudarme a Azkaban" que fue la única reacción de Tom cuando Theodore Nott propuso como solución una boda apresurada entre él y su hija menor, ambos estuvieron de acuerdo en que era la mejor opción. De modo que ahora viven en el hogar de él.

Al principio, cuando Lizzie lo vio, pensó que no había visto nada tan soso en su vida. Estaba apenas decorado, con muebles que, según Tom le explicó, conformaban un estilo que los muggles llaman minimalista. Lizzie pasó sus dos primeras semanas ahí redecorando la casa, dándole algo de color. Tiene la impresión de que eso es lo que necesita Tom, algo de alegría.

Una tímida patada saca a la joven de sus pensamientos. Lizzie se acaricia el vientre, sonriendo sin poder evitarlo. Aunque le duela la cabeza; eso es señal de que su bebé sigue vivo. Y está segura de que todo el sufrimiento se verá compensado cuando lo sostenga en sus brazos.

Aunque ya podrían saber sin problemas el sexo del bebé, Lizzie se ha negado, pese a la insistencia de Tom de que todo esté planificado. Ella opina que una pequeña sorpresa no vendrá mal a nadie. Ni siquiera a él, que odia que pueda haber algo que no controle. Además, tiene la impresión de que será un niño, uno que tendrá el pelo y los ojos de Tom y la dulzura de ella.

Ahora Tom ha salido. No es muy común, pero de vez en cuando el joven sale para dar largos paseos y despejarse. En esos ratos, deja a Scherezade en casa para vigilar a Lizzie. La muchacha ha comprendido que, pese al respeto que le impone el enorme ofidio, si quiere a Tom a su lado tiene que aceptar al reptil. No se queja. La serpiente, según el joven, es muy inteligente y sabe a quién guarda lealtad. Lo único que le molesta es la afición del reptil por esconderse tras las esquinas y salir de repente para sobresaltarla. Tom le ha dicho que su mascota encuentra sumamente divertido darle sustos por el mero hecho de que ella siempre cae como la primera vez.

Lizzie empieza a marearse. Sabiendo por experiencia que en pocos minutos no podrá tenerse en pie, decide subir al dormitorio; quiere estar cómoda. A pasos cortos, se acerca a la escalera, aferrándose a la baranda para no caerse.

Empieza a subir escalones, sintiendo ya cómo todo empieza a girar a su alrededor. No se mueve demasiado rápido, por lo que Lizzie sigue subiendo con cautela. El mundo empieza a girar con mayor celeridad. Obstinada, la joven continúa poniendo un pie en el siguiente escalón, mientras su bebé protesta por la velocidad que está tomando lo que hay a su alrededor con una patada. Lizzie se lleva una mano a su vientre, dándose cuenta de que sólo le quedan dos escalones para conseguirlo, y levanta un pie para ponerlo en el siguiente peldaño.

Su pie nunca llega a posarse en él. Una extraña debilidad se apodera de ella mientras la mano con la que se agarra a la barandilla deja de sujetarla. Lizzie siente que cae hacia atrás, hacia el vacío. Horrorizada, se encoge y rodea su vientre con los brazos, en un intento por proteger al bebé, mientras nota el impacto contra el suelo y oye algo que se rompe. Suelta un grito ahogado por el dolor.

El mareo que ha hecho que se caiga aumenta, intensificado por el golpe que se ha dado en la cabeza al caer. Lizzie intenta incorporarse, pero vuelve a gemir de dolor; no cree siquiera que sea capaz de moverse. Cierra los ojos y se concentra en su hijo. Le duele muchísimo el vientre, y está empezando a sentir cómo los muslos se le empapan de sangre. Y no nota ninguna patada, nada.

-No-solloza, aterrada. Su propio dolor no le importa nada en comparación con lo que puede significar la ausencia de las patadas del bebé. Entonces escucha un siseo y ve a la serpiente de Tom acercarse-. Búscalo-le pide, aunque no sabe si Scherezade la entiende-. Dile que venga.

El ofidio da la vuelta y repta alejándose de Lizzie, desapareciendo de su campo de visión. Ella intenta buscar, de nuevo, algún indicio de que su hijo está bien, sin éxito. Lágrimas de terror abandonan sus ojos, mientras ella se niega a aceptarlo.

Cierra los ojos. Tom tiene que llegar. Tiene que encontrarla y llevarla a San Mungo para que hagan algo por el bebé, y…

Por favor, suplica ella mientras la consciencia se le escapa poco a poco. Por favor, que el bebé esté bien.


Notas de la autora: La mención de Lorcan a la "infidelidad" de Rose es lo más parecido a un Rose/Scorpius que vais a conseguir sacarme. Así que disfrutad con esas dos líneas de una pareja que detesto, y luego seguimos preocupándonos por Lorcan y Rose. He dicho.

Por cierto, ya sabéis qué es mi cumple... ¿me regaláis un review? Es gratis y a mí me hace mucha ilusión :)