CAPÍTULO XX

LA IRA DE LA REINA

(Hace un milenio)

Dentro del palacio la fiesta se celebraba, mientras que en los jardines una mujer de cabellos rubios y de uniforme militar esperaba por alguien. A menudo consultaba su reloj. Comenzaba a impacientarse y a pensar que aquella persona no asistiría al encuentro.

De pronto en la distancia escucho una celebración. Hombres lanzaban fuertes voces en señal de apoyo para aquellos que valientemente competían.

Entonces fijo la vista en aquella esfera azul que llamaban tierra, fue allí donde contemplo el espectáculo que aquellos valientes ofrecían para sus dioses.

"Amara, aquí estoy", una mujer de cabello turquesa apareció detrás de ella.

"Nerissa, ¿Te han visto dirigirte hasta aquí?", la abrazo al mismo tiempo que besaba sus labios.

"No, nadie lo ha hecho. Debo decir que esta noche luces increíblemente atractiva. Como aquel día que llegaste a mi palacio"

"Tú también te vez muy hermosa, pero dime ¿Cómo están las cosas en Neptuno?", la rubia mujer pregunto.

"No te creen digna de mi amor, pero que saben ellos si tú y yo nos amamos inmensamente", Nerissa se aferró a los brazos de su amada.

"Mira hacia la Tierra, ¿Lo ves?", pregunto señalando hacia una alta estepa donde aquella competencia se llevaba a cabo.

"Si… ¿planeas ir?", la mujer la miro a los ojos.

"Si y volveré con la bendición de los dioses y entonces los Neptunianos comprenderán cuán grande es mi amor por ti", amara acariciaba los cabellos de su amada.

"¿Tan grande que desafiaras la autoridad de la reina?"

"Así de grande es mi amor"

"Tengo miedo", la mujer se refugió en su pecho.

"He descubierto una manera en la que tú y yo estaremos unidas para siempre…. Aunque el destino nos separe, nuestro amor permanecerá siendo uno solo"

"¿De qué manera?", Nerissa pregunto sin entender aquellas palabras.

"Cundo vuelva te lo diré, seremos eternamente felices. Ahora tengo que irme, te amo", beso apasionadamente a su amada.

"yo también te amo. Te esperare"

Amara sonrió una vez más y enredando su cuerpo en el hermoso clámide, se lanzó en raudo vuelo hacia la Tierra, sin dejar de ver a la hermosa joven que desde la luna la contemplaba hacerlo.

"¡Urano!", grito al ver como su amada poco a poco se aleja de su vista.


(Tres meses después de haber visitado la Tierra. Lago de la Luna)

El hombre de cabellos blancos caminaba junto a Venus. Quien tratando de ocultar el rubor de su rostro, hacia lo posible por no mantener contacto visual con el joven general de brillante capa. El cual hacia solo un par de semanas se había atrevido a escribirle.

"Luego de haberle escrito, supuse que no respondería mi carta, no tenía por qué hacerlo. Solo soy un simple humano de la tierra", el hombre se lamentó profundamente.

"No diga eso, pero la verdad es que luego de pensarlo mucho me decidí a hacerlo. Perdone la tardanza", la hermosa diosa dijo mirando hacia él.

"Me parecía lógico que no quisiera hacerlo. Mi trabajo es cuidar del príncipe Endimión así como el suyo es cuidar de la princesa Serenity. En eso no somos muy diferentes, la diferencia comienza donde su divinidad y mi humanidad", dijo tomándola del brazo.

"Eso es verdad, solo que esto me parece extraño", Venus dijo girando su rostro para no verle.

"¿Se refiere a que es indigno de su parte pasear con un simple hombre de la tierra?", Kunzite pregunto.

"No, por favor no piense eso. Es solo que jamás me encontré en la situación de tratar con alguna persona"

"Ya veo, por ser quien es solo toma los corazones sin antes conocerle"

"Usted lo ha explicado mejor que yo", Venus sonrió.

"Entonces deme la oportunidad de demostrarle como es el interior del mío, el resto usted lo decidirá", Kunzite se inclinó para quedar a la altura de sus labios.

Cuando finalmente estaba por besarla, Venus gentilmente rechazo el beso, "Aun no"


(Jardines)

Tomadas de la mano, Haruka y Michiru caminaban por los laberintos del mismo. Eran tan felices. La aguamarina de vez en cuando besaba la mejilla de su amada, algo que la Uraniana disfrutaba.

"El pasto está fresco, sentémonos un momento", la princesa de Neptuno sugirió.

"Me parece una idea encantadora", Haruka sonrió para ella. Al mismo tiempo que se quitaba el clámide, "Espera, úsalo para que no te ensucies el vestido"

"Pero se ensuciara"

"Eso no importa, tu vestido es más importante para mí", la rubia comenzó a acomodarlo para que compañera se sentara.

"Gracias, que galante de su parte", sonrió agachando la cabeza para que no notara su rostro encendido. Haruka simplemente se recostó a su lado con los brazos debajo de su cabeza. "Es muy lindo", la hermosa diosa de ojos azules señalo.

"Gracias", la otra sonrió.

"No me refería a ti, pero al pasto"

"También es muy lindo", Haruka contesto.

"Por lo que veo, la humildad no es algo que la princesa de Urano posea, ¿Acaso el pasto es más lindo que yo?", sabia pretender estar ofendida.

"Mi amor, sabes que no hay nadie más lindo que tú", le acaricio ambas mejillas.

Michiru recostó la cabeza sobre el pecho de la rubia para escuchar su corazón, "Te amo tanto", dijo al mismo tiempo que besaba a su amada, quien gustosa correspondió al beso.

Conforme pasaban los minutos aquel beso se fue profundizando más y más. Haruka giro sobre ella, quedando la aguamarina debajo de su cuerpo. Entonces aquellos besos y aquellas caricias comenzaron a descender hacia otras partes de la señorita Kaio, quien con los ojos cerrados disfrutaba de aquellas sensaciones tan nuevas, al mismo tiempo que envolvía a su amada en sus brazos.

La rubia besaba su hermoso cuello. Sus manos inquietas bajaron hasta los hombros de aquella mujer, donde empujo hacia los costados los tirantes del peplo que cubría su desnudes. Michiru sonreía ante esas caricias. Urano dirigió sus labios hacia el precioso escote de su amada mientras que sus manos se abrían paso por aquellas aterciopeladas piernas. Del pecho de Michiru comenzaron a escapar pequeñas quejas que hicieron que su amada le levantara el vestido un poco más, teniendo mayor acceso hacia sus piernas. La Neptuniana busco nuevamente los labios de su amante, a lo que la deiforme respondió con un beso profundo. La mano de la rubia ya estaba acariciando la parte interna de aquellos bien formados muslos. Hasta que finalmente la dirigió hasta encontrarse con el encaje de la ropa interior de su amada. Lugar donde gancho su dedo para comenzar a tirar de ella.

"No", la joven de ojos azul profundo dijo. Como si aquellas caricias tan intimas la hubieran traído devuelta del trance pasional en el que se encontraba. Urano reacciono de inmediato, reincorporándose y dándose cuenta de que su ropa estaba en desorden, rápidamente la abotono, "Yo… yo lo lamento", Haruka se acomodó el cabello, sentándose a su lado.

La aguamarina se acomodó el vestido, luego hizo lo mismo con sus alborotados cabellos, "No te disculpes, esto también ha sido mi culpa. Nos hemos permitido ir muy lejos"

"Así ha sido… entre nosotros no va a pasar algo que tú no quieras. Ante todo yo te respeto. Esto en verdad no ha sido mi intensión", la rubia bajo la mirada. Estaba totalmente apenada, temía que aquello significara el final de su relación.

"Es que yo… soy virgen y quiero que mi primera vez sea algo especial, en el lugar y en el momento indicado… te amo demasiado y este lugar es hermoso, pero prefiero esperar. Ruego porque puedas comprenderme", la hermosa diosa no podía ocultar el rubor de su rostro.

"Me parece perfecto que quieras esperar ese momento y a esa persona, no tienes de que avergonzarte. Yo no te voy a presionar o forzar para que sea conmigo", Haruka la abrazo, besándole los labios.

"Solo espero el momento adecuado para entregarme a ti", pensó al corresponder a sus besos, "Agradezco que comprendas, espero no sonar demasiado anticuada", rió un poco.

"Por supuesto que no lo eres, ¿Sabes? sonara extraño de mi parte, pero yo jamás he hecho el amor", Haruka respondió.

Michiru se sorprendió al escuchar esas palabras, "¿No?... pero…", trato de decir.

Haruka negó con la cabeza, silenciando aquellos labios con un beso, "Jamás lo he hecho. Las caricias y los besos falsos que son comprados u ofrecidos sin amor, no cuentan. No para mi"

La reina Serenity había decidido que las jóvenes tomaran un descanso en su entrenamiento. Además de que Plut había vuelto a las puertas del tiempo, algo que hizo en compañía de la pequeña princesa de Saturno.

Ahora la niña caminaba ayudada de su mano. Para Plut no pasó desapercibido que la pequeña había crecido durante el último mes.

"¿Quieres jugar?", la mujer de cabellera verde pregunto.

"Si", la niña se sentó en el pasto.

"Veo que finalmente has traído a la pequeña", Serenity se dirigió a ella.

"La lleve conmigo a las puertas del tiempo, pero luego de todos estos días, hemos regresado para continuar con los entrenamientos", Plut sonrió para con la princesa.

"Hola pequeña", Mercurio acaricio los negros cabellos de la niña.

"Ya me había olvidado de los entrenamientos", Júpiter no sonaba del todo muy animada.

"Por lo que veo en mi ausencia no han estado entrenando", la mirada de la peli verde era inquisidora.

"Es algo que yo siempre hago", Marte sostenía en sus manos el precioso arco.

Estaban tan concentradas en su plática, que no notaron cuando la princesa de Saturno comenzó a alejarse…


(Jardines)

"Creo que debemos volver al palacio", Michiru aun ruborizada dijo.

"Lo mismo pienso, dame un último beso antes de volver", la rubia suplico abrazándola.

Michiru beso su mejilla, "¿Así está bien?", pregunto a sabiendas de que ese beso no la conformaría.

"No", contesto aprisionándola en sus brazos y presionando sus labios contra los de la aguamarina. Tan concentradas estaban en demostrarse su mutuo amor, que no se percataron de que alguien las observaba.

La niña de Saturno emergió de entre los arbustos, "Mamá"

El sobresalto en sus corazones al saberse sorprendidas hizo que interrumpieran lo que estaban haciendo.

"Pequeña nos has asustado", Haruka respiro aliviada al verla.

"Que hermosa te has puesto", la Neptuniana se inclinó para acariciarle el suave cabello.

"¡Mamá!", se lanzó a sus brazos.

"Oh, sigue pensando que soy su mamá", Michiru la abrazo. Urano la miro con cierta desconfianza.

"Recuerda que ella bien podría ser nuestro enemigo"

"¿Y?. Mírala, es solo una niña muy hermosa… te llamare Hotaru"

La pequeña niña cuyo nombre ahora era Hotaru al ver a la rubia, soltó a su Mamá Neptuno, "Papá", dijo efusivamente mientras la abrazaba por las piernas.

Urano se inclinó para tomarla en sus brazos, "Dicen que los niños no mienten, ¿Quién es el más guapo del universo?"

"Papá es el más guapo", respondió llevando sus manitas al rostro de la Uraniana.

"Me parece increíble que preguntes esas cosas", la aguamarina negó con la cabeza.

"¿Quién es la princesa más hermosa del universo?", Haruka volvió a preguntar.

"Mamá"

"Esa respuesta si me agrada", Michiru tomo en sus brazos a la niña.

"Oh, lamento interrumpir, pero Plut anda buscando a esta pequeña", Serenity apareció de entre los arbustos, "Ella viene para acá", con una sonrisa y tratando de imaginar que había pasado, miro el clámide que reposaba sobre el suelo.

"Entonces yo me retiro", Urano levanto la prenda para volver al palacio, no sin antes besar la mejilla de su amada.

"Aquí estas pequeña, te he estado buscando. No vuelvas a desaparecer", Plut intento tomarla, pero la niña se aferró a los brazos de Neptuno.

"Quiero a mi mamá", lloro en sus brazos.

"Pequeña, Neptuno no es tu madre. Ven conmigo"

"No" volvió a responder.


(Esa noche, balcón habitación Miranda/Tritón)

De pie en el balcón, la hermosa aguamarina observaba la tierra. La cual era hermosa con aquellos grandes mares que eran muy parecidos a los de Neptuno.

"¿Qué haces?", la rubia la abrazo por detrás, dándole un beso en el cuello.

"Contemplaba la tierra, en verdad es muy hermosa", respondió aun en brazos de su compañera.

"Por supuesto, aunque no es tan hermosa como tú", giro a su amada para que quedara de frente a ella.

"Es cierto, olvide decirte que he terminado el cuadro", Michiru la soltó. Entrando en la habitación, tomo en sus manos la pintura que reposaba sobre la cama.

"¿Qué pintura?", Haruka pregunto.

"La que comencé mientras tocabas el piano y mirabas mis senos", la aguamarina lo mostró a la rubia.

"¡Ey!, yo no veía tus senos… bueno si… es decir… te veía a ti, es que eres tan preciosa", el rosto de la rubia estaba encendido.

"No te disculpes tanto", la joven de cabellos aqua rió, colocando su dedo en los labios de la rubia.

"Ahora que lo recuerdo, me cuestionaste acerca de si me gustabas. Hoy puedo decir que si y mucho"

"Lo sé y debo decir que la forma en la que me miraste no me pareció nada molesta, pero dime, ¿Qué te parece?"

"Es muy bello, en verdad poses un gran talento"

"Espero que cuando vuelvas a Urano lo luzcas en algún buen lugar del palacio"

"Tú misma escogerás ese lugar", la rubia beso nuevamente sus labios, sin imaginar lo que el amanecer les depararía.


(Mañana siguiente. Campo de entrenamiento)

"Tu espada no será suficiente contra mi rayo", la poderosa Júpiter lanzaba una vez más su ataque en contra de Urano.

Urano esquivo el ataque rodando sobre el polvoriento suelo. Tomando impulso se levantó para sacudir el suelo, "Deja de presumir… tierra tiembla", replicó en el momento en el que Júpiter era alcanzada por el ataque, "¿Quién contra mí?", lanzo el osado reto al mismo tiempo que sacaba su espada, "¿O es acaso que temen hacerme frente?, ¿Dónde está su valentía?"

"Yo lo haré gustosa", Marte se paró frente a ella, preparando la acerada flecha lanzo el ataque en contra de la rubia.

"Tu fuego sagrado no tiene oportunidad contra mi espada", Urano profirió cuando el fuego se impactó contra el reluciente metal de su arma. Fue entonces que la saeta llameante volvió a Marte, pero esta vez su poder había sido aumentado.

"Usas mi propio ataque para combatirme, que inteligente de tu parte", Marte se burló al mismo tiempo que nuevamente preparaba el hermoso arco.

"Al golpear mi espada ha regresado hacia ti", la Uraniana replico al mismo tiempo que hábilmente se defendía del rayo de la Joviana.

"Centella de Júpiter", grito mientras que del cielo a su mano llegaba un poderoso rayo.

"No lo permitiré", Neptuno se interpuso entre ella y Urano. Haciendo uso de su espejo, devolvió el ataque contra la princesa de Júpiter, quien con gran habilidad logro esquivarlo.

"Es mi turno", Venus dio un paso hacia el frente. Tomando la cadena que ceñía su cintura, la agito en el aire, "Cadena de amor de Venus", grito al mismo tiempo que la lanzaba en contra de Urano, quien sonriendo se inclinó para atacarla, "Tierra, tiembla" y entonces la hermosa diosa desestabilizo sus pasos, cayendo al suelo.

"Neptuno, tú y yo", Mercurio la miro, era el momento de que las dos princesas acuáticas se enfrentaran.

"Ataca, te doy la ventaja", Neptuno sostuvo el tridente de manera amenazadora, mientras que la que lleva el caduceo, agitaba sus manos.

"Fulgor del agua de Mercurio"

Neptuno simplemente sonrió y entonces fue su turno de atacar "Maremoto de Neptuno", el ataque alcanzo una increíble velocidad, logrando lanzar a la joven de Mercurio.

"Me sorprenden sus avances", la reina les observaba desde la distancia.

"A mí también. Como vera, no es necesario que utilicen sus transformaciones. Su calidad de diosas y semidiosas hacen que el poder fluya atreves de sus cuerpos", Plut explico.

"Urano y Neptuno me sorprenden, ellas dos son capaces de hace frente a cuatro de sus compañeras", la reina señalo.

"Así es su majestad, no cabe duda que la deiforme princesa Tenousei y la princesa Kaiosei hacen un buen equipo"

"Yo tan solo era un niña cuando todo aquello sucedió. Aunque no lo creas, lo recuerdo perfectamente", la reina sonrió a la mujer de cabello verdes.

"Yo también lo recuerdo… aunque esta vez parece ser diferente"

"Tal vez lo sea… aunque quien sabe, dímelo tú que eres la guardiana del tiempo"

"Su majestad, sabe que tengo estrictamente hablar sobre ello", concluyo.


(Más tarde, pasillos del palacio)

Las jóvenes princesas caminaban tranquilamente.

Venus y Júpiter llevaban sus vestidos aterrados, Marte llevaba el suyo rasgado. El clámide de Urano había sido alcanzado por la saeta de fuego. Neptuno y Mercurio iban completamente empapadas.

"Por lo que veo, me perdí el combate", Serenity llevaba varios libros en sus manos.

"No estuvo tan emocionante como creí que seria", la deiforme Urano opino.

"¿No?, mira que mi saeta llameante te alcanzo", Marte sonrió en señal de triunfo.

"Si, pero no logro tocarme", Urano replico a sus palabras.

"No discutan", Mercurio exprimía su petaso.

"Creo que lo he arruinado, lo lamento", Neptuno se disculpó.

"No tienes porqué disculparte", Mercurio sonrió gentilmente para ella.

"Tengo planes de ir a la Tierra, ¿Me acompañarían?", Serenity pregunto a sus amigas.

"Por supuesto", cuatro de sus compañeras respondieron gustosas.

"¿Urano, Neptuno?", Serenity cuestiono.

"Lo lamentamos princesa, Urano y yo ensayamos para la velada que ofreceremos a la reina, en otra ocasión será. Además prometimos llevar a Hotaru al lago"

Serenity sonrió sabiendo que sus compañeras adoraban la privacidad, "Está bien, en otra ocasión será"


(Cuartel general de la Luna)

León contemplaba aquellos mapas que yacían desordenados sobre la mesa de roble. Intentaba escuchar lo que los jóvenes oficiales le proponían, pero aunque físicamente se encontraba entre ellos, su pensamiento había volado lejos de él y ahora se encontraban centrados en aquel joven llamado Endimión.

"¿Se encuentra bien?", pregunto un oficial al verle con el entrecejo fruncido.

"Estoy bien", el tono de su voz enmascaraba su enojo, pero muy dentro de él la furia lo invadía.


(Tierra)

Un hermoso rayo cruzo los cielos, atrayendo la atención de los mortales que habían presenciado aquella centella. Ese rayo no era otra cosa más que el poder de la diosa Júpiter, quien invocando al trueno se escondió detrás de el para que ella y sus cuatro compañeras pudieran bajar hasta la hermosa Tierra sin ser descubiertas.

Sonrientes esperaban en una de las bancas del jardín del palacio del príncipe Endimión.

"Esto está mal, muy mal", Marte renegó de las malas decisiones de la princesa. Decisiones de las cuales ya eran cómplices.

"Comprendan mis sentimientos, estoy enamorada", Serenity suspiro ante sus palabras.

"¿Por qué mejor no lo olvidas?"

"Júpiter, eso que me pides es como si me pidieras que dejara de respirar, yo no podría vivir sin él", contestó con la mano sobre el pecho.

"En verdad no sé cuántas reglas estamos quebrantando", la que porta el caduceo y las aladas sandalias exclamo, "Concuerdo con Júpiter. No deberíamos estar aquí, pero si en el palacio de la luna"

"Vamos Mercurio, que sé que el joven general Ziosite no te es indiferente", la hermosa diosa de Venus ya no parecía ser aquella arrogante mujer. Aunque en sus ojos podía verse un destello de tristeza.

"Hacen que me sonroje", Mercurio exclamo con las manos sobre las rodillas.

En la distancia la joven mujer llamada Beryl las contemplaba con asombro y desasosiego. Sabía perfectamente quienes eran ellas. Parecía que la visita de los dioses de la luna se estaba haciendo algo regular. Primero se había encontrado con la deiforme Tenousei y la joven deidad de los Mares, ahora contemplaba a la belicosa Marte, la portadora del rayo Júpiter, la portadora del caduceo Mercurio, la siempre hermosa Venus y aún más importante, la princesa Serenity, quien la última vez se había dirigió a ella.

A pesar de mirarlas con interés no se animaba a acercarse. No le parecía prudente hacerlo. De pronto a sus espaldas apareció un joven hombre de la luna, el cual sobre sus hombros llevaba la piel de un fiero felino. Entonces el Selenita pregunto, "¿Qué miras?", ese joven no era otro más que León. Quien contemplándolas desde lejos fue testigo del momento en el que las jóvenes descendieron hasta la tierra, siguiéndolas para así poder sorprenderlas.

"A ellas, a las jóvenes deidades que ahora pisan la tierra", contesto la mujer.

"Han trasgredido una ley muy importante y esa ley hoy será su perdición. No te preocupes más mujer, ese hombre llamado Endimión será tuyo y la princesa Serenity y su reino serán solo míos", contesto enfurecido, al mismo tiempo que miraba hacia las jóvenes que no imaginaban el cruel destino que les esperaba…


(Lago de la serenidad)

La hermosa Neptuno se encontraba sentada junto a la orilla del lago, en su regazo sostenía a la pequeña princesa de ojos violeta.

"Plut dice que tú no eres mi mamá", la niña dijo mientras se divertía con los hermosos listones del vestido de la Neptuniana.

"Así es, yo no soy tu mamá… pero me gustaría tener una hermosa hija como tú"

"¿Puedo decirte mamá?", pregunto inocentemente.

"Por supuesto", la abrazo, besándole las mejillas.

Hotaru se separó un poco del cuerpo de la Neptuniana. Durante unos segundos fijamente la miro a los ojos.

"¿Qué sucede pequeña?", la aguamarina pregunto preocupada.

La niña la abrazo por el vientre, exclamando algo que sorprendió a la joven diosa, "Tú y Urano van a tener un bebé"

La princesa de los mares soltó una pequeña risa, "Pequeña, Urano y yo no podemos tener un hijo"

La princesita la observo un instante, solo para volver a repetir aquellas palabras, "Van a tener un bebé"

"La verdad es que me gustaría mucho tener un bebé con Urano, pero eso no es posible… eres muy pequeña e inocente como para comprender ciertas cosas", se mordió los labios.

"Princesa Neptuno, la reina Serenity la espera en su oficina", un joven oficial se presentó ante ella, dándole la orden.

"Gracias… vamos Hotaru", Neptuno tomo de la mano a la pequeña y dirigiéndose hacia el palacio, miro que Urano ya se encontraba allí.

"Te estuve esperando junto al lago", preocupada dados los acontecimientos, Michiru refirió.

"Lo sé, cuando iba hacia allá un guardia me ha dicho que esperara aquí, la reina tiene algo que decirnos", nerviosa replico.

"¿Crees que ella sabe que tú y yo…?", Michiru se llevó las manos al rostro.

"Quizás si quizás no… pero si ella lo sabe e intenta reprenderme, a mí no me importaría recibir mi castigo, a mí me importa que tu estés bien, conmigo puede hacer lo que ella quiera", dijo besando su mejilla.

Al escuchar que alguien se aproximaba, se separaron. Descubriendo que las otras cinco princesas, también habían sido llamadas ante el concilio de la reina.

"¿Qué sucede?", una muy asustada Serenity pregunto.

"Ni nosotros lo sabemos", Urano al verlas se tranquilizó. Pensó que si el resto de las princesas habían sido llamadas, el asunto poco o nada tendría que ver que su relación con la aguamarina.

Fue en ese precio momento que la puerta se abrió, saliendo de la oficina el joven general. León dirigió una sonrisa malévola a las presentes. Aquella boca torcida había petrificado a las jovenes.

"Adelante", Plut ordeno.

Las princesas ingresaron llenas de temor. Sabían que la presencia de León en aquel lugar no se podía significar algo bueno.

"Madre, ¿Nos has mandado llamar a tu presencia?", Serenity se dirigió a ella.

La reina las contemplo y poniéndose de pie, golpeo el escritorio con el puño, "Saben que visitar la tierra es algo que está completamente prohibido desde tiempos inmemoriales", su voz rugía como el trueno.

"Madre, yo puedo explicártelo"

"No hay explicación a lo que han hecho, ¿Durante cuánto tiempo ha estado sucediendo?", pregunto de manera inquisidora.

"Madre esto ha sido mi culpa"

"Y culpa de todas, debieron reportarme de tus visitas a la tierra, ¿Acaso has estado viéndote a escondidas con un terrícola?", la pregunta perturbo a las presentes.

"Madre…yo…", la princesa bajo la mirada, no sabía si debía mentir o responder a aquel cuestionamiento.

"Contéstame Serenity, ¿Es verdad que has estado viéndote con el príncipe Endimión?"

Serenity estaba al borde del llanto. Si mentía, sería como negar lo que por ese hombre sentía, "Yo…"

"Si tú no me contestas, entonces lo llamare a él ante mi presencia. Y será merecedor de un castigo", concluyo la reina.

"Si madre, yo amo a Endimión y durante todo este tiempo he bajado hasta la Tierra para verlo a escondidas. Sé que es algo que nuestros antepasados prohibieron, pero entiende que estoy enamorada", con serenidad se dirigió a su madre. Las jóvenes princesas la veían sorprendidas.

"Serenity, no debiste hacer eso, ¿Sabes lo que eso significa?", la reina estaba desilusionada.

"Lo sé, he faltado a mi juramento. Castígame a mí y no a él. Ni siquiera la muerte podría acabar con mis sentimientos hacia ese hombre", abatida bajo la mirada.

La reina la contemplo un momento, no podía castigar a su hija por haberse enamorado, pero si por haber faltado a las leyes, "Todas ustedes son merecedoras de un castigo".

"No madre, castígame a mí y no a ellas… yo fui quien bajo. Fui yo quien las forzó a ir conmigo", suplicante la princesa lloro.

"Lo lamento Serenity, pero ellas debieron informarme de tu comportamiento tan indigno del cual murmuran"

Las jóvenes estaban preparadas para escuchar lo que la reina había decidido para ellas.

"Todas ustedes regresaran a su planeta natal, en tres días partirán hacia su destino", la reina ordeno, "Cuando esto se aclare ustedes podrán regresar. Ahora quiero que vayan a preparar sus cosas"

"Madre, por favor…"

"Serenity, he tomado mi decisión y es inapelable", furiosa la reina concluyo.

Las jóvenes salieron de allí tristes, pero si esa era la decisión que su majestad había tomado, no les quedaba de otra más que obedecer…

FIN PRIMERA ETAPA.


Notas de autor;

Esta historia se divide en dos etapas, la primera ha terminado con el desafío de Serenity y la "expulsión" de las princesas. En un principio pensé en darlo por terminado en este punto (con la destrucción del milenio de plata), pero luego comprendí que podría llegar a ser injusto para nuestra pareja que apenas han comenzado a disfrutar de su amor. A decir verdad, no sé si continuar el fic o iniciar la segunda etapa aparte. Creo que lo mejor es seguirla aquí. Lo que si les puedo adelantar, es que la próxima semana inicia y solo espero que les guste, sino les gusta pues damos por terminada la historia.

Milla23, considero a Beryl como la villana más extraña de toda la serie. Al menos la reina no se dio cuenta de que ellas también han faltado a las reglas.

Vicky, Venus tenía que darse cuenta de la realidad. Esperemos y en verdad no vuelva a interponerse.

Masspao, Esperemos y Venus si encuentre la felicidad, y que no sea solo un medio para olvidar…

VaMkHt, Habrá muchas sorpresas.