Silent Hill: Room 302 A Brand New Fear Is Coming.
Chapter XX – Carer before Custos.
—Dame el cinturón de tu chaqueta, no quiero que se despierte y se transforme en una amenaza nuevamente —Pedí, Laura inmediatamente sacó el cinturón de género que rodeaba su chaqueta color caqui, extendiéndomelo. Di vuelta el cuerpo de Josh y até sus manos juntas. Laura se separó de mí, la vi caminar hasta el cuerpo de James sobre la madera. Ella se arrodilló y levantó la cabeza de James para ponerla sobre sus muslos—. ¿Está bien?
Pregunté desviando los ojos sobre el cuerpo de Henry al otro lado de la iglesia, mi mente me gritó que no me hiciera demasiadas ilusiones. Laura levantó una mano ensangrentada y luego corrió la manta que James traía sobre el cuerpo, tenía una herida desde el pecho hasta el abdomen. Estaba desangrándose, muy lentamente. Cuando me aseguré de que Josh no iría a ninguna parte me aventuré a ir en busca de Henry. Lentamente deslicé un dedo sobre su frente donde había un corte pequeño.
—Henry… —Llamé colocando la palma de mi mano sobre la tela que cubría sus escapulas, meciéndolo levemente, el castaño apretó los parpados antes de abrirlos con dificultad—. Tranquilo, Henry, estoy aquí.
—Josh… —Él susurró apenas.
—Ya no es un peligro, está inconsciente —Me moví un poco para dejar que los ojos de Henry pudiesen ver al chico inmóvil sobre el piso. Regresé el cuerpo, para ayudar al castaño a incorporarse—. ¿Tú estás herido?
Henry negó, muy seguro de ello.
—Me ha salvado la vida —Henry levantó los ojos hacia el hombre con la cabeza apoyada sobre los muslos de Laura—. Cuando Josh levantó el hacha, él me empujó fuera, recibió todo el impacto.
El castaño se puso completamente de pie, con una ligera cojera se dirigió hacia James y Laura. Colocó una mano sobre el hombro de la chica la cual lo miró consternada, pero asintió, no sé qué conversación compartieron ambos, pero Laura dejó que Henry tomara su lugar. Henry colocó sus manos sobre la herida de James y presionó, el hombre abrió los ojos y pareció perturbado, lejos de todo el dolor. Lentamente me puse de pie y caminé hasta ellos, James levantó una mano y Henry la tomó suavemente, apretándola con cuidado. Laura, quien seguía arrodillada en el suelo, elevó la vista.
—No hay nada que podamos hacer —Dijo, vi tristeza adornando sus ojos, pero su semblante mostraba una entereza sobrecogedora. Yo no dudaba del hecho de que Laura sintiese cariño por James, no sabía qué clase de relación existía entre ellos, pero su rostro lo decía todo, parecía más que resignada, como si hubiese esperado esto por toda su vida.
—Está bien… no pasa nada… —Susurró Henry, sosteniendo la mano de James entre las suyas, como los mejores amigos. James intentó decir algo, pero sólo balbuceó vocales sin sentido—. Pasará pronto, lo juro.
James ladeó la cabeza, sus ojos parecían idos, su mano libre se levantó y se dejó caer, como si me invitara a arrodillarme junto a su lado, lo cual hice no muy segura de si eso era lo que James deseaba. El hombre ahogó un gemido y tragó saliva.
—Quiero decirte… por qué estoy aquí… —Balbuceó lastimeramente, sus ojos se llenaron de lágrimas, tomé su mano fría y asentí—. Arrepentimiento…
Quise preguntar, pero él no lo permitió, contestando antes.
—De no haberla salvado… —Su mano se alejó, deslizándose sobre el piso hasta donde Josh descansaba inconsciente, como si quisiese alcanzarlo—. No dejes… no dejes que eso… te suceda a ti…
—No… puedes estar seguro de eso —James asintió con la cabeza, cerrando los ojos.
—Ella está… allí… esperándome… —Una mueca se formó en el rostro de James, como una sonrisa tranquila—. En nuestro… lugar especial… esperando… en la neblina…
El rictus de su cara desapareció y el silencio se apoderó de la iglesia desde los cimientos hasta el techo, opacando cualquier sonido. James había muerto.
Cerré los ojos reprimiendo un sentimiento de pena embargando mi cuerpo, James, con todos sus pecados se había transformado en otra víctima de una guerra innecesaria. Cuando abrí los parpados otra vez, Henry tenía una mano cubriendo los ojos cerrados de James, con la cabeza gacha, parecía que oraba y me pregunté si Henry era un hombre religioso o si se sentía culpable de que un hombre extraño diese la vida por él.
Giré levemente el rostro para encontrarme a Laura en la misma situación. Me puse de pie con un balanceo suave, la madera bajo mis zapatos crujió, captando la atención de los todavía vivos del lugar. Recogí la manta del suelo y la estiré, diciéndoles con la mirada mis intenciones.
—Vamos a ponerlo en esas bancas de allá, no quiero que Josh lo vea cuando despierte —Dije con la mirada dura y la boca seca, Henry abrió la boca, seguramente para criticar mis palabras, puesto que seguía pensando que el hombre merecía un poco más de respecto—. ¿Y qué voy a decirle cuando despierte? ¿Qué ha matado a su padre? ¿Eso quieres?
—No ha sido Josh, ha sido Carer —Laura se puso de pie, plantando sus pies en la madera de manera sonora, como si su porte no fuese suficiente—. Eso es lo que tienes que decirle.
—No es tan sencillo —Aseguré sin quitarle la vista a la mujer, estaba segura que si las miradas matasen Laura y yo estaríamos muertas en ese mismo instante—. No lo entenderías, ninguno lo entendería.
— ¿Por qué? ¿Por qué nosotros hemos podido mantener a nuestros demonios confinados dentro de nuestros cuerpos toda la vida? ¿Por eso no entenderíamos? —Habló Henry, nuevamente usando ese tono de obviedad.
— ¿Estás culpándome de ser quién soy? —Solté sin previo aviso—. Les pido disculpas si no he podido cambiar quién soy realmente, pero estoy intentando hacer lo mejor posible para mantener alejado a Josh del dolor. Esto no se lo merece.
— ¿Y vas a mentirle? —Laura preguntó con sarcasmo evidente, levantando una ceja—. Josh ha vivido en una mentira toda su vida y ahora tú piensas agregar una más a la lista.
—Mira —Le apunté con un dedo—. Si tú quieres, puedes explicarle a Josh todo lo sucedido aquí. Henry puede ayudarte, al parecer estaría encantado, pero si Josh se destruye por eso, ustedes dos serán los culpables de eso.
— ¡Púdrete, Hayley, estás dando un paso atrás! —Laura intentó alcanzarme a lo cual me aparté rápidamente sin quitarle la vista.
—Como dije, no lo entenderían —Negué—. Ahora vamos a poner a James allá y luego haremos el ritual ¿Está claro?
Ninguno de ellos asintió, pero cuando Henry tomó a James en sus brazos y le condujo hasta las bancas depositándolo suavemente, como si procurara no hacerle más daño, tuve una sensación de experiencia ya vivida cuando él colocó las manos de James sobre su pecho. Como Lisa en la iglesia Balkan. Enseguida le extendí la manta y de mala gana la tomó para cubrir el cuerpo con ella.
— ¿Has conseguido el agua? —Pregunté sin mirar a nadie, pero vi como Laura asentía por el rabillo del ojo—. ¿Y tú, Henry, has conseguido el ritual?
Levantó los ojos al cielo y luego regresó sobre el libro arrojado en el piso sin cuidado.
—Algo como eso —Caminó parsimoniosamente hasta el libro el cual recogió y buscó en el índice de las primeras páginas. Laura señaló el altar de piedra ubicado sobre la tarima, le seguí despacio cuando ella tiró del resto de la tela de lino que cubría la piedra, tirando el resto de chucherías sobre el suelo.
—Ayúdame con esto —Indicó a lo que se ubicaba de un lado la superficie horizontal de la mesa y empujaba de ella. Imité su acción, colocando las manos sobre la ranura sobresaliente, ayudándola. La piedra cedió, como si fuese la cubierta de una caja hecha de concreto, mostrando una depresión—. Aquí es donde se hacía el ritual del Guardián en un principio.
El altar se había transformado en un recipiente de piedra.
—Pongamos a Josh dentro —Henry suavemente tomó al muchacho sobre el suelo y le llevó hasta la piedra, colocándolo lentamente en el interior. Laura me extendió la caja plateada, la cual abrí, rociando el contenido sobre el cuerpo de Josh, escuché el sonido típico de alguien arrancando una hoja, miré hacia atrás y Henry me pasó la hoja amarillenta con un título en ella.
PURIFICACIÓN DEL PROTECTOR.
—Trae el agua —Susurré leyendo la hoja, vi como Laura le hacía una seña a Henry, ambos caminaron hacia la puerta, donde había dos bidones de gasolina, pero rellenos con agua, los vi mover la boca, pero no pude escuchar lo que decían, aunque parecían discutir algo muy serio «Pronto lo entenderán, pronto…». Laura levantó la mano como si detuviese a Henry antes de tomar uno de los bidones y regresar hasta la cavidad de concreto—. ¿Todo bien?
Laura omitió mi pregunta burlona antes de que la puerta lateral se abriese, me puse en guardia, todos lo hicimos, antes de ver a Walter y a Seawi entrar por la puerta. El anciano seguía en estado catatónico con los ojos negros, ahora decía cosas en una lengua que no podía entender.
—Estaban tardando —Walter comentó mientras sentaba al hombre en una de las bancas que seguían cerca del altar—. ¿Ya tienes todo para el ritual?
—Así es —Apreté los labios, extendiendo la hoja a Walter—. Quiero que hagas los honores, sabes de lo que hablo ¿Verdad?
Walter tomó la hoja, asintiendo mientras escudriñaba la caligrafía tipiada con alguna imprenta normal, pasé detrás de él, con las manos libres me dirigí sobre mi cuello, desbaratando el broche de la cadena y retirándola para luego caminar hasta Seawi, colocando la joya en su cuello y de paso acaricié su mejilla «Acabará pronto». Sé que él no me veía, estaba cegado por la neblina oscura de sus ojos, en otra realidad, en otro mundo. Escuché pasos cercanos, livianos, era Henry aproximándose.
— ¿Qué está sucediendo Hayley? —Llamó el castaño, su mano apoderándose suavemente de mi antebrazo—. ¿Qué es todo esto?
—Tranquilo, Henry, vamos a acabar con todo esto sin mayores desastres, ni más pérdidas innecesarias —Giré el rostro, él estaba tan cerca que apenas tuve que susurrar—. Recuerda que el Guardián es el único que puede cambiar su destino. Yo ya escogí el mío, Henry.
Palmeé levemente su hombro y él me soltó, dejando escapar un suspiro de cansancio. Walter se había separado del grupo, caminando hacia el altar, donde Laura se apoyó en la piedra, acariciando el rostro de Josh, mi hermano buscó algo dentro del bolsillo, sacando una pequeña vasija de cristal, parecido a un frasco de mantequilla de maní vacío y limpio.
— ¿Qué es eso? —Pregunté al acercarme.
—Tendrás que ponerlo cerca de su pecho —Señaló a Josh dentro del cubículo de piedra—. Absorberá a Carer, pero no por mucho, recuerda que sigue siendo poderoso. Cuando el ritual esté completo, retíralo y pon la tapa, yo haré el resto.
—Entendido —Tomé el pequeño frasco en mi mano, acercándome al cubículo, Laura retiró la mano, recordando que nadie debía tocar a Josh durante el proceso de purificación «Dios, es increíble que esté creyendo en toda esta mierda». Presioné la boca del recipiente sobre su pecho—. Viertan el agua.
«Esto tiene que funcionar». A mi comando Henry corrió hasta uno de los bidones, Laura se quedó arrodillada a un lado de la piedra horadada mientras que el castaño inclinaba el contenedor, rociando el agua sobre el cuerpo de Josh. Walter comenzó a recitar el contenido de la página roída y amarillenta, sin soltar el frasco me enfoqué en el rostro de Josh, la lesión de su mejilla izquierda y esos tonos rojizos cubriéndola, donde la bestia en llamas le había dañado «Regresa, Josh, regresa a mí».
Josh escuchó un timbre a lo lejos, tan lejos que apenas era imperceptible, como si estuviese sumergido en una piscina en pleno verano. Cuando abrió los ojos y la figura de Johnny Walker dibujada en la etiqueta de la botella le saludó cordialmente sabía que en realidad estaba dormido apoyado en la mesa del bar. Puso las manos sobre la superficie de madera y se alzó lentamente, el timbre seguía sonando insistentemente.
—Un momento —Dijo con la voz opacada por un bostezo, adormilado todavía se puso de pie lentamente, el timbre dejó de sonar, sólo para ser reemplazado por los golpes desesperados en la puerta «Joder con esa insistencia». Josh apretó el paso hasta la salida, quitando el seguro del pomo y abriendo, pronto la puerta se abrió con más violencia del que él haya estado alguna vez acostumbrado, cerrándose de la misma forma brusca con la cual se había abierto.
Josh parpadeó rápidamente, alejando la neblina de la confusión de sus ojos, la mujer, Hayley, había entrado como un rayo y había cerrado la puerta. No hubiese sido nada extraño de no haber sido porque la chica estaba salpicada con sangre, despeinada y agitada, sosteniendo un hacha que goteaba sangre en su mano, con la mano libre afirmó la lámina de madera que constituía la puerta como si quisiese detener el paso de algo.
— ¿Josh, te encuentras bien? —Preguntó Hayley dejando el hacha sobre la mesa de pool, Josh pensó en lo furioso que estaría Jim, por dañar el tapiz de la mesa, la mujer rodeó un par de mesas, trayendo unas sillas con ella, colocándolas en la puerta—. ¡Josh, estás bien!
—Eso… eso creo… —Josh sacudió la cabeza, todo estaba muy raro «¿Estoy soñando?». El joven observó como la mujer seguía trayendo muebles para trabar la puerta—. ¿Por qué lo preguntas? ¿Qué está pasando, por qué estás cubierta de sangre?
Hayley se detuvo en seco con las manos sosteniendo otra silla del bar, se irguió completamente antes de abrir la boca, pero las palabras no salieron, al contrario, ella volvió los ojos sobre la puerta como si se preguntase qué estaba haciendo o si lo que estaba haciendo era algo anormal.
—Trato de resguardarnos, Josh —Ella dijo—. Carer está allá afuera tratando de entrar.
— ¿Carer? ¿Quién demonios es Carer? —Josh levantó una ceja, el nombre le parecía deliciosamente familiar, pero no podía recordar dónde lo había escuchado antes, aunque supuso que de haberlo hecho lo recordaría. Carer era un nombre bastante peculiar como para ser olvidado.
— ¿Cómo que quién es Carer, Josh? —Hayley bufó apuntalando los muebles en la puerta, comprobando que no se abriría fácilmente, el joven no respondió captando la atención de la mujer quien colocó las manos sobre su cadera al comprobar un trabajo bien hecho—. Carer, el hombre que ha intentado matarnos desde ya no sé cuánto tiempo.
Josh parpadeó lentamente, la cabeza ladeada y una sonrisa formándose en el rostro, una sonrisa muy ridícula para el gusto de Hayley.
— ¿Esto te parece gracioso? Porque yo no le veo la gracia —La mujer frunció el ceño, obviamente estaba molesta con la actitud de Josh frente al peligro que ella pronosticaba. Lo cual hizo que la risa de Josh se hiciese más sonora—. ¿Quieres dejar de reírte? Esto es serio, no casi pierdo la vida para que te rías de ese modo cuando te digo que Carer está a punto de cogernos en sus malditas manos.
— ¿Pero de qué estás hablando, Hayley? —Josh intentó calmar su risa, colocando una mano sobre su boca, la mujer lo miró furiosa, soltando el aire y caminando hasta la barra de atenciones, observó el vaso con un contenido ámbar junto a la botella relativamente vacía de licor. Ella levantó la botella, girando hacia Josh.
— ¿Estuviste bebiendo otra vez? —La pregunta desconcertó al joven, él solía ser un bebedor social, de esos que se toman un trago con amigos, pero nunca en su vida se había emborrachado tanto como para no recordar las cosas que había hecho. Arqueó una ceja, negando suavemente, sólo en ese momento sintió el sabor metálico del whisky en sus labios, causándole una doble extrañeza. Hayley dejó la botella sobre la barra nuevamente, sentándose sobre uno de los banquillos que no había utilizado para trancar la puerta—. No tienes que mentirme, yo no te juzgo. Toda esta situación, sobre Carer, sobre lo que le pasó a Henry y a Eileen en esa casa en llamas, dime ¿Te sientes culpable aún?
— ¿Culpable de qué? —Josh vio cómo su vecina giraba el rostro hacia la ventana del bar, ocultando sus ojos verdes ligeramente acuosos—. Hayley, sinceramente no sé de qué hablas. Lo último que recuerdo es que… desperté aquí, en este lugar y luego tú entraste como una loca y comenzaste a hablar de toda esa mierda sobre Carer.
— ¿Va a ser siempre así? —La castaña volvió la cabeza, Josh pudo ver las lágrimas rodando por sus mejillas, la mirada dolida de Hayley le causó una angustia terrible, se encogió de hombros y quiso volver a replicar, pero no halló las palabras—. Escucha, Josh, pasamos momentos realmente difíciles allá en Silent Hill y yo he sido… paciente y comprensiva, pero… todo tiene un límite y yo creo que estoy alcanzando el mío.
—Hayley…
—Hay algo que siempre he querido preguntarte —La mujer se puso de pie, secando una lágrima la cual se combinó con las gotas de sangre, desparramándose sobre su rostro, dejándole una marca algo perturbadora—. ¿En qué pensabas cuando… cuando le disparaste y mataste a Henry y a Eileen… diez años atrás?
Hayley comenzó a distorsionarse y el lugar donde estaban se alargaba, como si estuviese provocando una dilatación del lugar, arrastrando a Josh irremediablemente hacia un lugar diferente. Estiró sus manos para alcanzar la figura de la mujer, pero ella no iba ayudarle, sólo se quedó parada allí, transformándose en una imagen observada a través de un vidrio esmerilado. Gritó el nombre de la mujer en reiteradas ocasiones, pero todo se volvió tan oscuro y lento que las palabras no salieron de su boca.
Cuando la luz regresó con un centelleo de color naranja combinado con tonos amarillos tuvo que levantar las manos para que las llamas no alcanzaran su rostro «No, dónde estoy, qué es todo esto». Josh alzó la mirada, la bestia de largas extremidades cubierta en llamas estaba allí nuevamente, parado en el umbral de la puerta de una casa que Josh no conocía, impidiéndole el paso dentro de la residencia.
Retrocedió apenas, aunque sentía que debía entrar a la morada la bestia en la puerta le hizo desistir, giró rápidamente sobre sus talones y echó a correr a través del camino de adoquines, la oscuridad se apoderaba del cielo, los árboles estaban decorados con pájaros negros parecidos a los cuervos, pero más grandes, demoniacos.
Se preguntó cuán grande podía ser el trecho entre aquella casa y la reja al final del camino de adoquines, pudo haber caído en la paranoia de la visión anterior, pero sentía que la reja simplemente no se acercaba, como si él estuviese montado en una maldita máquina estática para correr.
Josh Sunderland, creyó que desfallecería en cualquier momento. Los aullidos se apoderaron del jardín de la casa, aquellos perros infernales, sin piel y sedientos de sangre le perseguían y de seguro no se darían por vencidos hasta que le atraparan, claro que él no se las dejaría tan fácil. Saltó los matorrales con gran destreza y siguió con su carrera. Era la maratón más grande de toda su vida, jamás había corrido tanto, menos por su vida, al menos no que él recordara.
Aceleró el paso sobre la tierra ahora, aplastando las hojas marrones, observó hacia atrás sobre su hombro, los perros venían tras él, la bestia de fuego se había unido a la causa, Josh pensó que no importaba cuán rápido pudiese correr, aquel infierno lo asediaría hasta la muerte.
No había donde correr.
No había dónde esconderse.
No tenía con que defenderse y volver no era una opción. Algo dentro de su ser sintió que traicionaba a la casa que dejaba atrás, como si hubiese llegado a enamorarse de ese infierno, como si ese infierno le perteneciese, como si fuese su hogar.
¡No! Se negaba a creerlo, luchando contra la entidad que deseaba quedarse en aquel lugar, pero sus pies le traicionaron provocando que tropezara con las raíces sobresalientes de un árbol. Una voz dentro de él le dijo que debía quedarse quieto sobre el fango pegajoso, que todo estaría bien y aunque lo intentase, Josh no pudo moverse, quizás algo en su interior lo ataba, como cuerdas, a quedarse ahí y esa era más bien la razón del por qué la reja no se acercó nunca, porque él no estaba avanzando.
Frustrado, cansado y adolorido se detuvo al fin, dejó de pelear con el ente dentro de él. Sentía que por dentro se quemaba, el pecho le ardía, las entrañas se estaban consumiendo a fuego lento, imparable.
Cerró los ojos cuando sintió los pasos pegajosos de la bestia en llamas, supo que era su fin, el calor de las flamas le rodeaban la cara y Josh sonrió. Todo acabaría pronto.
— ¡Hijo, cuidado! —Sintió una mano grande, fornida posicionándose en su hombro, obligándolo a inclinarse hacia atrás. Josh abrió los ojos cuando una inmensa llamarada pasó delante de su cara, el calor que sintió fue intenso, pero no lo suficiente como para quemarle la piel. Josh cayó sobre el piso de cerámica, retrocediendo—. ¿Estás bien, hijo, te quemaste la cara?
Josh negó dentro de su estado de shock, el hombre que le había salvado de una quemadura horrible no era más que el dueño del bar. Jim.
— ¡Hey, tú, corta el suministro de gas! —Jim le gritó al otro empleado, el cual corrió hasta la pequeña llave de paso debajo de los galones de gas, entonces las llamas se extinguieron—. Me has dado un susto de muerte, hijo. Ya veía que te sacaba en una ambulancia de este lugar, mejor llamemos a un profesional que entienda de esto ¿Seguro que estás bien?
—Por supuesto que sí, sólo necesita otro par de pantalones —Se burló su compañero de turno, el mismo que había cortado el suministro de gas. Josh usó sus manos para poder ponerse de pie, Jim le ayudó un poco, pero el muchacho temblaba y estaba más pálido de lo normal.
— ¿Qué… qué año es? —Preguntó Josh en un balbuceo torpe. Jim observó al otro empleado con la cara llena de duda—. ¡Qué año es!
—Dos mil cuatro, hijo —Jim acunó el rostro de Josh entre sus manos, instando al joven a que lo mirase—. ¿Josh, estás bien?
Los recuerdos vinieron a él de forma repentina, a Hayley diciéndole que había matado a Henry y a Eileen, la bestia en llamas y como si un interruptor se hubiese accionado dentro de él se echó a correr fuera del bar, ignorando los llamados de Jim. Bajando las escaleras del complejo de edificios, hasta que salió a la calle.
Llovía torrencialmente, la vista lo llevó a fijarse en el ventanal de una tienda. Lucía la misma ropa del día que había conocido a Hayley Mishell o Sullivan «¿Qué demonios está pasando?». Aterrado cruzó la avenida, algunos automóviles le tocaron el claxon, ya que no respetó la luz verde que favorecía a los vehículos, casi pierde la vida, pero no importó en absoluto. Trotó hasta la entrada principal del edificio, franqueó la puerta frenéticamente para darse cuenta de que todo lucía igual.
Parada en el hall del complejo de apartamentos estaba Hayley, recogiendo algo sobre el suelo.
— ¿Hayley? —Llamó, la castaña levantó los ojos, dedicándole una sonrisa tranquila y afable «Bien, esto es extraño». Josh dio otro par de pasos sobre la cerámica de la entrada—. ¿Te encuentras bien?
—Estoy bien y ya te dije que no uses ese nombre conmigo, tú sabes, entre nosotros puedes llamarme por mi nombre real. Ven te estaba esperando, Carer —Ella estiró la mano sin quitar esa sonrisa. Josh frunció el ceño una vez más no entendiendo nada de lo que la mujer le estaba diciendo, para variar. El viento resopló en toda la estancia, cerrando de golpe la entrada principal del edificio, provocando un salto en Josh—. ¿Estás bien Carer?
— ¿Quién es Carer? —Preguntó otra vez, ya casi parecía un chiste molesto—. ¿Y cómo que usar tu nombre real?
Hayley sonrió, como si estuviese acostumbrada a escuchar esas preguntas, suavemente se acercó a Josh sin dejar de estirar su mano, ella le alcanzó y un suave tirón le llevó al centro del lobby.
—Debemos volver a la vida, Carer —Ella dijo, extremadamente cerca de Josh, no, no, no esto estaba mal, ella le besó en los labios suavemente. El joven parpadeó, pareciéndole un beso lejano, como un juego—. Custos y Carer ¿Recuerdas?
Josh negó, en ese momento una gota cayó sobre su rostro, observó el cielo donde el agua goteaba a través del techo y escurría por las paredes.
—Aguanta —Hayley deslizó un dedo sobre los labios de Josh—. Todo va a estar bien.
Josh sintió que el piso debajo de sus pies cedía, cayendo en una piscina profunda, sin fin casi, el agua de un color rojizo y algo enredándose en sus pies, como algas.
— ¡Hayley! —Gritó desesperado al no ver a la muchacha junto a él, el agua comenzó a caer estrepitosamente sobre su cabeza. Hayley apareció como una sirena, el joven intentó patalear, recordando las clases de nado en la escuela, pero las algas enredadas en sus piernas se lo estaban impidiendo—. ¿Qué es todo esto? ¡Maldita sea, Hayley!
—Tranquilo —Ella sonrió colocando sus manos sobre los hombros de Josh, usando toda la fuerza que poseía para hundir al chico quien puso una cara totalmente en pánico cuando logró descifrar las intenciones de Hayley. Intentó alcanzar los brazos de la mujer, pero de pronto ella poseía mucha fuerza o él se encontraba muy débil, pateó el agua y las algas sin retribución, trató de calmarse, sabía que si entraba en pánico el oxígeno se acabaría más rápido, eso era una cosa que le aterraba. Ahogarse, ahogarse no estaba dentro de sus planes. Con las manos buscó los brazos de Hayley, intentando quitársela de encima, pensó en golpearla, después de todo, esa mujer, no parecía la misma Hayley que él juraba conocer, pero ¿En realidad la conocía?
Sacudió su cabeza con violencia, si estaba soñando, por favor que despertara pronto. Jamás le agradaron este tipo de pesadillas, tan confusas, tan horrendas, tan irreales.
Mortales.
Josh intentó suavemente sacar el peso sobre sus hombros, pero un golpe cobarde le llegó directo en la boca del estómago, provocando que abriera la boca, soltando todo el aire contenido en sus pulmones. El corazón se le contrajo de inmediato y todos sus tejidos exigieron oxígeno, forzándolo a respirar el agua sanguinolenta. El pecho se le apretó dolorosamente. Iba a morir.
Hayley le había asesinado.
Entonces algo le abrazó con suavidad envolviendo sus piernas hasta su pecho. Su cabeza reposaba sobre algo relativamente blando al igual que su cuerpo. Un aroma extraño le invadió, se quedó quieto por unos segundos hasta que el dolor en su pecho se volvió insoportable, obligándolo a abrir los parpados, encontrándose en posición fetal sobre una cama tan blanca que sus ojos dolieron «¿Dónde estoy? ¿Qué es esto?».
Sin demasiados preámbulos se puso de pie, descubriendo que su ropa había cambiado por una bata de hospital, un pequeño ventilador giraba en el rincón superior de la pared. Había una mesa solitaria decorada con una simple carpeta de hospital y medicamentos. Caminó hasta la puerta de hierro, empujándola y saliendo de aquel cuarto.
Se encontró con un pasillo, era de día, la luz se escabullía por las ventanas rotas. Era un hospital, esto le recordaba a ese sueño que tuvo en el hotel Lake View. No se sintió atraído a explorar el lugar, al contrario, tenía miedo, frío y angustia. Encontrándose atrapado como un pequeño pájaro en una jaula se decidió por avanzar a través del largo corredor, perdido y desorientado. No sabía por qué, pero ese lugar lo incomodaba. Franqueó otra puerta y se sorprendió, al ver que volvía al punto de inicio.
El mismo corredor que recorrió antes, pero esta vez, dos marcas inconstantes de sangre delineaban el camino que antes había sido testigo de sus pasos. Se alarmó al oír una leve tos al final de ese corredor. Corrió con fuerzas sacadas de ningún sitio en específico, hasta que dobló en la bifurcación. Había un hombre apoyado con las manos en la puerta, de rodillas contra el piso, casi convulsionando culpa de la tos, totalmente empapado. Estaba vestido igual que él, pero su ropa, paso de ser pulcra a ser un desparramo de sangre coagulada.
—Oye ¿Te sientes bien? —Consultó por simple cortesía.
Aquel hombre volteó a verlo. Josh retrocedió al instante. No supo si era por el aspecto macabro de aquel hombre cubierto de sangre como una vez lo había estado Eileen en la iglesia junto a Mark Sullivan o por el hecho de que ese chico era él.
No, ese chico no era él.
Ese hombre era Carer y Josh recordó tanto su nombre como lo terrible que podía ser.
— ¿Pero qué demonios es eso? —Preguntó Henry cuando la piel de Josh se tornó de un color rojo, como si todos los vasos sanguíneos de Josh trataran de asomarse, provocando muchas hebras de color rojo oscuro surcando todo su cuerpo. Mantuve el frasco presionado contra su pecho, como si fuese un imán que atraía toda la sangre dentro de la cavidad.
Walter había dejado de recitar el fragmento de la hoja cuando la piel de Josh se había tornado de ese color, la sangre comenzó a llenar el frasco, yendo contra la gravedad, depositándose en el fondo del frasco que estaba dado vuelta.
—Esto es Carer —Dije cuando el frasco estaba casi completamente repleto, de pronto el cuerpo de Josh convulsionó violentamente abriendo los ojos, sus manos atadas juntas se aferraron a mi muñeca, lo escuché gritar, opacado por el agua, de inmediato Laura se inclinó sobre el cubículo ayudando a Josh a salir del agua.
Aparté las manos de Josh cerrando de inmediato el frasco, de los bordes de la tapa brillaron unas letras, no, eran símbolos, los mismos en el agujero de gusano, los mismos del medallón. Josh tosió, sentado en la pecera de cemento, rápidamente Henry se apresuró por quitar el cinturón que rodeaba sus muñecas y sacarlo de allí, golpeando suavemente su espalda para retirar el líquido que había entrado en su nariz y pulmones. Quise ir donde él estaba y abrazarlo, pero no podía, miré a Walter por un breve momento en el que él me ofreció sostener el frasco el cual puse en su mano.
—Ve, podría ser la última vez —Musitó. Lentamente me acerqué y arrodillé junto a él sobando suavemente su hombro. Laura le aferró en un abrazo posesivo. Josh pareció luchar contra el dolor que seguía tomando su pecho, sus manos se apretaron contra las manos de Laura buscando soporte.
— ¿Josh? —Llamé suavemente pasando un dedo sobre su frente, retirando un mechón de cabello pegado, él se estremeció abriendo los ojos apenas, lucía totalmente agotado, la misma mano que quitó el mechón la dirigí hasta su mano, apretándola sutilmente—. ¿Te encuentras bien?
Josh alejó su mano de inmediato, cerrando los ojos, sumergido en un recuerdo tal vez, no lo sabía, sus manos subieron en busca de los brazos de Laura, como rogando para que no le soltase de ese abrazo que le rodeaba desde la espalda. La muchacha apoyó el temple de su cabeza contra la de Josh, desvié los ojos hacia Walter quien no tardó en devolver la mirada fría de siempre, como si pensara que mi cara al ser rechazada por la persona que amaba fuese algo patético. No lo culpaba, me sentía patética de todas formas.
Henry agarró el lino blanco que había cubierto el altar para arropar el cuerpo empapado de Josh, Laura le dedicó una mirada de agradecimiento al castaño antes de regresar sobre su posición original.
Apreté los parpados y los puños con impotencia, quizás eso era lo que necesitaba, al fin y al cabo, usar toda esa rabia para seguir con mi plan. Me puse de pie de un solo salto, provocando que Henry y Laura elevaran los ojos, la luz de los cirios aún en pie y encendidos reflejó en el rostro de Josh, quien se esforzó por abrir los ojos nuevamente y dedicarme una mirada extraña, algo aterrada.
—Le hice una promesa a tu abuelo —Recordé la conversación con Frank Sunderland en el pasillo del tercer piso cuando la policía buscaba indicios del paradero de Josh. El joven no dijo nada, ni siquiera emitió un gemido, sólo se quedó helado, observándome al igual que Laura y Henry—. Le prometí que volverías a casa sano y salvo, por eso les pido que salgan lo más rápido posible de aquí. Laura ya lo dijo antes, en un par de minutos más los guardias estarán en todo el edificio. Necesitan salir de aquí cuanto antes, mejor.
—Por si no lo has notado seguimos metidos en el mismo infierno, no importa dónde nos dirijamos luego —Laura contrarrestó, la mujer ahora estaba sacando las agallas que se habían estado acumulando dentro de ella.
—Vayan por la escalera de las cloacas, al trescientos dos y esperen a que yo solucione el problema con Mark —Indiqué conservando la calma.
— ¿Pretendes que te dejemos hacer esto sola? —Henry soltó de pronto con ese tono ligeramente incrédulo en su voz, parándose con dificultad, como si las rodillas le doliesen.
—No estoy sola, Henry —Hice un gesto con el rostro hacia el anciano sentado en las bancas de la capilla—. Tengo a Custos de mi lado.
—Pero tú eres Custos —Laura afirmó y Josh volvió a estremecerse.
—Te equivocas, yo ya no soy Custos, no más —Caminé el par de metros que me separaban de Henry, coloqué una mano sobre su hombro—. Háganme caso, Eileen está allí, en el departamento, sola. Espera encontrar a alguien cuando despierte y quiero que esa persona seas tú, sano y salvo.
—Y lo hará —Henry asintió—. Pero primero, lo primero. Detener a Mark.
— ¡Maldición, no, quiero que se vayan de este lugar! —Espeté retirando la mano sobre el hombro de Henry, de pronto me vi envuelta en el recuerdo de Josh rechazándome «Contrólate, Hayley». Mis pasos se dirigieron a un lado de Walter—. Esto se pondrá feo ¿Entienden? No quiero hacerles daño.
— ¿Pero de qué estás hablando? —Henry alzó una ceja, desconcertado.
—Dios mío —Laura habló apenas, su voz se había convertido en un hilillo casi imperceptible, el antiguo propietario del trescientos dos se giró suavemente, observando a la mujer con la revelación brillando en sus ojos—. ¿Quieres convertirte en el Protector?
De inmediato Henry giró el rostro, de vuelta hacia a mí. Josh abrió los ojos y por primera vez desde que había despertado de ese trance intentó sentarse sobre el suelo de la tarima. Inspiré aire profundamente antes de desviar los ojos. El castaño abrió la boca para decir algo, pero le interrumpí.
—Hubiese deseado tener otra alternativa, pero las cosas están así de retorcidas. Desplacé a Custos al cuerpo de Seawi hace unas horas, que una parte del Guardián viviese aún dentro de él me daba esa posibilidad, ahora soy un reservorio libre y he aprendido a… controlar a estos entes por así decirlo. Yo puedo contener a Carer —Walter me dedicó una mirada vaga, deslizando un dedo sobre las letras brillantes de la tapa del frasco, observé como algunas de ellas se habían apagado convirtiéndose en letras de color negro—. Se acaba el tiempo ¡Tienen que irse!
—Pero-
— ¡Por favor, confíen en mí, maldita sea! —Empujé suavemente a Henry quien se había acercado para intentar alejar esa idea loca de mi cabeza «No hay otra opción, no la hay, lo siento». Los ojos de Henry se estremecieron. Laura se puso de pie, agarrando las manos de Josh para ayudarlo, manteniéndolo siempre cerca de ella—. Cuida a Josh por mí ¿Vale?
La rubia asintió. Josh cerró los ojos recargándose sobre el cuerpo delgado y quebradizo de la mujer. Henry sólo retrocedió hasta el par, sin quitarme un ojo. Ayudó a Laura con Josh, pasando un brazo del muchacho sobre sus propios hombros.
— ¿Estarás bien? —Preguntó Henry a lo cual asentí.
—Laura sabe cuál es el camino —Laura afirmó con la cabeza hacia Henry antes de darse la vuelta y caminar a la puerta lateral de la capilla. Quise que Josh se diese la vuelta por última vez, pero no lo hizo.
Él estaba aterrado, por mi presencia. No supe el porqué de ello, pero lo sabía al observar sus ojos esos instantes en los que los fijaba en mí, Henry fue el único que miró atrás antes de cerrar la puerta. Me mordí el labio inferior cuando el silencio fue demasiado profundo como para dejar escapar un sollozo, al menos las lágrimas no hacían sonidos, de haberlo hecho la única gota salada que corría por mi mejilla habría sido como el sonido de una cascada en medio del bosque.
—El sello se está rompiendo, debemos darnos prisa —Instó Walter, señalando la bañera de piedra, inconscientemente moví la cabeza en señal de afirmación, secando la lágrima solitaria y dirigiéndome hasta la pecera. Observé el agua rojiza, llena de cenizas, con cuidado me senté en el borde de la piedra metiendo mis pies en el agua fría.
Deslicé suavemente las piernas hasta sentarme en el fondo de la piedra, con el agua cubriéndome hasta la cintura moví mis manos como un bebé que juega en la bañera, respirando profundo.
— ¿Te estás arrepintiendo de esto? —Preguntó Walter arrodillándose a mi lado, fuera de la prisión de piedra, negué sin observarlo—. ¿Entonces en qué estás pensando?
—En Josh… en realidad pienso en muchas cosas —Solté una risa cansada, sentía unas ganas enormes de echarme a llorar sobre el hombro de Walter, pero no podía, no me lo permitiría—. Dime que esto no es una idea estúpida.
—No lo es —Él dijo—. ¿Quién iba a presagiar este cambio de roles? Custos siendo Carer, eso suena digno de las Escrituras.
—Tú sabes, a veces hay que ser un Protector, antes que un Guardián —Levanté los ojos, el frasco en la mano de Walter hizo un sonido, como si estuviese sometido a mucha presión, una fractura pequeña se dibujó en el cristal, sabía que el tiempo era poco—. No sé si cuando sea Carer pueda preguntarte esto, lo dudo ya que sólo seremos Seawi y yo, pero… ¿Duele? ¿Morir duele?
Walter regresó los ojos desde la pequeña fisura del frasco hasta mis ojos, parecía, otra vez y por última vez, consternado. Una sonrisa extraña se formó en sus labios antes de negar «Mentiroso». Sabía que mentía por la reacción de sus ojos.
—Además te estaré esperando allí —Dijo Walter revolviendo mi cabello—. Recuerda, cuando seas Carer, Custos podrá tomar posesión completa del cuerpo de Seawi, juntos deben buscar la Vasija Oscura, es la única que puede contener a la luz ¿Estás lista?
Moví la cabeza en asentimiento, tomando una respiración profunda y conteniéndola me sumergí en el agua, a través de las ondas que había provocado divisé la silueta de Walter destapando el frasco, metiéndolo en el agua, la boca del contenedor se posicionó sobre mi pecho. Cerré los ojos fuertemente, no quería ver, no deseaba pensar en qué me convertiría.
Pero ya estaba hecho.
Josh parpadeó tratando de respirar por la boca cuando el olor nauseabundo le inundó las fosas nasales. Henry observó la profundidad de las aguas de la alcantarilla arrojando un libro que había encontrado en la habitación anterior.
—La escalera está cruzando ese túnel —Informó la mujer de ojos azules, sentándose en el borde de la cornisa de cemento, sus pies se sumergieron dentro de las oscuras aguas. Ella hizo una mueca de asco, recordando cómo se había sentido la primera vez que Hayley la había enviado por ese camino. Maldijo a la castaña por eso—. Si nos damos prisa no tenemos por qué seguir oliendo esta porquería.
Henry apoyó la idea, el libro arrojado se había perdido en la oscuridad, eso no importaba mucho si el túnel no era extenso. El agua era una cosa, pero el olor era algo totalmente distinto, se preguntó si provendría de algún sitio en particular. Josh cerró los ojos, el dolor de cabeza que tenía era capaz de partirle el duro hueso del cráneo en dos. Laura lo notó de inmediato, colocando una mano sobre su hombro.
— ¿Estás bien, Josh? —Consultó Laura con la voz más dulce que poseía. Josh había estado actuando extraño en los últimos minutos, demasiado absorto en sus pensamientos para el gusto de Henry y Laura.
—Esa mujer… —Josh apretó más los parpados buscando el nombre de la castaña de cabello largo y ojos verdes—. Hayley…
— ¿Qué sucede con ella? —Preguntó Henry.
— ¿Ella… ella me dejó atrás? —Josh dijo dudoso, alejando la neblina que se formaba en sus ojos, Henry observó a la mujer con aún más interrogantes que antes, pero ella negó suavemente informando que no tenía idea de qué demonios estaba hablando Josh—. No… no lo dejó atrás a él… pero él soy yo… yo soy Carer y ella es Custos y él dejó atrás a Carer y a Iudex.
—Josh —Llamó Laura seriamente, el joven volteó los ojos hacia ella—. No importa que es lo que Carer haya dicho o vivido, esos no son tus recuerdos. Hayley no te dejó atrás, al contrario, ella se está sacrificando por todos nosotros.
— ¿Cómo que se está sacrificando? —Ahora era Henry el hombre de las preguntas a lo cual Josh se había unido con una cara casi igual de extrañada que Henry. Laura se dio cuenta de su indiscreción, era obvio que ambos hombres no tenían ni la más mínima idea sobre la historia de Custos y Carer, menos el trágico final de este último—. Responde, Laura.
—Hablo de Mark y toda la locura que pretende desatar. Nadie está a salvo de ese hombre, quedarse aquí es un suicidio, independiente de quién seas o cuál sea tu destino —Mintió, bajando los ojos hacia la corriente de la alcantarilla, rogando porque ambos hombres se quedasen conformes. Ella pensó que su respuesta tenía mucha lógica después de todo ambos habían vislumbrado los pocos escrúpulos que tenía Mark en la iglesia.
—Es por eso que no quise dejarla allí, pero ya ven lo terca que es —Comentó Henry—. Será mejor que nos pongamos en marcha de una vez.
Laura estaba de acuerdo y Josh guardó silencio «El que calla otorga». Pensó la mujer tras saltar a la corriente y desplazarse hasta la entrada del túnel, seguida de Henry y luego Josh, ella no se quedó tranquila, sin embargo. Josh le preocupaba, estaba demasiado ido para su gusto, quizás traumatizado, pero lo dudaba, no, Josh parecía la clase de persona en un estado de pensamiento profundo, como alguien que ordena sus ideas y busca el sentido de ellas, agobiado por no encontrar la línea de congruencia.
Cuando llegaron a la escalera Henry observó el pequeño punto sobre su cabeza, lejano, pero alcanzable. Era la luz al final del túnel. Le dedicó una mirada a la mujer quien sólo tenía ojos para el muchacho silencioso que los seguía sin oponer resistencia, se preguntó si Laura iba a decirle lo de su padre al momento de entrar en el trescientos dos o seguiría el consejo de Hayley.
Eso lo dudaba, ellos habían tenido un pequeño intercambio de palabras cuando fueron en busca del agua sagrada a un lado de la puerta lateral de la capilla. Laura parecía especialmente molesta con el hecho de ocultarle la verdad a Josh, Henry la comprendía de cierta manera, pero también deseaba comprender las motivaciones de Hayley para alejar a Josh de la verdad. No importaba, la cruzada ahora era proteger a Josh del dolor al parecer, pero Laura tenía otras intenciones y Henry no iba a detenerla, se propuso no intervenir en ese pequeño lío de falda entre Josh, Laura y Hayley.
Levantó una mano, agarrando el primer barrote horizontal de la escalera clavada a la pared, luego subió un pie y así fue escalando cada peldaño, seguido de Josh y finalmente Laura. Poco a poco dejaban atrás ese infierno para mantenerse a salvo en el departamento que una vez se había convertido en un dolor en el trasero.
Le dolió haberlo dejado atrás la primera vez, pero estaba asustado por la presencia de Walter, recordó el día en que agitado se apostó en la puerta de Eileen, sudando y temblando había entrado al trescientos tres como alma que lleva el diablo, pidiéndole a la castaña que se fuera con él a otro sitio, que el departamento trescientos dos seguía con vida, de alguna forma, amenazándole con quitarle su libertad otra vez. Eileen había asentido, fijando la fecha de salida para la mañana siguiente, pero Henry no podía soportarlo, no más, largándose esa misma noche a un motel de la ciudad.
Eileen le había seguido un par de días después, desde entonces habían ido y venido sin una residencia estable, aunque se lo había prometido a la mujer, Henry no quería quedarse quieto en un lugar por temor a que el fantasma de Walter Sullivan le encontrara de nuevo.
Ahora estaba allí, a punto de enfrentar a un viejo demonio de paredes lisas y demacradas, aunque ahora, el departamento era el menor de sus problemas.
Cuando la luz al final de la escalera le iluminó de manera abrupta se sintió como en casa, la sala del departamento lucía destrozada y con justa razón. Un agujero había penetrado hasta los cimientos de ese lugar, lo demás estaba casi igual que su esporádica visita anterior. Subió y finalmente pudo pararse en sus dos piernas firmes sin titubeos en ese lugar, los muebles atiborraban la puerta, impidiendo el paso para entrar o salir.
Lentamente, caminó por el pasillo hasta su antiguo cuarto, oyó cuando sus otros dos acompañantes llegaron al apartamento en medio de un jadeo ahogado por el cansancio. Abrió la puerta de la habitación, la luz del buró estaba encendida, la iluminación cálida apenas tocaba la cama donde vio el cuerpo de Eileen reposando con los cojines detrás de su espalda, las vendas y los parches cubrían su rostro y brazos. Henry se acercó lentamente, con delicadeza se sentó en el borde de la cama, acercando una mano al rostro de la mujer, ubicando un mechón de cabello detrás de su oreja.
—Eileen… —Susurró—. Eileen, soy yo, Henry.
La castaña apretó los parpados antes de abrirlos suavemente, la mirada de Henry estaba allí para recibirla, ella esbozó una sonrisa antes de buscar su voz dentro de su garganta.
—Hen… Henry… ¿Estás… bien? —Henry asintió en silencio.
—Tú también lo estarás pronto, Eileen, te lo juro —El hombre se acercó un poco más, Eileen sonrió más ampliamente, cerrando los ojos en el proceso, todavía se sentía agotada por las heridas y el dolor—. ¿Recuerdas cuando me pediste mudarnos a la Costa Oeste? Yo te dije que no me gustaba mucho el clima cálido de la zona, pero… ya creo estar listo para dar ese salto… sólo si me acompañas.
Eileen no abrió los ojos, pero movió la cabeza en asentimiento, se sentía feliz, su interior era cálido como el sol sobre California, una lágrima solitaria rodó por su mejilla, pero no pudo continuar su camino hasta la sábana, puesto que Henry la limpió suavemente antes de inclinarse y plantar un beso en los labios de Eileen.
Minutos antes Josh había visto a Henry dirigirse por el pasillo hasta el cuarto de la izquierda, el joven vagó los ojos sobre el gran agujero de la pared al fondo del corredor y los escombros sobre la alfombra, luego sus ojos fueron a parar sobre los muebles delante de la puerta, recordando aquel extraño sueño donde Hayley estaba colocando el mobiliario del bar en la entrada. Apretó los puños y decidió ir detrás de Henry cuando la mano de Laura le agarró la muñeca, la mujer negó sutilmente.
—Será mejor que no vayas —Advirtió, indicándole un sofá que quedaba aun en la sala tras el torbellino que había arrastrado los muebles hasta la puerta—. Iré al baño en busca de apósitos para poner sobre tu ros-
—No te preocupes, puedo hacerlo por mí mismo —Josh se mantuvo firme, no olvidaba a Laura y sus mentiras con respecto a su padre, tampoco olvidaba a su padre y el video asqueroso en el cuarto de los televisores sincronizados. Laura iba a replicar, pero Josh no tenía ánimos de escucharla por lo que la ignoró y continuó su camino hasta el baño cerrando la puerta detrás de él.
El ambiente húmedo del aseo le recordó que al menos estaba en el mundo normal, recargó la espalda contra la madera de la puerta preguntándose qué diantres era el agujero en la pared del baño de Hayley, inconscientemente estaba negando ver su reflejo en el espejo encima del lavamanos, temía que verse le trajera consigo la horrible imagen de Carer en el hospital «Era un sueño, uno que parecía muy real». Apretó los ojos antes de soltar un gemido frustrado, giró violentamente la cadera para enfrentar su realidad. Se encontró con un rostro demacrado, sudoroso y horriblemente herido por quemaduras en el lado izquierdo.
Levantó una mano y suavemente deslizó sus yemas por los relieves que la quemadura había dejado en su piel, los tonos rojos, amarillos y negros estaban dominando toda el área, la misma mano con la cual se acariciaba la condujo hasta el pequeño pomo del botiquín encontrando un par de botellas de antisépticos y apósitos. Con gran lentitud cerró el gabinete y comenzó a limpiar la herida con el antiséptico antes de colocarse un cuadrado de gasa sobre la parte afectada, selló su trabajo con cinta médica en los bordes.
Una vez más se quedó viendo su reflejo en el espejo, Josh no pudo explicar cómo, pero frunció el ceño y el espejo se fracturó, una larga línea desemparejó la homogeneidad del cristal pintado en dos «Me estoy volviendo loco». Se preguntó si el poder del odio y la angustia podían haber provocado eso, lo dudó con toda su fe.
Con cuidado se afirmó de los bordes del lavamanos, inclinado sobre éste, cerró los ojos en busca de respuestas, la ropa seguía estilando agua de la alcantarilla, pensó que era mejor darse una ducha y lavar la ropa. Sí eso debía hacer.
De pronto la puerta se abrió suavemente antes de cerrarse, el aroma a flores que aún perduraba en Laura invadió el lugar por sobre el olor a antisépticos y humedad.
—Déjame sólo… —Pidió sin levantar la cabeza ni variar la posición, pero la mujer no se había marchado, al contrario, seguía allí, de pie, observándole con cara de perro a punto de ser sacrificado. Josh no estaba seguro de muchas cosas, pero sí de una y esa era que no quería ser tocado ni consolado por la mujer a su espalda—. ¿Estás sorda? Dije que me dejaras solo.
—Pero no quieres estar solo en verdad —Ella respondió a lo que Josh rápidamente cambió su postura, irguiéndose y dando la vuelta—. Yo sé lo que es estar solo por mucho tiempo y tú no quieres eso, Josh. No te lo mereces.
— ¿Ahora vas a decirme lo que quiero? —Preguntó con la voz y la cara llena de burla, soltó una risa estúpida antes de desviar por breves segundos el rostro y regresar nuevamente—. Eres increíble.
—Josh, escúchame, ya no debes sentir todo ese odio —Laura se acercó, atrapando el cuerpo de Josh entre el lavamanos y su pequeño cuerpo, posó ambas manos sobre el pecho de Josh y reclinó el rostro para apoyar su frente en él—. Es tiempo para curar las heridas. Para sanar.
Josh entrecerró los ojos con el cabello de Laura cerca de sus fosas nasales. Él podía oler el perfume femenino de la mujer y sentir su corazón palpitando bajo la delgada y mojada tela de su camiseta blanca, supuso que el abrigo estaba en la sala reposando sobre el respaldo de una silla, le recordó a Hayley en el hotel Lake View, ella tan cerca de su rostro con la sonrisa y ese fulgor en los ojos. Josh levantó las manos, colocando ambas en los brazos de Laura, su primera intención era separar a la joven, pero no pudo y sólo se quedó parado allí mientras la chica levantaba la cabeza preguntándose en qué estaba pensando Josh en ese momento.
— ¿En qué piensas? —Ella se vio tentada a preguntar, Josh bajó los ojos suavemente y Laura deslizó sus manos hasta dejarlas caer a sus costados. Josh negó con la cabeza restándole importancia al recuerdo de Hayley en su cabeza.
Laura sonrió melancólicamente, levantando una ceja, como diciéndole que podía confiar en ella tras todas las tragedias. Josh perdió el juicio, al menos así se sentía, se inclinó rápidamente y con un torpe movimiento se apoderó de los labios de Laura en un beso salvaje. Laura gimió más por la placentera reacción de su cuerpo que por la impresión, Josh rodeó su cintura con un brazo pegándola a su cuerpo posesivamente, ella en cambio entrelazó sus brazos detrás del cuello del mayor y correspondió al beso con pasión.
Josh se preguntó qué tal lejos su demencia podía llegar cuando resbaló una mano debajo de la camiseta de Laura en busca de uno de sus pechos cubiertos por el corpiño de algodón. Laura se rio con diversión ante el caliente tacto de la mano sobre la tela de su ropa interior, juguetonamente le sonrió de lado al separarse y empujar a Josh cerca del borde de la bañera donde se sentó y observó a la muchacha quitarse la camiseta y arrojarla al suelo. Una ola de excitación recorrió su cuerpo poniéndole la piel de gallina y generando otro tipo de reacciones en todo su cuerpo. Josh estiró las manos hacia el botón del vaquero de Laura, desbaratando y bajando el cierre de la molesta prenda.
— ¿Qué hay de ti? —Laura sonrió lascivamente, pero el joven negó con la misma cara de jugarreta, Laura hizo un puchero, retrocedió siendo consiente del contoneo de sus caderas bajando sus propios pantalones y ropa íntima, pateándolos cerca de la camiseta.
—Me gusta… —Confesó Josh, se balanceó suavemente para ponerse de pie y acercarse a Laura—. Pero…
Él patinó sus dedos sobre la copa del corpiño hasta el broche delantero de éste, sus dedos habían ganado experticia desde que había entrado a la universidad, por ello no fue difícil desbaratar los ganchos de la prenda y quitarla del cuerpo de Laura por completo.
—Creo que así me gusta más… —Sus manos se movieron a su propio pantalón, desabotonándolo, volvió a besar a Laura, esta vez obligándola a retroceder hasta topar con la pared entre el inodoro y la bañera, Laura aguantó la respiración cuando las frías cerámicas tocaron su espalda, Josh la presionó allí sin dejarle escapatoria. Laura gimió cuando Josh abandonó sus labios y bajó por su cuello, las manos del hombre apretaron sus caderas en una señal de advertencia, subió por la línea de la mandíbula hasta la oreja de Laura—. Si haces un ruido y llamas su atención, tú tendrás que explicarle lo que sucede aquí…
— ¿Eso es lo que quieres? —Laura subió una pierna, usó el pequeño soporte que Josh le estaba dando para escalar y aferrarse con las piernas a las caderas del hombre, eso le dio una oportunidad a Josh para cerrar más el camino de Laura, ella sintió el bulto en los pantalones del joven tocando esa parte que ella consideraba tan íntima, incluso cuando se trataba de sexo—. Puedo ser muy gráfica si es que lo deseo…
Josh sonrió en complicidad, mantuvo a Laura presionada contra la pared mientras que su mano buscaba la forma de liberar su miembro de entre la ropa restante, cuando lo logró, colocó una mano sobre los labios de Laura y entró en ella con la misma delicadeza de un cactus. Laura cerró los ojos de dolor y placer, moviendo las caderas hacia delante, enloqueciendo a Josh en cada movimiento, él la tomó sin muchos miramientos. Era solo sexo después de todo, duro, carnal y sin sentimientos de por medio.
Josh no quitó la mano de la boca de Laura en ningún segundo, moviendo sus caderas sin detenerse, mordió el hombro de Laura para acallar sus propios gemidos, todo se resumió en una ola de placer incontrolable donde ambos se habían desahogado en un momento de imparable pasión, pero nada más. Laura sintió que su cuerpo se contraría demasiado rápido como para detenerlo y dio gracias al cielo porque Josh le cubría la boca y hubiese alertado a toda la cuadra mientras que Josh parecía indiferente cuando se alejó tras el orgasmo, acomodando su ropa.
— ¿Estás bien? —Preguntó Laura con la voz ronca, Josh se encogió de hombros sin decir ninguna palabra. La mujer hizo una mueca recogiendo su ropa del suelo, colocando todo en su debido lugar—. ¿Podemos hablar?
— ¿Sobre qué? —Josh cerró el cinturón encima de su pantalón para luego dirigirse al lavabo y lavarse las manos—. ¿Sobre esto? ¿No es acaso un poco incómodo hablarlo?
—Yo creo que-
—No, yo creo que es mejor que me dejes solo ahora —Él bajó los ojos, sentándose en el borde de la bañera, que Laura se jodiera con sus comentarios sobre el sexo que no significaba nada para él, ciertamente fue como un impulso mientras que su cabeza no podía alejar el nombre de Hayley, no sabía cómo se las había arreglado por no decir su nombre en mitad de su apasionada entrega carnal.
—Quería decirte algo importante antes de que me besaras y follaras contra la pared —La dulzura en las palabras de Laura había desaparecido. Josh inspiró por la nariz antes de elevar los ojos y hacer un gesto con la mano para que continuara—. Es sobre tu padre.
—Dios, ese tema es un anticlímax total ¿No crees? —Josh se burló—. ¿Qué otras mentiras vas a decirme de él?
—Murió —Soltó sin anestesia con la espalda apoyada en la puerta del baño, Josh buscó la mentira en sus ojos, esa pequeña contracción de las pupilas, pero no la encontró lo que provocó que se levantara de inmediato—. Quiero que sepas que esto no es tu culpa, sino que cuando Carer poseyó tu cuerpo… bueno… él buscaba la forma de asesinar a Henry y tu padre se puso en medio y tú… bueno… Carer lo…
— ¡Dónde está! —Rugió Josh de pronto atrapando los brazos de Laura en el proceso, de la misma forma en la que había hecho cuando conoció a Mark—. ¡Mientes, dónde está su cadáver!
Laura negó con la cabeza sin estar segura de lo que quería negar en primer lugar, Josh le dio un atisbo de terror, su mirada se había ensombrecido y esta vez no estaba bajo el control de Carer en absoluto, era Josh y al parecer podía ser igual de mortal que Carer, eso aterró de doble manera a la joven de ojos azules.
—No puedo decírtelo, a decir verdad, ni siquiera debía decirte que pasó con tu padre, Josh…
— ¡Qué! ¡Por qué! ¡Quién te ha pedido que me ocultes la verdad! —Josh la sacudió antes de moverla de la puerta y empujarla hasta la pared donde habían estado fornicando salvajemente, de inmediato la puerta se abrió mostrando la figura de Henry en el umbral, totalmente consternado. Josh le señaló con el dedo—. Tú debes saberlo también ¿Dónde está el cuerpo de James Sunderland?
— ¿Qué? —Henry soltó suavemente sin creer lo que escuchaba, miró a Laura en la pared, temblando—. ¿Se lo has dicho?
— ¿Entonces tú eres quién le ha dicho que no me diga la verdad? —Josh sintió la ira carcomiendo los músculos y tendones de su cuerpo, las venas le ardían y sin embargo se sintió impotente de hacer cualquier cosa, por lo que se limitó a coger a Henry del cuello, Laura corrió hasta ellos tratando de separar a ambos hombres.
— ¡No ha sido él, ha sido Hayley! —Gritó Laura a lo que Josh soltó al hombre, totalmente impactado por la noticia, sus ojos se dirigieron a los de Laura que pronto había comenzado a derramar lágrimas y luego a Henry, quien parecía no querer más de este juego de secretos—. Ella nos ha pedido que no divulguemos la noticia, pero no es justo para ti… es… es inhumano.
—Ya basta, Laura —Advirtió Henry entre dientes.
— ¿Por qué? —Josh pareció salir del congelamiento que le había otorgado la gran revelación de la muerte de su padre y las mentiras de Hayley—. ¿Por qué les ha pedido eso?
—Lo desconozco —Dijo Henry seriamente guardando la compostura—. Al parecer ella tiene un plan del cual ninguno se ha enterado y sinceramente creo que deberíamos confiar en ella, darle un poco más de crédito ¿No creen? Después de todo estamos vivos gracias a ella.
— ¿Vivos? —Repitió Josh con duda—. ¿Te parece que estamos vivos si estamos metidos en este infierno? No, no me parece y si me disculpan iré a buscar a Hayley, necesito saber quién demonios se ha creído para ocultarme algo tan importante.
—No, Josh, te quedarás aquí —Henry se interpuso en la puerta del baño—. No hagas esto más complicado de lo que realmente es.
— ¿Me estás pidiendo que me quede aquí cuando posiblemente maté a mi padre y la mujer que amo trata de ocultármelo?
—Tú no mataste a tu padre, fue Carer-
— ¡Joder con Carer! —Las manos de Josh se elevaron salvajemente empujando a Henry lejos de su cuerpo, estampándolo contra la puerta del cuarto de Hayley, sus puños se apretaron con fuerza agarrando la ropa de Henry en el proceso. El rostro de Henry era de entera estupefacción—. Al parecer ustedes le dan mucho crédito a Carer por estos días, pero ¿Acaso están seguros de que fue él en realidad?
Henry comenzó a dudarlo en ese momento.
Sostuve la cerilla que estaba en la mesa contra el pequeño trozo de lija para encender el pequeño palillo dirigiendo la llama sobre el cirio en el candelabro antiguo de bronce, pasé mi dedo índice por la pequeña argolla que conformaba la agarradera y levanté el ornamento para guíame a través del lugar, el piso crujía bajo el peso de mi cuerpo.
Me encontré en un largo y estrecho pasillo tapiado de madera las paredes y el suelo, podía oler la resina y el barniz, observé como aquellos fantasmas oscuros se formaban en los rincones, uno de ellos me pareció familiar «Custos». Le seguí lentamente cuando el fantasma de Custos comenzó a caminar por el pasillo hasta la escalera de bajada que conducía a una puerta con una luna grabada en la superficie, su espectro la atravesó sin dificultad, al contrario de mi persona que debía abrirla con el pomo cubierto de sangre «¿Qué es este lugar?».
El nuevo corredor tenía las mismas características que el anterior, pero esta vez tenía cuadros de paisajes en las paredes, uno de ellos se me hizo familiar, uno que contenía un gran árbol sin hojas en medio de la pintura mientras que era rodeado por millares de espigas, el artista había tratado de dibujar dos figuras recostadas al pie del árbol, pero había fallado. El fantasma de Custos volvió a pasar a mi lado, dos veces más mientras yo seguía inspeccionando la pintura con cautela, cuando le seguí y crucé la siguiente puerta me esperó un gran campo de espigas idénticas al cuadro y al final ¡Oh sí! Estaba el árbol sin hojas, pero la imagen era distinta, sólo había una figura a los pies del gran árbol.
Apagué la vela de un soplido, dejando el candelabro apoyado en uno de los tres escalones a la salida de la casa y me encaminé a través del trigo seco y dorado, el roce de las plantas era incómodo y las pequeñas partes puntiagudas se enterraban en mi ropa hasta mi piel, al pasar el campo de espigas sólo continuó un sector de maleza seca hasta el árbol, de rodillas debajo de él, con la mano colocada en el tronco donde había algo tallado se encorvaba una figura desconocida. Cerré los ojos tentando mi suerte.
—Eres una persona muy difícil de encontrar, Carer, parece que llevo un siglo buscándote —Solté amablemente, el hombre, Carer, se dio la vuelta, su rostro mostraba sorpresa apenas disimulada con odio—. Antes de que quieras hacer cualquier cosa debo decirte que vengo en son de paz.
Carer había dejado de tener la imagen de Josh, ahora estaba en su estado puro, alto, no tanto como Iudex, pero mucho más que yo. Los ojos tan negros que no podía distinguir la barrera entre su iris y sus pupilas, el cabello igual de negro que sus ojos, el tono de su piel era más blanco de que lo que estaba acostumbrada, me llamó poderosamente la atención que su cuello tenía líneas delgadas y oscuras como si su piel se estuviese agrietando.
—No te ves muy bien que digamos —Desvié los ojos—. No es que te culpe tampoco.
— ¿Has venido a burlarte? —Se puso de pie con la mano apoyándose en el árbol para ganar estabilidad, fuera del cuerpo de Josh, Carer estaba perdiendo fuerza, se estaba muriendo. Negué suavemente, siendo consciente de que él seguía siendo peligroso pese a todo—. ¿Qué has hecho con Custos?
—Vive dentro de Seawi ¿Bien jugado no crees? —Sonreí, pero a Carer no le causó ni la más mínima gracia—. Sé que piensas que él te traicionó, pero no es así. Él quería que ambos estuviesen juntos para siempre, como… en los malditos cuentos de hadas que le contaba su madre antes de dormir.
— ¿Cómo sabes de eso?
—Él me mostró… cosas —Me acerqué a Carer, de inmediato se hizo a un lado. Al contrario, yo no quería tocarlo, mi objetivo era el árbol, deslicé un dedo sobre el grabado en el tronco antes de sentarme sobre la raíz grande y sobresaliente del árbol que parecía un nogal milenario—. Cosas de él, de su pasado. Me mostró cosas de ti, de Iudex. Me enseñó cuánto te ama, también.
— ¿Qué estás haciendo aquí exactamente? — Levanté los ojos hacia Carer, él comenzó a arrodillarse con las manos sobre su estómago como si estuviese siendo víctima de un cólico intestinal—. ¿Tú estás provocando esto, verdad?
—Estoy aquí para salvarte el trasero —Él giró el rostro, por segunda vez lo había impresionado con mis palabras, yo podía acostumbrarme a ello—. Pero tienes que escucharme y dejar de escuchar a Iudex de una puta buena vez. Tú y yo podemos regresar a la Nación y ayudar a Custos en su tarea.
—Creí que amabas a Josh —Carer soltó en medio de una nueva ráfaga de dolor—. ¿Por qué eliges morir? ¿Por qué elijes dejarlo solo?
— ¿Por qué tú escogiste dejar solo a Custos? —«Touché». Apretó los dientes, los músculos de su cuello se contrajeron con la acción, me arrojé contra el pasto seco, gateando hasta él, no podía tocarlo, no todavía, necesitaba asegurarme de que me dejaría ayudarlo y por sobre todo debía asegurarme de que él me ayudaría—. Tienes razón, yo amo a Josh con todo mi corazón, pero si yo no muero él lo hará y jamás podría perdonarme por eso. Creo que Custos fue un visionario, él… pudo ver lo que vendría al futuro y por eso dejó un fragmento de su alma dentro de Seawi, para que un día alguien como yo… alguien que no tiene mucho que perder escogiera tomar tu lugar.
— ¿Acaso no le tienes miedo a morir?
—Oh sí, yo tengo mucho miedo de morir —Confesé jugueteando con mis manos—. Pero tengo más miedo de ver morir a mis seres queridos, por eso te necesito. Tú eres el valor que me falta para morir y está vez… Seawi, digo, Custos, lo hará junto a nosotros. Eso es lo que me ha dicho antes de marcharse.
— ¿Y si miente? —Carer elevó los ojos, me quedé pensando en esa posibilidad, aunque era imposible—. Ya lo hizo una vez.
—Creo que Custos también tiene miedo de perderte una y otra vez —Dije, aunque parecía un pensamiento—. Y ya se ha cansado de eso, él quiere estar contigo para siempre, ya te lo dije.
—Custos siempre fue muy inocente —Carer agregó tratando de ponerse de pie, no sabía si había algún tinte de sarcasmo en su voz o sólo era mi impresión—. ¿Qué tienes para ofrecerme?
—Un reservorio y una oportunidad de vivir eternamente junto a Custos. Es todo lo que puedo ofrecerte.
—Y es todo lo que espero —Observó la hiedra seca bajo sus palmas con algo de tristeza, de un movimiento rápido se puso de pie, tambaleándose hacia atrás cuando le azotó una oleada de vértigo a causa de la poca fuerza que le quedaba, se estaba muriendo en este mundo, dónde-fuese-que-estuviésemos. Estiré la mano.
—Ayúdame —Pedí—. Ayúdame a ser Carer antes que Custos.
Carer sonrió, se acercó suavemente, controlando su cuerpo ebrio por la falta de energía, una de sus manos se estiró para alcanzarme, su piel gélida me dio un escalofrío al entrar en contacto conmigo. Esas pequeñas grietas que se apoderaban de su cuello y parte de su rostro viajaron a través de su brazo hasta el mío, como si me contagiara de ese mal. Cerré los ojos sólo sintiendo su presencia espiritual acercándose.
—Diviértete… —Susurró, abrí los ojos de inmediato. Carer ya no estaba allí, sólo ese campo de espigas y pasto seco, el árbol solitario. Giré suavemente hacia el grabado tallado en el tronco.
ESCÚCHALOS HABLANDO DESDE EL ORIGEN.
Desde la casa se escucharon risas tan fuertes como para surcar el largo trecho entre la morada y el árbol en el exterior, de pronto las ventanas explotaron y el fuego comenzó a comer la madera de la estructura violentamente.
—Aquí vamos… —Sonreí—. Vamos a movernos, vamos a divertirnos.
Continuará.
N/A: Quisiera partir diciendo que escribir porno no es lo mío, menos la escenita de Josh y Laura, por ello y por otras cosas (Como que realmente no es mí pareja favorita y es increíblemente forzada, pero necesito que tengan entreveres por el bien de los finales de esta historia) le he encargado a una amiga de confianza la tarea de escribir dicha escena plof! Y la verdad es que ella escribió como tres escenarios y yo tuve que decidir por el más destructivo, cuz' yis!
La vuelta de tuerca de la trama que tenía planeada al principio fue variada un poco, de partida, Hayley siempre y quiso ser el Protector y ahora lo es, cuando incluí a Seawi en verdad no tenía intenciones de usarlo más que un personaje más que terciario, pero ya saben cómo me pongo con los personajes randoms que a veces invento y luego se me ocurrió esta idea decidí llevarla a cabo.
¡Todo sea por los finales que ya se aproximan!
Y llegado a esta parte quiero agradecer a todos los que leen y han dejado un comentario loco por allí, se los agradezco con el corazón ¡Los quiero mucho!
Gracias y nos vemos en el siguiente capítulo.
En el siguiente capítulo: Dark Vessel.
En donde Hayley viaja a través de las memorias de Carer en busca del recipiente que contendrá la luz, mientras que Josh hace una dolorosa revelación a Laura.
