Surrender the Grey

Renunciar al Gris

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Por:

Emma Grant

traducido por:

PerlaNegra

Capítulo 10, 1ª Parte

Harry había codificado la carta dos veces, primero con su código privado y luego con el código público de Draco. Para decodificarla, Draco tuvo que revertir el proceso. Ejecutó los encantamientos uno después del otro y, ante sus ojos, las palabras se reacomodaron solas sobre la hoja. Se apoyó contra la puerta y comenzó a leer.

Draco:

No tienes idea de lo feliz que estoy de haberte encontrado al fin. Hay muchas cosas que necesito decirte y supongo que es mejor que las escriba. A veces, escribir es más fácil que hablar.

Draco sonrió; sabía exactamente a lo que se refería. Últimamente ellos habían estado comportándose de manera demasiado parecida, por así decirlo. Tal vez, por alguna razón, el simple hecho de estar cerca de Harry hacía que Draco se volviera un poco irracional.

Harry explicaba que había estado siguiendo varias pistas desde que había sido claro para él quién era el que estaba manteniendo el hechizo sofocador en el Ministerio. Y que una semana atrás, en una reunión, él había planteado la idea de eliminar el hechizo, pero los otros la habían rechazado.

Incluido tú, ya sabes, y sí entiendo tus razones… pero para mí, era muy importante averiguar más.

Harry había averiguado que el mismísimo Arnold Bass era el responsable del hechizo sofocador. Draco casi jadeó; debió haberlo sabido, pensó, después de la manera en que Bass se había estado comportando. Siempre callado, siempre permaneciendo en los rincones sin atraer la atención. Y estaba también aquella extraña reunión que Draco había tenido con él la mañana de su arresto. Harry había confrontado a Bass dos semanas antes, y Bass le había dicho que lo mejor para todos era que, la verdad de lo que había sucedido, no saliera a la luz hasta que fuera la hora.

Le pregunté cómo sabría él cuando era la hora, y me dio la respuesta más extraña. Me dijo: "Tú me lo dirás". Y creo que me quedé mirándolo fijamente durante un largo rato, y él sólo se quedó ahí, parado y sonriendo. Luego le pregunté porqué habían colocado el hechizo en primer lugar, y me dijo (y nunca olvidaré la expresión en su cara cuando lo hizo): "Porque el Ministro de Magia me pidió que lo hiciera, Harry". Así que, ¿aparentemente Fallin es el responsable del hechizo sofocante? Francamente, nunca hubiera pensado que se le ocurrieran esas ideas.

Draco almacenó ese trozo de información para analizarlo más tarde, junto con todo lo demás que se le había revelado los últimos días. Las piezas estaban empezando a encajar unas con otras en un tipo de borrosa imagen. Pero todavía no lograba obtener una vista de la pintura completa.

Le echó un vistazo a las otras confesiones de Harry acerca de sus actividades: los Mortífagos con los que había estado en contacto y las reuniones a las que había asistido, en varias de las cuales Draco también había estado presente.

Seguramente te estás preguntando porqué no te dije nada acerca de esas reuniones. Para ser honesto, estaba avergonzado de que si yo te lo decía, tú te preguntarías porqué había estado yo ahí. Ahora ya parece extraño, por supuesto, pero en ese tiempo tú parecías tener el control de todo, y yo pensé que mi presencia ahí sólo complicaría las cosas para ti. Tenía miedo de que fueras a creer que te estaba espiando.

Harry procedía a explicar cómo se había sentido cada vez más culpable después de la noche en la que habían tenido su gran pelea, y cómo había decidido que lo que necesitaba era un gesto de compromiso. Cuando Draco rechazó su oferta de mudarse con él, había estado seguro de que Draco sabía que Harry había sido de todo menos honesto.

Draco cerró los ojos y suspiró. Se preguntó cuán diferentes habrían sido las cosas si hubiera aceptado la oferta de Harry aquella noche. Cuán irónico resultaba que él hubiera dicho que no por la misma razón por la que Harry había hecho el ofrecimiento en primer lugar.

Alguien golpeó la puerta, interrumpiendo su lectura. Escondió el pergamino bajo la almohada y abrió la puerta para descubrir a Heather parada al otro lado, luciendo furiosa. Pasó junto a él dando grandes pasos.

—¡Joder! ¿Qué es esto? —siseó, sacudiendo en una mano el vestido de tirantes que Draco le había comprado en el pueblo.

Draco no pudo evitar sonreír altaneramente. —Es una pregunta retórica, ¿verdad?

Ella se colocó el vestido encima del cuerpo y lo miró con enojo. —Estaba esperando algo que pudiera vestir en público, ¿sabes? Pero esto es… —Hizo un movimiento con la mano, como si buscara a tientas por el aire las palabras que le faltaban.

—Mira —dijo Draco, haciendo su mejor esfuerzo por sonar tranquilizador—. A Lucius le encantó. No puede esperar a vértelo puesto.

—¡Ese es el problema! No tienes idea de lo que le gusta en la cama.

Desafortunadamente, Draco sabía al respecto más de lo que debería.

—¡Si mañana no puedo caminar, tú tendrás toda la culpa! —dijo Heather clavándole una uña de acrílico en el pecho—. Y créeme, soy muy rencorosa.

—Oh, por favor… Pensé que tú… —Draco hizo una pausa cuando se le ocurrió una idea. Recuperó su varita de la cama y convocó con un accio los lazos de la cortina más alejada. Con un golpe de varita, las transformó en un par de esposas muggles. Los ojos de Heather se abrieron cómicamente cuando Draco se las pasó.

—¿De verdad tengo que explicártelo? —le preguntó Draco, arqueando una ceja.

Por toda respuesta, ella lo miró boquiabierta.

Draco la tomó de los hombros, la giró y la dirigió hacia la puerta. —Sé fuerte. Dominante. Ya sabes… haz de él tu perra. —Un extraño sonido, algo entre un sollozo y una risa, emergió de la boca todavía abierta de Heather, y Draco la empujó hacia el pasillo—. Y diviértete. A él le encantará.

Cerró la puerta, dejando a Heather en el corredor con una expresión de horror en la cara. ¿Realmente Draco le acababa de dar un consejo de cómo complacer a su propio padre en la cama? Sacudió la cabeza y se acomodó para continuar con la carta de Harry.

Para ser honesto, por eso exageré las cosas. Te pedí que te fueras y luego me arrepentí casi inmediatamente. Decidí contarte todo al día siguiente, para bien o para mal.

Draco tuvo que releer para recordar a qué momento del tiempo se refería Harry. Ah, si, hablaba de la noche en que iban a encontrarse en el Mela. Harry le explicó que lo había esperado durante una hora en el restaurante, y cuando Draco no apareció, él pensó lo peor. Contactó a varias personas que conocía en el Ministerio, pero nadie sabía nada. Finalmente, había contactado a Cho. Después de una tensa conversación, ella le confirmó que Draco había sido arrestado. Por la descripción de Harry, eso sonaba como si hubieran tenido una tremenda pelea. Al final, Harry decidió que lo mejor en ese momento era que él no interfiriera.

Todos los demás estaban lívidos, pensando que tú nos habías traicionado (nunca había visto a Manny tan enojado), pero yo no podía decirles en ese momento, enfrente de los Aurores, que yo ya sabía que tú habías estado haciendo eso. Tuve una conversación en privado con Tonks y me dijo que ustedes dos habían estado trabajando juntos. Se sentía terriblemente mal por todo y quería ayudar. Yo me quedé sin influencias en el Ministerio, ya no tenía a quien recurrir, al menos no a nadie que pudiera hacer una diferencia, así que le sugerí a Tonks que le contara a tu asistente. Yo recordaba que ella había estado en Slytherin y (perdona el estereotipo) creí que tal vez ella tendría mejores conexiones y podría contactar a alguien que te pudiera ayudar. Y, para ser honestos, sabía que ese contacto seguramente sería Lucius. Lo lamento tanto, si te sirve de algo saberlo.

Draco no pudo evitar sonreír. Sabía lo mucho que Harry odiaba a su padre. Se preguntó si Harry sabía que Draco había estado intercambiando correspondencia con Lucius durante una semana antes de ser arrestado. Había olvidado mencionar ese pequeño detalle en su propia carta.

Después del escape de Draco, Harry le había confesado todo a Hermione y Manny. Ambos se enojaron con él durante días, tiempo durante el cual la historia salió a la luz en los periódicos y Harry había tenido que esconderse para escapar de la atención de los medios. Entonces había concentrado su atención en buscar a Draco y en trabajar en un plan para contactarlo. Al final, Hermione se acercó a él y lo enteró de lo que había averiguado acerca de las investigaciones de Ron.

Ella no sabe qué pensar acerca de lo que le ocurrió a Ron, pero está de acuerdo conmigo en que es difícil imaginarte a ti convocando la maldición que lo mató. Manny dice que sólo creemos lo que queremos, pero, para ser perfectamente honestos, ambos deseamos descubrir qué fue lo que realmente sucedió.

Draco cerró los ojos durante un momento cuando la ansiedad lo invadió de nuevo. Parecía que había perdido a Manny para siempre, y ese conocimiento era mucho más doloroso que lo que podía haber anticipado. ¿Qué pasaría si también perdía a Harry? Aunque en ese momento no había nada que pudiera hacer al respecto, por supuesto. Mejor dejarlo por la paz hasta que tuviera que encararlo.

Después de mucha persuasión, Hermione finalmente permitió que Harry tuviera acceso al trabajo de Ron. No había sido nada iluminador, pero hasta el justo final de su bitácora, Harry había encontrado una sola página donde Ron había escrito las palabras triple perfidio.

Draco las repitió varias veces. No sonaban como el nombre de una poción. ¿Y a qué se refería el "triple"? Aparentemente habían sido tres las personas involucradas, pero, ¿podía ser así de simple? Quizá eso no significaba nada en absoluto.

Draco volvió a codificar las hojas y se acostó en la cama, mirando fijamente hacia el techo.

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Una hora después de cenar, Draco fue convocado al salón principal por un elfo de aspecto gruñón. Se detuvo frente al espejo para darle a su cabello un elegante aspecto despeinado antes de dejar la habitación. El elfo doméstico murmuró algo entre dientes y desapareció, habiendo completado la tarea de ir a buscarlo.

Bajó las escaleras e hizo una pausa afuera de las puertas dobles del salón para poder escuchar.

—… y no me gusta, Malfoy —dijo la voz de un hombre—. No entiendo cómo has logrado llegar tan lejos.

—La situación no está ni cerca de ser lo grave que tú pareces pensar —respondió Lucius. Draco pudo escuchar una sonrisa forzada en su voz—. ¿Coñac?

Draco dio vuelta a la esquina, con una astuta sonrisa en al cara. —Buenas noches —saludó.

El hombre que había estado hablando se giró para verlo. Era un mago de más edad que Lucius, aunque lucía como si tuviera el gran orgullo de mantener su apariencia juvenil lo más que le fuera posible. Su túnica era del tipo que gritaba que estaba en la crisis de la edad media, y había encantado su cabello para cubrir una enorme y obvia calva. Draco observó que los ojos del hombre recorrieron su cuerpo de arriba abajo, sólo para alejar la mirada cuando clavó sus ojos en él. Draco se permitió una sonrisita autosuficiente. Entonces miró la silueta que estaba detrás del hombre, la razón por la que Draco había sido llamado a ese salón.

Colby Hannick casi se confundía con la carpintería del lugar. Estaba sencillamente vestido con negras y ajustadas ropas muggles, pero no por eso dejaba de ser provocativo; era claro que su misión era no ser visto ni escuchado. Su postura indicaba que entendía el lugar que le correspondía tomar. Mantenía la mirada baja, y ni siquiera se dio cuenta de que Draco estaba en el salón.

—Rodolfus, tengo que presentarte a mi hijo, Draco —dijo Lucius, observando la cara del hombre—. Draco, él es Rodolfus Abernathy, un viejo conocido mío.

Draco dio cuatro pasos adentrándose en el salón, sintiendo la mirada de Abernathy en él. —Todo un placer —dijo, cuidándose de no mirar a Colby para nada.

—Igualmente —respondió Abernathy. Le dio un generoso trago a su coñac, manteniendo la mirada fija en Draco. Draco continuó sonriendo a pesar de que sintió la urgencia casi irresistible de largarse de ahí.

—Rodolfus y yo tenemos mucho que charlar —continuó Lucius—. Draco, ¿podrías ver que su compañero se encuentre cómodo?

Entonces, Draco se permitió mirar hacia Colby. Éste pareció encogerse ante él, y continuó sin levantar la cabeza. La tímida persona que demostraba ser ahí, distaba mucho del odioso parlanchín que había sorprendido a Draco varias noches atrás. No sabía que Colby podía ser así de bueno.

—Sí, padre —dijo, dejando que su mirada se tornara voraz. Por el rabillo del ojo pudo ver que Abernathy se ponía tenso—. Ven conmigo, chico—. Colby asintió y cruzó el salón hasta quedar junto a él, luciendo más que reacio a marcharse del lado de Abernathy. Draco le sonrió con malicia a Abernathy, quién le respondió con una mirada levemente furiosa.

Lucius inclinó su cabeza ante Draco mientras se llevaba a Colby fuera del salón. Había arreglado esa reunión con la intención de obtener la información sobre Abernathy que Colby había averiguado, y le había dejado esa tarea a Draco. Lo que había resultado ser fortuito también para él.

Apenas se alejaron lo suficiente como para que los del salón no los escucharan, y Colby liberó un largo suspiro. Draco le echó un vistazo para descubrirlo con una enrome sonrisa en la cara. Había enderezado su postura, pareciendo haber aumentado varios centímetros de estatura, pero mantenía su mirada fija hacia delante. —Malfoy, por fin.

Draco no respondió. Dirigió a Colby escaleras arriba y luego por un corredor hasta la habitación donde él y Abernathy pasarían la noche. Era una enorme suite, mucho más grande que el cuarto de Draco. El punto central de la habitación era una cama inmensa, profusamente decorada con un cobertor con volantes y almohadas.

—Ponte cómodo —bromeó Draco mientras cerraba la puerta tras ellos—. Pero al fin y al cabo, supongo que existen peores lugares que éste en donde acostarse.

—Tienes toda la jodida razón —dijo Colby, pasando a su lado y revisando la habitación—. ¿Y qué demonios es este lugar, un hotel?

Draco se encogió de hombros. Una vez, Heather había sugerido que el castillo había sido una posada muggle antes de que Lucius lo comprara. Draco nunca le había preguntado a su padre al respecto.

Colby se volteó como si esperara que dijera algo, y Draco caminó hacia él y lo besó. Pudo sentir la manera en que Colby se tensaba por la sorpresa.

—Nos están vigilando —susurró Draco, besuqueándole la mejilla.

—Me preguntaba porqué todavía no me habías golpeado —respondió Colby, con la voz más suspirante que un momento antes—. No es que me esté quejando. —Se inclinó hacia delante y comenzó a devorar la boca de Draco con gran entusiasmo.

Draco lo empujó, caminando junto con él hacia atrás y hacia el baño. Había olvidado lo desastroso que era Colby para besar: lo que le faltaba en técnica lo trataba de compensar con una grandiosa cantidad de uso de lengua.

Draco había revisado la habitación con anterioridad durante la tarde, y había descubierto que el baño era un lugar seguro para hablar con libertad. Hasta había convocado un hechizo silenciador a su alrededor. Una vez que estuvieron dentro, Draco giró a Colby y lo oprimió contra la puerta cerrada. Dio un paso atrás y ejecutó un rápido hechizo de amarre, fijando los brazos de Colby contra la puerta.

La cara de Colby se iluminó con una sonrisa. —Eso duro bajo los pantalones, ¿es una varita en el bolsillo o es sólo que te alegras de verme?

Draco respondió golpeándolo en el estómago. Colby colapsó hacia delante, colgando de la puerta con sus brazos pegados a ésta y jadeando en un esfuerzo por respirar.

—Esa fue por casi haber matado a Harry —espetó Draco, frotándose el puño—. Acércate a él de nuevo y te quitaré la parte de tu anatomía que más te gusta.

—Joder… —gimió Colby, casi recostado en el piso—. Dame un respiro, ¿quieres? Yo no tenía idea.

—¿No tenías idea de que Lucius planeaba lastimarlo? Podrás ser un muggle, pero no eres tan estúpido, Hannick.

—Lo siento, ¿de acuerdo? —tosió Colby, luchando por levantar la vista hacia Draco desde su incómoda posición—. ¿Crees que tenía otra opción?

—Siempre hay otras opciones. —Draco dio un paso atrás para dejar en claro que no iba a ayudarle a Colby a ponerse de pie.

Colby se removió y consiguió ponerse de rodillas. —Mira, lo arruiné, y nadie lo ha pagado tan caro como yo mismo. Daría lo que fuera por volver el tiempo atrás y cambiarlo todo, todo desde el primer momento en que Lucius me ofreció un trabajo. No tenía idea que yo terminaría siendo… —bajó la voz hasta enmudecer e hizo gestos, jorobándose de nuevo.

—¿Un esclavo sexual? Qué gracioso, parece ser algo en lo que eres bastante bueno.

—No puedo darme el lujo de ser malo. Vine a pedirte ayuda, ¿de acuerdo? Sé que hemos tenido nuestras dificultades, pero…

—¿Tú quieres mi ayuda? ¿Qué demonios te hace pensar que yo haría algo por ti, después de todo lo que has hecho?

Colby consiguió enderezarse de nuevo. —Estaba esperando que pudiéramos ayudarnos el uno al otro. Me doy cuenta que no tengo mucho qué ofrecerte, pero, créeme… haría lo que fuera. No puedo… —sacudió la cabeza y apartó la vista—. No puedo seguir viviendo así.

—Cualquiera diría que tienes lo que te mereces.

Colby se rió. Una risa patética y sin humor. —Nadie se merece esto.

Draco apretó los labios. Colby parecía estar desesperado, y eso lo volvía un poco más confiable de lo que había sido antes. Seguramente al menos podría obtener información útil de él, como último recurso.

—Dime todo lo que has visto y escuchado durante las últimas semanas —dijo Draco—. Y tal vez considere ayudarte.

—¿Todo? Eso llevará mucho tiempo.

—¿Qué, tienes otro lugar mejor al cual ir? —Draco se sentó en la tapa del inodoro y sonrió altanero—. Y no te molestes en mentir. Sabré que lo haces.

Colby pasó los siguientes veinte minutos detallando lo que había vivido desde que Lucius lo había secuestrado en San Francisco y obligado a entrar a su servicio. La tarea de Colby era seducir a los hombres que Lucius le indicaba. A veces lo hacía como un regalo para hombres que habían hecho algo por Lucius. En otras ocasiones, su trabajo era asegurarse que el hombre en cuestión se colocara en una posición comprometedora, así Lucius podía extorsionarlo.

Draco escuchó, obligándose a mirar a Colby a la cara, a leer su lenguaje corporal. Perfectamente podría haber sido él el que estuviera en esa posición. Hacía más de cinco años, Lucius lo había encontrado en Londres. Draco había huido después de cumplir los dieciocho, y sin contar con un futuro en el mundo mágico, rápidamente había despilfarrado todo su patrimonio. Una noche, al salir de un club, completamente drogado con una mezcla de coca y éxtasis, se había metido a un callejón a chupársela a un tío, cuando alguien se apareció detrás de él y lo golpeó hasta dejarlo inconsciente. Se había despertado en la Mansión, con Lucius despotricando contra él: ¡Si estás determinado a comportarte como una vulgar puta, puedes hacerlo sirviéndole al Señor Oscuro!

La amenaza de Lucius había despejado la neblina de drogas, sexo y autodestrucción en la que Draco había estado viviendo durante meses. Sabía que iba en serio, y también sabía que Lucius no sentía ninguna estima por él. En cuanto se le presentó una oportunidad para escapar, se dirigió directamente hasta el Ministerio de Magia y solicitó amnistía. Los del Ministerio no habían sabido qué hacer con él, y después de un par de días de tenerlo en observación, Severus Snape se había presentado. Comprometiéndose personalmente a responder por Draco, ante la sorpresa de éste, y convenciendo al Ministerio de que le permitieran entrar al programa de entrenamiento de Auror.

Todavía más sorprendente fue el hecho de que el Ministerio aceptara a pesar de que Draco no estaba técnicamente calificado; él siempre había sospechado que los resultados de sus EXTASIS habían sido comprados por Lucius, ya que no creía posible que hubiera podido obtener tan buenas calificaciones. De mala gana, había entrado al programa, sabiendo que todos creían que él no se merecía estar ahí. El primer año fue largo, incómodo y solitario. Y peor, fue incapaz de ganarse una plaza de especialización en Bretaña, así que habría tenido pocas oportunidades si no hubiera salido fuera del país después de terminar, exiliándose él mismo del mundo en el que había crecido. Pero ese era un mejor destino que el que su padre había elegido para él: el mismo en el que Colby estaba atrapado ahora.

Colby le contó con quienes había estado involucrado y qué era lo que Lucius había deseado obtener de cada uno de los objetivos. Evitó detalles personales de lo que había significado adquirir mucha de esa información. Draco no le pidió que entrara en explicaciones.

—¿Por qué no has tratado de escapar? —preguntó Draco cuando Colby finalmente guardó silencio.

—Sí he tratado —respondió Colby en voz baja. Hizo una pausa momentánea y los ojos se le pusieron vidriosos—. ¿Tienes idea de lo que significa que el sexo se vuelva un arma usada en tu contra?

—Sí —respondió Draco antes de poder evitarlo. Frunció el ceño, pero no había manera de retractarse. Bajó la mirada para descubrir que los ojos cafés de Colby estaban fijos en él—. Desafortunadamente.

—Al menos Heather no recuerda. Mi castigo es que yo sí. —Colby clavó la mirada en la nada durante un momento. Parecía estar a punto de romperse. Cerró los ojos, y luego los abrió otra vez—. Sé que no tienes ninguna razón para hacerlo, pero, ¿me ayudarás?

Draco no era bueno con la legeremancia, pero con los muggles era más fácil que con los magos. No había nada más que desesperación y miedo en los pensamientos de Colby. Draco entrecerró los ojos. —Primero debes hacer algo por mí, para probar que puedo confiar en ti. Si lo haces, te prometo que te ayudaré.

—¿Y a Heather?

Draco estaba sorprendido. El Colby que recordaba sólo se preocupaba por él mismo. —¿Estás seguro de que ella quiere ser rescatada?

Colby asintió. —No puedo dejarla aquí. Es culpa mía que ella esté metida en este lío.

Draco asintió y liberó el hechizo de amarre con un movimiento de su varita. Colby colapsó en el suelo, soltando un suspiro de alivio.

—Ahora, escúchame con cuidado —dijo Draco, parándose enfrente de él—. Hay algo que quiero que hagas.

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El frío y rugoso ladrillo lastimaba la espalda de Draco, pero no era nada comparado a la mano que se aferraba alrededor de su garganta. El enojado rostro de Weasley se cernía sobre el de él; era la única cosa que tenía en su campo visual.

—Esto fue tu obra —gruñó Weasley, puntualizando la palabra tu con un apretón extra al cuello de Draco—. Debes arreglarlo.

Draco abrió la boca y consiguió liberar un ruido de protesta.

—Cada uno de nosotros tenía una llave —dijo Weasley—. Harry trae una. Encuentra las otras.

Draco asintió. Estaba empezando a ver estrellas.

—¿Me entiendes? —preguntó Weasley, con una extraña mezcla de enojo y preocupación en la cara—. Debes encontrarlas.

Liberó a Draco repentinamente, dando un paso atrás. Draco lo miró fijo, observando cómo su rostro pecoso empalidecía. Se frotó la garganta. —Llaves —consiguió decir, aunque sonaba como si tuviera laringitis.

—Y sangre —susurró Weasley, comenzando a desvanecerse. Draco podía ver una sombría figura a través de él, parada al otro lado del callejón—. Hay sangre —repitió, y entonces desapareció.

En la orilla opuesta del callejón, estaba parado Lucius, observándolo detenidamente. Draco se frotó otra vez su adolorida garganta.

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Viernes 12 de marzo, 2004

Era media tarde cuando Draco salió por la chimenea de la oficina del director. Snape no estaba ahí, así que Draco se acomodó en una silla frente al escritorio.

Esa mañana, Lucius casi había parecido complacido cuando Draco le había pedido permiso para encontrarse con Snape. Draco había insistido en ir con el director en vez de invitarlo al castillo, por lo que Lucius tuvo que convencer al mago de que abriera temporalmente su red flu.

—Señor Malfoy —dijo una voz familiar.

Draco se volteó para ver el retrato de Albus Dumbledore sonriéndole ampliamente. —Profesor… señor —consiguió decir, sorprendido.

—Es bueno verte otra vez. ¿Confío en que Harry esté bien? No me ha visitado en años.

Draco se quedó boquiabierto. ¿Cómo podía un retrato saber nada acerca de su vida amorosa? —Tan bien como podría esperarse, debido a las circunstancias, me imagino.

—¿Y tú?

Draco se encogió de hombros en respuesta. Había crecido con retratos de sus antepasados riñéndolo desde la tumba, pero todavía se sentía extraño conversando con la imagen de Dumbledore.

Afortunadamente, en ese momento Snape entró a la habitación, salvando a Draco de algo que era mucho más que una conversación trivial. Se sentó detrás de su enorme escritorio, con una conocida expresión de ceño fruncido en la cara.

—¿Y bien? ¿Qué es eso tan urgente que requirió que cancelara una reunión para verte a ti…? A un fugitivo de la ley, ni más ni menos.

Draco tragó. —Lo… lo siento. —Había planeado comenzar esa conversación diciéndole a Snape lo mucho que le agradecía que hubiera intervenido ante el Ministerio por él en los pasados años. Snape arqueó una ceja y Draco decidió zanjar de una vez la cuestión que lo había llevado ahí—. Iré al grano, entonces. ¿Usted ha escuchado de una poción llamada perfidio?

—No. ¿Estás seguro de que se trata de un tipo de poción?

—No, pero sé que yo estaba preparando una poción justo antes de… hace tres años, y la palabra perfidio ha surgido en nuestra investigación.

Snape suspiró y se inclinó sobre el escritorio. —Eres tan testarudo de adulto como lo fuiste de niño. Deberías seguir el consejo que te di respecto a ese tema.

—Ya es demasiado tarde —respondió Draco—. ¿Y por qué hay tanta gente interesada en conservar esto como un secreto?

—Todos, menos tú, el señor Potter y tu padre, como notarás. ¿Eso no debería decirte algo?

Draco suspiró y se hundió en su silla. —Estoy pidiéndole un favor personal, director. Sé que usted no me debe nada, pero… Averiguaremos lo que ocurrió. Ya estamos muy cerca. Si usted tiene alguna información que nos pueda ayudar, estaríamos agradecidos.

—¿Quiénes?

—Harry y yo. Lucius no se enterará más allá de lo que yo le deje saber.

Snape lo miró con burla. —Seguramente has aprendido ya a no subestimar a tu padre. Sospecho que él sabe mucho más de lo que tú crees.

Draco se encogió de hombros, pero no pudo ignorar el retorcijón de ansiedad que sintió en el estómago.

Snape agitó su varita y la tetera que estaba sobre el escritorio comenzó a arrojar vapor. Por sí sola, la tetera sirvió dos tazas y empujó una de ellas hacia Draco. Snape tomó la otra y suspiró. —¿Tienes conocimiento acerca del complot que hubo para contener al Señor Oscuro?

—Sí. Lucius me dijo que fue idea suya colaborar con el Ministerio.

Snape asintió. —Después de la muerte de Dumbledore, esa parecía ser la única salida. Sabía que ellos meterían a Potter en esto, y a pesar de mis diferencias personales con él, yo sí creía que era el único capaz de terminar el trabajo.

Draco resistió la urgencia de sonreír, y en vez de eso, le sorbió a su té.

—No sé nada de lo que sucedió entre el tiempo transcurrido desde la llegada de Potter y la desaparición del Señor Oscuro. Pero después de eso, Lucius me pidió ayuda. Tenía que mandarte lejos debido a los rumores de que eras el culpable de la muerte de Ron Weasley, y me dijo que ni tú ni Potter recordaban nada de lo que había sucedido. Yo mismo fui a San Mungo a interrogar a Potter, pero… —Snape hizo una pausa para tomar de su té—. Era como si ese recuerdo hubiera sido bloqueado. No había nada que yo pudiera hacer para descubrirlo, y sospechaba que tú y él se habían arrojado el uno al otro algún tipo de encantamiento desmemorizante.

—Pero los encantamientos desmemorizantes borran los recuerdos. Si hubiéramos querido olvidar, no nos hubiéramos dejado a nosotros mismos tantas pistas para ayudarnos a recordar. Eso debe significar que nuestra intención sí era recordar. No queríamos que permaneciera para siempre como un secreto.

—Quizá. Lucius estaba lívido, por supuesto, porque se suponía que el plan había sido contener al Señor Oscuro, usarlo como una fuente de poder. Pero no había rastro de él. Nadie sabía si había sido destruido. Y ustedes, que se habían visto envueltos en la conspiración, fueron dejados con el inquietante conocimiento de que si los fieles al Señor Oscuro se enteraban que nosotros habíamos estado involucrados… —Enmudeció y echó un vistazo a uno de los retratos en la pared, el cual había comenzado a murmurar algo entre dientes.

—Pero eso es lo que está ocurriendo ahora, ¿no? Ellos cada vez sospechan más y más de ustedes, y Lucius está perdiendo a sus seguidores. —Draco se inclinó hacia delante, colocando la taza en el escritorio—. Si no descubrimos qué fue lo que pasó, se desatará la guerra.

—¿Y si descubres qué fue lo que pasó, no se desatará?

Draco apoyó la espalda de nuevo contra la silla. No tenía una respuesta para eso.

Snape se puso de pie, sacudiendo su túnica. —Buscaré en mi biblioteca personal. Si averiguo algo sobre ese perfidio, te lo haré saber.

—Gracias —respondió Draco, parándose—. Y, señor… gracias por…

—Estoy muy ocupado —lo interrumpió Snape—. Te pido me disculpes. —Gesticuló hacia la chimenea.

Draco suspiró y asintió.

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—No otra vez —gimoteó Draco—. ¿No puedo ir como alguien más?

Lucius le volvió a poner enfrente el vial con la poción multijugos, con una expresión de impaciencia en la cara. —El hombre que contactaste la vez anterior volverá a estar ahí. Será más fácil si tu apariencia le es conocida, ¿no crees?

Draco entrecerró los ojos, aunque era más por fingir que por otra cosa. Tan pronto como se había enterado de esa reunión, le había mandado un mensaje de texto a Harry a través del móvil de Heather, pero no sabía si Harry estaría ahí. Había tenido la esperanza de que al menos iría convertido en un hombre, ya que la transformación en Heather le traía demasiados malos recuerdos.

Cogió el vial, levantándolo en un burlesco brindis, y se lo tomó.

Diez minutos después, estaba parado en la parte de atrás de un oscuro pub, buscando entre la multitud. No sabía si Harry estaba ahí, ni tampoco sabía si se disfrazaría de la misma manera que la otra vez. Vio muchas caras conocidas entre la gente, algunas de las cuales lo miraban fijamente como si nunca antes hubieran visto a una mujer tan bella. Se apoyó contra la pared y se colocó la capucha para cubrirse la cara, agradecido de traer una túnica bajo la cual poder esconderse.

Lucius había dado un corto discurso, solicitando apoyo continuo, y en ese momento estaba moviéndose entre los grupos de personas, hablando en voz baja con ellos. Draco buscó entre los magos con los que se encontraba charlando en ese instante, y se asustó al darse cuenta que Harry estaba ahí. Al menos, parecía ser el mismo hombre en el que Harry se había disfrazado la vez anterior.

Los ojos de Lucius se encontraron con los de Draco y éste consiguió esbozar una sonrisa taimada. Lucius señaló a Harry con una ligera inclinación de cabeza, antes de caminar hacia la siguiente mesa. Draco sintió un extraño cosquilleo en el estómago. La mirada que Lucius le había dirigido había sido demasiado divertida, casi como si… Draco se sacó ese pensamiento y caminó a través del salón. Pasó junto al hombre que esperaba fuera Harry y lo empujó un poco, ronroneando una disculpa y alejándose rumbo a los baños. Abrió la puerta del de damas y entró.

Y abrió la boca de la sorpresa. Ese tenía que ser uno de los baños más bonitos que había visto en su vida. Había sido aumentado mágicamente de tamaño para añadir una espaciosa área para sentarse, con varios y cómodos sofás y mesitas, cada una con un servicio de té. Había tocadores por toda la pared, con espejos y una vasta colección de cosméticos, y un fuego ardía en una enorme chimenea de piedra. A la derecha había un largo corredor con una serie de puertas ornamentadas que parecían dirigir a lo que, Draco asumía, eran los mismos baños.

Un golpe en la puerta interrumpió su tour visual. Abrió y vio al hombre-que-podía-ser-Harry mirándolo fijamente. —¡Este es el baño de damas! —dijo, sólo por si acaso.

—Entonces, ¿qué estás haciendo tú aquí? —respondió el hombre con la voz de Harry.

Draco sonrió y dio un paso atrás. Antes de entrar, Harry echó un vistazo alrededor para asegurarse que nadie estuviera viendo.

Draco lo jaló hacia el corredor. —Probablemente debamos meternos en uno de ésos.

—Joder —masculló Harry, observando el lugar—. ¿Es típico que los baños de mujeres sean así?

Draco frunció el ceño. —¿Por qué me preguntas eso a mí? —Abrió la puerta del tercer cubículo y ambos se metieron en él. Era mucho más grande de lo que solían ser, con un estilizado inodoro en la pared más alejada y flanqueado por un enorme lavamanos de mármol. Cerca de la puerta estaba un sofá que invitaba a sentarse en él.

—Esto no es justo, ¿sabes? —dijo Harry mientras entraba—. Ya estuve en el baño de hombres y es un completo asco. —Susurró un par de palabras y su disfraz se desvaneció.

Draco ejecutó un encantamiento para sellar la puerta y también un hechizo silenciador, luego revisó el lugar en busca de aparatos de vigilancia. —Está limpio —dijo antes de voltear hacia Harry y encontrarse con sus brazos, quedando su capacidad de hablar momentáneamente bloqueada. Un momento después, estaba sobre el sofá y sobre el regazo de Harry, atrapado fuertemente por unas manos que se sentían mucho más grandes de lo normal en ese cuerpo. Un extraño sentimiento llenó su pecho y empujó a Harry lo más fuerte que pudo, casi cayendo de él en el proceso.

—¿Qué? —preguntó Harry, preocupado—. ¿Qué pasa?

Draco lo contempló fijamente. No sabía porqué había hecho eso; sólo había sentido que entraba en pánico por alguna razón. —Lo siento —dijo, deslizándose más cerca de Harry—. Es que… me cogiste fuera de guardia.

—No puedo evitarlo —sonrió Harry, acariciando el trasero de Draco con una mano—. No tienes idea de lo mucho que he estado pensando en esto.

—¿En qué? —preguntó Draco, entrecerrando los ojos.

Harry pareció darse cuenta de su error. —En ti. Te extraño. Estoy tan caliente que voy a enloquecer, ¿sabes?

—¿Y esto es suficiente para ti, entonces? —replicó Draco. Trató de cruzarse de brazos, pero los enormes senos de Heather se interpusieron a medio camino. Bajó la vista hacia ellos y los miró con el ceño fruncido.

—No —respondió Harry con tono apaciguador—. Es a ti a quien yo quiero, lo sabes. No importa la manera en que vengas envuelto.

Draco le dirigió una cáustica mirada y se bajó de su entrepierna hasta quedar sentado a su lado en el sofá. —¿No deberíamos ponernos a trabajar, mejor?

—Tienes razón. ¿Hablaste con Snape?

—Sí, y no sabe nada acerca del perfidio. Ni siquiera está seguro de que sea una poción. —Le contó a Harry sobre las otras cosas que Snape le había dicho: de lo que ocurrió después del incidente y de sus esfuerzos por ayudarle a Harry a recuperar la memoria.

—Eso sí lo recuerdo —dijo Harry, arrugando el entrecejo—. No fui muy amable con él en esa ocasión.

—¿Cuándo lo has sido?

—Me temo que yo no he averiguado nada nuevo. Excepto… —Harry le echó a Draco una mirada de reojo y se sonrojó—. Esto va a sonar muy extraño, pero he estado teniendo unos sueños.

—¿Unos sueños? —repitió Draco, sorprendido.

—Sí, lo sé, pero déjame contarte. Sé que los sueños son poco fiables, pero desde hace mucho tiempo, quizá un año, he estado teniendo uno muy recurrente, acerca de Ron. Cada vez que lo sueño recuerdo un poco más de él, o tal vez el sueño llega más lejos cada vez. Estoy caminando por Hogwarts, pero está vacío. Estoy buscando algo desesperadamente, y cuando doy vuelta en una esquina, me encuentro con Ron. —Harry hizo una pausa mientras se pasaba una mano por el cabello, evitando mirar a Draco a los ojos—. Me pide disculpas por algo, y entonces comenzamos a hablar. Se vuelve borroso después de eso, porque hablamos de cosas sin sentido, como de llaves y de piratas y…

—¿Llaves? —preguntó Draco. El corazón comenzó a palpitarle fuertemente.

—Sí. Parece ser muy importante para él, pero yo no sé de qué me está hablando.

—Hay tres llaves —dijo Draco, las palabras saliendo solas, casi inconscientemente—. Cada uno teníamos una. Él dijo que era mi obra.

Harry lo miró. —¿Qué?

—Yo también he tenido sueños como ese, pero siempre creí que era sólo un sentimiento de culpa. Durante casi un año he estado teniendo los mismos sueños recurrentes, aunque últimamente han cambiado un poco, y Ron está en ellos. —Y Lucius, por supuesto. Draco se preguntó si eso era importante.

Harry había empalidecido considerablemente. —Oh, Dios, ¡tiene que significar algo que los dos hayamos tenido el mismo sueño!

—No es exactamente el mismo —dijo Draco, y le contó a Harry lo más que podía recordar del suyo.

Harry se hundió en el sofá, todavía luciendo impactado. —Bueno, tiene que haber una conexión entre las tres llaves y el triple perfidio. Sólo tenemos que encontrarla.

—Estoy seguro de que él dijo que tú tenías una de ellas —dijo Draco, acurrucándose junto a Harry. El largo cabello de Heather se había quedado incómodamente atorado detrás de su espalda, y lo jaló para sacarlo del camino—. Pero tal vez no signifique nada. Podría ser una metáfora, ya sabes, o quizá una contraseña especial que no recordamos.

Harry negó con la cabeza. —Creo que es algo tangible. ¿Por qué más él diría que yo traigo una si no es algo…? —Se le quedó viendo al anillo que llevaba en la mano derecha.

—Es posible —dijo Draco, comprendiendo lo mismo que Harry—. Sin duda, eso explicaría el porqué tú lo tienes.

—Quizá. Pero, ¿y las otras llaves? No dijo nada de ellas.

—Excepto que teníamos que encontrarlas.

—No tiene sentido, al menos que averigüemos más acerca del hechizo, o poción o lo que sea que hayamos hecho. —Harry le dio vueltas al anillo en su dedo, y luego levantó la vista hacia Draco—. ¿De cuánto tiempo dispones?

Draco le echó un vistazo al brazalete de su madre, transformado en ese momento en un reloj. Tener uno había sido tan conveniente que no se había molestado en transformarlo de vuelta en el brazalete. —No mucho. Probablemente ya debería irme. —Se puso de pie y le tendió una mano a Harry para ayudarlo a levantarse.

Harry sonrió y se la tomó, pero cuando Draco jaló, Harry lo tiró de nuevo hasta su regazo en un limpio movimiento. Draco suprimió las ganas de fruncir el entrecejo; no estaba acostumbrado a tener un cuerpo tan pequeño que pudiera ser empujado con tanta facilidad.

—¿No tienes al menos un par de minutos? —susurró Harry, atrayéndolo para besarlo—. No es posible que yo sea el único que está cansado de masturbarse en la ducha.

Draco trató de sonreír, pero la situación lo hacía sentir sumamente inseguro. Harry lo removió contra su entrepierna y Draco sintió su muslo rozando contra la creciente erección de Harry.

Y en lo único que pudo pensar en ese momento, fue que estaba encima del regazo de Lucius, dentro del auto al que se habían subido dos días antes, con su mano obligada a presionarse contra el hinchado miembro de su padre a través de los pantalones.

La sonrisa de Draco desapareció y se empujó para alejarse. —Lo siento. Ya tengo mucho tiempo aquí. Lucius sospechará.

Harry parecía decepcionado, pero sonrió. —Supongo que eso nos motivará más para terminar con esto cuanto antes.

—Claro. —Draco se sintió mareado, y deseó que no se le notara.

Harry se puso de pie y lo besó antes de murmurar una serie de hechizos. Un momento después, el hechizo glamour impenetrable estaba en su sitio.

—Tienes que enseñarme a hacer eso —dijo Draco.

—La siguiente ocasión —respondió Harry. Ejecutó un finite a la puerta y la abrió, desapareciendo por el corredor.

Draco esperó un par de minutos antes de seguirlo. El pub continuaba lleno de gente, así que fue fácil perderse entre la multitud sin ser notado. Vagó por ahí un par de minutos más, y luego revisó su reloj. Casi se le terminaba el tiempo. Comenzó a caminar hacia el baño de hombres, donde estaba seguro podría disponer de un poco de privacidad para el cambio que se avecinaba.

Pero alguien lo tomó fuertemente del brazo y lo jaló en otra dirección. Lucius lo estaba arrastrando dentro de la cocina del pub, cerrando las puertas con un movimiento de su varita.

—¿Y bien? —preguntó con una expresión de molestia en la cara.

Draco parpadeó de la sorpresa. No tenía idea de qué le estaba hablando Lucius.

—Estás demasiado visible, ¿sabes? —siseó Lucius—. Y estuviste ahí mucho más tiempo de lo que debiste hacerlo. Debes ser más cuidadoso.

—No sé de qué me estás hablando —replicó Draco, tratando de librarse del agarre de Lucius.

Pero Lucius lo apretaba lo suficientemente duro como para dejarle moretones. —No soy estúpido, Draco. Sé quién es ese hombre, y te he permitido que te encuentres con él. Pero ejecutar hechizos silenciadores y regresar luciendo como si hubieras tenido una cita en una esquina oscura, está acabando con mi paciencia.

Draco apretó las mandíbulas y le sostuvo la mirada, desafiante. —Tú fuiste el que dijiste que hiciera lo que fuera necesario, ¿no? Después de todo, Heather es bastante atractiva. Eso ha sido de mucha utilidad.

—¿Y no te molesta que Harry Potter la encuentre tan atractiva?

Draco sintió que la sangre le abandonaba la cara. No había nada que pudiera decir ante eso, no tenía modo de negarlo ya.

Lucius negó con la cabeza. —Desde hace mucho tiempo he sabido quién es él. Mis espías son muy buenos, ¿sabes? Esperaba que tú trabajaras con él con el objetivo de recuperar tu recuerdo, y en vez de eso estás… —Lucius se calló, poniéndose muy pálido. Estaba mirando la mano de Draco.

Mierda. Draco contuvo el aliento, no deseando que lo que pasaría a continuación fuera lo que estaba pensando.

—Tú… —Lucius tomó la muñeca de Draco y observó el brazalete-reloj, como si ese fuera el objeto de su rabia. Parecía incapaz de ver a Draco a los ojos y no dijo nada más. Pero la apariencia de su cara le indicó a Draco precisamente qué era lo que estaba pasando por su mente.

—Así es —siseó Draco, jalando su mano para liberarla del debilitado agarre de su padre—. Era yo el que estaba en el auto contigo aquel día, no ella. ¿Cómo se siente saber que abusaste sexualmente de tu propio hijo?

Lucius lucía adecuadamente horrorizado. Abrió la boca pero no dijo nada.

—Y apostaría que lo disfrutaste —dijo Draco, dando un paso hacia él—. Hasta hice que te corrieras, ¿no? Tú susurrabas en mi oído exactamente qué era lo que querías y pusiste mi mano derecha justo donde la necesitabas. —Lucius continuaba paralizado, todavía mirando hacia la muñeca de Draco. Fue sorprendentemente fácil para él decir esas palabras, a pesar de que había sido incapaz de pensar en lo que había pasado—. Es difícil creer que no te hubieras dado cuenta que no era ella. O quizá ni siquiera te importó.

Entonces, los ojos de Lucius se clavaron en los de él, su cara contorsionada de furia. —Tú, pervertido y asqueroso…

Pero Lucius no tuvo oportunidad de terminar la frase. Un ruido fortísimo y una luz brillante destrozó la pared del pub, arrojando escombros sobre ellos. Draco fue golpeado por algo y arrojado hasta la pared más lejana. Un dolor cegador lo envolvió y lo hizo gritar, pero no podía escuchar su propia voz. No podía ver, no podía respirar.

A su alrededor, el mundo se desvaneció lentamente.


Bueno, como seguramente ya se habrán dado cuenta, no he actualizado el miércoles como les había prometido. Resulta que los profesores de las clases que tengo ese día por lo general me dejan muchos deberes, así que podrán imaginarse que me es imposible. He decidido cambiar el día de actuallización al domingo. Espero ahora sí poder cumplir xD

Muchos besos y gracias por leer... ¿verdad que se ha quedado emocionante? ;-)