Desclaimer: Los personajes de SS Lost Canvas no me pertenecen, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Tenshirogi.

Broken Blossom

Chapter20

Esa noche, tal como había pedido Agasha, Shion estaba sentado al lado de la cama de Albafika. Afuera, la noche parecía engullir con su oscuridad a todo ser vivo que rondaba desprevenido alrededor del santuario. El lienzo que Alone pintaba sin descanso había opacado las estrellas mismas, lo que contribuía a la terrible sensación de vacío que reverberaba en el alma de los santos de Atena.

Albafika dormía profundamente, gracias a una de las medicinas de Agasha, ya que la muchacha prefería que su cuerpo reposara en sueño casi constante, de esa forma recuperaría las fuerzas más pronto. Shion leía un libro prestado por Degel, el cual se hallaba en Bluegrad junto con Kardia. Había un asunto de suma urgencia que atender allí, por lo visto, algo relacionado con Poseidón, que hasta la fecha, no había deseado despertar. Shion bajó su mirada de la página que estaba leyendo, ya por tercera vez, ofuscado por su falta de concentración esa noche. Para que mentirse a sí mismo, estaba muy preocupado por sus compañeros, ni hablar que pronto irían en pos de las almas de Hypnos y Thanatos, y aunque gracias a Agasha muchas vidas fueron preservadas, pensaba Shion, girando sus violáceas pupilas hacia la durmiente forma del santo de Piscis, no sabía por cuánto tiempo más podrían sostener esta situación. Para colmo su maestro, Sage, y su hermano Hakurei serían los que irían en pos de tan terrible misión junto con Manigoldo, muy probablemente su última misión... ¿qué sería del santuario sin el patriarca? Shion se removió inquieto en su asiento, cerrando el libro y dejándolo a un lado. De desperezó cuan largo era, y como no llevaba puesta su armadura, le era más fácil; luego se levantó enfilando hacia la cocina, necesitaba urgente una taza de té.

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Agasha estaba en su sala especial para concentrarse, rodeada de sus vestales que la auxiliaban y escribían lo que ella les dictaba. Su cuerpo relajado y sus ojos cerrados daban a su aura una falsa apariencia de serenidad, sólo de vez en cuando la doncella fruncía el ceño en profunda concentración, o por ver algo que la perturbaba.

En cuanto abrió los ojos, suspiró agotada, pero una leve sonrisa agraciaba sus labios, ya sabía cómo destruir el lienzo, pero para eso, necesitaba a todos los santos dorados con vida. Sabía que Degel y Kardia habían ido a Bluegrad, pero también sabía que podían llegar a morir si no les daban una mano otros santos, por lo que Asmita y Elcid les seguían el rastro a una distancia prudencial. Agasha tenía muy en claro que si había hielo que cortar, el santo de Capricornio era el más indicado para el trabajo, además de que si tenían que lidiar con alguien con algún desequilibrio emocional, Asmita podría ayudar de lejos. Estaba tranquila por esos dos... aunque a veces Kardia fuera un poquito difícil de controlar; se parecía un poco a Manigoldo, ambos eran audaces e impulsivos por naturaleza. La muchacha movió la cabeza de lado a lado al venírsele a la mente la forma poco ortodoxa del santo de Cáncer de mostrar preocupación por alguien... ¿cómo había dicho Albafika? ¡Ah, sí! Que su preocupación era algo 'abrasiva'.

"La oscuridad que predomina en ese malvado lienzo sólo puede ser destruida por un rayo de sol" Dictó Agasha a las otras dos muchachas, que enseguida tomaron nota. La doncella oráculo suspiró, estaba agotada, y el sol apenas si comenzaba a asomar tras grandes nubes grises, que de seguro traerían lluvia pronto. Agasha salió de la habitación y observó el cielo, aún no todo estaba cubierto por el lienzo, y sabía que la batalla decisiva se acercaba a pasos agigantados, y para ser franca, la joven deseaba que toda esta pesadilla terminara de una vez por todas; nunca se había dado cuenta hasta que punto podría extrañar su hogar en la isla de Creta. Los días en los que Albafika y Manigoldo la habían encontrado parecían tan lejanos ya, el otoño pronto acabaría, dando lugar a un frío invierno, el cual Agasha deseaba pasar en la isla y no en el santuario, pero lo que ella quería y lo que podía hacer eran cosas muy diferentes. Con un largo suspiro de resignación, se ajustó su manto color verde musgo a los hombros y caminó hacia el salón del patriarca.

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Dos largos días más pasaron sin muchos cambios, al menos no hasta que en la tarde del segundo, Shion divisó una forma aparecer de repente en las puertas de su templo; era Manigoldo, que estaba muy mal herido y de rodillas donde había aparecido. Shion no lo pensó mucho para ir hacia él. Cuanto más se acercaba al santo caído, se dio cuenta de que el santo de Cáncer sangraba por muchos lados, su rostro era casi irreconocible tras toda la sangre, su capa estaba hecha jirones y parecía traer algo bajo el brazo.

"¡Manigoldo! ¿Estás consciente? ¿Qué pasó?" Inquirió Shion, pasando un brazo del caballero herido por su hombro, tratando de que se levantara. Manigoldo le sonrió como pudo, pero en sus ojos azules nunca se reflejó ese gesto.

"Mal..maldición... creo que... estoy hecho... pedazos... maledettos dioses" Murmuró Manigoldo, dejando que Shion lo cargara hasta su templo, donde lo entró en sus cuarteles y lo dejó sentado en una silla.

"Shion; el viejo te manda esto" Le dijo, tendiéndole con una mano el casco del patriarca. Shion al principio no sabía qué hacer de tan impresionado que estaba, pero no tardó mucho en tomar suavemente el legado de su maestro.

"Dijo que tú serías... buen líder" Terminó de decir el santo de Cáncer, Shion lo miró estupefacto, ¿acaso él era lo suficientemente bueno para ser el siguiente patriarca? Dejó el casco a un lado y envió telepáticamente un mensaje a Agasha, para que viniera a darle una mano con Manigoldo, que apenas si se mantenía en la silla.

Agasha atendió la llamada de Shion al instante, tomando su canasta con ungüentos y vendas y corriendo hacia el primer templo. Pasó por el de Albafika primero, que la siguió al instante, pues ya estaba de pie y andando.

"¿Regresó Manigoldo? Su presencia es tan débil que no sé si fue idea mía" Dijo Albafika, mientras iba al lado de Agasha, llevando su canasta.

"Sí, está muy herido según me dijo Shion, está en el templo de Aries" Le contestó la joven, su rostro una máscara de preocupación.

"¿Y el patriarca Sage?" Inquirió casi con temor Albafika, Agasha lo miró apenada, y movió la cabeza negativamente. Albafika sintió una honda pena en su corazón al saber que el buen patriarca no había regresado, y que no regresaría jamás.

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"¡Quédate quieto, Manigoldo, no seas tan infantil!" Exclamó una ofuscada Agasha mientras intentaba limpiar las horribles heridas del caballero de Cáncer, que la miraba feo.

"Pu-puedo solo" farfulló Manigoldo, y trató de quitarle el brazo a la muchacha, que ya estaba viendo todo rojo para ese momento, se alegraría de darle la más horrenda de todas sus infusiones más tarde.

"Manigoldo, ya compórtate, Agasha logrará que te recuperes más rápido, aún te necesitamos para pelear" Dijo con un dejo afilado en la voz el santo de Piscis, que estaba a punto de dormir a su compañero de un puñetazo.

"No-no te metas... rosa con patas" Retrucó Manigoldo, aunque estaba tan débil que su voz carecía de fuerza alguna. Shion se palmeó la frente con frustración ¿por qué sus compañeros eran tan cabezotas?

"Deja que Agasha te cure... es una orden" Dijo al fin Shion, retando al santo de Cáncer a que lo desobedeciera. Manigoldo lo miró torcido, y gruñendo se dejó atender sin oponer resistencia. Albafika miró a Shion con una ceja arqueada, Manigoldo no solía hacer caso a nadie... excepto a Atena o al patriarca.

"Saluda al nuevo patriarca, Albafika" Dijo de repente Agasha, sonriendo a Shion.

"¿¡Qué? ¿Cuándo pasó eso?" Dijo un contrariado Albafika, que miraba como Shion le mostraba el caso que había heredado.

"Esa fue la última voluntad de Sage" Murmuró Manigoldo. Albafika se arrodilló en señal de respeto, ahora tenían nuevo patriarca.

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Después de tratar las heridas de Manigoldo, Agasha, siempre acompañada por Albafika y junto con Shion, se dirigieron de regreso al templo principal, donde de a poco se fueron congregando los santos dorados que estaban en el Santuario, Kardia y Degel también habían llegado junto con Elcid y Asmita. El único que faltaba era Regulus, que aún defendía el barco en el cual los santos de bronce trabajan.

Shion se acercó a Sasha, que lo recibió con una leve sonrisa y una inclinación de cabeza. El resto de los santos dorados le dieron su reconocimiento como nuevo patriarca hincándose de rodillas. Agasha permanecía al lado de Sasha, con Berenike como compañía.

"Como saben ahora, yo estaré al mando del santuario, y según lo que me dijo Agasha" expresó Shion, volteando a mirarla, "Todos los santos dorados tenemos que estar presentes para destruir el lienzo y llegar a Alone antes de que pueda llegar al Hades" Todos los presentes se miraron entre sí, asintiendo, no iba a ser nada fácil destruir el lienzo, pero si el oráculo lo decía, entonces así debía ser; Agasha no se había equivocado hasta ahora y había salvado incontables vidas.

Después de que todos los santos se retiraran para alistarse a la pronta partida, Shion les hizo un gesto tanto a Agasha como a Albafika para que los siguieran a él y a Sasha hacia otra sala.

"Agasha, nos has prestado un valiosísimo servicio con el cual también arriesgaste tu vida y tu integridad física, y por lo que me has dicho, hay algo que te impide ver más allá de la ruptura del lienzo... No quisiera abusar más de tu buena predisposición, así que..." Habló Sasha, no sabiendo como despedirse de su preciado oráculo, quería que Agasha volviera a su vida tranquila, sin presiones y sin nadie que quisiera matarla, sin más sueños que la atormentaran por la noche...

"Desearíamos que antes de que el santuario quedase sin santos que lo protejan, tu pudieras regresar a tu isla a salvo, aquí será peligroso para ti." terminó de decir Shion. Agasha los miró sorprendida, ni hablar Albafika que paseaba su mirada de Agasha a Shion y de Shion a Agasha, no le gustaba nada tener que perderla de vista, aunque Shion tuviera razón.

"P-pero ¿es necesario? ¿Acaso no podría quedarme en Rodorio, al menos hasta que sepa lo que va a pasar?" Preguntó Agasha, sintiendo las lágrimas en el fondo de sus ojos, pero no dejándolas salir, no iba a llorar frente a ellos, sabía que eso alteraría a su precioso Albafika sin razón alguna.

"Es verdad, no tiene porqué irse a Creta de inmediato" Terció el santo de Piscis, conteniéndose para no abrazar a Agasha y mirar desafiante a Shion, quien estaba por separarlos. Agasha se retorcía las manos en gesto nervioso, y Albafika cerraba los puños con fuerza. Sasha miró a Shion, viendo que miraba el suelo de forma pensativa.

"Si se queda en Rodorio, estaría poniendo en peligro no su propia vida, sino también la del pueblo entero. Entiendo lo que sienten ambos, sé que separarse es la última cosa en sus mentes, pero Albafika, tu aún eres un santo de Atena, y no sabemos cómo saldremos parados en la última confrontación... quizás sobrevivamos, pero si no..." Sentenció Shion, quien, por mucho que le pesara, tenía que pensar en resguardar el santuario y sus alrededores, y Agasha era una vida inocente a la cual debía proteger, aunque fuera en contra de sus deseos.

Ambos jóvenes se miraron, Albafika fue el primero en asentir, luego Agasha, sintiendo una profunda congoja en el corazón por la inminente separación.

"¿Cuándo quieres que parta?" Inquirió Agasha.

"Mañana a las siete de la mañana saldrá un barco con destino a Creta, será mejor que tomes ese, ya que aún podemos escoltarte para saberte a salvo" Contestó Shion, Agasha asintió, y con esto, pidió permiso para retirarse a sus aposentos.

"¡Agasha!" Exclamó Berenike, que estaba esperándola fuera de la sala donde minutos antes se había decidido su destino.

"Berenike, necesito que me ayudes a empacar, mañana regreso a casa" Le informó la muchacha, Nike la miró sorprendida, pero asintió, siguiendo a la doncella oráculo hacia su habitación.

Albafika se excusó también y salió hacia su templo, luego podría hablar con Agasha, ahora tenía que alistarse para la próxima batalla que se avecinaba, junto con el resto de los santos dorados.

*escucha a las fans afilando los cuchillos* Errr... ^^;