Capítulo 19
Confesiones.
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Este fic es de mi completa autoría, el uso indebido y no autorizado de éste material es considerado como robo intelectual.
¡Respeta las ideas de las autoras!
Los personajes son de la señora Meyer.
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Cumplí mi promesa, ella pidió clemencia entre tanto placer que la consumía. Después de la tercera ronda, ninguno de los dos puede decir nada. Estamos callados, mirando directamente el techo blanco de la habitación, tratando de tranquilizar nuestras respiraciones.
Pareciera que no hay nada más, pero ninguno de los dos puede ocultar la estúpida sonrisa en nuestros rostros. Todo es tan…
—Nunca me has hablado de ti— murmura contra la piel de mi pecho, apoyando la cabeza sobre mi brazo derecho.
Yo frunzo el ceño por la sorpresa.
—Ni tú. ¿No crees que sería injusto?
Bella ríe y niega.
—Pensé que ya lo sabías todo.
—¿Por qué habría de saber eso?
—Porque recibiste mi currículo.
—Pero ahí no tienes nada de tu vida privada— la regaño con gracia.
—Bien, punto para ti— dice acurrucándose.
—Entonces, ¿Pretendes que te cuente mi vida personal?
Levanta la cabeza y me mira a los ojos.
—Pues si— juguetea con la piel de mi tórax con la punta de su dedo índice.
Suspiro.
No soy de las personas que hablan de su vida privada. De hecho, la mayor parte de mi tiempo ejerciendo en la empresa, he evitado cualquier tipo de entrevistas con los paparazis acerca de mí vida, la cual, me esfuerzo en mantener en secreto. No soy fan de salir en publicaciones, a menos que trate directamente de negocios. Las cosas afuera, mejor dicho; las personas, no son precisamente buenas cuando eres una figura pública. Buscarán tus debilidades para hacerte vulnerable y mi silencio en cuanto a mi privacidad, me ha mantenido en donde estoy.
Pero con Bella, me siento seguro. No es que confíe en todos, es que ella es… Diferente. Aunque siento temor. Nunca me he abierto con nadie.
—No sé qué decirte.
Se sostiene sobre sus codos y sonríe.
—Podrías comenzar por tu cumpleaños.
Sonrío.
—Eso podrías buscarlo en Google.
—¿Estás de broma? En Google no voy a tener la oportunidad de escucharlo directamente, con el caliente acento italiano que tienes— se muerde los labios.
Yo me río en voz alta, tiene su encanto explosivo.
—¿Por qué eres tan caliente? ¿No te das cuenta de que en menos de media hora podría tenerte gimiendo contra el colchón otra vez?
Bella me besa apasionadamente y suspira recargando la frente sobre la mía, cuando termina. Su beso me deja sin aliento. Mierda, ¿Qué tiene esta mujer?
—No quiero coger… Por ahora— suspira sonriente—. Primero quiero saber de ti.
Yo jadeo abriendo los ojos y siento mis pupilas dilatarse al verla.
—Pues… Nací el veinte de junio de 1986.
—Dos años antes que yo— me guiña un ojo.
—Oh, toda una bebé…— me burlo.
Se ríe y niega.
—Vamos, no te detengas.
—No me detendría sino me interrumpieras.
—Ok, ok… No te interrumpiré.
—No se me ocurre que más decirte…
—Vamos, Cullen. No seas cerrado… Cuéntame donde naciste, quienes son tus padres, qué hacías de niño, quien fue tu primer beso, donde estudiaste…. No lo sé… Quiero saberlo.
Su interés me parece abrumador, pero también me siento ligeramente entusiasmado porque me conozca. Es como estarme abriendo, como un equipaje a punto de explotar y ella es la mano liberadora que abre el pestillo.
O quizá la analogía es demasiado bonita para tal comparación.
—Nací el veinte de junio de 1986 en Venecia, Italia— digo como quien no quiere la cosa—. Mi madre y mi padre decidieron llamarme Edward porque así se llamaba mi abuelo paterno y Anthony por mi abuelo materno. Soy hijo único. Mi madre murió cuando yo tenía solo cinco años— y hago una mueca triste—, fue duro.
—Lo siento… Debió serlo— dice acariciando mi palma.
—Lo fue más para Carlisle— respondo alzando los hombros—. Perder a tu esposa con un niño pequeño fue una gran prueba de la vida. Con una empresa en otro país a cargo y un niño que a cada momento preguntaba por su mamá.
—¿Qué hizo tu padre?
—Supongo que lo mejor. Conoció al tuyo y le vendió parte de las acciones para tener menos carga de trabajo.
Bella hace un puchero.
—Tengo un vago recuerdo de Carlisle. Creo que le enseñé mi mascota. Era un conejo llamado…
—Señor bigotes.
—¿Cómo lo sabes? — inquiere sorprendida.
—Me lo contó hace poco— río.
—Con razón. Nunca le pregunté directamente a mi padre, pero si tengo recuerdos del tuyo visitando frecuentemente mi casa.
—Bueno, tu padre le ayudó un poco y eso, causó que Carlisle pasará más tiempo conmigo. Aunque no el suficiente. Cuando entré a los trece años, era muy rebelde. Por lo general, me peleaba mucho en la escuela y todas las quejas iban a parar directamente con mis institutrices o mis maestros, ya que, aunque mi padre se había liberado de un poco de trabajo; Grupo Enterprise comenzó a crecer a tal punto que manejar la empresa a distancia, no era una opción viable. Ya era técnicamente un "adolescente" — digo haciendo comillas con los dedos en el aire—. Se supone que podía cuidarme más, pero a mí me importaba aún menos sabiendo que a mi padre lo veía cada cuatro meses y que para ese tiempo, la queja de mis peleas era parcialmente olvidada. Carlisle me reprendía fuertemente, pero el castigo no pasaba de eso, porque a la semana, él volvía Nueva York para atender la empresa.
Bella me escucha callada y asiente de vez en cuando.
—¿Qué fue lo más fuerte que hiciste?
—¿De pelearme?
—Sí.
Lo pienso.
—Tenía dieciséis más o menos. Mi padre se había quedado por quince días en Venecia atendiendo a un amigo de la familia llamado Garret. Garret, es como el hermano de mi padre— explico—, se conocen de toda la vida. Yo admiro a ése sujeto— sonrío—; en fin. Me encontraba en la etapa más fuerte de mi adolescencia. Había comenzado a desarrollar predilecciones por ver chicas en…— y me detengo a pensarlo, ¿Será viable que Isabella lo sepa todo? Que ella sepa realmente con quién está tratando.
Niego fuertemente.
No quiero que sepa todas las mierdas de mi pasado, ella es demasiado buena como para enterarse de esas idioteces.
—¿Chicas cómo? — inquiere ansiosa.
—Ya sabes…— desvío su atención—. Los chicos a esa edad queriendo ver chicas…
—Ah, ya. Entiendo… Las hormonas.
—Más o menos— miento.
¿Por qué mis perversiones ahora me dan vergüenza?
—¿Y qué pasó?
—Me pelee con un sujeto en un pub. Me detuvieron por doce horas. No quise enfrentarme a mi padre, porque de cierto modo, me daba vergüenza que supieran que el único hijo del honorable Carlisle Cullen, estuviese detenido.
—Suena convencional, pero ¿Cómo saliste?
—Llamé al tío Garret— río.
—Y me imagino que no le contó nada a tu padre.
Asiento.
—Nunca le mencionó nada, por supuesto. Pero eso no me exentó de ganarme una de las mejores zurras y palizas de la historia por parte de él. Mi padre, quien nunca me había golpeado ni aun en los peores momentos, jamás se enteró que de su mejor amigo, mi tío, me había dado la mejor lección de la vida de un buen comportamiento en un varón. Garret me mantuvo von él un tiempo para que de aquella paliza no quedara evidencia.
Mejor omitir que ésa paliza me la gané por acostarme con la novia del capitán del equipo de futbol americano, pienso.
—Parece que Garret siempre te vio como un hijo.
—Hasta la fecha, pero parece que los años no hacen mella en él.
—Y así dejaste de ser un buscador de problemas.
—Más o menos— le explico—.Todavía a los diecisiete tuve alguno que otro problema con algún chico de la preparatoria. Decían que mi padre había comprado al director para que su hijo aprobara las materias. Eso me molestó mucho. Daban entender que yo solo era un idiota, alcohólico y peleonero, que solo saldría adelante por el dinero de su padre. Debo admitir que no me sorprende que los mismos maestros no tuviesen fe en mí. Pero… Ese verano me decidí. Tome cursos extras y participé en la convocatoria para las universidades más difíciles de entrar. Muchos estaban asombrados, incluso Carlisle. El cambio tan violento en mi vida fue inesperado que debo admitir, fue preocupante para quienes realmente me conocían. Verás— comento—, era un chico problema. ¿Te imaginas al chico problema presentando solicitudes para Harvard?
—No lo creo— se ríe.
—Pues así fue. Por dos meses estudié las bases de las finanzas. Y cuando presenté, fui de los promedios más altos en el examen de admisión.
—Nunca me hubiese imaginado eso de ti.
—La mayoría que me conoce, cree que siempre he sido un chico serio. ¡Qué sorpresa se llevarían al escuchar esto que estás escuchando!
Ella asiente.
—Parece una novela dramática.
—Es más que eso…
—¿Cuándo viniste a vivir a Nueva York?
—No vine a vivir directamente. A los dieciocho me mudé a los estados Unidos por la universidad. Viajaba los fines de semana de Massachusetts a Nueva York para poder trabajar como asistente de mi padre. El estrés comenzó agobiarme casi a mitad de mi carrera, porque no tenía tiempo para mí. Y mi única salida fue…
—¿Qué cosa? — pregunta.
Sexo. Duro y salvaje sexo, pienso.
—Isabella— digo tomándola de la mano—, hay cosas que no sabes de mí y quizá no entiendas.
—¿Qué cosas?
¿Es tiempo ya? Derrumbar la muralla, que sepa quién soy, a qué es lo que se enfrenta si un día no puedo controlar al monstruo.
—Tengo ciertos problemas…
—Dime, Edward— me invita a confesar.
—Soy…— ¿Cómo decírselo?
Parte de mi moralidad se ha ido a la mierda por la desenfrenada vida que he tenido. No creo poder tener la suficiente cara como para planteármele a Isabella. Ella es diferente a todo lo que he conocido. Su blanca alma se tiñe gris cada día más que está junto a mí. Pero me ha pedido honestidad y si eso quiere, es lo que puedo darle.
—Está bien… No te juzgaré— me promete.
—He hecho cosas de las que no estoy orgulloso.
—Todos hemos cometido errores.
—Pero mi vida parece humor negro, Isabella. Cada día un broma mala de la vida.
Sus ojos me examinan con tranquilidad. Tanta intimidad me asusta.
—No diré nada— me anima una vez más.
Cierro los ojos, deleitándome con su dulce tacto.
—Cuando era más joven… Tuve mi momento bueno en la universidad… Pero también tuve malos. Probé drogas… Muchas de ellas. Me gustaban y me ayudaban a sobrevivir la odisea de cada semana en la que me mataba por cumplir con mi carrera universitaria y el trabajo con mi padre. Generalmente, usaba camisas de manga larga y sacos. Muchos pensaban que era porque estaba completamente seguro de que relevaría a mi padre de su trabajo, sin embargo… Estaban totalmente equivocados. Los usaba para ocultar mis brazos pinchados por agujas. No era raro en mí tener más de quince marcas recientes de piquete en una sola vena. Las tenía destrozadas, pero afortunadamente nadie lo notó y si lo hicieron, nadie dijo nada. No fue hasta una vez que caí en una sobredosis. Me encontraba en mi departamento en una fiesta— digo con la vista perdida en el vacío—, todo fue tan rápido… Me… Sobrepasé. Me llevaron a una clínica a punto de caer en coma. Mi padre estaba de viaje junto con unos accionistas, pero para mí buena suerte, Garret se había tomado por decisión el ir a visitarme. Casi morí en la camilla de la ambulancia. Duré por lo que recuerdo una semana entera en el hospital y di por primera vez pausa a mis estudios. Carlisle jamás se enteró. Me sentí tan avergonzado. Mi adicción a las drogas hizo de mí una escoria humana…— e iba a soltárselo de una buena vez, ese algo solo mi psiquiatra sabía—. Todos aquellos excesos hicieron que probara el alcohol y el sexo por montones. Soy una persona sexualmente muy activa. Soy alguien que alguna vez no tuvo cuestionamiento moral. En mi delirio de juventud, humillé a muchas chicas. Todas gustaban de mí, pero yo nunca hice más que utilizarlas. Me gustaba verlas suplicar. Era una especie de frenesí que me volvía loco. No lo sé… Era tan… Bueno. No podía controlarme… No pude controlarme hasta hace poco— explico viéndola a la cara y veo su mirada perdida en la mía.
—¿A qué te refieres?
—Yo… Antes de ti… No había estado con nadie más por lo que me parece el más grande y significativo tiempo de celibato. Sé que puede sonar una exageración pero… Mi mente, mi cuerpo… Sólo deseaba liberarse… contigo— Le explico tallando su mejilla con el dorso de mi mano—. No tienes la menor idea de lo difícil que fue controlarse teniéndote tan cerca.
—Cuando… Recién llegué y me tenías a "prueba"...
—Tonterías que me inventé para tenerte conmigo el mayor tiempo posible. Haces trabajos mejores inclusive que los míos, puedo apostar.
—Me engañaste— sonríe.
¿Por qué sonríe? ¿Qué acaso no me ha escuchado? Después de todas las mierdas sobre mi vida, ella solo se limita a sonreír y bromear. ¿Qué acaso esta mujer no tiene sentido común?
—¿Qué pasa por tu cabeza? Tienes que decírmelo. Eres tan difícil de comprender. Me frustra y me fascina… Anda, dímelo…
Suspira jugueteando con sus dedos.
—¿Qué quieres que te diga?
—Lo que piensas… De mí…
—Creo que… Como todos, tienes secretos. Sé que hay más cosas pero no te voy a juzgar con eso. Lo que fuiste, por más duro que haya sido el trayecto, te ha convertido en la maravillosa persona que eres— dice con una chispa de emoción en los ojos, cosa que me sorprende bastante. Desvía la mirada y suspira—. Es decir… Sabes a lo que me refiero.
Se sonroja y su comentario me gusta.
—Pues… Gracias — respondo sinceramente con una mano sobre la nuca y de manera nerviosa—. No es normal recibir halagos.
—No bromees con eso— ríe—, tú siempre los recibes.
—Esos no cuentan.
—¿Por qué no?
—Vamos. Son de viejos aduladores e interesados… Sí no es así, es de alguna mujer que quiere una sola noche… Y te aseguro que sus palabras son más vacías que su propia cabeza. Ni ellas mismas se creen lo que me dicen… O me dijeron…
—No siempre quien te rodee, será por beneficio propio.
—Lo sé, Bella… No todos son como tú.
Y la miro directamente a los ojos.
—Nunca habíamos hablado.
—No— murmuro con honestidad, avergonzado—. Pero eso me recuerda que… Tú también me debes una charla… Vamos…
—¿De qué hablas?
—¿Quién es Isabella Swan? La guapa detrás de los lentes…
—No trates de hacerte el listo, intentando exprimirme información. Tus halagos no funcionan.
—¿Ahora resulta que eres inmune a los encantos de Edward Cullen? — inquiero cruzado de brazos con una ceja levantada.
—Pues más o menos— se muerde los labios.
—Pues espero que seas inmune a esto.
La tomo por los hombros y mis manos se deslizan por sus trapecios y luego detrás de su nuca. Me mira directamente a la cara y la siento temblar. Estampo primero salvajemente los labios contra los suyos y luego, cuando su boca toca la mía, me deslizo suavemente sobre la piel de blanda de sus labios. Apenas y nos tocamos, tento su lengua con la mía, apenas metiendo la punta en su boca. Ella jadea, su pecho sube y baja, haciendo de sus manos enredaderas sobre mi cabello. Se apoya sobre mi pecho desnudo, sintiendo la piel de sus pezones erizarse. Oh, joder. Saber que se vuelve loca por mi contacto, me hace enloquecer a mí. ¿Es una ironía? No lo sé. Sólo estoy seguro de dos cosas: la hago perder el control, está tan necesitada de mí, como yo de ella.
Me despego, pero ella busca más. No puedo evitar sonreír a sabiendas de que se ha equivocado, no es inmune a mí.
—Ven…— gimotea—. Me gustan esos besos…
—Dijiste que no tenías debilidad conmigo…
—Bueno… ¿Qué querías? ¿Qué me lanzara a ti como una loca? Solo bésame…
—No estás cumpliendo con la parte del trato, Isabella…
—Mi vida es aburrida— se cruza de brazos.
—No para mí— le pellizco la mejilla como niña pequeña—. No seas berrinchuda. Dame la información y te prometo besos… Muchos de hecho. Sí aun sigues despierta… Te voy a coger.
—Vaya… Ahora estamos hablando el mismo idioma…
No puedo evitar reír.
—Vamos, muchacha… Habla ahora.
—Te vas aburrir. Mi vida no es interesante…
—Yo juzgaré eso— digo dándole una nalgada.
—¡Oye!
—Y sino empiezas, serán más y no te van a gustar— y estrello mi palma contra su dulce trasero, pero no de una forma que sea muy agradable, más bien molesta.
—Ya… Ya comenzaré… Bien…
—Bien— repito de brazos cruzados…
—Nací el diecisiete de septiembre de 1988, en el seno de la familia Swan. Soy hija única… Mis padres decidieron que era mejor así, ya que mi madre tuvo complicaciones cuando nací. Nací en la soleada Phoenix. La mayor parte de mi infancia y adolescencia estuve en Florida y luego me mudé a California para estudiar en la UCLA. No fui muy abierta en tener amistades ni mucho menos novios. Siempre vestí más como un chico que como una chica. Mi padre siempre estaba molesto por eso, mientras que por otro lado, a mamá nunca le importó. Charlie dice que las señoritas somos de faldas y bolsos. Lo mío eran los jeans, cachuchas y camisetas de franelas. Nunca aparenté ser una chica pudiente. Y quien creyera que por ser más masculina me había traído "amigos guapos", está muy equivocado— dice con media sonrisa—. Nadie sabía mucho de mí, a pesar de que mi padre era bien sonado por los alrededores de California. A mí me gustaba así.
—¿Por qué decidiste finanzas?
—La verdad es que… no lo hice. Mi padre siempre quiso un varón que dirigiese el negocio familiar, más como arruiné su sueño, se hizo muy cercano a Bill Black y a su hijo, cosa que por cierto no conocía hasta hace un par de años. Me orilló prácticamente a tomar la carrera, hasta que al pasar del tiempo me enamoré de ella.
—O sea que no querías finanzas inicialmente…
—No— dice con un gesto evasivo—. Siempre soñé con tener una pequeña empresa.
—¿De verdad? ¿De qué rama?
—Comercial.
—Cuéntame.
—Quería ser chef, Edward. Mi sueño se fue frustrado por las finanzas y la mirada reprobatoria de mi padre cuando le dije lo que quería desempeñar. ¡Lo hubieras visto! Me prohibió terminantemente pensar en eso. Fue triste… Pero… Supongo que con el tiempo, me acostumbré.
—¿Por qué dejaste que tu padre decidiera por ti?
—Soy muy débil de carácter. No sé si lo has notado… De cualquier forma… Al final no fue tan malo.
—Pero no es lo que querías… ¿Qué pasa con eso que las personas dicen de que debes luchar por tus sueños e ideales?
—No es para mí— responde.
—No entiendo, Bella. Eres una mujer fuerte e inteligente. Si esto no era lo tuyo por qué accediste.
—No entenderías…
—Claro que lo haría.
—Mi padre quiere que me vea apoyada por la familia Black. Nuestro compromiso le salvará el trasero de muchas deudas… Es…— y se detiene a mirarme a los ojos.
—Tu padre ha hecho evasión…— murmuro.
—No. Por favor… no se lo digas a nadie. Él no infringe la ley, es solo que… Estamos en una situación delicada… No hay suficiente dinero— me pide nerviosamente.
—¿Por eso estabas comprometida con ese imbécil?
—Fin de la historia— taja sin más y me da la espalda.
Yo me quedo viéndola fijamente y suspiro.
—No me interesan las deudas de tu padre, mientras no haga fraude con mi empresa. Más bien dicho… Nuestra empresa, Bella. No me importa lo que pase con su vida, me importa lo que hagan contigo. Hiciste bien en dejarlo ir, Bella. Hiciste bien… Una relación por compromiso no podría…
Bella se gira y me encara.
—¿Por qué te importa tanto? La guerra está hecha. Mi padre en cualquier momento me tendrá. Esto que hice solo fue un escape temporal a su furia… Hay mucha porquería, Edward. Es mejor que te mantengas al margen. Charlie es… Duro. No me preguntes más. No está haciendo fraudes, te lo aseguro. Es solo que, ha tenido problemas y el padre de Jacob solventa sus deudas por mientras. Por eso, de alguna manera, quiere que unamos acciones y hacer más fuertes nuestras casas.
—Pero tú no lo amas.
—Lo amo…— dice con un poco de inseguridad en sus palabras.
—Pues no te creo— respondo con un toque de furia.
—No estamos discutiendo eso. Es mi vida.
Momentáneamente me siento enojado, pero trato de tranquilizarme.
—Tienes razón… Es tu vida…
Ella abre los labios y suspira.
—Sé que eres una adulta y que bien sabrás tomar tus decisiones. Eso incluye el hecho de que seas lo suficientemente capaz para diferenciar lo bueno de lo malo.
—¿A qué…?
—Te dije parte de la mierda que llena mi vida, Bella. Dijiste que no me juzgabas. No sé porque siempre que hablamos del pendejo de tu novio, terminamos peleando. No me juzgas a mí y yo no tengo el nivel moral para hacerlo, pero si obedeces a tu padre, estarás cometiendo un error más grande que el elegir la carrera que él te impuso…
—Descansa, Edward…— murmura y se cubre, haciéndose a un lado.
Yo niego y me giro dándole la espalda también. No puedo creer lo que me ha dicho. Solo espero que sea lo suficientemente valiente como para enfrentarse a su padre y tenga el valor de decir que no, si es que el hijo de las mil putas de Jacob Black, le pide volver.
¿Cómo sintieron este cap? Mucha información.
Después les traeré dinámicas sobre éste cap. Sobre preguntas y respuestas.
Dejen su review… ¿Alguien tiene teorías acerca de la vida de Bella?
¡Háganmelas saber por medio de un review!
