Los personajes y escenarios principales pertenecen a J. K. Rowling a excepción de Evelyn Morgan y algún que otro personaje más que son originales.

Esta historia contiene escenas de violencia y sexo, además de lenguaje fuerte.

Algunos detalles, diálogos, o escenas pueden estar inspirados o tomados de las películas/ libros u otras fuentes.

Para cualquier duda y/o sugerencia estoy a disposición de quien quiera

Capítulo 20

Habían pasado varios meses desde las vacaciones de navidad, y el tiempo había vuelto a pasar a velocidad lenta, acorde con la rutina de las clases en Hogwarts. De vez en cuando una breve carta llegaba a Evelyn de parte de Sirius, quien cambiaba de lugar de residencia cada dos semanas. El hombre se limitaba a plasmar su pata entintada en el papel y escribir el lugar en el que se encontraba en aquel momento; Esa era su firma, ya que si alguien interceptaba el correo, de esa forma no podría saber que aquello pertenecía a Sirius Black. Poca gente sabía que era un animago.

La relación entre Severus y la mujer se había vuelto algo incómoda desde aquella demostración de afecto tan directa. El vértigo se había apoderado del hombre al hacer surgir pensamientos y sentimientos enterrados hacía ya mucho tiempo en lo más profundo de su ser. No quería que el cariño que siempre había tenido hacia Evelyn saliera al exterior, haciéndolo vulnerable a los ojos de los demás, y por ello optó por esquivarla y ser más distante de lo normal a sabiendas de que ya no había marcha atrás en aquel asunto. Ella le importaba y era consciente, aunque no quisiera.

El crepúsculo inundaba el horizonte en el castillo mientras la última clase del día acababa. Evelyn se encontraba finalizando la explicación de cómo contrarrestar un hechizo de desarme, cuando repentinamente paró de hablar en seco mirando el infinito sintiendo como en su antebrazo izquierdo, la marca tenebrosa ardía fervientemente.

-¿Se encuentra bien, profesora? –Preguntó Hermione tras unos segundos con un hilo de voz, preocupada, mientras el resto de la clase observaba expectante en absoluto silencio.

-Sí, no se preocupe señorita Granger. La clase a terminado por hoy, señores.

Acto seguido, la morena sin recoger sus cosas de la gran mesa que presidía el aula, salió con paso veloz del lugar en busca de Snape.

Evelyn entró en el aula de pociones a contracorriente, esquivando al chorro de alumnos de primero que salían del lugar con cansancio. Llegó al final del aula con pasó rápido y un semblante rígido por la preocupación.

-Iba a buscarte ahora. –Habló Snape con tranquilidad mientras centraba la vista en los ojos preocupados de ella.

-¿Sabes algo de lo que podría ser? Esto no es común, se supone que nos reuniríamos a finales de marzo.

-No tengo ni idea, pero no me da buena espina.

-¿Crees que ha podido descubrir lo de Sirius? –Evelyn formuló la pregunta bajando el volumen, esperando con ansias la respuesta.

-Creo que si lo hubieran descubierto, ya habrían intentado matarte. Tiene que ser otra cosa...

Severus reflexionó dejando la frase inconclusa mientras Evelyn se removía intranquila pensando en otras opciones. Unos segundos después, ambos decidieron dirigirse hacia el despacho de Dumbledore, a quien informaron sobre los nuevos acontecimientos.


A la medianoche los dos profesores se aparecieron ante una imponente mansión, pero está vez, no se trataba de la casa Malfoy, sino de una vieja y enorme casona antigua sobre una colina, aislada de cualquier fuente de vida.

Ambos se encaminaron hacia el lugar tras observar en silencio el paisaje pensando en qué les esperaría dentro.

Mientras caminaban hacia la gran casa, varios magos y brujas fueron apareciéndose en el lugar, andando con paso decidido hacia el interior mientras se saludaban con movimientos de cabeza entre ellos. Nadie hablaba con nadie.

Al llegar dentro del lugar todo se dirigieron hacia una enorme sala, siguiendo a Colagusano, donde había una larga mesa de madera oscura tenuemente iluminada por la luz de una chimenea cercana de blanco mármol.

-Sentaos, por favor. –Ordenó Voldemort con una voz gélida desde su asiento, presidiendo la mesa.

Los mortífagos obedecieron y ocuparon sus lugares como lo hacían en casa de Lucius Malfoy, sin hablar.

-Supongo que todos os preguntareis por qué os he hecho llamar antes de tiempo.

Muchos de los presentes asintieron mientras observaban a su señor. El resto se limitó a contemplarlo con seriedad a la espera de la continuación.

-Hay novedades que me gustaría compartir con todos vosotros. Sorprendentes noticias que me hacen dudar de la lealtad de uno de vosotros al menos. De la señorita Morgan.

Todos los presentes se giraron escudriñando a la mujer, algunos con sorpresa, otros con una sonrisilla maligna pensando que sus sospechas eran ciertas. Severus mostró cierta sorpresa, pero mantuvo su semblante frío.

Evelyn mantuvo la compostura y miró a los ojos a Voldemort directamente, esperando que el hombre hablará del por qué de aquello.

-Gracias a mis más fieles servidores, he descubierto que Evelyn ocultaba algo realmente valioso para ella; A su hijo, Christopher.

El rostro de la mujer se tornó más serio mientras trataba con todas sus fuerzas de mantener la templanza sin evitar la vista del mago.

-Cuéntanos, Evelyn ¿Por qué ocultar la existencia del pequeño Christopher a tus hermanos y a tu señor?

-Mi señor, creo que sólo podría estorbar su presencia, no creía que su mera existencia fuese un problema; No le di importancia.

-Comprendo... ¿Pero por qué tenerlo bajo la supervisión del ministerio de magia? Ellos son nuestros enemigos, Evelyn. Lo sabes bien.

-No tengo familia que pudiera cuidarlo, señor. Mentí al ministerio para que se hicieran cargo por mí. Él se unirá a vuestra causa en cuento tenga los conocimientos necesarios.

-He de admitir que ha sido una decepción enterarme de esto, tenía grandes planes para ti, Evelyn. Pero ahora me temo que no puedo confiar en ti como antes.

-Por favor, mi señor, dejadme que os demuestre que puede hacerlo de nuevo. Maté a Sirius Black sin dudarlo cuando me lo pedisteis.

-Sí, es cierto. Recuerdo muy bien el día en que me lo trajiste. Te daré otra oportunidad, Evelyn. No la desperdicies.

-Gracias, mi señor.

El hombre guardó silencio mientras contemplaba a los presentes, y después volvió a tomar la palabra dirigiéndose al conjunto de personas, alzando la voz más.

-Espero que con esto os halla quedado claro algo. Lord Voldemort siempre va un paso por delante, nadie puede engañarme. Podéis marcharos, y espero que la próxima vez que nos veamos podamos continuar con la segunda parte del plan.

El hombre se levantó, y tras él, el resto de personas, las cuales esperaron a que su señor saliera de la gran estancia.

Rápidamente, Evelyn se dirigió a la salida de la sala sin mirar a nadie mientras escuchaba susurros a su alrededor y sentía las miradas de desconfianza clavadas en su persona.

Antes de llegar al quicio de la puerta, Malfoy la detuvo agarrando su muñeca con la cabeza de serpiente de su bastón. La morena se giró lentamente observando la sonrisa satisfactoria del rubio.

-Siempre he sabido que escondías algo, Evelyn. Por eso tenía a Draco detrás tuya en el colegio, intentando averiguar cuanto pudiera sobre ti y tu extraña forma de actuar. El exceso de secretismo te delata, querida.

Ella no dejó de contemplar con odio los ojos de Lucius y su estúpida sonrisa con un rostro serio, lleno de rabia. Habló pausadamente con un tono de voz calmado, sin mover ni un músculo, aún sujeta por la boca de la serpiente plateada.

-No vuelvas a tocarme nunca más, Lucius. Esto aún no ha terminado.

Acto seguido, con un movimiento brusco se deshizo del agarre y salió rápidamente del lugar, dejando a Severus a unos escasos pasos de la escena, después de haberlo escuchado todo.

El rubio platino se acercó a él cuando el mago con el que hablaba se fue.

-El Señor Tenebroso me ha encargado decirte que vigiles de cerca a Evelyn, Severus.

-Me honra saber que no duda de mí.

-Por el momento al menos, puedes estar tranquilo. Ten cuidado con esa mujer, Severus.

-Descuida, Lucius. Si me disculpas, debo regresar a Hogwarts antes de que Dumbledore se pueda enterar de mi ausencia.

-Hasta la vista, Snape.

El moreno hizo un gesto con la cabeza para después dirigirse hacia la salida con paso acelerado, y desaparecer de aquel lugar.

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