Y… ¿Hiashi?…

La joven mujer que tocaba el Shamisen en la habitación era una concertista profesional del país del fuego que había invitado para amenizar un poco el ambiente de su casa y quizás diera a sus hijas la debida instrucción para… Hiashi detuvo sus pensamientos, Hinata sabía, o al menos debía saber tocar el Shamisen porque tomó lecciones cuando era pequeña, así como Hanabi ahora ya debía poder interpretar algo aceptable con el Koto.

Entonces pues, ¿Por qué ninguna de las dos estaba ahí?

El sonido de una pieza de porcelana tocando la madera de ébano que formaba la mesita del servicio nuevamente lo interrumpió.

—Hiashi-sama…

Quien le hacía el servicio de té era otra dama joven, una empleada de la casa, por llamarla de algún modo ya que se le pagaba específicamente para atender esas ceremonias, era quien le hacía compañía y quien se quedaría un par de horas conversando al respecto de las noticias que rondaban tanto en la aldea como en el país y algunos datos de más allá de la frontera.

"Un periódico humano" la había llamado Hanabi.

"Un informante" era el nombre que había usado Hinata.

"Una geisha" era como correctamente se denominaba el papel de la mujer.

Enterarse de asuntos fuera de la casa era novedoso, inquietante y altamente indispensable para saber cómo mover sus fichas sociales, no se vivía solo con ostentar un apellido noble, había que mantenerlo en competencia con cualquier otro linaje que empezara a forjar su leyenda…

Aquella señorita venía cada viernes. Llegaba al medio día, y en ocasiones se retiraba hasta la puesta de sol, hablaba mucho, empezaba pausado y refinado como lo requería su oficio, pero a medida que se exaltaba cuando se tocaban temas de su particular interés, que había descubierto era política económica, su voz tomaba ritmos irregulares e incluso dejaba entrever gestos que de otra forma era casi imposible sacarle.

Quizás debería solicitar a alguna de sus hijas, algo tendrían que saber, especialmente Hinata que como Kunoichi graduada y con cierto número de misiones en el exterior. Informada debería de estar de lo que acontece en el mundo. Aunque ahora que lo mencionaba, con Hinata no había tenido conversaciones básicamente de ningún tipo…

—… ¿Hiashi-sama? — llamó ella; —Si lo desea puedo retirarme…

— ¿Considera que soy buen padre?

La pregunta pilló a la mujer por sorpresa, abrió sus maquillados ojos y los labios pintados de rojo trataron inútilmente de vocalizar algo un par de veces solo consiguiendo algunos tartamudeos entre los que consiguió articular un apenas audible: — ¿Disculpe?

—… Usted viene sin falta alguna cada viernes y sostenemos una conversación por horas, sin embargo, no puedo recordar un día en que ese mismo tiempo lo haya pasado con alguna de mis hijas no necesariamente entrenando…

Ella comprendió el punto, no respondió al momento, por primera vez sorbió el té que le correspondía y luego de unos momentos dijo; —No creo que sea un mal padre, usted ha sido el tipo de padre que le enseñaron a ser… un padre como lo fue el suyo, siempre sucede así, uno es como su propio padre…

Hiashi entrecerró los ojos, la respuesta no era del todo alentadora ya que él, en lo muy personal, no recordaba con alegría desmedida a su propio padre.

—… ¿Cómo…? ¿Cómo se supone que debería ser?

Ella volvió a mostrar en su rostro maquillado la vaga mueca de la duda, era de lo más complicado que habían hablado desde que le contrataron y de eso hacían ya algunos años.

—Quizás… Hay algo que sé, pero no me atrevo a mencionarlo por ser un tema indiscreto que no es de mi incumbencia y a la vez sin embargo, es muy conocido en conversaciones recurrentes…

—Hable por favor

—Hinata-sama— soltó casi en un suspiro; — ¿No cree que una chica de su edad debería salir? ¿De tener más compañía que su equipo ninja y sirvientas?

—Efectivamente, no es tema de su incumbencia— espetó el hombre consiguiendo que la otra girara la vista a la concertista que iniciaba la última pieza que tenía contemplada para interpretar en la casa Hyūga.

—Pese a la opinión pública, mis hijas no son prisioneras en esta casa, están en completa libertad de ir a donde les plazca y con quien consideren pertinente. Hanabi de momento se centra más en sus estudios, y eso lo decidió por voluntad propia, mientras que Hinata no sale porque no quiere, en ningún momento he preestablecido límite a sus horarios.

—… Yo he visitado esta casa desde hace tanto tiempo… Por favor Hiashi-sama, lo que diré pone en riesgo mi trabajo, lo sé y lo acepto, pero quisiera que me permitiera expresarlo hasta el final…

No hubo respuesta, así que asumió que estaba en derecho de continuar.

—No ha expresado con palabras los límites de su libertad, eso es verdad. Pero no es suficiente con eso, el mismo silencio también deja una variable sin comentar, especialmente en el carácter de Hinata-sama, ella busca la aprobación, la aceptación y el reconocimiento de usted, estoy completamente segura de que nunca hace algo sin pensar si estará usted de acuerdo o no, y como no dirige palabra al punto en cuestión, es natural que ella también lo ignore, si usted no lo ve como importante enfatizando el hecho, ella también lo ignorará, al menos en apariencia.

De nuevo Hiashi no habló.

Las cuerdas del Shamisen sonaban acompasadamente en el silencio sepulcral formado por la pareja.

De momento Hiashi se puso de pie y caminó a la salida, antes de abandonar la habitación y sin girarse llamó a la mujer; —La espero el siguiente viernes— a continuación el patriarca dejó de formar parte del campo visual de la dama, casi enseguida esta se llevó las manos al pecho y suspiró con gran alivio; —Gracias al cielo, aún tengo trabajo…

La concertista sonrió sin perder ni por fracciones de segundo el ritmo de la melodía.

Los pasos de Hiashi se perdían en los pasillos de la casa, caminó directamente hasta la puerta principal que era donde, sin necesidad de recurrir a la técnica de su familia o en todo caso a un sondeo de chakra sino que gracias a los poderosos ladridos y sonoras carcajadas, supo que estaba Hinata.

Su silueta se puso en el vano y Kiba cerró la boca casi enseguida al tiempo en que Hinata baja la cabeza inclinándose para saludar al igual que Shino.

—No tardo padre— fue lo que dijo ella consiguiendo que él frunciera el ceño, no le había exigido que despidiera a sus compañeros.

Sin decir más volvió a entrar a la casa, quizás era momento de decir algo, pero… ¿Qué?

Se dirigió en esos momentos a su despacho encontrándose en el camino con Hanabi que regresaba de la escuela, la pequeña también le saludó inclinando la cabeza; —En cuanto me cambié iniciaré con los deberes— le dijo consternándolo, él no le había exigido empezara a hacer la tarea, bien podía, si así lo quería, tomar algún refrigerio antes.

Y con un nuevo intento de conversación muriendo en el pasillo, Hanabi se retiró a su habitación.

En la cena, lo intentaría en la cena, preguntaría un poco sobre cómo les iba y entonces sugeriría que… algo se le tenía que ocurrir.

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La vez pasada resultó un fracaso, respuestas escuetas "Sí" o "No" y nada que diera de manera casual la insinuación de que él no era ningún villano captor. Pero la siguiente ocasión sin duda lo lograría.

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Tal vez para la próxima…

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O para la siguiente…

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Quizás la que veía…

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No había excusa, tenía que ser la siguiente…

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Hiashi Hyūga se consideraba como un hombre determinado, altamente competente y eficiente para resolver cualquier problema que se interpusiera entre él y su objetivo. Pero esto era el colmo, no podía hablar con Hinata sin que ella contara los anillos de la madera del piso, ni con Hanabi sin que la pequeña terminara entendiendo que su formación ninja era prioridad sobre cualquier otra cosa.

Y así como Hiashi sabía sus capacidades, conocía también sus limitaciones y como buen ninja, consideraba prudente pedir refuerzos cuando sus habilidades se veían mermadas. El otro punto a considerar, era la persona a quien recurriría en semejantes circunstancias, y aunque en un principio contempló a Neji, realmente, luego de hora y media de permanecer de pie mirándolo sin que este se atreviera a moverse en espera de alguna indicación, decidió que no era viable.

Precisamente por esa razón Tenten estaba en su despacho mirándolo con cierta consternación que le recordaba el rostro de sus hijas cuando mencionó que a él no le molestaba que "un chico" las visitara de vez en cuando.

Requería de alguien con más sensibilidad y facilidad para aquello de relacionarse con gente y fuera del clan conocía a muy poco gente que además, estuviera en un rango de edad para "ese tipo de cosas".

Tomo aire y solemnemente relató en pocas palabra su objetivo, deseando que no se malinterpretaran las cosas. La joven maestra de armas arqueo una ceja primero, luego inclinó la cabeza y finalmente esbozó una sonrisa.

— ¿He sido claro?

—No en realidad— respondió la chica poniéndose de pie; —Pero además de especialista en armas, creo que me he vuelto experta en entender Hyūga's— agregó riendo; —Le armaré una cita a Hinata, no se preocupe

—Espero comprendas mi posición y la necesidad de que, ante cualquier cosa, haya discreción.

—Lo comprendo

Hiashi inclinó la cabeza y señaló con la mirada un sobre blanco que descansaba en la fina madera del mueble.

—Por favor, lo que requieras tómalo de ahí.

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Tres semanas exactas se cumplían desde que había encargado la "misión" a Tenten. Se puso de pie en un movimiento y abrió la ventana de su dormitorio. El aire frío de la madrugada le dio el "Buenos días" y enseguida se dispuso a empezar su día…

Domingo, era domingo.

El sol aún no salía y él ya estaba fuera de su casa, minutos más tarde al patriarca del clan Hyūga se le encontraba en el cementerio familiar mostrando sus respetos.

Y como cada domingo dejaba libre el mismo pensamiento: "No sería tan complicado ser padre si no estuviera solo…"

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La noche había caído, el cementerio estaba completamente oscuro, Hiashi dio por terminado su jutsu de camuflaje, se puso de pie, abrió los ojos, hizo su reverencia de despedida y tomó camino de regreso a su casa.

Podía meditar en el Dōjō cuando las dudas sobre la inversión en el mercado y una nueva secuencia de puntos de bloqueo se aparecía como técnica nueva para el arsenal Hyūga. Podía hacerlo… Pero la faceta profesional no se parecía mucho a la personal, por más triste que se escuchara, no había nada en su hogar que lo ayudara a disipar las dudas sobre cómo hacer para sacar adelante a dos hijas que no precisamente lo adoraban.

Su acompañante de los viernes debió hablar con Hinata respecto a ciertos temas de exclusiva índole femenina.

Con las manos a la espalda sus pasos se escuchaban débilmente sobre la grava.

Las luces de la casa se mostraron al final del camino, en el portón había un par de sirvientas murmurando con otras de las casas vecinas; — ¿De verdad?

—Sí te juro que Neji-sama no hizo nada luego de que Tenten-san lo abofeteara, yo lo vi, fui a recoger el encargo de Tokuma-sama

—No te creo

Las mujeres guardaron silencio en cuanto el patriarca del clan se aclaró la garganta, una en particular se mostró notoriamente ruborizada.

— ¿Sucedió algo en mi ausencia?

—Hanabi-sama y Hinata-sama tuvieron visitas…

Los ojos opalinos del hombre tuvieron por una fracción de segundo un brillo inusual.

—Salieron con él toda la tarde, Neji-sama salió después así que no hubo nadie en la casa señor.

—Ya veo

Siguió su camino

—Hiashi-sama— llamó la sirvienta cuando el hombre se disponía a seguir el caminito del jardín hasta la entrada de la casa; —Tenten-san, la compañera de equipo de Neji-sama me pidió que le dijera que estaba hecho, que la disculpara por no venir a reportarse pero tenía que atender otro asunto.

—No hay problema

Otro par de pasos justo alcanzando la puerta corrediza del vestíbulo de acceso.

—Hiashi-sama…

La sirvienta había pasado de nerviosa a casi aterrada, él la miró indicándole que continuara, si es que de verdad tenía algo que decir.

—Yo… es que sucede que…

Hiashi la iba a ignorar y seguir de largo.

—Konatsu-sama está de visita

Y Hiashi frunció el ceño, aquella mujer solo venía los viernes y porque él la solicitaba específicamente a ella de entre todas las damas de la casa de té.

— ¿Qué es lo que quería?

—Hanabi-sama la ha mandado llamar

— ¿Mi hija? — casi enseguida mentalmente se dijo "No hay otra Hanabi en la casa". Con mayor razón entraría, algo raro sucedía, pero entonces la sirvienta gritó: — ¡Hiashi-sama!

Pero fue demasiado tarde, el patriarca ya había visto a la geisha y dos sirvientas inclinadas sobre… Por un momento no supo exactamente cómo debía reaccionar, su rostro tan inexpresivo como cualquiera de su clan solo se mostraba relajado en los labios. Lo estaba viendo, lo presenciaba con sus propios ojos: el guardián dragón de terracota que se colocó como primera pieza de la casa cuando el clan se fundó en Konoha. El regalo elaborado por las propias manos del gran maestro primer Hokage. El máximo objeto de presunción de Hiashi Hyūga… había perdido la oreja derecha…

Así que eso hacía Konatsu en ese lugar, por supuesto, en la academia de la casa de té enseñaban de todo incluyendo cerámica.

Hanabi…

Entrecerró los ojos endureciendo más las facciones.

—Exactamente ¿Qué fue lo que pasó?

Las tres mujeres se inclinaron con las manos enlazadas al frente, la sirvienta que estaba detrás de él y le había interceptado desde la entrada tragó saliva…

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Miraba al dragón, miraba la ausente oreja y la mancha en la alfombra, parecía que Hanabi no regresaba aún, Hinata estaba en su habitación y Neji tomaba un baño.

Hiashi escuchó al escandaloso compañero de Neji en la puerta y apenas inclinó la cabeza cuando le saludó.

— ¿Está Hinata-chan?

Él asintió aunque ya habían ido a buscar a su hija mayor.

Miraba al dragón, miraba la ausente oreja y la mancha en la alfombra, y por más que se empeñaba no conseguía estar lo suficientemente molesto como para reclamar cabezas aunque la sirvienta ya había indicado que la pieza fue víctima de la rubia visita Uzumaki, y que sus hijas y Neji estaban presente, pero si estaba Naruto Uzumaki dejaba descartada a Hinata como testigo porque seguramente no había prestado atención a otra cosa que no fuera aquél muchacho.

—Buenas noches padre— saludó tímidamente Hinata.

— ¿Y tu hermana? — preguntó Hiashi en automático.

—No lo sé…— respondió Hinata; —Acabo de llegar— agregó dócilmente. Él por su parte solo indicó vagamente al chico a su espalda.

Miraba al dragón, miraba la ausente oreja y la mancha en la alfombra. No realmente no estaba molesto, en realidad le había entrado un poco de melancolía. El pánico de las sirvientas y el de sus hijas por una oreja de terracota. Hasta su acompañante se le notaba preocupada, ni que fuera a matar al culpable…

— ¡Buenas noches Hinata-chan! — exclamó sonoramente Lee agitando los brazos para hacerse notar; —Buenas noches Lee-kun… ¿Ya llamaron a Neji-oniisan?

—No, yo vengo a buscarte a ti

Miraba al dragón, miraba la ausente oreja y la mancha en la alfombra y momentáneamente dirigió la mirada a la pata de la pieza donde de manera casi imperceptible se encontraba la unión que habían hecho Hizashi y él hacía más de treinta años. Casi volvía a sentir el terror que le causó ver que mientras jugaba con su hermano habían dejado que la pelota entrara a la casa derribando la alabarda ornamental que mutiló al dragón. No sería capaz de darle a Hanabi la tunda que le dieron a él y a su hermano cuando su padre se dio cuenta de lo ocurrido, pero tampoco podría hacerse el desentendido cuando ni siquiera logró encubrir su crimen…

— ¿En qué puedo ayudarte?

—Solo traje esto— agregó el chico poniéndose de pie en un rápido y ágil movimiento; —A Naruto se le olvidó, ayer en la tarde se la pasó escogiendo el regalo y se le olvido— dijo sonriendo y levantando los pulgares una vez que el regalo estuvo seguro en manos de su dueña; — ¡No importa que el amor nos vuelva despistados! — gritó alzando un puño; — ¡El amor es la esencia de la juventud! — y con eso saltó hasta la puerta principal; —¡Buenas noches Hinata-chan! ¡Buenas noches Hiashi-sama!

Miraba al dragón, miraba la ausente oreja y la mancha en la alfombra…

—Quiero a Hanabi verte en mi despacho ya… a Neji también— indicó el patriarca del clan tras salir del transe en el que parecía estar.

—Neji-sama está tomando un baño— indicó una sirvienta.

—Eso me dijeron hace una hora ¿Quiere ahogarse o qué?

—Le informaré Hiashi-sama

Sería un excelente momento para mostrarse piadoso, diría a Hinata algo respecto a su cita y la llevaría al salón de té para que le contara lo ocurrido, sí, la primera cita era un momento memorable, recordaba su primera salida con quien fue su esposa. El olor de las rosas, los crisantemos, los lirios flotando en el agua… recordaba como ella no podía dejar de hablar sobre lo perfecto que fue ese día y las veces que contó todo a cuanta persona se le pusiera enfrente. Si, escuchar a Hinata hablar sería agradable y quizás, tomaría el consejo de su acompañante y expresaría abiertamente que no le molestaba en absoluto que saliera con Naruto.

No esperaba que Hinata se lanzara a sus brazos y le besara ambas mejillas, demasiado daño debía ser sanado pero si solo pudiera estrechas la situación… Hablaría, tenía que ser ahora: —Hinata, hay algo que…— Hiashi ya estaba hablando solo, Hinata había corrido a encerrarse en su habitación.

Cerró los ojos.

.

Luego de una hora y media descubrió que Neji no quería ahogarse en el baño, o si ese había sido su deseo realmente se vio frustrado por su insistencia en llevarlo al despacho.

— ¿Saben cuántos años tenía ese dragón en la casa?

—Sí— respondieron los dos testigos de la mutilación de la figura con la mirada baja.

— ¿Sabían que esa alfombra la enviaron desde Suna cuando se firmó el primer tratado de paz?

—Que para el caso no respetaron, la manchita podría simbolizar eso— aclaró la pequeña como broma por la que no podía culparla, él mismo había pensado en mandarla de regreso a Suna con una bomba incluida; — Neji-oniisan no tuvo que ver padre, yo traje a Naruto-san a la casa sin avisarte

—Pero según me dicen estaba ahí cuando sucedió y bien pudo evitarlo… Hanabi, vete, contigo arreglo todo mañana

—Pero…

—Vete

—Si padre— y la menor se fue.

De momento no tenía castigo para ella, pero algo bueno se le tenía que ocurrir… Distrajo su atención de momento, eso ya era el colmo, Neji estaba nervioso y podría decirse que asustado.

—Hanabi… escuchar sin permiso es de mal gusto— dijo tras un rato el patriarca. El más joven de los que se encontraban en la habitación se sobresaltó un poco, era verdad, su prima aún estaba al otro lado de la puerta, pero al menos Neji no lo había notado.

—Neji…— llamó para tener su atención, cosa innecesaria porque el joven era lo único que esperaba; —Solo quiero que le digas a Tenten que fue muy obvio el detalle, le pedí discreción.

Porque claro, tinta, kunais, shuriken, escombros y demás percances no era lo que tenía en mente.

—Vete Neji, eso era todo

Pero el chico se quedó ahí sentado y quien debió salir fue él. Aún no era tarde y para ir a su habitación le faltaba un tramo por recorrer, sus pasos lo guiaban silenciosamente cuando una presencia ajena lo detuvo.

Una mujer de elegante kimono verde permanecía sentada solo mirando al Suikinkutsu llenarse de agua de la fuente y golpear el agua almacenada produciendo un agradable sonido parecido al de una campana.

Su ceño se frunció más ¿Es que esa mujer no se iba creyendo que mataría a sus hijas por una oreja? ¡Qué atrevimiento!

—Hanabi-san me pidió que preparara su té, me comenta que no gusta de las infusiones que hacen las empleadas

Hiashi no respondió.

—Hanabi igualmente tendrá su castigo aunque le haya pagado para evitarme el mal rato por ver cómo esas jovencitas rompen el servicio… ¿Me escuchaste?

Hanabi escondida al otro lado del pasillo inclinó la cabeza; — ¿Y si le pago para que venga toda la semana? — preguntó desganada y jurando nuevamente que Naruto pagaría cara esa oreja.


u.u

Pues fracasé rotundamente, ni pude terminarlo para el 18 ni conseguí que Hiashi se montara en el monociclo e hiciera malabares para hacerles reír…

Pero quedó larguito y creo yo que explicativo XD

Les recuerdo, explico lo de Ino y Shino y me lanzo a la venganza de Hanabi.

¡Gracias por leer!