¡Hola! He vuelto a la vida :D Lamento haberme tardado, pero he estado demasiado ocupada :) pero para ya no tardarme más, me pasé los últimos dos días desvelándome para terminar este capítulo :D Además que tuve que sentarme con una hoja y lápiz a escribir (o reescribir) la línea de sucesos que vivirá cada personaje y cómo se entrelazan todos para finalmente culminar en el último capítulo.
Bueno, primero que todo, a todas y todos que siempre me escriben sus opiniones, quienes reaparecieron luego de varios capítulos de estar desaparecidas y quienes finalmente se animaron a salir de las sombras y escribirme su opinión por primera vez, muchísimas gracias :'D
Una chica me hizo una buena pregunta: ¿los saiyajin marcan a su pareja con su olor? Y la respuesta es sí. Digamos si saiyajin A está teniendo relaciones continuas con saiyajin B, eventualmente el aroma de ambos se comenzaría a impregnar en el otro, como una manera de advertirle a otros que saiyajin A le pertenece al saiyajin B y viceversa. Después de todo no creo que le haga gracia a saiyajin A percibir el aroma de otro saiyajin sobre su pareja. Pero aclaro que no todos los saiyajin lo hacen, sólo aquellos que en serio no quieren compartir a su pareja con nadie más (¿romántico, posesivo? Ustedes decidirán eso). También están los casos donde a los saiyajin no les importa si la pareja de la noche anterior termina con el aroma de otro saiyajin porque ellos simplemente estaban pasando la noche juntos y fin, no hay mayor interés por parte de ambos en ser 'exclusivos'. ¿No sé si me explico? :D Claro, marcar con el aroma es una manera de crear un tipo de 'relación' entre los saiyajin, pero las relaciones verdaderas como la de Bardock y Gine se logran de otra manera, la cual será contada y explicada conforme avance la fiction :D debo recalcar que esto es exclusivo de mi universo, no es para nada canon o algo así xD
Bueno, y antes de empezar, agradezco a las ideas de varias chicas, siempre leo sus sugerencias y la mayor parte de veces decido emplearlas. Un ejemplo es de Diosa de la Muerte, ella me recomendó el nombre 'Calíbono' para el hijo de Fennel y Celery, y como me gustó bastante decidí tomarlo prestado, así que muchas gracias :D Y si parece que no utilicé la sugerencia que alguien me ha dado, es posible que no la usé en este momento, pero no significa que no la vaya a emplear.
Ya, mucha palabrería :D Ahora sí, las y los dejo para que lean y espero disfruten esto :)
-20-
Estaba sentado sobre una enorme roca húmeda con su mirada posada en la fogata. El viento frío soplaba afuera de la caverna, el fuego era su única fuente de calor, aunque los saiyajin no eran muy propensos a sentir frío por su sangre tan caliente. Arrojó otro pedazo de madera para mantener viva la llama. No sabía qué estaba esperando, pero sabía que lo tenía que hacer. Esperaba y esperaba. El silencio, encargado de alargar el tiempo, se interrumpió con el crujir de unas ramas. Se levantó de un solo golpe, a pesar que su instinto fue colocarse en posición de combate, su cuerpo ignoró la orden, sólo se quedó de pie. Los pasos siguieron acercándose a la entrada de la cueva; una ventisca proveniente del exterior hizo que se apagara el fuego, dejando al saiyajin a oscuras, pero eso no era un problema, ¿verdad? No, los saiyajin también tenían una buena visión en la oscuridad, no precisamente perfecta, pero lo bastante buena como para detectar enemigos con la vista.
La silueta de un hombre apareció en la entrada, no podía distinguir detalles, pero su forma se le hacía familiar, y no sólo eso, su aroma también lo había sentido antes –Fennel…- musitó.
-¿Te aburriste de esperarme, compañero?- le respondió el saiyajin, sin moverse de donde estaba.
Kakarotto sintió que su estómago se le volcaba, ¿era Fennel?, sí, no había duda de ello, ¿pero no se suponía que estaba muerto?, ¿o esto era la realidad y la muerte de su amigo había sido una pesadilla?
-Siéntate, parece que has visto un fantasma- la voz de su amigo sonaba neutra, sin ese tono de burla que solía emplear todo el tiempo. Kakarotto hizo lo que le ordenaron sin apartar la vista de la silueta.
-Estás vivo-
Fennel sonrió, pero por la penumbra Kakarotto no pudo verlo –Fui a ver a mi hijo- dijo con voz queda –Se parece a mí, pero los ojos…-
-Los ojos son los de Celery- las palabras habían salido de la boca de Kakarotto rápidamente.
-Calíbono…- dijo en voz alta –Un buen nombre, suena al de un gran guerrero. Lo entrenarás, ¿verdad?-
Kakarotto asintió, tenía tanto que decir pero parecía que había perdido la capacidad de hablar. De nuevo el silencio los rodeó –Prenderé otra fogata- dijo finalmente.
-No, no es necesario- interrumpió Fennel –Me gusta la oscuridad-
-Siempre te gustó la oscuridad-
Fennel volvió a sonreír -¿Tienes idea de cuántos hijos tengo, Kakarotto?-
Esto tomó por sorpresa al saiyajin, ¿cuántos hijos tenía? Fennel había sido bastante promiscuo, seguramente tenía un hijo en cada planeta… claro, no era raro que los saiyajin tuvieran bastardos; raro sería que no los tuvieran, pero Fennel nunca había asesinado a sus hijos, por más débiles que éstos fuesen, y eso era lo que lo hacía distinto al resto. –No lo sé- respondió finalmente.
Fennel asintió –Seguramente algunos ya tendrán más de 10 años- rió amargamente –Nunca los conocí, y creo que eso era lo mejor, ¿qué le podía decir a todos esos niños?, ¿que me revolqué con su madre por puro placer y la dejé embarazada sin siquiera preguntarle?-
-Yo…-
-Pero con este niño es distinto- dijo –Me hubiera gustado entrenarlo- confesó –Me hubiera gustado quedarme más tiempo con Celery-
Kakarotto frunció el ceño, ¿entonces había habido sentimientos entre ellos dos? Recordaba que su antigua rival parecía afectada por la muerte de Fennel, pero pensó que era solamente porque había sido el idiota que la embarazó, ¿pero y si había algo más…? El tiempo que habían pasado juntos había sido muy corto, aunque había escuchado extraños relatos donde no se necesitaban de muchos días para crear un tipo de conexión.
-Son raros los casos donde los saiyajin forman una unión en pareja- comentó Fennel al sentir que Kakarotto parecía perturbado.
-¿Era eso lo que pasó entre ustedes?-
Fennel rió con amargura -¿Estás loco? Una hembra como Celery me habría castrado de habérselo propuesto- una pausa larga –Al menos sé que el mocoso no estará solo-
-¿Eh?-
Fennel levantó la mano y señaló a un lado de su amigo –Te encargarás de darle un compañero-
Kakarotto sintió un frío helado en todo su cuerpo, y no era precisamente por el viento que entraba a la cueva. Se giró lentamente y vio a su lado un pequeño bebé con cola, cabello y ojos negros que jugaba con la Esfera del Dragón de 4 estrellas. Abrió la boca para decir algo pero el niño comenzó a reír y estirar los brazos hacia él. Se puso de pie de golpe y…
Cuando abrió los ojos estaba sentado en el sofá de una casa, con sudor en la frente y en la espalda –Era un sueño- dijo, llevándose su mano hacia el cabello que tenía en el rostro –Era un sueño- repitió. Unas pequeñas risitas lo hicieron voltear a ver hacia su izquierda, donde dos bebés estaban viéndolo con enormes ojos de color miel -¿Qué…?-
-Oh, ya despertaste-
La voz de Milk lo hizo sentarse recto, había olvidado cómo había llegado allí –Hola- saludó.
-Buenos días- le respondió la terrícola –Creo que las pequeñas están realmente hipnotizadas por ti-
Kakarotto vio de nuevo a las pequeñas saiyajin, sí, podía sentir gran poder en ellas para ser tan diminutas. La noche anterior no había visto ningún bebé, aunque luego de haber pasado el ridículo frente a Milk al abrazarla seguramente su concentración había estado desenfocada. Ahora que estaba despierto y en sus cinco sentidos, sólo tenía una duda en la cabeza.
-¿Por qué siguen aquí estas crías?- él sabía perfectamente que luego de su nacimiento, estas pequeñas debieron de haber sido entregadas para que comenzaran con su entrenamiento, ¿acaso Bulma había sido tan ilusa para creer que Vegeta no la mataría luego de saber esto? –Ella tendrá un hijo híbrido, pero no será tuyo, sino de Vegeta-dijo la voz de Gine en su cabeza. Claro, ahora recordaba, Vegeta y Bulma, él y… levantó la mirada hacia Milk, quien estaba dándole la espalda mientras cocina. Se quitó la sábana de encima, casi había olvidado que se había quedado dormido con los pantalones de su traje; usualmente él dormía desnudo, no le veía nada de malo, pero Bulma lo había regañado cuando lo encontró desnudo la primera vez. Sonrió al recordar aquello. Sí, eso fue cuando llegó a la Tierra hace años y se quedó hospedado en la Corporación Cápsula. Además, asumió que a Milk tampoco le haría gracia verlo sin ropa por la mañana. Se sentó correctamente y vio a las niñas. Una de ellas seguramente sería de clase alta, la otra de clase media.
-Ho… hola…- les dijo, consciente que no lo entenderían.
Las niñas le sonrieron y le estiraron los brazos, cualquiera sabría que eso significaba que querían que las cargaran, pero Kakarotto no tenía ni la más remota idea de qué hacer. Con los segundos pasando las pequeñas comenzaron a hacer pucheros, hasta que finalmente una comenzó a llorar. Kakarotto se puso de pie rápidamente -¡No le hice nada!- dijo de manera defensiva cuando Milk lo vio con el ceño fruncido –Me extendió los brazos y…-
Milk negó con la cabeza y se acercó a la que lloraba, tomándola entre sus brazos –Sólo quería que la cargaras- Kakarotto hizo un gesto de no comprender, así que Milk aprovechó el momento –Ten, cárgala-
Él había estado en combates terribles, se había enfrentado contra Broly, recibido palizas por parte de Vegeta, incluso de niño había sido maltratado por sus compañeros, recordaba que en una ocasión algunos amigos de su hermano lo habían perseguido hasta las montañas del Este, donde estaba la prisión y los laboratorios secretos de Turles. Había corrido con todas sus fuerzas, pero ellos eran mayores, por ende, mucho más fuertes que él y rápidos. Al final lo arrinconaron, ésa fue la primera vez que sintió miedo… como saiyajin, deseaba pelear, pero como ser viviente con uso de lógica, sabía que podía terminar muerto –Si muero aquí, Padre estará muy decepcionado de mí-pensó en aquel momento. Al final terminaron dándole una golpiza, y aunque Raditz negó tener relación con el ataque, Bardock lo había golpeado tan fuerte que terminó tan lastimado como Kakarotto.
Pero ninguna de esas veces había sentido un terror tan grande donde realmente prefiriera morir… ésta era la primera vez al ver cómo Milk le entregaba a la pequeña que seguía gimoteando –Son algo hurañas por la mañana, pero no creo que te causen problemas, a menos que tengan hambre-
Kakarotto colocó los brazos como Milk los tenía, y cuando la pequeña se acomodó en ellos se calmó, sonriéndole de nuevo. El saiyajin estaba hipnotizado por la bebé, ¡olía tan bien! Le dio su mano y la pequeña saiyajin comenzó a apretarle el dedo índice, haciendo que Kakarotto sonriera –Tiene fuerza- dijo como si él fuera el único en la habitación.
Milk estaba cargando a la otra bebé mientras miraba a Kakarotto, era la primera vez que se enternecía viéndolo. Era una vista bastante rara, un saiyajin musculoso, una arma para matar, una de las criaturas más peligrosas del universo… cargando entre sus brazos a una bebé como si se tratara de la cosa más frágil, temiendo romperla en un movimiento brusco.
-Es la primera vez que ven a otro saiyajin- dijo Milk, arrepintiéndose de haber interrumpido la escena que tenía ante ella.
-¿En serio?- preguntó Kakarotto sin dejar de ver a la bebé. La verdad es que esta pequeña era muy distinta a Calíbono; el otro crío emanaba esa extraña frialdad de los saiyajin, pero esta niña era distinta… no imaginó nunca que lo híbridos de saiyajin y terrícola fuesen tan distintos -¿Ninguno de los padres ha venido por ellas?-
Milk se mordió el labio –No, ninguno…-
Kakarotto podía ser despistado, pero ese temblor en la voz de la terrícola lo había alertado -¿Ya saben sobre el nacimiento de estas crías?- No fue necesario esperar una respuesta, el rostro de Milk lo decía todo, ¿¡es que acaso estaban locas!? Si Vegeta se enteraba que las habían estado ocultando, con seguridad las mataría a todas… incluso a Milk –Debemos darnos prisa y decírselo, de lo contrario…-
-Danos un poco más de tiempo- interrumpió la terrícola –Separar a una madre y su hijo es algo bastante traumático-
Kakarotto abrió la boca para objetar, pero al final decidió no decir nada, ¿qué sabía él de eso? No era padre, su experiencia más cercana a una madre saiyajin con un hijo pequeño era Celery y eso no era un buen ejemplo. Las terrícolas eran demasiado complicadas para su gusto, pero a pesar de eso estaba ahí con ellas. Cerró los ojos para olvidarlo. Luego de hacer el ridículo frente a Milk al darle un abrazo sin explicación, se ofreció para ayudar con la construcción que estaban levantando, pero al ver un saiyajin presente, los habitantes decidieron que ya no querían más ayuda, al final él terminó discutiendo con todos defendiéndose de la discriminación. Cosa que terminó mal, y Milk le sugirió que fuera al Norte a traer comida, ¿cómo todo empeoró tan fácilmente? Al verlo, los saiyajin se burlaron de él y terminó peleándose con varios de ellos. Al final, regresó al Sur con comida que se vio obligado a tomar por la fuerza, ¿cómo había terminado en la casa de Milk? Estaba tan agotado física y mentalmente que pidió prestado el sofá para tomar una siesta... la cual terminó hasta que se despertó hoy por la mañana.
-¿Quieres desayunar?- preguntó Milk, sacando a Kakarotto de sus pensamientos –Estas niñas comen en cuanto abren los ojos, tú eres igual-
Kakarotto le sonrió y asintió –Claro - colocó a la pequeña en el suelo de nuevo –Te ayudaré-
Milk agradeció la ayuda del saiyajin, incluso admitió que lo había juzgado mal. Creyó que haría más destrozos que ayudar, pero la verdad fue que incluso dio algunas ideas para darle un nuevo sabor a la comida. No recordaba cuándo fue la última vez que se sintió tan cómoda cocinando con alguien más, pero definitivamente era algo que le gustaría sentir de nuevo. Ella no era ninguna tonta, era obvio que sentía algo por Kakarotto, pero estaba bastante enterrado… pero el muy infeliz estaba logrando hacer que todo eso lentamente comenzara a salir a la superficie. Cuando terminaron de cocinar, Kakarotto parecía dispuesto a lanzarse al ataque, pero estaba cubierto con harina –Será mejor que vayas a bañarte antes de comer. Yo despertaré a las otras chicas. El baño está por allá- le indicó Milk. El saiyajin obedeció luego de un pequeño gruñido, y la terrícola no pudo evitar lanzarle una mirada a su compañero. La verdad es que se había controlado para no verlo de manera descarada, no todo el tiempo se miraba un cuerpo tan bien esculpido en la sala de la casa.
Sacudió la cabeza –Esto es lo que haría Bulma- dijo mientras caminaba a despertar a las madres de las dos criaturas, la verdad es que dormían bastante y no podía culparlas, las dos pequeñas realmente requerían demasiada energía por parte de ellas.
Mientras Kakarotto se bañaba, sentía que estaba fuera de lugar, pero al mismo tiempo no se sentía tan incómodo como habría imaginado. Sólo agradecía no haber despertado con alguna sorpresa entre su pantalón; imaginarse una situación donde Milk lo descubriera así era bastante vergonzoso. Sacudió su cabeza y dejó que el agua limpiara la suciedad en él. Se secó rápidamente, se colocó de nuevo su pantalón y se dejó la toalla alrededor del cuello al salir.
-Hay demasiado movimiento- dijo para sí mismo. Sentía muchas energías que iban y venían entre el Norte y el Sur, ¿algo había pasado mientras él dormía? Al llegar de nuevo a la sala, Milk le informó que una nave enorme había aterrizado en el Norte, pero al parecer Vegeta no había dado órdenes algunas, ni siquiera había estado despierto cuando la nave aterrizó, por lo que Kale decidió delegarla hacia el Sur, declarando que cualquier cosa que hubiera adentro de esa nave, seguramente no sería de importancia para los saiyajin… vaya que había estado equivocado; cuando la compuerta se abrió, resultó que su carga eran alimentos, cajas enormes repletas de comida.
-Seguramente deben de estar creándose riñas por conseguir comida- comentó Kakarotto.
-No lo creo, los líderes de cada raza son seres bastante pacíficos. Ellos mantendrán el orden. Además, Pamputt y el resto de chicas están ayudando a que no haya peleas-
Kakarotto frunció el ceño, a veces olvidaba que no todas las culturas eran tan salvajes como la suya, aunque el hecho de ser maltratado verbalmente por los sureños le indicaba que no eran seres tan pacíficos como querían hacer creer. Las madres de las bebés híbridas tampoco parecían muy tranquilas de tenerlo cerca, ellas sabían que él no era peligroso, pero seguía siendo un saiyajin.
-Han llegado saiyajin- informó Kakarotto, poniéndose de pie. Una cosa eran los sureños descargando la comida con sus propias riñas, y otra muy distinta era si los saiyajin llegaban a armar alboroto. Salió de la casa rápidamente y emprendió el vuelo, sintiendo el ki de Milk detrás de él, sabía que aunque le recomendara no ir, ella seguiría volando. Sonrió. Eso era algo que le gustaba de esa terrícola.
Cuando llegaron al lugar donde estaba la enorme nave, fue fácil de adivinar el lugar de origen de ésta, especialmente al ver el logo de Corporación Cápsula en ella. Ya varios saiyajin de clase alta estaban armando escándalo diciéndoles a todos los otros alienígenas que debían alejarse, que la comida era para el Norte.
Podía sentir un ki grande adentro –Un saiyajin- dijo.
-¡Kakarotto!- gritó Taro al verlo. Le hizo unas señales a los otros tripulantes de la nave para que siguieran con las descargar – ¿Cómo está el saiyajin sin cola?- dijo dándole una palmada en la espalda. A pesar que las palabras podían ser ofensivas, Kakarotto sabía que él no las decía con mala intención… al menos eso deseaba.
-No esperaba que vinieran tan rápido-
Taro le sonrió y se encogió de hombros –La verdad es que quería ver cómo estaba el planeta luego del ataque, ¿estuviste aquí cuando eso pasó?-
-No, estaba en… en otra misión-
-Me imagino. De haber estado tú aquí, seguro esto no habría pasado, ¿no crees?-
-Que no te escuche decir eso Vegeta-
-De los dos príncipes, él es el más problemático, ¿no lo crees?-
Kakarotto lo vio sin entender –Nunca conocí bien a Tarble mientras estuvo vivo…-
Taro se limitó a sonreírle de nuevo –Será mejor que descarguemos todo esto. El viaje estuvo tan aburrido que me mantuve comiendo gran cantidad de la carga- rió con fuerza, casi dejando sordo a su amigo –Además, quiero regresar a la Tierra lo más rápido posible-
Kakarotto iba a preguntarle si había una razón para eso, pero se limitó a asentir, estaba más enfocado en buscar el ki de Milk que seguir escuchando a Taro hablar sobre lo deliciosa que era la comida terrícola. Cuando la encontró, ella ya estaba dándoles indicaciones a todos los que estaban descargando comida desde otro andén.
-Parece que todo está tranquilo, a pesar que esos saiyajin de allá se quieren pasar de listos- dijo molesta mientras cargaba una caja llena de frutas.
-Ya se irán. Déjame te ayudo- ofreció, pero la terrícola se rehusó diciéndole que era mejor que él llevara cajas más pesadas. Toda la carga era colocada en un gran carro que era arrastrado por una enorme bestia que no tenía nombre, al menos en el lenguaje humano -¿No sería más fácil que yo llevara todas las cosas cargando?- preguntó.
-En el Sur nos gusta hacer las cosas por nuestra cuenta, saiyajin- respondió un sujeto enorme de piel morena, con un parche en el ojo izquierdo y hocico que parecía el de un canino –Ve al norte con los tuyos mejor-
Kakarotto se quedó de pie, ofendido, ¿qué tenía de malo que ayudara? -¿Cómo sabe que soy un saiyajin?- le preguntó al sujeto que estaba ya montándose sobre la bestia para guiarla y llevarse la comida a alguno de los CDA.
-Todos huelen igual- respondió viéndolo con dureza –Apestan a muerte- espetó.
-No le des importancia- le murmuró Milk –No a todos los del sur les agradan los saiyajin-
-A ninguno le agradamos. No sería raro que un día quisieran derrocar a Vegeta-
Milk le dedicó una mirada larga al saiyajin sin que éste se fijara… confiaba en Kakarotto más de lo que alguna vez pensó hacerlo, pero todavía no lo suficiente –Tengo una idea, si te llevas cajas amarradas avanzaremos más rápido-. Le entregó una soga de color rojo que llevaba en una de las bolsas de su pantalón, de esos que se utilizaban en excursiones –Ten esa punta- dijo caminando alrededor de unas cajas, se detuvo cuando vio que Kakarotto la seguía –No, tú quédate ahí- señalando con el dedo –Yo rodearé las cajas y luego las amarraremos-
Kakarotto asintió y esperó, sintiendo cómo la cuerda comenzaba a tensarse más y más. Cuando Milk reapareció, él tenía la sensación que si soltaba el extremo que tenía agarrado lo arruinaría –Ahora lo amarraremos con más cuerdas y así, cuando te las lleves, no habrá riesgo de que las botes-
Kakarotto asintió de nuevo, se sentía como un niño recibiendo órdenes… casi como cuando su padre recibía indicaciones por parte de Gine. Frunció el ceño, ¡no quería pensar en sus padres y sogas! Sacudió su cabeza, imaginaba que tendrían que golpearlo verdaderamente fuerte para que olvidara que había interrumpido a sus padres el día anterior –El horror- pensó con una expresión que daba la impresión que vomitaría.
Milk se percató de ello, preocupándose un poco -¿Estás bien?-
-¿Qué es todo esto?- la voz imperiosa de Vegeta interrumpió los movimientos de todos. Una cosa era tener a un saiyajin de clase baja cerca, algo que no era muy agradable, pero era soportable… y una cosa muy distinta era tener a uno de clase alta supervisando todo, y la situación empeoraba si se trataba de Vegeta. Todos los sureños que estaban descargando cosas se vieron entre ellos, unos cuantos que tenían forma de animales quisieron mostrar sus dientes hacia el príncipe, pero se contuvieron. Nadie de ese lado del Muro le tenía gran cariño al gobernante, incluso unos decían que había sido él quien orquestó el asesinato a Tarble mediante el uso de Turles, y que sólo simulaba no saber nada al respecto; todavía en las tabernas se hacían juntas de algunos representantes de todas las razas pacíficas, y entre ellas cierto soldado, cuya profesión de asesino la mantenía oculta, esperaba la orden de ejecutar al príncipe Vegeta.
Uno de los ancianos que solamente se había mantenido sentado viendo la descarga se intentó poner de pie, pero un joven a su lado lo tomó del hombro y lo detuvo –Deja que el otro saiyajin se encargue de explicarlo- dijo viendo de reojo a Vegeta, quien no iba solo. Lo acompañaban Kale y Raditz, y esos dos tampoco tenían fama de ser saiyajin que se sentaban a escuchar lo que decías.
-Vegeta- dijo Kakarotto con calma, pensar en toparse a ese loco no había estado entre sus planes de esa mañana, pero había algo raro en el príncipe… parecía distraído –Vegeta- repitió con una tono de voz más alto.
Vegeta se giró al reconocer la voz de Kakarotto –Insecto- dijo en forma de saludo.
Por un segundo, Kakarotto tuvo la intención de preguntarle si estaba bien, pero sabía perfectamente que corría el riesgo de hacerlo enfadar. –No imaginé que vendrías a asegurarte que hiciéramos las descargas de manera correcta- se esforzó por sonar tranquilo, pero cuando Vegeta estaba presente cualquier cosa podía pasar –Kale ordenó que la nave aterrizara aquí, no parecía interesado en su contenido-
No obtuvo respuesta por parte de Vegeta, se acercó más a él hasta que el príncipe lo vio como si fuese una plaga –Si te acercas un poco más, imbécil, te golpearé tan fuerte que no despertarás por una maldita semana-
Kakarotto le sonrió, los que estaban cerca temblaban por las palabras que el príncipe había dicho, pero él sabía que Vegeta insultaba más cuando estaba de un humor aceptable; lo verdaderamente atemorizante era cuando estaba callado viéndote con odio–Trajeron comida por parte de la Tierra- explicó un poco más tranquilo.
-Ese logo...- dijo Vegeta, ignorando lo que decía Kakarotto. Era el mismo logo que había visto la primera vez que llegó a la Tierra, era el mismo que utilizaba Bulma en alguna de sus prendas.
-Es el logo de la Corporación Cápsula, ya sabes, la corporación de la familia de Bulma-
Vegeta frunció el ceño, no le gustaba la familiaridad que utilizaba Kakarotto cuando hablaba de la científica –Esa mujer…-pensó burlón. Cuando llegó a la Tierra por primera vez, había pensado que era la insignia de alguna familia real terrícola o algo parecido. Aunque, si lo pensaba bien, Bulma tenía el estatus social tan alto como el de cualquier otra princesa. Incluso llegaría a ser la mujer más adinerada de la Tierra.
-Hey, Kakarotto, ¿qué hace tu hembra aquí?-
La voz de Raditz alertó a su hermano menor, la verdad es que se sentía más relajado cuando Vegeta estaba solo que cuando estaba acompañado. Se giró y vio a Raditz agarrando a Milk del brazo, quien estaba preparándose para sacar el arma que llevaba en el cinturón.
-Suéltala, Raditz- le ordenó Vegeta. Los presentes lo vieron como si estuviera loco, pero él seguía viendo la nave con curiosidad.
Raditz soltó bruscamente a Milk, quien realmente deseaba golpearlo –Si así es como tratas a alguien que ayudó a salvar el planeta, no quiero saber qué haces con los enemigos- espetó ella.
Vegeta volteó a verla como si lo que acababa de escuchar no tuviera sentido, ¿salvar al planeta? Eso era una tontería. La vio de pies a cabeza, cabello negro, ojos del mismo color, brazos tonificados, su ki era bajo para ser una guerrera que sirviera de algo, pero alto para ser una terrícola… ¿la había visto en algún otro lado?
–Entonces todos estos intentos de asesinar a la mecánico han sido en vano, éste último también… debemos enfocarnos en la nueva terrícola de cabello negro-, -¿Y qué pasa con la de pelo azul?, ¿a qué terrícola debemos matar, a la mecánico o a la de cabello negro?- Las voces de Rasin y Lakasi sonaban en su cabeza como si estuvieran adentro de ella.
–La mujer de cabello negro- pensó viéndola con más detenimiento, ¿era ella?, ¿ésa era la mujer que él debía embarazar? Tenía rasgos saiyajin, y su poder era elevado para ser una humana… -Pero el aroma no es el correcto-pensó al darse cuenta que era como el de Okkra, carecía de atractivo para él.
-¿A qué se refiere con que ayudó a salvar al planeta, insecto?- preguntó sin apartar la mirada de Milk, quien estaba sintiéndose incómoda… ¡cómo podía Bulma soportar que la mirara este sujeto! Lo hacía con desprecio, casi podía sentir el odio que emanaba por medio de sus ojos.
-Ella fue la que comandó el ataque aéreo… el que derribó gran cantidad de naves enemigas- explicó el guerrero sin cola. Realmente no le gustaba el interés de Vegeta hacia Milk, ¡¿dónde estaba Bulma cuando la necesitaba?!
Vegeta se cruzó de brazos viendo con mayor seriedad a la terrícola –Creí que todas las terrícolas estaban encerradas en la prisión-
Kakarotto vio de reojo a Milk, ¿cómo podía decir lo siguiente sin sonar como un completo imbécil? Dio un paso adelante –Es la mujer terrícola que gané en el torneo pasado… es una guerrera además de eso- pudo notar cómo el ki de Milk parecía alterarse cuando dijo esto, seguramente escuchar que la había 'ganado' no le parecía agradable, pero debía entender cómo funcionaba la mente de Raditz, Kale y Vegeta -Como puedes ver, las terrícolas de ese escuadrón están colaborando aquí. Milk es la líder-
-Hmph- Ahora recordaba. La había visto entre las esclavas que estaban como premio para los ganadores de aquellas batallas, en ese momento no le había dado más importancia, parecía una mujer cualquiera… pero ahora viéndola con la armadura puesta, podía pasar por una saiyajin si lo quisiera.
Kale estalló en risa –Sólo a Kakarotto le puede suceder algo así… salva a la terrícola y por lo que puedo ver, ni siquiera la ha tocado- siguió riendo -¿Planeas embarazarla mentalmente, Kakarotto?-
-Todos los soldados tenían obligación de engendrar crías con esas esclavas. Haz algo bien por una vez en tu patética vida- espetó el príncipe. Kakarotto estaba sonrojado, y Milk sentía ganas de gritarles a todos los presentes, ¿cómo podían tratar así a las mujeres?
-Si no sabes qué hacer, Kakarotto, yo puedo ocuparme de ésta, tú te quedas con las otras dos que te pertenecen- dijo Raditz. El hermano menor gruñó, y a Milk le dio la impresión que parecía un animal salvaje en ese momento.
Vegeta seguía viendo a Milk, si esa terrícola resultaba ser la mujer destinada para él, la mataría ahí mismo; no tenía intención de formar parte del juego de predicciones de Bardock, y estaba dispuesto a matar a su supuesta pareja para conseguirlo. 'Nadie me dicta qué hacer' había sido su lema desde que escuchó sobre las predicciones. Se dio la vuelta para dejar de ver a esa mujer -Encárgate de que todas las provisiones lleguen a todos los CDA, Kakarotto. Si algo se queda en el Sur, tú serás el responsable- ordenó.
Kakarotto asintió y se giró hacia Milk, indicándole con la mirada que era mejor que se alejaran de ellos. Podían seguir manteniendo el orden desde otro punto. La mirada de Vegeta escudriñando a Milk, y luego Raditz tomándola del brazo lo habían molestado bastante.
-El resto de los híbridos ya debieron haber nacido- le murmuró Kale a Vegeta, quien estaba bastante consciente de eso –La mujer de cabello azul debe estarlos escondiendo… eso era lo que iba a preguntarle ayer por la noche- Él no había olvidado lo de la noche anterior, y sabía que Vegeta tampoco, pero debía intentar justificar sus acciones… que el príncipe estuviera molesto con él no le beneficiaba en nada.
-Vayan por los híbridos, dile a Okkra que se lleve a algunos para que la ayuden. Ya deberían de haber 20 crías- una pausa pequeña –Dile a Rhubarb que prepare el laboratorio también-
-¿Qué hay sobre la terrícola? Si ella los estuvo ocultando, merece un castigo-
-Ya me ocuparé de ella después-
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Estaba sumergida dentro de la enorme bañera intentando que los recuerdos de la noche anterior no la invadieran tanto. Recordaba perfectamente los gemidos, los movimientos, los cuerpos uno contra el otro… el negro intenso de sus ojos. Emergió en busca de una bocanada de aire. La hora que marcaba su reloj le indicaba que era ya media mañana –No creí que estuviera tan exhausta-
Cuando despertó, lo primero que reconoció es que no estaba en la habitación de Vegeta. A pesar que era casi igual, se percató que estaba en un lugar distinto al notar que la cama era más incómoda que la de la noche anterior, y las almohadas no olían a él. Sonrió. Seguramente el muy infeliz había tenido dificultad para despertarla y se vio obligado a llevarla cargada, ¿cómo la había cargado?, ¿la habría llevado entre sus brazos como un caballero? Rió suavemente –Conociéndolo, seguro me cargó como si se tratara de una bolsa de patatas-
Finalmente decidió que había pasado mucho tiempo en el agua cuando vio los dedos de sus manos ya arrugados. Le costó salir de la bañera, pues distintas partes del cuerpo le dolían como si hubiera corrido una maratón de 100 km con obstáculos; sus piernas casi la habían hecho caer cuando intentó ponerse de pie al despertar, sus brazos le dolían con el mínimo intento de levantarlos, su abdomen tampoco estaba libre de sufrimiento, pues cuando rió al darse cuenta que estaba en otro lugar, le produjo un dolor que la calló de golpe –Supongo que lo vale- dijo al recordar lo mucho que había disfrutado del encuentro con el saiyajin. Su espalda estaba totalmente rígida, y su cuello tronaba cuando lo giraba rápidamente.
–Mi cabello se mira algo maltratado- dijo viéndose al espejo mientras se secaba –Me pregunto si me habrá dejado ropa- abrió con dificultad el armario y se llevó la sorpresa que sólo habían armaduras –Ni siquiera está el traje de combate- Se tuvo que colocar una de mala gana. Vio su reflejo de nuevo antes de salir, pensar en ver a Vegeta la hacía ponerse nerviosa, ¿cómo debía actuar?, ¿casual, como si lo de anoche no importara?, ¿debían hablar de ello? Sabía que los saiyajin tenían revolcones con cualquiera, ¿pero Vegeta? Él había expresado en más de una ocasión su desagrado por el cruce de razas –Aunque esto no es un cruce- dijo en voz baja para convencerse –Esto fue sólo un acostón- estaba esforzándose para que su voz sonara impasible, pero la verdad era que estaba feliz por lo que había sucedido. Suspiró.
Cuando iba a la mitad del pasillo, dirigiéndose a las gradas, recordó que la pequeña cápsula que su padre le había enviado no la había encontrado en la habitación, por lo que regresó a la de Vegeta para buscarla. Antes de golpear la puerta, respiró profundamente –Si él está adentro, sonreiré como cualquier otro día- pero luego del tercer golpe y esperar unos segundos, supo que Vegeta no estaba en el cuarto. Abrió la puerta lentamente, el interior de la habitación estaba iluminado por la enorme ventana que daba al balcón, la cama estaba hecha ya –Como si nada hubiese pasado anoche- dijo con amargura. Encontró la cápsula tirada al lado del pequeño mueble de madera, pero no era lo único que se encontraba ahí –Mi ropa- dijo con el rostro ruborizado al ver los restos de tela rotos como si un animal hubiera tirado de ellos.
Buscó en el armario de Vegeta algo más para ponerse, pero lo único que encontró fue trajes azules, los típicos del príncipe. Sin pensarlo dos veces, se colocó uno –Creo que me sentaba mejor el rojo- murmuró.
Salió de la habitación rápidamente. Debía regresar a su apartamento… ahí tenían píldoras anticonceptivas… o eso esperaba. Entre las cosas que había empacado hace meses, no recordaba haber incluido algo así, en esos momentos ni de broma se le cruzó por la mente que terminaría teniendo sexo con un saiyajin –Por favor, Kami-sama, que estén ahí- murmuraba para sí misma. Vegeta había terminado dentro de ella, no por completo, pero lo había hecho, y sabía perfectamente que quedar embarazada de un saiyajin era posible. La sola idea le aterraba, había visto bastantes partos como para saber que le dolería demasiado, y tenía la sensación que a Vegeta no le haría gracia escuchar que sería padre de un híbrido.
Salió del castillo fingiendo naturalidad, seguramente los guardias podían oler su nerviosismo, pero eso no importaba. Lo que no imaginaba era ver tanta agitación en el Sur, ciudadanos iban con carretas enormes hacia todas partes -¿Qué sucede?- le preguntó a un niño pequeño de alguna raza desconocida. El infante mordía con fuerzas una fruta que ella reconoció rápidamente –Una sandía- dijo asombrada. El niño le sonrió y señaló hacia su izquierda, ella sabía hacia dónde dirigía ese camino. Uno de los Centros de Distribución que recién construyeron. El pequeño corrió hacia esa dirección mientras mordisqueaba el resto de la fruta.
-¿Qué está pasando?- balbuceó confundida. Las calles estaban rebosantes de alegría, incluso había música en vivo y miró a más de un chiquillo andar comiendo frutas que ella reconocía muy bien. Siguió su camino hasta llegar a las casas donde ahora estaban las terrícolas. Los apartamentos al final no habían sido reconstruidos por completo, además que todas decidieron por votación unánime que las viviendas que tenían ahora eran más cómodas. Un escalofrío le recorrió la espalda al ver la puerta de su vivienda abierta, aceleró el paso de su caminar, tenía un mal presentimiento.
El interior estaba de cabeza, el sofá volteado, trozos de vidrio roto por todo el suelo, las luces estaban destruidas, y una parte de la pared parecía haber sido atacada por energía -¿¡Hola!?- se sorprendió al descubrir que había hablado con un tono más alto de lo normal, estaba nerviosa -¿Hay alguien aquí?- gritó de nuevo.
-¿Bulma?- sonó la voz de la chica -¿Eres tú, Bulma?-
-Sí- caminó rápidamente al interior y se encontró con la puerta de su habitación entreabierta –Todo está bien- dijo entrando lentamente -¿Qué pasó aquí?-
La chica estaba oculta detrás de la cama, abrazando su vientre y con lágrimas en los ojos, parecía muy asustada para moverse –Vinieron-. Comenzó a llorar en silencio.
Bulma se hincó junto a la embarazada -¿Quiénes vinieron?- tenía idea de quiénes habían sido, pero necesitaba una confirmación, necesitaba escucharla, de lo contrario no lo creería -¿Quiénes?- volvió a preguntar.
-Se llevaron a los bebés, a pesar que estos gritaban y se revolvían… también se llevaron a las madres- el llanto le dificultaba el habla –La chica que estaba aquí tomó una de tus armas- dijo sin saber que esto puso fría a Bulma –Disparó, pero falló… la saiyajin encargada la mató-, la chica no pudo más y estalló en lágrimas. Bulma sentía sudor recorrer su frente, si ella hubiera estado ahí de nada habría servido, e incluso la habrían matado.
-Arreglaré esto- dijo poniéndose de pie. Fue por una manta y la colocó sobre la espalda de la chica mientras la ayudaba ponerse de pie.
-No quiero que se lleven a mi bebé- decía entre los sollozos –Detenlos, Bulma-
La científica asintió, ella sola no podía, necesitaba algo más, necesitaba llamar a Milk e ir por los bebés, oh Kami-sama, rezaba para que no la mataran. Si la saiyajin, imaginaba que se trataba de Okkra, le enseñaba el arma a Vegeta y luego la acusaban de haber estado ocultado a los bebés… ahora realmente deseaba que la noche anterior significara algo para Vegeta, de lo contrario se podía dar por muerta.
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-Solamente hay una niña con el poder de pelea de un Clase Alta, Majestad, el resto es de Clase Media- informaba Rhubarb –Pero si los mandamos ahora a esos planetas, probablemente cuando sean mayores podrán aumentar su poder-
Vegeta escuchaba atento la información, pero todavía había algo que lo molestaba: ¿por qué sólo habían 5 crías? –Se supone que para ahora deberían de haber nacido más niños, y estos parecen no tener ni siquiera los 2 meses-
Rhubarb vio de reojo a Okkra, quien parecía estar ansiosa por responder eso –Las terrícolas dijeron que no sabían sobre el paradero de las demás, seguramente la mujer de Kakarotto las ocultó-
La mujer de Kakarotto, al príncipe no le hacía gracia escuchar eso, él era quien la había tomado la noche anterior, no Kakarotto. –Rhubarb, ve a buscarla y cuando la encuentres enciérrala en la prisión- ordenó con una voz totalmente indiferente. Okkra pareció no muy alegre de escucharlo, ¿por qué no solamente la mataba y listo? Había asesinado por cosas menos importantes a muchísimas personas. Debía matarla, la terrícola no podía seguir con vida; cuando vio a Kale en la madrugada, éste le indicó que había intentado herir mortalmente a la terrícola para que muriera desangrada, pero antes de poder hacerlo Vegeta había intervenido, ¿es que acaso le estaba perdonando la vida intencionalmente? No, no, Vegeta jamás perdonaba, no estaba en su naturaleza.
-Hay cosas más importantes que estas crías- continuó diciendo el príncipe -¿Hay noticias sobre Broly?-
Los presentes se vieron entre ellos, ninguno de ellos quería saber sobre Broly, cuando él estaba presente se sentía una extraña presión encima, era mejor tenerlo lejos destruyendo a otros que estar cerca de él temiendo que en cualquier momento enloqueciera sin razón alguna. Vegeta estaba seguro que Broly lo obedecería, encontraría a Ginyu y reportaría su paradero, pero en el fondo de su cabeza, muy en el subconsciente, se estaba apoderando de él el miedo de perder el control sobre el Legendario Súper Saiajiin y tener que enfrentarlo.
-No ha reportado nada, Majestad- respondió uno de los saiyajin encargados de los controles –Su nave se sigue moviendo cada vez más y más hacia el Sur, pero gracias a eso estamos generando un mapa más detallado de esa galaxia-
-Antes de lanzar el ataque hacia los planetas de Freezer, quiero que sea enviado un pelotón de reconocimiento. Esta vez no seré engañado como en la ocasión anterior- A Vegeta no se le había olvidado la jugada de Freezer, no descansaría hasta vengarse de él, borrar toda su esencia del Universo… incluso había escuchado sobre la posibilidad que existiera un descendiente de Freezer, ¿Kuriza? El nombre había sido mencionado una sola vez en una misión donde un sobreviviente lo dijo entre sus alucinaciones antes de morir, para Vegeta eso había sido una estupidez, nada nunca se había escuchado de que Freezer tuviera un hijo, así que lo había decidido ignorar de momento, pero cuando acabara con los otros se enfocaría en ir tras ese infante. Luego de más discusiones, especialmente sobre cómo se dividirían los grupos para el ataque, la sesión terminó, pero faltaban muchos detalles por afinar, destruir un planeta era sencillo, destruir uno que estaba en otra galaxia era un poco más difícil, pero destruir tres planetas que estaban en los confines de otras galaxias, y además pertenecían a los seres más poderosos, era muchísimo más complicado. Vegeta lo sabía, no conseguiría su venganza tan rápido como él habría querido, pero estaba seguro que planeando todo de manera meticulosa lograría sorprender a los muy malditos.
-Vegeta, hay algo más que necesitas saber- dijo Okkra, quien caminaba a su lado, Raditz y Kale caminaban detrás de ellos, discutiendo sobre algunos saiyajin de clase baja que Raditz estaba recomendando para que participaran.
-¿Qué quieres?-
-Las terrícolas tenían armas, armas que jamás habíamos visto antes-
Vegeta detuvo su camino y se giró hacia Okkra -¿Qué clase de armas?-
-Son armas extrañas, pareciera que es un tipo de armadura que te colocas en el brazo, y de ésta emerge un láser. El trabajo es excepcional, y el diseño no es como los que conocemos…-. Vegeta sabía hacia dónde quería llegar Okkra con esto, pero decidió seguir escuchándola –Creo que la terrícola que trabaja para ti las creó, deberías arrestarla, seguramente se ha estado encargando de armar al Sur, sabes muy bien que ellos con gusto te declararían la guerra-
Vegeta escuchó atentamente, los consejos de Okkra eran los pocos que él escuchaba, y eso contando que casi siempre la ignoraba, pero no sabía si la saiyajin le estaba hablando con la cabeza fría o se estaba dejando llevar por la rabia que sentía hacia Bulma. Él no era ciego, podía ver a la perfección que a su compañera saiyajin no le hacía gracia la presencia de la terrícola, pero a él no le podía importar menos… Bulma era extremadamente útil como para permitirle a Okkra que la matara por su puro capricho –Yo me encargaré de eso- respondió desinteresado –Esa mujer no es ningún peligro-
Okkra tuvo intención de arremeterle con varias palabras, pero Kale la detuvo poniéndole la mano sobre su hombro, y con una simple mirada de su parte, ella se calmó.
-Oye, Vegeta- dijo Raditz –Llevamos bastante tiempo sin ir a beber a un bar, y ya que el comedor y la cocina de tu palacio siguen sin ser terminados, no caería mal, ¿no te parece? Además Kale y yo todavía tenemos pendientes una competencia para ver quién bebe más sin desmayarse-
Vegeta gruñó, pero la verdad es que tenía bastante tiempo de no estar en uno, así que al final terminaron en uno rodeado de bullicio. Mientras Raditz y Kale se batían a duelo de cervezas con otros saiyajin, Vegeta se limitaba a verlos y beber lentamente, escuchando historias de los saiyajin que estaban en las otras mesas. Okkra estaba discutiendo con una camarera sobre quién era la mejor guerrera. Sonrió levemente, solamente faltaba Nappa y el circo estaría completo –Una pena que resultó ser sólo un grandísimo animal- murmuró luego de terminar su trago.
-¿Otra bebida, Majestad?-
Vegeta le entregó la tarra vacía a la camarera, una mujer algo voluptuosa, con color de cabello rosado pálido y orejas de gato. Miembro de una raza felina alienígena que adoptaban forma humanoide para poder socializar con otros, los nekoseijin. A pesar que la mujer contoneaba sus caderas, el príncipe le puso tan poca atención a esto que ni siquiera se percató que le coqueteaba, estaba concentrado pensando en dónde debía de estar Broly, quizás Bulma podría forzarlo a volver utilizando el microchip de su cabeza. Ella estaba en el castillo, podía ir y ordenárselo de una buena vez. Frunció el ceño al darse cuenta que tenía cierta facilidad para sentir la energía de la terrícola aunque ésta estuviera lejos y él rodeado de seres con altos poderes.
-Aquí tiene, esto va por la casa, Majestad- dijo la mujer con un tono de voz que casi parecía un ronroneo.
Vegeta ignoró de nuevo a la mujer y bebió un trago de la cerveza amarga, realmente se necesitaba de mucho para embriagar a un saiyajin. Vio de reojo a Kale y Raditz, que parecían llevar ya su décima cerveza; Raditz parecía querer besuquear a una de las meseras –Qué vulgar- dijo Vegeta entre sus tragos, pero Kale parecía reacio a acercarse a una mujer, la única que estaba cerca de él era Okkra, dándole palmadas en la espalda para apoyarlo.
-Esa maldita zorra apostó por Raditz, yo apuesto por ti- le dijo Okkra a Kale.
El saiyajin pareció sonreír, bajándose de un solo trago la siguiente jarra -¡La siguiente!- gritó, provocando aplausos y gritos de júbilo por parte de los que miraban la competencia. Al final, Kale terminó como ganador, mientras que Raditz había perdido el interés en la competencia y ahora se enfocaba en una camarera distinta con la quien se había estado besando al inicio.
Vegeta rodó los ojos, tanta bulla lo desesperaba. Una pequeña notificación llegó al rastreador que tenía colocado sin preocupación: Rhubarb había capturado a Bulma mientras ésta intentaba liberar a los híbridos. Había liberado ya a las terrícolas, pero su intento falló cuando entró al laboratorio donde estaban las crías.
-¡Vamos, Vegeta! Debes animarte- dijo Okkra, sentándose frente a él -¿Cuándo fue la última vez que te embriagaste? Hay que festejar, si tu plan funciona, será un golpe directo al corazón del imperio de Freezer… Y si esto sale mal, es mejor embriagarse bien para morir sin arrepentimientos, ¡una bebida para acá!- le indicó a un camarero de la misma especie gatuna.
Vegeta se puso de pie –Rhubarb ya capturó a la mujer- dijo.
Okkra sintió como si le hubieran lanzado agua helada -¿Y qué con eso?- preguntó con resentimiento -Déjalo, que la torture un poco para conseguir información. De igual manera tendrá que morir, si estaba creando armas para derrocarte, creo que…-. Vegeta no esperó a que terminara de hablar, se dio la vuelta y dejó a la saiyajin sola en la mesa, con dos bebidas intactas.
–¿Hacia dónde va el príncipe?- preguntó Kale, sentándose junto a su compañera de pelotón.
-Ya sabes cómo es, a veces se le cruza una idea en la cabeza y olvida lo demás-
-O quizás vaya con la terrícola- agregó Raditz, quien tenía marcas de besos en el cuello y parte del rostro. Kale y Okkra lo vieron como si hubiera dicho alguna herejía, pero el saiyajin de cabello largo se limitó a sonreírles –Quizás esa mujer es más interesante de lo que deja ver, ¿no creen? Por cierto, Okkra, ¿cómo va todo con el príncipe? No parecía muy interesado en escuchar lo que le estabas diciendo hace unos momentos-
-¿Qué insinúas?- preguntó la saiyajin, poniéndose a la defensiva.
Kale se puso de pie y tomó a Raditz por el cuello de su armadura, ambos saiyajin eran altos y corpulentos, pero Kale era de clase alta mientras que Raditz era de clase baja; la disputa ya estaba ganada desde el inicio. Ningún soldado se dignó a verlos, peleas en los bares saiyajin eran normales, incluso si no había un muerto o alguien herido de gravedad, el bar era considerado demasiado aburrido –Si vuelves a decir algo así…-
Un pequeño brillo apareció en los ojos de Raditz, como el de un niño que acababa de descubrir la verdad del universo –Oh…- dijo sonriendo todavía más –Ya veo-
-¿Qué ves?- pregunto el otro saiyajin, apretando más el agarre.
-Suficiente, Kale- la voz de Okkra calmó al otro saiyajin, haciendo que soltara al de clase baja –Ve a dar una vuelta, Raditz- dijo con ese tono imperioso que utilizaba cuando estaba nerviosa.
La sonrisa de Raditz se amplió –Claro- dijo aclarándose la garganta –Pero antes de eso, déjame decirte que conozco a alguien que te podría ayudar con la pequeña falta de interés por parte de Vegeta. Sabes de quién hablo, ¿no es así? Creo que él estaría dispuesto a ayudarte… Ayudarles- corrigió viendo de reojo a Kale -Si le dan algo a cambio…- vio a sus dos compañeros antes de darse la vuelta y marcharse detrás de una tercera camarera distinta.
Kale había palidecido un poco –No sabe de lo que está hablando-. Pero Okkra no estaba segura de eso, por un segundo le dio la impresión que la manera de hablar Raditz era igual a la de Turles, la de un sujeto que sabe todos tus secretos y te tiene en la palma de su mano.
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Rhubarb estaba de brazos cruzados frente a la celda de la terrícola, escuchando sus exigencias acerca de liberar a los bebés híbridos, nunca había visto que una criatura tan débil y encarcelada estuviera amenazando como si estuviese en control de la situación –Supongo que el príncipe debe encontrarte fascinante, de lo contrario no te tomaría como su juguete- dijo con un ligero recelo.
Bulma se calló al escuchar eso, ¿SU juguete?, ¿ella un juguete de alguien? -¡No soy el juguete de nadie!- gritó –Vegeta y yo sólo…- ¿qué debía hacer?, ¿debía negar haber tenido un encuentro con él?, ¿los saiyajin se sentían orgullosos de eso?, ella no tenía que rendirle cuentas a nadie, y definitivamente no necesitaba comenzar a explicar algo que ni ella comprendía –No sabes lo que dices-
Rhubarb sonrió –Entonces supongo que el aroma de Vegeta que tienes encima es imaginación mía-. Rió fuertemente al ver el rostro de la terrícola palidecer –Los saiyajin tenemos un olfato muy sensible, pero el mío es mejor todavía… necesito oler el miedo, oler las mentiras, las verdades, la primer gota de sudor. Todas las emociones emiten un aroma distinto, quienes nos dedicamos a torturar debemos dominar todo para poder hacerlo de la mejor manera posible-
-Eres un monstruo-
-Soy un saiyajin- explicó sin dejar de sonreír –Desde niño he podido detectar el aroma de Vegeta en donde sea, y puedo percibir algo de él en sobre tu piel, mujer terrícola… oh sí, debió haber sido algo intenso para que todavía lo tengas encima de ti- Rhubarb se acercó a los barrotes –Pude detectar algo de ti en él también, un olor muy vago, pero ahí estaba…-
Bulma se sonrojó, la manera de hablar de ese saiyajin era retorcida, le producía escalofríos. Al final, prefirió callar, no quería seguir escuchando a ese hombre. Lo único que agradecía era que al final no pudo localizar a Milk, de lo contrario ambas hubieran terminado en esa pocilga. –Nunca me arrestaron en la Tierra- dijo para sí misma, se preguntaba si un arresto de este tipo le mancharía su expediente en su planeta natal.
Cerró los ojos para calmarse, sabía que ese saiyajin llamado Rhubarb le había avisado a Vegeta sobre su captura, ¿es que acaso él se lo había ordenado?, ¿y si planeaba matarla? Al menos estaba en una celda separada de los demás, no tenía mucho ánimo de estar encerrada con otros maleantes. La verdad es que había ya sufrido bastante con entrar al laboratorio donde estaban los bebés híbridos; había tardado en decodificar el seguro para entrar, pero nunca se imaginó lo horroroso que sería el interior. Había tubos de cristal con un líquido verde en él, y adentro se encontraban criaturas del mismo color, con tres dedos en cada mano y pie, con garras filosas y de cabezas desproporcionadas en comparación con su cuerpo. Parecían sacadas del infierno, pero no había sido eso lo único escalofriante del lugar, había miembros descuartizados regados sobre mesas, sangre ya endurecida en el suelo, herramientas que parecían de películas de terror sangrientas. Cuando llegó con los bebés, pensó que encontraría una escena terrorífica, pero los pequeños estaban jugando con una pelota de color amarillo y estaban en perfecto estado; realmente había sido una experiencia extraña. Al intentar escapar cargando a los cinco bebés, que eran todo un caos cuando estaban juntos, terminó siendo descubierta por Rhubarb… y ahora estaba aquí encerrada como una simple criminal –Una dama como yo no debería estar aquí- se quejó entre dientes.
-Entonces no deberías intentar cometer delitos, mujer-
Bulma abrió los ojos de par en par al escuchar la voz de Vegeta, estaba de pie frente a su celda, de brazos cruzados y con su enorme capa, viéndola con el ceño fruncido –Hola…- saludó ella.
-Majestad, a esta mujer la encontré en mi laboratorio, intentando robarse a los híbridos-
-Hmph- vio a su subordinado de reojo –Buen trabajo, Rhubarb, puedes retirarte-. El saiyajin asintió y se alejó en completo silencio, Vegeta no abrió la boca hasta estar seguro que estaban solos –De todos, él es el saiyajin más leal que tengo- dijo como si hablara con él mismo –Le gusta que le deje enemigos para torturarlos- ambos se conocían desde niños, y desde temprana edad a Vegeta le había fascinado la manera en que Rhubarb torturaba a los animales pequeños, siempre supo que terminarían siendo un buen equipo, pero aun así Rhubarb no era el mejor combatiente, no, el mejor saiyajin combatiendo a su lado era Kakarotto, pero claro que eso jamás lo aceptaría en alto, ni siquiera se lo admitía a sí mismo.
-Ve… ¿Vegeta?-
Al príncipe se giró para ver a la terrícola que estaba ahora de pie. Frunció más el ceño -¿Dónde están el resto de saiyajin híbridos, mujer?-
-¿De qué hablas?-
-No me tomes por idiota- le espetó –Tenías 30 hembras a tu cuidado…-
-Veintinueve- corrigió Bulma –La chica que Broly tenía murió, según parece por alguna enfermedad…-
-No me importa si una o dos murieron, pero para este momento debían de haber al menos 20 crías nacidas, ¿qué pasó con el resto?, ¿en dónde las tienes ocultas?-
Bulma agradecía que Rhubarb no estuviera cerca, pero sabía que Vegeta también era muy hábil para descubrir mentiras, Kakarotto se lo había advertido hace mucho. Respiró profundamente, si tenía una pizca de habilidad actoral, ahora era el momento para explotarla. Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, haciendo que Vegeta se sintiera incómodo –Murieron durante el ataque- dijo entre sollozos, tenía los ojos cerrados, así que no podía ver la expresión del príncipe –El día que nos atacaron, las madres y los niños estaban en el apartamento y un ataque las alcanzó. Cuando yo llegué…- una pausa dramática –Las que lograron evitar la muerte dieron a luz durante el ataque, fue una suerte que sobrevivieran-
Vegeta frunció el ceño -¿Cuántas murieron?-
-Fueron quince- respondió Bulma –Daiz también estaba ahí, él fue quien me ayudó a salir del castillo, me llevó hacia el Sur y fue testigo de todo-
-¿Daiz?- Sí, había escuchado que él la había salvado, pero no le había dado importancia, ¿desde cuándo a Daiz le importaba Bulma? Sintió algo de irritación al pensar en eso, ¿quién demonios le había autorizado a ese sucio kabochan hacer su voluntad?
-Pregúntale, verás que te digo la verdad, ¿de qué me serviría mentirte?-
Vegeta emitió un gruñido, podía dejarla encerrada ahí, seguramente se libraría de muchos problemas si la dejaba en esa pocilga, pero a pesar de querer hacerlo, sus brazos parecían moverse solos; antes de decir algo más, le abrió la celda para que saliera –Si me entero que me estás mintiendo, mujer…-
Bulma asintió, no se percató que era la primera vez que Vegeta no parecía tener intención de terminar su amenaza. –¿Qué sucederá con los bebés?- preguntó después de un largo silencio mientras caminaban fuera de la prisión. Los guardias los miraban con curiosidad, casi nunca se veía al príncipe por esos rumbos, y mucho menos para liberar a alguien -¿Qué harás con ellos?- insistió.
-Tenemos planetas donde los niños saiyajin son enviados para desarrollar su sentido de supervivencia- contestó sin interés –Son enviados a planetas sin civilizaciones desarrolladas, si sobreviven un año, son enviados a planetas hostiles para que sobrevivan otro año, si al final terminan aferrándose a su vida, comienza el entrenamiento contra los saibaiman- sonrió –Ésa es la mejor parte, poder comenzar a matar- Recordaba que de chiquillo había adoptado una fascinación por combatir contra esos seres repugnantes, poder mantener la calma sin importar que estuviera rodeado de criaturas que querían matarlo. Buenos tiempos.
-¿¡Estás loco!?, ¡estás hablando de bebés!-
-Bebés saiyajin- respondió él, como si con eso aclarara las cosas.
-¡Bebés humanos!-
Vegeta se detuvo y Bulma lo imitó –Si no sobreviven, entonces todo esto habrá sido un fracaso- espetó –Siempre supe que el gen humano no podía aportar nada bueno a los saiyajin, pero los mocosos nacieron con bastante poder, así que serán entrenados como guerreros-
-Necesitan estar con sus madres, apenas tienen poco menos de un mes de haber nacido-
-No tiene sentido explicarle a una terrícola sobre esto- dijo harto –Prepara a las terrícolas, necesitamos más crías...- pero sus palabras quedaron cortadas cuando la palma de Bulma golpeó su mejilla izquierda. El golpe ni siquiera lo hizo voltear el rostro, mucho menos le provocó dolor, pero sí causó que el enojo en él comenzara a hervir su sangre. Cerró los ojos para no hacer algo de lo que se arrepintiera luego, sabía que un golpe de su parte era suficiente para matarla. Sus manos temblaban por el coraje, ¿cómo se había atrevido?, ¿creía que por haber estado con él por una noche era suficiente para darle inmunidad? Estaba muy equivocada –Pero aquí estoy, intentando no matarla- pensó, lo que causó que se enojara todavía más.
Bulma retrajo rápidamente su mano –No lo haré Vegeta- dijo con firmeza –Okkra mató a una de las madres, ¿realmente esperas que las ponga de nuevo bajo ese estrés? Fueron violadas, ¿comprendes eso? Fue una abominación que quedaran embarazadas luego de ser abusadas por tus hombres. Si quieres ganar esta guerra, hazlo como un hombre, peleando, no abusando de mujeres para conseguir un ejército sumiso que te obedezca- Esperó que el saiyajin respondiera algo, pero lo único que él hizo fue abrir los ojos, dejándole ver lo que era el odio verdadero, pero eso no la detendría de seguir hablando –Si tienes que depender de bebés para que hagan tu trabajo sucio, Vegeta, no quiero ni pensar en qué clase de rey te convertirás-
Se dio la vuelta y caminó por el largo pasillo que la conducía hacia afuera, su corazón estaba muy acelerado, sentía que si se giraba para ver a Vegeta, se encontraría con algo que jamás podría olvidar –No me mató- pensó aliviada mientras más alejaba –No me mató-.
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-¡¿Estás loca?!- le gritaba Milk a Bulma mientras le vendaba la mano –Sé que tú y él se… entienden, pero aun así no creo que eso haya sido sensato-. Kakarotto, que estaba comiendo todo lo de la mesa, se limitaba a escuchar, realmente no tenía nada bueno que aportar, estaba seguro que la bofetada de Bulma no le había hecho ni cosquillas a Vegeta, pero prefería no ofender la fuerza de su amiga.
-No podía dejarlo así, lo hubieras escuchado, estaba hablando de las otras chicas como si se trataran de trozos de carne, yo no…-
Kakarotto miraba la escena ahora ya sin comer, no se atrevía a pedir más comida. Sabía muy bien lo que Vegeta planeaba, él, como saiyajin, comprendía perfectamente el plan, pero no compartía su brutalidad. Su raza había buscado la manera de crear soldados más poderosos, es por eso que el cruce entre saiyajin y otras razas se había vuelto algo normal de ver, pero ningún resultado había dado algo prometedor. Los híbridos saiyajin y terrícola eran los primeros en ser un éxito, y nada detendría a Vegeta de sacar todo el provecho de este cruce. Vio sus manos –Quizás si lo detengo…- pensó. Pelear contra Vegeta, esa idea siempre había estado en el fondo de la cabeza del joven guerrero, su padre le dijo que estaba destinado a pelear contra él, pero ahora que había decidido ignorar todas las instrucciones de Bardock, se encontraba de nuevo en un punto donde se sentía obligado a seguir sus visiones. Por una última vez.
-Intentaré ayudar- dijo finalmente el saiyajin –Entiendo por qué lo está haciendo Vegeta, pero comparto tu opinión, Bulma- se puso de pie –Hay muchos que están en contra de esta idea de cruzar nuestra sangre, buscaré más saiyajin que estén de acuerdo conmigo-
-Ten cuidado, Kakarotto- dijo Milk. El saiyajin le respondió con una sonrisa dulce y asintió –Lo tendré-. Ambos quedaron viéndose por unos segundos, y Bulma tuvo la terrible sensación que estaba siendo un estorbo –Te veré mañana- dijo antes de salir, cerrando la puerta detrás de él.
Ambas mujeres quedaron solas en la casa sumidas en silencio hasta que Bulma lo rompió –No has dejado de sonreír- acusó con un tono de picardía –No me digas que algo pasó entre ustedes dos mientras yo no estaba-
Milk se sonrojó –No digas tonterías, Bulma, él sólo me ayudó ayer y hoy, es todo-
-¿Te ayudó?- preguntó con un tono que insinuaba algo más –Kakarotto es todo un caballero ayudándote en todo-
-Lo es- dijo sonriendo todavía más. Bulma no necesitaba más explicaciones, se preguntaba si Milk estaría diciendo sus sentimientos en alto si la situación no fuese tan compleja.
-Si te gusta, deberías decírselo- dijo la científica –Kakarotto es un cabeza dura, si no se lo dices cara a cara ni siquiera comprenderá-
-Es… es más complejo que eso- respondió Milk. Cortó la venda y colocó las tijeras sobre una pequeña mesa –Yo juré vengarme de él- comenzó a decir mientras miraba hacia un punto en la pared, sonrió con tristeza –Juré vengarme, y ahora... - exhaló lentamente –Debe ser un tipo de broma cruel por parte del universo-
-Nosotros no decidimos de quién nos enamoramos, Milk-
-¿Y es amor esto? Quizás sea sólo una bella amistad, además, ¿los saiyajin son capaces de amar?- Ésa era la pregunta que ninguna de las dos se había atrevido a hacer, porque temían que no existiera respuesta, o peor aún, que existiera y fuese que no, que los saiyajin son incapaces de sentir aquello –Seguro él está interesado en alguna que otra chica saiyajin. Hoy vi cómo varias parecían estar cortejándolo-
-¿Y él qué hizo?-
-El…-
-¿Te sucede algo, Kakarotto?- preguntaba Milk mientras terminaba de amarrar con una cuerda de color rojo toda la comida que Kakarotto llevaría cargando hacia uno de los CDA -¿Estás molesto porque los sureños no te dejan de ver de esa manera? Ya se les pasará-
-No es eso- respondió el saiyajin. Temía que a Vegeta se le ocurriera alguna estupidez como mandar a Milk y a las otras terrícolas como un equipo de reconocimiento.
-Bien, está todo listo- indicó Milk, cargando unas cuantas cajas ella también –De esta manera avanzaremos más rápido-. Ambos volaron al CDA del centro, era el que había estado intacto luego del ataque de Ginyu, los sureños se encargaban de llevar la comida a los otros CDA restantes. Descendieron a la entrada y comenzaron a entregar los víveres rápidamente.
–Oye, muchacho- dijo un saiyajin algo escuálido –Eres el hijo de Gine, ¿no es así? Anda, ayúdame a cargar algunas de las provisiones al Norte- vio a Milk de pies a cabeza –Tú también, mujer-
-Milk, me llamo Milk-
-Tú también, Milk- respondió el saiyajin sin mucho interés.
Ambos comenzaron a llevar algunas cajas que estaban marcadas, a Milk no le tomó mucho tiempo darse cuenta que la comida que estaba contenida adentro de éstas estaba en mejor estado que la que se quedaba del lado Sur –Esto es injusto- murmuró.
Kakarotto la vio sin comprender -¿No querías ayudar?-
-No me refiero a eso, hablo de…-
-¡Kakarotto!- la voz de una mujer interrumpió el paso de ambos –Vaya, no creí que te vería acarreando cosas- le lanzó una mirada despectiva a Milk para luego ignorarla –No sabía que habías vuelto-
-Hola, Brusselia- saludó el saiyajin, y a Milk no le pasó por alto el cambio de tono de voz que tuvo, parecía nervioso. La saiyajin tenía cabello negro y corto, pestañas largas y tan negras que simulaban delinear sus ojos rasgados, una piel algo bronceada y una cintura pequeña que entonaba sus caderas.
-Así que los rumores son reales- dijo viendo la cintura de Kakarotto –Nada de cola-
Kakarotto le sonrió –Sigo siendo el mismo-
-Yo no diría eso- dijo la saiyajin, tocando los brazos de su camarada –Parece que tonificaste todavía más tus músculos-
Milk se sonrojó, ¿¡estaba presenciado un tipo de coqueteo indiscreto!? Kakarotto se limitó a sonreír –Siempre es bueno verte-
-¿En dónde está Fennel, por cierto? Antes de irse, él y yo dejamos pendiente algo…-
-Ehm… está en la Tierra- respondió no queriendo tocar el tema –Creo que no podrá volver-
-¿Oh? Es una pena, pero bueno, siempre estás tú para cuando yo me aburra, ¿no es así? Por cierto, estaba pensando que sería bueno juntarnos por la noche…-
Milk decidió que lo que seguía no le incumbía. Prosiguió su camino sin poder impedir que una ligera molestia se apoderara de ella. Entregó las cajas a los encargados del lado Norte, quienes la miraron como si fuese un bicho raro. Decidió regresar por un pasillo distinto, ¿estaba evitando toparse con Kakarotto? No, claro que no… simplemente no quería escuchar cuando Kakarotto aceptara la invitación de la saiyajin.
-¡Milk!-
La terrícola detuvo sus pasos, sintiendo unos grandes deseos de gritarle al saiyajin que venía detrás de ella –Lo siento, ella era una…-
-No me interesa saber quién era- lo cortó.
Esto tomó por sorpresa al saiyajin, quien no comprendía por qué el ki de Milk parecía estar alterado. Había descubierto que tenía una gran facilidad para leer la energía de ella, incluso cuando estaban rodeados por personas más fuertes, le era demasiado sencillo percibir el ki de Milk.
-Tú puedes hacer lo que quieras, Kakarotto, no tienes que darme explicaciones- dijo sonriéndole al saiyajin, quien sintió tanto terror al ver esa sonrisa que incluso pensó que la temperatura del ambiente había descendido hasta los 0 grados.
Ambos siguieron caminando en silencio hasta salir del complejo, donde pudieron ver a la saiyajin llamada Brusselia hablando con dos guardias y riéndose a todo pulmón –Seguramente está buscando más contrincantes- explicó Kakarotto, viendo de reojo a Milk –Ella tiene un tipo de lugar de entretenimiento, un cuadrilátero donde suben dos guerreros a pelear utilizando únicamente los puños. Siempre me invita a asistir, le gusta mi estilo de combate, le parece exótico-
Milk sonrió –Ya veo…- dijo en voz baja. El saiyajin sonrió al sentir que el ki de su compañera comenzaba a regularse de nuevo. Definitivamente no comprendía a las mujeres terrícolas. Había rechazo la invitación de Brusselia a combatir esa noche, le había prometido a Milk que le enseñaría una cocina tradicional saiyajin… se traba de órganos reproductores picados, provenientes de unas ranas altamente venenosas. Sabía que no a todas las terrícolas les gustaba escuchar los ingredientes, pero a Milk parecía no importarle. Eso era otra cosa que le gustaba de ella.
-Por lo que me cuentas, esa saiyajin era una belleza- dijo Bulma –Y me dices que igualmente Kakarotto terminó viniendo esta noche a prepararte algo de comer- una sonrisa se posó en los labios de la científica –Me parece que cierto saiyajin no parece interesado en nadie más que en ti-
-No digas tonterías. Vino a cocinarnos a todas, todavía tenemos algunas sobras por si quieres probarlo-
Bulma la vio con desconfianza -¿No se tratan de testículos de toro? Eso me hizo vomitar la última vez-
-No, no son testículos de toro- respondió Milk con una sonrisa -Por cierto, ¿qué haremos con los bebés? Todavía quedan unas chicas para que den a luz, podrías convencer a Vegeta de que deje el proyecto…-
-Lo haré- dijo –Lo convenceré de una u otra manera. Tendré que comenzar desde ahora- se puso de pie y sacó una cápsula de su bolsillo –Creo que esta noche tampoco dormiré aquí, Milk. Cuida a las chicas mientras no estoy-
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Kakarotto caminaba de regreso a su pequeña caverna, recién acababa de descubrir que su diminuta casa había sido destruida, así que la única opción era buscar una cueva que le sirviera como refugio para el frío de la noche. Había conseguido a varios saiyajin que también despreciaban la idea de cruzar su sangre, pero ellos se sentían ofendidos porque consideraban a los terrícolas una raza inferior al no ser una raza de guerreros –Si piensan así, no funcionará- dijo rascándose la cabeza –No estoy hecho para esto, yo nací para pelear no para ser un pacifista-
-¡Hey, Kakarotto!-
El joven saiyajin se giró al escuchar la voz de Taro, no estaba de ánimos para hablar con él, pero era difícil de ignorar a un saiyajin tan fornido –Pareciera que te acaban de vencer, muchacho-
Kakarotto sonrió –Algo parecido, ¿qué pasa?-
-Creí que sería bueno ir a tomar un poco-
Kakarotto arqueó la ceja, ¿a tomar?, ¿había ido a buscarlo a él específicamente para tomar? Era sabido que no era fanático de la bebida. La había probado en algunas ocasiones, más que todo porque Fennel le había insistido, ¡una vez incluso lo metió a un bar con bailarinas! fue una experiencia demasiado reveladora para él, pero lo que concluyó fue que, si era posible, evitaría aquellos brebajes –No lo sé-
-Vamos, te aseguro que tengo la solución a tu problema-
Kakarotto aceptó renuente, siguiendo a Taro por los cielos. Luego de volar varios minutos pasaron sobre el Muro, ahora volaban sobre el Sur –No creo que vayamos en la dirección correcta-
Taro sonrió –Vamos bien- volaron unos minutos más, alejándose cada vez más de la ciudadela del Sur, las pocas luces quedaron en la lejanía y la oscuridad se fue apoderando del paisaje que los rodeaba. –Llegamos- dijo finalmente el enorme saiyajin, descendiendo sin decir nada más. Kakarotto no vio nada que pareciera un bar, el desierto rocoso era lo único que tenían a su alrededor –Vamos, no te preocupes-
Ambos caminaron unos segundos más hasta que Taro dio unos golpes sobre el suelo con su talón. A Kakarotto le dio la impresión que era metal lo que acababa de golpear, ¿pero qué hacía un trozo metálico a mitad de la nada? Los segundos pasaron y una compuerta se abrió, un ser de color morado los vio como si los evaluara y luego les hizo una seña para que entraran. Ambos descendieron por unas gradas metálicas angostas con antorchas que iluminaban el camino. Kakarotto estaba demasiado anonadado como para darse cuenta que había descendido aproximadamente 10 metros ya.
-Llegamos-
Kakarotto pudo observar un bar efectivamente, mesas redondas de madera, barriles que parecían contener vino, luces tenues que ayudaban a ocultar los rostros de los presentes y una música suave que sonaba en el fondo. Siguió a Taro hasta llegar a una mesa que estaba en el centro, sólo para dos. Se sentó sin decir una palabra, tenía la impresión que no debía hablar, nadie más lo hacía.
-Dime, Kakarotto, ¿cómo está Bardock?-
Esa pregunta tomó por sorpresa al joven saiyajin –Bien, supongo- dijo en voz baja, susurrando -¿Por qué lo preguntas?-
Taro sonrió –Te ves sediento, chico, déjame invitarte a una copa- levantó la mano, y de inmediato un nekoseijin se acercó con dos tarras de una bebida negruzca –Sé que no eres amante del licor, ésa es una bebida de la Tierra-
-Oh- Kakarotto la vio, pero estaba inmóvil, sentía su cuerpo tenso. Algo en ese lugar le alteraba los nervios.
Taro se tomó de un trago su bebida y volvió a sonreírle –Kakarotto, ¿qué opinas de Vegeta?-
Kakarotto frunció el ceño, ¿era su imaginación o ahora el lugar estaba más silencioso? –Vegeta es un saiyajin ejemplar- dijo mientras pensaba hacia dónde querían llegar con esas preguntas. Era peligroso pedir ese tipo de opiniones tan controversiales –Es un guerrero bastante brillante, un estratega nato- se sentía raro hablar de las cualidades de un saiyajin con el que tantas diferencias tenía –Está hecho para liderarnos en esta guerra-
Taro asintió sin dejar de sonreír -¿Y qué opinas de él como rey de nuestra raza?-
-Bueno…-
-Permíteme rehacer la pregunta- corrigió el saiyajin de mayor edad al ver la incomodidad de su interlocutor -¿Qué piensas de él como futuro emperador del universo? Después de todo, si él vence a Freezer, no hay nada que le impida tomar ese título-
Kakarotto nunca había pensado en eso realmente –Sería algo terrorífico- dijo en voz baja –Vegeta es un gran líder en una guerra, pero no el rey que yo quisiera para un universo pacífico. Estaría constantemente buscando peleas donde no las hay o rebeliones que ni siquiera se planean formar…-
-Como saiyajin, Vegeta es el vivo ejemplo de a lo que todo joven soldado debe aspirar…- dijo Taro, para luego hacer una pausa -¿Te conté que tuve un hijo hace mucho? Tendría un poco más de tu edad ahora- su sonrisa ahora parecía más una máscara para ocultar algo –Murió en una lucha que Vegeta provocó hace mucho. Con los kabochan, creo que todavía no estabas en capacidad de entrar en guerra cuando eso sucedió. Tu tío, Turles, fue uno de los que mejor se desempeñó en esa batalla. Mi hijo participó en los combates porque insistió en que estaba preparado, además quería pelear al lado del príncipe… me enteré que Vegeta lo dejó ahí, moribundo junto a muchos otros... Conociéndolo, seguramente les dijo que éste era un mundo para los fuertes-
-Yo no…-
-Mi hijo fue un tonto. Como guerreros, sabemos que La Muerte es quien nos acompaña desde que nacemos, pero en el fondo esperas engañarla en cada combate- hizo una pausa viendo a su compañero –Desde ese momento decidí que no querría ver a un saiyajin como Vegeta en el trono nunca, muchos piensan como yo, pero ¿quién más nos queda? Si Vegeta llegara a morir y no deja heredero, caeríamos en una guerra civil-
-La raza saiyajin podría extinguirse mientras peleamos por un nuevo rey-
-La raza saiyajin podría extinguirse siguiendo a Vegeta. La raza saiyajin podría extinguirse si no vencemos a Freezer- sonrió con amargura –Creo que la raza saiyajin está destinada a morir-
Kakarotto finalmente consiguió fuerzas para levantar la tarra y dar un largo trago a su bebida. Seguía no siendo de su agrado, pero su garganta se había secado y sentía cómo estaba comenzando a sudar. -¿A dónde quieres llegar con todo esto?-
-Hay otra opción, Kakarotto. Te llamé porque eres distinto a los demás- Taro entrelazo sus dedos, colocando sus manos sobre la mesa –Dime, ¿qué opinas sobre Tarble?-
Kakarotto se quedó callado por unos segundos, ¿qué opinaba sobre Tarble?, ¿por qué quería saber eso?, ¿por qué lo había llevado hasta ese lugar para hablar de un muerto…? Se percató que todos los presentes ahora lo miraban, no tardó en darse cuenta que cada ser era distinto, había un ser por cada raza que habitaba el Sur. Pasaron unos segundos más para que se diera cuenta de la manera curiosa de Taro para preguntar sobre la opinión de un muerto… su pregunta era sobre lo que opina, y no lo que opinaba de Tarble... suponiendo que sí estaba muerto, cosa que ahora comenzaba a dudar.
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Vegeta se despertó de mal humor, luego de escuchar a la mujer y su pequeño discurso, terminó dirigiéndose al CEG y gastó la última pizca de energía que tenía peleando contra algunos saiyajin jóvenes que estaban ansiosos de probar su poder. Ahora estaban probando los tanques de recuperación. Pero su humor empeoró cuando sintió la energía de Bulma en su castillo durante la noche, específicamente en su CG, por un instante estuvo por entrar al lugar y matarla, pero sus piernas lo llevaron a su habitación, donde tampoco encontró paz. Había tenido pesadillas de nuevo, pesadillas con sus padres… pesadillas con su madre. Se sentó en la cama, pero de inmediato sintió la energía de la terrícola todavía en el castillo -¿Qué demonios hace aquí aún?- se duchó antes de salir.
Se dirigió a su Cámara de Guerra, había dado órdenes por medio del rastreador: el día de hoy no estaría en el Salón, no estaba de humor para recibir a cuanto idiota quisiera hablar con él.
-Debemos mandar a un equipo de búsqueda por Broly- decía Kale –Si él no está con nosotros cuando ataquemos los planetas…-
-Ese sujeto no es nuestra única carta ganadora- respondió Vegeta, ¿desde cuándo la fuerza de los saiyajin radicaba exclusivamente en Broly? Sí, era la leyenda reencarnada, pero no era el único guerrero entre sus tropas.
-¿Y si la mujer terrícola lo obliga a volver con el microchip?-
Vegeta gruñó, pero la audiencia se interrumpió cuando la puerta se abrió y Daiz entró al lugar –Me dijeron que me llamó, Majestad- dijo el príncipe kabochan.
-Todos afuera- ordenó Vegeta. Los saiyajin presentes, que eran alrededor de diez, se vieron entre ellos y se retiraron a regañadientes. Raditz fue el último en salir luego de intercambiar una rápida mirada con el kabochan. Daiz sonrió para sus adentros, así que esto era privado después de todo.
-¿Esto se trata por lo de esa hermosa mujer terrícola?- preguntó sonando verdaderamente desubicado -¿Cuál es su nombre? Recuerdo que me lo dijo cuando la rescaté… Bloomers… Buruma…- dijo fingiendo no recordarlo.
-Bulma- espetó Vegeta, algo molesto.
Daiz sonrió como si se estuviera divirtiendo –Ah, por supuesto, Bulma-
-¿Qué sucedió entre tú y ella cuando el planeta fue atacado?-
La forma de preguntar se le hizo gracioso al otro príncipe presente, ¿qué había sucedido entre ellos? Esto se estaba poniendo más interesante de lo que creía –La rescaté cuando volaba sobre el castillo, su cabello me llamó la atención y luego la recordé… Me pidió que la llevara hacia el Sur, pero al ver que el lugar donde sus terrícolas se encontraban estaba destruido, todo se volvió un caos. Una gran cantidad de mujeres y bebés habían muertos socavados- se encogió de hombros –Puedo mostrarle en dónde los enterré, Majestad-
-¿Tú los enterraste? No conocía que fueses tan delicado con los muertos- era obvio que a Vegeta no le estaba gustando la historia, y quizás no se la estaba creyendo del todo.
-Esa mujer, ¿Bulma? Ella me pidió que los enterrara. No puede negársele algo a una hembra tan atractiva, ¿no lo cree, Majestad?-
Vegeta asintió lentamente -Eso era todo, Daiz, lárgate de mi vista. Prepara a tus hombres, llevaremos a unos cuantos en una misión que tengo en mente- Era obvio que cada príncipe era bastante hábil para decir lo que el otro quería escuchar y no soltar demasiada información. Daiz siempre le había parecido un sujeto de cuidado a Vegeta, no por su poder, sino por su habilidad para enredar las cosas.
Daiz asintió y salió de la Cámara, ocultando una sonrisa en sus labios. Ahora tenía que ir a hablar con cierta terrícola para que todo siguiera su curso.
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Bulma se quitó el sudor de la frente, durante toda la noche había estado trabajando en construir la Máquina de Gravedad, su padre le había enviado los repuestos que necesitaba para hacerla más poderosa –Será una obra de arte cuando la termine- dijo orgullosa de sí misma. Sabía que para poder formar las paces con Vegeta de nuevo, necesitaba entregarle algo a cambio.
-Espero que esto no te quite el tiempo para hacer lo que te pediré, Bulma-
Bulma se giró al escuchar esa voz, la recordaba bien –Daiz- dijo sorprendida. No lo había vuelto a ver desde el ataque, había implorado que no tuviera que verlo de nuevo, pero el destino parecía estarle haciendo una broma pesada -¿Qué te trae por aquí?-
-El príncipe Vegeta me llamó para confirmar tu historia- dijo sin moverse del marco de la puerta donde estaba recostado –Le conté lo que acordamos, incluso le dije que podía enseñarle los cadáveres-
-¿Cadáveres?- preguntó sorprendida -¿De dónde sacaste cadáveres de terrícolas?-
-No son de terrícolas- explicó él –Hay seres que pueden hacerse pasar por humanos cuando entran en estado de descomposición. Matar a unos cuantos, mujeres y niños, no causó problemas-
El peso de culpa cayó sobre Bulma, ¿habían muerto para encubrir su plan? –Eso no era parte de lo que acordamos-
-Decidí improvisar. ¿Qué hubiera pasado si Vegeta decidiera buscar los cadáveres de esas mujeres y los híbridos, y no encontrara nada? Con esto cubrí nuestras espaldas-
Nuestras espaldas, eso era algo aterrador de escuchar. Cuando Bulma vio a Daiz llegar y ayudarla a salir del castillo, pensó que todo había sido meramente un accidente, pero ahora no estaba segura de nada -¿Qué haces aquí?-
-Ya decidí qué es lo que quiero a cambio de ayudarte- dijo –Una nave rápida, imposible de rastrear-
Bulma se mordió los labios, ¿sabía lo de su nave? No, no podía ser, esa nave era un secreto tan grande que ni Milk lo sabía. Tampoco podía dársela, era la clave para ir a Namekusei en caso de que fuera necesario –Eso no se puede construir, Daiz-
La sonrisa en el rostro de Daiz desapareció y la seriedad se apoderó de él –No me mientas, terrícola. Puedes construir lo que sea, ¿o prefieres que regrese con Vegeta y le confiese todo? Me matará, de seguro, pero luego será tu turno-
-Dame unos días-
-Dos días-
-¿¡Dos!?- quiso discutir más, pero el príncipe ya se había dado la vuelta para irse.
-Dos días, Bulma- repitió el guerrero alejándose –Si por la mañana del segundo día no la tienes, puedes dejarte de preocupar por lo que pasará contigo en un futuro-
Luego de quedar pensando varios minutos en total silencio, prosiguió con las reparaciones, podría terminar antes del anochecer sino era interrumpida de nuevo –Así ese tonto de Vegeta olvidará la golpiza que le di- dijo para sí misma, sabiendo que 'golpiza' era una descripción muy alejada de lo que en verdad había pasado. Terminaría la construcción de la nueva MG y comenzaría a hacer una réplica de su nave imposible de rastrear, ¿para qué la quería Daiz? Quizás necesitaba una salida de emergencia en caso Freezer los atacara, la verdad era un buen plan –Pero él tenía a un compañero rosado también…- dijo mientras colocaba unos engranajes y los ajustaba correctamente –Cacao, el soldado cyborg de mi sueño…- lo recordaba todavía. No había podido detenerse a razonar lo que había soñado hace poco, ni siquiera había podido terminar de procesar lo que había sucedido entre Vegeta y ella, ¿sucedería de nuevo? –Seguramente no- se respondió como si alguien más le hubiera preguntado -¡Las píldoras!- exclamó al recordar que había olvidado buscarlas cuando llegó al Sur, apenas se cambió de ropa y salió corriendo a buscar a los bebés híbridos –Y luego ese Rhubarb me capturó y ahora estoy aquí, trabajando por un maldito loco que seguro me matará…-
-Matar a los locos es la única solución, mujer-
Bulma soltó la llave del susto -¡Vegeta!-
Vegeta rodó los ojos, ¿tenía que hacer tanto escándalo? Se cruzó de brazos viendo todo el desorden, el lugar había estado completamente vacío un día atrás, y ahora habían herramientas regadas por todo el suelo, pero en el centro había una nueva MG –Me falta instalar los nuevos monitores en esa parte de arriba- explicó Bulma –Creo que sería bueno implementar unas cuantas cámaras de seguridad, y tú podrás verlas desde aquí sin siquiera salir. Sabrás cuando alguien se acerque a este lugar- dijo orgullosa.
El príncipe se limitó a gruñir antes de darse la vuelta –Espera- dijo Bulma, y sin que él pudiera evitarlo, sus piernas se detuvieron, girando el rostro para verla por sobre el hombro –¿Ves lo que me hiciste?- preguntó levantando la mano vendada –Discúlpate-
-¿Qué?- fue lo único que pudo articular el joven saiyajin, ¿es que acaso esa mujer había perdido por completo el juicio? -¿De qué diablos hablas?-
-Me lastimaste la mano-
Vegeta se dio la vuelta para encararla por completo –Tú me golpeaste, mujer, si esa mano está herida es porque eres una débil, además, eso no parece impedirte seguir construyendo cosas-
Bulma sonrió –Sólo permíteme recordarte que sin mí, tu entrenamiento está limitado. Deberías apreciarme más y disculparte conmigo-
Vegeta sonrió de lado, la mujer definitivamente estaba loca. Lo había golpeado, gritado, y ahora estaba exigiéndole que él le pidiera perdón -¿Cuánto te falta para terminar esto?-
-Tu máquina ya está casi terminada, los monitores puedo instalarlos mañana si no puedes soportar más la espera-
-Date prisa-
Bulma sonrió y de nuevo se sentó para terminar de atornillar unas piezas de metal –Por cierto… ¿no deberíamos hablar?-
Vegeta arqueó una ceja mientras se recostaba al lado de la puerta, ¿HABLAR? Acababan de hacerlo, la terrícola definitivamente estaba loca.
-Me refiero de lo de hace dos noches- agregó.
El hombro de Vegeta se resbaló un poco al escuchar eso, ¿qué tenían que decir acerca de eso?, ¿era un tipo de ritual terrícola hablar de sexo luego de ejecutarlo? No es que le molestara, era simplemente raro –No hay nada de qué hablar-
-Sólo quería que aclaráramos las cosas…- al no recibir respuesta, levantó la vista y se topó con la mirada tan penetrante del saiyajin, al menos no tenía el brillo de odio de cuando lo abofeteó –No es que eso haya significado algo, ¿verdad?-
-Exacto-
La respuesta había sido seca, sin titubeos y sin la más mínima muestra de sentimiento, era lo que había esperado, ¿qué más podía pensar? Desde el inicio había supuesto que los saiyajin eran incapaces de sentir, ¿por qué habrían de cambiar de parecer luego de una noche? Quería preguntarle cómo se sentía, si se arrepentía de haberlo hecho, si sucedería de nuevo, si en una siguiente vez terminaría dentro de ella o siempre sería lo mismo, si a la siguiente vez llegaría a ser más brusco, si la dejaría pasar toda la noche en su habitación, si un día diría su nombre. La sangre se le subió a la cabeza y prefirió callar. Pero el saiyajin había percibido el pequeño aroma de excitación en ella, Vegeta giró el rostro hacia otro lado para dejar de verla.
Los minutos se sintieron eternos para Vegeta, podía irse de ahí y listo, pero durante todo el tiempo había estado de mal humor, era la primera vez en el día en que no se había sentido tan molesto como siempre, ¿y a dónde iría? No quería escuchar el lloriqueo de Kale por la desaparición de Broly, no quería escuchar a Okkra y sus consejos para matar a Bulma, no quería pensar en los híbridos, no quería pensar en nada. Quería estar tranquilo, era la primera vez que la tranquilidad y Bulma eran partes de un mismo escenario –Debo estar volviéndome loco también-pensó.
-Terminé- informó la ingeniera mecánico. Se puso de pie y comenzó a recoger todas las piezas que estaban tiradas, y por un segundo, al saiyajin le dio la impresión que se estaba inclinando demasiado frente a él, casi de manera sugestiva, provocando que sus músculos se tensaran sin que se diera cuenta. Cuando tuvo todo guardado en su caja de herramientas se dispuso a salir, pretendiendo que todo estaba bien y que no estaba nerviosa por tenerlo a él tan cerca.
–Puedes probar tu máquina, si sucede algo…- Cuando estuvo por cruzar la puerta, ésta se cerró de un solo golpe. Abrió la boca para preguntarle a Vegeta por qué la había cerrado, pero al ver la mirada en el saiyajin, supo que hablar sería lo último que haría esa noche.
Ninguno de los escuchó los pasos que se habían acercado a la CG luego que Vegeta cerrara la puerta, ambos estaban concentrados únicamente en la respiración y los gemidos del otro. Vegeta estaba demasiado enfocado en cómo el ki de Bulma se alzaba cada vez que él la embestía, y Bulma estaba demasiado fascinada con la cola de Vegeta enrollándose en ella. Ni la terrícola ni el saiyajin estaban conscientes que los gritos de Bulma estaban siendo escuchados por alguien afuera de la habitación.
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Descendía las gradas hacia el lugar más obscuro de todo el planeta, el lugar donde se encerraban a los guerreros que habían traicionado de una manera u otra a la raza saiyajin, a los guerreros que habían perdido la cordura pero todavía podían servir como máquinas de matar en la guerra. No había ventana alguna, ni ningún orificio que permitiera al más mínimo rayo de luz entrar. Al entrar, muchos solían vomitar por el hedor de eses, orines, sudor y carne pudriéndose. En esta ocasión, la saiyajin que descendía las gradas daba gracias a no haber comido antes de bajar hacia ese lugar tan asqueroso, pues al abrir la puerta hacia las Celdas Negras su estómago se volcó, y de haber comido algo, lo habría vomitado.
Su visión tan sensible le permitía ver las siluetas de todos aquellos que estaban encerrados, pero la celda en la que estaba interesada era la última. Caminó hasta ella haciendo caso omiso a las obscenidades que los otros prisioneros le decían, no podía matar a ninguno, no debían de haber pruebas de que alguien estuvo en ese lugar.
-Debo admitir que nunca esperé este honor- sonó la voz agradable del prisionero del fondo, pero sabía que no importaba lo plácida que fuese ésta, el dueño de esa voz era uno de los saiyajin más manipuladores del planeta –Tengo demasiado tiempo sin recibir visitas-
-Raditz me dijo que podrías ayudarme- hizo una pausa mientras intentaba enfocar su mirada en el rostro del saiyajin, quería ver si sonreía o qué expresión hacía –Pensé que Raditz y tú ya no tenían relación alguna-
-Y yo creí que una saiyajin como tú no tendría que estar haciendo algo aquí abajo-
-Yo no estoy aquí-
-Y Raditz tampoco tiene relación alguna conmigo- respondió Turles, sonriendo sin que su interlocutora pudiera verlo.
-Él me dijo que podrías ayudarme con…-
-Puedo hacerlo- interrumpió el saiyajin –Pero para eso tendrás que hacer algo por mí- le dijo –Tendrás que liberarme-
-Sería traicionar a Vegeta-
-Y tú engañarás a Vegeta-
De nuevo una respuesta donde la arrinconaba, ahora comenzaba a pensar que había sido una mala idea escuchar a Raditz. Él le había dicho que fuera detrás de Vegeta para informarle sobre cinco saiyajin de clase baja que estaban dispuestos a servir como carne de cañón para el escuadrón de reconocimiento, fue ahí cuando vio algo que se había negado a creer. Vegeta encerrándose con la terrícola, y no tardó ni cinco segundos en entender lo que sucedía. Y luego los gritos de placer de la terrícola le confirmaron todo. Vegeta no la había vuelto a tomar en tanto tiempo que ya había olvidado lo que se sentía estar con él. ¿La había cambiado por esa humana? No, ¡eso jamás! Aunque tuviera que recurrir a Turles, obligaría a Vegeta a poseerla una vez más, sólo necesitaba que lo hiciera una vez más y luego podría tirarse a esa terrícola las veces que quisiera.
-No tienes que liberarme exactamente- explicó Turles –Pero no puedo darte las indicaciones así como así, ni siquiera Raditz podría hacer el brebaje que yo haré. Yo debo ir personalmente por las plantas, deben ser trabajadas con precisión, un poco más o un poco menos y quizás mates a Vegeta-
–Está bien, vamos ahora- respondió la interesada luego de unos segundos de total silencio.
-No- respondió rápidamente Turles –Todo a su tiempo, Okkra. Según mis cálculos, las plantas estarán en su punto de maduración dentro de poco-
-¿Cuándo será?-
-Ven por mí dentro de dos días, pasada la mañana-
-¿Dos días?-
Turles sonrió –Dos días, pasada la mañana- repitió –En dos días, Vegeta será tuyo-
¡Ya se complicó todo! XD Si alguien creía que la trama había sido algo confusa al inicio, quizás ahora piense que se puso todavía más difícil o enredada, pero si se fijan en los más mínimos detalles, puede que se den cuenta realmente quién está del lado de quién, quién planea qué cosa, quién está enamorado de quién y otras cosas :)
¡Ah! lo olvidaba, una chica me dijo que podría ayudarme como beta reader, ¿te importaría mandarme un mensaje? XD no pude encontrar el review donde me escribiste XD
Posiblemente las fans de Goku/KakarottoxMilk quieran ahorcarme por tardar tanto, PERO EN MI DEFENSA su relación comenzó después que la de VegetaxBulma, pero no por eso tardaré 23587290 capítulos en hacerle honor, no se preocupen :) En la relación de KxM hay compresión y amistad, por eso no los puedo lanzar así como así a tener sexo salvaje como VxB XD pero ya viene su momento de brillar, no os preocupeis :) Ya tengo todos los detalles pulidos de esta linda pareja.
Sin más que decir, me despido esperando leer sus opiniones, sugerencias y teorías como siempre :D ;) ¡Nos leemos en el siguiente capítulo!
