CAPÍTULO 20
Se desperezó en la cama algo aturdido y miró el reloj. Eran la nueve de la noche. Habían dormido una buena siesta, pero no era para menos.
La observó a su lado, acurrucada en su pecho con expresión tranquila y relajada. Sonrió al pensar en la resaca que tendría al despertar.
Lo cierto es que había pasado un día estupendo. Aunque no había tenido ninguna gana de ir al almuerzo lo había disfrutado. El Sheriff era un gran tipo y le había contado cosas que no podía sospechar que siguieran ocurriendo. Definitivamente Gardiner era la América profunda.
Y luego ver cómo Kate llegó hacia él, cómo lo miraba y como lo besó sin pudor… Si, había sido un gran día.
Comenzó a acariciar su espalda y como vio que no reaccionaba le levantó la barbilla ligeramente y puso sus labios sobre los suyos mientras su mano se dirigía peligrosamente a uno de sus pechos.
- Déjame!- gruñó ella dándole un manotazo- Me estalla la cabeza!
Se giró dándole la espalda y siguió durmiendo, aunque ahora fruncía el ceño.
Vaya. Se acabó tu suerte, tío- se dijo a sí mismo
Se levantó de un salto y cogió una bolsa de su comida de la nevera. Avivó el fuego y se puso la tele. Cambiaba de canal con aburrimiento porque no encontraba más que basura en la maldita programación.
Decidió cotillear en el mueble del televisor. Quizás Hugo tenía alguna película interesante. Abrió la portezuela y encontró una colección más que completa de dvd´s de temática vampírica. Desde el Drácula de Bram Stoker hasta las insufribles del pesado de Pattinson. Lo cierto es que empezó a ver la primera de sus películas, pero le pareció tan ridícula que no la terminó. Vampiros que brillan- gruñó con desgana
Cerró la puerta y volvió a sentarse frente al televisor. Hugo era un friki, sin duda. Como se había transformado recientemente parecía que había querido informarse de lo que era ahora, y no se le ocurría mejor forma que tragarse toda esa basura en la que los vampiros eran seres extraordinariamente poderosos, encantados de ser bestias y con mucho éxito entre las mujeres.
Se imaginó al bueno de Hurley ligando con tías en plan Lestat y no pudo más que sonreír. Debería explicarle algunas cosas en cuanto tuviera ocasión.
Tras dar un par de vueltas con el mando a la programación decidió dejar el partido de los Red Socks vencido por el aburrimiento.
Pero por lo visto, con ella en su vida no había tiempo para eso. Giró la cabeza y allí estaba ella. Con un careto espantoso apoyada en el marco de la puerta del dormitorio.
- Se puede saber qué haces ahí, Ford?- gruñó con los ojos entornados
- Ver la tele- contestó él divertido
- Ven a la cama, anda- dijo Kate haciendo un gesto de aburrimiento
- Mmmm. Pensé que no te apetecía…
- Y no me apetece. No te hagas ilusiones. Pero no me gusta dormir sola
- Y eso desde cuándo?- dijo él quitándose la camiseta con rapidez
- Desde que me he acostumbrado a tener un oso al lado que se apodera de las sábanas y de toda la cama
James se tumbó exactamente en el centro y la miró con una sonrisa
- Bien. El oso está en su sitio. Ahora tendrás que ponerte encima de él
- Justo lo que necesitaba- dijo ella sonriendo mientras se acurrucaba en su pecho- Me duele la cabeza horrores
- Imagino. Suerte que el oso sabe dar masajes, en la cabeza, por supuesto- James comenzó a describir círculos con el pulgar justo en la sien, que era el lugar donde más lo necesitaba
- Mmmm. Perfecto- suspiró ella- No pares
- Has contado las veces que me dices eso a lo largo del día, pecas?
- Idiota- rió ella
Se relajó en sus brazos. Sintiendo sus caricias en su cabeza y escuchando el latido de su corazón acompasado con el suyo.
- Hoy has estado estupendo
- Lo se. Tú también, pecas
- No me refiero a… eso. Quiero decir en el almuerzo, con la gente. No sabía que podías ser tan sociable y tan encantador
- No soy sociable. No puedo- el tono de James se había vuelto gris de pronto
- Si que puedes, James. Aunque tengas que marcharte cada cierto tiempo. Podrías tener amigos, no tendrías que estar sólo, sabes?
- Duele demasiado, Kate. Es mejor no involucrarse con gente que sabes que tendrás que abandonar tarde o temprano
- Nunca lo has intentado? Nunca has tenido un amigo?- dijo ella alzando la cabeza para poder mirarlo a los ojos
- Una vez tuve uno. Se llamaba Jin y combatimos juntos en la segunda guerra mundial. Era un buen tipo y cuando terminó la guerra fui su padrino de boda- su sonrisa era melancólica
- En serio?- dijo ella sonriéndole
- Vivíamos en Hawaii. Era una buena época. La gente estaba feliz y en paz después de años de guerra y bueno, ya sabes… Hacíamos barbacoas y esas cosas. Sun y Jin tuvieron una niña, tomábamos cervezas en el porche, cosas normales hasta que…
- Tuviste que marcharte- dijo ella con tristeza
- Tuve que hacerlo. Empezaba a ser peligroso. Cuando a Jin le salió su primera cana supe que era el momento. Llevaba doce años allí y a mi nunca me saldrían, así que me fui a Europa.
- No supiste nada de ellos después?- preguntó ella
- No quise. Ni siquiera los llamé por teléfono, pero cuando regresé cometí una estupidez. Volví a la casa donde vivían imaginando que ya no estarían allí. Deberían haber muerto ya, y vi a Ji Yeon. Se había convertido en una mujer preciosa, como su madre. Y ella me reconoció.
- Cómo?- dijo Kate sorprendida
- Teníamos fotos juntos, con sus padres, de su boda, de los cumpleaños de ella… Pero yo tenía una historia preparada. Me llamaba Michael y James era mi padre muerto recientemente.
- Y se la tragó?
- Por supuesto. Ella sí, pero Sun no.
- Viste a Sun?
- Insistió en hacerme pasar. Jin había muerto cinco años antes y Sun tenía Alzheimer. Pero en cuanto me vio me recordó y comenzó a llorar… La chica no sospechó nada, pensó que yo era muy amable al seguirle la corriente a su madre, pero fue muy duro. Jodidamente duro.
- Ya no estás solo, James- dijo ella acariciando su rostro con ternura- Ahora estamos juntos y podemos estarlo siempre. No tenemos que esperar a que me salga la primera cana. No tiene por qué haber más despedidas. Has pensado en ello?
- No he dejado de hacerlo desde que te conocí- dijo él con sinceridad mirándola a los ojos
- Entonces?- preguntó ella tímidamente
- Simplemente no puedo hacerlo. No puedo hacerte eso, Kate
Ella volvió a recostarse sobre él acariciando su pecho.
- Crees que tengo derecho a una vida. Que podré rehacerla después. Formar una familia normal y tener niños, pero no podría, James. No podría olvidarte nunca y no quiero llegar a los ochenta años esperando que un día aparezcas.
- Duérmete- dijo él acariciando su cabello- No tenemos que decidir esto ahora.
- Eres tú quien tiene que hacerlo. Yo ya he decidido- dijo ella
- Duérmete, pecas- dijo suavemente
Se despertó temprano. Ella aún dormía a su lado y James se escabulló sin despertarla saliendo de la cama. Había un ruido en la cocina, y se dirigió hacia allí sigilosamente.
- Maldito bicho- gruñó al ver cómo el gatito escarbaba entre el paquete de bacon que había sobre la encimera
El animal se erizó enseguida y adoptó una postura de ataque bastante ridícula dado su tamaño y el de su adversario.
- Qué pasa, tigre? Vas a ponerte chulo?- dijo mirando fijamente al animal- Te advierto que no te conviene, amigo
No pudo evitarlo. Se acercó despacio al gatito y sacándole los dientes emitió un gruñido que hizo saltar al animal y correr despavorido mientras él reía con ganas
- Te parecerá bonito- dijo Kate a su espalda con desgana
- Hay que enseñarle quién manda- dijo James sonriendo
Ella le empujó y abrió la despensa buscando el café. Tenía una pinta horrible. El pelo enmarañado, profundas ojeras y una palidez en su rostro que indicaba a las claras que la resaca estaba siendo feroz.
- Estás horrorosa, cielo- dijo James sonriendo
- Gracias, amor- gruñó ella de mala gana
- Qué putada, verdad? Es una de las cosas buenas que tiene ser vampiro. No tenemos resaca- picarla era inevitable
- Recuérdame que huya del ron la próxima vez- dijo ella sentándose a esperar que se hiciera el café mientras se sostenía la cabeza con ambas manos
- En serio? Tenía pensado comprarte una botella hoy. Te pusiste tan…
- Borracha?- dijo ella mirándolo
- Sexy- dijo James ladeando la cabeza
- Pero hoy estoy horrorosa
- Eso tiene arreglo- dijo él sonriendo mientras le servía el café- Un buen desayuno, un par de aspirinas y una ducha y como nueva
- Ni sueñes que voy a volver a emborracharme sólo para que tú eches un buen polvo, Ford
- Perdona?- se cruzó de brazos mirándola divertido- Hasta donde recuerdo el polvo lo echaste tú también y no fue bueno, fue espectacular. Te retorcías gimiendo como una…
- Cállate!- interrumpió ella agarrándose la cabeza- Y tráeme las putas aspirinas
- Vale, vale- dijo él riendo
Lo cierto es que lo recordaba perfectamente- pensó Kate sonriendo una vez que él desapareció de su vista- Había sido algo increíble. El día entero lo había sido. Parecía que las cosas iban bien entre ellos. Él estuvo encantador con la gente, riendo con el Sheriff, acaparando la atención de las mujeres del pueblo sin pretenderlo, y esa sonrisa que lució era sencillamente irresistible.
Pero lo mejor fue que le abriera su corazón de ese modo, y que por primera vez parecía considerar lo que ella le había propuesto. Al menos no lo había rechazado de plano como la última vez.
- Toma- dijo él entregándole las aspirinas. Se agachó frente a ella y le mostró de nuevo sus hoyuelos- Crees que podríamos repetirlo sin el ron?
- Dame un par de horas- dijo ella sonriéndole
- Genial! Iré mientras al pueblo a comprar porque tu jodido gato se ha comido el bacon- dijo saliendo de la cocina
- Un par de horas, Ford. No tardes más o perderás tu oportunidad- gritó ella mientras se marchaba
Lo escuchó pelearse con el motor del coche que no se decidía a arrancar hasta que finalmente consiguió ponerlo en marcha.
Se tomó el café con las aspirinas y se metió en la ducha relajándose y recreándose. Al fin y al cabo tenía dos horas. Y mucho tiempo por delante para convencerlo de que la convirtiera en vampiro.
Poco a poco se fue encontrando mucho mejor, y cuando se visitó decidió ir a la cocina a ver si encontraba algo de comer. Algo dulce. Empezaba a tener hambre y rebuscó entre los armarios de la despensa esos bollos con pepitas de chocolate que había comprado en la tienda de Claire. Creía recordar que no los había terminado todos.
- He dicho dos horas!- dijo sonriendo al escuchar la puerta de la cabaña
Pero su sonrisa se congeló en su rostro cuando se giró y vio en el salón a Juliet.
