Al ver las gafas en el suelo Clara pensó que había sucedido lo peor. Sin embrago, Gatomon halo de su larga falda llamándole la atención.

- Espera. Escucho pasos afuera del castillo. Se está alejando. – dijo Gatomon trotando hasta la puerta principal.

Clara y Veemon la siguieron hasta la entrada. Al abrir la puerta pudieron ver desde la escalinata de piedra que por el oscuro terreno pantanoso caminaba Carlos lentamente en dirección opuesta.

- Espera! – gritó Clara bajando por la escalera que se retorcía hasta el blando terreno pantanoso.

Carlos apretó el paso para no dejarse alcanzar pero finalmente se detuvo al notar la insistencia de sus amigos.

- ¿Qué te pasa? – preguntó Clara confundida y molesta al mismo tiempo.

- Me largo de aquí... – respondió Carlos sin mirar hacia atrás produciendo una sensación de desazón no solo en Clara y su digimon. Veemon podía sentir que Carlos había perdido la fe y e entusiasmo.

- Vaya líder el que resulte ser...- protestó Carlos. – Yo no sirvo para este trabajo... Prefiero irme antes que suceda algo peor. – dijo el bajando los hombros con resignación.

Clara no le gusto esa actitud y estaba dispuesta a no resignarse a dejar que su amigo se fuera de ese sitio asi nada mas.

- ¡No puedes hacer esto! – reviró Clara frunciendo el ceño. – ¡Escúchame! Todos te escogimos como líder. No puedes abandonar así a tus amigos.

Carlos guardó silencio. Se sentía frustrado e incapaz de velar incluso por si mismo.

- ¿No te preocupa lo que pueda pasarle a Aurora, a Héctor o a la pequeña Leslie? Ellos confían en ti Carlos. Tus amigos te necesitan... Yo te necesito... – dijo Clara sintiendo comezón por todo su cuerpo.

Con estas palabras Carlos dio la vuelta y observó el pálido rostro de Clara. Sus ojos verdes le decían que no debía claudicar. Se aproximo a ella con una sonrisa y la tomó de las manos.

- ¿Que haces...? – dijo Clara soltando una risita leve y ruborizándose todo el rostro.

- ¿Escuchaste lo que dije allí adentro¿verdad? – preguntó Carlos temeroso de mirar directamente a los ojos de su amiga.

- Si. Eso fue lo que me despertó de ese trance. El te expulsó de ese salón en cuerpo pero no en alma. Tu alma estaba allí conmigo...

Gatomon tenía en sus manos enguantadas las gafas de aviador. Al notar un signo de reconciliación ella llamó a Veemon a su lado.

- Vé. Entrégaselas. – dijo Gatomon con una sonrisa a su amigo poniendo las gafas de aviador en las manos de la criatura azul.

- Gracias. – dijo Veemon tomando las gafas en sus manos y luego camino lentamente hasta donde estaba su amigo.

- Ejem...Siento interrumpirlos... Pero creo que debemos hallar la forma de salir de aquí. – dijo el dragón azul aproximándose con cautela hacia donde estaban los dos humanos.

Carlos soltó las manos de Clara lentamente y miro hacia abajo donde estaba su compañero.

- Tienes razón. – dijo Carlos tomando las gafas en sus manos. – Debemos seguir para ayudar a nuestros amigos. Acto seguido. Se puso las gafas de aviador sobre su cabeza y con un espíritu resoluto activo su digivice esperando que uno de los nuevos poderes que les había sido entregados funcionaran a su favor.

Con un nuevo brillo el terminal de color blanco se abrió y resplandeció por unos instantes. Y luego, el cuerpo de Veemon se alargó y cambio de forma.

Se había convertido en un animal que parecía un lobo cubierto con una armadura de color azul oscuro. De su frente se extendió un cuerno en forma de trueno que emitía fulgurantes relámpagos.

Carlos observó a la nueva criatura anonadado y al mismo tiempo veía que en el terminal se había resaltado el símbolo en forma de grano de café con dos puntas a los lados y debajo el mensaje en letras rojas decía: AMISTAD.

En el digivice se podía leer:

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Raidramon

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- Suban! - Dijo la criatura acurrucándose en sus cuatro enormes patas para permitir que Carlos, Clara y Gatomon pudieran subir.

- ¿Hacia donde? – preguntó Carlos.

- Mira. El punto rojo en el mapa del digivice, recuerdas? – dijo Clara mostrando en su digivice la orientación del mapa.

- Vamos entonces! - Gritó Carlos y como una exhalación la nueva criatura cabalgó por el terreno pantanoso como un rayo.